CAPÍTULO 11
Tras la conversación de la noche anterior Zoro y Robin decidieron entrenar juntos, tanto para mejorar su ataque cuerpo a cuerpo como para desarrollar su Haki de armadura. Aprovechando las tres semanas que les quedaban en alta mar entrenaron todas las mañanas el combate y un rato por las tardes antes de la cena para desarrollar el Haki y que Robin se sintiera más segura y fuera más fuerte. Algunas tardes se les unían algunos miembros de los Mugiwaras pero las mañanas solían ser los dos solos en el nido del cuervo. Zoro odiaba las distracciones así que había quedado bien claro que la arqueóloga y él entrenarían sin ser interrumpidos hasta la hora del almuerzo.
La mayoría de los días entrenaban sin distracciones, pero había mañanas, como aquella, que a Zoro le costaba más de normal estar atento a los ejercicios. Llevaban ya varios días sin acostarse, entre los entrenamientos que los dejaban agotados físicamente, el desarrollo del haki que los dejaba agotados mentalmente y las fiestas que organizaba su capitán por la noche que simplemente eran agotadoras apenas llegaban despiertos a la cama. Pero esa mañana Zoro estaba bien despierto, llevaban ya unos días en un clima caluroso y excepto Chopper que no paraba de quejarse por todo el barco, el resto lo agradecía bastante. A causa de esta temperatura su querida pelinegra había decidido vestirse para entrenar algo más provocativa de lo habitual. Llevaba un top aguamarina muy ceñido, que apenas podía contener sus pechos y unos leggins cortos, muy cortos, que cubrían por centímetros sus nalgas. Durante el combate cuerpo a cuerpo Zoro estaba muy distraído contemplando aquel cuerpo moverse sin parar y en más de una ocasión logró recibir un buen golpe de la arqueóloga.
- ¿distraído, Kenshi-san? fufufu
- Has mejorado mucho pero todavía quedan cosas por pulir.- acercándose por detrás le colocó una mano en la barriga .- debes apretar más aquí para mantener el equilibrio.
Instintivamente Robin pegó su espalda al pecho del Kenshi dejándose tiempo para recobrar el aliento. La mano de Zoro empezó a desplazarse desde la barriga, más abajo, hasta llegar a la cinturilla de los leggins dejando la mano ahí pidiendo permiso. Pero Robin se retiró con tranquilidad y le dijo que era mejor seguir entrenando. Realmente quería que aquello pasara, sobre todo después de la sequía de los últimos días, pero también quería entrenar, quería hacerse fuerte y no quería depender de un hombre.
Esa noche los Mugiwaras organizaron una gran fiesta por orden de su senchou, pronto llegarían a una isla y eso solo podía ilusionarnos a todos. Bebiendo y riendo se les hizo de madrugada y Nami propuso un juego tonto que había leído en una revista de la última isla. El juego consistía en dar tres opciones y la persona tenía que elegir con quién se casaría, con quién se acostaría y de quién sería amigo. Como Nami propuso el juego comenzó ella.
- A ver, Usopp .- el mencionado ya estaba temblando .- Kaya, Hina y Vivi-chan.
- etto… veamos, obviamente no puedo hacerme amigo de Hina porque es de la marina y sería muy raro acostarse con Vivi que es una gran amiga. Me acostaría con Hina, me haría amigo de Vivi y me casaría con Kaya por supuesto.
Todos sueltan un gran "ohhh" y Franky le da un gran abrazo, todos le desean que pronto pueda reunirse con su chica pero el juego continúa y esta vez pregunta Franky.
- De acuerdo SUPER Nami mis tres opciones son los tres hermanos: Luffy, Ace o Sabo.
- Nooooo, ¡no puedo responder a eso! Eres un maldito pervertido .- Nami estaba roja como un tomate.
- Venga Nami es un juego, nos estamos divirtiendo, responde que no me enfado, shishishi.- Ya que todos estaban animando y Luffy parecía entusiasmado (y un poco borracho) decidió responder.
- Vale… Veamos, me acostaría con Luffy está claro, porque ya lo hago y otra opción sería rara .- todos soltaron una gran carcajada ante la evidencia .- tendría de amigo a Ace porque es demasiado aventurero para mí y me casaría con Sabo porque es un chico muy tierno.
- Sí que lo és, aunque claro él ya tiene a Koala, fufufu .- Robin conocía bien al hermano de su capitán y podía afirmar que era un gran tipo .- de acuerdo ahora yo, Sanji… Vivi, Violet y Pudding.
Sanji parecía pensárselo un momento pero tras un sonoro "NO PUEDO ELEGIR QUIERO A LAS TRES" salió disparado hacia atrás con un derrame nasal. Una vez rescatado del océano por Franky Luffy continúa con el juego.
- Ahora yo, Zoro te toca… veamos… una es Robin claro, etto… la otra es esa espadachín que siempre nos anda persiguiendo, Tashigi, y la otra… Perona, aunque estaba loca, pero bueno shishishi.
- Pues me acostaría con Robin claro, me haría amigo de Perona porque bueno, supongo que en cierto modo somos amigos y por descarte me casaría con Tashigi.
Todos parecían darle la razón, era bastante lógico, pero Robin no estaba tan de acuerdo. Sentía una punzada en el pecho de ¿celos? ella celosa, no se lo podía creer. Sabía que había estado los dos años con Perona pero Zoro lanzaba tantas pestes sobre ella que nunca le hizo mucho caso y además hablaba de ella como si fuera una hermana pequeña molesta. Pero sí le había dolido que prefiriera casarse con Tashigi, aunque claro ellos tenían más en común, a ambos les apasionaban las espadas y eran personas tranquilas. Ella nunca había pensado en el matrimonio pero saber que a Zoro ni se le pasaba por la cabeza le molestaba en cierto sentido. Disculpándose con el resto se retiró del juego y se dirigió a la cocina. Mientras se tomaba un vaso de agua para calmarse llegó Zoro.
- ¿Qué te pasa onna? .- Zoro mantenía las distancias con ella.
- Nada Zoro .- No quería admitir nada y sabía que a Zoro se le pasaría la curiosidad.
- ¿Te has puesto celosa por el juego? .- Una sonrisa de medio lado apareció en su rostro cuando Robin desvió la mirada a otro lado, había acertado.
- No, he dicho que no me pasa nada.
- Vamos Robin, es solo un juego, ni un mil años tocaría a otra mujer que no fueras tú .- Acercándose con precaución la abrazó por la espalda.
- Ya lo sé… es sólo que no pensé que elegirías a Tashigi para casarte con ella.
- No la elegiría para casarme con ella en la vida real Robin…
- Ya… pero tampoco me elegirías a mí… .- Ni sabía porqué estaba molesta pero lo estaba.
- JAJAJA Robin por favor te pido matrimonio casi todas las noches .- Zoro se puso colorado casi al instante, joder, se le había escapado y ahora Robin lo miraba con los ojos muy abiertos.
- ¿Qué? Nunca me has pedido matrimonio.
- Bueno… Sueles estar dormida cuando lo hago .- Zoro no podía estar más colorado y desviaba la mirada hacia la mesa de la cocina.
- ¿Entonces si piensas en el matrimonio? Pero somos piratas Zoro…
- Ya lo sé .- no le quedaba otra que sincerarse, sabía que su mujer no dejaría estar el tema.- no lo pensaba antes pero cuando nos pillaron pensé, ¿qué más da? total todo el mundo lo sabe, no importa que sepa que somos pareja o un matrimonio. Nunca había querido a nadie y estoy completamente seguro de que quiero pasar mi vida junto a tí, no me parece tan raro querer un matrimonio…
El pánico se apoderaba de cada terminación nerviosa, no quería preguntarle a Robin si ella quería casarse, no quería pedirle matrimonio así, pero una parte muy grande de él se moría por una respuesta. Robin comprendió la lucha interna del espadachín y decidió dejarlo estar. Ella también lo amaba y eso del matrimonio no sonaba tan mal, pero dejaría que fuera él quien decidiera el momento. Dándole una gran sonrisa y una leve risa casi en un murmullo Robin se puso de puntillas para besar a su peliverde. Este entendió que la conversación había terminado pero él podía demostrar que todo lo decía en serio. Las manos de Robin viajaban por todo el cuerpo del espadachín, deshaciéndose de la camiseta y besando la piel expuesta. Pasó a su pantalón pero Zoro la detuvo y se la cargó al hombro.
- Sé que te encanta hacerlo en la cocina, pero hoy quiero tomármelo con calma, así que al dormitorio.
Quería llevarla al dormitorio, aunque diera un par de vueltas de más por ese enorme barco buscándolo, quería demostrarle que era la única, que siempre lo sería y que los celos no tenían sentido en su relación. La dejó sentada al borde de la cama y comenzó a quitarle la ropa. Cuando la hubo tenido completamente desnuda la tumbó en el centro de la cama y comenzó a besarla. Besos tiernos que se van convirtiendo en ávidos mordiscos en su cuello y sus pechos hasta que baja la boca hasta sus muslos. Con una sonrisa de lado miró a su pelinegra y la vió con la boca entreabierta muy atenta a sus movimientos y eso lo volvía loco. Besó toda la zona, metiendo sus dedos por sus pliegues hasta que su boca llegó al clítoris y entonces mordió y succionó gimiendo con boca ávida contra su piel, jamás podría cansarse de ese sabor. Robin, que profería sonidos agudos un poco ahogados, le cogía el pelo para guiarlo mirando con los ojos muy abiertos como su espadachín la devorada, ella acompañaba los movimientos de su boca con movimientos de su cadera. Zoro le puso una mano en la barriga para que no se moviera y con la otra mantenía su pierna bien abierta. Cuando ella se corría con él dentro era una maravilla, pero esto… joder para él era mucho mejor, ver su orgasmo, sentirlo en los dedos y en la boca era lo mejor. Metió un dedo dentro de ella y la encontró muy mojada, así que rápidamente metió otro dedo, penetrándola con embestidas cortas y profundas. Robin abrió los ojos que había cerrado sumida por el placer y lo vió muy concentrado lamiendo y con la otra mano penetrándola, pero sus hombros se movían con brusquedad. Cuando pudo fijar la vista vió la otra mano de Zoro sobre su pene moviéndola frenéticamente arriba y abajo. Cuando Robin se dió cuenta de que el espadachín estaba disfrutando tanto con aquello que tenía que tocarse para soportarlo el orgasmo llegó como una explosión. Sintiendo la tensión acumularse y creciendo sobre la piel metió más aún los dedos entre su pelo y balanceo sobre él curvando la espalda cuando el orgasmo la arrasó. Respirando con un áspero jadeo, en el umbral de la inconsciencia y con el eco del orgasmo aún resonando alrededor Robin tiró de Zoro para que se colocase encima y la penetrara. Sentía la necesidad de tenerlo encima, de poder pasear sus manos por su torso desnudo, pero cuando él la penetró y se quedó quieto ahí esperando a que ella recuperara el aliento supo que lo amaba, que lo haría siempre y que él sentía lo mismo, que aunque no lo parecía estaban hechos el uno para el otro.
