Capítulo 8
Bella POV
–¡Señorito Cullen! –Carmen, la mucama, bajó de uno de los coches policiales que ingresaban a la propiedad.
–¡Están heridos, ayuda aquí! –señalé a Edward eufórica al darme cuenta que todo había acabado.
Una ambulancia se acercaba a toda velocidad.
Dos hombres con batas blancas bajaron de ella.
–Lo ayudaremos, señor, tranquilo –indicó uno revisándolo.
El otro se dirigió con Tanya.
–Ahhh –Edward se retorció cuando el enfermero le metió su dedo índice en la herida.
–La bala aún está dentro –señaló –¡Trae la camilla! –una mujer bajó de la ambulancia.
–¿Cuándo llega la otra ambulancia? –preguntó el que revisaba a Tanya.
–¡Está en camino! –aclaró una oficial de policía.
–¡La casa está incendiándose, hay que salir de aquí rápido! –un policía salió de la casa despavorido –¡Podría explotar todo!
–¡Llamen a los bomberos!
–¿Jane? –preguntó Edward mirando a los lados, mientras lo subían a la camilla –¿Dónde está ella?
–Yo la tengo –respondió Carmen apretando su mano.
–¿Tú cómo escapaste? –pregunté.
–Jasper me dijo que la mafia estaba atacándolos por una deuda de su padre. Me dirigí a la casa de los vecinos más cercana y llamé a la policía –explicó.
¿La mafia?
¡Sí, claro!
Me quité el anillo, lo observé unos segundos –Que va –susurré lanzándolo lejos.
Sentí una gran satisfacción al hacerlo.
–1,2, 3… ¡súbanlo! –lo metieron dentro de la primer ambulancia.
–¡Iré con él! –exclamé siguiéndolo.
–Ya acabó, lamento todo, Bella, de verdad lo lamento –intentó agarrar mi mano.
–Lo sé, Edward –asentí entregándole mi mano sana –Y yo lamento no haber oído a mi padre, tenía razón, Jasper no era para mí.
Aún estaba horrorizada por su actitud, de ser un amoroso novio, pasó a ser un psicópata desquiciado que intentaba sacrificarme con una "daga del demonio"
–Debo revisar su mano, señorita, por favor quédese quieta, déjeme hacerlo –una enfermera mujer, me retó –¿La atravesó una bala? –preguntó luego sorprendida.
–Sí.
–Esto se ve muy mal, quizás deban cortársela.
¿Cortármela?
¡Perfecto, iba a perder la puta mano!
–Le podré morfina, señor, le ayudará con el dolor –el enfermero medicó a Edward.
–Esto va a dolerle –indicó la enfermera colocándole un paño con alcohol en la mano.
–¡Puta madre! –grité retorciéndome.
–Quizás no te la corten –interrumpió Edward.
–Eso lo veremos en el hospital –respondió la enfermera.
–Aun así te verás hermosa, Bella –sonrió.
–La morfina te está haciendo efecto –reí.
–Puede ser…
.
Dos días después
Me dirigí a la habitación de Edward, aún estaba dormido.
Tomé una silla, me senté a su lado.
Le observé, me sentía algo reflexiva.
¿Por qué me había salvado?
¿Por qué había arriesgado así su propia vida, por mí?
Abrió los ojos lentamente.
–Buenas tardes –musité acercándome.
–¿Dónde estamos?
–En el hospital –aclaré –te quitaron la bala, ya estás bien.
–¿Jane?
–Está bien, está con Carmen, se la llevó a la casa de su hermana, servicio sociales vino ayer y le dieron permiso, por lo menos hasta que tú estés recuperado y puedas cuidar de ella –expliqué.
–¿La policía habló contigo?
–Sí, les dije que no sabía nada, que unos hombres entraron a la casa y nos atacaron.
–Te crecerá la nariz como a pinocho –intentó reír –¡Joder me duele el pecho! –se quejó luego.
–¡Te operaron, tonto! –negué mordiéndome el labio inferior –Lamento decirte que la casa se hizo añicos, el fuego destruyó todo. No ha quedado nada, o al menos eso me dijo la policía.
–Creo que será mejor, empezaremos de cero –respondió –Después de todo tú también eres una Cullen.
–¡Ja! –lo más loco, era que Edward tenía razón, era una Cullen después de todo, ahora era la viuda de Jasper Cullen.
–Bueno, al menos tú y Jane lo son, porque yo al parecer no lo era –ironizó.
–Oye, con respecto a eso…
–Está bien, es bueno saber que no era su hijo, en realidad me alegra –aclaró su voz –¿Qué hay de Tanya, ella sobrevivió? –sentía el miedo a mi respuesta en su mirada.
–Lo siento, Edward, ella murió…
Se quedó en silencio por unos largos minutos.
–Al parecer la bala le perforó el bazo y el estómago, perdió mucha sangre en la cirugía, no lograron salvarla.
–Entiendo –asintió sorbiéndose los mocos.
–¿Quieres que te deje solo? –me levanté de la silla.
–No, por favor no –estiró su mano hacía mí –¿Qué hay de tu mano?
–Me la amputarán mañana –se la mostré, la tenía toda vendada –la carne al parecer, se ha muerto, se infectó y esa infección está expandiéndose a mi brazo.
–Gangrena –interrumpió Edward.
Asentí –Por ende, el medico ha dicho que lo mejor es amputarla –me encogí de hombros.
–Lo siento, Bella.
–¿Sabes? –hice una pausa –Lamento lo de tu madre –me sentía avergonzada por esa situación, no tenía intenciones de matarla, pero… pero tuve que hacerlo, y estaba muy avergonzada de ello, demasiado.
–Sé que lo lamentas, te creo –sus ojos se fijaron en los míos –Yo lamento que hayas conocido esa horrible faceta de mi hermano.
–Sí, yo también lo lamento –respiré hondo –Y estoy segura de que jamás volveré a casarme –confesé luego.
–Creo que esa, es una buena decisión, Bella.
Fin
*Quiero agradecer a Kotoko Haruno, por sus sugerencias para este final.
Ha sido un gusto escribir este fiction, ojalá lo hayan disfrutado tanto como yo*
