¡Hola de nuevo! He vuelto com un nuevo capítulo de este fic, espero que guste.
Como siempre, recuerdo que, si queréis, podéis dejar un review sobre el capítulo o la historia. Serán aceptados siempre que se expresen desde el respeto.
Sin más dilación, os dejo con el capítulo.
Pasaron los días y la relación de Naruto e Hinata cristalizó, prácticamente no se separaban el uno del otro, causando que los rumores en el instituto crecieran, ya para muchos era oficial que eran pareja, incluso les habían puesto nombre a su pareja, como se hacía con las parejas de personajes de anime o de series populares: les llamaban NaruHina. A Naruto le hacía mucha gracia ese concepto, nunca imaginó que se hiciera eso con personas, aunque, al fin y al cabo, eran adolescentes y eso hacía que ocurrieran ese tipo de cosas.
De un tiempo a esta parte, Hinata prefería estar sola un rato en su habitación para poder relajarse y pensar un poco sobre los acontecimientos que habían ocurrido en los últimos tiempos. Ahora que no tenía la obligación del matrimonio, se planteó varias cosas relacionadas con su futuro y con su vida.
¿Y ahora qué haría?
Porque, desde luego, había conseguido cambiar los designios de su familia, y eso era algo que muchos consideraron imposible, ahora sería libre de elegir su sino amoroso. Cuando Kiba lo descubrió, llamó ipso facto a Hinata para saber qué era lo que había pasado y cómo habían conseguido que Hiashi diera marcha atrás, no sabía qué era lo que había dicho Naruto para convencerlo y en el momento estaba tan feliz que ni siquiera se planteó preguntárselo, pero ahora que lo pensaba, el contenido de lo que hablaron en el despacho era un misterio para ella. Tuvo que ser algo muy serio como para hacer que su padre anulara esa vil e indeseada boda. La realidad dice que es libre gracias a Naruto.
Y con respecto al rubio, ¿qué era lo que empezaba a desarrollar por él? O mejor dicho, ¿por qué empezaba a sentir ese tipo de cosas por Naruto?
No podía negar que había algo en él que hacía que se sintiera más segura, fuerte y capaz, pero eso no significaba que sintiera algo por él, esa misma sensación la sentía junto a Kiba y nunca desarrolló eso por él. No era agradecimiento, porque ya venía sintiéndose así desde aquella cita en aquella cafetería, en aquel momento y en todos los que siguieron ignoró esos sentimientos, pero ya habían adquirido tal magnitud que era imposible huir de ellos, era hora de afrontar la realidad. Pensaba que Naruto era un chico bastante atractivo, con sus ojos color azul que penetraban tan profundamente en ella y ese pelo rubio que le aportaba un toque exótico, y podía casi asegurar que, debajo de su ropa, se escondía un cuerpo muy bien formado. Pero no, estaba segura que, aunque no fuese tan condenadamente sexy, seguiría sintiendo eso por él, porque nunca había sido alguien superficial; de él, más que su físico, admiraba su personalidad, que siempre quería ayudar a la gente, que nunca se rendía a pesar de las dificultades que tuviera delante y que siempre se esforzaba por conseguir lo que se proponía. Le gustaría ser un poco como él, valiente, porque si lo fuera, podría encarar a Naruto de otra forma.
Hinata suspiró. Era innegable: Naruto le gustaba, y mucho. Con todo lo que había ido haciendo por ella, había derribado los muros de su corazón y había entrado para quedarse, y por Dios que lo había conseguido.
Esos momentos de aislamiento que tenía eran necesarios. Con sus amigos cerca de ella, no podría pensar con calma y tranquilidad, sobre todo porque con ellos iría esa persona que se había convertido en su pilar, en esa persona especial que alteraba su ritmo cardíaco, que hacía que su temperatura y el color de su piel cambiara a un tono bermellón. ¿Cómo había podido dejarse encandilar de esa forma? Ella lo sabía: sus gestos desinteresados de amabilidad hacia ella, la forma en la que la quiso ayudar, la profundidad de esos ojos azules que ahora la volvían loca… Era un cúmulo de causas que hacían que ahora suspirara por él.
Eso no significaba que no quisiera estar a su lado, pero las cosas habían cambiado: no sabía si lo quería como amigo o como algo más. Pero eso ya era algo que descubriría poco a poco, de momento se conformaba con ser su amiga, que ya de por sí era algo maravilloso.
Hinata decidió levantarse de la cama con su cabeza y su corazón hechos un lío, pero tendría que mantener su actitud habitual, por mucho que le costara. Fue a la cocina y se preparó un zumo de naranja y unas tostadas con mantequilla, era habitual que fuese ella personalmente la que se encargara de sus comidas, alegaba que debía saber defenderse por si un día vivía sola, pero la realidad era que no se sentía cómoda siendo tan atendida, aunque era lo que tocaba siendo de la familia Hyuga. Hinata se puso el uniforme y se sentó en uno de los escalones de la entrada, esperando a que Naruto hiciera sonar el timbre, como se había hecho una costumbre desde hace un par de semanas.
El timbre sonó, y los ojos de Hinata se abrieron, su pulso se aceleró y su respiración se agitó un poco, simplemente con saber que iba a buscarla a ella, se emocionaba, pero debía ser fuerte, no mostrar la debilidad que causaba en ella. Hinata exhaló un suspiro, y aún algo nerviosa, se acercó a la puerta. Abrió y vio a Naruto, con su habitual sonrisa.
- ¡Hola, Hinata!
- Buenos días, Naruto. – dijo Hinata, sin mirar a Naruto a los ojos.
- ¿Vamos? El día es largo y tenemos muchas cosas que hacer. – dijo Naruto, que estaba sonriendo, esperando con paciencia a la respuesta de Hinata.
A Hinata le extrañó un pequeño detalle: Naruto no llevaba el uniforme de clase. Llevaba la misma ropa que usaba el día que fue a hablar con Hiashi: camisa negra de manga larga con los bordes de una flor plasmados en color plata, pantalón de vestir negro y zapatillas naranjas.
- Naruto, ¿por qué no llevas el uniforme?
- La pregunta es por qué lo llevas tú, si hoy no vamos a clase. – contestó Naruto, sorprendido por verla de esa guisa.
Hinata se quedó asombrada. ¿Hacer pellas? Eso no iba con ella, y juraría que tampoco iba con Naruto, cierto que el Uzumaki igual no era un estudiante modélico, pero no era la clase de alumno que faltara a clase sin una causa justificada
- ¿Cómo que no vamos a ir a clase? – dijo Hinata, algo asustada, pero sobre todo, muy sorprendida. - ¿Y si mi padre se entera?
- Hinata… Hoy no hay clase, y dijimos que hoy íbamos a salir. ¿Recuerdas?
Hinata se asombró. ¿Cuándo había dicho eso? Definitivamente, el caudal de sentimientos que despertaba Naruto en ella empezaba a afectar seriamente a su raciocinio y a su percepción del tiempo.
- Si me das cinco minutos, me cambio y estoy lista. – dijo Hinata, esperando que Naruto tuviera la paciencia suficiente para esperar por ella. Ella también quería pasar un rato con él.
Naruto se acercó y le acarició la cabeza, era más un toque fraternal que sentimental, como quien hablaba con un hermano o con un familiar muy cercano
- Esperaré por ti el tiempo que sea necesario. – dijo Naruto, con una sonrisa en su cara.
Hinata se dio la vuelta rápidamente y corrió a su habitación, el mero roce de Naruto con la cabeza de Hinata era suficiente para hacerla sonrojarse y ponerla nerviosa. Corrió al único lugar que consideraba seguro, pero allí estaba su hermanita.
- Hermana, ¿por qué te preparas para ir a clase? – preguntó Hanabi, extrañada por la actitud de su hermana. - ¿No recuerdas que hoy hay fiesta?
- N-no, Hanabi, no me acordaba. - dijo Hinata, aún despistada por ver a Naruto ese día.
Hanabi vio que Hinata buscaba entre la ropa de salir, no sabía por qué, tan temprano, buscaba ropa para salir.
- ¿Por qué buscas entre la ropa de salir?
- E-Es que Naruto vino a buscarme. – dijo Hinata, poniéndose nerviosa con la simple mención del rubio.
- Ah… Ya veo. ¡Te echaré una mano! Te aseguro que caerá rendido a tus pies. – dijo Hanabi, con una sonrisa muy pícara.
Hanabi abrió el ropero de Hinata, buscando entre toda la ropa que tenía, sería una tarea muy difícil, porque tenía que buscar entre los uniformes, vestidos, blusas, pantalones… La cantidad de ropa que tenía era exageradamente grande, demasiado para ella, que era una chica sencilla.
- ¿Qué te parece esto? – dijo Hanabi, mostrando un vestido de tirantes color negro con bastante escote, detalles con piedras a la altura del escote y del bajo del traje, que llegaba un poco por encima de las rodillas. – Te permitirá lucir tus atributos y hará que el rubio caiga rendido a tus pies en esta cita.
Hinata se sonrojó al instante. Ese vestido sólo lo usaba en los cócteles que organizaba su padre, ya que era muy elegante y formal. Igual lo usaría en una primera cita, pero no en una salida informal.
- Hanabi, no es una cita, es una salida informal. – dijo Hinata, algo avergonzada. - ¿Y qué es eso de "mis atributos"?
- ¡Vamos! Me refiero a ti. No sé por qué te avergüenzas de ti y vistes como una monja, si yo tuviera esa figura tan proporcionada, vestiría más a la moda y me mostraría un poco más. – dijo Hanabi, que buscaba que su hermana se avergonzara un poco, cosa que consiguió con suma facilidad.
- ¡Hanabi! – dijo Hinata, avergonzada - Tú busca otra ropa, preferiblemente algo sencillo.
Hanabi siguió buscando, hasta que vio, guardada en un cajón, la ropa que ella consideraba perfecta.
- ¡Ya está! – dijo Hanabi, satisfecha. – Dime qué te parece…
- Hmmm… No está mal.
Naruto esperaba en la entrada a que Hinata se vistiera, no podía estar quieto, y no porque estuviera tardando mucho, sino porque estaba ansioso por quedar con ella. Era mentira que habían quedado ese día, pero necesitaba saber qué pasaba por su cabeza y por qué estaba tan distraída últimamente.
Hinata bajó por las escaleras y se acercó a Naruto, que estaba impresionado ante la visión de su amada. Hinata vestía una blusa color malva de manga corta, con un ligero escote que dejaba ver el inicio del valle que marcaban sus senos, un short color azul que le llegaba a la altura de la mitad del muslo, y botas color beige. No llevaba maquillaje de ninguna clase más que un poco de lápiz de ojos, que resaltaba mucho el color de los mismos; y un poco de pintalabios color rojo, que contrastaba con su nívea piel, haciéndola ver absolutamente radiante. Vestía normal, pero brillaba con luz propia, aunque, todo hay que decirlo, Hinata podría ir vestida con cuatro harapos mal combinados o parecer una vagabunda, que para Naruto siempre sería la mujer más hermosa del mundo. Toda la ropa no hacía más que resaltar todo lo que volvía loco a Naruto: sus ojos, su piel, sus piernas… Absolutamente todo de ella.
- Ya estoy lista… - dijo Hinata, mirando al suelo. Le seguía dando algo de vergüenza esos sentimientos que iba desarrollando por Naruto.
- Preciosa… - musitó Naruto para sí mismo.
- ¿Qué? – dijo Hinata, que no había entendido lo que Naruto había dicho.
- Nada, no dije nada. – dijo Naruto, sacudiendo su cabeza en forma de reafirmación de la negación. - ¿Vamos?
- ¿Dónde vamos a ir?
- Es una sorpresa…
Hinata asintió, se despidió de su hermana, que miraba atentamente la escena, y cuando salieron de la casa, negó con la cabeza y expresó en voz alta un pensamiento que recorría su cabeza.
- ¿Cuándo acabarán esos dos juntos?
Naruto e Hinata abandonaron la mansión, y en la puerta les esperaba un coche aparcado, conducido por Minato, y en el asiento del copiloto iba Kushina. Hinata se sorprendió notablemente, ¿dónde iban que necesitaban la presencia de un coche?
- Entra, Hinata, que no te haremos daño. – dijo Naruto, en tono de broma. – El que conduce es mi padre, y la que está sentada en el asiento de copiloto es mi madre.
- Hola, Hinata. – dijo Minato, que estaba atento a la carretera. – Esperamos no haberte molestado.
- No se preocupe, señor…
- Minato Namikaze. Puedes llamarme Minato. – dijo con toda la amabilidad del mundo.
Hinata sonrió, entendía que su amabilidad le venía por parte paterna. Supuso que su impulsividad le venía por parte materna, esa madre que aún no había dicho nada. Hinata se quedó reflexionando. Si no había entendido mal, Naruto se apellidaba "Uzumaki". No entendía por qué llevaba el apellido materno.
- ¿Por qué Naruto no se apellida Namikaze?
Minato agarró la mano de Kushina, la miró con muchísimo amor y contestó a Hinata.
- Porque ya que Kushina me dio el honor de ser padre, yo quise que Naruto llevara su apellido. Es la mayor muestra de amor que le puedo dar, pero siento que es insignificante comparado con darme a Naruto.
Kushina estaba conmovida. Daba igual cuántas veces contara Minato la historia, siempre la conmovería y siempre pensaría que había acertado de lleno con Minato.
Hinata se quedó sorprendida, esa pareja que parecía estar cerca de los cuarenta años se quería como el primer día de noviazgo… Tal como ella entendía que era el amor: un sentimiento puro, claro, que era difícil de conseguir, pero que una vez que lo tienes, se te mete en lo más profundo de tu ser y cuando se trata de arrancar, duele y quema. ¿Tal era la magnitud de lo que sentía por Naruto? No podía saberlo. Tenía claro que sentía algo, pero no sabía qué.
Minato condujo mientras Naruto e Hinata se dedicaban a hablar y reír. Minato y Kushina se miraron y sonrieron de forma cómplice, estaban pensando exactamente lo mismo: Naruto e Hinata les recordaban a ellos cuando eran más jóvenes.
Llegaron a su destino, bajaron del coche y Naruto miró a Hinata, que estaba sorprendida ante la visión de lo que se encontraba delante de ella.
- Esto es…
- Sí, se me ocurrió venir a un parque de atracciones contigo. ¿Te gusta la sorpresa?
- Me encanta, Naruto… - dijo Hinata, que estaba muy contenta. – Gracias, estás haciendo muchísimo por mí.
Naruto simplemente sonrió, le encantaba ver a Hinata feliz y radiante, y si dependía de él, siempre lo sería
- Bueno, nosotros nos vamos, vendremos en un rato…
- ¿Cómo? Pero si acabamos de llegar… - preguntó Naruto, sorprendido por la marcha de sus padres.
- Bueno, tu padre y yo queremos estar un rato a solas, para hablar de la vida. Cosas que vosotros, la gente joven, no entiende. – dijo Kushina, con una sonrisa, que a Hinata le recordó muchísimo a la de Naruto. Parecía característica de los Uzumaki.
- Oye, mamá… - dijo Naruto, en señal de protesta, pero Kushina interrumpió lo que iba a decir su hijo.
- ¿Vamos, querido? Seguro que estos dos no querrán que los molestemos… - dijo Kushina, guiñando un ojo a Naruto. Minato simplemente asintió, la agarró de la mano y fueron juntos al coche.
Naruto sonrió, era el momento perfecto para pasar un rato con Hinata a solas. Ni siquiera se lo había pedido a sus padres, pero, al parecer, esa había sido su decisión para ayudarle a pasar un poco de tiempo con Hinata.
- Bueno, esto no estaba previsto. Pero bueno, qué le vamos a hacer. – dijo Naruto, fingiendo resignación. - ¿Vamos?
Hinata seguía sonrojada por lo que había dicho Kushina. ¿Pasar tiempo a solas con Naruto? Hace un par de semanas, no le hubiera importado en exceso, hubiera quedado con él y hubiera pasado un buen rato como amigos. Ahora se encontraba extremadamente nerviosa, ya que parecía una especie de… ¿cita? Pero no creía que eso fuera posible, creía que Naruto sólo la veía como una muy buena amiga, aunque tampoco estaba segura de ello.
Esa era otra duda razonable que tenía Hinata, ¿qué sentiría Naruto por ella?
Hasta ahora, había actuado siempre como un verdadero caballero, ayudándola, intentando que fuese lo más feliz posible. Pero eso no quería decir que sintiera algo por ella, simplemente, que le gustaba que la gente que le rodeaba fuese feliz. Aunque el fin fuese loable y a Hinata le encantaban las atenciones que le dedicaba el rubio, eso no significaba que sintiera algo por ella, ¿verdad? Haría lo mismo por Sakura o Ino, ¿cierto?
Ese pensamiento evitaba que se acercara más a él. Por Dios que ella quería estar a su lado, como amiga o como lo que fuese. Pero el simple pensamiento de verlo con otra era tremendamente doloroso. ¿Qué significaba eso?
Hinata, simplemente, asintió, sin emitir palabra alguna, y entró junto a Naruto al parque de atracciones.
Hinata estaba impresionada, desde luego, aquel parque era enorme, con atracciones por todas partes, pero curiosamente, no había mucha gente. Hinata agradeció eso, no tendría que hacer cola en las atracciones. Hinata se sintió como una niña pequeña, arrastrando a Naruto de atracción en atracción, simplemente observándolas, no sabía a cuál subir primero hasta que vio la joya de la corona de todo parque de atracciones: la montaña rusa.
Hinata se quedó impresionada con las subidas y bajadas tan pronunciadas que tenía la atracción. Los gritos de emoción de la gente eran motivadores, quería sentir el ascenso de la adrenalina y disfrutar de ello.
- Naruto, quiero subir ahí. – dijo Hinata, señalando a la montaña rusa.
- ¿A la montaña rusa? ¿Estás segura? Mira que no voy a poder aguantar tus grititos de niña pequeña… - dijo Naruto, bromeando con Hinata, que se rió mientras fingía estar ofendida.
- Oye, a lo mejor eres tú el que grita y llora como un bebé… - dijo Hinata para picar a Naruto.
- Igual sí, quién sabe. Vale, vamos a la montaña rusa.
Naruto agarró de la mano a Hinata y fueron corriendo juntos a la montaña rusa, ambos sintieron que la conexión entre ellos era cada vez más profunda, que no importaba donde estuvieran, siempre que estuvieran juntos. Esa profundidad en sus sentimientos asustó un poco a Hinata, aunque pensó que era normal sentir algo así, después de todo, era el chico que le gustaba.
Se sentaron juntos en la atracción y comenzó a andar. Los gritos de júbilo de Hinata y Naruto eran la mejor muestra de que su lugar era ese, disfrutando de ese carrusel de emociones en el que estaban sumidos ambos. Subidas, bajadas pronunciadas, situaciones en las que se encontraban a 90º sobre la vertical de sus cuerpos
- ¡Ha sido increíble, Naruto!
- S-sí… - dijo Naruto, que se encontraba mal y algo mareado.
- ¿Estás bien? No tienes buena cara… - dijo Hinata, que notó rápidamente que Naruto no se encontraba bien.
- S-sí, simplemente estoy algo mare… - dijo Naruto, siendo interrumpido por una oleada de líquidos que provenían de su estómago. Corrió al baño y empezó a vomitar.
Hinata esperaba fuera, corrió tras él para no perderlo de vista, supo que, en su estado, iría corriendo a buscar un baño. Estaba preocupada por su amigo, por cómo se encontraría, pero ella lo único que podía hacer era esperar por él fuera, después de todo, era una mujer y no debía entrar al baño de los hombres.
Una voz lastimera y quejumbrosa se oyó desde dentro del lavabo de caballeros, Hinata sabía quién era, no había nadie más dentro.
- ¡Hinata! Por favor…
- ¿Qué necesitas, Naruto? – dijo Hinata, intentando ser de utilidad para su amigo.
- Entra, déjame un poco de agua y ayúdame a levantarme… - dijo Naruto, en voz baja, con necesidad.
- ¿Estás loco? ¡No voy a entrar al baño de hombres! – dijo Hinata, protestando ante lo absurdo de la petición del rubio.
- ¡Por favor, te necesito!
Hinata estaba reticente a entrar. Ya no es que no le pareciera adecuado, es que era algo que podía meterla en problemas, pero al oír a Naruto vomitar de nuevo, se olvidó de sus pensamientos y entró rauda a ayudarlo. Se acercó al rubio y le acarició suavemente la espalda, intentando mostrarle que estaba ahí. Naruto sonrió cuando terminó de vomitar, había accedido a ayudarlo, simplemente, porque era él.
- Venga, Naruto, toma un poco de agua. – dijo Hinata, ofreciéndole una botella que habían comprado.
- Gracias…
Naruto bebió un poco del agua que su amada le había ofrecido. A pesar de que el ambiente no era el mejor, con ella cualquier sitio le parecía el mejor del mundo, ya fuera un infernal agujero infestado de ratas, insectos y víboras.
- Vamos fuera para que cojas un poco de aire, a ver si te vas encontrando mejor. – dijo Hinata, ofreciendo su mano para ayudarle a levantarse.
Naruto se apoyó en Hinata, que sintió en ese momento la cercanía que Naruto tenía con ella y la confianza que había depositado en ella. Salieron del baño y se sentaron en un banco que había cerca de los aseos, donde fue recuperando poco a poco su ánimo habitual.
- Creo que el desayuno no me sentó muy bien… - dijo Naruto, intentando sonar divertido.
- Sí, seguro…
- Hinata… Gracias, eres una muy buena persona. – dijo Naruto, acariciando la cabeza de Hinata.
- Para eso estamos los amigos, para apoyarnos. – dijo Hinata, ligeramente sonrojada y jugando con sus dedos, tal como siempre hacía cuando estaba nerviosa.
Naruto fue recuperando poco a poco el color y fue mejorando su estado, así que decidió invitar a Hinata a la noria, para pasar un rato a solas sin molestias. Se había cerciorado de que sólo pudieran ir dos personas en los habitáculos, para que nadie le molestara. Hinata aceptó, le gustaba bastante esa atracción, le permitía disfrutar de las vistas de la zona.
Entraron y se sentaron uno en frente de otro. Naruto no pudo evitar mirar a su compañera de arriba abajo: empezando por sus piernas, esculturales y bien definidas; su abdomen, liso, sin un defecto; sus turgentes y bien colocados senos; su rostro, angelical y hermoso; sus ojos, blancos como la luna, que parecían leer el alma de la gente; su cabello, largo y sedoso, de tonalidad oscura con destellos azulados; y la parte que más echaba de menos: sus labios, pintados de un color rojo, que se le hacían irresistibles. No le sirvió para nada más que para recordar uno de los motivos por los que estaba enamorado de ella: no sólo es que fuera una persona encantadora, dispuesta a echar una mano a los demás aun en su propio perjuicio, a eso había que añadirle su figura.
Hinata por su parte, hacía lo propio con Naruto: lo examinó. Estaba segura que, debajo de esa ropa, se escondía alguien muy atractivo: sus piernas definidas, musculosas, su abdomen estaba plano y juraba haber visto abdominales en él, sus brazos estaban definidos y parecían tener mucha fuerza oculta en ellos, sus hombros eran anchos y fuertes, sus ojos eran del color del cielo, y su cabello del color del sol. Era todo un adonis, como aquel que consiguió enamorar a la diosa Afrodita.
El silencio reinante era el mayor de los cómplices, era quien guardaba los pensamientos que albergaban ambos en sus cabezas. Naruto decidió romperlo en el instante en el que la noria comenzó a funcionar.
- Es curioso cómo se dan las cosas, ¿no crees, Hinata? Hasta hace un par de meses, yo era un absoluto desconocido para ti, y tú confiaste en mí lo suficiente como para desvelarme ese secreto. Confiaste en mí más que en Sakura, Ino o Tenten.
- Bueno, creo que eres una buena persona y que puedo confiar en ti. – dijo Hinata, con una sonrisa en la cara, mientras observaba por la ventana el paisaje, no podía mirar a Naruto, si lo hacía, se sonrojaría.
- Te agradezco esa confianza que tienes en mí. – dijo Naruto, sinceramente. Era cierto, en poco tiempo había conseguido entrar en su vida como amigo, pero no se quedaría ahí, aunque eso se lo guardaba por el momento. – No sabes lo bien que me lo paso estando contigo, es como si todo fluyera y cada momento, aunque hagamos lo mismo, sea único.
- ¿Verdad? Yo siento lo mismo. ¿Por qué será? – dijo Hinata, sabiendo la respuesta: cada momento con la persona que te gusta es único.
- Bueno, creo que cada momento con un buen amigo es único y especial. – dijo Naruto, observando el paisaje como hacía Hinata. - ¿Te has fijado en lo bonito que se ve todo desde aquí arriba?
- Sí… La verdad es que es una imagen preciosa. – dijo Hinata, obnubilada por la belleza del momento que vivía con Naruto.
- Mira, ya empezamos a bajar. – dijo Naruto, con algo de pena, pues sabía que ese momento se iba a escapar en la inmensidad de situaciones que había vivido con ella.
- Sí, se acabó el momento.
Ambos pensaron lo mismo: cómo podían entender lo que pensaba el otro. Se miraron y rieron juntos. Cuando bajaron de la noria, Hinata se acercó a Naruto y le agradeció por haberla sacado de su casa y haberla llevado allí. Naruto sintió una gran alegría, estaba viviendo momentos muy bonitos con ella.
A partir de ese momento, fueron paseando por todo el parque y fueron montando en las numerosas atracciones que había: el aserradero, los rápidos, el tiovivo, una lanzadera… no sin antes tomar un pequeño almuerzo a las dos de la tarde. Lo pasaron muy bien los dos juntos, tanto que se les fue el día en el parque. Sin darse cuenta, ya eran las cinco cuando Minato y Kushina fueron a por ellos, que estaban sentados en un banco a la entrada del parque.
- Bueno, ¿cómo lo habéis pasado? – preguntó Kushina,
- Muy bien, mamá. Nos lo hemos pasado muy bien, ¿no, Hinata? – preguntó Naruto, con ansias de saber si su amada se había divertido.
- Si no contamos el incidente en el baño, sí, me lo he pasado muy bien. – dijo Hinata, con tono de broma.
- ¿Qué incidente en el baño? – preguntó Minato, exigiendo una respuesta y, a la vez, temeroso de la misma. – Espero que no hayáis hecho algo indebido.
- Es un secreto, papá, ¿a que sí, mi princesa? – dijo Naruto, recuperando aquella costumbre que tenía cuando eran pareja.
Hinata se sonrojó ligeramente ante el nuevo apodo que le había puesto Naruto, no pudo levantar la cabeza, no quiso que Naruto viera el efecto que tenía en ella. Simplemente, asintió ligeramente a la pregunta de ese chico que había alterado por completo su corazón.
Los cuatro juntos, sin mediar palabra, fueron juntos al coche que les llevaría a la ciudad. Cuando llegaron, ya era de noche, alumbraba la luz de la luna. Hinata se bajó del coche, y Naruto la acompañó, quería decirle cómo lo había pasado una última vez.
- Bueno, la verdad es que me lo he pasado muy bien hoy, Hinata. Espero repetir algún día… - dijo Naruto, que se colocó a sólo un paso de Hinata.
- Sí, Naruto, yo también me lo he pasado muy bien. – dijo Hinata, sonriendo y mirando a Naruto.
Ambos se miraron y quedaron hipnotizados por la mirada de la persona que tenían enfrente, sintieron cómo los ojos del otro brillaban. Hinata rodeó el cuello de Naruto con sus brazos, mientras que Naruto posó suavemente sus manos en la cintura de Hinata. Poco a poco, cerraron sus ojos, fueron acercando sus rostros, hasta que, finalmente, sus labios entraron en contacto. No era un beso brusco, era un beso tierno, un beso en el que ambos mostraban sus sentimientos, en el que los dos disfrutaban. Naruto reclamó un espacio con su lengua e Hinata se lo concedió, y las lenguas de ambos empezaron a danzar una junto a la otra, su acople era, simplemente, espectacular. Los cuerpos de ambos se estremecieron durante ese baile de carne, reflejando que a ambos les gustaba ese beso. Era un beso que, para Naruto, era perfecto. A la tenue luz que podía ofrecer la luna, al fin podía disfrutar del dulce sabor de los labios de Hinata, de la textura que estos tenían, suaves como la seda, la escena había sido mágica. Se separaron y se miraron sin decir nada, nadie rompió el silencio, hasta que Hinata lo rompió, haciendo acopio de toda la voluntad que había en ella, que tampoco era mucha.
- Lo… Lo siento, Naruto. Yo…
- No… No te preocupes… - dijo Naruto, que estaba exultante por lo que acababa de pasar. Recordó que sus padres le estaban esperando. - Hinata… Me voy, mis padres me esperan.
- Sí… Adiós, Naruto… - dijo Hinata, que seguía embobada.
Naruto salió por la verja que custodiaba la parcela en la que se encontraba la residencia Hyuga, cuando se subió al coche, se permitió celebrar ese beso tan ansiado. Elevó sus brazos en señal de victoria y, con una enorme sonrisa en el rostro, no pudo evitar manifestar su alegría.
- ¡SÍ! ¡AL FIN!
Minato y Kushina se miraron extrañados y, simplemente, sonrieron. Ya le preguntarían cuando llegaran a casa.
Hinata entró a la casa con su corazón latiendo con fuerza, con una sonrisa boba y tocándose los labios, justo donde Naruto la había besado. Se hizo, mentalmente, varias preguntas, que en ese instante, no tenían respuesta, hasta que, finalmente, y para ella misma, las formuló en voz baja.
- ¿Pero qué acaba de pasar? ¿Qué me pasa?
Os quejaréis, hay más NaruHina en dos capítulos que prácticamente en el resto del fic. Bueno, igual tanto no, pero sí que hay cosas muy importantes.
Como siempre, agradecer a los lectores y a quienes dejan un comentario, a la vez que recomiendo dejarlo si tienen que dar alguna opinión sobre cómo mejorar, si os ha gustado el capítulo o sobre la filosofía platónica y su influencia en pensadores más modernos. Lo que sea, pero siempre bajo la premisa del respeto.
Sin mas que decir, me despido hasta la próxima. ¡Nos leemos!
