Aclaración:

Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la adaptación.

La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor

Hay OOC


«Capítulo siete»


Cuando Hinata empezó a escribirse con varias amistades, muchas de las cuales no había visto desde el funeral de Toneri, le sorprendió su reacción ante la noticia de que estaba trabajando y residiendo en la propiedad que el señor Naruto Uzumaki tenía en Londres. Naturalmente, muchas le demostraron su desaprobación, ofreciéndole incluso un lugar en sus propias casas, pensando que debía de estar en la miseria para haber aceptado. Sin embargo, para su sorpresa, la mayoría se mostraron muy interesadas en su nueva situación y le preguntaron si podían ir a visitarla a la casa de Uzumaki.

Aparentemente muchas señoras estaban impacientes por ver la casa y, más que eso, por conocerlo a él.

Uzumaki no pareció sorprenderse cuando Hinata se lo mencionó.

─Siempre pasa lo mismo ─dijo con una sonrisa cínica─.Las mujeres de su clase irían a la guillotina antes que casarse con un advenedizo como yo... pero hay una cantidad sorprendente que quieren ser mis «amigas».

─¿Quiere decir que están dispuestas a... con usted? ─Hinata se quedó callada sin dar crédito a sus oídos─.¿Incluso las casadas?

─Sobre todo ésas ─le informó Uzumaki burlón─.Mientras usted estuvo recluida en casa de los Õtsutsuki guardando luto, yo he tenido a muchas damas elegantes de Londres entre mis sábanas.

─Un caballero no alardea de sus conquistas sexuales ─había replicado Hinata, ruborizándose con el comentario.

─No estaba alardeando. Estaba exponiendo un hecho.

─Hay hechos que es mejor no airear. La inesperada dureza con que Hinata había pronunciado aquellas palabras pareció despertar inmensamente el interés de Uzumaki.

─Tiene una expresión muy extraña, lady Hinata ─dijo con voz aterciopelada─.Casi parece que esté celosa.

Hinata se enojó tanto que estuvo a punto de atragantarse. Naruto uzumaki tenía el don de conseguir sacarla de sus casillas como nadie había hecho antes.

─En absoluto. Sólo pensaba en la cantidad de enfermedades desagradables que uno debe de contraer con tantos idilios.

─Idilios ─repitió él, riéndose entre dientes─.Nunca había oído a nadie expresarlo con tanta delicadeza. No, jamás he contraído la sífilis ni ninguna otra enfermedad en mis contactos con prostitutas. Un hombre tiene formas de protegerse...

─¡Le aseguro que no me apetece oírlas! ─Horrorizada, Hinata se había tapado los oídos con las manos. Uzumaki, el ser más lujurioso que conocía, estaba demasiado dispuesto a hablar sobre ciertas cuestiones íntimas que un caballero nunca debería admitir que conoce─. Usted, señor mío, es completamente inmoral.

En lugar de parecer avergonzado por su comentario, Uzumaki se echó a reír. ─ Y usted, señora mía, es una mojigata.

─Gracias ─exclamó ella.

─No pretendía ser un cumplido.

─Cualquier crítica suya, señor Uzumaki, la recibiré definitivamente como un cumplido.

Uzumaki se había reído, como hacía siempre que Hinata intentaba darle lecciones de moral. Sólo le interesaba que le enseñara a comportarse superficialmente como un caballero. Y cuando le conviniera, no dudaría en despojarse de su fachada refinada. No obstante, por mucho que lo intentara, Hinata no podía sentir antipatía por él.

A medida que pasaban las semanas, Hinata fue averiguando muchas cosas sobre su patrón, incluyendo el hecho de que poseía muchas cualidades personales dignas de admiración. Uzumaki era honesto sobre sus defectos y extraordinariamente modesto en todo lo referente a sus orígenes y su falta de educación. Poseía una extraña clase de modestia, rebajando constantemente su tremenda inteligencia innata y sus importantes logros. A menudo se valía de su picardía para hacerla reír en contra de su voluntad. De hecho, parecía que disfrutara provocándola hasta que ella se enojaba; luego, para frustración de Hinata, la hacía reír.

Pasaban muchas tardes juntos, en ocasiones conversando con Rose Himawari a sus pies. De vez en cuando, se quedaban hablando hasta que se hacía de noche, después de que Tenten y Kushina se hubieran retirado por lo avanzado de la hora. Mientras las brasas ardían en la chimenea, Naruto obsequiaba a Hinata con vinos poco corrientes y le regalaba los oídos con historias vulgares, pero fascinantes, de su vida. A cambio, él insistía en que Hinata le hablara de su infancia. Ella no sabía por qué se interesaba tanto por detalles triviales de su pasado, pero él no paraba hasta lograr que Hinata le contara cosas ridículas, como la vez que su primo le había atado el cabello al respaldo de una silla,, o la ocasión en que ella había tirado desde el balcón una esponja mojada en la cabeza de un lacayo.

Y a veces le preguntaba sobre Toneri. Sobre su matrimonio... incluso sobre lo que había sentido al dar a luz.

─Sabe que no puedo hablar de una cosa así con usted ─protestó Hinata.

─¿Por qué no? ─El resplandor del fuego dulcificaba la mirada de Naruto. Estaban en el saloncito privado, una acogedora habitación muy ornada con cortinas de terciopelo verde. Parecía que el resto del mundo estuviera muy lejos de aquella habitación, pequeña y elegante. Hinata sabía que no deberían estar en aquel ambiente tan íntimo. Había demasiada proximidad... demasiada intimidad. No obstante, le parecía imposible marcharse. Había una parte de ella que quería quedarse, a pesar de lo que le dictaba el decoro.

─Sabe perfectamente que eso es indecente ─le dijo─.Le recrimino que me haga esa pregunta.

─Dígame ─insistió él perezosamente, llevándose una copa de vino a los labios─.¿Se portó como un buen soldadito o gritó como una condenada?

─¡Señor Uzumaki! ─Hinata lo miró con reprobación─.¿Acaso no sabe lo que es la delicadeza? ¿O es que no me tiene ni el más mínimo respeto?

─La respeto mucho más de lo que nunca he respetado a otro ser humano, señora ─le dijo sin titubear.

Hinata sacudió la cabeza, reprimiendo la sonrisa que estaba a punto de esbozar. ─No fui un buen soldado ─admitió─.Fue muy doloroso y difícil, y lo peor es que sólo duró doce horas y todo el mundo dijo que había sido un parto fácil, y casi no me consolaron.

Naruto se echó a reír, visiblemente complacido por la queja de Hinata. ─¿Habría tenido más hijos? ¿Si Toneri hubiera vivido?

─Naturalmente. Una mujer casada no tiene opción en esas cuestiones.

─¿Ah, no?

Perpleja, Hinata se encontró con su mirada sagaz. ─No... ¿qué quiere decir?

─Digo que hay formas de evitar un embarazo no deseado─.Hinata lo miró en silencio, horrorizada. Las mujeres respetables ni siquiera abordaban aquellas cuestiones.

De hecho, era un tema tan espinoso que ella y Toneri jamás lo habían hablado. Oh, sin querer, había oído comentarios, pero no había dudado en alejarse de una conversación tan inapropiada. ¡Y allí estaba aquel hombre sin escrúpulos, atreviéndose a decir aquellas cosas delante suyo!

─Ahora la he ofendido de verdad ─observó Naruto, intentando aparentar arrepentimiento, pero ella supo que en el fondo se divertía─.Perdóneme, señora. A veces me olvido de que alguien pueda ser tan cándido.

─Es hora de que me retire ─dijo Hinata con mucha dignidad, decidiendo que su único recurso era pasar totalmente por alto aquel comentario de mal gusto─.Buenas noches, señor Uzumaki. ─Se puso en pie y él la siguió de inmediato.

─No hace falta que se vaya─le rogó─.Me comportaré bien a partir de ahora. Lo prometo.

─Es tarde ─dijo Hinata con firmeza, dirigiéndose a la puerta─.Insisto, señor, buenas noches...

Sin saber cómo, él llegó antes que ella, sin dar la impresión de haberse apresurado. Apoyó la mano en la puerta, cerrándola con un chasquido casi inaudible.

─Quédese ─musitó─,y abriré una botella del vino del Rin que tanto le gustó la otra noche.

Frunciendo el entrecejo, Hinata se volvió para encararse con él. Estaba dispuesta a decirle que un caballero no intentaba disuadir a una dama cuando ella deseaba marcharse, y que no sería decoroso que ellos se quedaran en la habitación con la puerta cerrada. Pero, al mirar aquellos ojos azules y burlones, notó que su determinación empezaba a flaquear.

─Si me quedo, hablaremos de algún tema decoroso ─dijo con cautela.

─De lo que usted guste ─fue la pronta respuesta de Naruto─.Impuestos, Problemas sociales, El tiempo.

Hinata quiso sonreír al ver que suavizaba deliberadamente su expresión. Parecía un zorro haciéndose pasar por un cordero.

─Está bien ─dijo, y regresó al sofá. Él le trajo una copa de vino, oscuro y con cuerpo, y ella bebió aquel reserva con delectación. Se había aficionado a los vinos escandalosamente caros que él adquiría, lo cual lamentaba, porque algún día tendría que renunciar a ellos. Entretanto, ¿por qué no aprovechar las ventajas de vivir en la casa de Uzumaki?: los vinos, las obras de arte, y lo que más placer le producía... su compañía.

Unos años antes, habría tenido miedo de estar a solas con un hombre como Naruto Uzumaki. Él no la trataba con la cortesía que siempre le habían prodigado su padre, los educados caballeros que la habían cortejado y el hombre impecable con el que se había casado. Uzumaki era malhablado en su presencia, discutía sobre temas en los que ninguna dama estaría interesada y tampoco intentaba ocultarle las realidades más desagradables de la vida.

Él fue rellenándole deliberadamente la copa mientras hablaban, y, a medida que avanzaba la noche, Hinata se acurrucó en un rincón del sofá y acabó con la cabeza apoyada en un brazo. «Caramba, he bebido demasiado», pensó sorprendida, pero no le avergonzó tanto como debería. Las damas nunca se excedían con el alcohol, sólo se permitían beber unas gotas de vino rebajado con agua de vez en cuando.

Contemplando perpleja su copa casi vacía, Hinata se movió para dejarla en la mesita que había junto al sofá. De repente, le pareció que la habitación se inclinaba y estuvo a punto de dejar caer la copa. Con un rápido ademán, Uzumaki la tomo por la base y la dejó en la mesa. Al mirar su atractivo rostro, Hinata se sintió frívola y atrevida, y extrañamente aliviada y libre, como siempre se sentía cuando Kurenai la ayudaba a quitarse un vestido muy ceñido a la hora de acostarse.

─Señor Uzumaki ─dijo; le pareció que sus palabras se quedaban flotando en el aire─.Me ha dejado beber demasiado vino... De hecho, me ha animado a hacerlo, lo cual está francamente mal.

─No está tan ebria como dice, señora. ─Sonrió divertido─.Sólo está un poco más relajada que de costumbre.

Aunque la afirmación era evidentemente falsa, Hinata se relajó un poco.

─Es hora de que me retire ─anunció ella, levantándose con dificultad. Le pareció que la habitación daba vueltas y tuvo la sensación de que se precipitaba al vacío, como si hubiera saltado desde un precipicio. Naruto se apresuró a sostenerla para evitar que siguiera bamboleándose.

─Oh... ─Hinata se aferró a sus antebrazos para mantener el equilibrio─.Creo que estoy un poco mareada. Gracias. Debo de haber tropezado con algo. ─Se inclinó para examinar la alfombra, buscando el objeto que debía de haber pisado, y oyó la suave risa de Naruto.

─¿Por qué se ríe? ─preguntó Hinata cuando él volvió a sentarla en el sofá.

─Porque nunca había visto a nadie animarse tanto con tres copas de vino. ─Ella hizo ademán de levantarse, pero Naruto se sentó a su lado, impidiendo su débil intento de huida. Tenía la cadera peligrosamente cerca de Hinata, y ella volvió a acurrucarse en el sofá─.Quédese conmigo─musitó Naruto─.Ya ha pasado media noche.

─Señor Uzumaki ─preguntó ella suspicaz─.¿Está intentando comprometerme?

Naruto le sonrió, como si estuviera bromeando, pero la miró con un ardor que la turbó ─Es posible. ¿Por qué no pasa las próximas horas conmigo, en este sofá?

─¿Hablando? ─preguntó ella con un hilillo de voz.

─Entre otras cosas. ─Le tocó la curva de la mandíbula con el dedo índice, dejando una estela de fuego─. Le prometo que le gustaría. Y luego podemos echarle la culpa al vino.

Ella apenas podía creer que él se hubiera atrevido a sugerir algo tan escandaloso.─ Echarle la culpa al vino ─repitió indignada, y se echó bruscamente a reír─.Me pregunto cuántas veces habrá usado esa frase en el pasado.

─Ésta es la primera vez ─le aseguró él sin titubear─.Es bastante buena, ¿no cree?

Hinata lo miró con el ceño fruncido. ─Le ha hecho proposiciones a la mujer equivocada, señor Uzumaki. Hay un centenar de razones por las que no haría eso con usted.

─Dígame algunas ─la desafió Naruto.

Ella lo señaló con un dedo tembloroso. ─Moralidad... decencia... respeto por mí misma... la responsabilidad de darle ejemplo a mi hija... por no mencionar el hecho de que una indiscreción con usted me impediría quedarme aquí.

─Interesante ─musitó él. Hinata fue retirándose mientras él acortaba las distancias hasta tener la cabeza apoyada en el brazo del sofá y estar echada casi debajo de él.

─¿Qué es interesante? ─preguntó ella, respirando hondo una vez, y luego otra. En la habitación hacía mucho calor. Notó que el brazo le pesaba cuando fue a apartarse un mechón de pelo de la frente. Apoyó el codo junto a la cabeza, dejando la palma de la mano vuelta hacia arriba. Había bebido demasiado... estaba ebria.., y, aunque aquello no la preocupaba especialmente en aquel momento, ella sabía que más adelante la atormentaría.

─Ha enumerado todas las razones salvo la que es realmente importante. ─Naruto tenía la cara muy cerca de ella, y su boca, sin duda la más tentadora que Hinata había visto jamás, de labios carnosos e incitadores, estaba tan próxima que Hinata notó la suave caricia de su respiración en la mejilla. Le olía gratamente a vino y a su sabor íntimo ─.Ha olvidado decir que no me desea.

─Bueno, eso... eso se supone ─farfulló ella.

─¿Ah, sí? ─En lugar de ofenderse, aquello pareció divertirle─.Me pregunto, lady Hinata, si habría alguna forma de que usted me deseara.

─Oh, no creo... ─Hinata bajó la voz hasta hablar en un suave murmullo cuando vio que Naruto bajaba la cabeza. Sintió un hormigueo en todo el cuerpo y apretó los labios con mucha fuerza, esperando, esperando... y notó que la boca de él se posaba en la delicada piel de su muñeca. El roce de sus labios aterciopelados fue tan erótico que Hinata notó una corriente subiéndole por el brazo y cerró los dedos involuntariamente. Naruto no apartó la boca y Hinata notó que el pulso se le aceleraba. Se tensó como un arco, y quiso levantar las piernas y enroscarlas a su cuerpo. Tenía los labios inflamados y ardientes, anticipando el beso de Naruto. él levantó la cabeza y la miró con unos ojos tan tenebrosos como el fuego del infierno.

Alargó la mano y le puso algo delante. La copa de vino resplandeció al fuego de la chimenea. Aún le quedaban unos pocos sorbos de aquel líquido granate.

─Termínese el vino ─sugirió en voz baja─, y déjeme hacer lo que quiero con usted. Y por la mañana, los dos simularemos que no se acuerda de nada.

Hinata se asustó de lo mucho que le tentaba aquella oferta tan pecaminosa. «Naruto se estaba riendo de ella», pensó mareada.., era obvio que no podía estar haciéndole proposiciones. Estaba esperando a ver cuál sería su reacción, y luego, tanto si aceptaba como si no, se reiría de ella.

─Es usted perverso ─susurró.

Naruto ya no sonreía. ─Sí.

Respirando entrecortadamente, Hinata se pasó una mano por los ojos, como si intentara disipar la confusión en la que la había sumido el vino. ─Quie... quiero ir a mi habitación. Sola.

Se produjo un largo silencio entre ellos, y luego Naruto dijo en tono amistoso y consolador.

─Déjeme ayudarla.

La sujetó por los codos y la ayudó a ponerse en pie. Cuando Hinata estuvo de nuevo erguida, descubrió que la habitación había dejado de inclinarse. Aliviada, se apartó de aquel cuerpo duro e invitador, y se dirigió a la puerta.

─Soy perfectamente capaz de ir a mi habitación sin compañía─dijo, mirándolo suplicante.

─Está bien. ─Naruto fue a abrirle la puerta, recorriendo con la mirada su figura descompuesta.

─Señor Uzumaki... mañana lo habremos olvidado todo. ─Hinata habló con un nervioso tono de interrogación.

Él asintió brevemente, mirándola mientras ella se alejaba con toda la rapidez que le permitían sus piernas temblonas.

─¡Ni hablar! ─musitó Naruto en cuanto Hinata hubo desaparecido de su vista. Había ido demasiado lejos, lo había sabido incluso mientras se permitía cruzar las barreras invisibles que se alzaban entre ellos, pero había sido incapaz de contenerse. No podía refrenar su deseo por ella. Era un martirio hallarse bajo el influjo de una mujer virtuosa. El único consuelo era que Hinata no parecía saber hasta qué punto estaba Naruto a su merced.

Aquella situación lo irritaba y lo impacientaba, porque jamás había sentido nada semejante. Arrogante y seguro de sí mismo, siempre había sabido que podía seducir a cualquier mujer que deseara, fuera cual fuese su posición. Estaba incluso seguro de que podría llevarse a Hinata a la cama, si contaba con el tiempo suficiente para derribar sus defensas. Pero en cuanto se acostara con ella, la perdería. Después, no habría forma de convencerla para que se quedara. Y lo extraordinario era que deseaba su compañía incluso más que acostarse con ella.

Cuando Naruto se imaginaba a la mujer que captaría definitivamente su atención, sus emociones, todos sus pensamientos, tenía siempre la certeza de que sería mundana, descarada... que sería su igual en el sexo. Jamás había considerado la posibilidad de perder el corazón y la cabeza por una viuda recatada. Inexplicablemente, Hinata era como una droga para él, excitante y dulce, y, como tal, su ausencia lo dejaba vacío y anhelante.

No era estúpido. Saltaba a la vista que lady Hinata no era para él. Mejor recoger otra fruta de un árbol que estuviera a su alcance. Pero allí estaba ella, tentadora y exquisita, siempre inalcanzable. En un intento desesperado de saciar su apetito sexual, Naruto había recurrido a otras mujeres. Ser socio del burdel más exclusivo y caro de la ciudad, le permitía comprar una noche con cualquier bella prostituta que eligiera. Últimamente frecuentaba el lugar casi todas las noches.

Por las tardes, Naruto se derretía en compañía de Hinata, mirándola tan sólo, deleitándose con el sonido de su voz. Luego, cuando ella se retiraba a su cama vacía, él cabalgaba a Londres y daba rienda suelta a su lascivia durante las próximas horas. Por desgracia, la habilidad de una prostituta sólo aliviaba temporalmente su deseo. Por primera vez en su vida, estaba empezando a reconocer que la verdadera pasión no se satisface fácilmente, que había una diferencia entre las necesidades de su pene y las del órgano que residía medio metro más arriba. No era un descubrimiento agradable.

─¿Está construyendo otra casa? ─preguntó Hinata sorprendida. Estaba de pie en la biblioteca junto a una mesa alargada mientras Naruto desenrollaba unos planos y los aseguraba en las esquinas con pesas de bronce─. Pero ¿dónde... y por qué?

─Quiero tener la casa de campo más ostentosa de Inglaterra ─dijo Naruto─. He comprado tierras en Devon, tres haciendas que se convertirán en una. Mi arquitecto ha dibujado el proyecto de la casa. Quiero que lo vea.

Hinata lo miró con una sonrisa irónica. En un acto de cobardía, había fingido no recordar la extraña escena de seducción que había sucedido la noche anterior y, para su infinito alivio, Uzumaki no había dado muestras, ni con comentarios ni con miradas, de que hubiera ocurrido nada indecente. En lugar de ello, le había hecho partícipe de uno de los muchos proyectos que se llevaba entre manos. En privado, Hinata concluyó que su sorprendente conducta de la noche anterior se debía íntegramente al vino, una situación que decidió evitar en el futuro.

─Señor Uzumaki, me encantaría ver el proyecto, pero debo advertirle de que mis conocimientos en ese terreno son nulos.

─Eso no es cierto. Usted sabe lo que admira la aristocracia. Dígame lo que opina. Pasó suavemente su mano inmensa por los planos, allanando las arrugas y colocando diestramente las pesas. Mientras Hinata inspeccionaba los bocetos a tinta de las diversas fachadas de la casa, se daba perfecta cuenta de que Uzumaki estaba de pie a su lado.

Él se apoyó en los planos con ambas manos y se inclinó sobre los dibujos.

Hinata intentó concentrarse en los planos, pero la proximidad de Uzumaki la distraía. No podía evitar fijarse en sus brazos musculosos, que abultaban las costuras de la chaqueta, en las ondas que su recio cabello rubio le hacía en la nuca, en la sombra de barba que oscurecía su atezada piel. Cuidaba su imagen, pero no era presumido. Olía a almidón y jabón, pero no a colonia, y llevaba la ropa entallada, pero un poco holgada, en un intento de ocultar aquella musculatura tan impropia de un caballero. Tal vez no fuera tan refinado como debiera, pero su extrema virilidad tenía un atractivo muy poderoso.

─¿Qué opina? ─preguntó con su voz oscura.

Hinata tardó bastante en responder. ─Creo, señor Uzumaki ─dijo despacio─, que el arquitecto ha proyectado lo que cree que usted quiere.

La casa era ostentosa, excesiva y demasiado convencional. Se erigiría como una mole inmensa en el paisaje de Devon. Visible, sí. Suntuosa, sin lugar a dudas. Pero «elegante» y «apropiada» no eran palabras que se pudieran aplicar a aquel presuntuoso homenaje a un estilo pasado de moda.

─Es muy grande─continuó─y cualquiera que la viera no tendría ninguna duda de que su propietario es un hombre próspero. No obstante...

─No le gusta.

Sus miradas se cruzaron, y Hinata se enterneció al mirar aquellos ojos tan azules.

─¿Le gusta a usted, señor Uzumaki? ─consiguió preguntarle.

─Yo tengo mal gusto ─sentenció él─. Mi única virtud es que lo sé─. Hinata abrió la boca para rebatirlo, pero la cerró al instante. En cuestiones de estilo, Uzumaki tenía un gusto francamente horrible.

Naruto emitió una risa gutural casi inaudible al ver su expresión. ─Dígame lo que cambiaría de la casa, señora.

Levantando una esquina del primer boceto e inspeccionando el plano de la primera planta que había debajo, Hinata sacudió la cabeza indecisa. ─No sabría por dónde empezar. Y usted ha debido de hacer un desembolso enorme para que le dibujaran estos planos...

─Ese desembolso no es nada comparado con lo que costará construir la maldita casa.

─Sí, bueno... ─Hinata guardó silencio, mordiéndose el labio inferior mientras pensaba qué decirle. Él desvió la mirada a su boca, y Hinata habló sin mucha seguridad─.Señor Uzumaki, ¿sería demasiado presuntuoso por mi parte sugerirle a otro arquitecto? Tal vez podría encargar otro proyecto basado en un concepto diferente y luego decidir cuál prefiere. Tengo un primo, el señor Neji Hyuga, que está dándose a conocer por sus proyectos. Es un joven arquitecto con gustos modernos, aunque no creo que jamás le hayan ofrecido un proyecto de tanta envergadura como éste.

─Bien ─se apresuró a decir Uzumaki, sin apartar los ojos de su boca─.Lo enviaremos de inmediato a Devon para ver qué opina de los terrenos.

─Es posible que pase un tiempo antes de que el señor Hyuga pueda estar a su disposición. Por lo que sé, sus servicios están muy solicitados, y siempre tiene la agenda llena.

─Oh, irá a Devon sin dilación, en cuanto le mencione mi nombre─le aseguró Naruto con cinismo─. Todos los arquitectos sueñan con tener un patrón como yo.

Hinata no pudo evitar reírse. ─¿Es que su arrogancia no tiene límites?

─Espere y verá ─insistió él─.Hyuga me entregará un proyecto en un plazo de quince días.

Como Uzumaki había predicho, Neji Hyuga fue a su casa con un fajo de bocetos y planos de planta parciales en un tiempo extraordinariamente corto, dieciséis días, para ser exactos.

─ Tenten, creo que esta mañana tendremos que acortar las clases─musitó Hinata, mirando por la ventana al ver el modesto carruaje negro del señor Hyuga acercándose a la casa. Su primo no tenía cochero y llevaba las riendas con evidente destreza─.Está llegando el arquitecto, y su hermano ha insistido en que yo asista a la reunión que van a tener.

─Bueno, si debe... ─dijo Tenten encogiéndose de hombros, aparentando que aquello la contrariaba.

Hinata se contuvo para no sonreír, sabiendo que Tenten no lamentaba en absoluto que la clase se cancelara. La muchacha tenía poca paciencia para el tema que las ocupaba: las normas de la correspondencia. Era una joven enérgica a quien le apasionaban montar, el tiro al arco y otras actividades físicas, y escribir se le hacía excesivamente tedioso.

─¿Querría conocer al señor Hyuga? ─sugirió Hinata─.Su trabajo es de mucha calidad, y estoy segura de que su hermano no pondrá ninguna objeción...

─Dios mío, no. Tengo mejores cosas que hacer que ver los bocetos de algún vejestorio aburrido. Hace una mañana espléndida. Creo que saldré a montar a caballo.

─Muy bien. Entonces nos vemos a mediodía.

Dejando a la muchacha, Hinata se apresuró a bajar por la suntuosa escalera. La perspectiva de ver a su primo la hizo sonreír. La última vez que se habían visto había sido en una reunión familiar hacía al menos cinco años, cuando Neji era apenas un adolescente. Afectuoso, con sentido del deber, Neji siempre había sido el predilecto de la familia.

Desde que era pequeño, había hecho dibujos y bocetos de forma compulsiva, lo cual le había valido muchas reprimendas por llevar los dedos siempre manchados de tinta. Sin embargo, últimamente se estaba labrando una reputación formidable por su singular arquitectura «natural», cuyo objetivo era integrarse en el paisaje.

─Primo Neji ─exclamó Hinata, alcanzando la entrada justo al mismo tiempo que él.

Neji sonrió en cuanto la vio, deteniéndose para quitarse el sombrero y ejecutar una reverencia impecable. Hinata se complació al comprobar que en los últimos años Neji se había convertido en un joven francamente atractivo. Llevaba el cabello, espeso y castaño, largo, y los ojos, de color gris, tenían un brillo inteligente. Aunque todavía era muy joven, transmitía una madurez sorprendente para alguien que no llegaba a la treintena.

─Señora ─dijo Neji. Tenía una voz de barítono gratamente áspera. Hinata le dio la mano y él se la apretó con delicadeza. Dejó de sonreír y la miró apesadumbrado cuando prosiguió en voz más baja─: Por favor, acepte mis disculpas por no asistir al funeral de su esposo, aunque sea con tanto retraso.

Hinata lo miró con afecto. No había motivo para que se disculpara, pues estaba viajando por Europa cuando Toneri murió de aquella forma tan imprevista. Como Neji no habría tenido tiempo de regresar para el funeral, le había escrito una carta dándole el pésame. Dulce, algo tímida, y de una franqueza maravillosa, la carta había conmovido a Hinata por la sinceridad de sus sentimientos.

─No hace falta que se disculpe, como usted bien sabe ─respondió ella en voz baja.

El ama de llaves, la señora Burney, se acercó para recoger el sombrero y el abrigo de Neji.

─Señora Burney ─musitó Hinata─. ¿Puede decirme dónde está el señor Uzumaki?

─Creo que en la biblioteca, señora.

─Conduciré al señor Hyuga hasta allí. ─ Tomando a su primo por el brazo, Hinata lo guió por la casa, mientras él llevaba los planos bajo el otro brazo.

Mirando a su alrededor, Neji emitió un suspiro que combinaba el asombro con la repugnancia.

─Increíble ─exclamó─. Un monumento a la desmesura. Señora, si éste es el estilo que prefiere Uzumaki, habría hecho mejor en acudir a otro arquitecto. Yo sería incapaz de proyectar nada semejante.

─Aguarde a haber hablado con el señor Uzumaki ─le suplicó Hinata.

─Está bien. ─Neji le sonrió mientras seguían andando─. Lady Hinata, sé que estoy aquí por su influencia, y le agradezco la oportunidad. Pero debo preguntarle... ¿qué la impulso a trabajar para Uzumaki? ─Adoptó un tono divertido─.Como sin duda ya sabe, en general, la familia no está «complacida».

─Mi madre me ha puesto al corriente ─admitió Hinata con una sonrisa triste. Cuando supieron que había decidido aceptar el empleo de Uzumaki, sus padres le habían dejado bien claro que no estaban de acuerdo. Su madre había llegado incluso a cuestionar su cordura, sugiriendo que tanto dolor la había incapacitado para tomar decisiones racionales. No obstante, su padre, un hombre de un pragmatismo extremo, había dejado de oponerse en cuanto Hinata les mencionó la cuenta que Uzumaki abriría para Rose Himawari. Padre de dos hijas, una de ellas aún soltera, conocía perfectamente la importancia de tener una buena dote.

─¿Y bien? ─preguntó Neji.

─Es difícil negarle nada al señor Uzumaki ─dijo Hinata con humor─.Lo averiguará enseguida.

Llevó a su primo a la biblioteca, donde los estaba aguardando Uzumaki. Neji no dio muestras de amilanarse cuando vio a aquel hombre levantándose de la silla, lo cual dijo mucho en su favor. Como Hinata sabía por experiencia, ver a Uzumaki por primera vez era cuando menos memorable. Pocos hombres poseían su imponente presencia. Aun cuando nadie le hubiera dicho nada sobre él, Hinata habría sabido por instinto que era un hombre que no sólo se labraba su propio destino, sino que también modelaba el de los demás. Mirándolo a los ojos, Neji le dio la mano.

─Señor Uzumaki ─dijo con la franqueza y la amabilidad que lo caracterizaban─, permítame darle las gracias por invitarme a su casa, y por la oportunidad de enseñarle mi trabajo.

─Es a lady Hinata a quien debe darle las gracias ─respondió Naruto─. Fue sugerencia suya que me dirigiera a usted.

Hinata parpadeó sorprendida. Con sutileza, Uzumaki había dado a entender que las sugerencias de ella, sus opiniones, tenían mucho valor para él. Para su pesar, aquella insinuación no había pasado inadvertida a Neji Hyuga. La miró brevemente, intrigado, y luego volvió a centrar su atención en Uzumaki.

─Entonces, confío en haber estado a la altura de la fe que lady Hinata ha depositado en mí
─dijo Neji, acomodándose los bocetos que llevaba bajo el brazo.

Naruto le señaló su gran escritorio de caoba, que estaba vacío, y el arquitecto extendió los dibujos en la lustrosa superficie.

Aunque había decidido permanecer neutral cuando viera el trabajo de su primo, Hinata no pudo contener una exclamación de placer al mirar los planos. Con sus matices románticos y góticos, la casa era encantadora y a la vez sofisticada, con abundantes ventanas de forma alargada con láminas de cristal aparentemente sin dividir, para llevar el paisaje «dentro». Las grandes habitaciones principales y los aireados invernáculos serían un escenario magnífico para celebrar fiestas, pero también había alas que proporcionarían intimidad y aislamiento a la familia.

Hinata esperaba que Uzumaki aceptara el estilo modesto del proyecto, y que no cayera en el error de creer que la elegancia era sinónimo de una ornamentación excesiva. Tenía la certeza de que al menos le complacerían los abundantes avances técnicos, incluyendo agua corriente en todas las plantas, y muchos aseos y cuartos de baño embaldosados, además de un sistema de calefacción por aire para el invierno.

Uzumaki permaneció impasible mientras miraba los planos y sólo hizo una pregunta o dos que Neji se apresuró a responder. Hinata se dio cuenta de que alguien había entrado en la habitación. Era Tenten. Llevaba un distinguido traje de montar, rosa con ribetes escarlata. El atuendo, de corte sencillo pero elegante, y el femenino cuello de encaje, la favorecían especialmente. Con la castaña cabellera recogida en una trenza, el sombrero escarlata y aquellos ojos oscuros de espesas pestañas, Tenten irradiaba juventud, frescura y un exótico atractivo.

─No he podido resistirme a ver los planos antes de salir... ─empezó a decir Tenten, pero se calló cuando Neji Hyuga se dio la vuelta y se inclinó ante ella. Hinata se apresuró a presentarlos, observando con orgullo que Tenten saludaba a Neji con una reverencia impecable. Tras las presentaciones, los dos jóvenes se estudiaron con una curiosidad electrizante que duró sólo unos instantes. Luego Hyuga volvió a mirar los planos y se concentró en una pregunta que le había hecho Uzumaki. Daba la impresión de que la presencia de Tenten no lo había alterado en lo más mínimo. Perpleja ante su aparente indiferencia, Hinata se preguntó cómo podía él o cualquier otro varón en su sano juicio resistirse a la espectacular belleza de aquella muchacha. No obstante, cuando Tenten se unió a ellos en la mesa, Hinata se fijó en que Neji volvía a mirarla intensamente por un instante. «La muchacha le interesaba ─pensó Hinata disimulando el placer que aquello le producía─, pero era lo bastante inteligente como para no demostrarlo.»

Ligeramente molesta por la falta de atención de aquel desconocido, Tenten se colocó entre Hinata y Neji e inspeccionó los planos.

─Como puede ver ─musitó Neji dirigiéndose a Uzumaki─, he intentado proyectar un espacio que esté en armonía con el entorno. En otras palabras, sería imposible construir esta casa en un lugar distinto sin que pareciera fuera de lugar...

─Sé lo que significa la palabra «armonía» ─dijo Naruto con una sonrisa irónica. Continuó evaluando los dibujos, sin pasar por alto ningún detalle. Por la forma en que Uzumaki asimilaba la información, Hinata sabía que, al cabo de unos minutos, estaría casi tan familiarizado con los planos como el propio Neji. Uzumaki poseía una memoria impresionante, aunque sólo la aplicaba a temas que eran de su interés. Tenten estudió también los planos y entornó críticamente los ojos, oscuros y aterciopelados.

─¿Qué es esto? ─preguntó Tenten, señalando una sección del plano─. No estoy segura de si me gusta o no.

Neji respondió en un tono algo más grave que de costumbre. ─Haga el favor de quitar el dedo de mis planos, señorita Uzumaki...

─Sí, pero qué es esto.., esto que sobresale, esta proyección tan extraña...

─Se llama ala ─dijo Neji con sequedad─.Y estos rectangulitos son lo que nosotros los arquitectos llamamos ventanas y puertas.

─Su ala este no combina con el ala oeste.

─Algún día me gustaría explicarle por qué ─musitó Neji en un tono que implicaba justo lo contrario.

─Bueno, se ve desproporcionada ─persistió Tenten.

Se retaron con la mirada, y Hinata sospechó que los dos estaban disfrutando secretamente del intercambio.

─Deja de provocarlo, Tenten ─musitó Naruto, sin darse cuenta de la complicidad que se había establecido entre ellos. Tenía toda su atención puesta en Hinata─.¿Qué opina de los planos, señora?

─Creo que la casa sería magnífica ─respondió.

Él asintió con decisión. ─Entonces la construiré.

─No sólo porque a mí me gusta, espero ─dijo Hinata, ligeramente alarmada.

─¿Por qué no?

─Porque usted debe únicamente decidirse basándose en sus propios gustos.

─Los planos me parecen bien ─respondió Uzumaki pensativo─,aunque no me molestaría que hubiera alguna torre, y algunas almenas...

─Nada de torres ─se apresuró a interrumpirle el arquitecto.

─¿Almenas? ─preguntó Hinata al mismo tiempo. Entonces vio el brillo en los ojos de Uzumaki y se dio cuenta de que estaba bromeando.

─Constrúyala como la ha proyectado ─le aconsejó Uzumaki al arquitecto, sonriéndole.

─¿Así exactamente? ─preguntó Neji, a todas luces sorprendido por la celeridad de la decisión
─. ¿Está seguro de que no quiere estudiar los planos en privado y considerar la cuestión sin prisas?

─Ya he visto todo lo que necesitaba ─le aseguró Naruto. Hinata no pudo evitar sonreír al ver lo sorprendido que estaba su primo. Sabía que Neji nunca había conocido un hombre que se hallara tan a gusto con su autoridad como Naruto Uzumaki. Le gustaba tomar decisiones con rapidez y rara vez malgastaba el tiempo en considerar las dificultades.

En una ocasión le había dicho que, aunque el diez por ciento de sus decisiones resultaban ser equivocadas, y otro veinte por ciento solían tener resultados mediocres, en general acertaba con el setenta por ciento restante. Hinata no tenía ni idea de cómo había calculado aquellas cifras, pero no le cabía la menor duda de que podría sustentarlas con pruebas. Tenía la peculiaridad de traducir todas las situaciones en números y porcentajes. En una ocasión, había llegado a calcular que su hermana tenía el diez por ciento de probabilidades de casarse con un duque.

─¿Por qué sólo el diez por ciento? ─había preguntado Tenten con desparpajo, apareciendo prácticamente al final de la conversación─. Te informo de que podría casarme con quien yo quisiera.

─He calculado la cantidad de duques disponibles, restado los que son demasiado viejos o están enfermos, y he estimado las clases que lady Hinata tiene que darte para que estés presentable. También he tenido en cuenta la cantidad de mujeres en edad de merecer con las que competirás. ─Uzumaki había guardado silencio y le había dedicado a su hermana una sonrisa astuta─. Por desgracia, tu edad ha desviado un poco las cifras.

─¿Mi edad? ─había gritado Tenten, fingiendo que se escandalizaba─¿Acaso estás diciéndome que no estoy en la flor de la vida?

─Tienes más de veintiuno, ¿no? ─señaló Uzumaki, y pescó al vuelo el cojín de terciopelo que su hermana le había tirado a la cabeza.

─Tenten, una dama no tira cosas cuando un caballero la ofende─dijo Hinata, riéndose de sus payasadas.

─¿Puede una dama romperle la cabeza a su hermano con un atizador? ─Tenten se acercó a Naruto con aire amenazante.

─Por desgracia no ─respondió Hinata─. Y considerando lo dura que la tiene el señor Uzumaki, es probable que el golpe no fuera muy efectivo.

Naruto había fingido que se ofendía, aunque no había podido contener la risa.

─Entonces, ¿cómo puede vengarse una dama? ─preguntó Tenten.

─Con la indiferencia ─respondió Hinata en voz baja─. Retirándose.

Tenten se desplomó en una silla, estirando las piernas bajo la falda. ─Confiaba en que fuera algo más doloroso.

─Un golpe con un atizador de hierro no es más que un dolor momentáneo ─le había dicho Uzumaki a su hermana, riéndose entre dientes─. Pero la indiferencia de lady Hinata... ─Fingió que se estremecía, como si lo hubiera envuelto una ola de frío ártico─.Es el peor castigo que podría sufrir un hombre.

Hinata había sacudido la cabeza, divertida, mientras pensaba que ninguna mujer podía permanecer indiferente ante un hombre como Naruto Uzumaki.

No obstante, había días en que Uzumaki no la hacía reír... días en los que podía ser irascible y obstinado, desahogando su mal humor con todos los que lo rodeaban. A veces, parecía tener un demonio dentro. Ni siquiera Hinata se libraba de su cinismo y sarcasmo, y parecía que cuanto más fría y correcta se ponía ella, más se avivaba la llama de su insatisfacción. Hinata intuía que había algo que él quería pero que, en su opinión, no estaba a su alcance, y, fuera lo que fuera, aquel anhelo lo hacía sufrir amargamente. No obstante, era imposible discernir qué era exactamente ese «algo», si la aceptación social o tal vez un trato comercial que no había logrado cerrar. Hinata estaba segura de que no era la soledad, pues a Uzumaki no le faltaba la compañía femenina. Como el resto de la casa, estaba al corriente de sus actividades nocturnas, sus frecuentes ires y venires, las huellas que el exceso de alcohol y el libertinaje dejaban en su rostro tras una velada particularmente desenfrenada.

Sus correrías nocturnas empezaron a molestar a Hinata cada vez más. Ella intentaba relativizarlas diciéndose que no era distinto de otros muchos hombres en aquel aspecto.

Había muchos aristócratas que se comportaban aún peor, festejando toda la noche y recuperándose de sus excesos durmiendo durante el día. El hecho de que Uzumaki consiguiera pasar la noche en blanco y trabajar durante el día daba fe de su extraordinaria energía. Pero a Hinata no le resultaba fácil restar importancia a los apetitos sexuales de Uzumaki, y en un momento de sinceridad, admitió que su desaprobación tenía bastante menos que ver con la moralidad que con sus propios sentimientos.

Imaginarse a Uzumaki en brazos de otra mujer le producía una extraña tristeza. Y le despertaba una curiosidad insoportable. Todas las noches cuando él se marchaba a la caza de mujeres, Hinata daba rienda suelta a su imaginación. De alguna forma, sabía que las actividades sexuales de Uzumaki eran totalmente distintas de los dulces y suaves interludios que ella había compartido con su marido. Aunque su esposo no era virgen en su noche de bodas, su experiencia en aquel terreno era muy limitada. En la cama, él era respetuoso y amable, amoroso más que fogoso, y a pesar de su carácter afectuoso, creía que el acto sexual era un placer al que no había que abandonarse con demasiada frecuencia. Jamás había ido a su habitación más de una vez a la semana. Aquellas ocasiones habían sido siempre dulces y especiales, y los dos las vivían cada vez con la misma intensidad.

Naruto Uzumaki, en cambio, tenía el mismo autocontrol que un gato. La forma en que la había besado en el invernáculo indicaba unos conocimientos sexuales que superaban con creces la experiencia de Hinata, o la de Toneri. Ella sabía que debería sentirse repelida por aquella faceta de Uzumaki. Ojalá pudiera borrar los sueños que a veces la despertaban en plena noche, las mismas imágenes confusas y eróticas que la habían atormentado desde la muerte de Toneri. Sueños donde ella aparecía desnuda, recibiendo caricias, besos y abrazos de un hombre desnudo.., salvo que últimamente las imágenes eran más perturbadoras que nunca, porque el desconocido de sus sueños tenía un rostro. Eran las varoniles facciones de Naruto Uzumaki lo que veía, su boca ardiente poseyendo la suya, sus manos tocándola con pasión.

Hinata siempre se despertaba de aquellos sueños alterada y envuelta en sudor, y al día siguiente apenas podía mirar a Uzumaki sin ruborizarse. Siempre había pensado que estaba por encima de aquellos deseos tan básicos e incluso había sentido lástima de las personas que parecían incapaces de controlar sus instintos. La lujuria jamás la había perturbado. Pero no había otra palabra para ello, para aquel dulce dolor que a veces la invadía, aquel terrible desvelo por Naruto Uzumaki... aquel horrendo deseo de poder ser una de las mujeres que él visitaba para satisfacer sus necesidades.

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Continuará...