Las notas, en líneas generales, fueron excelentes, ganándose las felicitaciones del profesorado, algo que reconfortó a los alumnos tras tantísimas jornadas de arduo trabajo y esfuerzo. No había sido nada fácil, pero al fin habían terminado los exámenes y ya solo les quedaba pensar en la graduación y la celebración. Sobre todo, cierto rubio, que estaba muy emocionado por poder declararse a Hinata de una vez por todas. Para ello, había preparado una velada que resultaba ser una oda al amor y a la magnitud de unos sentimientos que traspasaban las barreras del espacio y del tiempo, como habían hecho los de Naruto. Se estaba intentando asegurar un futuro junto a Hinata, porque él no valoraba que le dijera que no.
Con todo, la inestimable ayuda de sus amigos y compañeros había sido clave en todo, y nunca terminaría de agradecerles lo que habían hecho por él y por ayudarle a tenerlo todo listo para su cita con Hinata. Si todo salía bien, les debería a todos una muy gorda, aunque habían voces, como las de Toneri y Shion, que decían que su situación con la Hyuga les había permitido conocerse mejor y comenzar a salir juntos, lo cual alegraba a Naruto.
El Uzumaki estaba en su casa ultimándolo todo para el momento clave, estaba absolutamente frenético, pensando en cada situación y en cómo salir adelante airoso. Estaba en constante tensión, algo que no pasó inadvertido para Kushina y Minato, que veían como su hijo estaba más pendiente del móvil que de lo que pasaba en su casa.
Kushina llamó a la puerta de la habitación de Naruto, que como de costumbre, estaba cerrada. Cuando Naruto le dijo que podía pasar, vio con admiración como esa habitación, que durante semanas había sido una leonera, estaba totalmente cuidada y ordenada, lo que sorprendió a la mujer, puesto que en semanas había insistido en "mantener su desorden", ya que no quería ser interrumpido por nada del mundo.
— Veo que has hecho limpieza en tu habitación… — dijo Kushina, extrañada.
— Ya que he terminado los exámenes, creí que sería bueno el darle una limpieza a esto… — dijo Naruto, reduciendo la importancia del gesto que había tenido. — ¿Qué querías, mamá?
— ¿Una madre no puede venir a interesarse por su hijo sin que haya segundas intenciones? — preguntó Kushina, bromeando. Cuando vio que Naruto no reaccionaba, decidió preguntar de forma directa. — Vale, me preocupa que ya no estás tan risueño como antes y…
— Mamá, estoy creciendo, ya no puedo actuar como alguien inconsciente. Seré tonto, pero creo que ya tengo que empezar a obrar como un adulto. — dijo él, sin perder la seriedad de su cara.
Kushina sospechó que detrás del repentino cambio estaba aquella muchacha con la que fue al parque de atracciones. Sonrió, su niño estaba madurando y estaba convencida de que esa chica tenía que ver con el repentino cambio. No es que le desagradara que Naruto hubiera cambiado ligeramente, siempre dijo que le gustaría que se pareciera un poco más a Minato, más tranquilo y sosegado, es solo que le parecía que el cambio era repentino. Lo abordó de forma clara, porque la situación lo ameritaba.
— Naruto, ¿todo esto tiene que ver con esa muchacha…? ¿Cómo se llamaba? — dijo Kushina, intentando hacer memoria, hasta que lo recordó. — ¡Hinata! Se llamaba así, ¿verdad?
Naruto se puso nervioso, el que su propia madre lo dedujera le dejaba claro que ya no podía esconder más los sentimientos tan profundos que tenía por Hinata. El rubio, simplemente, asintió mientras intentaba encontrar las palabras que explicaran lo que le sucedía.
— Es que… Estoy nervioso porque… — Kushina notó la tensión en el cuerpo de Naruto, estaba temblando, no sabía si de emoción y de nervios. — Voy a salir con Hinata y… Bueno…
Naruto no terminó de hablar porque notó como su madre lo abrazaba, apretándolo contra ella. Era un momento importante en la vida del rubio y ella estaba contenta de que decidiera compartirlo con ella.
— Mi bebé se está haciendo mayor… — Dijo Kushina, visiblemente emocionada.
A Naruto le daba algo de vergüenza que su madre siguiera tratándolo a veces como un niño pequeño, era algo que Kushina siempre tuvo: su genio, que lo tenía y lo había demostrado siempre, no opacaba su bondad y sus demostraciones genuinas de afecto con aquellos a quienes quería.
— Mamá…
— No puedo evitarlo, Naruto…
Naruto, simplemente, correspondió al abrazo, entendiendo que era un abrazo que simbolizaba el orgullo que sentía en ese momento. También simbolizaba la unión familiar que había y, en parte, una especie de ruego para que no la dejara. La respuesta fue el abrazo del rubio, simbolizando un "no te dejaré nunca".
— Bueno, ¿y qué te pasa?
— Que le he fallado tantas veces que no sé qué puede pasar… — dijo el rubio, entristecido. — No podría soportar un rechazo, es el amor de mi vida.
La fuerza con la que Naruto dijo esas palabras le recordó a cuando conoció a Minato. Fueron poco a poco entablando conversaciones y, de repente, se dio cuenta que amaba a ese hombre con todo su corazón. Pero hubieron ciertos incidentes que asustaron a Minato, haciendo que éste se alejara un poco de Kushina, que decidió echar el resto, conquistando al hombre de sus sueños. Por ello, sí que creía que esa muchacha era el amor verdadero de Naruto, lo que le sorprendía era que la hubiera conocido en unas circunstancias tan similares a las suyas.
— Naruto…
— No puedo evitarlo, mamá, estoy seguro de que mi amor es más fuerte que las barreras del tiempo y el espacio. Si ella se va a otro país durante mucho tiempo, yo seguiré aquí, esperando que vuelva y amándola en silencio. O quizá tarde o temprano iría a buscarla, no sé… — dijo Naruto, totalmente metido en sí mismo.
— Tu solo habla con el corazón, hijo. — dijo Kushina. — Muchos dicen que el cerebro es el órgano más poderoso del cuerpo, pero el corazón es lo que mueve todo. Cuando las cosas se hacen o se dicen desde la bondad de aquí… — señaló el pecho de Naruto, justo donde estaba el corazón. — Las personas pueden hacer cualquier cosa.
Naruto sonrió mientras escuchaba lo que decía su madre. Entendía a la perfección que, cuando se trataba de temas como el que iba a tratar con Hinata, lo mejor era sacar todos sus sentimientos y demostrarlos de forma clara y contundente. No tenía ninguna duda de que tenía que abrirse en canal por Hinata.
— Espero que todo vaya bien, mamá… — dijo Naruto, ya algo más animado.
Mientras Kushina y Naruto hablaban sobre todo lo que había pasado durante el curso, Hinata también estaba nerviosa por la cita con Naruto, porque sabía que tendrían que sincerarse por completo. No sabía qué esperar: todo le hacía indicar que acabaría bien para ella y su corazón, pero aún dudaba sobre cómo hacerlo correctamente.
Con ella estaba Hanabi, revisando el vestuario, preparando lo que iba a llevar. Mientras que Hinata quería llevar algo más conservador, Hanabi decía que debía ir algo más destapada y a la moda. Mientras que Hinata consideraba que ella no debía ser protagonista más que de su propia vida y no ir mostrándose más de la cuenta, Hanabi pensaba que ella debía lucirse y verse guapa para terminar de conquistar a su hombre y lucir su feminidad con orgullo.
— ¡Pero hermana, es tu gran noche, con el chico que amas, no puedes ir de cualquier forma! — decía Hanabi, cansada de las evasivas de su hermana a usar algo más revelador.
— No, precisamente porque lo amo, quiero que vea a la verdadera yo, no a una mujer diferente. Y ése es mi estilo, Hanabi. — Hinata también estaba cansada de oír a Hanabi protestar sobre su forma de vestir.
— Tu estilo puede ponerse un poco más a la moda. Vamos, es evidente que el verte bien no va a hacer que dejes de ser tú, Naruto se enamoró de ti por lo que eres como persona, no por cómo te ves físicamente.
A Hinata los argumentos de Hanabi comenzaron a resultarle lógicos y coherentes. Tenía razón en que si había sentido algo por ella, es por su personalidad y no por su sensualidad, pero le daba algo de reparo el vestirse de forma más provocativa porque pensaba que ella no tenía lo que era necesario para vestir así. Igual salir de su zona de confort le iba a ayudar.
— Si te prometo que me probaré algo más atrevido, ¿vas a dejar de protestar por todas mis decisiones? — dijo Hinata, que quería finiquitar aquella discusión.
— Lo que sea con tal de que le robes el corazón a ese idiota. — dijo Hanabi, que estaba de acuerdo en finiquitar aquella pelea absurda. — Tengo un par de ideas que le quitarán el habla a Naruto…
Hanabi buscó en el vestidor de Hinata, en la amplia variedad de vestidos de gala que tenía. Como a veces tenía que acompañar a Hiashi a reuniones diversas, podía darse la posibilidad de asistir a cócteles varios, por eso su vestuario era tan amplio, el problema principal radicaba en que a Hinata no le gustaban esos vestidos y la mayoría no los había llegado a estrenar. Si debía salir, prefería usar algo sencillo: un top con una falda, lo que más cómoda le hiciera estar. Lo de ser una princesa de cuento era algo que no le pegaba para nada en su opinión.
Pero Hanabi estaba deseando verla guapa por una vez. No porque su hermana fuese fea, sino porque quería que la viera con los mismos ojos que la veía ella: con una profunda admiración y respeto, como si fuera alguien especial. Era por eso que se estaba esforzando tanto en ayudarla, y no porque se echara novio de una vez, eso era secundario, porque llegaría el momento, suponía que no le era indiferente a los hombres.
Uno por uno, Hinata fue rechazando los vestidos con excusas de diversa índole: que si el corte era muy alto, muy bajo, poco escote, demasiado escote, enseñaba mucha piel, manga muy larga, sin manga, los tirantes le molestaban… Hinata encontraba un pero para cada uno.
— ¿Podrías poner de tu parte, hermana? — dijo Hanabi, desesperada. — ¡No existe el vestido perfecto para ti!
— Por eso te dije que no era necesario… — Hinata estaba decepcionada, parecía que no quería que Hanabi la ayudara, pero nada más lejos de la realidad. Simplemente, no encontraba ese "algo especial" que la hiciera sentirse cómoda con todo eso. — Hanabi, te prometo que estoy poniendo todo de mi parte, pero…
— ¿Entonces por qué siempre tienes un "pero" para todo? ¿Mucho escote? ¡Si yo tuviera tus encantos femeninos los luciría encantada de la vida! ¡Si yo fuera tú me comería el mundo! ¡Ten más confianza en ti misma, por favor! — a Hanabi ya le estaba cansando esa actitud de sumisión y de poca autoestima de Hinata. No había nadie que consiguiera convencerla de que era una gran mujer.
Hinata se sentía cada vez más decepcionada consigo misma. El tema del vestido la estaba dejando por los suelos, pero sabía que tendría que afrontar aquella situación tarde o temprano. Si no elegía vestido aún, siempre podría empezar por los complementos: zapatos, bolso, joyería… Esas ideas sí que las tenía mejor ubicadas.
— ¿Y si elegimos primero otras cosas? Así podemos ir descartando hasta elegir lo adecuado para los complementos que me gusten. — propuso Hinata. Se suponía que lo principal iría primero, pero teniendo en cuenta la situación, a Hanabi no le parecía mala idea el elegir primero los zapatos.
— Vale, ¿por qué no? De todas formas, parece que estás más dispuesta a colaborar con los accesorios…
La elección de los zapatos fue bastante rápida: eligió unos zapatos color azul marino de tacón. Cuando se los probó, se dio cuenta que le sentaban como un guante, ajustándose perfectamente a su pie, resultando tremendamente confortables. Se comenzaba a sentir hermosa, merecedora de aquellos elogios que le dedicaba Naruto en privado, cosas que se guardaría para sí misma y que nadie más necesitaba saber.
— Son preciosos… — dijo Hinata, poniendo contenta a Hanabi. — Me encantan.
"Poco a poco vamos avanzando…", pensaba Hanabi, que mostraba una sonrisa de satisfacción. Parecía que el camino había comenzado a andarse, y teniendo en cuenta el poco tiempo que quedaba para la cita, era inevitable ir dando pequeños pasos de forma apresurada. Pero iban avanzando.
Ambos estaban preparándose para ese día con mucha ilusión y ganas, sabiendo la importancia de lo que se iba a tratar: ni más ni menos que sus corazones y lo que sentían por el otro. Lo cierto era que ya no podían evitar que la tensión no resuelta que había entre ellos pusiera las cosas muy complicadas, así que Hinata daba las gracias por el atrevimiento de Naruto.
Y con ese sentimiento de tensión llegó el gran día: el del baile. Solo que Naruto e Hinata nunca llegarían a ese baile, puesto que el Uzumaki tenía otros planes, que estaban perfectamente atados gracias a la inestimable ayuda de sus amigos, que habían conseguido lo imposible: que la noche cumpliese con la intención del rubio de darle algo grande a Hinata.
El rubio estaba tremendamente nervioso, pero tenía que relajarse. No iba a ser la primera vez que le dedicara algo especial a Hinata, pero sí que era la primera vez que tenía la sensación de que o todo salía perfecto, o se iba a ir al traste todo lo realizado. Y no quería permitirlo.
Se despidió de sus padres, que estaban totalmente enterados de los planes de Naruto, y le desearon suerte en la empresa que iba a acometer. Iba vestido con una formalidad impropia: traje de tres piezas, camisa blanca inmaculada, corbata azul marino, chaleco negro, unos adornos plateados en las empuñaduras de las mangas de la chaqueta, cinturón fino color negro y zapatos del mismo color que el resto de su vestimenta. Parecía que iba a una reunión tremendamente importante, iba como un verdadero caballero, elegante hasta decir basta.
Fue paseando tranquilamente hasta la casa de Hinata mientras iba pensando en todo lo que había pasado. Desde luego, la imagen de su amada Hinata entubada y conectada a la vida mediante un respirador había sido absolutamente traumática para él, nunca pensó que el amor pudiera doler tanto hasta que lo sufrió en sus propias carnes. Pero esta nueva oportunidad que le habían dado había sido como un bálsamo para él, a pesar de todas las dificultades que había pasado para estar junto a ella. Y éste iba a ser el último empujón para culminar su objetivo. Con todo el convencimiento del mundo, siguió caminando.
En menos de lo que pensaba se había plantado en casa de Hinata. Se quedó mirando a la majestuosa fachada, que rezumaba abundancia. Estaba tan nervioso que tuvo que relajarse antes de llamar al timbre.
— Vamos allá…
Sin necesidad de preguntar quién era, la puerta se abrió. Sabían que era él, nadie iba a llamar a las ocho de la noche a la casa de Hinata, menos el día del baile.
— ¡Hola, Naruto! — fue recibido por Hanabi, que mostraba una sonrisa radiante. Se la veía emocionada. — Mi hermana está terminando de vestirse. ¡Pasa, sin miedo!
Naruto accedió a la casa. Nunca dejaría de impresionarle la opulencia de esa entrada, pero no era el momento para despistarse con cosas accesorias. Se sentó en el salón, y a su lado se sentó Hanabi, que miró a Naruto de arriba abajo, poniendo, si cabe, al rubio aún más tenso.
— ¿No vas demasiado formal? — dijo Hanabi.
— No, tenía preparado esto desde hace tiempo y… Bueno, qué mejor ocasión que ésta… — dijo el Uzumaki, con la voz entrecortada. Carraspeó un poco para aliviarse.
— Con la chaqueta y el pantalón tenías suficiente… — replicó Hanabi.
— Si tu hermana tiene frío, va a agradecer que lleve la chaqueta. — dijo Naruto, sonriente.
— Seguro que lo tendrá… — finalizó Hanabi, en una voz tan baja que fue casi imperceptible para Naruto.
Un leve taconeo llamó la atención de Naruto, haciendo que su corazón se acelerara de forma totalmente espontánea. Levantó la cabeza buscando a la dueña de aquellos pasos, sabiendo que pertenecían a Hinata.
— ¿Ya has llegado, Naruto?
Al oír la voz de su amada, el rubio se levantó como un resorte, buscándola con la mirada. Cuando la vio, se quedó totalmente pasmado, Hinata estaba absolutamente despampanante. Usaba un vestido largo de tubo color azul marino de tirantes finos dorados, de corte asimétrico, con un generoso escote adornado por unos ribetes en el mismo tono que los tirantes. Adornándola, llevaba un brazalete de oro y el colgante que le había regalado Naruto para su cumpleaños. El vestido le quedaba bastante entallado, resaltando cada curva de su cuerpo, haciéndola ver muy hermosa.
— ¿Tienes algo que decir, Naruto? — dijo Hanabi, viendo con orgullo a su hermana.
— Eh… Yo… — no sabía que decir. Sabía que Hinata estaba buena, pero nunca sospechó que la vería de esa guisa. Estaba condenadamente sexy, seguramente sin proponérselo, pero el Uzumaki juraba que nunca antes la había visto así. Él siempre creyó que debía vestir algo diferente, pero no se lo decía porque respetaba su opinión. Supo al verla así de arrebatadora que tenía toda la razón en creer eso.
Hinata estaba sonrojada de la vergüenza que le daba tanto el estar vestida así como la reacción que había tenido Naruto al verla de esa guisa. Veía como el Uzumaki la miraba con admiración, como si contemplara una valiosísima obra de arte. No era para menos: estaba tan sorprendido como entusiasmado. Ella sabía que no tenía nada para taparse, e intentarlo con las manos era absurdo, así que, simplemente, se quedó en una posición neutral, con los brazos cruzados, dejando caer ligeramente el antebrazo derecho, lo que hacía que resaltara su busto.
Instintivamente, al rubio se le fue la mirada a esa zona en concreto, manteniéndola fija unos segundos. Levantó un poco la mirada y se dio cuenta de que Hinata no llevaba mucho maquillaje: un poco de sombra de ojos y de lápiz labial adornaban su rostro. Naruto tragó en seco: delante de él no estaba la mujer que amaba, sino una diosa caída desde el cielo.
— Estás… — Naruto suspiró. — Estás divina, Hinata.
Hinata, simplemente, sonrió ante el comentario de Naruto. No estaba acostumbrada a que la halagaran por su buen vestir, ya que ella solía ser muy discreta para pasar inadvertida, pero como Hanabi le había dicho, era una oportunidad de conquistar a su hombre, y pensaba aprovechar todos los recursos que tenía a su disposición.
— ¿Vamos, princesa? — esta vez, Naruto lo decía con todo el sentido del mundo, pues a sus ojos, era una princesa. Su princesa, a la que convencería para que acabase siendo su reina.
Le ofreció su brazo para que se agarrara a él, cosa que Hinata agradecía debido a la altura de los tacones que llevaba. No es que no supiera caminar con ellos, pero le serviría como apoyo.
Asió el brazo del Uzumaki y sintió como la conexión emocional entre ambos fue instantánea. Casi podía sentir cómo su corazón y el del rubio se acompasaron a la perfección, lo cual le sentaba muy bien a ambos.
Ya eran las ocho y media y Naruto vio como un coche de alta gama venía a buscarlos. Le sorprendió gratamente que tuvieran en cuenta hasta ese detalle, porque a él se le había pasado por completo. Cuando el conductor bajó la ventanilla del coche, no pudo quedarse más pasmado de lo que ya había estado anteriormente.
— ¡Vaya, pero si es el tarugo de Naruto! ¡Cuánto tiempo!
No podía agradecer más la presencia de alguien conocido para estar ahí, le ayudaría a relajarse en el trayecto.
— ¿Quién es la dama tan hermosa que te acompaña, acaso es tu…? — dijo levantando el dedo meñique.
— ¡No, no lo es! — dijo Naruto, apresuradamente. Se dio cuenta de que Hinata miraba hacia abajo, como entristecida ante la reacción tan exagerada que había tenido. Suspiró y se relajó. — No lo es, pero estoy seguro de que va a ser alguien especial en mi vida.
Hinata levantó la vista y miró al rubio. El cambio de actitud volvió a darle esperanzas a la Hyuga, que afrontaba esa noche con un moderado optimismo.
— Entiendo… — dijo Karin, sonriendo, estaba captando lo que quería decir.
— ¿Y usted quién es? — preguntó Hinata.
— Soy la prima del idiota que sujeta tu brazo…
— ¡Apenas llevamos cinco minutos hablando y ya me has insultado dos veces, demonio pelirrojo! — dijo Naruto, indignado y divertido a partes iguales. — Hinata, ella es mi prima, Karin Uzumaki.
Hinata hizo una ligera reverencia hacia Karin, que la vio sorprendida. Esperaba que fuese educada, la casa de esa familia rezumaba tradición y clase por todos lados, pero no esperaba que la tratara de una forma tan modélica.
— Encantada de conocerla…
— No me trates de usted, solo soy unos 5 años mayor que… — intentó decir Karin hasta que fue interrumpida.
— Más bien diez. — dijo Naruto con toda la calma del mundo.
Karin optó por dar la callada por respuesta y les invitó a subir al coche. Naruto se preguntaba quién habría llamado a su prima para hacerle ese favor, pero lo agradecía porque Minato no estaba disponible y pensaba ir dando un pequeño paseo con ella bajo el cielo estrellado. No le pareció mala idea, pero la espera se le haría eterna.
— ¿Cómo están el tío Ise y la tía Fuso? ¿Y el primo Nagato? Hace mucho que no sé nada de ellos. — preguntó Naruto, que estaba atrás, sentado con Hinata. No se separaba de ella por nada del mundo.
— Bien, estamos todos bien. ¿Sabes? Nagato se ha echado novia, una mujer llamada Konan. Es muy agradable… — dijo Karin, con segundas intenciones. Quería ayudar a su manera. — Tía Kushina nos llamó y, bueno, quería saber de nosotros. Decidí venir y me dijo que andabas en la casa de una chica y me dio la dirección.
Kushina, siempre tan atenta a todos los detalles. Debería haber supuesto que el hecho de que fuese un miembro de la familia era cosa de ella. Fueron en silencio el resto del camino mientras Hinata se acurrucaba ligeramente en el brazo de Naruto, pidiendo que ese momento de profunda intimidad no acabara nunca. Como tenía los ojos cerrados, no se dio cuenta de que no iban a ir a la escuela, sino a la ciudad.
Cuando el coche frenó de repente, Hinata abrió los ojos y pudo ver que no estaban en la escuela. Estaban en un restaurante muy solicitado, uno de los de más prestigio de Tokio. Hinata se preocupó porque no sabía de las intenciones del rubio.
— Naruto, ¿qué…?
— Pensé en darte una pequeña sorpresa y que viniéramos a cenar juntos. — dijo el rubio, emocionado.
— Pero este sitio… — Hinata conocía a la perfección el sitio en cuestión, sabía que era bastante exclusivo y, cómo no, bastante caro. — Además, el baile…
— Haremos nuestro propio baile, princesa. — dijo Naruto, acariciando ligeramente el brazo de Hinata, que sintió como su piel se calentaba en la zona que había tocado. Era una sensación indescriptible. — Haremos las cosas como siempre soñé en hacerlas contigo…
Hinata se sonrojó, esta vez de emoción. Su sonrisa iluminaba su rostro, y Naruto se quedó más prendado aún, si era posible. Ambos se bajaron del automóvil y entraron al local, donde les recibió el maître del negocio.
— Sean bienvenidos, ¿tienen reserva? — dijo con una educación muy marcada. Se notaba que era un restaurante de categoría.
— Sí, a nombre de Naruto Uzumaki…
— Cómo no, acompañadme, por favor.
Ambos siguieron a la empleada. Naruto sabía que la ubicación era especial, digna de Hinata y del momento que iban a vivir. Llegaron a la azotea, donde sólo había una mesa, adornada por un par de sillas y un pequeño candelabro en el centro de la misma. Desde la entrada, había una alfombra roja custodiada por rosas a ambos lados, e iluminado por varios focos de forma bastante tenue, generando un ambiente totalmente idílico para hablar sobre los temas que iban a tratar. No había techo, por lo que podían admirar el cielo en todo su esplendor.
— Vaya… Esto es… — Hinata estaba admirando la zona que estaba reservada solo para ellos. — Es una maravilla… Es tan hermoso…
— Nada es lo suficientemente hermoso cuando se trata de ti, Hinata. Nada.
Naruto se dio cuenta que ella lo estaba pasando muy bien, disfrutando de lo que él había hecho por ella, queriendo mantener para siempre esa felicidad y diversión que había en su amada de ojos plateados, porque le llenaba de gozo el alma verla sonreír de forma tan sincera.
Naruto retiró ligeramente la silla para que Hinata se pudiera sentar y empezaran con la cena. El ambiente era, sencillamente, el ideal para el propósito del Uzumaki. Estaba totalmente impregnado de romance y pasión.
Mientras Hinata miraba a todas partes maravillada con toda la situación, Naruto no podía dejar de mirar a Hinata. Estaba tan embobado viéndola que no vio venir al mesero, que estaba al pie de la mesa.
— ¿Qué desean los señores?
Naruto despertó en ese instante y pudo oír una risita de Hinata, que le sacó una carcajada. Estaba tan a gusto que
— Disculpe, me gustaría pedir de primero, un ramen de miso, y de segundo, sashimi de atún… ¿Y tú, princesa, qué quieres?
— Pues… — Hinata miraba la carta, dudosa. Había cosas que no pensaba comer, pero realmente todo sonaba muy bien. — ¿Qué me recomienda?
— Tenemos unos cortes deliciosos de ternera de Kobe, es la especialidad de la casa.
— Perfecto, de entrante me gustarían unos gyoza de cerdo, y un filete de Kobe.
El mesero se llevó las cartas, dejando solos de nuevo a Naruto e Hinata. A ella le sorprendió que consiguiera sitio en el restaurante, mucho más que consiguiera reservar la mesa más solicitada, por aislamiento, ambiente y hermosura de las vistas.
— ¿Cómo has conseguido esta mesa, Naruto? Conozco bien el sitio y sé que no es nada fácil… — dijo Hinata.
— Todo es más fácil cuando conoces a la gente adecuada, Hinata. Moviendo unos hilos, pude conseguir el mejor restaurante y la mejor mesa del local. Supongo que soy un tipo con suerte.
Los hilos los habían movido Sakura y Sasuke, la decoración había sido cosa de Toneri y Shion, que querían compensar al rubio por los problemas involuntarios que habían causado. Kiba había dirigido las cosas de forma eficiente y él solo se tenía que encargar de hacer su labor bien: conquistar a Hinata y convencerla de que él era lo que necesitaba en su vida. Y todo estaba yendo demasiado bien como para ser cierto.
Cuando llegaron los entrantes, ambos quedaron maravillados con la pinta que tenían los platos que habían pedido. Los aromas alimentaban por sí solos, haciendo que a ambos se les hiciera la boca agua. Cuando ingirieron el primer bocado, ambos se miraron sorprendidos: los manjares que habían pedido eran absolutamente deliciosos.
— Hinata, no se lo digas a mi madre, pero… Este ramen está tan bueno como el suyo… — dijo Naruto, sabiendo que el ramen era el orgullo de Kushina.
— Estos gyoza son una maravilla: jugosos, la carne está tierna y no resultan nada pesados, es como… Como si comiera una nube… — dijo Hinata, ofreciéndole uno a Naruto con sus palillos. Naruto se avergonzó un poco, pero accedió. Cuando lo probó, no tuvo más remedio que darle la razón a ella.
Él hizo lo propio, le ofreció fideos, que accedió a comer sin reparo. Estaban deliciosos: una textura muy suave y ligera, no saciaban en exceso y dejaban con ganas de más. Prosiguieron con las respectivas comidas hablando de todo un poco, sin aclarar nada de lo que sentían, pero sabiendo ambos que no cambiarían absolutamente nada de la noche.
Llegaron los segundos y Naruto se arrepintió de pedir el sashimi: aunque se veía delicioso, ese corte de Kobe tenía una pinta espectacular. Adornado con nada más que un lecho de verduras, que al rubio le parecían poco apetecibles, el filete estaba en su punto justo.
— Desde luego, has acertado de lleno con el sitio, Naruto…
— Qué puedo decir, lo mejor para la mejor. No mereces menos, Hinata.
Poco a poco, fueron devorando aquel segundo plato, y el rubio fue tensándose cada vez más, sabiendo que poco a poco se acercaba el momento deseado por él. Se le cerró el estómago y casi no pudo terminar de comer fruto de la emoción que albergaba en sí. Hinata se percató del nerviosismo de Naruto y le sujetó la mano, dándole una de sus complacientes sonrisas que tranquilizaban al rubio. Lo aprendió porque cada vez que estaba con ella, sus sonrisas causaban ese efecto en él. Dicho y hecho: el Uzumaki tomó la mano de Hinata y la acarició, ese roce era suficiente para reforzar su decisión y su anhelo. Todo por lo que había aceptado volver al pasado era ella, ese momento y la esperanza de tener un futuro juntos.
Al terminar el plato, Naruto se levantó y le ofreció su mano. Hinata entendió al instante que quería hablar de todo, y tomó la mano de él, no queriendo soltarla jamás: a estas alturas, ya sabía lo que quería, pero tenía que saber si estaban en la misma sintonía o, simplemente, era algo unilateral. Dudaba que solo ella se sintiera así, pero tenía que oírlo. Necesitaba escucharlo de los labios de él.
— Hinata…
Naruto suspiró: todo lo que había preparado para decirle se había ido de su mente. En silencio, buscó rememorar lo que tanto había ensayado, pero fue un acto inútil. Recordó que Kushina le había dicho que hablara con el corazón. Pensó que cómo había sido tan tonto de pensar que algo como una confesión se podía ensayar y preparar.
— Había preparado unas palabras para decirte qué es lo que siento por ti, pero al verte aquí, emocionada con este pequeño detalle que he preparado, al mirarte directamente, se me ha olvidado todo lo que había ensayado. Hinata, mi princesa, tienes ese poder sobre mí. El poder de cambiar todo lo que soy en un instante, ya sea mirándote a los ojos, viéndote sonreír o rozando tu piel. Alteras mi mundo de una forma que nunca jamás pensé que fuera posible. Y me alegra muchísimo que lo hagas, a tu lado me siento mejor persona.
A Hinata le parecía increíble el efecto positivo que decía el Uzumaki que ella producía en él, a pesar de los problemas que habían tenido, el hecho de que sintiera que le ayudaba la reconfortaba. Pero el cómo lo decía la derretía por completo: el detalle era ese tono acaramelado que tenía y las palabras que decía, que la encandilaba por completo.
— Hinata, sé que he fallado mucho, sé que no es fácil soportar a alguien como yo, mis constantes meteduras de pata, pero te juro por mi vida que si alguna vez tengo un problema, siempre voy a querer que estés ahí conmigo, sin importar lo que suceda.
— Yo también quiero estar ahí contigo, Naruto, sin importar lo que suceda… — Y no mentía. Hinata había descubierto en esas épocas de altibajos que si había algo peor que el hecho de que Naruto estuviera decepcionado o disgustado con ella, sin duda alguna era que no estuviera ahí para ella. Había dudado, pero ya no lo haría nunca más, solo faltaba el colofón final.
— A cambio, como hombre, te quiero prometer que siempre acudiré a ti cuando lo necesites, que intentaré mantener siempre una sonrisa en tu rostro, cuidar de ella y que no la pierdas nunca.
Hinata no podía aguantar más y derramó lágrimas: las palabras de Naruto estaban calando muy hondo en su alma maltrecha por los sinsabores de la vida. Él era su lugar soleado, estaba convencida de ello.
— No llores, me destroza verte así, por favor, para… — el gesto del rubio se torció y marcó una profunda tristeza. No solo por ver a Hinata así, sino por entender que a Hinata le dolería la respuesta que tendría que darle.
— Son lágrimas de alegría, no de pena… — dijo Hinata, secándose las lágrimas. Cuando cesó su llanto, quiso sonsacarle lo definitivo: el motivo real por el que había organizado todo. — Naruto… ¿Qué es lo que sientes por mí?
Por si no había sido suficiente su declaración de intenciones, le pedía que lo verbalizara. El Uzumaki sonrió, todo por lo que había luchado desde que Kaguya le devolvió al pasado estaba ahí: el momento clave de todo. Como no tenía ninguna clase de duda ni de reparo en decirlo ya, no quiso esperar.
— Hinata, siento todo por ti. No puedo expresarlo con palabras. Quiero estar contigo, ahora y siempre. Hinata, yo… — suspiró nervioso. Siempre costaba decir esas palabras. Y como costaba, prefirió demostrarlo.
Levantó ligeramente el mentón de Hinata, y ella se dejó hacer. Podían sentir las respiraciones agitadas del otro, el brillo de la emoción que existía en sus miradas, la antelación a lo esperado por ambos. Y, entonces, no vieron ni sintieron nada más que no fuera el contacto con el otro. Hinata jadeó ligeramente, sintiendo como su corazón latía henchido de felicidad. Le estaba diciendo todo lo que sentía con ese roce tan intenso, tan apasionado y tan necesitado y deseado. Sabían que nada volvería a ser como antes: sería mucho mejor porque ya ambos sabían qué esperar.
Cuando se separaron, las piernas de Hinata temblaban, se dejó ir hasta el pecho del rubio, haciendo que parecieran uno solo, mientras ella se quedaba relajada escuchando todo lo que sentía Naruto. Ya no tenía ninguna clase de dudas.
— Yo… Te amo con todo mi corazón y mi alma. — en ese instante, Naruto sintió cómo un peso imaginario se liberaba de sus espaldas. — Hinata, no sé si llamarlo destino o casualidad, pero lo que sí sé es que nuestra conexión es especial y sé que, cuando te vi, no buscaba nada, pero cuando te conocí, sabía que había encontrado todo lo que necesitaba.
Estaba tan extasiada y contenta que solo pudo mirarle a los ojos pasados unos segundos, y vio que él estaba exactamente igual que ella, disfrutando de aquel momento. Todo daba igual en ese instante. El deseo de Naruto estaba tan cerca que no pudo reprimirlo.
— Hinata, solo necesito preguntarte una cosa más… — llamó la atención de ella la necesidad que manifestaba el Uzumaki, todo había sido tan perfecto que sólo podía significar una cosa. — Hinata Hyuga, ¿quieres ser mi novia?
No tardó ni medio segundo en dar la respuesta que ella deseaba y que el rubio esperaba.
— Sí, Naruto… Quiero ser tu novia…
Con ese acto de ferviente amor que habían planeado, pagaron la cuenta y avisaron a Karin para que fuera a recogerlos. Cuando la pelirroja los vio, entendió perfectamente qué pasaba, estaban tan juntos, acaramelados y contentos que no hacía falta ninguna pregunta. Fueron en absoluto silencio, Karin porque no quería romper la felicidad de ambos y Naruto e Hinata porque estaban absolutamente metidos en su burbuja.
Llegaron al instituto a las nueve y media, justo media hora después de empezar el baile. Cuando sus amigos los vieron entrar juntos, abrazados y contentos, en sus rostros se manifestó la alegría que sentían: sabían que Naruto había conseguido conquistar el corazón de Hinata.
— El cabrón lo ha conseguido… — dijo Kiba, contento porque ambos se hayan encontrado en la vida.
— Sí, ese imbécil lo ha hecho. — contestó Sasuke, orgulloso de la tenacidad de su mejor amigo, que nunca se rindió.
Sakura los veía desde la distancia felices y sólo pensaba en ellos, nunca se lo diría, pero en ese instante, sintió desde la distancia el poder de su amor por Hinata.
"Naruto, nunca te he visto esforzarte tanto por alguien. Ni siquiera cuando decías que estabas enamorado de mí. Me alegra que hayas encontrado a tu persona indicada. Solo… Cuídala."
En ese instante, comenzó a sonar Perfect, de Ed Sheeran, y todas las parejas bailaron, de forma romántica, meciéndose al ritmo que marcaban los acordes. Hinata levantó la vista y vio a Naruto con amor, pidiéndole con la mirada su primer baile como novios oficiales. El rubio sonrió, captando lo que quería Hinata.
— Mi princesa, ¿me concedes el honor de bailar esta pieza?
— Será un placer, mi príncipe.
En medio de todos los enamorados que habían en ese baile, había una pareja que destacaba por encima de todas las demás: aquella que brillaba con la fuerza del nuevo amor que, bien cuidado, no disminuiría un ápice. La pareja que formaban Hinata y Naruto, que danzaban juntos de una forma apasionada, queriendo que aquella oportunidad que les daba la vida de ser felices durara para siempre.
Y hasta aquí hemos llegado. Reitero por enésima vez mis disculpas por dejar tantísimo tiempo esta historia abandonada, pero cuando me visita la inspiración, debo seguir adelante y no rechazarla.
Esta, mi primera historia, ha llegado a su fin. Sí, falta el epílogo, pero está medio escrito desde hace mucho tiempo. Solo tengo que corregirlo y lo subo para, ahora sí, dar por concluida esta historia que demuestra que el amor verdadero trasciende los límites del espacio y del tiempo.
Espero que el capítulo les haya gustado. ¡Nos vemos!
