Aclaración:

Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la adaptación.

La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor

Hay OOC


«Capítulo cinco»


Lady Hinata bajó ágilmente del carruaje con la ayuda de un lacayo. Al mirarla, Naruto notó una peculiar sensación en el pecho, una profunda palpitación de placer. Al fin había llegado. La miró con deleite. Estaba impecable. Llevaba las manos enguantadas y el sedoso cabello negro azulado le resplandecía bajo un sombrerito provisto de un vaporoso velo que le cubría el rostro. Naruto tuvo el impulso de desarreglar su recatado aspecto, de hundirle las manos en el cabello y desabrocharle la pulcra hilera de botones que llevaba en el cuello de su vestido color chocolate.

«Otro vestido marrón», pensó Naruto frunciendo el entrecejo. Comprobar que aún no había dejado de llevar luto, que se vestía con aquellas prendas tan austeras, lo indignó.

Jamás había conocido a ninguna mujer que hubiera llevado voluntariamente luto durante tanto tiempo. Su propia madre, que sin duda había amado a su padre, no había vacilado en quitarse las sofocantes ropas de luto al cabo de un año, y Naruto no la había culpado ni por un instante. Una mujer no enterraba todas sus necesidades e instintos junto con su esposo, por mucho que la sociedad pretendiera lo contrario.

Las viudas excesivamente devotas eran muy admiradas y se las ponía en un pedestal para dar ejemplo a las demás mujeres. No obstante, Naruto sospechaba que lady Hinata no seguía llevando luto porque estuviera bien visto o porque deseara que la admiraran. Lamentaba sinceramente la muerte de su esposo. Naruto se preguntó qué clase de hombre había inspirado un vínculo tan apasionado. Lord Toneri Õtsutsuki había sido un aristócrata, de eso no cabía duda. Como Hinata, alguien bien educado y honorable. «Alguien completamente distinto a él», pensó Naruto con tristeza.

Una sirvienta y una niña descendieron por las escalerillas móviles que habían colocado ante la puerta del carruaje, y Naruto se fijó en la niña. Al mirarla, no pudo evitar sonreír. Himawari era una muñequita idéntica a su madre, con las mismas facciones hermosas y cabellos oscuros, adornados por un lazo azul pálido prendido en la coronilla.

Himawari parecía un poco nerviosa y estrujaba entre sus manitas algo que resplandecía como las joyas, mientras contemplaba el esplendor de la casa y los jardines.

Naruto pensó que tal vez debería quedarse en la casa y recibir a lady Hinata en el salón, o incluso en el recibidor, en lugar de salir a su encuentro. «¡Qué diablos!», pensó, ceñudo, y bajó las escaleras a grandes zancadas, decidiendo que si daba un paso en falso, lady Hinata no dudaría en indicárselo. Se acercó mientras ella estaba dando instrucciones a los lacayos que descargaban los baúles y las maletas. Levantó el ala del sombrero para mirar a Naruto y esbozó una sonrisa.

─Buenos días, señor Uzumaki.

Él se inclinó y la estudió con la mirada. Estaba tensa y pálida, como si llevara varias noches sin dormir, y Naruto supo de inmediato que los Õtsutsuki debían de haberle hecho pasar un infierno.

─¿Tan mal ha ido? ─preguntó con suavidad ─.Deben de haberla convencido de que soy la encarnación del diablo.

─Habrían preferido que trabajara para el mismo diablo ─dijo ella, y se echó a reír.

─Intentaré no corromperla hasta el punto de dejarla irreconocible, señora mía.

Hinata puso las yemas de los dedos en el diminuto hombro de su hija y la empujó con suavidad. Su orgullo de madre fue patente cuando habló.

—Ésta es mi hija Rose Himawari.

Naruto se inclinó y la niña le hizo una reverencia perfecta. ─ Eres Rose Himawari...

Luego Himawari habló sin dejar de mirarlo a los ojos. ─¿Eres el señor Uzumaki? Hemos venido a enseñarte modales.

Naruto sonrió a Hinata.

─Cuando cerramos el trato, no sabía que serían dos en lugar de una ─.Con cautela, Himawari tomó la mano de su madre.

─¿Es aquí dónde vamos a vivir, mamá? ¿Hay una habitación para mí?.

─ Naruto se puso en cuclillas y la miró con una sonrisa en los labios. ─Creo que te han preparado una habitación junto a la de tu madre ─le dijo. Se fijó en el amasijo de objetos brillantes que Himawari tenía entre las manos ─. ¿Qué es eso, señorita Himawari?

─Mi cordel de botones.

La niña desenrolló un trozo del cordel, que tenía varios botones cuidadosamente ensartados... botones grabados con flores, frutas o mariposas, otros hechos de cristal oscuro y unos cuantos de esmalte y papel pintados.

─Éste es mi botón del perfume ─dijo Himawari con orgullo ─, enseñándole un botón grande forrado de terciopelo. Se lo llevó a la nariz e inhaló profundamente─: Mamá le pone su perfume para mí, para que huela bien.

Cuando Himawari se lo ofreció, Naruto bajó la cabeza y detectó una tenue fragancia a flores que reconoció al instante.

─Sí ─dijo en voz baja, mirando el rostro ruborizado de lady Hinata ─.Huele exactamente igual que tu mamá.

─Himawari ─dijo Hinata visiblemente turbada ─,ven conmigo; las damas no se quedan hablando en la entrada de casa.

─No tengo ningún botón como ése ─le dijo Himawari a Naruto, sin prestar atención a las palabras de su madre, mientras se fijaba en uno de los grandes botones de oro macizo que adornaban la chaqueta de Naruto.

Siguiendo el dedito de Himawari, Naruto vio que el primer botón tenía grabada una escena de caza en miniatura. Hasta ahora, no había reparado en ello.

─Concédame el honor de aumentar su colección, señorita Rose Himawari ─dijo, mientras metía la mano en el bolsillo de la chaqueta para sacar una navaja de plata plegable. Con destreza, cortó los hilos que sujetaban el botón a la chaqueta y se lo entregó a la niña.

─Oh, gracias, señor ─exclamó Himawari excitada ─.¡Gracias! ─Se apresuró a ensartar el botón en el cordel antes de que su madre pudiera poner ninguna objeción.

─Señor Uzumaki ─balbuceo Hinata ─,un caballero no saca a... armas en presencia de damas y niños...

─No es un arma. ─Con naturalidad, Naruto volvió a meterse la navaja en la chaqueta y se levantó ─.Es una herramienta.

─En cualquier caso, no es... ─Hinata se quedó callada al ver lo que estaba haciendo su hija─. Himawari, debes devolverle ese botón al señor Uzumaki ahora mismo. Es demasiado bonito y caro para tu colección.

─Pero me lo ha dado ─protestó la niña, moviendo frenéticamente sus cortos deditos hasta tener el botón bien ensartado en el cordel.

─Himawari, insisto...

─Deje que se lo quede ─dijo Naruto, sonriendo ante la evidente turbación de Hinata ─. No es más que un botón, señora.

─Parece de oro macizo, y forma parte de un juego...

─Venga conmigo ─la interrumpió él, ofreciéndole invitadoramente el brazo─. Mi madre y mi hermana están dentro, esperándola.

Frunciendo el entrecejo, lady Hinata lo tomó del brazo.

─Señor Uzumaki ─dijo en tono resuelto ─.Me he esforzado mucho para que mi hija no sea consentida. Por lo tanto...

─Lo ha conseguido ─dijo él, subiendo con ella las escaleras de la entrada mientras la doncella los seguía con Himawari ─.Su hija es encantadora.

─Gracias. Pero no quiero que ella se habitúe a su estilo de vida derrochador. Y quiero que mis instrucciones con respecto a ella se sigan al pie de la letra. Debe tener una vida disciplinada y ordenada, como tuvo en casa de los Õtsutsuki.

─Naturalmente ─se apresuró a decir él, intentando aparentar sumisión y humildad. Detrás de ellos, el cordel de botones que arrastraba Himawari tintineo alegremente. La turbación de Hinata no disminuyó cuando entró en la casa y contempló una vez más su exagerada opulencia. «Dios mío ─pensó, súbitamente preocupada ─.¿Cómo va a vivir aquí gente corriente?» Miró a Kurenai, que se había quedado muda mirando las columnas doradas de dos pisos de altura que había junto a las paredes del recibidor y las gigantescas arañas de cristal que iluminaban el recinto.

─Escucha, mamá ─exclamó Himawari, y empezó a hacer ruiditos que reverberaron en aquel espacio tan inmenso ─. ¡Hay eco!

─Cálla, Himawari. ─Hinata miró al señor Uzumaki, que parecía estar reprimiendo una sonrisa ante las payasadas de la niña.

Apareció una mujer fornida de unos cuarenta años que se presentó con bastante brusquedad como la señora Burney, el ama de llaves.

Con expresión perpleja, Kurenai se fue con ella por la escalera barroca que conducía a las habitaciones, donde debía supervisar cómo deshacían el equipaje. Hinata mantuvo a Himawari a su lado mientras proseguían por un circuito de ornados recibidores. Entraron en un saloncito que alternaba en las paredes paneles de terciopelo verde estampado con otros dorados, y tenía muebles franceses decorados con pan de oro. Los esperaban dos mujeres que se pusieron nerviosamente en pie al entrar ellos. La más joven, una muchacha alta de un atractivo impresionante con una rebelde mata de pelo castaño recogida en dos moños, se acercó.

─Bienvenida, lady Hinata ─exclamó, sonriendo ampliamente. Sin embargo, Hinata notó que la estudiaba con nerviosismo y timidez.

─Mi hermana Tenten ─musitó Uzumaki.

─No di crédito a mis oídos cuando Naruto nos dijo que usted vendría a vivir aquí ─ exclamó la muchacha─. Es usted muy valiente atreviéndose con el lote completo. Intentaremos que esto no sea un infierno para usted.

─En absoluto ─respondió Hinata, sabiendo al instante que la hermana de Uzumaki le agradaba─.Sólo espero poder serles de ayuda, y tal vez ofrecerles alguna orientación cuando sea necesario.

─Oh, necesitaremos mucha orientación ─le aseguró Tenten con una risotada.

No había parecido entre Uzumaki y su hermana. Él era rubio y ella castaña, incluso el color de sus ojos y sus facciones, bueno tal vez se parezca a alguno de sus padres, pensó ella, aunque tenían un parecido en la sonrisa pícara. E irradiaban una energía desbordante, como si sus mentes activas y su inmejorable salud física no les permitieran relajarse durante más de unos minutos.

«No sería difícil para Tenten atraer pretendientes ─pensó Hinata ─.No obstante, le haría falta un compañero fuerte, pues la riqueza de su hermano, combinadas con su propio vigor, intimidarían a muchos hombres.»

Tenten sonrió, leyéndole aparentemente el pensamiento a pesar de que Hinata la miraba con mucha discreción.

─La única razón por la que Naruto quiere que me refine un poco es para que le resulte más fácil casarme con algún aristócrata ricachón ─dijo sin tapujos ─.Sin embargo, debo advertirle que mi concepto de un buen esposo es muy distinto del de Naruto.

─Conociendo algunas de las opiniones de su hermano sobre el tema ─dijo Hinata en tono neutro─, estoy totalmente dispuesta a ponerme de su parte, señorita Uzumaki.

La muchacha se echó a reír encantada. ─Oh, usted me agrada, señora ─exclamó, y se fijó en la niña que aguardaba pacientemente junto a Hinata ─.Caramba, tú debes de ser Himawari. ─La voz se le suavizó a medida que hablaba.

─Soy Rose Himawari ─ contesto la niña.

─.Oh Rose Himawari ─,Creo que eres la niña más guapa que conozco, Eres una miniatura de tu madre, a demás tienes nombres de flores, ¿como te gustaría que te llamara?

─ Mamá y Kurenai me llaman Himawari, mis tíos y los demás Rose, ambos nombres me gustan, puedes hacerlo como quieras. Tú también eres guapa, como una gitana ─dijo Himawari con franqueza.

─Himawari ─la reprendió Hinata, temiendo que Tenten fuera a ofenderse con el comentario, pero la joven se echó a reír.

─Eres una monada ─exclamó, arrodillándose para examinar el cordel de botones de Himawari.

Mientras Himawari le mostraba a Tenten las maravillas de su colección de botones, Hinata se dirigió a la otra mujer, que parecía estar deseando que se la tragara la tierra. «La madre de Uzumaki», pensó, y sintió una repentina compasión hacia ella cuando vio lo incómoda que se sentía mientras su hijo hacía las presentaciones.

Sin duda, Kushina Uzumaki había sido una mujer bella, pero los años de trabajo y las preocupaciones le habían dejado su huella. Tenía las manos permanentemente ásperas y enrojecidas por los arduos trabajos que había desempeñado, y el rostro surcado de arrugas demasiado profundas para una mujer de su edad. El pelo, que llevaba recogido en un moño muy apretado, había sido pelirrojo, pero asomaba sombras de gris. No obstante, seguía teniendo las facciones bellas, y los ojos gris violeta eran cálidos y aterciopelados. Algo nerviosa, Kushina consiguió a duras penas darle la bienvenida.

─Señora ─dijo, obligándose a mirarla a los ojos─, mi hijo tiene el don de conseguir que los demás hagan cosas que no quieren hacer. Espero que no esté aquí en contra de su voluntad.

─Madre ─murmuró Naruto. La miró divertido─. Por lo que dices, parece que haya traído a lady Hinata encadenada hasta aquí. Yo jamás obligo a nadie a hacer nada que no quiera. Siempre le doy opción.

Mirándolo con escepticismo, Hinata se acercó a su madre.

─Señora Uzumaki ─dijo afectuosamente, tomándole la mano y apretándosela con suavidad─, le aseguró que deseo estar aquí. Me encanta la perspectiva de poder ser útil. Durante los últimos tres años he estado de luto y... ─Guardó silencio, buscando las palabras idóneas, y Himawari la interrumpió con lo que ella consideraba un comentario de vital importancia.

─Mi papá no viene a vivir aquí con nosotros porque ahora está en el cielo. ¿No es cierto, mamá?

Se hizo un repentino silencio. Hinata miró a Naruto Uzumaki, que estaba impasible.

─Eso es, querida ─respondió suavemente a su hija.

Mencionar a Toneri había envuelto la escena en un velo mortuorio, y Hinata intentó pensar en algo para salvar la situación. No obstante, cuanto más se alargaba el silencio, más difícil parecía romperlo. En un arrebato de desesperación, no pudo evitar pensar que si Toneri estuviera vivo, ella jamás se hallaría en aquella situación, mudándose a la casa de unos desconocidos, aceptando empleo de un hombre como Naruto Uzumaki.

De repente, Tenten rompió el silencio con una sonrisa radiante, si bien un poco forzada.

─ Rose, déjame que te enseñe tu nueva habitación. ¿Sabes que mi hermano ha comprado una tienda entera de juguetes para ti? Muñecas, libros, y la casa de muñecas más grande que has visto en tu vida.

Cuando la niña dio un grito de alegría y se apresuró a seguirla, Hinata clavó en Naruto Uzumaki una mirada reprobatoria. ─Una tienda entera de juguetes.

─Nada de eso ─dijo Uzumaki de inmediato─. Tenten es propensa a exagerar. ─Miró a Kushina, exigiéndole tácitamente que le diera la razón ─. ¿Verdad, madre?

─Bueno ─dijo Kushina insegura ─.La verdad es que te...

─Estoy seguro de que lady Hinata querrá que le enseñemos la casa mientras deshacen su equipaje ─se apresuró a interrumpirla Uzumaki ─.¿Por qué no se la enseñas tú?

Presa de un evidente ataque de nervios, la señora Uzumaki murmuró alguna excusa y se marchó a toda prisa, dejándolos a los dos solos en el saloncito.

Ante la mirada reprobatoria de Hinata, Naruto se metió las manos en los bolsillos y se puso a golpetear rítmica e impacientemente el suelo con la punta del zapato.

─¿Qué hay de malo en uno o dos juguetes de más? ─dijo por fin en un tono excesivamente razonable ─.Su habitación era casi tan alegre como una celda carcelaria. Pensé que una muñeca y unos cuantos libros la harían más acogedora...

─En primer lugar ─lo interrumpió Hinata ─, dudo que alguna habitación de esta casa pueda describirse como una celda carcelaria. En segundo lugar, no quiero que mi hija se vuelva consentida y se deje influir por sus desmedidos gustos.

─Bien ─dijo él frunciendo el entrecejo ─.Entonces nos desharemos de los malditos juguetes.

─Por favor, cuide su vocabulario en mi presencia ─dijo Hinata, y suspiró ─. ¿Cómo voy a quitarle los juguetes a Himawari después de que los haya visto? No entiende mucho de niños, ¿verdad?

─No ─dijo él ásperamente ─.Sólo sé sobornarlos.

Hinata sacudió la cabeza y su disgusto dio repentinamente paso a la diversión. ─No hay necesidad de sobornar a Himawari, ni a mí, por cierto. Le di mi palabra de que no me echaría atrás. Y, por favor, no mueva el pie de esa forma.., no es de buena educación.

El impaciente golpeteo cesó de inmediato y Uzumaki la miró con ironía. ─¿Hay algo más de mi educación que desearía cambiar?

─Sí, ahora que lo dice. ─Hinata vaciló cuando sus miradas se encontraron. Se le hacía extraño dar instrucciones a un hombre como aquél. Sobre todo, a un hombre tan poderoso y con un físico tan imponente como el de Uzumaki. No obstante, la había contratado para aquel propósito específico, y ella demostraría que podía estar a la altura.

─ No debe meterse las manos en los bolsillos; no son buenas formas.

─¿Por qué? ─preguntó él, sacándoselas.

Hinata enarcó una ceja mientras pensaba en la respuesta. ─Supongo que porque indica que tiene algo que ocultar.

─Tal vez lo tenga. ─Uzumaki no dejó de mirarla cuando Hinata se acercó a él.

─A mí me han insistido mucho en la forma correcta de llevar el cuerpo ─dijo Hinata ─.Las damas y los caballeros deben aparentar serenidad en todo momento. Intente no encogerse nunca de hombros ni cambiar el peso de una pierna a otra, y gesticule lo menos posible.

─Eso explica por qué los aristócratas están siempre tan rígidos como un cadáver ─musitó Uzumaki.

Conteniendo una carcajada, Hinata lo miró muy seria. ─Inclínese ante mí, por favor ─le ordenó ─.Cuando ha salido a recibirnos, creo que he notado algo...

Uzumaki miró la puerta del saloncito para asegurarse de que nadie los veía.

─¿Por qué no empezamos las clases mañana? Estoy seguro de que quiere deshacer el equipaje y acostumbrarse al lugar...

─Ahora mejor que nunca ─le aseguró ella ─.Inclínese, por favor.

Murmurando algo para sus adentros, Uzumaki obedeció.

─Eso es ─dijo Hinata en voz baja ─.Ha vuelto a hacerlo.

─¿El qué?

─Cuando se inclina, no debe dejar de mirar a la persona a la que se dirige, no debe bajar los ojos, ni siquiera un instante. Parece una nimiedad, pero es muy importante. Sólo los sirvientes y los subordinados se inclinaban bajando la mirada y desconocer aquel detalle colocaba automáticamente a un hombre en inferioridad de condiciones.

Uzumaki asintió, tomándose el comentario con la seriedad que ella pretendía. Volvió a inclinarse, esta vez sin dejar de mirarla. De repente, Hinata se quedó sin respiración, incapaz de apartar la mirada de aquellos ojos tan azules y profundos como el mar... de aquella mirada tan perversa y enigmática.

─Eso está mucho mejor ─consiguió decir ─.Creo que dedicaré el resto del día a elaborar una lista con las asignaturas que necesitamos estudiar: porte, normas de conducta en la calle y en casa, normas para las visitas y las conversaciones, etiqueta en el salón de baile y... ¿sabe bailar, señor Uzumaki?

─No muy bien.

─Entonces, tendremos que empezar enseguida. Conozco a un profesor de baile excelente que le enseñará todo lo que hay que saber sobre la alemanda, el reel, la cuadrilla y el vals...

─No ─la atajo Uzumaki ─.Que me aspen si tiene que enseñarme algún caballero. Contrátelo para Tenten, si lo desea. No baila mejor que yo.

─¿Quién le enseñará a usted, entonces? ─preguntó Hinata, obligándose a adoptar un tono paciente.

─Usted.

Ella sacudió la cabeza, riéndose para expresar su desacuerdo. ─Señor Uzumaki, no estoy cualificada para enseñarle a bailar como es debido.

─Sabe bailar, ¿no?

─Existe una inmensa diferencia entre saber hacer algo y poder enseñárselo a otra persona. Debe permitirme que contrate un profesor experto...

─La quiero a usted ─dijo él obstinado ─.Le pago una fortuna y espero que mi dinero dé fruto. Lo que aprenda durante los próximos meses, me lo enseñará usted.

─Muy bien. Haré lo que pueda, señor Uzumaki. Pero no me culpe si asiste a un baile algún día y ni siquiera baila bien una cuadrilla.

Uzumaki sonrió. ─No infravalore sus capacidades, señora. Jamás he conocido a nadie a quien se le diera tan bien decirme lo que debo hacer. Salvo mi madre, naturalmente. ─Le ofreció el brazo─.Venga conmigo a la pinacoteca. Quiero enseñarle mi Da Vinci.

─¿Qué? ─preguntó Hinata, atónita ─.No tiene ningún Da Vinci, señor Uzumaki. Al menos, la semana pasada no lo tenía, y nadie podría... ─Guardó silencio cuando vio el brillo de los ojos de Uzumaki ─. ¿Ha adquirido un Da Vinci? ─preguntó con un hilillo de voz─. ¿Cómo...? ¿Dónde...?

─La National Gallery de Londres ─respondió él, dirigiéndose a la biblioteca y a la pinacoteca contigua─. Tuve que intercambiarlo por algunos de mis cuadros y prometerles que les construiría una sala para albergar una colección de estatuaria romana. Y técnicamente la pintura sigue sin ser mía... Pagué un rescate digno de un rey únicamente para que me dieran ese maldito cuadro en préstamo por un período de cinco años. Debería haber estado presente en las negociaciones. Hacer tratos con los banqueros y los hombres de negocios de Londres no es moco de pavo, pero, por lo que he visto, los directores de museos son los cerdos más ambiciosos de todos...

─Señor Uzumaki, su vocabulario ─le reprendió Hinata─.¿Qué pintura ha adquirido?

─Una madona con niño. Me dijeron que era un ejemplo soberbio de no sé qué técnica italiana para la luz y las sombras.

─¿El claroscuro?

─Sí, eso.

─Dios mío ─dijo Hinata, perpleja─. Tiene un Da Vinci. Me pregunto si hay algo que no esté al alcance de su dinero. ─Había algo en la actitud de Naruto, una cierta presunción, un entusiasmo juvenil, que le ablandó inesperadamente el corazón. Naruto Uzumaki era un hombre despiadado a quien sin duda mucha gente temía. No obstante, presentía que su necesidad de pertenecer a una sociedad que estaba tan decidida a rechazarlo era un indicio de su vulnerabilidad. Siendo un hombre inteligente, había adquirido todas las guarniciones, la casa y las tierras, los purasangre, las pinturas y la ropa bien confeccionada, pero su objetivo definitivo se hallaba aún muy lejos.

─Por desgracias aún hay unas cuantas cosas que no puedo comprar─dijo Uzumaki, como si le leyera el pensamiento. Hinata se quedó mirándolo con fascinación.

─¿Qué es lo que más desea?

─Ser un caballero, naturalmente.

─No lo creo ─musitó ella ─.Usted no quiere ser realmente un caballero, señor Uzumaki. Sólo quiere aparentarlo.

Naruto se detuvo y se volvió. Tenía las cejas enarcadas y la miraba divertido.

Hinata se quedó sin respiración al darse cuenta de lo que acababa de decir. ─Perdóneme ─se apresuró a decir ─.No sé por qué...

─Tiene razón. Si fuera realmente un caballero, en lugar de querer sólo aparentarlo, jamás triunfaría en el mundo de los negocios. Los verdaderos caballeros no tienen la mentalidad ni los arrestos para hacer dinero.

─No estoy de acuerdo con eso.

─¿Oh? Nómbreme a un caballero auténtico que usted conozca que sepa defenderse en el mundo de los negocios.

Hinata pensó durante un buen rato, repasando mentalmente la lista de hombres que eran conocidos por su perspicacia comercial. No obstante, los que se podían llamar realmente emprendedores, triunfadores en el sentido al que se refería Uzumaki, habían perdido la pátina de honor e integridad que en un tiempo los había definido como auténticos caballeros. Incómoda, reflexionó sobre la facilidad con que se deteriora la reputación de un hombre cuando se lanza en pos de la gloria económica. No se podía navegar en aguas turbulentas sin sufrir el embate de las olas.

Uzumaki sonrió con suficiencia ante su silencio. ─Exactamente.

Frunciendo el entrecejo, Hinata se puso a caminar a su lado, declinando tomarle el brazo.

─Aumentar la fortuna no debería ser el objetivo prioritario en la vida de un hombre, señor Uzumaki.

─¿Por qué no?

─El amor, la familia, la amistad... Esas son las cosas que importan. Y, definitivamente, la mayoría no puede comprarse.

─Se sorprendería ─dijo él, y Hinata no pudo evitar reírse de su cinismo.

─Sólo espero que algún día, señor Uzumaki, encuentre alguien o algo por lo que renunciaría gustosamente a su fortuna. Y espero estar allí para presenciarlo.

─Tal vez lo esté ─dijo él, y la guío por otro largo pasillo.

Aunque Hinata enseguida se despejaba cuando Himawari se metía en su cama para darle el beso de buenos días, ese día se resistía a que la sacara de su sueño reparador. Murmuró adormecida y hundió la cara en la almohada, mientras Himawari hacía cabriolas a su alrededor.

─Mamá ─gritó la niña, metiéndose bajo las cálidas mantas ─.Mama, ¡despierta! Ya ha salido el sol, y hace un día espléndido. Quiero jugar en los jardines. Y visitar los establos. El señor Uzumaki tiene muchos caballos, ¿lo sabías?. ─ Kurenai escogió justo aquel momento para entrar en la habitación.

─El señor Uzumaki tiene mucho de todo ─fue la irónica observación de la doncella, y Hinata desenterró la cara de la almohada, sofocando una risa. Diligentemente, Kuranei llenó de agua caliente el lavamanos con repisa de mármol, y sacó el cepillo y el peine con base de plata, junto con otros artículos de higiene.

─Buenos días, Kurenai ─dijo Hinata, sintiéndose anormalmente alegre─. ¿Has dormido bien?

─Sí, y nuestra Himawari también. Sospecho que se agotó jugando con todos aquellos juguetes. ¿Y usted, señora?

─He dormido maravillosamente bien. ─Después de haberse pasado las últimas noches dando vueltas en la cama y levantándose en plena noche acosada por las dudas, Hinata había sucumbido finalmente a un sueño profundo. Supuso que era natural que se relajara, una vez instalada bajo el techo del señor Uzumaki y sin poder echarse atrás. Y les habían destinado unas habitaciones muy hermosas, grandes y ventiladas, decoradas en beige y rosa, y con las paredes blancas artesonadas. Las ventanas tenían vaporosas cortinas de encaje de Bruselas y los sillones franceses estaban cubiertos por tapices gobelinos. La cama tenía labrado un motivo de caracolas a juego con el inmenso armario situado enfrente.

A Hinata le complacía que Himawari tuviera una habitación contigua a la suya en lugar de estar relegada al último piso, donde solían hallarse los cuartos de los niños. La habitación tenía muebles de cerezo de tamaño infantil y estanterías llenas de volúmenes con bellas ilustraciones, y una mesa de caoba con la casa de muñecas más grande que Hinata había visto en su vida. Cada detalle de la casa era de una perfección asombrosa, desde las diminutas alfombras de Aubusson que cubrían los suelos hasta los jamones y pollos, del tamaño de un dedal, que colgaban del techo de la cocina.

─He tenido un sueño espléndido ─comentó Hinata, bostezando y frotándose los ojos. Se incorporó y empezó a apilar un montón de mullidos almohadones─. Estaba paseando por un jardín lleno de rosas rojas... Eran enormes, con pétalos aterciopelados, y parecían tan reales que incluso las olía. Y lo más extraordinario era que podía recoger tantas como quisiera, y no tenían espinas.

─¿Rosas rojas, dice? ─Kuranai la miró con interés─. Dicen que soñar con rosas rojas significa que pronto será afortunada en amores.

Hinata la miró sorprendida, luego sacudió la cabeza y sonrió con melancolía. ─Ya lo he sido. ─Mirando a la niña acurrucada junto a ella, le besó los cabellos─.Todo mi amor es para ti y para tu padre ─musitó.

─¿Puedes seguir queriendo a papá ahora que está en el cielo? ─le preguntó Himawari, mientras recogía la muñeca que había dejado en la colcha de seda bordada.

─Claro que sí. Tú y yo seguimos queriéndonos incluso cuando no estamos juntas, ¿no?

─Sí, mamá. ─Himawari le sonrió y le enseñó la muñeca─. Mira. Una de mis nuevas muñecas. Ésta es mi favorita.

Hinata miró el juguete con una sonrisa de admiración. La cabeza, los brazos y los pies eran de porcelana barnizada, y las facciones, pintadas con suma delicadeza, quedaban enmarcadas por una mata de pelo natural adherido mechón a mechón. La muñeca llevaba un exuberante vestido de seda con botones, lazos y volantes, y en los pies tenía pintados unos zapatitos rojos.

─Es preciosa ─dijo Hinata con franqueza─. ¿Y cómo se llama, querida?

─Magdalena.

Hinata se echó a reír. ─Intuyo que tú y ella van a tomar muchos tés juntas.

Himawari abrazó la muñeca y miró a Hinata por encima de la cabecita del juguete. ─¿Puedo invitar al señor Uzumaki a uno de nuestros tés, mamá?

Hinata dejó de sonreír cuando le respondió. ─No creo que vaya a ser posible, Himawari. El señor Uzumaki es un hombre muy ocupado.

─Oh.

─Ese señor Uzumaki es bien raro ─comentó Kuranai, sacando una bata con volantes del armario y sosteniéndola para que Hinata metiera los brazos por las mangas─. Esta mañana he estado hablando con algunos criados; tuve que ir a buscar el agua caliente yo misma, porque al parecer aquí no acude nadie cuando suena la campanilla; y me han contado unas cuantas cosas sobre él.

─¿Cómo qué? ─preguntó Hinata casualmente, disimulando la curiosidad.

Indicándole a Himawari que se acercara, Kurenai le puso una camiseta y unas calzas limpias de color blanco, y gruesas medias de algodón.

─Dicen que es un buen amo y que a nadie le falta de nada. Pero la casa no está bien dirigida. El ama de llaves, la señora Burney, y todos los criados saben que el señor Uzumaki no tiene ni idea de cómo funcionan las casas de los nobles auténticos.

─Y por eso se aprovechan de su ignorancia en ese terreno ─concluyó Hinata, sacudiendo la cabeza en señal de desaprobación. En aquel instante, decidió que, aunque no consiguiera nada más en el tiempo que pasara allí, al menos se aseguraría que la servidumbre recibiera instrucción. Naruto Uzumaki se merecía que sus empleados le proporcionaran un buen servicio.

No obstante, lo que Kurenai dijo a continuación extinguió en ella todo deseo desinteresado por ayudarlo. Poniéndole a Himawari un vestido blanco de volantes por la cabeza, la doncella se aseguró que la niña no pudiera oírla cuando prosiguió.

─Dicen, señora, que el señor Uzumaki es un salvaje. A veces, ha dado fiestas aquí, con montones de bebida, juegos y prostitutas, y sus invitados eran miembros de la alta sociedad de muy mala reputación. Después de una de esas fiestas, tuvieron incluso que cambiar las alfombras y los muebles de algunas habitaciones...

─¡Kurenai! ─Himawari se retorció incómoda bajo la tienda de volantes blancos.

─Y aseguran que el señor Uzumaki es el caballero más libertino que existe ─dijo Kurenai, aparentemente complacida ante la muda expresión de terror que adoptó Hinata─.No tiene escrúpulos ni con las lavanderas ni con las duquesas, persigue todo lo que lleva faldas. Una de las doncellas, Lucy, dice que en una ocasión lo vio con dos mujeres a la vez.

─Dándose cuenta de que Hinata no captaba el significado, Kurenai añadió en un susurro ─.¡En la cama, señora!

─Kurenai ─dijo Himawari debajo del vestido que la envolvía ─. No puedo respirar.

Mientras Kurenai le bajaba el vestido a la niña y le ataba una cinta azul en la cintura, Hinata guardó un compungido silencio y analizó la información. ¿Dos mujeres a la vez? Jamás había oído nada igual; no podía imaginarse cómo o por qué iba a hacerse nada semejante. Notó una sensación decididamente desagradable. Por lo visto, Naruto Uzumaki sabía lo que era la depravación. Inquieta, se preguntó cómo podría influir en un hombre como aquél. Sin duda, era una locura siquiera intentarlo. Bueno, el señor Uzumaki tendría que cambiar. Allí no invitarían a ningún aristócrata de mala reputación, ni habría juegos ni conductas licenciosas de ninguna clase. En cuanto tuviera la más mínima sospecha de que en aquella casa ocurría algo escandaloso, ella, Himawari y Kurenai se marcharían de inmediato.

─El señor era boxeador, ¿lo sabía? ─le preguntó Kurenai a Hinata, y se dispuso a quitarle los enredos a Himawari.

La niña suspiró y aguardó con una paciencia tremenda, mirando a Magdalena con resignación. ─¿Te falta mucho? ─preguntó, haciendo sonreír a la doncella.

─¡Acabaré en cuanto haya peinado estas greñas que llevas, señorita!

─Sí, lo había oído ─dijo Hinata, arrugando la frente.

─Durante unos dos años más o menos, me ha dicho James, el lacayo ─le informó Kurenai─. El señor Uzumaki peleaba sin protegerse los nudillos, eso hacía, y siempre que subía al ring se llevaba a casa la bolsa llena. De hecho, James lo vio pelear en una ocasión, mucho antes de que hiciera su fortuna. ¿No le parece increíble? James dice que el señor Uzumaki tiene el mejor cuerpo que ha visto en su vida, con unos brazos que no puedes abarcar con las dos manos y el cuello tan fuerte como un toro. Y peleaba con muchísima sangre fría, sin dejarse llevar jamás por la pasión. El campeón de los puños perfecto.

La consternación de Hinata fue en aumento con cada palabra que decía la doncella. ─Oh, Kurenai... Debí de estar loca para traerla aquí. Es imposible intentar enseñarle buenos modales.

─No lo creo, señora ─respondió Kurenai mientras se apartaba los cabellos oscuros que se le habían salido de la cofia─. Al fin y al cabo, el señor ha conseguido dejar el ring y tener la casa más ostentosa de todo Londres. Seguramente, convertirse en un caballero es sólo otro paso más.

─Pero es el más grande ─dijo Hinata con ironía.

Himawari recogió la muñeca y se acercó a la cama. ─Yo te ayudaré, mamá. Le enseñaré modales al señor Uzumaki.

Hinata le sonrió con afecto. ─Te agradezco que quieras ayudar, querida. Pero quiero que te relaciones lo menos posible con el señor Uzumaki. No es... un buen hombre.

─Sí, mamá ─dijo Himawari obedientemente, mirándola con desilusión.

Como había dicho Kuranai, ningún sirviente acudía a las habitaciones por mucho que se tocara la campanilla, y Hinata acabó por rendirse con un suspiro de frustración.

─Si esperamos a que un criado le traiga el desayuno a Himawari a la habitación, se morirá de hambre ─musitó─. Tendré que hablar con la señora Burney esta mañana, y quizás ella me explique por qué ninguno de los ochenta criados que hay en esta casa es capaz de subir las escaleras.

─No son buenos, señora ─dijo Kurenai enigmáticamente─. Ninguno de ellos. Cuando he pasado por las cocinas esta mañana, he visto una doncella con la barriga así de grande ─indicó un embarazo avanzado─, y otra dándole besos a su amante, allí mismo, en medio de la cocina, fíjese, y otra muchacha se había quedado dormida en la mesa. Había un lacayo que se paseaba con el cabello a medio empolvar y otro que no hacía más que protestar porque nadie le había lavado las calzas del uniforme el día de la colada.

─Por favor, no sigas ─le suplicó Hinata, riéndose para no llorar, alzando las manos con desespero─. Hay tanto que hacer que apenas sé por dónde empezar. ─Se inclinó y le estampo un beso a su hija─. Himawari, querida, ¿por qué no te bajas a Magdalena y vemos si podemos desayunar?

─¿Desayunar contigo? ─preguntó la niña encantada. Como la mayoría de niños de su posición, estaba acostumbrada a tomar el desayuno en su habitación. Comer con los adultos era un privilegio que normalmente sólo se concedía a niños de la edad apropiada y con unos modales impecables.

─Esta mañana solamente ─dijo Hinata riéndose, apretando suavemente el gran lazo azul que su hija llevaba en el pelo─. Y espero sinceramente que darás buen ejemplo a los Uzumaki.

─¡Oh, sí! ─Poniendo a Magdalena frente a ella, Himawari empezó a instruirla sobre la importancia de comportarse como una dama.

Sin saber muy bien cómo, Hinata consiguió llevar a su hija y a la doncella hasta la habitación donde se servía el desayuno, de la que emanaba un aroma muy apetitoso. El recinto, con altas ventanas que daban a los suntuosos jardines y las paredes artesonadas con motivos florales dorados, era encantador. Había una mesa auxiliar con calentadores de platos, que estaba repleta de bandejas de plata maciza, y un soporte giratorio de varios pisos con compartimentos de porcelana. La araña de cristal vertía luz sobre seis mesitas redondas.

Tenten ya estaba sentada en una de las mesas, llevándose una delicada taza de porcelana a los labios. Al ver entrar a Hinata, Kurenai y Himawari, les dedicó una sonrisa radiante.

─Buenos días ─dijo alegremente─. Caramba, Rose Himawari, ¿vas a desayunar con nosotras? Qué bien. Espero que te sientes a mi lado.

─¿Y Magdalena también? ─preguntó Himawari, enseñándole su nueva muñeca.

─Magdalena tendrá su propia silla ─dijo Tenten con solemnidad─ y las tres hablaremos sobre lo que vamos a hacer hoy.

Entusiasmada de ver que la trataban como a una persona mayor, Himawari fue hacia la muchacha con toda la rapidez que le permitieron sus piernecitas. En silencio, Kurenai se puso a prepararle el plato del desayuno, como si quisiera demostrar a la servidumbre la forma correcta de desempeñar sus obligaciones.

Hinata se dirigió al aparador, donde Naruto Uzumaki se estaba llenando el plato con un surtido de huevos, embutidos, panes y verduras. Aunque llevaba una elegante chaqueta gris oscuro, pantalones negros y un chaleco gris claro, recordaba vagamente a un pirata.

Hinata supuso que, por mucho que se refinara, nunca podría disimular por completo que se había criado en las calles. Cuando clavó en ella sus ojos azules, Hinata notó un hormigueo justo debajo de las costillas.

─Buenos días ─musitó Uzumaki ─.Espero que haya descansado.

─.Recordando los escandalosos comentarios sobre su conducta licenciosa, Hinata respondió con una sonrisa cortés y distante. ─Muy bien, gracias. Veo que hemos llegado a tiempo para tomar juntos el desayuno.

─Yo ya llevo un rato ─respondió Uzumaki alegremente─.Éste es mi segundo plato.

Hinata enarcó involuntariamente las cejas al ver la montaña de comida que pensaba tomarse. El ama de llaves entró en la habitación justo en aquel momento, y Hinata la miró interrogante.

─Buenos días, señora Burney... Como ve, he bajado a mi hija para que desayune, porque parece que nadie responde a la campanilla. Me pregunto si a lo mejor se ha estropeado el mecanismo.

─Tenemos todos mucho trabajo, señora ─respondió el ama de llaves inexpresiva, mostrando únicamente su desagrado con la mirada y la expresión de la boca─. Las criadas no pueden responder a la campanilla cada vez que la tocan.

Resistiéndose a la tentación de preguntar si las criadas respondían realmente alguna vez a la campanilla, Hinata decidió tratar el tema con la señora Burney más tarde aquel mismo día. El ama de llaves puso más tazas y salió de la habitación.

Tras llenarse el plato, Uzumaki se quedó en el aparador mientras Hinata elegía unas cuantas exquisiteces para su desayuno: una rebanada de pan tostado, una cucharada de huevo picado, una pizca de jamón.

─Esta mañana tengo cosas que hacer ─comentó─. Podré empezar las clases después del almuerzo, si le parece bien.

─Me parece bien ─dijo Hinata─. De hecho, ¿por qué no hacemos el mismo horario todos los días? Instruiré a su hermana por la mañana, y le daré clases a usted, mientras Himawari hace la siesta.

─No sé si siempre estaré libre al mediodía ─respondió Uzumaki.

─En esas ocasiones, usted y yo podríamos vernos por la tarde, después de que Himawari se acueste ─sugirió Hinata, y Uzumaki asintió con un movimiento de cabeza. Hinata le dio su plato─. Puede llevar mi plato a la mesa, señor. Cuando no hay ningún lacayo disponible, un caballero puede ofrecerse a ayudar a una dama.

─¿Por qué debería llevarle yo el plato a una mujer cuando ella es perfectamente capaz de hacerlo sola?

─Porque un caballero debe siempre servir a una dama, señor Uzumaki. Debe hacer todo lo posible para que se encuentre a gusto y cómoda.

Uzumaki enarcó una ceja. ─Ustedes las señoras lo tienen bastante fácil.

─En absoluto ─respondió Hinata, hablando con tanta ironía como había hecho él─.Nos pasamos la vida trayendo hijos al mundo, llevando las cuentas domésticas, atendiendo a los enfermos cuando es necesario, supervisando las reparaciones, la colada y las comidas, y planeando la agenda social de nuestros esposos.

Uzumaki la miró con expresión divertida. ─¿Es eso lo que puedo esperar de una esposa? Entonces, me gustaría casarme pronto.

─Algún día le enseñaré cómo cortejar a una dama.

─Estoy impaciente ─dijo él en voz baja.

Uzumaki llevó los platos a la misma mesa que ocupaban Tenten y Himawari. Antes de que Hinata pudiera enseñarle cómo ofrecer asiento a una dama, Himawari lo miró con curiosidad y le hizo una pregunta que casi le provocó un desmayo a su madre.

─Señor Uzumaki ─trino la niña inocentemente─, ¿por qué durmió con dos mujeres en su fiesta?

Estupefacta, Hinata se dio cuenta de que Himawari había oído su conversación con Kurenai. La doncella se quedó paralizada. El plato de porcelana que estaba sirviendo para Himawari se le resbaló de las manos y cayó ruidosamente en el aparador. Tenten se atragantó con la comida, consiguió tragársela y se tapó el rostro con la servilleta para ocultar su rubor. Cuando se repuso, miró a Hinata, consternada y divertida a la vez, y farfulló una excusa.

─Perdónenme. Me duele el zapato derecho. Creo que voy a ponerme otro par. ─ Salió huyendo a toda prisa, dejando a los demás pendientes de Uzumaki.

Naruto fue el único que no mostró ninguna reacción visible, salvo el gesto pensativo de la boca. «Debía de ser un jugador de cartas fabuloso», pensó Hinata.

─A veces, mis invitados se cansan mucho ─le dijo Uzumaki a la niña con mucha naturalidad─.Yo sólo las ayudaba a descansar.

─Oh, entiendo ─dijo alegremente Himawari.

Hinata recobró el habla. ─Creo que mi hija ya ha terminado de desayunar, Kurenai.

─Sí, señora. ─La criada se apresuró a sacar a la niña de aquella escena tan embarazosa

─Pero mamá ─protestó Himawari ─.Ni siquiera he...

─Puedes llevarte el plato a la habitación ─dijo Hinata con firmeza, sentándose como si nada hubiera sucedido─ Inmediatamente, Himawari. Tengo que hablar de un asunto con el señor Uzumaki.

─¿Por qué no puedo comer siempre con los mayores? ─preguntó la niña con un mohín, saliendo con Kurenai de la habitación.

Uzumaki se sentó junto a Hinata, sin dejar de mirar su expresión reprobatoria. ─Por lo visto, mis criados han estado hablando ─musitó.

Hinata intentó adoptar el tono más frío y enérgico que pudo. ─Señor Uzumaki, lo de «ayudar a las señoras a descansar», de una en una, a pares o en la cantidad que sea, se ha acabado mientras nosotras estemos aquí alojadas. No expondré a mi hija a un ambiente tan perjudicial. Es más, aunque los criados le deben respeto por su condición, le favorecería muchísimo comportarse de una forma que fuera digna de su respeto.

En lugar de parecer avergonzado o incómodo, Uzumaki le devolvió la mirada frunciendo el ceño.

─Su cometido es enseñarme unas cuantas normas de etiqueta, señora. Lo que yo haga en mi vida privada, es cosa mía.

Hinata asió el tenedor y jugueteó con unos cuantos trozos de yema de huevo. ─Por desgracia, no puede separar su vida privada de la pública, señor. Nadie puede dejar su moralidad en la entrada como hace con el sombrero, y ponérsela cuando sale a la calle.

─Yo sí.

Asombrada por su frialdad, Hinata no pudo contener una carcajada escéptica. ─Por lo visto, ¡le gusta creerlo!

─No me diga que cada instante de su vida privada resistiría el escrutinio público, señora. ¿Nunca ha tenido usted un desliz?

Dándose cuenta de que estaba sujetando el tenedor como si fuera un arma defensiva, Hinata dejó el cubierto en la mesa. ─¿Qué está preguntándome exactamente?

─¿No ha bebido nunca demasiado? ¿No ha perdido todo su dinero en el juego? ¿No ha jurado como un marinero cuando no puede contenerse? ¿No ha dicho algo desagradable sobre una buena amiga a sus espaldas?

─Bueno, yo... ─Hinata hizo memoria, consciente de su mirada expectante─. Creo que no.

─¿Jamás? ─La respuesta parecía haberlo turbado─. ¿Nunca se ha gastado demasiado dinero en la modista? ─preguntó, como si deseara desesperadamente que ella hubiera cometido algún error grave.

─Bueno, hay una cosa. ─Hinata se alisó el vestido en el regazo ─. Me gustan demasiado los dulces, me encantan. Soy capaz de comerme un plato entero de una vez. Es superior a mí.

─dulces ─musitó él con obvia desilusión─. ¿Ése es su único defecto?

─Oh, si estuviéramos hablando de debilidades de carácter, tengo varias ─le aseguró Hinata─. No tengo moderación, soy terca y debo contenerme para no pecar de vanidosa. Pero ése no es el tema que nos ocupa ahora, señor Uzumaki. Estamos hablando de sus hábitos personales, no de los míos. Y el hecho es que, si desea parecer un caballero, no debe permitir jamás que sus bajos instintos gobiernen sobre los nobles.

─Yo no tengo instintos nobles, lady Hinata.

─Sin duda, es más conveniente y placentero fingir que no los tiene. No obstante, un hombre no es nunca dueño de sí mismo hasta que es capaz de controlar sus impulsos lascivos. Y cuando esa conducta es excesiva, es nociva para la mente y para el cuerpo.

─Nociva ─repitió él con gravedad─. Con el debido respeto, jamás he notado ningún efecto perjudicial, señora.

─Bueno, algún día lo notará. No es saludable que un hombre se deje llevar por sus apetitos, sea la comida, el alcohol o... o...

─¿El sexo? ─sugirió él.

─Sí. Así pues, espero que, de ahora en adelante, será moderado en todo. Creo que le gustará comprobar los efectos positivos que eso tendrá en su forma de ser.

─No soy un niño imberbe, lady Hinata. Soy un hombre, y los hombres tienen ciertas necesidades. Si no tiene inconveniente en referirse a nuestro contrato, no se hace mención de las actividades que yo realice en mi dormitorio...

─Entonces, si necesita a sus prostitutas, llévelas a alguna otra parte ─dijo Hinata. Aunque no levantó la voz, el tono era contundente─. Por consideración a su madre y hermana, a mi hija... y a mí. Insisto en que reine una atmósfera de respeto y decencia, y no me quedaré aquí si esas actividades persisten.

Se desafiaron con la mirada durante unos instantes. ─Me está diciendo que no puedo acostarme con una mujer en mi propia casa ─dijo él, como si tanta audacia le pareciera increíble─. En mi propia cama.

─No mientras yo resida aquí, señor.

─Los hábitos sexuales de un hombre no tienen nada que ver con que sea o no un caballero. Podría nombrarle al menos una docena de supuestos «caballeros», todos muy respetables, que frecuentan los mismos burdeles que yo. De hecho, podría enumerarle las singulares prácticas por las que se los conoce...

─No, gracias ─se apresuró a interrumpirlo Hinata, tapándose los oídos con las manos─. Veo su táctica, señor Uzumaki. Está intentando desviar la atención de usted hablándome sobre la conducta reprobable de otros hombres. No obstante, he puesto mis condiciones e insisto en que usted las cumpla. Y si trae a esta casa una mujer de mala reputación y tiene relaciones íntimas con ella, romperé nuestro acuerdo de inmediato.

Uzumaki se sirvió una tostada de una delicada bandeja de plata y empezó a untársela con mermelada. ─Para el infierno que voy a tener que soportar ─dijo ominosamente─, espero que sus clases sean fructíferas.

─He prometido enseñarle todo lo que pueda. Y, por favor, no gesticule con ese cubierto.

Haciendo una mueca, Uzumaki dejó la cuchara en la fuente de las mermeladas. ─Enséñeme cuanto quiera, señora. Pero no intente reformarme.

Era un canalla incorregible y, no obstante, su impertinencia tenía cierto encanto. Hinata se extrañó de encontrarlo tan agradable. A lo mejor había estado rodeada de hombres honorables durante demasiado tiempo.

─Señor Uzumaki ─dijo ─,espero que algún día comprenda que el acto sexual puede ser mucho más de lo que usted cree. Es una elevada expresión de amor... una comunión de almas.

Uzumaki respondió con una carcajada apenas audible, como si le divirtiera enormemente la posibilidad de que ella pudiera saber algo sobre el acto sexual que él ya no supiera.

─No es más que una necesidad física ─la contradijo─. No importa cuántos bardos, poetas y novelistas hayan intentado que parezca otra cosa. Y resulta que es uno de mis pasatiempos favoritos.

─Practíquelo cuanto quiera entonces ─dijo ella con acritud─. Pero no en esta casa.

Uzumaki le sonrió, pero su intención era hacer que se enfadara. ─Es lo que pienso hacer.

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Continuará...