CAPÍTULO 1

Estaban en la cubierta del Sunny, todos estaban distraídos, Luffy, Brook y Chopper correteaban por la cubierta, Nami estaba regando sus mandarinos, Sanji estaba en la cocina preparando la cena y Franky y Usopp haciendo mejoras al barco. Robin estaba apoyada contra la barandilla del barco fingiendo leer un libro y mirando de vez en cuando a sus nakamas jugar, a su lado Zoro levantaba una mancuerna con una mano. Pero… ¿qué estaba haciendo el espadachín con la otra?

La mano derecha la tenía metida bajo la minifalda de Robin y estaba muy concentrado dándole placer. Sus dedos entraban y salían de ella con tortuosa paciencia mientras que con su índice masajeaba su clítoris. Desde donde estaban sus tres nakamas jugando no podían ver la mitad inferior de estos dos y el resto estaba demasiado lejos para pillarlos.

- Robin, ven a jugar con nosotros, Brook no para de hacer trampa.- dijo un muy entusiasmado Chopper.

- Luego voy médico-san, déjame que termine el libro, ah.- un sutil gemido salió de su boca ya que Zoro había acelerado los movimientos.

Chopper siguió jugando con su tramposo compañero y su senchou, mientras Robin aprovechó que nadie los miraba para hablar bajito con su espadachín.

- Kenshi-san para, he estado a punto de soltar un grito.- Robin lo decía todo lo enfadada que podía mientras su placer aumentaba.

- ¿Entonces quieres que pare? - una media sonrisa cruzó el rostro del espadachín, sabía que ella estaba a punto.

- Sigue.- fue más una súplica que una orden pero Zoro obedeció.

Sus grandes dedos se volvieron más violentos y la penetraban con fuerza mientras su índice masajeaba con decisión todo su clítoris. Robin alcanzó el orgasmo escondiéndose detrás de su libro para que nadie pudiera ver su cara y conteniendo un pequeño grito. En el momento en que Zoro sacó los dedos, mientras Robin seguía tratando de recuperar el aliento, Sanji anunció que la cena estaba lista. Zoro se giró hacia Robin y se metió los dos dedos que había tenido dentro de ella en la boca, se fue a la cocina pasando por su lado y susurrando un "yo ya me he tomado el aperitivo" demasiado sensual en su oído.

La cena transcurrió normal para los Mugiwara, lo que quiere decir que no fue nada normal, Sanji servía a sus damas con devoción mientras Nami repartía puñetazos para intentar tener una cena tranquila y el resto solo daba mucho el espectáculo. Se notaba que estaban tranquilos y que pronto llegarían a una isla para tener más aventuras. Zoro acabó la cena pronto y se fue al nido del cuervo a reflexionar.

La verdad es que ya llevaban algún tiempo haciendo eso, primero fueron un par de besos fugaces, luego otros no tan fugaces, luego tocamientos un poco indecentes en los pasillos del Sunny, pero no sabía cómo habían llegado a esa situación. Ahora los tocamientos pasaron a algo más. Zoro la tocaba con disimulo en frente de todos o la acorralaba contra la pared cuando nadie pasaba cerca para disfrutar de su boca. Ahora había llegado a masturbarla delante de la tripulación… si alguien llegara a pillarlos recibiría una buena paliza por más de uno de sus nakamas. Intentó concentrarse pero apenas mantenía la calma, un sabor se mantenía en su boca por mucho que hubiera comido y bebido sake después. Era lo más delicioso que había probado nunca y se maldijo a sí mismo por ello.

Se maldijo por haberla besado hace ya casi dos meses, después de volver de la separación. Fue una tarde tonta en la que ella se paseaba por el barco mostrando lo bien que había madurado aquellos dos años y cuando se cruzó con Zoro en uno de los pasillos de ese enorme barco le soltó una de sus frases sugerentes, una de tantas que había oído en los últimos días, pero esta vez el espadachín no le gruñó, no le ignoró, ya no podía más, pensó que esa mujer se merecía que le parara los pies. Así que la agarró de la cintura y le dió un beso, un beso que ella enseguida correspondió y que se intensificó por momentos, hasta que oyeron ruidos en el pasillo. Se separaron y cada uno se fue por su lado. Los dos habían conseguido lo que querían, él callarla y ella probar el sabor del sake de labios del espadachín. Eso había ocurrido hacía ya un par de meses y se había repetido mucho, besos fugaces, miradas indiscretas y una tensión entre ambos que cualquiera podría cortar con un cuchillo. Sin embargo se mantenían comedidos y nadie del barco sospechaba nada aún.

Zoro siguió calibrando la situación, su estructurada vida se estaba viniendo abajo. Él lo tenía claro, su vida era su sueño, entrenar, el sake, dormir y sus nakamas, no había nada más en aquella ecuación hasta que la besó. Entonces todo cambió y una nueva variable se añadió al conjunto, una variable que parecía capaz de empañar todo. SIguió pensando y se dio cuenta que a Robin le había gustado aquello, que la tocara incluso cuando otros podrían pillarla, que los besos que se daban a escondidas cerca de la cocina de Sanji o cerca de la enfermería donde estaba Chopper haciendo medicinas eran los más intensos y los más provocadores. Entonces cayó en la cuenta… "Maldita onna, tendré que hablar con ella" aunque estaba seguro que le daría lo que ella pidiese con tal de besar esos labios otra vez. Se recostó decidido a dormir un poco convencido de que aquella mujer iría a verlo más tarde esa noche.

Robin por su parte estaba en la biblioteca intentando leer un libro, pero con poco éxito. No paraba de pensar en lo que había ocurrido hoy. Era verdad que había coqueteado con él desde que entró a formar parte de los Mugiwara, pero no pensó que él respondería a sus coqueteos y menos que acabarían así. Hoy se había entregado, había dejado que un hombre la masturbase en público y ella lo había disfrutado, lo había disfrutado muchísimo. Ya no recordaba la última vez que había disfrutado con un hombre del sexo y mucho menos la última vez que un hombre le había hecho alcanzar el orgasmo con solo tres dedos. La pelinegra se justificaba diciendo que eran nakamas y que confiaban el uno en el otro, pero ese argumento ya apenas le valía para la situación que estaba viviendo. Debía parar, su mente racional le decía que debía parar a toda costa o esto les explotaría en la cara y tendrían problemas con su tripulación. Sin embargo, su inconsciente, su lado emocional y carnal le decía que no parase, que con solo verlo relamerse los dedos había conseguido que ella quisiera abalanzarse sobre él y olvidar el mundo. Pero debía parar antes de que él le hiciera daño, o ella le hiciera daño a él. Las últimas semanas lo había mirado entrenar con poco disimulo, fantaseando con que la tocaba allí mismo y aprovechaba cualquier oportunidad para tocarlo de manera indecente o estar demasiado cerca.

Ellos, que se comunicaban más sin palabras que con ellas, no habían hablado abiertamente de lo que estaba pasando. Ambos entendía que no se lo podía decir a nadie y que no podían llegar a más. Pero, ¿qué había de malo en tener un poco de diversión de vez en cuando?, sobre todo cuando la diversión era tan satisfactoria. Decidió que tenía que hablar con él por fin y sabía que él la estaría esperando.