CAPÍTULO 10

A la mañana siguiente todos se reúnen temprano en la cafetería del hotel. Tienen que ponerse en marcha para encontrar el poneglyph y comprar todo lo que les hace falta en esa barata isla. Parecen de buen humor, disfrutando del buffet libre, pero todos se fijan que nadie está recibiendo golpes ni insultos por parte de la akage, que solo tiene una sonrisa satisfecha en la cara y mira sin prestar atención a punto de la pared. Zoro decide que es buen momento para meterse con su bruja favorita.

- Oi Luffy, te ves cansado, ¿dormiste algo anoche?

- La verdad es que dormí muy poco y estoy un poco cansado .- aunque decía eso se había comido dos veces todo lo que tenía el buffet y los camareros no daban a basto para traer más platos.

- Vaya… ¿pasaste mala noche? .- El repentino interés de Zoro por el descanso de su capitán atrajo la atención del resto de la tripulación.

- Qué va, la verdad es que pasé una noche genial shishishi

- ¿Qué estuviste haciendo entonces? .- Si Nami no estuviera en su propio mundo podría haber impedido aquella respuesta.

- ¡Nami y yo lo hicimos anoche! y fue genial Zoro, incluso mejor que comer carne shishishi.

Toda la tripulación guardó un momento de silencio con los ojos bien abiertos pero estallaron en sonoras carcajadas ante la revelación del capitán. Zoro no se podía creer lo fácil que había sido. Nami se había quedado sorprendida ante las risas de sus nakamas pero no había llegado a captar de qué hablaban.

- Entonces le pudiste ver las bragas a Nami-san, mis respetos capitán y… ¿de qué color las tenía? yohohoho.

- pues eran naranjas claro, aunque el sujetador era muy complicado así que lo rompí y Nami me pegó en la cabeza…

Todos volvieron a reír y Nami se puso muy roja al ver que su capitán estaba dando tantos detalles de su noche íntima. Así que se acercó a él y le dió una buena paliza para que se callase un rato. Obviamente solo consiguió que todos rieran mucho más alto, ella se pusiera más roja y se escondiera detrás de su bebida. Cuando Luffy recobró el sentido preguntó a Zoro lo mismo.

- y tú Zoro, ¿dormiste algo anoche? shishishi

- Pues la verdad es que no, una marine intentó atraparme anoche .- todos pusieron cara de alarma pero lo entendieron cuando miró a Robin que reía con su café en la mano y añadió.- pero le dí lo que se merecía y pude dormir un rato.

Hubo un silencio incómodo ante la demasiada información aportada por Zoro, solo roto por los llantos lastimeros de Sanji y por los susurros de Usopp explicándole a su senchou que no habían ido los marines de verdad.

Cuando la cosa se calmó siguieron con su abundante desayuno entre risas y comentarios sobre cómo se dividirían para las tareas y qué quería comprar cada uno. El periódico llegó siendo Franky y Nami los únicos en prestarle atención. Ambos se quedaron pálidos al ver la portada del mismo.

- Chicos… hay SUPER malas noticias en el periódico…

Se dividieron para ver ambas portadas y pudieron leer el titular. En letras negras y grandes ponía "AMOR ENTRE LOS MUGIWARAS" acompañado de una foto en la que aparecían Luffy y Nami muy juntos dándose un pico en los labios y Zoro y Robin agarrados, con las manos de él en el trasero de ella y la cabeza de la arqueóloga en el hueco del cuello del espadachín. Sin duda debieron tomar esa foto mientras las dos parejas bailaban la noche anterior la canción de Brook. La foto parecía tomada desde fuera de las cristaleras del salón privado, por lo que era imposible saber quién había sido. Su secreto, el que con tanto celo habían intentado guardar, se había descubierto y no sabían que podría pasar a continuación.

- Debemos irnos de esta isla… .- Susurró Nami con una nota de pánico en la voz .- esta mañana solucionaremos todo y nos marcharemos. Ya iremos viendo cómo reacciona el mundo ante la noticia desde la seguridad del Sunny.

Todos asintieron decidos y preocupados por la situación. Zoro y Robin se dirigieron a la localización del poneglyph intentando no ser vistos por nadie mientras el resto de Mugiwaras se dividían para hacer todas las compras en una sola mañana. Chopper tenía libertad para buscar todo lo de su lista, Sanji, Brook y Nami hacían las compras de comida, mucha comida, productos de primera necesidad y ropa y Franky, Usopp y Luffy compraban materiales y armas para el barco. Al final no podrían aprovechar todo lo posible los precios baratos de la isla, pero mejor era ponerse a salvo cuanto antes. Un poco más tarde del mediodía Zoro y Robin aparecieron en el Sunny con la información del poneglyph mientras el resto acababa de colocar todas las compras. Zarparon mientras Sanji estaba en la cocina preparando el almuerzo y comieron en silencio, un poco más aliviados ahora que estaban alejándose de la isla.

- Nee, ¿qué pasará ahora? el mundo entero lo sabe… .- Usopp fue el valiente que dijo lo que todos estaban preguntándose.

- No lo sé Usopp, supongo que Robin y yo nos hemos convertido en un blanco… pero no sé qué harán el resto de piratas ni la marina.

- Me da igual que Nami y yo seamos pareja, yo siempre la protegeré, igual que os protegeré a todos, no voy a perder a nadie más .- el capitán se puso serio.

- Por el momento supongo que no podremos contar mucho con la ayuda del cirujano .- Franky hizo una pausa ante la mirada interrogativa de todos y lo aclaró .- ya sabéis, parece SUPER enamorado de Robin, no creo que el saber que está con Zoro y que se lo ocultamos la vez que estuvo aquí le haga especial gracia, y menos con ese carácter de mierda.

Todos asintieron ante lo dicho. Luffy sopesó la situación, seguramente perderían a un nakama que era pirata, pero el resto de amigos que habían hecho a lo largo de sus aventuras no verían mal su relación. Además aunque la marina lo supiera ya iban tras ellos de todas formas, la cosa no cambiaría mucho. Sus nakamas eran fuertes, considerados por el mundo como verdaderos monstruos y podrían superar aquella situación.

Llevaban ya una semana en alta mar sin avistar ningún otro pirata ni a la marina y Nami dijo que por lo menos les quedaban otras tres semanas más hasta la siguiente isla por lo que todo estaba muy tranquilo. Tenían provisiones suficientes para aguantar hasta la siguiente isla, pero aún así se pasaban las mañanas pescando. Durante esa semana Robin estaba muy esquiva. Durante los primeros días le había dicho al espadachín que quería traducir bien el poneglyph y compararlo con lo que decían los libros por lo que este la dejaba sola por las noches en su cuarto y se iba al puesto de vigía sin rechistar. Pero cuando pasaban los días Robin seguía igual, inmiscuida en sus libros y sin apenas interactuar con Zoro. Rechazaba sus besos y apenas hablaban. Llevaban toda la semana sin dormir juntos y Zoro se dió cuenta que solo era así con él, con el resto de la tripulación el trato era el de siempre. No entendía nada, pero amaba a esa mujer lo suficiente para tener una conversación incómoda y pedirle perdón por lo que fuera que hubiera hecho. Así que esa noche que Franky se encargaba de la guardia se fue al cuarto que compartían, no sin antes perderse un poco, llegar a la cocina y de paso coger algo de sake, encontrándose a la pelinegra en su escritorio con un montón de folios esparcidos pero mirando por la pequeña ventana.

- Buenas noches onna .- Zoro se acercó y le dió un beso en la nuca aprovechando que tenía un moño alto.

- Buenas noches .- Robin ignoró el tono desenfadado de él y volvió a sus folios.

Zoro sabía que no la haría hablar si ella no quería pero ya había ideado una manera para conseguir que se abriera, literal y metafóricamente. La cogió con suavidad y la levantó de la silla al estilo princesa. Robin protestaba pero Zoro no le hizo caso. La dejó en la cama y se sacó del pantalón unas cuerdas finas que ella había comprado en la tienda de la isla anterior y se dedicó a atarla. Primero las manos al cabecero de la cama y después un pie a cada pata de la cama. Robin forcejeaba sin mucho convencimiento, sabía que él no le haría daño y que no le había atado suficientemente fuerte como para no poder escapar. Entonces Zoro puso en marcha su plan. Desató el moño de la arqueóloga y la desnudó por completo sin miramientos. Cuando la tenía así, atada y desnuda debajo de él se dedicó a besarla. Primero la frente, con besos suaves y calmados mientras sus manos acariciaban el cuero cabelludo de ella en un masaje placentero. Después pasó su boca por sus mejillas, mandíbula, hombros, se dedicó con cuidado a sus brazos mientras sus manos adoraban con tranquilidad cada centímetro del cuerpo de aquella perfecta mujer, Robin soltaba agudos suspiros pero no se dejaba llevar.

- Prácticamente puedo oír cómo piensas mujer, cuéntamelo cuando quieras, tengo toda la noche.

Pero Robin no hablaba y Zoro seguía besando y tocando su cuerpo con cuidado. Cómo tenerla relajada e indefensa parecía no funcionar entonces Zoro debía pasar al plan B, tenerla excitada y no le daría más hasta que le contase lo que le pasaba por la cabeza.

Con fuego en los ojos Zoro se tumbó encima de Robin, con una mano apoyada al lado de la cabeza de ella para no aplastarla. Comenzó a besar sus pechos, esos pechos magníficos que lo volvían loco. Era lo más suave que había probado nunca pero esta noche tenía que controlarse. Acompañaba la acción en sus pechos con suaves movimientos de la cadera, lo justo para que Robin pudiera notar su miembro contra su sexo aunque poco más. Zoro masajeaba sus pechos mordiendo ahora con más ganas. Rodeaba el pezón con la lengua para luego meterselo en la boca y chupar ávidamente mientras que con la otra mano apretaba su otro pecho. Bajaba dando pequeños mordiscos y soplaba en su húmedo pezón haciendo que este se pusiera aún más duro.

Robin estaba muy excitada y sentía un calor sofocante entre sus piernas que el espadachín se negaba a apagar. Lo necesitaba dentro de ella pero sabía que él no se lo daría si no hablaba. Se retorcía debajo de él, tirando de las cuerdas y suplicando bajito "más" y "por favor" pero Zoro no paraba su labor y no se quitaba los pantalones, aunque ella lo notaba duro contra sus muslos. Robin reconoció la derrota, hablaría con él si así conseguía que aliviase su necesidad de sentirlo más y más profundo.

- Estoy enfadada… .- Robin hablaba entre gemidos y Zoro la recompensó dándole una embestida con su cadera que hizo a Robin gemir, aunque no era suficiente.

- ¿Por qué estás enfadada? .- Zoro hablaba contra su pecho, no abandonaba su tarea.

- Porque ahora me he vuelto un blanco .- Zoro la miró sorprendido, ella era un objetivo desde los ocho años .- Antes me perseguían por lo que yo significaba, la última superviviente de Ohara, la única capaz de leer poneglyph, pero ahora…

- Crees que ahora solo te perseguirán por ser mi pareja, por hacerme daño a mí .- concluyó Zoro y Robin asintió despacio.

- Además si podía defenderme con ocho años podré defenderme ahora, pero todos parecen pensar que en esta circunstancia soy débil, que debo ser protegida por tí y no me gusta esa sensación.

Zoro la entendía perfectamente, era una mujer completamente independiente y la más fuerte que había conocido, no le gustaba sentirse en una segunda posición o que los demás la viera ahora débil cuando había sobrevivido toda la vida ella sola. Entendió que llevase toda la semana enfadada y entendía que lo pagara con él, aunque no tuviera culpa. Paró de tocarla y la miró seriamente a los ojos.

- Escucha Robin, lo entiendo ¿vale? pero la próxima vez cuéntamelo, sé que a ninguno de los dos que nos gusta hablar de estas cosas con otras personas pero he pasado una semana de mierda, comiéndome la cabeza sin parar y mira hasta donde he tenido que llegar para que te sinceraras…

- Lo siento Zoro, sabes que me cuesta mucho expresar lo que siento y lo que pienso.

- Lo sé cariño .- Zoro le dió un beso en la frente .- y a mí también pero somos un equipo, déjame que te ayude, que solucionemos esto entre los dos.

- Gracias

Se le escapó una lágrima de alivio que Zoro se apresuró a limpiar. Se sentía aliviada, por una vez no tenía que cargar con el peso ella sola, podía compartirlo con alguien. Los dos encontrarían una manera de arreglar las cosas pero Robin pensó que eso se podía hacer a la mañana siguiente, ahora se encontraba atada, desnuda, excitada y con un impresionante hombre apretando su miembro duro encima de ella.

- ¿Que vas a hacer ahora conmigo, Kenshi-san? .- El tono pícaro de Robin dió a entender a Zoro que dejarían la conversación para otro momento.

- Tendré que asegurarme que has aprendido bien la lección.

Robin sonrió satisfecha y Zoro se dedicó a hacer disfrutar a aquella mujer. Jamás se cansaría, verla deshacerse entre sus besos y caricias era como tocar el cielo. Las suaves embestidas que lo acompañaban se convirtieron en profundos y descompasados movimientos cuando Zoro notó el orgasmo de su mujer y él mismo se vino después. La desató con cuidado, dando besos donde tenía alguna marca. La metió debajo de las sábanas y se acurrucó con la espalda de ella sobre su pecho, haciendo la cucharita y pasando un brazo hasta tocar el vientre de ella y dejar allí la mano.