CAPÍTULO 2

Robin subió al nido del cuervo haciendo poco ruido y cuando estuvo dentro vio a su espadachín con su pantalón de entrenar recostado en un sillón con los ojos cerrados. Se quedó demasiado tiempo mirando su torso y por eso se asustó cuando él habló.

- Te esperaba .- dijo abriendo el ojo y sentándose bien .- Ven, creo que tenemos que hablar.

- Que perspicaz Kenshi-san, fufufu .- dijo con su sonrisa mientras se sentaba en el sillón de enfrente.- Cuéntame, qué es eso que tienes que decirme.

- Primero quiero dejar claro que esto no saldrá de aquí .- se notaba que había preparado el discurso.- y… obviamente no puede ir a más, no somos personas hechas para mantener una relación, somos piratas.

- Cierto espadachín .- Robin asintió expectante al discurso de su nakama.

- Por otro lado a mí me gusta lo que hacemos y sospecho que hay algo oculto que todavía no has captado, pero eso lo explicaré después. Creo que lo más sensato es establecer normas y límites, pero quiero que seas tú la que los ponga.

- Bonito discurso .- Robin rió bajito pero ante la mirada de fuego que le lanzó él se calló.- Creo que tienes razón. Jamás querré una relación seria y sospecho que tú tampoco y ninguno quiere que esto se haga público, ni siquiera entre nuestros nakamas. Esa será la primera regla, que nadie se entere de esto. La segunda es que no me tratarás diferente de cara a los demás ni cuando estemos peleando. La tercera regla es nada de camas. Nos divertiremos pero nada tan íntimo como una cama y nada de pasar la noche juntos. ¿Qué te parece? .- Zoro asintió despacio, eran reglas aceptables.- Ahora cuéntame qué es eso oculto que no he captado.

- Siempre con ganas de saberlo todo onna .- Zoro rió y aguardó unos segundos para darle más dramatismo a lo que iba a decir a continuación.- no se si te has dado cuenta o no pero estoy empezando a sospechar que eres un poco exhibicionista, te gusta el riesgo de que te puedan pillar en un sitio público.

- ¡¿QUÉ?! tienes que estar bromeando.

Zoro rió por haber conseguido desestabilizar a la mujer de hielo pero no dijo nada esperando mientras Robin valoraba sus acciones y palabras. Solo cuando sus mejillas adoptaron un tono un tanto rojo supo que se había dado cuenta. Le gustaba el riesgo de saber que la podían pillar y de estar haciendo algo que solo ella sabía. Cuántos misterios había en esa mujer.

- Veo que tenía razón, pero no hay que avergonzarse, yo estaré encantado de explorar ese lado también. La verdad es que me ha gustado ver cómo te has deshecho en silencio. Solo espero que sepas los riesgos que eso puede tener para mantener a salvo tu regla número uno.

Robin asintió y todavía un poco colorada se fue del nido del cuervo para reflexionar sobre todo aquello. ¿Acababa de iniciar una especie de relación con Zoro? No sabía cómo tomarse aquello pero sabía que mientras ambos respetasen las normas todo iría bien, y si él estaba dispuesto a explorar otras cosas, ella encantada.

Al día siguiente llegaron a una isla. No era demasiado grande ni demasiado hermosa, pero sí lo suficientemente tranquila para que los Mugiwara pudieran ponerse al día y descansar. Pasaron todo el día en la playa y como el Log Pose tardaría una semana en cargarse decidieron tomarse el día de descanso. Por la noche Nami sugirió ir a una fiesta en una discoteca que según le habían dicho unos chicos esa tarde en la playa estaba bastante animada. Todos se vistieron más o menos elegantes, sin duda los más elegantes eran Sanji, que se había puesto un traje de tres piezas, y las chicas. Zoro pudo comprobar esa tarde dos cosas, que Robin era perfecta se pusiera lo que pusiera aunque fuera un vestido de gasa demasiado corto aunque no ceñido, muy poco típico en ella y que su capitán miraba a la bruja husurera como mira a la carne, ambos sin duda datos relevantes.

Llegaron a la discoteca y se sentó en una mesa un poco apartado del local con su botella de Sake. Veía como todos se lo pasaban en grande bailando en la pista, Brook había convencido al DJ para que le dejara pinchar música un rato, Sanji se había ido detrás de alguna falda y Franky había encontrado unos cuantos "hermanos" a los que impresionar con sus posturas. El resto bailaban en la pista felices. Un rato de calma después de tanta aventura no venía nunca mal. Zoro se acomodó mejor en el pequeño sofá y se dedicó a contemplar a Robin. Bailaba de manera discreta al lado de Nami hasta que lo pilló mirándola. Zoro no apartó la vista y Robin entonces se desató en la pista de baile. Él la estaba mirando de esa manera que abrasa y ella sintió un incendio por dentro, se entregó al baile, se subía el vestido con las manos y movía las caderas como si hiciera eso todos los días, sintiendo que con solo una mirada la volvía loca. Sonrió un poco cuando notó unas manos en sus caderas pero cuando se dio la vuelta y vió que no era él se apartó, ni siquiera estaba ya mirándola. Se disculpó con Nami y se dirigió al baño en la parte de arriba, pasó por unas cristaleras negras y llegó al baño de señoras casi a la carrera. Pero antes de llegar se topó con la figura de Zoro en una esquina y lo vió hambriento.

- ¿Estabas bailando para mí? .- lo dijo en un murmullo bajo pero ronco acercándose al cuello de Robin.

- ¿Te ha gustado? .- Zoro asintió sobre su cuello y le dio un pequeño beso.- ¿Te ha excitado?

- Joder Robin claro que me ha excitado, mírame.

Zoro le cogió la mano y la puso en su entrepierna, estaba bastante duro solo con verla bailar, ver cómo se movía como si solo lo estuviera haciendo para él y lo mucho que la necesitaba en ese momento. Entonces ella empezó a masajear el abultado pantalón y Zoro perdió la poca cordura que le quedaba, la empujó hasta una pequeña puerta que daba a una sala de reuniones vacía. Los cristales estaban tintados por lo que ellos podían ver el exterior de la discoteca pero el resto no podía verlos a ellos, eran la misma cristalera por la que Robin había pasado para ir al baño. Desabrochó con poco tacto el nudo de su vestido y este cayó con gracia a los pies de ella. La empujó hasta que sus pechos tocaron el frío cristal.

- ¿Qué ves? .- le preguntó Zoro mientras acariciaba el abdomen con una mano y con la otra intentaba desabrochar el sujetador.

- Veo toda la discoteca, puedo ver a nuestros nakamas y a toda esa gente sudorosa bailando y bebiendo.

Zoro le desabrochó el sujetador y se lo quitó volviendo a poner sus pechos ahora desnudos sobre el frío cristal. Eso hizo que los pezones se le pusieran duros a la arqueóloga y soltara un gemido ronco. Estar así le excitaba mucho, podía ver a todo el mundo ahí abajo pero si alguien miraba ese cristal negro no sabría lo que habría detrás. Esa sensación de ser contemplada pero sin peligro de ser vista era vibrante y casi no le dejaba pensar.

- ¿Esto es lo que te gusta verdad? .- Zoro coló dos dedos en su interior mientras que le recogía el pelo en una coleta y le mordisqueaba el cuello. Robin solo respondía con pequeños gemidos.- Te gusta sentir cómo los demás podrían verte pero no lo harán, nadie puede saber que tienes tus pechos pegados al cristal, tan cerca de todo el que pasa por el pasillo ni podrán oírte gritar cuando alcances el orgasmo con la música tan alta.

Robin no sabía cómo el espadachín podía sonar tan sensual y ponerle voz a sus pensamientos y no se explicaba cómo parecía que aquella situación le era normal a él, intentó anotar en la pequeña parte racional de su cabeza que tendría que averiguarlo después. Zoro aumentó la velocidad con los dedos mientras pellizcaba ahora uno de sus pezones endurecidos y Robin que no pudo aguantar más se vino en la mano de Zoro con un grito de lujuria mientras contemplaba todos esos cuerpos bailar ajenos a lo que estaba pasando. Oyó cómo el espadachín se bajaba un poco los pantalones y rasgaba un preservativo. Se situó y la penetró poco a poco, con mucha calma.

- Otra vez Robin, córrete otra vez para mí.- Zoro le hablaba con la voz totalmente entrecortada.

Le masajeaba el clítoris mientras empezaba las embestidas y Robin estaba a punto de llegar al cielo otra vez. Con unas embestidas más profundas Robin no aguantó más y volvió a correrse en un orgasmo mucho más intenso que el anterior que catapultó a Zoro al suyo propio. Ambos se quedaron en silencio recobrando la respiración. Era la primera vez que mantenían relaciones completas y había sido perfecto para ambos, un poco brusco y precipitado pero igualmente intenso.

- Ahora aceptarás que te gusta sentirte observada, aunque no creo que puedas seguir bailando para nadie después de esto.

Robin sabía que tenía razón, le temblaban las piernas y jamás había tenido dos orgasmos tan seguidos, estaba hecha polvo y había descubierto muchas cosas interesantes esa noche, tanto suyas como de su espadachín. Ambos se vistieron en silencio y dándose un beso antes de salir Robin volvió con sus nakamas y Zoro se fue al barco dando por terminada la noche.