Capítulo 7

Bella POV

Esme me tironeó del cabello, caí al suelo.

–¡Suéltame, déjame ir!

–¡Mataste a mi hija! –estaba rabiosa, se le caía la saliva de la boca.

–¡Yo no fui, joder! –pataleé –¡Fue Tanya, ella le disparó por accidente!

–¡Maldita mentirosa! ¡Mentirosa!

–¡Yo no miento!

–¡Morirás, Isabella, morirás! –me pegó unas cuantas patadas en el estómago.

–¡Ustedes son todos unos malditos psicópatas!

Se lanzó sobre mí –¡Pagarás con tu vida por lo que has hecho! ¡Arruinaste mi familia! –comenzó a golpearme.

–¡Déjame, maldita loca! –rasguñé su cuello.

–Ahhhhh –chilló dándome un puñetazo en las costillas.

¡Joder, esta mujer era más fuerte de lo que había creído!

–¡Ya detente, déjame ir, Esme! –supliqué.

–¡No me detendré, no lo haré! –con sus manos rodeó mi cuello y comenzó a asfixiarme.

Observé a un lado, había un apoya velas de hierro en el suelo.

Estiré mi mano.

Necesitaba agarrarlo, necesitaba golpearla con él.

Me estaba quedando sin aire.

Lo toqué con la yema de mis dedos, estiré un poco más el brazo.

¡Logré agarrarlo!

La vela que aún estaba prendida, se desprendió y rodó hacia un rincón.

Lo levanté en el aire y le di un golpe en la cabeza.

Se tambaleó.

–¡Estúpida! –clavó sus dedos en mis ojos.

Respiré hondo.

–¡Noooo! –me estaba dañando –¡Basta! –volví a golpearla, esta vez cayó a un lado.

Tironeó de mi cabello, lo enredó en sus dedos.

–¡De–ja–me! –repetí golpeándola por tercera vez.

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Jasper POV

Disparé, la bala atravesó el estómago de Tanya.

Se sostuvo de mi camisa, la empujé dejándola caer –No merecías a mi hermano –repetí.

Corrí para revisar a Edward –¿Hermano, estás bien?

–¿La mataste? –preguntó entrecerrando los ojos.

–¡Ella lo merecía! –apretujé los dientes.

–Creo que… que…

–¿Edward? –lo sacudí –¡No cierres los putos ojos!

–Ahhhhhh –oí los gritos de Bella.

–¿Bella? –corrí al gran comedor.

Me paralicé al verla sobre mi madre, con lo que parecía ser un apoya velas de hierro en mano, lleno de sangre.

¿Acaso la había asesinado?

–¿Qué…qué? –me acerqué con lentitud.

–Jasper –se levantó deprisa –ella me atacó, yo… lo siento… lo siento…

–¿La mataste? –me incliné para verla, tenía el rostro desfigurado.

–Lo siento –se tapó la boca.

–La mataste –afirmé luego de revisar su pulso.

–¡Vámonos de aquí, por favor! –sollozó ella.

–Mataste a mi madre –me sentía aturdido.

–Ella arruinó nuestras vidas, hijo, ella asesinó a tu hermana, a tu sobrino, a Demetri, a Marcus, a ¡tu madre! –exclamó mi padre cruzando la puerta.

–¡Eso no es verdad! –negó ella.

–¿No es verdad? –mi padre se acercó a ella.

–¡No se me acerque!

–Ella nos arruinó, mira a tu alrededor, ¡están todos muertos!

Me apoyé contra la pared.

–Yo… lo siento, papá –las lágrimas brotaron de mis ojos.

–Está bien, hijo, está bien –palmeó mi espalda.

–Lo siento tanto, mamá tenía razón, iba a arrepentirme.

–¿Jasper? –observé a Bella, me miraba fijamente con desconfianza.

–¡Arruinaste mi vida! –grité.

–¿Yo? ¡Tú fuiste quién me trajo aquí!

–Hay que acabar con esto, hay que sacrificarla –susurró mi padre.

–No, no –frunció el ceño –¡Me dijiste que me protegerías, Jasper!

Corrí hacia ella.

–¡Nooooo, Jasper, no me hagas esto! –la agarré de los brazos.

–¡Vamos, vamos! –la arrastre hasta la habitación prohibida.

–¡Súbela a la mesa, hijo!

Observé el cuerpo de Sulpicia a un lado.

–¿Qué pasó? –pregunté confundido.

–Tu hermano envenenó el vino, mató a Sulpicia –gruñó.

–¡Por favor, no lo hagas, Jasper! ¡Yo te amo! –sollozó ella.

–Tengo que hacerlo, Bella, por ayudarte destruí todo lo que me importaba.

–¡Úsala tú, hazlo hijo! –mi padre me entregó la daga y sostuvo a Bella de las manos.

–¡Noooooo, basta! ¡Por favor, ten piedad!

Levanté la daga en el aire.

–Este sacrificio es para usted, solo para usted mi señor, le entregamos el alma de Isabella Swan, a cambio renovamos nuestro pacto, para mantener la vida que llevamos hasta ahora –invocó mi padre.

–¡Jasper, no lo hagas! –oí la voz de Edward.

–¿Ed? –solté la daga.

–¡No lo hagas!

–¡Maldito traidor! –mi padre se enfureció –¡Mataste a mi hermana!

Le apuntó a mi padre con el arma –¡Suelta a Bella! –mi padre no le hizo caso –¡Ahora! –disparó al techo.

–¿Estás loco? ¡Maldito seas, Edward! –la soltó.

Ella corrió tras él.

–¡Vámonos, Jasper, vámonos de aquí!

–No, ella arruinó todo –señalé a Bella.

–¿Estás drogado?

–Ella debe morir, va a amanecer pronto, ¡tenemos que matarla!

–¡Todo esto es pura mierda!

–No, no lo es –negué.

–¡Jasper, por favor! –se inclinó, parecía dolorido.

–Estás sangrando mucho –me acerqué a él.

Bella caminó hacia atrás, me temía.

–¡Ella debe morir! –gritó mi padre –¡Debe morir antes del amanecer, o todos pagaremos con nuestras vidas!

–Ya basta, terminemos con esto –Edward levantó la vista.

–Por eso, acabemos con esto, matémosla –musité apoyando mi mano en su hombro –Esta herida se ve muy mal, hermano, debemos ir a un hospital.

–Vámonos, tengamos una vida normal, sin nada de esto –respondió luego –Por favor, hagámoslo juntos.

–Lo haremos, pero tenemos que deshacernos de ella –miré a Bella –destrozó a nuestra familia.

–Papá te ha estado manipulando, Jasp –aclaró –Ella solo ha estado defendiéndose… ¡de nosotros!

–¡Mató a tu hermana! ¡A tu madre! –mi padre negó rabioso.

–¡A Rose la mató Tanya, imbécil! –refutó.

–Pero… Bella si mató a mamá, yo la vi –asentí repetidas veces.

–¡Ella me atacó, intentó asfixiarme, solo me defendí, jamás la hubiera lastimado, Jasp! ¡Jamás le hubiera hecho algo así! ¡No soy una asesina! ¡No soy como ustedes! –gruñó –¡Tú me hiciste esto! ¡Es tú culpa!

–¡Solo vámonos, hermano, escapemos de esto, deja ir a Bella, dejala irse!

–¡Ella no se irá! –mi padre se acercaba más y más.

–Jasper… por favor, piénsalo, solo recuerda esa noche, cuando entregaste a Aro, recuerda lo que sentiste al enterarte que lo habían asesinado… ¡recuérdalo!

Recordar ese día, me lastimaba.

–¡Ellos lo mataron! ¡Arruinaron nuestra infancia! ¡Nos hicieron hacer cosas horripilantes! ¿Acaso lo olvidaste? ¿Olvidaste porque te fuiste?

–Pero… Bella…

Miré hacia la ventana, estaba amaneciendo.

–La dejaremos huir –indicó.

–¿Nos iremos juntos?

–Sí, nos iremos juntos, empezaremos de cero, como siempre quisimos –sonrió soltando el arma –Ahí tienes, amaneció –señaló a mi padre –¿Y? ¿Qué pasó? ¿Estamos muertos?

Me sentía perfectamente bien.

–Es todo mentira –sentí una rabia incontrolable dentro de mí.

–¡Noooo, no me quitarás a mi hijo! –mi padre gritó furioso –¡Eres un mal nacido, Edward, un bastardo!

¿Bastardo?

–Tú madre quedó embarazada de otro hombre, te acepté como mi hijo, lo hice por ella, lo hice por ella –confesó –¡Me arrepiento de eso, me arrepiento de no haberte asesinado, como a tu padre! –levantó un revolver y disparó.

–¡No! –me puse frente a Edward.

La bala atravesó mi garganta.

Me estaba ahogando con mi propia sangre.

–¡JASPER! –Edward cayó a mi lado –¿Por qué lo hiciste, imbécil?

Apretujé su camisa.

–¡No te mueras!

–Oh por dios –Bella me observaba horrorizada –Jasper –lágrimas caían por sus mejillas.

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Edward POV

–Lo mataste… tú lo mataste…

–¡Noooo, mi hijo! –mi padre se arrodilló.

–Usted es un monstruo –Bella le apuntó con el arma que antes había soltado –Me da asco ¡me repugna!

–¡Cállate maldita bruja! –exclamó desafiándola.

–¡Le dispararé! –sus manos temblaban.

–¡Es culpa de ambos, es culpa de ustedes! –se le abalanzó.

Me acerqué por detrás, lo agarré de la cabeza –No te perdonaré esto –con la daga sagrada, le corté la garganta.

Bella se encorvó para vomitar.

–Siempre fue un mal padre –aclaré mi voz –Iré por Jane, debe estar en su habitación, luego nos iremos.

Subí las escaleras con dificultad.

–¿Jane? –me acerqué a la puerta.

–¿Tío Edward?

La puerta estaba cerrada.

–¿Y la llave? –pregunté.

–La tiene mi mamá –respondió con inocencia.

–Necesito que te hagas a un lado, voy a romper la puerta –indiqué.

–¿Romperla?

–Sí, se perdió la llave, cariño –le di una patada a la puerta.

Me sangraba aún más la herida.

–¡Joder!

De repente, Bella se apareció con el arma.

–¡Oye, Bella! –levanté las manos.

–¡Yo la abriré, hazte a un lado! –ordenó apuntándole a la cerradura.

–¡Aléjate de la puerta, Jane, aléjate! –grité.

Bella disparó.

Abrí la puerta y alcé a Jane –¿Qué pasa, tío? ¿Dónde está mamá?

No sabía que decirle.

–¿Qué te pasó? ¿Estás lastimado?

Me costaba caminar, bajé las escaleras con cuidado.

–¡La sala está en llamas! –clamó Bella.

–¿Qué?

–La vela –susurró luego.

–¡Vamos, hay que salir!

–¿Qué sucede, tío? –Jane comenzó a llorar.

Tanya estaba tirada a un lado, cubierta de sangre.

¿Estaba muerta?

La miré con detenimiento, aún respiraba.

Si la dejaba ahí, moriría.

Pero… si la salvaba…

Mi mente no paraba un segundo.

–¡Edward, vamos! –gritó Bella desde la puerta.

–Ed– ed– edwa –jadeó moviéndose.

Me temblaron los labios.

¿Era capaz de dejarla morir?

–¿Edward? –Bella me tironeó del brazo.

–Tanya está viva –susurré señalándola.

Bella la observó –¡Joder! –bufó agarrándola de los brazos.

–¿Qué le pasó a tía Tanya? –cuestionó Jane entre lágrimas –¿Qué está pasando?

–¡Es muy pesada! –exclamó Bella, arrastrándola.

–¡Vamos, vamos! –bajamos la escalinata del frente, caí al suelo.

–¡Edward! –Bella soltó a Tanya.

–Ve a buscar ayuda, me estoy desangrando –jadeé.

–¿Tío? –Jane apoyó su rostro en mi pecho, tiñendo su cabello rubio de rojo.

Bella se alejó rengueando.

Oí las sirenas de la policía.

–¡Aquí, ayuda, aquí! –gritó Bella con todas sus fuerzas.

Se me cerraban los ojos.