CAPÍTULO 6

Apenas los primeros rayos de sol aparecían por el horizonte cuando Robin salió del barco con un bikini blanco con detalles en coral y un pareo a juego. Estuvo paseando por la larga playa pensando en todo lo que había hablado con Nami y en todo lo que había pasado los últimos meses. Pensó la razón por la cual no llamaba al espadachín por su nombre y al final acertó a adivinar que era por miedo. Miedo a admitir que se había colado en un lugar muy profundo de su alma y que ella no quería que saliera de allí, pero ambos habían jurado no enamorarse y ella debía mantener la promesa. ¿Debería ser sincera con el peliverde o guardar su corazón y mantener la relación con las mismas reglas que ella había impuesto? Debatía todo eso cuando vió, apoyado contra una palmera, a una silueta muy familiar.

Sentado al final de la playa se encontraba Zoro y aunque pudiera parecer que estaba dormido Robin sabía que no lo estaba, por la forma en la que agarraba la empuñadura de su espada y las suaves respiraciones sabía que estaba descansando pero vigilando. Se acercó cautelosa y se agachó a su lado.

- ¿Los ronquidos del capitán no te dejan dormir? fufufu

- No. Veo que estás de buen humor esta mañana, pero no deberías desaparecer sin avisar a nadie del barco.

- ¿Preocupado? .- Robin lo dijo con tono coqueto pero algo se encendió en su interior ante la posibilidad, Zoro abrió su ojo sano y le clavó una mirada enfadada por lo que Robin comprendió que no estaba para bromas.- Vamos no pongas esa cara, me alegro que estuvieras lo suficientemente preocupado como para sentarte en la playa a esperarme. Eres todo un caballero.

Sin darle tiempo a responder se sentó a horcajadas sobre él y comenzó a besarlo lentamente. Lo besaba porque le apetecía pero también porque así no tendría que mantener una conversación que no sabía a dónde iría a parar y porque no quería ver a su peliverde enfadado con ella. Zoro al principio no correspondió el beso pero cuando las manos de Robin se pasearon por su pecho y sus dientes mordieron su labio abrió la boca y se entregó por completo. Le cogió la cara, buscando un ángulo más óptimo para profundizar el beso y Robin comenzó a hacer pequeños círculos con sus caderas sobre la entrepierna del peliverde, este gruñó y bajo su boca a los pechos de la arqueóloga, los cuales besó con cuidado y mordió un poco por encima de la pequeña tela. Robin le desabrochó los pantalones y metió una mano para masajear con cuidado, Zoro enseguida correspondió con pequeños movimientos de su cadera y subió levemente la parte de arriba del bikini para tener acceso completo a sus pechos. Mordió y beso, con ayuda de sus manos, cada centímetro de piel dejando a ambos muy excitados. Moviéndose a sus caderas apartó la parte de abajo del bikini y la sentó sobre él esperando a que se acostumbrara. Se quedaron así un momento, él recostado contra una palmera con las manos en las caderas de ella contemplándola como si fuera un tesoro y ella encima con el pareo tapando parte de la acción, con el pene de Zoro quieto dentro de ella y sus manos en su verde pelo mirándose a los ojos sin saber qué decir.

- Pareces una musa vestida de blanco y con esa cara que pones en estos momentos.

- Estamos justo en frente del barco, cualquiera que se asome a la barandilla podría vernos al otro lado de la playa.

- ¿no es eso lo que te gusta Robin?

Robin iba a responder que era peligroso y una tontería hacerlo allí pero entonces Zoro empujó sus caderas más profundo en ella y solo un gemido salió de su boca. Empezaron a moverse al compás, sin esfuerzo ninguno se adaptaron al ritmo y aquello se sentía genial. Sus cuerpos se pegaron más aún, Zoro no estaba preparado para la sensación del roce de su pecho desnudo contra los pechos de la arqueóloga, de notar sus muslos enroscados alrededor de sus caderas, era demasiado, demasiado bueno joder. Cogiendo entre sus manos y mordiendo los pechos de la arqueóloga Zoro se corrió con un profundo gruñido y Robin se vino cuando sintió todo aquello. Ambos se quedaron así un poco más, sus cuerpos pegados, sus respiraciones agitadas y Zoro aún dentro de ella. Con mucha delicadeza le puso el bikini en su sitio y besó tiernamente la piel por encima de sus pechos. Dejó caer sus manos a las caderas de la pelinegra esperando a que ella hiciera algo, pero un atisbo de sorpresa por la acción de Zoro se mezclaba entre los restos de placer en su cara, entonces Zoro cayó en algo.

- Mierda Robin, lo hemos hecho sin condón…

- No te preocupes por mi parte, estoy limpia y no me acuesto con nadie desde hace mucho .- Era verdad, desde que había conocido al espadachín todos los hombres del mundo dejaron de existir para ella, por eso temía tanto preguntarle por qué se había asustado tanto .- ¿tú si te has acostado con otras? en ese caso deberíamos haber tenido más cuidado.

- No, no, yo… .- "estoy tan loco por tí que jamás podría acostarme con otra" lo pensó pero no lo dijo, todavía no era el momento .- Tampoco me he acostado con nadie a parte de tí, pero podríamos ¿no? nunca dijimos que no podíamos acostarnos con otras personas.

- Claro que podemos, no tenemos una relación ni nada .- aunque eso era verdad, decirlo le partía el corazón y pudo ver un reflejo de dolor en el ojo de su nakama .- creo que es mejor que regrese al barco…

- Será mejor si .- Zoro tenía clavada la mirada en el horizonte porque sabía que si la miraba descubriría lo que estaba pensando.

- Hasta luego, Kenshi-san.

Se levantó y se dirigió de nuevo al barco. Zoro no sabía en qué momento las cosas se habían torcido, pero le dolía el corazón demasiado, más que cualquier herida física. Lo había vuelto a hacer, había vuelto a construir una barrera en torno a su corazón y había vuelto a llamarlo Kenshi-san. Él, que se consideraba endemoniadamente valiente tenía pánico, quería luchar por derribar los muros que había levantado la arqueóloga pero sabía que si no lo conseguía, si ella le rechazaba, se hundiría y sería mucho más doloroso que mantener una relación tan extraña como la que tenían ahora. Como estaba solo se permitió soltar una lágrima por ella.

Sanji, que había ido temprano al mercado para comprar algo para el desayuno, porque sus queridos nakamas habían arrasado con todo la noche anterior se encontró con una imagen insólita. Robin, con su bikini y su pareo se dirigía al barco con paso seguro pero con la cabeza agachada y sus hombros temblaban levemente. Al girar la cabeza y averiguar de dónde venía vió a su baka marimo con la cabeza entre las piernas, completamente hundido y secándose con poco disimulo alguna lágrima salvaje. Sanji pensó que eso debía acabar, quería mucho a sus nakamas y valoraba la confianza y la sensación familiar que había en esa tripulación por encima de muchas cosas, por lo que se decidió a actuar antes de que esos dos se hicieran más daño, pero debía contar primero con cierta ayuda.

A la hora del almuerzo ambas bandas de piratas comían en la playa tranquilamente y Law vió el momento para explicar sus planes. Explicó que en el otro lado de esa pequeña isla había una base secreta de la marina muy bien protegida que guardaba algo que él quería. Se trataba de un viejo libro de medicina de una isla desaparecida famosa por sus excelentes cirujanos. Law contó que en aquel libro se escondían algunos de los secretos mejor guardados de la medicina de aquella isla y él quería obtener ese conocimiento. Robin confirmó que también había leído sobre una isla de magníficos médicos que desapareció sin dejar rastro y que había ciertas historias sobre un libro que contenía todo el conocimiento de aquellos años, pero no podía confirmar que se hallara en esa isla. Chopper se sintió entusiasmado por poder leer ese libro también. Law, conociendo bien a la navegante de los mugiwara les propuso el trato. Ellos le ayudarían a entrar y salir de la base y a cambio se podrían quedar con todos los tesoros que había en el interior, a él sólo le interesaba el libro.

Luffy se lo pensó un momento pero ante los ojos con berries de Nami, la ilusión de Chopper y las ganas de aventura que tenía el resto acabó aceptando casi de inmediato. Sin embargo le hizo prometer a Law que dejaría a Chopper leer el libro también. Law no tenía ningún problema con eso, sabía de que era capaz el médico de los Mugiwara y valoraba su trabajo, a veces no se explicaba cómo mantenía vivos a semejantes bakas que salían tan perjudicados de las continuas peleas, por eso no tenía problema en compartirlo con el renito.

Trazado un plan y con todo el equipamiento posible ambas tripulaciones se dirigieron con los barcos al otro extremo de la isla. Pasarían la noche vigilando y entrarían rayando el alba.

La batalla estaba en su momento crítico, al entrar a la fortaleza de la marina un grupo había conseguido el libro y el otro los tesoros casi sin problema pero al salir los marines les tendieron una emboscada impidiendoles el paso al grupo que tenía el libro. Pese a que no estaba ninguno de los almirantes había muchos marines fuertes y algunos con frutas del diablo. El grupo se había dispersado para atacar más fácilmente, Law y Sachi peleaban en un extremo contra un gigante y un tipo Logia que los tenían prácticamente acorralados. En el otro extremo se encontraba Zoro luchando contra dos espadachines de la marina y detrás de ellos como retaguardia y apoyo se encontraban Usopp y Robin. La pelea estaba casi decidida a favor de los piratas y se veía un espacio para escapar. Sachi se llevó a Law hacía la salida que tenía una pierna herida, seguido de Usopp y Robin y Zoro que mantenía la retaguardia. Cuando estaban casi saliendo a la superficie y podían ver al resto de los piratas esperando por ellos un tipo se levantó del suelo y con una pistola apuntó a Robin que le guardaba las espaldas a sus compañeros. Apuntó al pecho de la arqueóloga, susurró "vete al infierno niña demonio" y disparó.

Robin oyó un disparo y un cuerpo caer en el suelo frente a ella. El hombre que le había disparado se encontraba inconsciente un poco más lejos. Se dió la vuelta para ver a sus compañeros y vió el rostro desencajado de Usopp, Sachi y Law.

Torciendo muy lentamente fijó la vista en el cuerpo que había bajo sus pies y vió algo que no quería ver. Zoro se encontraba tirado de espaldas al suelo con un agujero de baja en el pecho, la sangre le llenaba todo el pecho y apenas podía respirar. Robin no reaccionaba.

Usopp corrió hasta ellos mientras los otros dos salían para dar aviso al resto de Mugiwaras. Intentó tapar la herida de Zoro pero no paraba de salir sangre y Robin parecía no reaccionar, se encontraba completamente quieta y parecía que la luz había abandonado sus ojos, Usopp intentaba llamarla, desesperado porque lo ayudase a mover al espadachín hacia la salida pero Robin era incapaz de responder. Al momento llegaron Chopper, Franky y Luffy. Chopper le dió instrucciones a Franky para cargar al peliverde mientras él analizaba la herida. Luffy y Usopp intentaron hablar con Robin pero seguía en estado de shock y no respondía, por lo que el capitán optó, una vez comprobado que no tenía heridas, por cargarla en su hombro y sacarlos a todos de ahí dirección al barco.