Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, solo los atrapé un poco en esta historia para divertirme un poco echando a volar mi imaginación y poder así compartirla con las demás Anthonyfan que hay en este mundo del fanfic, espero disfruten mucho de esta historia y que me dejen un comentario acerca de lo que opinan de ella. No es apta para menores de edad y lo hago sin fines de lucro. Espero respeten las clasificaciones y tengan un poco de discreción para leerla. ¡Comenzamos!
LAZOS DE AMOR
LA ESPERA DE OTRO ANDREW
El baile transcurría tranquilamente, Candy y Anthony bailaban y compartían con los demás siempre juntos, para los demás era obvio que eran una pareja enamorada y que un día anunciarían su compromiso, para todos menos para Albert, quien veía a los dos rubios como dos primos que eran muy unidos. Annie y Archie por fin habían bailado el resto de la velada, después de todo la noche no se había arruinado después del comportamiento infantil que había tenido Archie con la jovencita.
Stear y Patty se la habían pasado bailando, riendo, comiendo y jugando entre sí, se habían acoplado bastante bien y era un hecho que los dos disfrutaban mucho su compañía, eran muy similares y a pesar de que dicen que los polos opuestos se atraen, ellos rompían la regla, eran tan iguales que se acoplaban muy bien, cosa que a la tía abuela alegró bastante, agradecía al cielo que a Eliza no le interesaba Stear, así que la leve charla de un posible compromiso con él no haría mucha diferencia, tendría ahora que hablar con su amiga Martha para ahora sí hacerlo formal. Hacía muchos años que habían hablado sobre ello, no sabía por qué lo había olvidado, lo bueno que era algo que aún podía remediar.
Albert había bailado solo un poco con Rosemary, que al igual que ella no le interesaban ninguna de las mujeres que trataban de abordarlo lo mismo que a ella, había uno que otra viudo que le dedicaba miradas lascivas, así que bailaban entre sí para espantar a los pájaros que los asechaban.
-Rosemary ¿Qué sucede con Dorothy?
-¿De verdad no lo sabes? –Preguntaba curiosa ante la mirada confusa de Albert.
-Me dijo que se sentía mal, que por eso no estaría presente en el baile y que la disculpara con Candy.
-Hay hermanito, no cabe duda que eres muy tonto. – Le dijo sonriente para no hacerlo enojar.
-¿Por qué lo dices? – dijo con cierta indignación.
-¿Acaso crees que no me he dado cuenta de lo que hay entre ustedes? – Albert se tensó casi de inmediato, esperando que la pieza de baile terminara para poder retirarse al despacho para hablar más tranquilos.
-Aquí no es lugar para hablar de eso. – Dijo simplemente, la pieza de baile terminó e hizo la reverencia correspondiente y se retiró a su despacho seguido por Rosemary quien no lo iba a dejar tan fácil hasta que corrigiera su error.
Llegaron al despacho y Rosemary cerró la puerta.
-¿Ella te lo dijo?
-¿Dorothy? ¿Cómo crees? Ella es incapaz de hacerlo, lo que sucede es que ninguno de los dos puede disimular las miradas de amor que se dedican.
-¿Amor? Yo no amo a Dorothy, para mí el amor ya no tiene cabida en mi corazón. –Dijo secamente.
-Te equivocas, tú la amas y ella te ama, solo que tú no quieres aceptarlo y ella no quiere que la rechaces, pero ahora más que nunca tienes que corresponderle.
-¿Qué dices? ¿A qué te refieres?
-Albert, Dorothy está esperando un hijo. –Dijo repentinamente a ver si sacudía a su hermano con esa declaración.
-¿Cómo lo sabes?- Preguntó sorprendido.
-Hermanito, hay cosas que para una mujer no pasan desapercibidas, Dorothy es tan transparente que no necesita decirlo, ¿Por qué crees que son sus malestares matutinos? Sus mareos, sus náuseas, su cansancio. –Decía enumerando uno a uno los malestares de los cuales Dorothy había sufrido en los últimos días.
-Déjame solo. – Dijo sin remordimiento alguno.
-Como gustes, yo solo te aviso por lo que está pasando Dorothy, no es culpa de ella que yo me haya dado cuenta. –Decía retirándose esperando haber hecho eco en la mente del terco de su hermano.
Albert se quedó pensativo sentado en su escritorio en silencio absoluto solo alcanzando a oír el barullo que había afuera que se colaba al abrir Rosemary la puerta, pero al cerrarla nuevamente reinó el silencio, solo su mente le gritaba todos los acontecimientos que se habían desatado desde aquella noche.
"Albert como cada noche llegaba frustrado y cansado de lidiar con los inversionistas todo el día, estaba cansado de batallar con ellos, sabía que era su responsabilidad pero enfrentar un día a día con lo mismo después de la pérdida de su esposa le causaba hastío, la bebida era la única que lo acompañaba para calmar un poco sus ansias, pero esa noche no tenía ganas de beber, no tenía ganas de montar, ni de hablar de sus emociones, tenía ganas de tener a una mujer a su lado y solo eso lo tranquilizaría por completo.
Llegó al cuarto de su hija y dudo en entrar, sabía que Dorothy estaría ahí con ella, ella siempre la acompañaba, pero desde hacía unas semanas no la veía de la misma forma. Su abstinencia lo hacía que pensara en ella de una manera poco decorosa, tenía más de dos años de viudo y tenía meses sin estar con una mujer, no por falta de ganas, sino porque la hermosa pelirroja que cuidaba a su hija se había filtrado en sus pensamientos haciéndolo flaquear varias veces en su mente. Entro cuidadosamente para no despertarla y se dio cuenta que Dorothy no se encontraba junto a su hija así que se acercó a la puerta que comunicaba con la recámara de la nodriza dudando en tocar, cuando escucho un llanto triste y poco audible. Dorothy como cada noche lloraba no por la pérdida de su esposo, porque ya había aceptado que solo fue un mal hombre en su vida, no lloraba por la pérdida de su hijo al cual llevaría por siempre en su corazón, ese llanto era diferente era un llanto triste y acongojado, como de alguien que ha hecho algo indebido, lloraba porque se había enamorado de un imposible, se había enamorado de su patrón y eso era algo que no se podía permitir, aún fuera la hija de un Simmons, aunque ellos habían estado comprometidos de niños, era algo que no podía ser.
Albert, al escuchar el llanto de Dorothy se animó a entrar a consolarla, ya muchas veces la había escuchado llorar, pero nunca se había animado a hacerlo, así que sin tocar giró la chapa de la puerta y entró, sorprendiendo a Dorothy quien se encontraba en un camisón de noche, largo y transparente, al estar en la privacidad de su cuarto no llevaba la bata para levantarse, se suponía que estaba sola no esperaba esa intromisión del rubio, quien al verla en esa situación no dijo nada solo se fue sobre ella besando sus labios con desesperación. Dorothy correspondió después de un rato no animándose a rechazarlo porque ella ansiaba lo mismo. El deseo que hacía tiempo había despertado en su cuerpo se había apagado abruptamente teniendo que silenciarlo en las noches en las que su cuerpo aclamaba el contacto físico de un hombre, soñando incontables noches en la intimidad de su cuarto con el guapo patriarca que entraba a su cuarto como esa noche y le hacía el amor hasta el amanecer.
Dorothy pensó que era otro de sus húmedos sueños que cada noche tenía, creyendo que el sueño la había vencido y se dejaba llevar por esa maravillosa aparición que la visitaba todas las noches al entregar su sueño a Morfeo. Albert la amó sin contemplaciones llenándose de su aroma al hacerla su mujer por primera vez, tranquilizando sus instintos más primitivos que clamaban el contacto con esa mujer que lo tenía hechizado. No tuvo contemplación en tomarla entre sus brazos, hasta que su cuerpo se sintió saciado de ella, terminando cansado a su lado mientras ella lo observaba enamorada, como quien mira un espejismo sin reconocer que era real el adonis que estaba a su lado, atreviéndose a besarlo y acariciarlo, total era su sueño, ella podría hacer y deshacer en él desinhibiéndose completamente y colocándose en posición dominante para saciar ahora ella sus deseos carnales que tenía más de dos años sin atender. La pasión que Dorothy le demostraba a Albert era una pasión nunca antes experimentada, era muy diferente a la que había tenido con Candice, si bien ella era apasionada también era muy recatada y no le permitía ver por completo su desnudez. En cambio Dorothy le mostraba su cuerpo sin complejo alguno y le permitía tocar y observarlo por completo, tocando sus bellas formas con unas manos ávidas de más, fundiéndose nuevamente en uno solo, llegando una vez más al clímax del placer con ella sobre su cuerpo, deleitándose con el movimiento de sus atributos al compás de su vaivén. Una vez terminado el acto de amor, Albert se acomodó al lado de Dorothy y la abrazó con ternura, ella se dejó querer en su sueño, mañana volvería a su realidad, pero hoy iba a disfrutar al máximo esa maravillosa quimera, sin saber Albert que ella creía que soñaba y sin saber Dorothy que él era real.
A la mañana siguiente Dorothy despertó totalmente desnuda entre los brazos de Albert, quien al sentirla moverse despertó. Ella trató de taparse y levantarse rápidamente al caer en cuenta que no había sido un sueño y que todas las sensaciones tan maravillosas que había sentido toda la noche habían sido reales y que el hermoso cuerpo de Albert estaba en igual condiciones que el de ella, totalmente desnudo. Albert sin pudor alguno lo mostraba ya habían pasado la noche juntos y ya se habían visto tal como eran, al notar que ella se quería alejar la tomo de la muñeca y la retuvo.
-¡No te vayas! – Le dijo más como una orden que como una súplica. -¡Quédate! –Dorothy temblaba y no sabía qué hacer, él la atrajo hacia su cuerpo y le quitó la sabana con la que se cubría quedando al descubierto por completo, siendo admirada por los ojos azules del patriarca con admiración y deseo, sintiendo su cuerpo arder de vergüenza y deseo. La luz que entraba por el ventanal iluminaba perfectamente sus bien definidos cuerpos, su cuerpos se tocaron una vez más provocando chispas de electricidad al contacto, ardiendo en deseo una vez más. Se entregaron nuevamente en cuerpo y alma aunque Albert no lo admitiera amaba a esa mujer, Dorothy se rindió nuevamente ante los encantos de ese adonis blanco y rubio que la hacía arder en deseo, un deseo que nunca había experimentado y que al haber despertado quería ahora si hacerlo consciente de que era real. Se amaron una vez más, libremente sin los lineamientos de la época de tener una sábana de por medio mientras se hacía el amor, permitieron el contacto directo de sus cuerpos y eso era una delicia, Dorothy llegaba primero a la culminación del acto de amor, siendo seguida por Albert quien explotaba como nunca antes lo había hecho. Definitivamente hacer el amor con Dorothy era lo mejor que le había pasado en los últimos años, después de su adorada Candice.
Después de ese encuentro le siguieron muchos más, casi a diario el patriarca visitaba la habitación de Dorothy calmando sus ansias con ella, cuando los viajes se alargaban era una tortura para ambos ya que sus mismos cuerpos se clamaban uno al otro. Dorothy lo amaba nunca se lo había dicho pero lo amaba y él no pudo volver a estar con ninguna mujer de nuevo después de haber conocido ese nivel de pasión entre sus brazos".
Los recuerdos de Albert regresaron al presente, reconociendo por fin que estaba enamorado de Dorothy desde aquella primera vez, aunque nunca se lo había expresado con palabras. Dorothy creía que ella solo era un desfogue para el patriarca pero su amor por él le había impedido rechazarlo. Albert sonrió por primera vez feliz después de muchos años, delineando sus labios que deseaban sentir nuevamente el sabor de los labios de Dorothy.
-Definitivamente la quiero. –Dijo para sí mismo en voz alta. Sentía la necesidad de hablar con ella, pero estaba seguro que estaría cansada, la dejaría reposar esa noche y mañana hablaría con ella para aclararlo todo, no sabía que hacer aún, pero si estaba embarazada respondería como el hombre que era y hablaría con su padre para pedir su mano formalmente, ya no era un jovencito, y Dorothy ya no vivía con su padre, pero aun así quería presentar sus respetos hacia aquel hombre que un día le habían dicho que sería su suegro. No había tenido la oportunidad de pensarse de nuevo como padre, a decir verdad él sabía que nunca lo había sido con Candy, ya que nunca estaba presente, pero sin querer le ilusionaba volver a sentir el crecimiento de una nueva vida en el vientre de la mujer amada, solo esperaba que ahora todo fuera diferente. Era muy joven cuando fue padre por primera vez y aunque para la época ya estaba mayor para volver a empezar a él se le hacía una edad perfecta para volver a hacerlo.
La fiesta llegaba a su fin, los invitados se retiraban poco a poco, quedando únicamente los habitantes de la mansión, Rosemary veía con intriga a Albert, mientras que Elroy y los más jóvenes se retiraban cansados a sus habitaciones.
-Albert ¿Qué es lo que harás?
-Hablaré con ella Rosemary, hablaré con Dorothy para llegar a un acuerdo. – Le dijo simplemente.
-¿Un acuerdo? ¡Lo que deberías hacer es pedirle que se case contigo! Será una deshonra para los Andrew y los Simmons si saben que ella está embarazada de ti. ¡Además tú la amas! – Albert la veía molesto, había aceptado que la amaba, pero aún no aceptaba que nadie le dijera que hacer aún si esta persona fuera su hermana o su tía abuela.
-¡Mañana hablare con ella! –Dijo alzando la voz. Se dirigió a su habitación dejando sola a Rosemary, no sabía por qué pero tenía un mal presentimiento de esa situación. Tal vez era porque su hermano no quería ser padre y pensaba abandonarla no era un secreto para nadie que no quería hijos.
Los chicos escuchaban la discusión pero para ellos no era nada raro al contrario estaban acostumbrados al mal humor de Albert y solo se adentraron a sus habitaciones. Anthony acompañó a Candy a su habitación, y al cerciorarse que todos habían entrado a sus respectivos cuartos tomó las manos de Candy dulcemente.
-Hasta mañana princesa.
-Hasta mañana mi príncipe. – Anthony sonreía por como lo llamaba, era tierno escucharla hablarle con tanto amor.
-No dejaré pasar un día más, mañana hablare con el tío William.
-¿Estás seguro Anthony? – Preguntaba aun temerosa e insegura de querer que lo hiciera.
-Estoy seguro pequeña, te amo y quiero que todos se enteren. – Candy asintió feliz y le dedicó una mirada soñadora. Anthony la tomó de la mejilla y se acercó a sus labios, dándole un corto y suave beso, que la hizo sonrojar inmediatamente. – Te amo pecosa.
-Y yo te amo a ti Anthony. – Le digo guiñándole un ojo mientras cerraba la puerta de la habitación lentamente. Anthony recargaba su frente en la puerta con la mirada ilusionada y sonrisa bobalicona, estaba verdaderamente enamorado desde hacía mucho tiempo, pero el besar a Candy era una delicia que lo dejaba sin fuerzas en sus rodillas. Se abrazó a la puerta sonriente y susurro "te veo mañana vida mía". Se retiró feliz por la velada tan maravillosa que había pasado introduciéndose a su habitación, listo para dormir rebosante de alegría.
La mañana llegaba y con ello la ansiedad de Albert por hablar con Dorothy. Se alistó rápidamente y antes de desayunar se dirigió a su habitación, tocó la puerta insistentemente al no obtener respuesta. Después de esperar un rato y no ser atendido se dirigió al cuarto de Candy quien seguía dormida por la desvelada, si normalmente se levantaba tarde, por la fiesta se levantaría mucho después, pero eso era algo que a su padre no importaba mucho que digamos, tocaba fuertemente la puerta para ser escuchado.
-¡Candy, despierta! – Decía hablando fuerte, no sabía porqué tenía un extraño presentimiento.
Candy escuchó los golpes tan fuertes en la puerta de su habitación y se levantó asustada colocándose la bata para levantarse al reconocer la voz de quien le hablaba.
-Buenos días padre. – Dijo nerviosa.
-Buenos días, ¿Sabes dónde está Dorothy?
-¿Dorothy? No la veo desde ayer en la tarde, solo me felicitó y me dijo que la disculpara que no se sentía bien, pero no volví a verla. ¿Sucede algo? – Preguntó tímidamente.
-No. – Fue la única respuesta que obtuvo.
El patriarca se dirigió a cada uno de los empleados de la mansión preguntando por la joven pelirroja acrecentándose en su pecho el sentimiento de angustia. Todos habían sido despertados por el rubio mayor para advertirles de la ausencia de Dorothy, enviando a una de las mucamas a revisar la habitación de la joven.
-Rosie ¿La encontraste? –Preguntó desesperado.
-No señor. – Dijo con miedo, ya conocía la furia de su patrón y temía la reacción que vendría después de lo que tenía que decirle. – La señora Dorothy no está en su habitación… y tampoco están sus cosas… –Dijo nuevamente, Dorothy era una empleada también, pero desde que había llegado y saber de quién era hija Albert y las demás la trataban como si fuera de la familia aunque ella se negaba a aceptarlo.
-¿¡Dónde está!? –Habló fuertemente haciendo que todos pegaron un brinco, todos le temían sobre todos los empleados, todos menos Anthony, lo veía comprensivo él también había notado que se amaban y se veía reflejado en él al pensar que Candy desapareciera así repentinamente de su vida. Nadie había visto a Dorothy, nadie sabía de ella y Albert se sentía realmente frustrado al no saber de ella y de su posible embarazo.
-¿Qué sucede William? –Preguntó Elroy al verlo tan desesperado quien recién llegaba y se integraba al alboroto que veía. Albert no respondió.
-Dorothy se fue tía abuela. – Dijo Rosemary.
-¿Cómo que se fue? ¡Ella no se puede ir! ¿Qué le diré a Harold? – Decía angustiada ya que había hablado con el padre de Dorothy y le había advertido del embarazo prometiéndole que la cuidaría y que William respondería por sus actos como todo un caballero.
-¿Harold? – Preguntó Albert sorprendido. -¡Tal vez se fue con él! – Dijo esperanzado enviando inmediatamente a un empleado a buscarla.
-¿Qué le hiciste William? – Preguntaba Elroy angustiada, sabía del temperamento de su sobrino y temía que él la hubiera ofendido.
-¡Nada! Ni siquiera la he visto desde ayer en la mañana. – Decía desesperado.
Anthony tomaba la mano de Candy, ella no sabía el porqué de la angustia de su padre, pero ella si estaba preocupada por su "madre" como ella la consideraba, últimamente no se había sentido bien y temía que uno de los malestares le habían tomado por sorpresa cuando salía a dar su caminata matutina.
-Anthony vamos a buscar a Dortohy, por favor. –Le decía angustiada.
-Vamos hermosa. –Le decía haciendo una señal a los Cornwell para que los acompañaran. Se dividieron en tres grupos para abarcar más terreno. Archivald se fue al lado de su compuerta nadie mejor que él para buscar por esos lugares, los tenía memorizados. Allistear fue para el lado del portal de piedra era un lugar muy grande pero también lo tenía identificado, Candy y Anthony iban en Pegaso juntos buscando por el lado del bosque y los grandes jardines.
Nada, por ningún lado habían encontrado a la pelirroja, regresando con los ánimos por los suelos y reunirse nuevamente en la mansión.
-¿Han encontrado algo? – Preguntó Anthony.
-Nada Anthony. – Dijo Stear.
-Un joven que pasaba cerca del lago dijo que había visto el día de ayer a una señora con las características de Dorothy abordando una diligencia. – Decía Archie que llegaba agitado por la carrera que había emprendido al escuchar eso.
-¿Desde ayer? – Preguntó Candy, -¿Cómo era posible que nadie lo hubiera notado? - Entre el movimiento de la fiesta y la entrada y salida de vehículos nadie había reparado en la salida de Dorothy, así que si desde ayer había salido lo más seguro es que ya estaba demasiado lejos.
Los cuatro regresaban a la mansión con esa nueva información, Albert al enterarse se retiró molesto a su habitación, al llegar comenzó a aventar todo lo que había ahí frustrado por no haber podido averiguar si realmente estaba embarazada, frustrado porque acababa de descubrir que la quería y que la necesitaba. Entre las cosas que aventó salió volando un sobre rosado del cual no se había percatado, lo tomó entre sus manos apurándose a abrirlo, era una carta que Dorothy le había dejado antes de partir.
"Querido Sr. Andrew,
Quiero agradecer infinitamente el tiempo que me permitió estar al lado de su familia y considerarme más que una empleada, pero ya no puedo seguir callando los sentimientos que tengo por usted. He cometido la falta de enamorarme de usted y es algo que no puedo manejar últimamente, gracias por los momentos que compartimos, los llevaré siempre en mi corazón como un dulce recuerdo que será imposible de borrar de mi alma.
Lo ama Dorothy Simmons."
Albert hacía puño la carta más molesto que antes, porque no se había despedido de él, porque no había podido aclarar las cosas, porque aunque no lo mencionaba debía existir un motivo mucho mayor que el que ella expresaba en esa carta para huir tan repentinamente, llevaban diez años amándose en secreto y no había tenido la necesidad de desaparecer, ¿Qué era lo que estaba escondiendo? ¿Realmente estaría embarazada? ¿Por qué no le había dicho nada? Él también tenía derecho, era su hijo. Albert terminaba sentado en el piso, nuevamente esa sensación de pérdida crecía en su corazón soltando una lágrimas que le impedían ver.
Cuando los demás dejaron de escuchar los ruidos provenientes de la habitación se animaron a preguntar.
-¿Qué es lo que sucede tía? – Preguntaba Candy a Rosemary.
-No sé muy bien pequeña, pero al parecer tu padre se acaba de dar cuenta que ama a Dorothy.
-¡Mi padre! – Dijo emocionada, y sintiéndose acongojada por el sufrimiento de su padre, ahora entendía la reacción que había tenido, ella sin haber perdido a Anthony al no saber sus sentimientos se sentía perdida. Ella amaba a su padre y no le deseaba que sufriera, se armó de valor y fue a verlo.
-¿A dónde vas princesa? – Preguntó Anthony sorprendido, Candy nunca visitaba a su padre por iniciativa propia.
-Iré a ver a mi padre, tal vez me necesita. –Dijo dudosa.
-Te acompaño – Le dijo tomándola de la mano.
Ambos subieron las escaleras dirigiéndose a la habitación del rubio. Candy tocaba la puerta sin obtener respuesta. Ante la insistencia del llamado Albert respondió molesto.
-¡Déjenme tranquilo!
-Padre soy Candy. – Dijo apenas para que la escuchara.
-No es el momento. – Dijo fríamente.
Candy se armó de valor y entró dejando a Anthony esperándola afuera, le dijo que quería hacer esto sola.
-Padre, tenemos que buscarla.
-¿Para qué? Si ella se fue, es porque ya no quería estar aquí. –Dijo mirando fijamente el suelo sin ver a su hija.
-Ella no debe estar sola.
-No lo estará. – Dijo Albert, presentía que era verdad lo de su embarazo.
-Padre ¿Tú la amas? – Preguntó tímidamente.
-No puedes amar a quien no te ama. – Contestó.
-Ella te ama padre. – Dijo Candy segura, ya había analizado muchas veces el comportamiento de Dorothy con su padre y recién había llegado a esa conclusión.
-Si lo hubiera hecho no se habría ido.
-¿No vas a buscarla?
-No.
Candy salió triste de la habitación mirando a Anthony y se refugió en sus brazos llorando triste por ver a su padre derrotado, ella nunca lo vio cuando perdió a su madre, pero por lo que le habían contado ahora se volvía a repetir el sentimiento de pérdida.
-Vamos amor – Le dijo secando las lágrimas de sus ojos a besos.
Bajaron hacia el gran salón, anunciando con un simple movimiento de cabeza que Albert estaba mal.
Rosemary y Elroy se dirigieron al despacho para hablar entre ellas y buscar la manera de localizar a Dorothy. Con Harold nunca iría porque aún estaban distanciados, a pesar que el señor Simmons estaba siempre al pendiente de ella y la había reincorporado en su testamento.
Continuara…
Hasta aquí el capítulo, espero se hayan entretenido un poco, vemos como el pobre de Albert sigue sufriendo y por ello aumenta su amargura... se habrá ido Dorothy porque tuvo miedo que le quitaran a su hijo o porque tiene miedo de que lo traten como a Candy... en fin, el caso es que se fue... mientras tanto mi rubio hermoso se quedó con las ganas de hablar con su tío-suegro para revelarle las intenciones que tiene con Candy y así por fin hacer formal su compromiso.
Bueno señoras, señoritas me despido hasta la próxima semana si Dios lo permite para traerles el siguiente capítulo, espero sigan al pendiente y me dejen un comentario. Les mando un fuerte abrazo y mi más sinceros agradecimientos.
Saludos
P.D. Territo no hará sufrir a Anthony en esta historia... no se preocupen, cuídense mucho.
