EPÍLOGO

Habían llegado a una hermosa isla de verano, el tiempo era perfecto, la vegetación era perfecta y sus nakamas se comportaban con ella con mucho mimo, entonces ¿porqué estaba la arqueóloga tan molesta? Estaba nerviosa desde hacía unas semanas pero desde que habían llegado a la isla hacía solo un par de días apenas había visto al espadachín y eso la molestaba mucho, ¿dónde coño estaba? Vale que siempre se perdía en los bares, o en cualquier otro sitio, pero siempre la avisaba antes y a ella nunca le importaba. Aprovechaba esos momentos para ir a comprar algo de ropa o visitar las bibliotecas y luego solía reunirse con él en algún bar. Pero en estos dos días no había tenido ni un solo momento a solas, siempre que salía alguno de sus nakamas le pedía que la acompañase a sitios cada vez más extraños. Al principio era normal, iba con Nami de compras o acompañaba al pequeño Chopper a alguna tienda para comprar libros, pero ahora estaba paseando con Brook por una pradera porque " Soul King necesitaba buscar inspiración". Eso no tenía ningún sentido. Pero aún así había accedido, porque últimamente no le gustaba negarse a nada.

Mirando mejor el prado era muy bonito. La hierba corta era de un verde intenso y se mecía con la suave brisa que corría, estaba salpicado por pequeña flores que todavía sobrevivían a las altas temperaturas. Cerca de allí divisó un grupo de árboles al lado de un río y pensó que era un paisaje idílico para disfrutar, si ella no estuviera muy molesta y no tuviera que acompañar a su nakama a por inspiración.

Cuando llegó cerca de los árboles se fijó que había una pequeña mesa decorada en el centro que los árboles le tapaban antes. Se dió la vuelta para preguntarle a Brook pero este ya no estaba. Acercándose un poco más para verlo mejor vió guirnaldas y luces pequeñas que colgaban entre los árboles y en el centro una mesa con un mantel morado y un ramo de violetas en medio. Ahora estaba mucho más molesta, ¿cómo ella, que siempre se daba cuenta de todo, no se había fijado en esto antes? ¿Qué le estaba pasando?

Detrás de un árbol salió Zoro con la cara visiblemente roja. Robin quería enfadarse con él y hacerle mil preguntas pero estaba tan mono así que solo pudo reír bajito. Llevaba un traje negro con una corbata verde oscuro y una camisa blanca perfectamente planchada. En el bolsillo de su chaqueta sobresalía una violeta como las del jarrón. Extendió su mano para coger la de Robin y le apartó la silla para sentarla. Ella tenía mil preguntas pero sabía, por la expresión de él, que no era el momento de responderlas. Cuando Zoro se sentó, Chopper apareció con dos platillos deliciosos y un esmoquin a medida de lo más kawaii, de fondo sonaba un violín que acompañaba a la perfección al murmullo del río, aunque desde donde ella estaba no podía verlo obviamente se trataba de Brook. Robin no podía estar más encantada, su peliverde había tenido que pedirle ayuda a toda la tripulación para aquello, estaba segura, y sabía lo mucho que Zoro odiaba pedir ayuda. La comida sin duda era obra de Sanji, porque estaba deliciosa, la decoración del mantel y el traje de Zoro… Seguro que Nami había metido baza en todo eso y la decoración era tan parecida a la que ponían Usopp y Franky para decorar su querido Sunny que sin duda habían sido ellos esta vez también. Ahora entendía porqué había estado tan ausente estos dos días, le había preparado una sorpresa, una perfecta en su opinión.

Zoro comenzó a hablar sobre su día y cosas banales y Robin le seguía la conversación, encantada por pasar tiempo con su chico en un ambiente tan idílico, hasta se le pasó el enfado que tenía con él.

- ¿Te ha gustado la cena? .- Zoro la miraba un poco ansioso

- Todo es perfecto, gracias Zoro.

- Te quiero Robin y debes saber que los chicos me han ayudado mucho con todo esto.

- fufufu ya me he hecho una idea.

- Robin… hace ya casi un año que estamos… bueno que estamos juntos .- le iba a costar decir aquello .- ha sido maravilloso, tú eres maravillosa y sin duda alguna la mujer de mi vida. No era broma lo que te dije de que te pedía matrimonio todas las noches, pero quería hacerlo bien porque te mereces algo perfecto.

Zoro se levantó de la silla y acercándose con cuidado y paso lento se arrodilló al lado de la silla de Robin. Esta la miraba con los ojos muy abiertos. El peliverde sacó una pequeña caja negro con el anillo más bonito que había visto Robin nunca.

- Robin, ¿quieres casarte conmigo? .- Zoro la miraba con un ligero rumor y muy nervioso, sabía la respuesta, pero aún así estaba muy nervioso.

- Sí quiero Kenshi-san

Zoro le puso el anillo y la levantó de la silla para abrazarla y darle un casto beso. Robin profundizó el beso, todo había sido perfecto. Zoro la cogió y le dió una vuelta riendo mientras sus amigos aparecían por detrás vestidos elegantes.

Entre efusivos "omedeto" y besos y abrazos todos felicitaron a la feliz pareja, ahora comprometidos. Robin estaba encantada, la pedida había sido simplemente perfecta y ahora podía disfrutarlo con sus nakamas, su familia. Franky trajo una gran mesa y Sanji puso mucha comida y alegremente celebraron una fiesta cerca de ese tranquilo río.

Zoro se acercó a ella una vez más y le besó el cuello.

- Estoy exhausto, no podría tener más emociones hoy, ¿de verdad que te ha gustado?

Robin se dio la vuelta para tenerlo cara a cara y le dedicó una sonrisa, una que solo le regalaba a él. Besándolo le confirmó que le había encantado y que era el hombre de su vida.

Mirando el anillo y recordando las palabras de Zoro Robin decidió dejar su sorpresa para otro día. Este era su día y su sorpresa, se lo había trabajado mucho para que fuera muy especial. En otro momento le diría que estaba embarazada…