Hola, buenas tardes aquí les dejo otro capítulo más para avanzar un poquito más en la historia, espero estén muy bien todas ustedes. Espero les guste y me dejen un comentario, al cabo tenemos tiempo jeje. Los personajes de Candy no me pertenecen, sin embargo los tomé prestados para hacer esta historia donde llegarán a ser felices a pesar de las adversidades. Lo hago sin fines de lucro y no es apta para menores de edad. COMENZAMOS!
CAPITULO XVII
ANSIEDAD
Anthony reflejaba un miedo enorme en los ojos al estar esperando en la sala del hospital Santa Juana, su madre había sido llevada a ese lugar para hacerle unos estudios y revelar cuál era el mal que la aquejaba, siempre había sido delicada de salud, pero tenía años que no manifestaba ningún problema.
-Doctor ¿Cómo se encuentra mi madre? - Se apresuró a preguntar el rubio joven junto a sus primos al médico que llegaba a darles el parte médico.
-Acompáñenme a mi oficina joven Brower. –Dijo el médico con total seriedad. Anthony sintió como si un balde de agua fría fuera arrojado a su cabeza al momento de escuchar esas palabras.
Una vez dentro del despacho del médico un nervioso Anthony se sentaba en la silla frente a él, junto a sus primos al lado.
-¿Los jóvenes pueden escuchar?
-Así es doctor, ellos son mis hermanos. – Dijo simplemente para que se les permitiera la estancia.
-Jóvenes Brower, su madre tiene un padecimiento cardíaco, que al parecer es de nacimiento, si bien no es nada de cuidado, tienen que tener mucha reserva con las noticias que tiene, con el tiempo y con la edad si no se atiende correctamente podría ser mortal. – Decía el médico asustando a los tres chicos. Los Cornwell volteaban a ver a Anthony sorprendidos por lo dicho por el médico y esperando una reacción del rubio.
-¿Qué tan grave es doctor? – Preguntó Anthony ansioso.
-No se preocupe joven Brower, grave no es la palabra que usaría para diagnosticar la arritmia cardíaca, más sin embargo el cuidado que debe tener su madre incluye que no debe hacer esfuerzos y mucho menos recibir noticias de golpe, llevar una dieta balanceada, en fin ya le daré las instrucciones que deberá seguir al pie de la letra. ¿Ella ha tenido algo así últimamente? – Preguntó el médico a los tres chicos, siendo Anthony el que confirmó con su cabeza que su madre había tenido últimamente varias malas noticias, lo que había hecho que su corazón resintiera tanta injusticia que estaba viviendo su hijo. –Si es así, entonces les recomiendo que la cuiden mucho y que traten de no darle emociones tan fuertes, si siguen las indicaciones no tendrán ningún problema con ella. – Dijo el médico seguro de sus palabras.
Anthony, Stear y Archie, salieron del despacho del médico muy desanimados, era algo con lo que no contaban, si bien sabían que la salud de la tía Rosemary nunca había sido lo mejor ya tenía años que no presentaba ningún problema hasta ese día, todo parecía indicar que las decisiones que había tomado Albert en contra de ella y su hijo la habían afectado más de lo que ellos habían creído.
-¿Qué vamos a hacer Anthony? – Preguntó Stear preocupado al ver que el rubio permanecía serio.
-Nosotros nos podemos quedar aquí a ayudarte Anthony, no te preocupes. – Decía Archie seguro de querer ayudar a su primo con su madre.
-No se preocupen chicos. – Dijo después de un largo silencio. – Yo puedo hacerme cargo de mi madre, solo que mi búsqueda por Candy no podrá ser tan intensa como antes. – Dijo con pesar, sabía que quería continuar buscando a su princesa, pero también sabía que su madre lo iba a necesitar más tiempo.
-Anthony por eso no te preocupes, nosotros seguiremos en la búsqueda de Candy y a la menor noticia vendremos a avisarte, por lo pronto iremos a Lakewood a avisar a la tía abuela de la salud de la tía Rosemary y ya veremos qué es lo que hacemos, tu quédate tranquilo Anthony, por favor. La búsqueda de Candy no puede quedar a medias. – Decía Stear seguro.
-Stear tiene razón Anthony, yo seguiré muy de cerca con la investigación, Annie puede buscar la manera de contactar con ese tal duque. – Dijo esto con coraje en su voz, pero sabía que sería la única forma de conocer el paradero de la gatita.
-Les agradezco mucho muchachos. – Les dijo Anthony con una sonrisa melancólica, el rubio en esos momentos se sentía entre la espada y la pared, tenía que poner sus prioridades en una balanza y le gustara o no él tenía que ver por la salud de su madre primero, aunque el corazón le doliera por la ausencia de su pecosa. –"Si tan solo estuvieras a mi lado preciosa" –Pensaba triste y conmovido.
-No tienes que agradecer nada Anthony, somos hermanos ¿No? – Dijo Stear palmeando su espalda y abrazándolo con cariño sincero, Archie se les unía y el rubio cerraba sus ojos con pesar.
Rosemary salió del hospital al día siguiente con ánimos renovados, se sentía mucho mejor y lo reflejaba en su expresión, el color había vuelto a su rostro y decía que los médicos y su hijo eran unos exagerados por haberla mantenido 24 horas en observación por un simple desmayo, ella sabía muy bien lo que tenía, se lo habían diagnosticado siendo una chiquilla, más nunca le había dado problemas, cuando más delicada había estado fue en el embarazo de Anthony, pero con reposo y los cuidados de su esposo pudo salir adelante, sin embargo cuando ella se enteró de la muerte de Vincent fue un golpe del cual difícilmente pudo salir airosa, solo el amor a su hijo fue lo único que logro levantarla de su cama una vez más. El haber recibido el trato que les dio Albert después de tantos años viviendo juntos le había pasado factura, sin embargo había tratado de aguantar lo más posible por su hijo, para que él se dedicara a lo que realmente le importaba y sabía que si seguía enferma su hijo se dedicaría a ella anteponiendo sus intereses por los de ella, por eso tenía que estar bien, tenía que ser fuerte, por su hijo, por Candy que era como su misma hija.
-Anthony, ya te dije que estoy bien, fue solo un simple desmayo. – Le dijo Rosemary tranquila a su hijo quien le obligaba a recostarse en su habitación. –Ya pasé mucho tiempo recostada en el hospital hijo, no me trates como una niña. –Le decía divertida por la forma en que su hijo la cuidaba.
-Sé que no eres una niña mamá, pero te comportas como tal, así que a la cama, son órdenes médicas. – Le dijo seguro de lo que decía.
-Está bien, solo por hoy me voy a recostar, pero mañana verás que estaré mucho mejor. – Decía segura. Anthony asintió sonriente y acomodó las sabanas para cubrirla.
-Bueno tía, Anthony nosotros nos retiramos, volveremos a Lakewood para avisarle a la tía abuela. – Dijo Stear, retirándose con su hermano.
-Muy bien muchachos, cuídense mucho y díganle a la tía abuela que estoy muy bien, solo que Anthony es un exagerado. – Dijo divertida viendo a esos tres chicos que ella veía como a niños aún cuidarla con tanto esmero.
-Ahora vuelvo mamá. – Dijo Anthony abandonando la habitación de su madre para acompañar a sus primos a la salida.
-Anthony, nuestros padres volverán de su viaje a Inglaterra, tal vez ellos nos puedan dar más información del duquecito. – Dijo Archie. Acababan de recibir un telegrama de la tía abuela quien les avisaba de esa noticia.
-Bien muchachos, les agradezco mucho que me ayuden con esto.
-No te preocupes Anthony, nosotros queremos mucho a Candy y por supuesto a ti también y nos parece una injusticia lo que les ha hecho mi tío Albert. – Dijo Stear sintiéndose aún ofendido por el trato que había recibido su primo y su tía.
-Gracias Stear.
Los Cornwell se retiraron rumbo a Lakewood de nuevo en el viejo cacharro que había Stear armado llamándolo automóvil, era un vehículo muy particular que si bien los llevaba y los traía por todos lados, no siempre funcionaba correctamente y les había llevado a más de una aventura digna de contar. Llegarían aún temprano a Lakewood y le avisarían a la tía abuela todo lo que había sucedido con su tía Rosemary, tal vez así se podrían comunicar con su tío Albert y saber por fin el paradero de la rubia.
Candy por su lado seguía buscando la manera de salir de esa mansión, pero nadie de los que vivían ahí demostraban tener la más mínima intención de ayudarle, salvo una joven muchacha que era la encargada de ayudarla vestir, era su doncella particular y veía siempre en Candy un enorme dolor y le producía cierta pena. Ana estaba advertida de que no debía hablar o siquiera mantener contacto más allá de una simple ayuda con el aspecto de la joven, sin embargo al pasar los días y convertirse en meses de estar atendiéndola había surgido en ella un cierto cariño y pena por la rubia joven que tenían en vigilancia continua todas las horas del día.
-Buenas días señorita Andrew. – Decía Ana al entrar a la recámara de la joven.
-Buenos días Ana. – Contestaba Candy sin ánimo, sabía que era todo lo que saldría de la boca de esa joven quien estaba advertida de su trato para con ella. – Hoy no tengo ganas de alistarme. – Le dijo triste sin querer levantarse de la cama, la joven la vio con pena y decidió animarla un poco.
-Hoy hace un día muy bonito señorita. – Dijo la joven ante la sorpresa de Candy, mientras corría las cortinas y abría las ventanas para que entrara aire fresco a esa deprimente habitación. – Además su padre no se encuentra. – Dijo guiñándole un ojo para que confiara en ella.
-¿No está? – Preguntó curiosa esperando más información de la chica al darse cuenta que había obtenido más de un saludo esa mañana, era la primera vez que alguien le hablaba tanto desde su llegada a esa fría mansión.
-No, ha salido y le dijo al ama de llaves que volvería dentro de una semana.
-¿Sabes a donde fue Ana? –Preguntó esperanzada, a ver si esa muchacha podía ayudarla a escapar por fin de ahí.
-No lo sé señorita Andrew, solo le digo lo que escuché.
-¿Y por qué hasta ahora? –Preguntó confundida.
-Me da pena lo que hacen con usted señorita, no es posible que usted se quede aquí encerrada, tiene que salir. ¿Quiere ir al jardín? –preguntó sonriente la muchacha. Candy asintió, tal vez si se ganaba la confianza de esa muchacha podría escapar antes de que su padre volviera. Ana ayudó a Candy a vestirse y arreglarse para salir al jardín. Más sin embargo cuando salían de la habitación una señora alta, robusta y mal encarada les cerraba el paso.
-¿A dónde cree que va? –Le preguntó con frialdad.
-Al jardín. –Respondió Candy altiva, sin miedo, enfrentando a esa dura mujer que siempre estaba al acecho.
-No tiene permitido salir. – Le dijo la mujer.
-Usted no tiene ningún derecho a impedirme salir. –Le contestó ante la mirada de asombro de Ana quien bajaba la vista incómoda por la mirada que obtenía de su superior.
-El señor Granchester y su padre me encargaron que la vigilara muy bien.
-Mi padre ha salido, y no me ha prohibido ir al jardín, si usted me lo trata de impedir no dude que haré lo posible para que la despidan de su puesto de trabajo. – Le dijo segura viéndola a los ojos, nunca había amenazado a alguien, y nunca había utilizado su posición de dueña para hacer sentir menos a las personas, pero esa mujer la obligaba a actuar así.
-Ana, acompaña a la señorita. –Le dijo haciéndose a un lado para que pudiera pasar la rubia. Candy pasó junto a ella sin bajar la mirada, bajando las escaleras rápidamente seguida de Ana quien la cuidaría muy de cerca.
Candy llegó al jardín llenando sus pulmones de aire fresco, tenía muchos días que no salía de la mansión y extrañaba el olor a libertad.
-Anthony, ¿Cómo estarás amor mío? ¿Pensarás en mí como yo en ti? te extraño tanto mi príncipe. –Pensaba Candy mientras observaba las rosas que había en el lugar. Cortando una con mucho cuidado y aspirando su dulce aroma. Enamorada y triste recordando la dulzura de su amado. –A pesar de que estas rosas son hermosas, no se comparan con la dulce Candy, Anthony.
Ana la seguía muy de cerca, sabía que tenía que vigilarla bien si no quería tener problemas con la ruda ama de llaves.
Por el gran cerco que delimitaba la gran mansión salían varias rosas hacía el exterior de la calle, y Candy observaba que las personas pasaban muy cerca de ella, más sin embargo por la cantidad de plantas era imposible que advirtieran de su presencia. Candy veía como los de vigilancia se acercaban más a ella al ver que se dirigía al portón. Un niño pequeño corría en dirección de ella el cual si había notado la presencia de la rubia.
-¡Hola! – Le dijo el niño emocionado al ver a la rubia.
-¡Hola! – Contestó Candy sorprendida ante el pequeño que la saludaba.
-Hace mucho que no salías. – Le dijo el niño como si la conociera de verdad.
-¿Ya me habías visto por aquí?
-Hace unos días te vi muy triste en el jardín. – Dijo inocentemente. – Pero un señor alto te llevó con él dentro de la casa, yo quería venir a conocerte pero no pude hacerlo, porque te llevaron. No me gusta ver triste a la gente. – Le dijo con sus grandes ojos verdes y mirada tierna el pequeño. Candy sintió una extraña emoción al ver a ese pequeño que era extrañamente muy parecido a ella.
-¿Cómo te llamas? –Le preguntó curiosa al escuchar que un niño tan pequeño estuviera tan al pendiente de ella. En eso una mano en su hombro la hizo voltear y el niño trato de salir corriendo de ahí, pero Candy lo tomó de la manita para impedirlo al momento que volteó a ver quién la tocaba. -¿Qué es lo que quiere? –Preguntó molesta al hombre que se había atrevido a tocarla.
-El Duque de Grandchester y su padre me pidieron que no hablara con nadie.
-¡Es un niño! ¡No es nadie que pueda hacerme daño! ¡Si no quiere problemas con el duque o con mi padre por favor haga su trabajo desde lejos y no vuelva a tocarme! –Dijo Candy molesta porque temía que la llevarían de nuevo dentro. El tipo iba a obligarla a entrar, pero vio a lo lejos a su superior y con un gesto le permitió que la dejara platicando con el pequeño. Candy se dirigió de nuevo al pequeño. – Disculpa…
-Alejandro. – Dijo el niño feliz ya después de que Candy había puesto en su lugar a aquel hombre.
-Bien Alejandro, ¿Qué hace un niño tan pequeño y solo por estos lugares?
-No estoy solo. – Dijo tranquilo. –Mi mamá está en el parque leyendo mientras yo platico contigo. – Dijo Alejandro señalando a una mujer de cabellos rojizos sentada muy concentrada en su lectura.
-Ya veo. Pero de todas formas eres muy pequeño Alejandro.
-¡Ya tengo tres años!- Dijo emocionado colocando sus tres deditos con mucha dificultad formando el número tres.
-Ya veo que eres todo un niño grande y sobre todo muy inteligente. –Le dijo Candy con una especial simpatía por ese niño, no sabía por qué pero le recordaba a ella misma.
-¿Quieres ser mi amiga? –Le preguntó tierno.
-Claro que sí Alejandro, ¿Pero no te parece que soy muy grande para ser tu amiga?
-No, lo que sucede es que en la casa de mi abuelo me aburro, y solo mi mamá me trae al parque todos los días, pero no hay niños ahí jugando y extraño a mis amigos.
-¿Y dónde están tus amigos?
-Muy lejos, mi mamá y yo nos venimos a vivir con mi abuelo hace unos meses, pero yo vivía con muchos niños y dos señoras muy buenas. – Dijo con inocencia.
-¡Alejandro! – Decía a lo lejos Dorothy buscando a su hijo que no veía por ningún lado. Candy se puso de pie al escuchar que llamaban al pequeño.
-Creo que tu mamá te busca Alejandro. – Candy la veía a lo lejos de espaldas y veía por su lenguaje corporal que se estaba impacientando por no ver a su pequeño. – Ve con ella corre, para que no se asuste, y mañana te espero aquí a la misma hora. –Le dijo guiñándole un ojo. Alejandro le sonrió y salió corriendo al encuentro de su madre. Candy dio la media vuelta encontrándose con los ojos de su vigía quien la miraba muy serio. – Ana ¿mañana podrías acompañarme de nuevo al jardín? –Preguntó para que el hombre escuchara de sus planes.
-Como usted ordene señorita Andrew. – Decía la muchacha pasando tímida al lado de aquel hombre que si bien era muy serio era un joven guapo que le dirigió una mirada que no supo interpretar, haciéndole latir su corazón. Era un joven noble pero necesitaba ese trabajo y no quería tener problemas, era por ello que había tratado así a la señorita Andrew, porque le había dado la orden el Duque, pero su superior era igual que él noble y bueno aunque no lo aparentaran, el muchacho había estado viendo a la señorita Andrew desde su llegada y sentía pena por su situación, pero no podía hacer nada por ella. Ana estaba ilusionada por la forma en que ese joven la miraba y más ese día ya que después del altercado con la señorita sus ojos no dejaban de observarla.
Albert había ido a Chicago para arreglar algunas cosas de sus negocios, no podía desentenderse de ellos, había dejado a George a cargo pero Louis le había dicho que estaba enfermo. Ya tenía mucho tiempo enfermo George y no sabía que esperar de ello.
-Bienvenido William. – Dijo Louis sorprendido al ver entrar por la puerta a su jefe, él se encontraba en su oficina sintiéndose dueño y señor ya de ese lugar.
-¿Qué haces en mi oficina? –Preguntó Albert confundido de verlo ahí sentado en su escritorio.
-No sabía que vendrías. – Contestó nervioso. –Estaba buscando unos papeles.
-¿Qué papeles? ¿Y George? Él es el único que puede entrar a esta oficina. – Dijo firme.
-Lo sé William, pero como sigue incapacitado me autorizó para que yo mismo los buscara. –Dijo aparentando tranquilidad.
-Tráeme todos los papeles de los últimos días.
-En seguida William. – Dijo aguantándose el coraje, ya habría tiempo para desquitarse de ese trato que había recibido siempre, el cual según él era de desprecio y pensaba que no se lo merecía. Sin embargo Albert lo trataba así cada que veía que se tomaba más atribuciones de las que le correspondían.
-¿Cómo están las cosas en Lakewood? –Pregunto tranquilamente.
-Bien, la tía abuela y Rosemary están muy bien.
-¿Y Anthony? –Le tomó por sorpresa la pregunta.
-El joven Anthony se fue de Lakewood. – Dijo sin pensarlo, hasta que lo había dicho cayó en cuenta que había podido aprovechar la situación.
-¿Cómo que se fue?
-No estoy muy seguro, si quieres lo investigo. - Le dijo nervioso.
-¿Por fin? ¿Sigue o no en Lakewood?
-Tengo entendido que se quería ir de Lakewood.
-¿No dijo a dónde?
-No William, pero si quieres te averiguo.
-¿Por qué estás tan nervioso? ¿Sucede algo de lo que no esté enterado? – Preguntó observando a ese individuo en el que había confiado sus negocios, pero aún no confiaba como amigo en él.
-No te preocupes William todo está como siempre. – Dijo tratando de seguir tranquilo.
Albert se sentó no muy convencido, pero aun así se dedicó a leer los documentos que le había entregado Louis y se adentró en ellos estudiando el caso de su futuro "consuegro" quería encontrar bien el motivo por el cual había sido una pérdida, aunque él no había estado de acuerdo con ese negocio, aún no entendía porqué George había apostado a hacerlo creyendo que sería una buena inversión, quería ver si podía deshacer el compromiso de su hija, había estado pensando que era algo muy injusto para su hija. Ella no tenía que pagar por sus tonterías.
Por otro lado en una mansión de Chicago no muy lejos de donde se encontraba Albert, un viejo duque observaba a su primogénito el cual lucía desaliñado y obviamente bebido.
-¿Qué haces en esas condiciones?
-¿Qué condiciones? –Contestaba el joven con orgullo.
-¡Pareces un vagabundo! – Dijo furioso.
-¡No tengo porque darte explicaciones! – Le contestó molesto.
-¡Claro que sí! ¡Eres mi hijo!
-¿Y hasta ahora te das cuenta? ¿Cuándo me abandonaste hace tiempo en un internado, solo porque tu nueva esposa no me soportaba? –Lo enfrentó furioso.
-Era para convertirte en un caballero, digno de llevar el título de mi padre.
-Tienes otro hijo que si quiere ser duque. – Dijo sin importancia.
-Te corresponde a ti por ser el mayor. –Le dijo más tranquilo. –Además tienes que cuidar más tu aspecto, por eso no te he presentado ante tu futura esposa.
-Futura esposa. Sabes bien que no tengo intención en casarme aún. Quiero ser un gran actor igual que mi madre. – Dijo ante la furia de su padre.
-¡No vas a ser un actor! ¡Ese fue el motivo por el cual tu abuelo anuló el matrimonio con tu madre!
-Lo anuló porque tú lo permitiste. Nunca amaste a mi madre.
-¿Quién te dijo eso?
-Mi madre me lo contó.
-¿Dónde la viste?
-Vivo con ella en Nueva York y he conocido el lado de su historia, me contó por qué te casaste con ella. – Dijo simplemente con un aire despreocupado, era un joven alto de cabello castaño oscuro y ojos azules muy guapo a la vista de las damas, pero a veces un idiota cuando abría la boca.
-Tienes que ir a Nueva York, ahí está tu prometida y es preciso que la conozcas.
-No me interesa.
-No es porque te interese, es porque esa familia tiene una deuda pendiente conmigo.
-Es tu deuda no mía. – Le dijo cínicamente.
-¡Tienes que obedecerme!
-¡No tienes porqué gritarme! ¡Ya no soy un niño que puedes manejar a tu antojo.
-¿Por eso te escapaste del Colegio?
-Me escapé del Colegio para buscar mi propia vida, ser un actor igual que mi madre.
-¡Nadie sabe que la gran Eleanor Baker tiene un hijo!
-No voy a aprovecharme de su fama, ella sabe bien que yo no soy como tú. – Le dijo provocándolo una vez más.
-¡Terruce! ¡Te ordeno que vayas a conocer a tu prometida!
-¿Qué tanto te preocupa eso? – Le preguntó intrigado, si bien no era la primera vez que lo había tratado de comprometer con alguien, si era la primera vez que lo veía impaciente, decidió darle el lado para averiguar qué era lo que tramaba esta vez tan distinguido caballero, como él le decía.
-Hace muchos años me comprometí con una hermosa joven llamada Rosemary Andrew, era una mujer demasiado bella, rubia de ojos verdes de una familia muy prestigiada aquí en América.
-¿Es la mujer que te abandonó y después te casaste con mi madre? – Graham asintió por lo que veía Eleanor le había contado de ella.
-Ella estaba enamorada de otro tipo y me rechazó, dio su compromiso por terminado conmigo y no le importó en lo más mínimo mi humillación, me fui de Chicago y después conocí a tu madre y me enamoré de ella.
-Pero nunca la amaste.
-Como a Rosemary, nunca más volví a amar a nadie hijo. No tiene caso que te oculte una verdad que de seguro ya sabes. – Le dijo por primera vez honesto.
-¿Y eso que tiene que ver con mi compromiso?
-Yo juré vengarme de esta familia, juré por mi honor que un día los haría pagar su ofensa y ahora sin proponérmelo tengo la oportunidad de hacerlo. –Terry escuchaba a su padre sorprendido, si bien él sabía que no era un buen hombre nunca pensó que sería capaz de tal bajeza, sin embargo algo en su interior le decía que debía dejarlo continuar con su relato. – Hace unos meses conocí a un hombre llamado Louis Leagan me propuso un negocio con las empresas Andrew, él sabía perfectamente quien era yo y me pareció interesante escucharlo. Me dijo que podía invertir con ellos y hacer creer a William Andrew que había perdido toda mi inversión, así lo hicimos y la única manera de reparar su "error" sería que su hija se comprometiera con mi hijo.
-Déjame ver si entiendo. – Decía Terry cada vez más sorprendido. – Este William no cometió ningún error. – Sonrió cínicamente para seguir con el relato de su padre.
-Exactamente.
-¿Y qué tiene que ver la hija de ese tal señor William con tu venganza?
-Él es el hermano de Rosemary y el hijo de Rosemary está enamorado de su hija y ella de él.
-¿Y pretendes que me case con una mujer que está enamorada de otro?
-Ese no es nuestro problema, Rosemary sufrirá muy de cerca lo que yo pasé, al ver a su hijo humillado por el rechazo. – Terry veía con asombro a su padre, lo que él planeaba era tan bajo incluso para él mismo.
-Tendré que pensarlo. – Dijo ya sin saber que decir, no quería contradecirlo, en su mirada había algo que nunca había visto. – Por lo que veo aún amas a esa señora.
-¿Amarla? ¿Estás bromeando? Yo solo siento desprecio por ella y por su familia.
-¿Y la muchacha?
-Candy… Se llama Candy White Andrew. Y no es la muchacha es tu prometida.
-Comprendo. – Vamos a hacer algo, yo sigo preparándome para la obra que se estrenará aquí en Chicago y conoceré a la muchacha y si me gusta, adelante. – Dijo esperando que su padre aceptara, él lo único que quería era actuar y seguir siendo libre, ya vería como se zafaba de ese estúpido compromiso. Graham lo veía dudoso no estaba seguro de la propuesta de su hijo así que debía pensarlo detalladamente.
-De ninguna manera, tú irás a conocer a la señorita Andrew y harás lo que yo te ordeno. – Terry no siguió con la conversación simplemente se retiró furioso de la oficina de su padre. Él no podía obligarlo a nada y menos ahora, él ya había encontrado motivo para seguir adelante y no iba a cambiarlo solo porque su padre lo decía. Salió de ahí y se dirigió nuevamente a un bar de mala muerte a desahogar su coraje, era algo común para él a pesar de estar ensayando para una obra que se pondría en escena aprovechaba cada día que tenía libre para tomarse un trago, como decía él, sin preocuparle mucho lo que su padre pensaba, él no tenía la más mínima intención de casarse, primero tenía que triunfar como actor y después ya vería, además su compañera de reparto era la que hasta ese momento le había robado su atención, aunque no sabía bien si podría definirlo como que estaba enamorado de ella.
Continuará…
Hola señoras y señoritas hermosas, aquí seguimos avanzando otro poquito, espero hayan disfrutado el capítulo.
Espero su comentario y también espero que estén muy bien todas y cada una de ustedes junto a su familia. Un abrazo y bendiciones para todas.
Saludos
