CAPÍTULO 8
Con el paso de los días la situación se fue normalizando en el barco. Toda la tripulación decidió que lo mejor era que nadie se enterase de ambas relaciones o pondrían en peligro al resto, pero dentro del barco ya era normal ver a Robin y Zoro lanzándose miradas desde los extremos del barco o sentándose juntos para comer. Su relación a ojos de los demás no había cambiado demasiado, ellos preferían mantener un perfil más privado y todavía no se sentían muy cómodos con las muestras de amor públicas. Todo lo contrario que su senchou y la akage que parecían dos completos adolescentes, aunque su relación no había pasado a mayores se les veía muy cómodos y seguros en ella. La mayoría de las noches Robin se subía al nido de cuervo a dormir y le dejaba su cuarto a Nami y Luffy. Por su parte Zoro y ella seguían explorando ese lado de su intimidad que tanto gustaba a Robin, teniendo sexo en el baño o en la biblioteca o tocándose más de la cuenta cuando los demás no miraban. Combinaban las relaciones salvajes y furtivas con las noches tranquilas en el puesto de vigía, en donde Zoro cerraba con llave y podían pasarse la noche besándose y tocándose sin prisa.
Una de esas noches tranquilas se atrevieron a preguntar cosas que los tenían intranquilos.
- Zoro… aunque no podamos gritarle al mundo que estamos juntos, ¿qué somos? ¿Novios, amantes, nakamas especiales?
- Llámalo como quieras no tengo la necesidad de poner una etiqueta, pero supongo que seremos pareja.
- ¿No tienes necesidad de llamarlo de ninguna manera?
- No tengo necesidad de reclamar como mío tu amor porque simplemente sé que me pertenece.
- Es una gran respuesta Kenshi-san .- Aunque casi no usaba ese apodo le gustaba utilizarlo cuando se reía de forma coqueta de él y él había aprendido a amarlo con el tiempo.
- Robin… yo creo que ya es hora de tener un cuarto para nosotros, nos pasamos aquí las noches y esos bakas en tu cuarto. Cada pareja debería tener uno y listo.
- Entonces estaríamos rompiendo la tercera norma espadachín, fufufu.
- Qué más da, ya las hemos roto todas de todas formas, es tontería decir que alguna vez hubo alguna regla entre nosotros.
Al día siguiente Franky y Usopp se pusieron manos a la obra para la construcción de otra habitación en ese gigantesco barco.
Tras tres largas semanas navegando y muchos problemas metereológicos que tenían a todos agotados llegaron a una enorme isla. Era mucho más grande que la anterior y parecía más turística. Pudieron ver que había un cuartel de la marina pero muy pequeño por lo que no le prestaron demasiada atención. Debían recargar provisiones porque había sido mucho tiempo en alta mar y comprobar cuánto tardaba en cargar el Log Pose. Además Chopper quería comprar ingredientes para hacer algunas medicinas que había leído en el libro.
Nami decidió que lo mejor era hacer un pequeño grupo de expedición y según lo que encontrasen decidirían qué hacer. Dejó en el barco a Franky, Chopper y Brook por llamar demasiado la atención, al capitán porque si bajaba seguro que se metían en líos y a Zoro porque estaba durmiendo en alguna parte del barco y le daba pereza ir a despertarlo. Por tanto bajaron Sanji, Nami, Usopp y Robin para recabar algo de información y buscar las mejores tiendas. Cuando volvieron a medio día Nami subió al barco llorando de felicidad.
Sanji y Usopp traían bolsas con comida hecha y todos se sentaron a almorzar en cubierta aprovechando el buen clima. Nami les explicó entre lágrimas que era la isla más barata que había visto nunca, todo estaba tirado de precio y eso la hacía inmensamente feliz. Por tanto, había decidido comprar la comida para llevar de un buen restaurante, aunque Sanji no parecía contento en el fondo de alegraba de no tener que cocinar un día, y además pasarían la noche en un lujoso hotel que según la akage le había salido más barato que cualquier pensión cutre de otra isla. Sin creerse su suerte los Mugiwara hicieron planes para pasar el día en la acogedora isla y comprar muchas provisiones aprovechando el precio. Robin que se había ausentado un momento volvió con una sonrisa aún más grande que la de la pelirroja y les enseñó a todos un libro. En él se decía que en la parte antigua de la isla había un poneglyph y como era pacífica y sin casi marines resultaría fácil encontrarlo. Sin duda era su día de suerte.
Decidieron pasar la noche disfrutando de la isla y del hotel, comprarían todo lo necesario para una buena temporada y buscarían el poneglyph.
Por la tarde Nami y Robin se fueron a hacer unas compras y todos decidieron reunirse en el hotel para cenar. Sanji, Franky, Usopp y Brook decidieron bajar al pueblo a buscar algún ligue y pasar la tarde y Luffy los acompañó con la promesa de que pararían a comer algo. Chopper y Zoro se quedaron en el barco. Zoro quería aprovechar para entrenar y Chopper para apuntar todas las cosas que le hacían falta y revisar sus notas acerca del libro para tenerlo todo listo el día siguiente.
Robin notaba a Nami muy contenta pero nerviosa y se atrevió a preguntar. Tras mucho insistir la akage confesó que quería que aquella noche en el hotel fuera su gran noche con Luffy pero no sabía bien cómo sería y le daba vergüenza preguntar a Robin. Esta se lo tomó como una misión personal y decidió ayudar a su amiga en todo lo posible. Se sentaron en una cafetería y pidieron un café y unos pasteles y Nami pareció relajarse un poco cuando vió, una vez más, lo barato que era todo.
- Pregunta lo que quieras navegante-san, estoy entusiasmada con la conversación, fufufu.
- No te lo tomes a broma Robin… Ya sé que tú… bueno que Zoro y tú…
- Así es Zoro y yo mantenemos relaciones sexuales prácticamente todos los días, y he de añadir que son completamente satisfactorias para ambos .- Nami casi se atraganta con tanta sinceridad, no sabía cómo no le daba vergüenza hablar de eso.
- Pues supongo que me alegro que ese pelo de lechuga haga algo bien por una vez.
- Lo hace extremadamente bien, y más de una vez. Sabe exactamente dónde tocar y…
- Vale vale lo pillo, os acostais, deja de describirlo por favor. El caso es que no sé bien cómo hacerlo. Yo sé cómo funciona pero me da miedo que Luffy no sepa, es muy infantil en algunos aspectos…
- Quizá debas ser tú la que lleve la iniciativa, es fácil, besos aquí y allá, os quitáis la ropa, caricias y luego pues ya sabes… Es todo cuestión de preliminares.
- Lo sé, lo sé pero me da vergüenza, además no tenemos… vamos que no he comprado, ya sabes .- Se acercó mucho a Robin que estaba claramente divertida.- condones.
- Creo que lo mejor será que empecemos por ahí y te vaya explicando con ejemplos, vamos a comprar que a nosotros también nos hacen falta.
Con una sonrisa muy pícara Robin la condujo a una sex-shop en una calle apartada del pueblo y Nami se escandalizó mucho, creía que iban a comprar condones en una farmacia no estaba preparada para aquello. Robin pensó que lo mejor era mostrárselo todo y así vería que lo que iba a hacer no era para tanto. Revisaron la estantería de los condones y los lubricantes y Robin le explicó todo lo que tenía que saber y compraron un libro de posturas muy famoso en esa isla. Cuando hubieron pagado todo Robin pidió a Nami que fuera a comprar algo de velas o alguna decoración especial a la tienda de al lado. Cuando se reunió con ella la pelinegra tenía dos grandes bolsas con muchos discretos paquetes dentro y Nami ni quiso preguntar al respecto. Compraron algo de ropa interior para la akage y Robin decidió arrasar con media tienda ya que era tan barato y a ella le gustaba tanto la buena ropa interior, además de que a su amante le gustaba más de la cuenta romper algún que otro tanga.
Cuando hubieron hecho todas las compras la hora de cenar quedaba cerca así que se apresuraron al hotel donde Robin le ayudó a decidir qué ponerse y a decorar la habitación un poco. Le explicó lo básico sobre cómo poner un preservativo y cómo usar el lubricante y se fue a su habitación a dejar las compras.
Una vez en su habitación se alegró porque el peliverde no hubiera llegado aún y colocó las compras en el armario. Se alegró de haber comprado todo aquello, no era para usarlo todo a la vez, pero sabía que ambos disfrutarían y era un buen reclamo para darle más intensidad a sus noches, sobre todo ahora que tenían un cuarto para ellos solos en el barco. Sonriendo al imaginar la cara que pondría el espadachín al ver todo aquello lo dejó bien guardado y sacó las otras bolsas, todas llenas de ropa interior sexy y sugerente, como a ella le gustaba. Se decidió por usar un top negro palabra de honor sin mangas que le quedaba muy ceñido y un sujetador sin tirantes que apenas le cubría lo necesario. Abajo usaba una falda verde oscuro de gasa suelta y larga hasta los tobillos con un tanga a juego. Decidió usar uno de los juguetes que había comprado y mirándose al espejo una vez más antes de salir decidió que los colores de su hombre le sentaban muy bien a su cuerpo.
El restaurante del hotel era tan lujoso como el resto de este y Nami había reservado toda una habitación para ellos, había unas cristaleras por las que se veían los tejados de las casas y un piano de cola al que Brook le ponía ojitos, aunque claro, él no tenía ojos.
Los camareros les sirvieron un plato tras otro de una deliciosa comida y la bebida y las risas no faltaban en la mesa. Cuando ya todos estaban un poco más distraídos Robin se acercó a Zoro y le puso un pequeño mando en la mano, ante la interrogativa de Zoro le explicó.
- Es el control remoto de un vibrador .- Zoro abrió muchos los ojos .- así es Kenshi-san lo tengo dentro y tú puedes manejarlo con cuidado delante de todos.
Zoro se excitó en seguida, le encantaba Robin y su lado más atrevido lo volvía completamente loco. Le dió al botón de encender y ella dió un pequeño respingo en el asiento pero en seguida recuperó la compostura. Seguían charlando y tomando copas mientras Zoro aumentaba poco a poco la intensidad del vibrador. Cuando miraba a Robin la veía ligeramente sonrojada y con la mirada perdida, inmersa en el placer que estaba sintiendo. Cómo quería hacerla llegar pero no quería que nadie se diera cuenta se levantó y se sentó a su lado, tapándola con su enorme cuerpo y aumentando la intensidad de nuevo mientras invadía su boca sin pudor. Captaron la atención de sus nakamas un momento porque ninguno estaba acostumbrado a aquellas muestras de amor pero en seguida siguieron a lo suyo animados por el buen alcohol. Robin estaba totalmente extasiada, iba a tener un orgasmo, allí mismo, delante de todos pero nadie se daría cuenta. Zoro siempre le daba eso, la complacía en sus deseos y le proporcionaba la seguridad de que nunca sería vista, de que él la protegía. Sin aguantar más alcanzó el orgasmo ahogando un grito contra la boca del espadachín. Siguió dándole besos hasta que se calmó y después la pelinegra subió al baño a quitarse el juguete y refrescarse un poco.
