Aclaración:

Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la adaptación.

La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor

Hay OOC


«Capítulo seis»


Mientras cabalgaba a la ciudad como alma que lleva el diablo, Naruto intentó poner en orden sus pensamientos con objeto de prepararse para una reunión de junta. Llevaba mucho tiempo esperando aquel día. Cerraría un trato, con otros dos propietarios de una inmensa fábrica de jabón, para mejorarla y construir nuevas viviendas para muchos de sus empleados. Los copropietarios, ambos aristócratas, se habían mostrado reacios a incurrir en aquellos gastos, señalando que la producción de la fábrica ya reportaba suficientes beneficios sin necesidad de mejoras. Ante la insistencia de Naruto habían argumentado que realizarlas sería un verdadero derroche. Después de todo, opinaban ellos, los trabajadores de la fábrica estaban acostumbrados a las míseras condiciones de vida en que vivían y trabajaban, y no esperaban nada más.

Naruto había tenido que insistir mucho y recurrir a la intimidación para que sus socios comprendieran su punto de vista: que los trabajadores producirían incluso más si su vida cotidiana no era tan mísera. Sabía exactamente por qué habían cedido sus socios a sus exigencias. Se consideraban demasiado refinados y caballerosos como para inmiscuirse en asuntos tan sucios. Preferían dejárselos a Naruto lo cual le parecía bien.

Mejor que bien. Dirigiría el negocio como él quisiera y se ocuparía de que fuera rentable para todos en el futuro. De hecho, se aseguraría que los beneficios anuales se multiplicaran por dos, y su fábrica acabaría convirtiéndose en un modelo para todas las demás que había en Londres.

«Limítese a firmar y mantenga la boca cerrada ─le había aconsejado un socio al otro en presencia de Naruto ─.Hasta ahora, con Uzumaki nos ha ido muy bien, ¿no? Ha convertido mi inversión en la mejor fuente de ingresos que mi familia ha tenido jamás. ¿Por qué poner objeciones al éxito?»

Naruto debería estar pensando únicamente en la reunión y en sus proyectos para la fábrica. Sin embargo, no se podía quitar a lady Hinata de la cabeza, pensaba en su dulzura y en su recato, que lo impulsaban a turbarla y a escandalizarla, y en su boca, normalmente triste y reservada, que a veces esbozaba una sonrisa arrebatadora de forma inesperada.

Naruto la encontraba irresistible, aunque no sabía muy bien por qué. Ya se había topado con mujeres refinadas, mujeres amables y virtuosas a las que había admirado. Pero jamás habían despertado el más mínimo deseo en él. La bondad no lo excitaba. La inocencia de cualquier clase no le resultaba en absoluto tentadora. Prefería estar en compañía de mujeres que tenían experiencia en el sexo, mujeres que lo miraban con descaro y poseían alma de aventureras, cuyas manos bien cuidadas desaparecían bajo la mesa durante las cenas. Le gustaban sobre todo las mujeres malhabladas y que hacían comentarios picantes, mujeres que sabían aparentar que eran damas, pero que en la cama se abandonaban al placer.

Lady Hinata no era nada de todo aquello. De hecho, llevarla a la cama sería una aventura en todos los sentidos. ¿Por qué, entonces, con sólo pensarlo se ponía a sudar? ¿Por qué le excitaba el mero hecho de estar en la misma habitación que ella? Era bonita, pero Naruto ya había conocido mujeres de gran belleza. Su figura era armónica, pero no espectacular, y no poseía la silueta espigada y elegante que se admiraba entonces. De hecho, era de baja estatura. Se le escapó una sonrisa al imaginársela desnuda entre las sábanas de seda de su inmensa cama. No podía concebir nada más placentero que perseguir su figura diminuta y sensual de un extremo al otro del colchón.

Pero eso jamás ocurriría. Para su gran pesar, Naruto reconocía que lady Hinata le gustaba demasiado para seducirla. La experiencia la destrozaría. Cualquier placer temporal que sintiera sucumbiría pronto a la culpa y al remordimiento. Y ella lo odiaría por eso. Mejor dejarla como estaba, satisfecha con los recuerdos felices de su difunto esposo, reservándose para Toneri Õtsutsuki cuando volviera a encontrarse con él en el otro mundo.

Naruto podía obtener placer sexual con otras mujeres, pero nadie podía procurarle lo que le daba Hinata. Era inteligente, de fuertes principios y fascinante, y mientras él no se pasara de la raya, podría disfrutar de su compañía durante un año. Aquello era mucho más importante que un revolcón de una noche, por muy placentero que fuera.

Por sugerencia de Hinata, ella y Tenten salieron a pasear por el jardín, de cinco acres de superficie, posponiendo temporalmente las clases hasta que se conocieran mejor.

─Éste es mi sitio favorito para pasear ─dijo Tenten, conduciéndola a un sendero que estaba mucho menos arreglado que el resto del jardín. Mientras caminaban por un camino enlosado, Hinata admiró los montones de campanillas que había a su alrededor. El sendero estaba flanqueado por árboles ornamentales y matojos de madreselva, que impregnaban el aire con su fragancia. Los ciclámenes y las clemátides salpicaban de manchas de color rosa y escarlata los frondosos setos recortados, incitando a Hinata a adentrarse en aquel sendero serpenteante.

Al conversar con Tenten, Hinata comprobó que era una muchacha francamente extraordinaria. Su carácter alegre no pretendía ocultar su familiaridad con las facetas más duras de la vida. No era una señorita refinada que miraba el mundo a través de un cristal tornasolado, sino una muchacha que había nacido en la miseria, la clase de miseria que te despoja de toda ilusión juvenil. En sus ojos oscuros se veía una sabiduría impropia de una mujer de su edad, y no parecía dispuesta a querer agradar a nadie salvo a sí misma.

Ambas cualidades disuadirían a muchos pretendientes, pero Tenten tenía la suerte de poseer una belleza indómita y romántica que casi todos los hombres encontrarían irresistible.

Apartándose los castaños cabellos que le caían continuamente sobre el rostro, Tenten empezó a conversar con una franqueza que, como Hinata no tardaría en descubrir, era habitual en ella.

─Espero que no tenga una opinión demasiado negativa de mi hermano, lady Hinata.

─Lo considero un desafío interesante. ─Hinata apretó el paso para adaptarse a las largas y perezosas zancadas de la joven.

─Entonces, ¿no le disgusta?

─En absoluto.

─Eso está bien ─dijo Tenten con evidente alivio─. Porque yo lo entendería si usted pensara que es despreciable. Naruto tiene muchas malas costumbres y es un poco indómito, por no hablar de su arrogancia sin límites.., pero en el fondo es el hombre más dulce que existe. Probablemente, usted nunca verá esa faceta suya, sólo nos la enseña a mi madre y a mí. Pero quiero que sepa que definitivamente se merece su ayuda.

─Si no lo pensara, jamás habría aceptado el empleo que me ha ofrecido. ─ Ascendieron por una suave pendiente hacia un par de estanques rectangulares. Todavía era temprano, aún quedaban restos de neblina sobre el agua y escarcha en las hojas de los setos. Aspirando una bocanada de aire matinal, Hinata sonrió a Tenten ─. Me parece extraordinario que su hermano haya conseguido todo esto ─dijo, señalando la espectacular belleza que las rodeaba.

─Naruto hace lo que sea para obtener lo que desea ─respondió Tenten, aminorando el paso cuando cruzaron un puente de piedra que conducía a un jardín ornamental─.No importa lo que le cueste. Naruto cuidaba de mi madre y de mi. Durante toda mi infancia, Naruto trabajó en los muelles para mantenernos. Pero nunca teníamos dinero suficiente para vivir decentemente. Luego Naruto se hizo boxeador. Se le daba bien, naturalmente, pero las peleas eran tan brutales... Cuando me las contaban, yo me ponía enferma. ─Deteniéndose en un seto recortado con forma de tres bolas superpuestas, Tenten se apartó el rebelde cabello castaño que le caía sobre la frente. Suspiró ante un recuerdo doloroso─. Después de una pelea, Naruto entraba en la pestilente casa de huéspedes donde vivíamos.., y, oh, qué aspecto tenía. Ensangrentado y magullado, con el cuerpo lleno de moretones. No soportaba que lo tocáramos, ni siquiera para dejar que mi madre le extendiera linimento. Le suplicábamos que no volviera a hacerlo, pero cuando toma una decisión, no hay quien le haga cambiar de idea.

Hinata se dirigió distraídamente hacia un seto con forma de cono. ─,¿Durante cuánto tiempo boxeo?

─Unos dos años, creo. ─El moño se le deshizo parcialmente y Tenten hizo una mueca─. Este maldito pelo... no tiene remedio. ─Se enroscó los mechones que se le habían soltado y volvió a recogérselo─. Cuando yo tenía doce años ─prosiguió─, nos mudamos a nuestra casita. Luego Naruto consiguió ser copropietario de un barco de vapor y empezó a ganar dinero, y... bueno, parece que se le da bien. Naruto ha alcanzado casi todos los objetivos que se ha fijado. Salvo que... no ha cambiado mucho desde sus tiempos de boxeador. A menudo se comporta como si aún estuviera en el ring. No es que sea físicamente violento, pero... ¿entiende a qué me refiero?

─Sí ─musitó Hinata. Uzumaki seguía peleando y aspirando a más. Incapaz de despojarse de su agresividad contenida, la canalizaba hacia el mundo de los negocios en lugar de desahogarse boxeando. Y era totalmente indulgente consigo mismo, obteniendo placer de muchas mujeres para resarcirse por todo lo que le había estado vedado. Necesitaba a alguien que lo metiera en cintura lo bastante para poder vivir cómodamente en una sociedad civilizada. No obstante, esa persona no sería ella, desde luego; Hinata sólo sería capaz de pulir un poco la superficie.

─Naruto quiere casarse, y casarse bien ─dijo Tenten con ironía─. Dígamelo con franqueza, lady Hinata, ¿conoce usted alguna mujer que fuera capaz de manejarlo?

La pregunta incomodó a Hinata, porque la respuesta era «no». Y sabía que entre la legión de jovencitas criadas entre algodones que se pondrían de largo aquella temporada no habría ninguna capaz de manejar a un hombre como Uzumaki.

─Me lo imaginaba ─dijo Tenten, leyendo la respuesta en el rostro de Hinata─.Bueno, todos lo tenemos difícil, ¿no? Por que Naruto quiere que yo también me case, y no se contentará con algún vejestorio que sea barón o vizconde. ─Soltó una carcajada alegre y espontánea─. ¡No descansará hasta que me haya agenciado un duque!

Hinata se sentó en un banquito de mármol y miró a la muchacha con curiosidad, sin compartir su diversión. ─¿Es eso lo que usted quiere?

─¡Dios mío, no! ─La risa de Tenten se suavizó ligeramente, y empezó a pasearse entre los setos recortados. Su incansable energía no le permitía tomar asiento─. Lo que yo deseo es imposible... Así que seguramente acabaré siendo una solterona, y viajaré por todo el mundo hasta el fin de mis días.

─Dígame ─insistió Hinata con suavidad─. ¿Qué es lo que usted desearía?

Tenten la miró con una extraña expresión de desafío. ─De hecho, es sencillo. Quiero un hombre que me ame sin que le importe la maldita fortuna de mi hermano. Un hombre honrado y decente que sea lo bastante fuerte para tratar con mi hermano. Pero jamás lo conseguiré, por muchos modales que intente usted enseñarme.

─¿Por qué no?─ Le preguntó Hinata

─Porque soy bastarda ─espetó Tenten. Al ver el rostro inexpresivo de Hinata, se rió vacilante─, ¿No se lo ha dicho Naruto? Claro que no; cree que intentando olvidarlo conseguirá borrarlo. mi verdadera madre llego a la puerta de mi mad... de Kushina, embarazada y a punto de dar a luz, ellos no sabían que hacer, Naruto era muy joven, y bueno prácticamente él me recibió cuando llegue a este mundo, luego mi madre desapareció, sin importarle nada, y así fue como los Uzumaki se hicieron cargo de mí, adoptándome como una más de ellos, Kushina me adopto como su hija y ambos han cuidado de mi. Pero, fui una terrible carga para la familia, hasta que Naruto tuvo edad suficiente para hacerse cargo de nosotras.

Al ver la turbación de la muchacha, Hinata sintió compasión. ─Tenten, venga aquí, por favor. ─Le indicó que se sentara junto a ella.

Después de vacilar durante un buen rato, la muchacha obedeció. Se quedó mirando el paisaje, con expresión preocupada y las largas piernas estiradas. Hinata le habló con una cautela infinita. ─Tenten, ser ilegítima no es nada extraño. Hay muchos hijos ilegítimos de aristócratas que se han situado en la buena sociedad.

─Bueno ─gruñó Tenten─. No es que me haga precisamente más atractiva, ¿no?

─No es nada que uno desearía ─admitió Hinata─. Pero tampoco tiene que cerrarle todas las puertas para que pueda casarse como usted desea. ─Le dio unas palmaditas en la mano, larga y esbelta─. Por lo tanto, yo aún no contaría con acabar siendo una solterona.

─No voy a casarme con cualquiera ─dijo Tenten─. Será un hombre que merezca la pena, o me quedaré soltera.

─Naturalmente ─respondió Hinata con afabilidad─. Hay cosas mucho peores que no tener marido, y una es tener un marido que sea un mal hombre o un inepto.

Tenten se rió sorprendida. ─Siempre he pensado que las mujeres de su clase pensaban que estar casada, felizmente o mal, era mejor que nada.

─Yo he visto muchas uniones infelices, donde los esposos no se llevan bien y se hacen tremendamente desgraciados. Los cónyuges deben agradarse y respetarse.

─¿Cómo fue su matrimonio, señora? ─En cuanto hizo la pregunta, Tenten se ruborizó, temiendo haber ofendido a Hinata─. Lo siento... ¿le molesta que se lo pregunte?

─No, claro que no. Me complace hablar de mi difunto esposo. Quiero mantenerlo vivo en el recuerdo. El nuestro fue un buen matrimonio. ─Hinata sonrió con melancolía, mientras estiraba las cortas piernas y se miraba las desgastadas punteras de los zapatos─. En retrospectiva, casi me parece un sueño. Toneri y yo, éramos primos lejanos, y durante mi infancia sólo lo había visto en raras ocasiones. Toneri era un joven apuesto, y muy amable, y sus amigos y familia lo adoraban. Yo era una niña regordeta y muy tímida, y dudo que llegara a intercambiar más de diez palabras con él. Luego Toneri se fue de viaje por Europa y no lo vi durante mucho tiempo.

A su regreso cuatro años después, yo tenía dieciocho años. Nos encontramos en un baile.

─Sonriendo, Hinata se puso las manos en las mejillas y las notó calientes, comprobando que aquel recuerdo tan placentero aún la ruborizaba─. Toneri me pidió que bailara con él. Él irradiaba una serenidad y una confianza en sí mismo que me resultaban irresistibles. En el transcurso de los meses siguientes, Le pidio permiso a mi padre, me cortejó con mucho ardor, Yo era muy timida, nunca me habian puesto tanta atención antes, me agradaba su compañia, y sentia que era una buena opcion para pasar el resto de mi vida con alguien y formar una familia, hasta que mi padre dio su consentimiento para que nos casáramos.

Pasamos juntos tres años. No hubo un día de mi matrimonio en el que no me sintiera querida y apreciada. Rose Himawari nació poco antes de que Toneri muriera. Doy las gracias porque pudiera pasar algún tiempo con ella.

Tenten parecía hipnotizada con la historia. ─Oh, lady Hinata. ─La miró con compasión y asombro─. Qué suerte ha tenido de estar con un hombre así.

─Sí ─dijo Hinata en voz baja─. Desde luego.

Las dos guardaron silencio durante un instante, mirando los parterres de flores que había detrás de los setos, hasta que Tenten salió de su ensimismamiento.

─Vamos a ver si puede hacer usted algo con el mal material de trabajo que le han dado, lady Hinata ─dijo enérgicamente─. ¿Regresamos a la casa para empezar las clases?

─Desde luego. ─Hinata se levantó y se sacudió la falda─. He pensado que podía empezar enseñándole a sentarse, levantarse y andar correctamente.

Ante aquello, la joven estalló en una carcajada. ─¡Yo pensaba que eso ya sabía hacerlo!

Hinata sonrió. ─Lo hace bastante bien, Tenten. No obstante, hay unas cuantas cosas...

─Sí, ya lo sé. Muevo mucho los brazos cuando camino. Como si estuviera en una competición de remo.

La descripción la hizo sonreír. ─Le aseguro que no es tan grave como usted cree.

─Es usted muy diplomática ─dijo Tenten sonriendo─. Pero sé que soy tan femenina como un soldado obedeciendo órdenes de su sargento. Será un milagro si consigue algo conmigo.

Emprendieron el camino de regreso a la mansión, y Hinata se apresuró para adaptarse a las largas zancadas de Tenten.

─Por lo pronto ─dijo sin aliento─, puede intentar andar un poco más despacio.

─Lo siento. ─Tenten aminoró el paso de inmediato ─.Parece que siempre tenga prisa, incluso cuando no tengo que ir a ningún sitio.

─Mi institutriz me enseñó que los caballeros y las damas no deberían andar deprisa jamás; es una muestra de vulgaridad.

─¿Por qué?

─No sé por qué. ─Hinata se rió con tristeza─. De hecho, no sé la razón de muchas otras cosas que pienso enseñarle... Es así y basta.

Conversaron amigablemente de regreso a la casa, y Hinata estuvo pensando que no esperaba que la hermana de Naruto Uzumaki fuera a agradarle tanto. Tenten se merecía definitivamente su ayuda, y también ser amada. Pero necesitaba una clase de esposo muy particular, un hombre que no fuera ni demasiado débil ni demasiado controlador. Alguien fuerte que apreciara su vitalidad y no intentara aplacarla. Su entusiasmo innato era parte de su inmenso atractivo.

Tenía que haber alguien, meditó Hinata, examinando la lista de sus conocidos. Escribiría algunas cartas esa tarde, a amigos con los que hacía demasiado tiempo que no tenía contacto. Era hora de que volviera a hacer vida social y renovara sus viejas amistades, y de que se pusiera al corriente de todas las novedades y rumores. Se extrañó de que, tras los años que había pasado aislada, estuviera súbitamente impaciente por reincorporarse a los círculos que antes frecuentaba. La invadió un repentino optimismo, y se sintió ilusionada, excitada, como no lo había estado desde...Desde que murió Toneri. De repente, el desasosiego se apoderó de ella y su optimismo se esfumó. Se sintió culpable de estar disfrutando. Como si no tuviera derecho a ser feliz, porque Toneri ya no estaba con ella. Mientras guardaba luto, él había ocupado sus pensamientos cada instante del día... Pero empezaba a tener nuevas ideas y ambiciones, y se estaba asociando con personas que no conocía.

«Jamás te dejaré, ─pensó con todas sus fuerzas─. Jamás olvidaré ni un solo instante de los que pasamos juntos. Tan sólo necesito un cambio de aires, eso es todo. Pero pasaré el resto de mi vida esperando a reunirme contigo...»

─Lady Hinata, ¿se encuentra bien? ─Tenten se había detenido cerca de la entrada a la mansión y la miraba preocupada─. Se ha quedado tan callada, y está ruborizada... Oh, he vuelto a ir demasiado deprisa, ¿no? ─Bajó la cabeza contrita─. Perdóneme. A este paso voy a quedarme coja.

─No, no... ─Hinata se rió, azorada─. No es culpa suya. Es difícil de explicar. Mi vida ha transcurrido a un ritmo muy lento estos últimos tres años. Un ritmo muy lento. Ahora me parece que todo está cambiando muy deprisa, y me cuesta un poco adaptarme.

─Oh. ─Tenten parecía aliviada─. Bueno, eso es lo que hace mi hermano con la gente. Se entromete y manipula su vida, y lo pone todo patas arriba.

─En ese caso, celebro que lo haya hecho. Me alegro de estar aquí, y de serle de utilidad a alguien aparte de a mi hija.

─Más nos alegramos nosotros, señora. Gracias a Dios que alguien va a intentar hacer de nosotros una familia presentable. Lo único que siento es no poder ver cómo le enseña buenos modales a Naruto. Tengo la impresión de que me divertiría de lo lindo.

─A mí no me importaría que usted se uniera a las clases ─dijo Hinata, y la idea le gustó de inmediato. No tenía ganas de estar a solas con Naruto Uzumaki. Y contar con la compañía de su hermana podría distender la tensión que parecía flotar en el ambiente siempre que él andaba cerca.

─A Naruto sí que le importaría ─dijo Tenten burlona─. Dejó bien claro que las clases con usted debían ser estrictamente privadas. Tiene mucho orgullo, ya sabe. Jamás dejará que sus debilidades salgan a la luz, y no quiere que nadie, ni siquiera yo, descubra lo poco que sabe sobre cómo ser un caballero.

─Ser un caballero exige algo más que unas cuantas clases sobre buenos modales ─respondió Hinata─. Es una forma de ser... Significa ser noble, amable, modesto, audaz, abnegado y honrado. Todos los minutos del día. Esté uno acompañado o solo.

Se hizo un breve silencio y luego, para sorpresa de Hinata, Tenten le sonrío con malicia.

─Bueno ─dijo─, haga usted lo que pueda con él.

La clase con Tenten había ido muy bien, y Hinata había conseguido enseñarle a sentarse y a levantarse con elegancia. El truco consistía en no echar el cuerpo excesivamente hacia delante y en sujetarse la falda con una mano sin enseñar los tobillos.

Kushina, fue a verlas y se sentó silenciosamente en el borde de un mullido sofá.

─Venga a probarlo con nosotras, madre ─le urgió Tenten, pero ella declinó la oferta con una sonrisa.

Hubo varios momentos cómicos, cuando Tenten se puso a hacer payasadas con el propósito, sospechaba Hinata, de divertir a su madre... Anduvo y se sentó con demasiada rigidez, luego se sentó teatralmente, hasta que las tres se echaron a reír. Hacia el final de la mañana, no obstante, Tenten dominaba la técnica a la perfección, y Hinata estaba más que satisfecha.

─Perfecto. Es usted francamente elegante, Tenten ─exclamó Hinata.

La joven se ruborizó, evidentemente poco acostumbrada a recibir elogios tan directos. ─Mañana ya se me habrá olvidado todo.

─Practicaremos hasta que le salga de forma espontánea ─respondió Hinata.

Cruzando los brazos, largos y esbeltos, Tenten se derrumbó en una silla y abrió las piernas en una postura nada femenina.

─Lady Hinata ─le preguntó sonriente─, ¿ha pensado alguna vez que todos estos modales y normas sociales han sido inventados por personas que no sabían qué hacer con su tiempo?

─Puede que tenga razón ─dijo Hinata riéndose.

Cuando Hinata dejó a Tenten y a Kushina para ir en busca de su hija, continuó reflexionando sobre la pregunta. Todo lo que ella sabía sobre la buena sociedad y las conductas asociadas con la nobleza se lo habían inculcado desde el nacimiento. Hasta ese momento, nunca había pensado que pudiera llegar a cuestionarse aquellas lejanas clases.

Muchas de las cualidades sociales, como la cortesía y la moderación, eran sin duda necesarias para vivir en una sociedad civilizada. Pero los innumerables convencionalismos a los que Tenten se refería... ¿Era realmente importante la forma en la que una persona se sentaba, se levantaba o gesticulaba, o qué frases eran de buen gusto y qué ropa se debía llevar? ¿O era sólo una manera en que ciertas personas intentaban probar su superioridad sobre otras?

El concepto de que un hombre como Naruto Uzumaki podía ser inherentemente igual que... bueno, uno de los Õtsutsuki, o incluso Toneri... era muy provocativo. La gran mayoría de aristócratas lo rechazarían automáticamente. Algunos hombres nacían con sangre azul, con generaciones de antepasados nobles a sus espaldas, y eso los hacía mejores, más refinados que los hombres corrientes. Eso es lo que siempre le habían enseñado a Hinata. Pero Naruto Uzumaki había empezado sin ninguna ventaja y se había convertido en un hombre influyente. Y se estaba esforzando mucho para que él y su familia mejoraran y para suavizar la tosquedad de su carácter. ¿Era en realidad tan inferior a los Õtsutsuki? ¿Lo habría aprobado Toneri?

Después de pasar una tarde muy agradable leyendo y dando un paseo juntas por los jardines, Hinata y Rose Himawari se sentaron en la biblioteca a la espera de Naruto Uzumaki. Himawari devoró un tentempié de pan con mantequilla y leche, y se puso a jugar en el suelo mientras Hinata se tomaba el té en una taza de porcelana con un dibujo floral. El resplandor del fuego que crepitaba en la chimenea de mármol verde se mezclaba con los haces de luz crepuscular que se colaban por las cortinas de terciopelo.

Sin atreverse a sentarse en el escritorio de Uzumaki, inmenso y masculino, Hinata ocupó un sillón en una mesita cercana mientras tomaba unas cuantas notas sobre las formas de tratamiento adecuadas para los distintos rangos de la aristocracia. Se trataba de un tema complicado, incluso para los mismos nobles, pero era importante que Uzumaki lo dominara si deseaba integrarse con éxito en la buena sociedad. Se concentró tanto en la labor que no se habría dado cuenta de que Uzumaki entraba en la habitación a no ser por la exclamación de su hija.

─¡Ahí está, mamá!

Alzando la vista, Hinata se sobresaltó y notó que su presencia le causaba un cosquilleo extraño y placentero. Era un hombre tan grande y tan vital, y traía consigo el olor del exterior. Cuando se detuvo cerca de ella y se inclinó, Hinata no pudo evitar percibir los atractivos olores que despedía, mezcla de efluvios de caballos, camisas almidonadas y sudor. Con su rostro atezado, sus brillantes ojos azules y una sombra de barba, irradiaba más fuerza y virilidad que ningún hombre que ella conociera. Uzumaki le sonrió; los blancos dientes contrastaron con su rostro bronceado, y Hinata volvió a constatar, no sin cierta sorpresa, que era apuesto. No en el sentido clásico, ni tampoco en el poético ni en el artístico.., pero su atractivo era incuestionable.

A HInata le molestó la impresión que su presencia le causaba. Naruto no era, bajo ningún concepto, la clase de hombre que ella debería encontrar atractivo, no después de haber conocido y querido a alguien como Toneri. Su esposo tenía una forma de conducirse y una presencia impecables. A Hinata incluso le divertía ver cómo otras mujeres lo miraban y lo admiraban. No obstante, no era su aspecto deslumbrante lo que lo hacía tan irresistible. Era su extremado refinamiento, tanto en su forma de ser como en sus modales. Había sido distinguido, cortés, un caballero de la cabeza a los pies.

Comparar a Toneri con Naruto Uzumaki era como comparar un príncipe con un pirata. Aunque alguien se pasara diez años inculcándole normas y rituales, cualquiera que lo mirara seguiría viéndolo como un canalla. Nada extinguiría la picardía de su mirada ni el encanto de su sonrisa irreverente. No costaba nada imaginarse a Uzumaki como un boxeador callejero, que peleaba sin protegerse los nudillos, desnudo de cintura para arriba, acorralando al contrincante contra las cuerdas. El problema era que Hinata sentía, muy a pesar suyo, un interés por él totalmente impropio de una dama.

─Buenas tardes, señor Uzumaki ─dijo, indicándole que tomara asiento junto a ella─. Espero que no ponga objeciones a que Himawari juegue en un rincón durante nuestra conversación de hoy. Ha prometido que no hará ningún ruido.

─Naturalmente que no pondría objeciones a una compañía tan grata con ésta. ─ Uzumaki sonrió a la niña, que estaba sentada en la alfombra con sus juguetes─. ¿Está tomando el té, señorita Rose?

─Sí, señor Uzumaki. Magdalena me ha pedido que lo sirva. ¿Le gustaría también una taza? ─Antes de que Hinata pudiera detenerla, la niña corrió hacia Uzumaki con una taza y un plato de juguete no más grandes que la uña de su dedo pulgar─. Aquí tiene, señor. ─ Rose arrugó ligeramente la frente─. Sólo es «té de aire», pero está delicioso si se lo imagina. Uzumaki aceptó la taza como si se tratara de un gran favor. Con cuidado, probó la infusión invisible.

─Un poco más de azúcar, quizá ─dijo pensativo.

Hinata los observó mientras los dos preparaban la taza hasta que estuvo al gusto de Uzumaki. No esperaba que Naruto se encontrara tan a sus anchas con una niña. De hecho, ni siquiera los hermanos de Toneri, los tíos de Rose, se habían mostrado tan relajados en su compañía. Los niños rara vez formaban parte del mundo de los hombres. Hasta el padre más cariñoso hacía poco más para ver a su hijo una o dos veces al día y preguntar sobre sus progresos.

Mirando brevemente a Hinata, Uzumaki captó su expresión de perplejidad.

─Tenten me obligó a tomar unos cuantos tés como éste cuando no era mayor que Rose ─dijo─. Aunque tenía que hacerse los platos con piedrecitas y usar una vieja taza de hojalata en vez de porcelana. Juré que algún día le compraría un juego de té de juguete como es debido. Cuando pude hacerlo, ella ya era demasiado mayor para que le hiciera ilusión.

Una criada entró en la habitación. Era evidente que le habían pedido que trajera un refrigerio y Uzumaki se frotó las manos con impaciencia. En la enorme bandeja de plata que llevaba, había un servicio de café y un plato de pastelitos que puso torpemente en la mesita.

Después de preguntarle el nombre a la muchacha en voz baja, Hinata le susurró unas cuantas sugerencias. ─Puedes poner la bandeja en la mesita auxiliar, Gladys ─dijo─, y traer los platos de uno en uno o de dos en dos. Y sirve por la izquierda, por favor.

Claramente desconcertada ante los inesperados consejos de Hinata, la muchacha miró a Naruto. Él contuvo la risa y le habló con seriedad. ─Haz lo que te dice lady Hinata, Gladys. Me temo que no hay nadie que se libre de sus órdenes, ni siquiera yo.

Asintiendo de inmediato, Gladys obedeció las instrucciones de Hinata. Para su sorpresa, la doncella sirvió un plato con un montón de diminutos pasteles redondos, todos cubiertos con una delicada capa de escarchado de canela. Hinata miró a Uzumaki con reprobación, sabiendo que había pedido el plato especialmente para ella.

─Señor Uzumaki ─dijo, recordando su conversación de aquella mañana─. Me pregunto qué razón puede tener usted para atiborrarme de pastelitos.

Naruto se arrellanó en su sillón, mirándola con impertinencia. ─Quería ver cómo se resiste a la tentación.

Hinata no pudo contener la risa. ¡Aquel canalla insolente!

─Me temo que es usted perverso ─dijo.

─Lo soy ─admitió él sin vacilar.

Aún sonriendo, Hinata utilizó diestramente un par de tenedores como pinzas y se sirvió un frágil pastelito intacto. Lo puso en un platito de porcelana y se lo dio a su hija, quien gritó de alegría y se puso a devorarlo. Tras servirse ella y a Uzumaki, Hinata le dio las páginas de notas que había hecho.

─Tras el éxito que he tenido hoy con su hermana, me siento bastante ambiciosa ─ dijo─. He pensado que podíamos empezar por el tema más difícil de todos.

─Títulos y formas de tratamiento ─musitó Naruto, mirando las largas columnas escritas en letra clara─. Que Dios me ayude.

─Si se aprende esto ─dijo Hinata─, y consigue bailar decentemente una cuadrilla, la batalla estará prácticamente ganada.

Naruto asió un pastelito con los dedos y se lo comió casi entero de un solo bocado. ─No se esfuerce ─la aconsejó él por la comisura de la boca que no tenía llena.

Hinata tomó nota para mejorar más adelante su tosca forma de comer y empezó su explicación.

─Estoy segura de que ya está familiarizado con los cinco títulos de nobleza: duque, marqués, conde, vizconde y barón.

─¿Y los caballeros?

─Los caballeros no son nobles, ni tampoco lo son los baronets. ─Hinata se llevó el tenedor a los labios, dio un mordisco a un esponjoso pastel y cerró los ojos durante unos instantes, cuando el crujiente y delicado escarchado se le disolvió en la lengua. Tomó un sorbo de té y luego se dio cuenta de que Uzumaki la estaba mirando de una forma extraña. Se había quedado inmóvil y la observaba como un gato que acecha en la hierba, alerta al más leve movimiento.

─Lady Hinata ─dijo, con voz pastosa─, tiene una pizca de canela en el... ─Se quedó callado, aparentemente demasiado abstraído para seguir hablando.

Hinata se exploró la comisura de la boca con la punta de la lengua, notando un resabio dulce.

─Gracias ─musitó, limpiándose con la servilleta. Cuando prosiguió en tono enérgico, le extrañó verlo ligeramente incómodo y distraído─. Bien, volvamos a los títulos.

Sólo un noble auténtico tiene el título por derecho propio. Todos los demás títulos, incluyendo los que posee el hijo mayor del noble, son meros tratamientos de cortesía. Si pasa a la tercera página que le he dado, hay un pequeño gráfico que espero que le aclare las cosas... ─Hinata se dirigió al escritorio y se puso detrás de Uzumaki, mirando por encima de su hombro mientras él pasaba las páginas─. Ahí. ¿Tiene sentido para usted? ¿O estoy complicándolo todavía más?

─No, está claro. Salvo que... ¿por qué no hay tratamientos de cortesía en estas dos columnas?

Hinata se obligó a concentrarse en el papel que le mostraba Uzumaki, pero le resultó difícil. Estaba a muy poca distancia de él y sentía el fuerte impulso de tocarle el pelo.

Aquellos espesos cabellos ondulados tenían que alisarse con un poco de fijador, en especial el mechón rebelde que le caía sobre la frente. El cabello de Uzumaki era rubio, un poco basto, y se le rizaba ligeramente en las puntas y en la nuca. Él tenía el cuello ancho y musculoso, y parecía tan duro como el acero. Hinata estuvo a punto de rozárselo con los dedos.

Horrorizada ante aquel impulso, cerró la mano y le respondió. ─Porque los hijos de los duques, marqueses y condes pueden poner «lord» o «lady» delante de su nombre, pero los hijos de los vizcondes y los barones son sólo «señor» y «señorita».

─Como su esposo ─musitó Uzumaki, sin apartar los ojos de la lista.

─Sí, es un ejemplo excelente. El padre de mi esposo era vizconde. Lo llamaban vizconde Õtsutsuki de Westbridge, o, de una forma más sencilla, Hamura, lord Õtsutsuki. Tuvo tres hijos, Asura, Toneri e Indra, y los tres fueron «señor Õtsutsuki». Cuando el vizconde falleció, hace unos años, su hijo mayor Asura heredó el título y se convirtió en Asura, lord Õtsutsuki.

─Pero Toneri y su hermano no pasaron a ser «lores». Dijo él

─No, se quedaron los dos como «señores».

─Entonces, ¿por qué la llaman «lady Hinata»?

─Bueno... ─Hinata guardó silencio y se rió pesarosa─. Ahora estamos entrando en un terreno más espinoso. Yo soy hija de un conde. Por lo tanto, tengo el tratamiento de cortesía de «lady» desde que nací.

─¿Y no lo perdió al casarse con Toneri?

─No, cuando la hija de un noble se casa con un hombre que no lo es, puede conservar su tratamiento de cortesía. Después de casarme, mi rango seguía proviniendo de mi padre y no de Toneri.

Uzumaki volvió la cabeza y la miró intensamente. Contemplar aquellos ojos insondables desde tan cerca le produjo a Hinata un ligero sobresalto. Hasta podía verle las manchitas en las pupilas negras.

─Así que su rango siempre fue superior al de su esposo ─dijo─. En cierto modo, se casó con alguien inferior a usted.

─Técnicamente sí─admitió ella.

Uzumaki pareció saborear la información. Hinata tuvo la impresión de que, por alguna razón, la idea le complacía.

─¿Qué le ocurriría a su rango si se casara con un hombre corriente? ─preguntó de forma casual─.Como yo, por ejemplo.

Ruborizándose, Hinata se apartó de él y volvió a tomar asiento. ─Bueno, yo... yo seguiría siendo «lady Hinata», pero tomaría su apellido.

─Lady Hinata Uzumaki.

─Sí ─dijo en voz baja─. En teoría, es correcto.

Al notar la mirada de Uzumaki clavada en ella, Hinata se dedicó a alisarse la falda en el regazo. Alzando la vista, vio la expresión de sus ojos, su mirada de puro deseo. El corazón empezó a latirle más deprisa. ¿Cuándo la había mirado un hombre de aquella forma? Los ojos azules de Toneri le habían transmitido amor y ternura, pero jamás aquel deseo tan sexual... tan ardiente... tan apasionado.

Uzumaki posó la mirada en su boca, sus pechos y luego volvió a concentrarse en su rostro, causándole un hormigueo bajo la piel. La miraba con un atrevimiento impropio de un caballero. «Lo hacía para escandalizarla ─pensó Hinata─. Se estaba divirtiendo a su costa, turbándola a propósito.» Pero Naruto no parecía divertido. Tenía el ceño fruncido y parecía tan turbado como ella, o más si cabe.

─¡Mamá! ─La risueña voz de Rose Himawari rompió el incómodo silencio─. ¡Te has puesto roja!

─¿Ah, si? ─respondió Hinata con un temblor en la voz, tocándose la cara con los dedos para refrescarse─. Debo de estar demasiado cerca del fuego.

Rose se puso a Magdalena debajo del brazo y se acercó a Uzumaki.

─Yo sólo soy una «señorita» ─le informó, habiendo oído su conversación sobre los títulos nobiliarios─. Pero cuando un día me case con un príncipe, seré la «princesa Rose Himawari», y entonces tú podrás llamarme «vuestra alteza».

Naruto se echó a reír y su tensión pareció disiparse. ─Ya eres una princesa ─dijo, aupando a la niña y sentándosela en la rodilla.

Sorprendida, Rose Himawari se echó a reír. ─¡No, no lo soy! ¡No tengo corona!

Uzumaki pareció tomarse el comentario en serio. ─¿Qué clase de corona os gustaría, princesa Himawari?

─Bueno, a ver... ─Ella arrugó la frente, profundamente concentrada.

─¿De plata? ─le preguntó Uzumaki─. ¿De oro? ¿Con piedras de colores, o perlas?

─Himawari no necesita una corona ─intervino Hinata levemente alarmada, al ver que Uzumaki estaba más que dispuesto a comprársela─. Vuelve a jugar, Himawari, a menos que quieras dormir la siesta, en cuyo caso llamaré a Kurenai.

─Oh, no. No quiero hacer siesta ─dijo la niña, bajándose inmediatamente de la rodilla de Naruto─. ¿Puedo tomarme otro pastel, mamá?

Hinata le sonrió con afecto y sacudió la cabeza. ─No, no puedes. Luego no comerás.

─Oh, mamá, ¿no puedo tomarme sólo uno? ¿Uno de los pequeños?

─Acabo de decirte que no, Himawari. Ahora, por favor, juega sin hacer ruido mientras el señor Uzumaki y yo terminamos nuestra conversación.

Obedeciendo de mala gana, Himawari miró a Uzumaki. ─¿Por qué tiene cicatrices en las mejillas?, ¿señor Uzumaki?

─Himawari ─la reprendió Hinata con severidad─. Sabes perfectamente que nunca se hacen comentarios sobre el aspecto de una persona.

No obstante, Naruto respondió a la niña sonriendo. ─En una ocasión, choqué contra un gato.

─¿Un gato? ─dijo la niña

─Parece que le pise la cola y me araño la cara.

─Oh. ─Himawari lo miró pensativa─. ¿Le hizo daño?

─Bueno, no fue mi culpa, estaba en un pelea, cuando el gato se atraveso.

─Pelear es malo ─dijo la pequeña con firmeza─. Muy, muy malo.

─Sí, lo sé. ─Bajando la cabeza, Naruto intentó aparentar arrepentimiento, pero su aire de sumisión no fue nada convincente.

─Himawari ─la advirtió Hinata─. No va a haber más interrupciones, espero.

─No, mamá. ─Obediente, la niña regresó a la alfombra. Cuando pasó por detrás de la silla de Naruto, él le dio a hurtadillas otro pastel. Asiendo la golosina, Himawari se fue corriendo a su rincón como una ardilla furtiva.

Hinata lo miró con reprobación.

─No voy a permitir que consienta a mi hija, señor. Se habituará a todas sus desmesuras, y cuando termine este año, le costará adaptarse a la vida normal.

Pendiente del diablillo que jugaba cerca de ellos, Naruto bajó la voz. ─No va a hacerle daño que la consientan un poco. La infancia es muy corta.

─Himawari debe conocer las realidades y las responsabilidades de la vida...

─¿Es ése el concepto de educación que impera ahora? ─preguntó él, indolente─.Eso explica por qué casi todos los hijos de aristócratas que he visto son criaturas pálidas, reprimidas y malcaradas. Sospecho que la impaciencia de los padres por exponer a sus hijos a la «realidad» es un poco excesiva.

Instantáneamente ofendida, Hinata abrió la boca para expresar su desacuerdo, pero se dio cuenta, a pesar suyo, de que no podía. Los Õtsutsuki eran muy estrictos con sus hijos y solían insistirle para que hiciera lo mismo con Rose Himawari. La disciplina, la insistencia en la formación moral y los castigos eran métodos que se empleaban para que un niño fuera obediente y tuviera buenos modales. No es que funcionara, naturalmente. Los hijos de los Õtsutsuki eran gamberros en miniatura, y Hinata creía que Himawari también lo habría sido de no ser porque ella había sido mucho más blanda con su hija de lo que los Õtsutsuki le habían aconsejado. Y, no obstante, aquellas opiniones eran frecuentes en las familias nobles y casi todas las personas de su rango las compartían...

─La infancia debería de ser maravillosa ─dijo Naruto con brusquedad─. Sin preocupaciones. Feliz. Me da igual que nadie esté de acuerdo conmigo. Ojalá... ─ Súbitamente, clavó la mirada en los papeles que tenía delante.

─¿Sí? ─preguntó Hinata con suavidad, inclinándose hacia delante.

Naruto respondió sin mirarla. ─Ojalá yo hubiera logrado que fuera así para Tenten. Su infancia fue un infierno. Éramos pobres, íbamos sucios y casi siempre pasábamos hambre. Le fallé.

─Pero usted no es mucho mayor que Tenten ─murmuró Hinata─. Usted también era un niño, con una responsabilidad inmensa.

Naruto desechó su argumento con un ademán. Estaba claro que no quería que lo excusaran.

─Le fallé ─repitió bruscamente─. Lo único que puedo hacer es intentar que ahora todo le vaya bien, y lo mismo con mis hijos cuando los tenga.

─¿Y entretanto mimará a mi hija hasta la saciedad? ─dijo Hinata esbozando una sonrisa.

─Tal vez también la mime a usted. ─Aunque el tono era jocoso, el desafío que percibió en su mirada la dejó estupefacta. No sabía cómo reaccionar. Si se indignaba o lo reprendía, sólo conseguiría que él se riera de ella. Pero no podía permitir que él jugara con ella de aquella manera. Jugar al ratón y al gato no era su fuerte, y no disfrutaba haciéndolo.

Adoptó un tono de voz enérgico y sereno. ─Ya me ha proporcionado un buen salario, señor Uzumaki, que tengo la intención de ganarme enseñándole modales. Ahora, si se remite a la segunda página de notas, hablaremos de las diferencias entre formas de tratamiento correctas en la correspondencia y en la conversación. Por ejemplo, jamás se referiría a un hombre como «el Honorable» personalmente, pero sí lo haría por escrito...

─Más tarde ─la interrumpió Naruto, entrelazando las manos y apoyándolas en su estómago plano─. Tengo la cabeza llena de tratamientos. Por hoy ya he tenido suficiente.

─Muy bien. ¿Me voy entonces?

─¿Quiere usted irse? ─le preguntó él en voz baja.

Hinata parpadeó y estuvo a punto de echarse a reír. ─Señor Uzumaki, ¡me gustaría que dejara de intentar desconcertarme!

Él la miró burlón. ─Veamos, ¿qué tiene de desconcertante una pregunta tan sencilla?

─Porque si dijera que sí sería de mala educación y si dijera que no...

─podría implicar que le gusta mi compañía concluyó él─, enseñándole la blanca dentadura al sonreírle─. Váyase entonces. Dios sabe que yo jamás la obligaría a admitir algo semejante.

Hinata permaneció en su sillón. ─Me quedaré si me cuenta cómo fue que un pobre gato termino en una pelea y le araño la cara.

Sin dejar de sonreír, Naruto se tocó reflexivamente las mejillas. ─Fue boxeando con Zabuza Crib, un antiguo minero de carbón al que llamaban Diamante Negro. Tenía los puños como dos jamones y un gancho de izquierda que te hacia ver las estrellas.

─¿Quién ganó? ─preguntó Hinata, incapaz de resistirse.

─Yo aguanté más que él después de veinte asaltos y al final lo noqueé. De ese combate es de donde viene mi sobrenombre: Uzumaki el Carnicero. El evidente orgullo viril que sentía al contarle aquello turbó ligeramente a Hinata.

─Qué halagador ─murmuró con un tono de burla que lo hizo reír.

─Que Crib me aplastara el pico y un gato me dejara rayas en la cara no mejoró mucho mi aspecto ─dijo él, frotándose el rostro con las manos ─. Antes ya no era bonita, pero ahora, seguro que nadie me confundirá con un aristócrata.

─Nadie lo habría hecho de todas formas. Le contestó ella

Naruto simulo una mueca de dolor. ─Ése es un gancho tan doloroso como los que recibí en el ring, señora. Así que mi rostro marcado no es de su agrado, ¿es eso lo que está intentando decirme?

─Usted sabe perfectamente que es un hombre atractivo, señor Uzumaki. Pero no para los cánones de la aristocracia. Para empezar, tiene demasiados... o sea, es demasiado... musculoso. ─Le señaló las mangas y las hombreras de la chaqueta, a punto de reventarle por las costuras─. Los nobles consentidos no tienen brazos como ésos.

─Eso me dice mi sastre.

─¿No hay una forma de hacerlos, bueno... menos voluminosos?

─No que yo sepa. Pero, sólo para satisfacer mi curiosidad, ¿cuánto tendría que encoger para pasar por un caballero?

Hinata soltó una carcajada y sacudió la cabeza. ─Su aspecto físico es lo que menos me preocuparía, señor. Necesita usted parecer una persona formal. Es demasiado irreverente.

─Pero atractivo ─contraatacó él─. Usted ha dicho que yo era atractivo.

─¿Ah, sí? Estoy segura de que quería utilizar la palabra «incorregible».

Los dos sonrieron, y Hinata tuvo una sensación de proximidad y calor muy placentera. Se apresuró a clavar los ojos en su regazo y empezó a respirar un poco más rápido de lo normal. Se sentía extraña, a punto de explotar, como si la excitación que sentía en sus entrañas fuera a arrancarla del sillón. No se atrevía a mirar a Uzumaki, temiendo su propia reacción si lo hacía. Él conseguía que ella quisiera... bueno, no estaba segura de qué. Todo lo que sabía era que, de repente, el recuerdo de sus besos, su sudor, la cálida invasión de su boca, ocupaba todo su pensamiento. Se ruborizó y entrelazó las manos, reprimiéndose.

─Mi carrera de boxeador no duró mucho ─oyó que decía él─. Sólo lo hice para reunir el dinero que necesitaba para comprar parte de un barco de vapor.

─¿En serio? ─preguntó Hinata, capaz al fin de volver a mirarlo─. Me pregunto si no obtenía cierto placer haciéndolo.

─Sí, lo obtenía ─admitió él─. Me gusta competir. Y ganar. Pero boxear era demasiado doloroso y los beneficios demasiado escasos. Y pronto aprendí que hay formas de vencer a un hombre sin tener que ensangrentarse las manos.

─Por el amor de Dios, señor Uzumaki. ¿Tiene usted que vivir siempre como si la vida fuera una lucha constante por la supremacía?

─¿De qué otra forma debería actuar?

─Podría intentar relajarse un poco y disfrutar de lo que ha conseguido. ─Le dijo ella

Uzumaki la miró burlón, clavando en ella sus ojos azules. ─¿Jugó alguna vez a ser el rey de la montaña cuando era pequeña, lady Hinata?

─Probablemente no. No es un juego para niñas respetables.

─Buscas una pila de basura y compites con tus amigos para ver quién es el primero en llegar arriba. Y ésa es la parte fácil. Dijo él

─¿Cuál es la difícil, señor Uzumaki?

─Quedarse allí.

─Seguro que usted conseguía quedarse arriba todo el santo día ─dijo Hinata en voz baja─. Dando patadas y puñetazos a todos los niños que intentaban echarlo.

─Sólo hasta la hora de cenar ─confesó él con una repentina sonrisa─. Mi estómago siempre podía más que yo.

De repente, Hinata soltó una carcajada impropia de una dama. Le pareció imposible contenerse, ni siquiera cuando su hija, visiblemente sorprendida, se acercó a ella.

─¿Qué te pasa, mamá?

─El señor Uzumaki ─explicó Hinata─, me estaba contando una historia de cuando era pequeño.

Aunque Rose Himawari no veía dónde estaba la gracia, también empezó a reírse. Mientras Naruto las miraba, Hinata percibió una extraña calidez en sus ojos azules.

─Creo que son la estampa más bonita que he visto jamás

Hinata dejó automáticamente de reírse y se puso en pie con brusquedad, obligando a Uzumaki a hacer lo mismo. «No debería estar aquí ─se repetía mentalmente─. Jamás debería haber accedido a trabajar para él, por muy tentador que me pareciera.» Se daba cuenta de lo inexperta que era y de lo poco que había vivido; de lo contrario, él no podría desconcertarla con tanta facilidad. Si no se guardaba de él, haría estragos en sus emociones. ¿Por qué la turbaban tanto sus atenciones? ¿Era porque llevaba tanto tiempo sin un hombre? ¿O porque Naruto era distinto de todos los hombres que ella conocía? Lo peor de todo era la sensación de que, por poco que disfrutara con su compañía o admirara su físico imponente, estaba traicionando a Toneri.

Por unos instantes, Hinata recordó su amarga desesperación en los días que sucedieron a la muerte de su esposo y el tenebroso deseo que la había consumido. Había querido morirse con él. Sólo el amor y la preocupación que Hinata sentía por su hija la habían mantenido cuerda. Había prometido honrar a Toneri pasando el resto de su vida queriendolo sólo a él, pensando sólo en él y en sus deseos. Jamás se le había ocurrido que le costaría mantener aquella promesa. Pero allí estaba aquel completo desconocido, alejándola poco a poco del decoro con sus galanteos.

─Señor Uzumaki ─dijo con un ligero temblor en la voz─. Lo... lo veré en la cena.

Naruto adoptó una expresión que era tan seria como la suya. ─Permita que Rose coma con nosotros ─dijo─. ¿No hay ningún niño de clase alta que cene con su familia?

Hinata tardó un largo instante en contestar. ─En algunas casas de campo los niños pueden comer en familia. No obstante, en la mayoría de las casas pudientes, los niños comen aparte. Himawari se ha habituado a las costumbres de los Õtsutsuki, y no me gustaría cambiar un ritual familiar...

─Pero allí podía comer con otros niños, ¿no? ─señaló Uzumaki─. Y aquí tiene que comer casi siempre sola.

Hinata miró la carita de su hija. Rose parecía estar conteniendo la respiración, aguardando en silencio para ver si su inesperado aliado le conseguía un lugar en la mesa de los adultos. Hinata podría haber insistido en su postura. No obstante, ante la mirada expectante de Uzumaki y Rose, supo, entre desesperada y divertida, que estaba a punto de rebasar otro limite más.

─Muy bien ─dijo─. Si Himawari se porta bien, puede comer con la familia de ahora en adelante.

Para sorpresa de Hinata, Rose Himawari dio un grito de alegría, se fue corriendo hacia Naruto y se le abrazó a la pierna. ─Oh, señor Uzumaki ─gritó─. ¡Gracias!

Sonriendo, Naruto le separó los bracitos y se puso en cuclillas. ─Dale las gracias a tu madre, princesa. Yo no he hecho más que pedírselo. Ha sido ella la que te ha dado permiso.

Corriendo hacia Hinata, Rose la llenó de besos.

─Querida ─murmuró Hinata, intentando no sonreír─, vamos arriba a cambiarte de delantal y a lavarte la cara antes de la cena. No podemos permitir que vayas con esa pinta de granuja.

─Sí, mamá. ─Rose Himawari le ofreció la manita y se fue dando saltitos de impaciencia.

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Continuará...