CAPÍTULO 9
Cuando bajó las mesas estaban retiradas dejando espacio para una pista de baile improvisada en la que estaban todos bastante animados mientras Brook tocaba en ese piano gigante. Cuando Robin entró Brook decidió la cambiar la canción a una lenta y Zoro, que se encontraba sentado, se levantó ofreciéndole la mano en un baile, Luffy hizo lo mismo con su pelirroja. Ambas parejas se pusieron en el centro de la pista y bailaron la canción lenta. Robin lo vivió como un momento perfecto, estar allí, sin preocupaciones, en brazos del hombre al que amaría toda su vida y rodeada de sus nakamas que se habían convertido en su familia. Cuando acabó la canción todos aplaudieron a las felices parejas y Franky NO lloraba. Brook siguió tocando música más alegre y todos volvieron a la pista de baile.
Robin se acercó entonces al peliverde y le susurró "tengo otros juguetes en la habitación, dame media hora y sube". Zoro se sentó en una esquina bebiendo sake para calmar los nervios, no se podía ni imaginar qué era lo que le esperaba arriba, y se dedicó a ver a sus nakamas mientras pasaba el tiempo. Brook tocaba al piano, contento por poder tocar un instrumento tan caro y tan bonito como aquel, Franky bailaba y ponía poses extrañas con Chopper en su cabeza, que imitaba todos sus movimientos. Cualquiera diría que aquel pequeño reno de nariz azul era un excelente médico de una tripulación de piratas. Sanji bailaba animado junto a Nami y Usopp tocaba la guitarra junto a Brook y Luffy que intentaba seguir el ritmo con las palmas y no paraba de reir. Zoro sonrió, eran unos completos bakas, todos ellos, pero también era su familia, una familia fuerte y leal que seguiría a su capitán hasta el mismo fin del mundo si este se lo pidiera. Viendo que casi había pasado el tiempo y sin ganas de esperar más, Zoro subió a la habitación que compartía con la pelinegra.
Tocó a la puerta y Robin le abrió con una bata de seda y una sonrisa en la cara, tiró de él hacia la habitación obligándolo a cerrar el ojo y lo sentó en la enorme cama de matrimonio. Zoro estaba expectante y cuando abrió el ojo casi le da infarto con lo que vió. Robin tenía unas botas de cuero altas hasta los muslos y un diminuto tanga color azul eléctrico, en la parte de arriba tenía una camisa blanca muy ceñida con un pañuelo azul. Se había puesto una gorra de la marina, cubría sus manos con unos guantes azul eléctrico y en una de ellas descansaban unas esposas. La sonrisa de Robin dejaba ver que no estaba pensando nada bueno y a Zoro le encantaba. Se quedó quieto, evaluando delante suya a la diosa que todos confundían con demonio y esperando a que ella hablara.
- Vaya vaya… parece que tenemos aquí a un pirata .- Robin se acercó hasta que sus pechos quedaron a la altura de los ojos de él .- voy a tener que esposarte y entregarte a los marines.
- Eso si puedes atraparme marine .- Zoro le sonrió de medio lado, se lo pondría un poco difícil, echó a correr hasta el otro extremo de la habitación pero Robin usó su Hana Hana no mi para inmovilizarlo y esposarlo a la cama.
- Veo que eres muy valiente Roronoa… .- dijo su apellido en un suave ronroneo tan cerca de su oreja que Zoro creyó desfallecer allí mismo .- ¿dónde está el resto de la tripulación?
- No te lo diré aunque me tortures maldita marine…
Robin sonrió, le encantaba el juego y sabía por la cara del peliverde que él también se estaba divirtiendo. Sacó una fusta suave con plumas en un extremo. Se puso de rodillas en la cama y con ayuda de unos cuantos brazos fleur desvistió al espadachín en un momento. Empezó a pasear la fusta por todo su cuerpo viendo como se le erizaba el cabello, volvió a preguntar y Zoro no contestó. Robin dió un pequeño golpe con la fusta en su pecho y él soltó un gruñido. Ella sabía que no le hacía daño, eso no era dolor para él por lo que podía estar tranquila. Volvió a preguntar y Zoro volvió a no responder por lo que recibió otro golpe con la fusta en la parte baja del estómago y justo después una suave caricia con las plumas, siguió así dando golpes suaves y caricias con las plumas por todo su cuerpo, viendo como Zoro aumentaba su respiración y gruñía, completamente excitado ya. Robin paseo la fusta por la longitud de su pene pero sin causarle dolor y decidió llevar la tortura un poco más allá. Dando besos desde el cuello fue bajando por su cuerpo, tocando y acariciando todo a su paso hasta llegar a su entrepierna. Besó su ombligo y dió un pequeño mordisco en sus abdominales inferiores, deleitándose con el cuerpo tan maravillosamente cincelado de su pareja. Le cogió el pene con una mano y lo masajeo sin demasiada fuerza, ante la atenta mirada del espadachín Robin chupó la punta y lo metió un poco en su boca, pero no suficiente, debajo de ella Zoro movía las caderas para intentar llegar más profundo y aliviar la enorme necesidad que se agolpaba dentro de él. Robin sonreía y seguía haciendo aquello, sabiendo que lo estaba volviendo loco.
- Veo que eres un pirata muy fuerte, mis métodos de tortura no parecen funcionar, fufufu.
- Has cometido un error no valorando mi fuerza antes.
Dicho esto Zoro, con su sonrisa de medio lado, rompió con demasiada facilidad las esposas de la sex shop y se abalanzó sobre Robin. Devoró su boca con hambre y necesidad. Robin se dejó hacer, bastante había aguantado el juego previo y sabía que ahora ella tendría lo que quería, a un Zoro salvaje y completamente excitado encima suya, y eso le encantaba.
Zoro besó con desesperación sus pechos, dando mordisco y rompiendo los botones de la camisa sin cuidado. Cogió, apretó y mordió sus pezones hasta que se sintió satisfecho. De un movimiento se puso el preservativo que había en la mesilla y se hundió en lo profundo de Robin con un gruñido de genuino placer. Espero un poco para intentar calmarse pero cuánto la deseaba joder, el peliverde tenía las caderas en tensión, listas para arquearse y empezar las embestidas salvajes, con la columna vertebral ardiendo de la necesidad de explotar en el interior de su mujer. Cuando Robin le hincó el tacón de sus botas en culo, Zoro entendió que ambos querían aquello, así que empezó a moverse sin control. Cogió sus dos piernas y colocó sus talones en sus hombros para profundizar la embestida. Robin gritaba de placer y él gruñía su nombre como un mantra. Cuando sintió el orgasmo de ella envolviendolo perdió la cabeza y se dejó llevar gritando el nombre de la mujer que lo volvía loco. Cuando ambos hubieron recuperado un poco la respiración Zoro se colocó sobre el colchón y atrajo a Robin hacia su pecho en un gesto que se había vuelto de lo más familiar entre ellos.
- Esto ha sido… increíble Robin, siempre consigues volverme loco .- Zoro se sentía embriagado de la situación y Robin rió bajito a su lado.- ¿De donde coño has sacado todo esto?
- He ido de compras con Nami esta tarde y me he animado.
- ¿te ha visto comprando esto? .- la miraba con los ojos muy abiertos.
- No, Kenshi-san soy mucho más discreta. Pero sí que hemos elegido preservativos a la vez y he podido ver su cara de asombro al ver la talla que cogía .- Zoro soltó una carcajada orgullosa.
- Eso quiere decir que ellos… Esta noche será su noche .- Robin asintió divertida .- bueno espero que les vaya bien, pero nadie se va a divertir más que nosotros esta noche eso seguro .- ambos rieron seguros de la verdad de sus palabras.- ¿me enseñas que más has comprado?
- ¿Quieres un pase privado?
- Yo lo quiero todo de ti, Robin.
Un silencio un poco incómodo se asentó entre ellos. Zoro lo había dicho sin pensar pero la verdad es que sus palabras abarcaban muchas cosas que a los dos les daba miedo pensar. Por ahora estaban bien así, eran felices y sus nakamas los aceptaban, no había porqué complicarse la vida todavía. Para quitar un poco de incomodidad Robin le enseñó todo lo que había comprado en la sex shop aunque no le enseñó la ropa interior, para sorprenderlo poco a poco. Zoro no paraba de reír ante las dos enormes bolsas que contenían lo que él sospechaba que eran todos los malditos productos de la tienda y Robin estaba encantada de que se lo tomara tan bien y ambos tuvieran ganas de probarlo todo.
