CAPÍTULO 4

A la mañana siguiente, mientras entrenaba en cubierta, Zoro vio a su onna en la zona de las tumbonas hablando tranquilamente con Nami, aunque la bruja gesticulaba mucho Robin solo asentía y hablaba en pocas ocasiones, pasado un rato se abrazaron y se dispusieron a tomar el sol y beber los refrescos del cocinero. Supuso entonces que Robin había hablado con ella de todo, aunque esperando que no le hubiera contado que ambos le habían espiado o su deuda aumentaría hasta cantidades astronómicas. Acabó de entrenar y se dirigió a la cabeza del Sunny donde su capitán dormía.

- etto… Luffy… ¿podemos hablar? .- Ni sabía cómo iniciarla ni tenía ganar de mantener aquella conversación pero lo hizo por Robin y por la tranquilidad de su capitán.

- Oi Zoro, ¿Por qué estás tan serio? ¿NO SE HABRÁ ACABADO LA MESHI NOO?

- No baka… siempre igual. ¿Estás bien? llevas unos días raro y hoy ya es el colmo, apenas has sido un baka en todo el día.

- Sí, estoy bien .- volvió a poner la vista al frente.- aunque claro es tontería mentirte.

- ¿Nani? .- Zoro no entendía nada y tenía que andar con cuidado para no ser descubierto.

- No eres el único con Haki de observación, cuando me tranquilicé anoche me di cuenta que Robin y tú estábais escondidos en la cocina .- el cazador de piratas totalmente cazado por un pirata, menuda ironía.- así que obviamente nos oísteis. Robin y Nami acaban de hablar por lo que supongo que tú quieres hablar del tema también. No hace falta, estoy bien, solo tenía que sacarlo de dentro, ahora puedo ser el mismo baka de siempre.

El espadachín estaba impresionado con la capacidad de observación y análisis de su capitán, el que siempre se comportaba como un estúpido. Pero sabía que no decía la verdad y no sabía muy bien cómo ayudarlo sin confesar lo que había escuchado de labios de Nami.

- Como sea, si quieres hablar aquí me tienes. Solo déjame decirte que si Nami quiere hablar contigo la escuches, quizá te guste lo que tenga que decirte.

- No creo pero gracias, y Zoro, no seas un completo baka con Robin. La perdimos una vez, no quiero tener que ir a buscarla otra vez por tu culpa.

El almuerzo transcurrió con demasiada tranquilidad y silencio, los ánimos estaban un poco bajos pero cuando estaban en el postre recibieron una llamada al Den-den Mushi de parte del cirujano de la muerte. Se aproximaba a la isla y gracias a las Vivre card que habían intercambiado sabía que estaban allí y quería reunirse con ellos. Para Luffy solo podía significar una cosa, fiesta, para los demás, problemas. Zoro odiaba particularmente a Law, y aunque se engañaba diciendo que era porque sabía que nunca planeaba nada bueno, en el fondo odiaba cómo se acercaba a Robin y cómo le hablaba como si sólo ellos entendieran los misterios del universo.

Esa tarde todos se dirigieron al pueblo a hacer recados, recargar el barco de cola, comprar comida y medicamentos y algo de ropa. Por la noche se fueron a dormir relativamente temprano, esperando la visita del cirujano al día siguiente. Zoro estaba en el puesto de vigía, como siempre, y Robin subió con un gran libro a hacerle compañía, quería hablar un poco con él y comentar la visita de Law y las conversaciones con Nami. Para ella Zoro se estaba convirtiendo en su lugar seguro, el sitio en el que refugiarse, sabía que podía estar a su lado en silencio y pensar tranquila o bien mantener una conversación normal con un hombre que parecía comprenderla y aceptarla como ningún otro. Zoro estaba con gesto serio, últimamente le preocupaban muchas cosas, le preocupaba su capitán, le preocupaba Law y sus intenciones, pero por encima de todo le preocupaba cómo Robin se le había metido en su cabeza y se dedicaba a aparecer en cada pensamiento que tenía.

- No te preocupes kenshi-san, Law no nos traicionará y no le haría daño a nadie en esta tripulación, y si lo hace estoy segura que lo cortarás el pedacitos y se lo servirás a los reyes marinos, fufufu.

- No lo dudes, si se atreve a tocar a alguien sufrirá el peor destino .- Robin no supo identificar si era una amenaza en general o no quería que Law tocase a alguien en particular.

Robin soltó una breve risa y le sonrió de esa manera que parecía que estaba diseñada solo para él. Pasaron horas hablando sobre nimiedades y sobre Nami y Luffy, Robin le informó que se había declarado y que iban a intentar mantener una relación, aunque por ahora era un secreto que dirían cuando estuvieran preparados. Eso les llevó a pensar en ellos y su relación, aunque ninguno de los dos expuso en voz alta sus pensamientos. Robin se aventuró a preguntar aquello que llevaba guardando desde hacía dos noches.

- Kenshi-san ¿cómo se te da esto tan bien? .- viendo que Zoro no la seguía intentó ser más concreta.- la noche en la discoteca, parecía que las palabras te salían con mucha facilidad y sabías qué decir y hacer en cada momento, sentía curiosidad por saber dónde lo has aprendido.

Zoro le sonrió de medio lado y se acercó a ella haciendo que se echase con la espalda en el sofá y él se puso encima pero sin que sus cuerpos se tocasen.

- Así que te gusta cómo te hablo .- Zoro empezó a darle pequeños besos en el cuello mientras metía su mano por debajo de la camiseta, acariciando levemente la barriga de la arqueóloga.- También te gusta cómo te toco…

- No estás respondiendo… - Sabía que Zoro estaba intentando distraerla pero ella era una onna lista y quería respuestas.

- No lo sé Robin .- Zoro escondió su cabeza en el cuello de ella incapaz de mirarla a los ojos.- Nunca había hecho algo así, solo sé que a los dos nos gusta y me dejo llevar, me imagino lo que quieres oír o dónde te gustaría que te tocara y sigo mi instinto…

- Eso quiere decir que has hecho otras cosas .- un brillo de curiosidad asomo a los ojos más bonitos que Zoro había visto nunca, aunque este no se percató del miedo a oír aquello que escondían.- Cuéntamelo Kenshi-san.

Zoro viendo que no iba a poder seguir besándola y no responder a su pregunta la cogió de la cintura y la llevó con él, de manera que ahora él estaba recostado con el sofá en su espalda y ella tumbada encima, con sus manos puesta en el pecho de él. Él le habló de las chicas con las que había estado, principalmente líos de una noche con chicas que conocían en alguna isla, aunque le acabó confesando que no habían sido muchas, ya que su estilo de vida no le dejaba mucha opción, le confesó que nunca se había enamorado, eso lo distraería de su sueño y no se lo permitía. Robin por su parte le contó los hombres con los que había estado y confesó que alguna vez lo hizo a cambio de algo pero igual que Zoro nunca se había enamorado, ella jamás se lo permitió tampoco. Ambos se escucharon en silencio captando cada detalle de la conversación, haciendo pocas preguntas y cuando acabaron sintieron que habían expuesto su corazón como nunca antes y sin saber por qué ambos se sonrojaron.

Quedaban ya un par de horas para el amanecer cuando Zoro empezó de nuevo con los besos en el cuello. Después de pasarse casi toda la noche en vela hablando con aquella mujer y contándole cosas que no le había contado a nadie estaba decidido a hacerle el amor despacio, quería tomárselo con calma y hacerle saber sin palabras lo que esa noche había significado para él.

Empezó con pequeñas caricias en la espalda con las que Robin se dejó ir, y siguió con lentos besos en el cuello. La tenía sujeta contra su pecho, una mano trazando pequeños círculos en el bajo de su espalda y la otra le acariciaba el pelo y aunque solo estaban así, vestido y dándose besos con calma aquello se sintió de pronto mucho más íntimo que todo lo que habían hecho hasta entonces. Zoro tumbó de nuevo a Robin contra el sofá y fue quitándole la ropa poco a poco besando cada centímetro de piel que quedaba expuesto. Cuando la tuvo desnuda siguió toda su silueta con la boca depositando besos desde sus labios hasta las piernas, la arqueóloga se retorcía ante las lentas caricias del espadachín y suspiraba por más pero le dejó hacer, sabía que al final la espera tendría su recompensa. Le besó la cara interna de los muslos deleitándose con la suavidad de la piel de aquella zona. Robin le imploraba con la mirada más intensidad y Zoro con una sonrisa de medio lado metió la cabeza entre las piernas de su arqueóloga.

Primero fue despacio, dejando que el placer creciera poco a poco succionando con cuidado y dando besos aquí y allá por sus piernas, Robin le cogía del pelo y le instaba a ser más rudo a ayudarla a llegar ya pero Zoro tenía otras ideas.

- Tranquila, no seas ansiosa voy a hacer que te corras pero primero deja que te saboree.

Se lo dijo con los labios pegados a su piel y ella no pudo dejar de sentir el aliento caliente en aquella zona tan sensible, se iba a volver loca si seguía jugando con ella y aún así no dijo nada, no podía, toda ella se deshacía bajo los labios del espadachín. Zoro siguió besando y lamiendo y metió un dedo dentro de ella lo que le hizo soltar un gemido ronco. Robin pensó que el espadachín la besaba con devoción, como si hacer aquello le estuviera produciendo más placer a él que a ella y eso le encantaba, notaba como su orgasmo empezaba a formarse allí abajo. Zoro besó y engulló cada uno de los sonidos que le arrancaba con la boca, devorándolos como un cabrón avaricioso y metió otro dedo dentro de ella. Trazaba círculos dentro y empezó a aumentar la velocidad con su boca, besando y succionando ahora un poco más fuerte, mordiendo un poco para producirle más placer y Robin no aguantó más y se vino ahogando un grito contra su brazo. Zoro siguió moviendo los dedos dentro prolongando el orgasmo, mientras probaba su sabor. Cuando se hubo calmado sacó con cuidado sus dedos y los lamió. Apoyándose con cuidado en un costado del sofá para no aplastarla le susurró al oído.

- Eres extremadamente deliciosa.

- ¿más que el sake? .- estaba extasiada pero siempre podía provocar a su hombre un poco.

- Ni el mejor de los sakes puede compararse a tu sabor.

Robin le besó y se recostó en su pecho. Pensó que cada vez era mejor que la anterior, y aunque creía que con el tiempo la intensidad y la emoción disminuirían era todo lo contrario, cada vez conocía mejor su cuerpo y la intimidad y confianza era mucho mayor. Siguieron besándose, devorándose y jugando en ese sofá hasta que escucharon a Sanji dirigirse a la cocina para preparar el desayuno. Robin, aunque agotada se vistió y bajó disimuladamente a darse una ducha sin ser vista, tendría que tomarse una buena siesta después para compensar estar toda la noche en vela y toda la actividad de las primeras horas del día. Zoro por su parte no esperó a que fuera más tarde, se vistió y se durmió allí mismo, en el mismo sofá en el que hacía solo unos minutos había tenido a Robin solo para él, durante horas, en una intimidad que no había compartido con nadie jamás.