Aclaración:
Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la adaptación.
La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor
Hay OOC
«Epílogo»
—¡Más alto, mamá, más alto!
Hinata soltó más cuerda, y la cometa cabeceó y ganó altura en el cielo salpicado de nubes, con su gran cola verde de seda revoloteando en el fuerte viento. Rose Himawari trotaba junto a ella, gritando de felicidad. Sin saber cómo, las faldas se les enredaron en las piernas y las dos cayeron al suelo, riéndose como locas. Rose Himawari se puso en pie automáticamente, recogió el rollo de cuerda y siguió corriendo, con los rizos oscuros ondeando al viento. Hinata se quedó en el suelo, tendida boca arriba. Sonriendo, se relajó en el mullido césped mientras el sol le daba de lleno en la cara.
—Hinata. —La ansiedad que percibió en la voz de su esposo la arrancó de su ensoñación. Rodó sobre el costado y le sonrió interrogante. Naruto venía hacia ella desde la casa, andando a grandes zancadas y con aspecto de estar preocupado.
—Estabas mirando por la ventana de la biblioteca —musitó Hinata, indicándole con el dedo que se sentara junto a ella en el suelo.
—He visto cómo se han caido —dijo Naruto con brusquedad, agachándose junto a ella—. ¿Estás bien?
Hinata se tendió de espaldas, sin importarle que la hierba pudiera mancharla, sabiendo que parecía más ser una campesina que la gran dama para lo que la habían educado.
—Acércate más y te lo demostraré —dijo ella con voz oscura.
Él se rió a regañadientes mientras la recorría con la mirada, viéndola tumbada en aquella postura tan abandonada, con las faldas levantadas por encima de los tobillos, cubiertos por medias blancas. Hinata se quedó quieta mientras él la observaba, esperando que sus reticencias hacia ella hubieran empezado a menguar. Después de seis semanas de recuperación, Hinata había recobrado la salud por completo. Volvía a tener las mejillas rosadas y rebosaba vitalidad, e incluso estaba un poco rellena. Sabía que jamás había tenido mejor aspecto ni se había sentido mejor, y junto con la salud había recobrado su deseo natural de estar físicamente con su esposo.
Irónicamente, la recuperación de Naruto había sido algo más lenta que la de ella. Aunque estaba tan afectuoso y bromista como siempre, la trataba con un comedimiento exagerado y la tocaba con un cuidado innecesario, como si pudiera hacerle daño involuntariamente. Aunque había recuperado parte del peso que había perdido, aún estaba un poco delgado, demasiado alerta y tenso, como si estuviera aguardando a que algún enemigo invisible se abalanzara sobre él.
Naruto no le había hecho el amor desde que había caído enferma. No había duda de que la deseaba, y después de dos meses de abstinencia, un hombre con su potencia sexual debía de estar sufriendo muchísimo. No obstante, él había rechazado los recientes avances de Hinata con suavidad y tacto, prometiéndole que volverían a estar juntos cuando ella se encontrara mejor. Obviamente la opinión que Naruto tenía sobre la salud de Hinata era muy distinta de la que tenía ella, e incluso el doctor Linley. El médico había informado a Hinata con mucho tacto de que podía retomar la actividad conyugal normal en cuanto se sintiera capaz. No obstante, Hinata no parecía poder convencer a Naruto de que su salud ya no era un obstáculo para recibirlo en su cama.
Deseando que Naruto se relajara, fuera feliz, perdiera el control en sus brazos, Hinata lo miró provocativamente.
—Bésame —musitó—. Aquí no hay nadie aparte de Rose.., y a ella seguro que le da lo mismo.
Naruto vaciló y se inclinó sobre ella, rozándola suavemente con la boca. Ella le rodeó el cuello con un brazo, tocándole los músculos, que estaban duros como el acero. Atrayéndolo hacia sí, le rozó los labios con la lengua, pero él no la siguió. Le tomó suavemente la muñeca y le apartó la mano del cuello.
—Debo regresar —dijo con un temblor en la voz, y suspiró profundamente—. Tengo trabajo. —Se estremeció y, riéndose brevemente, se puso ágilmente en pie y posó en ella una torturada mirada de amor. Luego regresó a la casa mientras ella se sentaba en la hierba y contemplaba su esbelta figura alejarse.
«Tengo que hacer algo», pensó Hinata con una mezcla de diversión y exasperación. De entre todos los hombres, ella jamás habría pensado que Naruto Uzumaki sería tan difícil de seducir. Parecía que casi le diera miedo tocarla. No le cabía ninguna duda de que algún día volvería a hacerle el amor, cuando al fin se diera cuenta de que no le haría daño involuntariamente. Pero Hinata no estaba dispuesta a esperar. Lo quería ya, quería al amante vigoroso y viril cuyos requerimientos la volvían loca de placer, no a aquel caballero considerado y cuidadoso con un autocontrol excesivo.
Al llegar a casa después de haberse pasado todo el día en sus oficinas de la ciudad, Naruto entró con un suspiro de alivio. La negociación había sido más ardua de lo que esperaba, pero al final había logrado hacerse con el control de una metalúrgica de Birmingham que producía cadenas, clavos y agujas. Lo difícil no había sido acordar las condiciones económicas, sino convencer a los futuros socios de que a partir de ese momento la fábrica estaría dirigida por los gerentes que propusiera Naruto. Habría un horario decente para los trabajadores, no se contratarían niños y parte de los beneficios se reinvertirían de formas que sus socios consideraban absurdas e innecesarias. Naruto había estado a punto de marcharse sin firmar el acuerdo, y cuando ellos se habían dado cuenta de que no iba a ceder ni un milímetro habían aceptado todas sus condiciones.
Pasarse el día discutiendo paciente y persistentemente lo había dejado nervioso. Aún estaba tenso por haber batallado y necesitaba desahogar tanta energía contenida. Por desgracia, aún no podía recurrir a su método favorito, revolcarse con su esposa. Sabía que Hinata lo recibiría si se acercaba a ella. No obstante, todavía la encontraba diminuta y frágil, y le aterraba que pudiera recaer si la forzaba demasiado. Es más, sus sentimientos hacia ella lo abrumaban. Hacía tanto tiempo que no le había hecho el amor que casi tenía miedo de caer sobre ella como un animal rabioso cuando al fin la tomara.
Era jueves, la noche en que la servidumbre solía librar, pero la casa parecía mucho más tranquila y vacía de lo habitual. Cuando Naruto se dirigió al comedor, vio que la cena fría que la cocinera servía esas noches no estaba. Consultando su reloj de bolsillo, comprobó que sólo se había retrasado un cuarto de hora. ¿Era posible que la familia ya hubiera cenado y se hubiera retirado? Le intrigaba que no se viera ni un alma, y que nadie hubiera salido a recibirlo. La casa parecía desierta.
Frunciendo el entrecejo, Naruto fue a la escalera principal, apretando el paso cuando se le ocurrió que podía haber ocurrido algo... y entonces la vio. Una rosa roja, dejada con cuidado en el primer peldaño. La recogió por el tallo, al que le habían quitado todas las espinas. Al subir las escaleras, encontró otra en el sexto peldaño, y otra en el duodécimo. Miró hacia arriba, viendo que habían dejado un rastro de rosas rojas para que él lo siguiera.
Sonrió enternecido y sacudió ligeramente la cabeza. Siguió el camino de rosas, sin apresurarse, mientras iba sumando flores a su colección. Las rosas eran exuberantes y fragantes, y su dulce aroma despertaba sus sentidos. Después de haber recogido más de una docena de rosas, se encontró de pie ante la puerta de su propio dormitorio, con una última rosa prendida del pomo con una cinta roja. Sintiéndose como en un sueño, abrió la puerta, traspasó el umbral y la cerró.
En un rincón había una mesita con platos de plata iluminada por velas colocadas en candeleros de plata. Su mirada se desvió de la cena íntima para dos a la hermosa mujer de pelo negro, que iba vestida con un salto de cama negro. El cuerpo se le transparentaba de una forma perversamente invitadora, y él la miró estupefacto.
—¿Dónde está todo el mundo? —preguntó con dificultad.
Hinata agitó una rosa como si fuera una varita mágica.
—Los he hecho desaparecer a todos. —Sonriendo enigmáticamente, se acercó a él para abrazarlo—. Bueno, ¿qué te apetece primero? —pregunto—. ¿Cenar... o yo?
Naruto soltó las rosas, que cayeron al suelo formando un montículo a sus pies. Se quedó quieto mientras ella se apretaba contra él, sedosa, fragante y profundamente femenina. Naruto la abrazó. Notar su cálida piel a través de la prenda transparente bastó para que la boca se le resecara y la entrepierna se le despertara dolorosamente. Intentó controlar la ardiente excitación que lo invadía, pero la deseaba tanto y su necesidad física era tan grande que todo lo que pudo hacer fue quedarse quieto e intentar respirar con normalidad. Hinata metió las manos debajo de su chaqueta y empezó a moverlas con destreza, desabrochándole los botones, tirando de la tela hasta sacarle la camisa del pantalón. Posó suavemente una mano en su miembro erecto, duro como la roca, acariciándolo y estrujándolo, y él notó que sonreía contra la pechera de su camisa.
—Supongo que esto responde a mi pregunta —musitó Hinata, y empezó a desnudarlo.
A pesar de su patente excitación, Naruto consiguió articular algunas palabras.
—Hinata, me temo... oh, Dios. No puedo controlarme.
—Entonces no lo hagas —dijo ella con sencillez, y lo atrajo hacia sí.
Él se resistió, mirándola atormentado.
—Si te hago recaer...
—Amor mío. —Hinata le acarició la mejilla con la mano, sonriéndole con ternura—.¿Acaso no sabes que tu amor sólo me da fuerzas? —Le tocó suavemente la tensa comisura de la boca con la yema del dedo—. Dame lo que necesito, Naruto —susurró—. Ha pasado demasiado tiempo.
Gimiendo, él la besó en la boca, introduciéndole la lengua muy adentro, y el placer que sintió lo enfebreció. Siguió besándola sin parar, chupándola, acariciándola, devorándola, mientras le acariciaba los senos a través de la seda, las redondeadas caderas, las nalgas. Tocarla le daba vértigo. La arrastró hasta la cama, la echó sobre el colchón, y empezó a quitarse la ropa hasta quedarse casi desnudo. Se montó sobre ella, buscando con las manos y la boca la piel blanca que el salto de cama dejaba al descubierto, mientras Hinata le susurraba con apremio que se lo quitara.
—Tiene botones —jadeó—. No, ahí no, aquí... si, y la cinta que se ata... Oh, sí...
Cada vez más desesperado, Naruto fue incapaz de desabrocharle todos los cierres.
Al final, decidió subirle las faldas transparentes hasta la cintura y se colocó entre sus muslos abiertos. La penetró, empujando y embistiendo hasta sentirse completamente envuelto por su sedosa calidez. Hinata gimió y se aferró a él con brazos y piernas, alzando las caderas para sentirlo más adentro. Sujetándole la cara entre las manos, él le besó la boca abierta y empezó a embestir sin control, tomándola con acometidas primitivas y apremiantes que la hicieron gemir en sus labios. Hinata le clavó las uñas en la espalda, y él se estremeció y empujó con más fuerza, hasta alcanzar al fin el clímax. Durante unos instantes, la explosión de placer le pareció demasiado intensa para soportarla, como si una corriente de lava le hubiera recorrido el cuerpo. Justo cuando el fuego de su clímax empezaba a apagarse, Naruto notó que los músculos internos de Hinata se tensaban alrededor de su miembro. Él recibió su grito en la boca y se mantuvo tan dentro de ella como pudo, montándola hasta que el último temblor hubo desaparecido.
Se quedaron echados en la cama, recuperando el aliento y relajados, y se ocuparon en placenteras caricias. Naruto pasó los dedos por el atractivo cuerpo de su esposa, desabrochándole el salto de cama por completo y quitándoselo. Hallando una rosa que había caído en el almohadón, la recogió y se la pasó por la piel perlada de sudor, haciéndole cosquillas en los senos y en el ombligo, acariciándole suavemente entre los muslos.
—Naruto —protestó ella, deleitándolo cuando se ruborizó.
Él se rió perezosamente, sintiéndose en paz por primera vez durante meses. —Bruja —musitó—. Sabías que quería esperar más tiempo antes de hacer esto.
Hinata se incorporó con una sonrisa triunfal. —Tú no siempre sabes lo que es mejor para mí.
Naruto le hundió las manos en el cabello y la urgió a besarlo. —¿Y qué es lo mejor para ti? —le susurró cuando sus labios se hubieron separado.
—Tú —le informó ella—. En las mayores dosis posibles.
Lleno de adoración, Naruto miró su rostro radiante. —Creo que puedo complacerte, amor mío. —La abrazó estrechamente y volvió a hacerle el amor.
Naruto sintió haber recuperado todo lo que había perdido en esos meses, la felicidad volvió a ellos, Neji y Tenten se casaron en una ceremonia que será recordada por todos por lo pomposa y extravagante, pero a la feliz pareja no le importo, de hecho eran los más felices.
Meses después, llego la mejor noticia para todos, Hinata esperaba su segundo hijo, el fruto del amor entre ella y Naruto, Hinata no podía ser más feliz, se sentía muy afortunada de volver a tener a alguien en su vida, su alma gemela. Siempre habrá un lugar especial en su corazon para Toneri, se sentía en paz, sabiendo que él estaba tranquilo con el hombre que ella había elegido. Si quieres a alguien, lo único que quieres para esa persona es su felicidad, incluso si tu no se la puedes dar, y Hinata estaba segura de que Toneri, desde aquel lugar, podía ver lo felices y amadas que ellas eran.
"Volver a amar" Es una adaptación a los personajes de Naruto de la novela "Donde empiezan los sueños" originalmente publicada en el año 2000, los nombres originales de los protagonistas son: Zachary Bronson y Lady Holland Taylor
Autora: Lisa Kleypas
