CAPÍTULO 3
En el desayuno todo el mundo parecía de muy buen humor, pero Zoro captó que su senchou no estaba comiendo y riendo como hacía siempre pero claramente no era de los que se metían en asuntos de los demás, sobre todo si eso podría acarrear más deudas con la bruja.
Mientras a Robin, sentada enfrente del espadachín se le ocurrió una idea de lo más malvada. Quitándose un zapato acercó un pie por debajo de la mesa hasta la entrepierna del peliverde. Este le lanzó una mirada de fuego pero no le apartó el pie en ningún momento. Robin entendió esto como una aprobación y empezó a masajear con delicadeza. Pronto la entrepierna del espadachín estaba realmente dura. Se acabó el desayuno pronto y se concentró en su sake y en mirar a la arqueóloga como si quisiera saltar encima suya. Robin parecía no prestar atención a aquello y entablaba una conversación con la akage mirando de reojo de vez en cuando. Aumentando el ritmo de sus movimientos notó como la cuarta katana se iba haciendo cada vez más grande pero antes de que llegaran a mayores Zoro le apartó el pie y salió de la cocina sin llamar demasiado la atención. Se fue a la ducha sin creer que esa onna fuera tan descarada, ya se lo haría pagar. Se metió en la ducha fría pero aquella tremenda erección no bajaba y sintió como de su cuerpo surgían dos brazos fleur que se dedicaban a "aliviarlo". Miró a todos lados pero Robin no estaba, aunque pudo observar un ojo fleur en una esquina. "Así que también te gusta observar a otros eh" dejó que le hiciera aquello y se sintió bastante satisfecho cuando el trabajo manual estuvo hecho, suspiró cuando los brazos desaparecieron en una lluvia de pétalos y susurró para sí "maldita onna que estás haciendo conmigo…".
Esa noche decidieron volver a la discoteca pero no querían arriesgarse a dejar el barco solo otra vez por lo que le "tocó" a Zoro quedarse a vigilar. Era un pueblo muy tranquilo y tenía su haki de observación lo suficientemente desarrollado para no tener que estar mirando por la ventana todo el rato, así que aprovechó para entrenar un poco y luego beber algo de sake tranquilo en la cocina. Supo, antes incluso de que esa mujer pisara el barco, que Robin se acercaba con paso tranquilo y decidió esperarla en la cocina.
- Llegas pronto ona ¿todavía te tiemblan las piernas? .- Zoro sonrió de medio lado, de esa manera que hacía palpitar entre los muslos a Robin pero ella lo disimuló a la perfección.
- No estaba tan animado como ayer .- se negó a confesar sus verdaderos motivos.- ¿no deberías estar vigilando?
- Estoy vigilando con el Haki.
- Los demás se lo estaban pasando muy bien en la discoteca .- se acercó y se sentó sobre Zoro.- todavía tardarán algún rato en venir…
Zoro no se consideraba la persona más inteligente del planeta pero captó la indirecta a la primera. Cogió a Robin de la cadera y la acomodó mejor sobre él, luego besó sus labios con calma pero Robin sabía demasiado bien para besar con cuidado. Pronto invadió la boca de ella y sus lenguas empezaron su particular batalla de poder, le metió una mano bajo el vestido y gruñó cuando notó las ligas por debajo de ese vestido tan ceñido, le quiso preguntar por qué esa noche que él no iba a la fiesta se había puesto tan sexy pero pensó que no tenía el derecho a preguntar eso, además la respuesta seguramente no le gustaría. Tiró de las ligas y estas sonaron contra el muslo de la arqueóloga sacándole un suspiro. La puso de pie frente a la mesa y la agachó un poco concediéndose el privilegio de mirar debajo del vestido, lo que vio le excitó todavía más, unas ligas negras se ceñían a sus piernas y un diminuto tanga también negro apenas le tapaba nada, Zoro le mordió el culo sin piedad, extasiado con las vistas que ella le ofrecía, sin pensarlo mucho se bajó los pantalones se puso el preservativo que llevaba en el bolsillo (lo había cogido antes solo "por si acaso") y penetró a Robin despacio. La arqueóloga se arqueó y apoyó su espalda en el pecho de él antes de volver a la posición de antes. Le empezó a masajear el clítoris mientras daba lentas pero profundas embestidas que la volvían loca. Zoro estaba al límite, llevaba toda la noche fantaseando con que ella volvía antes al barco y se había cumplido, ahora lo único que quería hacer era probarla de todas las maneras, comprender cómo volverla loca y disfrutar con su placer. Se acercó a su oído profundizando aún más las embestidas llegando a un punto en el que ella sentía que se podía derretir y aumentando el ritmo de sus dedos le susurró:
- ¿Te gusta Robin? estas tirada en esta mesa en la que comemos todos, en la que hemos estado hace apenas unas horas y ahora vas a correrte aquí y mañana todos volverán a desayunar en esta mesa y tú te acordarás de cómo estuviste y cómo gritaste justo aquí .- Robin no aguantaba más, que el espadachín le dijera esas cosas era demasiado para ella estaba al borde, Zoro lo notó y aumentó la velocidad de las embestidas.- eso es Robin córrete conmigo dentro.
Robin se corrió con un gemido pero cuando recobró un poco la conciencia se dió cuenta que Zoro estaba quieto, tenso, todavía dentro de ella, no se había corrido. Subiéndose los pantalones le cogió de la mano y se escondieron detrás de la isla de la cocina en el suelo. Robin le preguntó con la mirada y Zoro le hizo el gesto de silencio y le susurró que Luffy y Nami acababa de llegar al barco, Robin prestó más atención y los escuchó hablando cada vez más cerca, los iban a pillar y entonces todo su estúpido plan se iba a ir a la mierda. El capitán los vería allí sentados, escondidos con el miembro de Zoro todavía semierecto y ellos no tenían ninguna excusa demasiado buena para justificarlo. Pero entonces advirtió que el tono que estaba usando no era el de siempre, no eran las voces escandalosas que siempre daba ni había rastro de su risa y entonces la puerta de la cocina se abrió de un portazo.
- ¡¿QUIERES HABLAR CONMIGO!? NO ENTIENDO QUE TE PASA, LUFFY MÍRAME .- Nami estaba realmente enojada con su senchou.
- NO QUIERO HABLAR CONTIGO YA TE LO HE DICHO… - Luffy le gritaba pero luego bajó el volumen .- solo quiero comer algo, déjame en paz Nami.
- Luffy por favor, háblame, no lo entiendo… .- Escucharon como Luffy abría la despensa y luego la cerraba en completo silencio.- ¿Por qué le has pegado? no tiene sentido para mí.
- Te estaba tocando .- estaba usando ese tono que usaba en los grandes combates.
- No pasa nada baka, era una fiesta, estábamos bailando y me tocó el culo, soy mayorcita y una pirata, creo que puedo defenderme sola, no hace falta que actúes como un capitán en esos momentos…
- No estaba actuando como un capitán… - la cocina se sumió en un espeso silencio y la pregunta quedó en el aire pero su capitán, la persona más valiente y temeraria que Zoro y Robin habían conocido jamás, la respondió.- te quiero Nami y no quiero que ningún hombre te toque, quiero ser el único pero no te enfades conmigo ni te sientas incómoda, podemos estar como siempre, solo… intenta ser más discreta la próxima vez que te quieras acostar con un tío cualquiera.
Sin decir una palabra más y sin dejarle tiempo a la navegante para responder se fue de la cocina. Robin y Zoro se miraban con los ojos como platos y aún se abrieron más cuando Nami, creyendo que estaba sola susurró "yo también te quiero baka" y salió de allí. Cuando la cocina se quedó en completo silencio Zoro sintió que eran demasiadas revelaciones que gestionar en un solo día y se marchó al puesto de vigía tras darle las buenas noches a Robin. Esta se quedó un poco más en la cocina meditando sobre lo que había pasado, pero en vez de irse al cuarto que compartía con Nami le siguió los pasos a su espadachín.
- ¿No duermes? .- le preguntó Zoro sentado en su sitio oficial dentro del barco y sin abrir los ojos, no le hacía falta, reconocería ese olor en cualquier parte.
- Quiero dejarle un poco de espacio a navegante-san para que se aclare, mañana supongo que hablaré con ella.
- No deberías meterte, es algo que tienen que solucionar ellos dos.
- No voy a meterme, solo quiero que sepa que tiene un hombro sobre el que llorar y que la apoyaré en lo que haga.
- No le veo la complicación, los dos se quieren, pues que se lo digan y listo.
Los dos sabían que aquello no era tan fácil pero se quedaron en silencio sin nada más que decir. Robin se sentó al lado de Zoro y se quedó mirando el cielo pensando en todo lo que había pasado esa noche. Se puso ese vestido pensando en Zoro, en darle más hambre de la que le había dado ayer, queriendo provocarlo más y cuando se enteró que no iba a la discoteca sus ganas de ir se esfumaron, pero eso le dio miedo y al final fue, fingiendo que no le importaba, fingiendo que aunque iba con todos sus nakamas no se encontraba más sola que la noche anterior. Cuando en la fiesta se le acercó un atractivo chico y bailaron un rato pensó que estaría bien, no tenían una relación ni nada y podían acostarse con otras personas, pero cuando el chico le besó el cuello, Robin notó que eran unos labios extraños, no nuevos, extraños. No eran los labios de Kenshi-san, no eran sus manos y ese pensamiento hizo que dejase de desear al chico, se excusó con él y se fue de vuelta al Sunny. No podía reconocer que sus labios en solo unos meses se le habían vuelto tan familiares, que eran sus manos las que quería sentir en su cintura, no podía reconocerlo pero aún así volvió al barco y con desesperación se entregó una vez más a él.
- Deja de darle vueltas onna o te va a salir humo por las orejas.- Zoro le sonreía distraído desde el otro lado del sofá.
- Deberías hablar con el capitán .- Zoro negó con la cabeza.- no puede hablarlo con nadie más, Sanji le patearía la cabeza y los demás son unos inmaduros, habla con él…
Robin se recostó en el pecho del espadachín de espalda a este mirando la isla que se recortaba al fondo. Pensó lo fácil que era eso, lo fácil que era el silencio entre ellos y lo cómodas que se habían vuelto sus conversaciones. Zoro jugaba distraídamente con un mechón de pelo negro con una sensación de profunda calma y sospechando que haría cualquier cosa que esa mujer le pidiera.
- Quédate a dormir Robin .- lo dijo sin pensar, sin caer en la cuenta de que dormir juntos infringía una de sus normas, pero estaba tan a gusto con ella ahí…
- No puedo Kenshi-san, debo irme, Nami ya se habrá dormido.
Zoro no insistió y la arqueóloga dio gracias interiormente porque si él se lo hubiera pedido otra vez, si la hubiera abrazado con más fuerza ella se hubiera rendido, se habría quedado y entonces hubieran cruzado una línea que no sabrían a dónde conducía.
