Hola hermosas, aquí reportándome con un nuevo capítulo de esta historia que al parecer ha causado muchos sinsabores y revuelo, no todos la han aceptado bien. Quiero aclarar que la historia ya la tengo bastante avanzada como siempre lo hago para evitar así me ganen las prisas en las publicaciones, como todas ustedes tengo muchas actividades por cumplir y me resulta difícil pasarme todo el día en la computadora escribiendo e inventando fantasías. La historia desde un principio fue pensada así, aún incluso antes del primer comentario en contra de la pareja Albert-Dorothy, cuando me hicieron el reclamo hace tiempo esta historia ya estaba plasmada en mi computadora con unos tres capítulos y la verdad el pensar en borrarla no se me hacía justo, es más ni siquiera el cambiarle el nombre a Dorothy me dejó buen sabor de boca. De hecho yo decidí publicar la primera historia porque no me gustaban algunos romances de las historias que leía, pero me complacía la idea que son Anthonyfic y como le dije un día a una de las escritoras, "tu no te preocupes, puedes emparejar a Elroy con Steve y no hay problema para mí" jajaja de ahí nació la idea para hacerla pareja del padre de Tom en "EL EFECTO CANDY-ANTHONY" jajaja. Como les digo respeto los gustos de cada quien, pero como lo he repetido hasta el cansancio soy Anthonyfan de corazón y las demás parejas solo son para mí complemento a la historia, aun tenga yo amor por esas parejas no quiere decir que los demás las amen, y eso lo respeto. Yo recomiendo que los vean como actores, unos actores que están cumpliendo con un rol en una novela, porque sé muy bien que Albert no es así en la caricatura, sé muy bien que Annie ha sido muchas veces egoísta con Candy, sé que Eliza es más mala que el diablo y sé que la tía abuela es una vieja mendiga y amargada, sin embargo en mis historias he tratado de buscarles un hueco bueno y malo en su comportamiento, con el fin como les digo de crear una historia, no con el afán de ofender. Una vez más les digo que son bienvenidas todas las personas a leer, yo encantada de que sean más la verdad, para mí es un gusto saber que muchas leen y dejan su comentario, sea bueno o malo el caso es que ahí están leyendo y eso me anima a publicar el siguiente capítulo, les dejo un fuerte abrazo y mis más sinceros agradecimientos.
Los personajes de Candy Candy no me pertenecen solo los utilizo para hacer una historia incómoda tal vez y diferente a las demás que me ayuden para lidiar las situaciones con las que me enfrento día a día, lo hago solo por entretenimiento, es sin fines de lucro y no es apto para menores. Dicho esto Comenzamos, espero disfruten su lectura.
CAPITULO IX
CAMINO INCIERTO
Dorothy había decidido irse de la mansión Andrew, no soportaba la idea de ver al patriarca del clan molesto con ella, o que tratara a su hijo como trataba a Candy, ella no podía permitir eso, primero era su hijo y prefería renunciar a él antes que permitir que lo humillaran o despreciaran, ella sabía que el patriarca no quería involucrarse con nadie y obviamente ella no sería la excepción.
Caminó sin rumbo por las calles de Chicago, como lo había hecho doce años atrás, solo que ahora no lo hacía sola, llevaba en su vientre un pedacito fruto de su amor por el patriarca, a pesar de las circunstancias iba ilusionada por el nuevo ser que se formaba en su vientre, por él volvería a salir adelante, ante todas las adversidades. De pronto recordó a las dos buenas mujeres que un día conoció ofreciéndole casa y comida en el humilde orfanato. Tenía el dinero suficiente para vivir unos meses, gracias a que su sueldo lo guardaba casi íntegro, podía pasarla sin trabajar por un tiempo, sobre todo mientras estaba a la espera de su bebé.
Tomó una diligencia que la llevaría a aquella colina que hacía años no visitaba, esperanzada por encontrarlas aún y que no tuvieran el menor reparo en acogerla nuevamente, sentía vergüenza por lo que haría, ya que anteriormente había llegado destrozada por su pena y ahora volvía embarazada y sola.
Las dos buenas mujeres, las cuales ya estaban entradas en años la recibieron de manera alegre y emocionadas, dándose cuenta que había recorrido un largo camino, no como la otra vez, pero aun así se notaba cansada y triste, más en su mirar había algo de esperanza y un brillo muy especial que le otorgaba la maternidad.
-¡Dorothy! Bienvenida. – Decía sorprendida la hermana María.
-Dorothy, que milagro que vienes a vernos. – Decía la señorita Ponny quien se imaginaba que era más que una visita.
-Señorita Ponny, hermana María, que gusto volver a verlas. – Les decía abrazándose a su regazo buscando alivio y comprensión en las dos buenas mujeres, soltando de pronto un llanto de tristeza y desesperación.
-Vamos, niña, vamos ¿Qué te sucede? - Le preguntaban con amor.
Dorothy no hablaba solo se aferraba a sus brazos esperando que eso le diera consuelo al dolor que cargaba en su alma.
-Vamos adentro, ahí nos contarás lo que sucede. – Dijo amablemente la mayor.
Dorothy expuso ante las dos mujeres la situación que la había orillado a viajar de nueva cuenta hacia ellas y abandonar el trabajo que amablemente ellas le habían conseguido.
-No desesperes Dorothy, por lo que dices ese hombre te quiere, solo que no le diste la oportunidad de hablar contigo, tal vez te has precipitado al abandonarlo.
-No lo creo señorita Ponny, sé que él no quería tener nada que ver con ninguna otra mujer después de la muerte de la señora Candice, así que yo solo le hice más fácil las cosas.
-No creo que se las hayas hecho más fácil, más bien se las complicaste. . Le decía la señorita Ponny sabiamente.
Dorothy no quería ver las cosas como las dos mujeres, ellas no tenían experiencia alguna en el ámbito del amor, y ellas siempre veían el lado bueno de las personas aunque no tuvieran ninguno. Se retiró exhausta a su antigua habitación, la cual había permanecido intacta, gracias a la ayuda mensual que Dorothy mandaba al orfanato podían darse ese pequeño lujo.
-¿No dijo nada más? – Pregunto la señorita Ponny a la hermana María, preocupada por la situación.
-Nada, simplemente se recostó y comenzó a llorar nuevamente, está inconsolable.
-Pobre, yo no dejo de preguntarme ¿Cómo estará la pequeña Candy?
-Ya mañana hablaremos con ella sobre eso, por el momento es mejor que se recupere y tome fuerzas para saber qué es lo que hará de ahora en adelante.
-¿Cree que pueda quedarse aquí, señorita Ponny?
-No veo por qué no, ella es muy trabajadora y a pesar de su embarazo, puede ayudarnos con los niños.
La hermana María estaba feliz de contar nuevamente con la ayuda de Dorothy, tal vez no tendrían los recursos con los que ella les mandaba puntualmente, pero ya verían como arreglárselas, siempre habían salido adelante y esta vez no sería la excepción.
Mientras Dorothy dormía cansada de llorar y del viaje, Albert pasaba noches de insomnio en la mansión, pensando en Dorothy y en su posible hijo, no quería aceptar que la necesitaba y se resistía a poner a alguien en su búsqueda.
Después de días de pensar en lo que haría, se decidió a buscar a Dorothy por lo lugares que sería posible encontrarla, la buscó en Chicago y en Nueva York, donde sabía que tenía antes su residencia, recibiendo informes que la casa había sido vendida al ser abandonada años atrás. Albert nunca pensó en las mujeres que la habían recomendado, nunca pensó en el par de mujeres que habían llegado un día a su casa regañándolo por el abandono de Candy en el hospital, si hubiera reparado en ellas, tal vez hubiera acertado en buscarla en ese humilde orfanato que servía ahora de refugio para su amada y su futuro hijo.
Los meses pasaban y la búsqueda de Dorothy no daba frutos, solo se invertía dinero tras dinero pagando al grupo de investigadores encargados del caso, sin obtener respuesta alguna. Era como si la tierra se la hubiera tragado. Albert no sabía cuan cerca estaba Dorothy de su lado.
Un día Albert decidió cesar la búsqueda ante el descontento de Elroy y Rosemary.
-¿Cómo es posible que ya no quieras seguir buscando? ¡Ella debe de tener ya tres meses de embarazo! – Decía molesta Rosemary.
-¡Llevo meses en la búsqueda! Y no he podido localizarla, creo que ya es suficiente. No perderé más mí tiempo en alguien que no quiere ser encontrada.
-¡No puedes hacer esto William! – Dijo la señora Elroy indignada. -¿Qué le voy a decir a Harlod?
-¡Pues que él la busque! – Dijo molesto, volviendo a ser aquel joven amargado y poco paciente que había sido después de quedar viudo. Había quedado viudo por segunda vez y ahora sería más difícil lograr que volviera a sonreír. – Tengo que hacer un viaje de negocios. –Dijo secamente. –Viajaré un tiempo y George y Louis Leagan quedarán al mando de los negocios.
-¿Louis Leagan? – Preguntó Rosemary dudosa.
-Así es, desde que se quedó sin trabajo me ha demostrado que es capaz de llevar las riendas del negocio, no te preocupes. - Dijo viendo la preocupación de Rosemary en sus ojos. -Él estará bajo la supervisión de George y me avisarán todos los movimientos.
-¿Cuándo regresarás? – Pregunto Elroy.
-No lo sé, yo les avisaré en cuanto tenga conocimiento. - Decía serio, perdido en un punto fijo como si buscara la respuesta en ello, una respuesta de la cual no tenía conocimiento.
Los planes de Albert eran desaparecer un tiempo de América, iría a recorrer el mundo para olvidar todo lo que le había pasado, definitivamente no estaba hecho para ser feliz y la vida otra vez se lo demostraba, había perdido al amor de su vida trágicamente y ahora se enfrentaba de nuevo a la pérdida de otro amor que si igual era diferente lo llenaba plenamente. ¿De qué le había servido reconocer que amaba a Dorothy? Había sufrido de nuevo, solo para eso había servido bajar la guardia, no volvería a cometer el mismo error nuevamente.
-Tío, me han dicho que saldrás de viaje. – Dijo Anthony, quien no había podido hablar con él y decirle de las intenciones que tenía con Candy. Ella le había pedido que por favor se esperara hasta que Dorothy apareciera, pero al saber que la búsqueda no continuaría y que su tío partiría de viaje no quería esperar más tiempo.
-Así es Anthony ¿Cuento contigo para cuidar a Candy, verdad? – Pregunto directamente. A pesar de todo, a pesar de su forma de tratar a su hija, aún así se preocupaba por su bienestar.
-Sabes que sí tío, yo por Candy sería capaz de dar mi vida misma. - Le decía sinceramente enamorado, cosa que no pasaba por la cabeza de su tío.
-Lo sé sobrino, lo sé, es por ello que no confío en nadie más que en ti para cuidar de ella. – Dijo tranquilamente.
-Tío quiero hablarte de Candy.
-¿Le sucede algo?
-No, pero es importante lo que quiero decirte.
-Está bien Anthony, te escucho. – En eso tocaron a la puerta, era George que tenía una pista sobre el paradero de Dorothy. – ¿Anthony te importa si hablamos después?
-No te preocupes tío, después hablamos. – Dijo un poco decepcionado, pero él también quería saber acerca de Dorothy, para poder tranquilizar un poco a Candy ya que desde ese día estaba inquieta por ella.
La información que le dieron a Albert no era nada en concreto solo que habían visto a una joven pelirroja trabajando para una casa en las afueras de Chicago, él se había trasladado junto a su fiel amigo George para corroborar si era ella, pero al llegar se desilusionaba al ver que no solo no estaba embarazada, sino que no era su Dorothy. Después de ese hallazgo Albert decidió partir inmediatamente a su viaje sin un pronto retorno seguro, dijo a George que se encargara de todo y que avisara a la familia que pronto tendría noticias de él, que regresaría pronto y que cuidaran bien de Candy, Rosemary y la vieja Elroy.
Albert emprendió largo viaje a lo largo del viejo mundo, recorriendo varios países en busca de la paz que necesitaba su maltratada alma, nadie tendría noticias de él, solo el viejo George que era el único encargado de hacerle llegar la correspondencia.
Anthony quedó frustrado ante la falta de comunicación con su tío, él quería arreglar y tener el permiso de su tío para cortejar a Candy, no le quedó de otra más que hablar con su tía Elroy y con su madre al respecto.
-Madre, tía Elroy, estoy aquí ante ustedes porque es bien sabido que no tenemos noticias de donde está el tío William, y para mí es muy importante hacer conocimiento a la cabeza de la familia de mis intenciones con Candy. – Elroy sonreía satisfecha por el valor de su sobrino favorito de hablar directamente con ella acerca de sus sentimientos para su sobrina menor.
-Anthony me alegra bastante la determinación con la que hablas de tus sentimientos para con Candy. En lo que a mí respecta yo no tengo ningún inconveniente en que comiences el cortejo hacia Candy, para así en un futuro poder hacer público su compromiso. Solo te pido que la respetes como la dama y tu prima que es, que la cuides y valores siempre. Cuando llegue William hablaré con él acerca de esto, no creo que tenga algún inconveniente en aceptar otorgarte su mano.
Rosemary lo veía cual pavorreal orgullosa de su hijo, era un hombre en toda la extensión de la palabra, era fiel, decidido, justo y sobre todo muy guapo, era el príncipe perfecto para cualquier dama, pero para ella la única para su hijo era Candy y para su hijo era igual.
-No te preocupes tía abuela, madre, yo seguiré cuidando y respetando a Candy por sobre todas las cosas. – Salió feliz del despacho, ya tenía la bendición de su tía abuela y por supuesto de su madre, confiaba en que pronto su futuro suegro sería avisado y así finalmente hacerlo público ante la sociedad, quería que todo mundo supiera que se iba a casar con la jovencita más hermosa del mundo.
Candy lo esperaba nerviosa en el enorme salón de la mansión, junto a sus primos los cuales ya sabían a lo que se estaba enfrentando su rubio primo, nerviosos ambos pero dándole ánimos a la rubia de que todo saldría bien. Anthony llegó con paso calmo y seguro, conteniendo su risa en una mueca que Candy interpretó como tristeza.
-¿Qué sucedió Anthony? – Preguntaba Stear preocupado, él había desistido de Candy hacía unos meses apenas, cuando conoció a Patty decidió darse una oportunidad con ella y se habían hecho muy cercanos, la niña tímida que un día conoció, había atrapado al inventor con su inteligencia y sus ideas para nuevas creaciones, siguiéndole el juego en sus mil y un inventos que tenía por hacer, sirviendo de ayudante algunas ocasiones, cuando su abuela le daba permiso de visitarlo porque no era propio de una dama andar entre caballeros.
Archie esperaba ansioso la respuesta, era el único que esperaba que su primo fracasara en su intento de cortejo para con Candy, aunque él tendría que esperar un tiempo para hacer la misma pregunta, en dado caso que se la hubieran negado al rubio. Su sonrisa se esfumó al ver la preocupación en los ojos de Candy, ella estaba interesada en Anthony y eso era algo que no podía negar.
-Hermosa, de ahora en adelante tengo el permiso de la tía abuela Elroy y mi madre para cortejarte libremente. –Dijo con su maravillosa sonrisa tomándola de la mano y haciendo una reverencia le besaba la mano con dulzura y cariño, guiñándole un ojo al mismo tiempo de hacerlo. Candy se sonrojaba y aceptaba esa muestra de cariño ante el descontento de Archie quien esperaba que se lo hubieran negado.
-¡Felicidades Anthony!- Dijo sinceramente Stear.
-Gracias Stear, Archie ¿Tú no me felicitas? –Preguntó dudoso.
-Claro que sí Anthony, me alegro por ustedes. – Dijo triste, pero siendo honesto con ellos, si se alegraba por ambos y más por la rubia quien miraba a Anthony con ojos de infinito amor. – Felicidades a ambos gatita.
-Gracias Stear, gracias Archie. –Les dijo con una sonrisa, tomando la mano de Anthony y abrazándolo en un impulso por demostrarle su felicidad, el calor de frágil cuerpo de Candy lo hacía sentir dichoso, ella era feliz con él y definitivamente él era feliz con ella. – Te amo Anthony. – Le dijo en un susurro al oído, siendo escuchado por ambos Cornwell, que aunque se sintieron incómodos aceptaban su derrota como caballeros.
-Allistear, Archivald – Dijo seriamente la tía abuela.
-Sí tía Elroy. – Dijeron ambos muchachos. –Tengo que hablar con ustedes de algo relacionado con sus compromisos. – Tanto Stear como Archie se tensaron ante lo mencionado por la anciana, Stear tenía miedo porque ya le habían dado a entender con el baile de cumpleaños de Candy que Eliza sería su prometida y aunque ya habían pasado unos meses y no se habían vuelto a ver, aún no le negaban el hecho. Archie se sentía nervioso e impotente, porque se imaginaba quien era su prometida, por lo menos no le había ido tan mal como a su hermano, así que tendría que aguantar a la tímida esa que no hablaba, no había sabido nada de ella desde el día del baile y eso lo tenía tranquilo y no porque al final accedió a bailar con ella quería decir que estaba de acuerdo con ello.
-Allistear, he hablado con Martha O'Brian acerca de un posible compromiso con su nieta Patricia, y ha aceptado que comiences a cortejarla, pero no está de acuerdo en que siga viniendo tan seguido a la mansión Andrew, así que de ahora en adelante serás tú quien vaya a la mansión de los O'Brian a visitarla para que se conozcan mejor. – Allistear ensanchaba su sonrisa feliz de lo que escuchaba, ya no sería el prometido de Eliza y le daban la oportunidad de cortejar a esa linda y tímida jovencita que lo tenía cautivado. - ¿Ha quedado claro?
-Tan claro como el agua tía abuela. – Dijo feliz y guardando silencio, mientras veía a Candy y Anthony con complicidad, ellos ya habían hablado sobre esa posibilidad, solo que no fue necesario hablar sobre ello, la tía abuela se había encargado de hacerle más fácil el trabajo.
-Archivald, hace unos meses había hablado con los señores Britter para confirmar el compromiso con su hija, ellos estuvieron de acuerdo con ello, permitiendo que fueras tú quien cortejara a su hija para que se conocieran y se trataran mejor. – Archie veía inconforme a la tía abuela, él no quería comprometerse con la tímida muchacha, bueno también Patty era tímida pero ese era problema de su hermano. –Hace unos días los señores Britter vinieron a hablar conmigo y me pidieron romper todo acuerdo hecho entre las familias, retirando su capital del emporio Andrew, alegando que su hija no quería tener nada que ver contigo. – Decía en tono molesto que se iba incrementando conforme hablaba.
-¿Qué!? – Decía Archie sorprendido por el proceder de la pelinegra ¿Ella no quería un compromiso con él? ¿Cómo era eso posible? Él, el galán Archivald Cornwell ¿Rechazado por una chica tímida? Archie se sentía ofendido por solo pensarlo.
-¡Archie! –Le hablaba molesta la tía abuela.
-Dime tía abuela. – Contestaba serio y confundido.
-En todos mis años como matriarca del clan no me había sentido tan ofendida como ahora, los Britter han roto el compromiso con su hija, y no solo eso sino que pretenden retirar sus inversiones de la firma Andrew, eso es algo que no podemos permitir.
-¿Y qué quieres que haga yo tía abuela? – La tía abuela lo vio con furia y enojo.
-¡Tú, tú, jovencito! – Decía temblando de coraje la anciana mientras lo señalaba con el dedo al ver la poca preocupación que mostraba, pero al verla de esa forma su miedo se hizo presente en sus ojos. – Tú iras con los Britter y ofrecerás una disculpa no a la señorita Britter, sino a sus padres, hablarás con ellos y les dirás tus intenciones con su hija, serás honesto y sincero con lo que dirás o si no te comprometeré con tu prima Eliza. –Advirtió la anciana presa de la furia, mientras los demás veían el rostro desencajado de Archie al mencionarle que lo comprometerían con Eliza, ella no haría eso ¿O sí?
-¿Tú no harías eso, verdad tía abuela? – Preguntó temeroso.
-¡Pruébame! – le dijo tajante, había encontrado la manera de obligarlo a responder a su palabra la cual ya había sido empeñada y por ningún motivo la familia quedaría mal.
-Está bien tía abuela, hablaré con los señores Britter. – Dijo sin quedarle de otra. -¿Mis padres saben sobre ello?
-Tus padres fueron los que arreglaron tu compromiso con la señorita Britter desde que ella nació.
-¿Y qué pasará si Annie no quiere comprometerse conmigo? –Preguntó dudoso.
-Entonces conocerás la furia de Elroy Andrew. – Le dijo tajante.
Los demás veían a Archie con pena, sabían que él no quería nada con Annie, se los había comentado ya en varias ocasiones, pero nunca les daba un verdadero motivo del porqué la rechazaba, decía que era muy bonita, que era refinada, que era elegante, que sabía vestir bien igual que él, y hasta había dicho que sería la esposa perfecta, sin embargo no decía que le gustaba o que sintiera interés alguno por ella.
Rosemary hablaba con la tía Elroy sabiendo que el compromiso de Archie y Annie era importante para los negocios familiares, desde que Albert había enviudado había hecho malas inversiones y tenían que mantener a sus clientes y si se retiraban los Britter muchos los seguirían y eso llevaría a una situación grave a la familia.
-Tía Elroy, ¿No le parece que ha sido muy dura con Archivald?
-Rosemary, tú sabes perfectamente que Samantha hizo ese compromiso desde muy joven con Magdalena y no es posible que por un capricho de Archie no se lleve a cabo.
-Tiene razón, pero él no ha mostrado interés en esa chiquilla.
-Tú sabes muy bien Rosemary en quien muestra interés Archivald, y sabes que Anthony no estará de acuerdo con ello y por supuesto Candy tampoco, no podemos hacer infelices a dos solo para hacer feliz a uno, además la señorita Britter es la mejor opción de las que conocemos para Archivald, por lo menos que la trate y si en un tiempo sigue igual, tendremos que acceder al término de las relaciones con la familia Britter y buscar a alguien que si le agrade a Archivald. Por lo pronto hablaré con Samantha y Allen y les diré lo que está sucediendo.
Rosemary aceptaba que su tía tenía razón en lo dicho y se tranquilizaba un poco al haberla hecho pensar en otra posibilidad para Archie, pero por lo pronto ese niño se tendría que aguantar e ir a hablar con los Britter a ofrecer sus disculpas y solicitar el cortejo de Annie.
-Archie. – Decía Candy. - ¿Por qué no le das una oportunidad a Annie? – Preguntaba inocente, ella no se daba cuenta del amor que le tenían ambos Cornwell, ella no tenía ojos para nadie más que para Anthony y no existía nadie más a sus ojos.
-Gatita. – Dijo mirándola apenado por la mirada que le dirigía sabiendo que no le gustaba que le dijera gatita. – Lo siento Candy. Lo que sucede es que no me interesa nadie, yo quisiera otro tipo de mujer a mi lado.
-¿Otro tipo de mujer? ¡Si Annie es maravillosa! Toca el piano mucho mejor que yo, es una persona instruida, es atenta, prudente, inteligente, sabe cocinar, viste bien, es buena muchacha y lo mejor de todo, me ha dicho que te ama.
-¿Qué? – Preguntó Archie sorprendido. – Eso no es verdad, si así hubiera sido no hubiera pedido disolver el compromiso. "¿Además como me amaría, si apenas me conoce?".
-Tiene que haber una razón para ello. – Decía Candy quien, sabía los sentimientos de su mejor amiga y le costaba creer que había rechazado a Archie de buenas a primeras. - ¿Tú le has hecho, o dicho algo Archie? – Le preguntó sin más ya que no encontraba ninguna otra explicación para el comportamiento de la pelinegra.
-Bueno… yo… - Decía indeciso.
-¿Tu qué Archie? – Preguntaba Candy insistente por saber el motivo, pero Anthony lo veía expectante porque no sabía si Archie se atrevería a contar la verdad de sus sentimientos a la rubia.
-Bueno, el día de tu cumpleaños… yo no me porte como un caballero con ella… - Dijo apenado.
-¿Qué hiciste Archie? – Pregunto sorprendido Stear, porque el que no había sido un caballero lo había puesto en alerta.
-¡Nada malo! – Aclaró de inmediato, ante la mirada de preocupación de sus primos y hermano. – Pero yo no estaba muy interesado en su plática y la ignoré por completo, ella lloró y se fue a la terraza un largo tiempo y yo no la encontraba, al final si bailamos, pero ella ya había cambiado su conducta conmigo. – Decía Archie arrepentido de como la había tratado esa noche.
-¡Eres un cabeza dura! – Le gritó Candy indignada al escuchar el motivo por el cual esa noche había visto a Annie llorar en el balcón contrario en el que estaba con Anthony, acercándose a ella sin obtener ninguna razón válida para ello, no obteniendo respuesta por parte de la pelinegra, quien se retiraba disculpándose con Candy al no querer estropear su cita con Anthony. Todos miraban a Candy sorprendidos por la reacción que había tenido con el gatito. – Archie, Annie te ama sinceramente, ella me lo ha dicho en varias ocasiones, y no me parece justo lo que hiciste con ella.
-¡Pero yo no la amo! – Dijo Archie defendiéndose.
-¡No importa Archie! ¡Un caballero siempre es un caballero y Annie es una persona muy delicada y frágil, es mi amiga y nadie la va a lastimar, sin que yo la defienda! – Archie miraba a Candy triste, comprendía su malestar pero él la amaba a ella y a nadie más, aunque ella no le correspondiera.
-Gatita yo…
-¡No me digas gatita! – Le dijo más molesta que nunca. - ¿Qué sentirías tú si la persona que amas te rechazara de la misma forma en la que tú rechazaste a Annie? – Archie se le quedó viendo a Candy y volteo a ver a Anthony quien lo miraba expectante, y a Stear quien lo miraba suplicante de que no revelara sus sentimientos. – No te pido que te enamores de Annie, Archie, yo lo único que te pido, es que la cuides, que la comprendas, ella no tiene la culpa de haberse enamorado de ti, trátala por favor y cuídala mucho, si no llegas a amarla yo misma te buscaré una muchacha buena que puedes amar, pero dale la oportunidad de conocerla y que te conozca, además quien sabe, tal vez con la decepción que le has causado tal vez ya no sienta nada por ti. - Archie aceptaba cuidar a Annie, pero no lo hacía muy convencido aunque una incomodidad se alojó en su pecho al pensar que Annie ya no sintiera algo por él, tal vez era el orgullo herido el que respondía ante esa posibilidad.
-Está bien Candy – Dijo Archie resignado. Candy se despedía de ellos para retirarse a su habitación, quedándose únicamente los jóvenes en el salón.
-Gracias Archie. – Le dijo Anthony mirándolo a los ojos y poniendo una mano en su hombro.
-¿Gracias, por qué?
-Por no revelar a Candy tus sentimientos. – Archie se sorprendía ante ese comentario.
-¿Tu lo sabías?
-Se necesita ser muy despistado para no darse cuenta. – Le dijo sinceramente.
-Entonces Candy… - Dijo apenado.
-No, Candy es muy inocente y no cae en cuenta de lo que despierta en los demás. – Dijo volteando a ver a Stear, quien le sonrió apenado.
-Yo estoy contento con mi compromiso. – Dijo Stear sonriente. – Patty ha logrado lo que pensé que nadie lograría Anthony, no te preocupes por mí, Candy te ama a ti y a nadie más, eso es algo que tu hermanito debes de reconocer.
-Lo sé hermano. Anthony lo siento, no es algo que me propuse hacer.
-Lo se Archie, Candy es tan buena y hermosa que es imposible no amarla. – A pesar de ello Anthony no quería que nadie más se enamorara de su pecosa, sabía que si se enteraba de los sentimientos de Archie ella se sentiría culpable del hecho y de la tristeza de Annie.
-No te preocupes Anthony, yo sabré guardar mis sentimientos por Candy, ya has escuchado a la tía abuela, tendré que ir a hablar con los señores Britter.
-¿Lo ves hermano? Eso te pasa por no ser un caballero, ahora tal vez tú serás el prometido de Eliza. – Le decía Stear provocando el descontento en su hermano.
-¡No lo digas ni de broma! – Dijo indignado, mientras Anthony y Stear se reían de él.
Archie sabía que no se había comportado bien con Annie, y que le debía una disculpa, no quería ser el prometido de Eliza y tendría que hablar con los padres de Annie, pero sabía que primero tenía que hablar con la misma Annie, esa negativa de ella hacia el compromiso era lo que no lo dejaba pensar tranquilo, no quería admitirlo pero su orgullo de hombre había salido herido, lo que no sabía o no quería admitir era el por qué le importaba tanto, era una chica bonita, pero no tanto como Candy.
Decidió ir a casa de los Britter esa misma tarde, pero Annie no quiso recibirlo, su madre salía a darle la noticia y se armó de valor y pidió hablar con su padre también, ambos señores estaban frente al gran escritorio y Archie de pie frente a ellos como si lo fueran a juzgar.
-Bien muchacho, te escucho. – Dijo el señor Britter.
-Señor Britter, estoy aquí porque quiero hablarle sobre el compromiso entre su hija Annie y yo. – Decía con dificultad, las rodillas le temblaban y la frente comenzaba a sudar frío.
-Compromiso que tengo entendido no quieres llevar a cabo, ¿No es así? – Dijo fríamente el señor Britter.
-No… - Dijo Archie. – No es eso señor Britter. Vengo a solicitar su permiso para comenzar a cortejar a su hija. – Dijo nervioso.
-Veo que las amenazas de tu abuela surtieron efecto. – Dijo secamente. – Verás muchacho, mi hija es una señorita decente y merece alguien que la ame por lo que es, no a la fuerza.
-Tiene usted toda la razón, señor Britter. – Decía dándole la razón. – Pero me gustaría conocerla más, ella y yo no nos conocemos bien y quisiera me permitiera venir a visitarla, claro si ella está de acuerdo.
-Muy bien muchacho, te daré una oportunidad, Annie no quiere hablar contigo, pero la convenceré de que lo único que quieres es hablar con ella, no cortejarla. Por lo pronto mantendré mis negocios en las empresas Andrew y más adelante veremos que hacer, pero si Annie no está segura en que la visites yo no insistiré y buscare a un mejor partido para ella, alguien que si la merezca. – Dijo tajantemente, él amaba a su hija y no dejaría que nadie por muy Andrew que fuera la humillara despreciándola sin siquiera conocerla verdaderamente.
Archie salió más tranquilo de la mansión de los Britter, volteando a ver hacía la planta superior descubriendo una delicada figura que lo observaba desde la ventana de su cuarto. Era Annie quien lo miraba enamorada y dolida desde aquella habitación, ella no sabía qué había hablado con sus padres pero se imaginaba que iba a terminar definitivamente con el compromiso. Sus ojos se llenaban de lágrimas y su corazón sufría su rechazo. Archie le dedicaba un saludo junto con una reverencia y ella aguantaba la respiración al sentirse descubierta.
Continuara...
¿Cómo ven con el gatito? pobre, no quiere a Annie, pero una vez más acepta cuidarla por petición de la rubia... estos niños no entienden, pero bueno si no fuera así hubiera un gran pleito entre los primos por la rubia y eso no seria conveniente.
Espero hayan disfrutado el capitulo, las espero en la próxima señoras! un abrazo a cada una de ustedes.
Muchas gracias por sus comentarios y por las visitas que ha logrado cada una de las historias que he compartido, cada vez se suman más países a las lecturas y quedé sorprendida que ha traspasado las barreras del lenguaje, recibí un comentario en francés y ahí me tienen buscando un traductor para poder responder y saber que decía jajajaja espero que Rose 1404 entienda y me comprenda por mi falta de buena redacción en francés jajajaja. La verdad yo me imaginaba que eran puras personas de habla hispana las que leían, solo que viviendo en diferentes países, pero me dio gusto saber que no es así, ojalá más lectoras se animaran a dejar sus comentarios en su idioma natal, ya tengo traductor jajajaja ya que solo español e ingles se me da jejejeje.
Bueno hermosas, las dejo por el momento y pronto publicaré un nuevo capítulo, saludos y un fuerte abrazo a cada una de ustedes.
