Los personajes de Candy, no me pertenecen sin embargo los he utilizado para hacer una historia algo disparatada y loca que llegó a mi mente. Lo hago sin fines de lucro, solo es por diversión, pero les advierto que no es una historia para menores de edad, así que por favor les pido discreción. ¡COMENZAMOS!
LAZOS DE AMOR
UNA NUEVA BÚSQUEDA
CAPITULO XXI
Candy arreglaba sus pocas pertenencias en el pequeño armario que se encontraba en la habitación, solo eran dos vestidos y el que traía puesto, solo había llevado el par de zapatos que llevaba y la ropa interior necesaria para usar solo unos días, tenía que aprender a lavar sus cosas para poder salir la semana. Cuando abrió el pequeño armario observó que había cuatro uniformes de enfermera y cada uno iba con su par de botas. Eso le sería muy útil pensó feliz. Tomó un baño y se dispuso a dormir para descansar del viaje. Al guardar su vestido encontró la carta que había escrito para su amado Anthony, decidió que en cuanto pudiera la llevaría al correo para ponerla rumbo a Lakewood.
Otro día muy temprano fue levantada para que comenzara a tomar las clases de enfermería, se vistió con el uniforme de enfermera y al portarlo y verse en el espejo se sintió otra, sintió que era una chica nueva, no la miedosa chica que había huido de su casa. Decidió ser más fuerte y sobre todo más decidida, tenía que encontrar la manera de volver al lado de su príncipe, después de todo estaba más cerca de él.
El viaje para Anthony fue muy largo, la ansiedad que le provocaba llegar a su destino hacia que se le fuera el tiempo más lento.
-Ya casi llegamos hijo. – Le dijo Rosemary con una sonrisa. – Llegaremos a la mansión Andrew y después iremos a buscar a Candy. – Anthony negó.
-No madre, te llevaré a la mansión Andrew, pero yo iré a ver a Candy de inmediato. – Le dijo seguro, no la iba a dejar sola, pero no iba a perder más tiempo para llegar a ver a su amada.
-Cuenta con nosotros Anthony. – Le dijo Stear seguro, ellos lo acompañarían hasta el final. Archie no confiaba en el duque del todo.
-Tengo entendido que las mansiones están por el mismo rumbo. – Dijo Terry, así que tal vez no esté muy lejos la mansión que buscan. – Dijo ante la mirada expectante de todos.
El carruaje que los dirigió a la mansión de los Andrew se quedó esperándolos, Rosemary no quería quedarse ahí sola, quería ir con ellos y enfrentar a ese duque idiota, sin embargo Anthony no quería que se pusiera mal de nueva cuenta.
-No te preocupes madre, en cuanto lleguemos por Candy vendremos por ti.
-De ninguna manera yo voy con ustedes. – Dijo imponiéndose por fin a los deseos de su hijo. – Terry reía en el fondo ya que la señora Brower tenía el carácter tan fuerte como su madre, tal vez por eso no había podido el duque con ellas.
Los cuatro chicos y Rosemary llegaron por fin a la mansión Grandchester, la cual estaba relativamente cerca de la mansión Andrew y la Simmons, la zona en la que se encontraban era una de las más exclusivas de Nueva York.
-Hemos llegado. – Dijo Terry a sus acompañantes. Rosemary bajo observando la enorme casa que se encontraba frente a ella, era una casa muy elegante. Anthony respiraba ansioso, el aire le escapaba de los pulmones ante la ansiedad y desesperación que sentía de volver a ver a Candy.
Frente a la mansión había un gran parque que se extendía majestuoso adornando la vista de las mansiones. Un pequeño niño llegaba corriendo al ver al malcriado que él había conocido muy bien.
-Hola. – Le dijo el pequeño que a pesar de su corta edad era muy despierto.
-Hola Alejandro ¿Cómo estás? ¿Has visto a Candy? – Le preguntó curioso mientras Anthony y Rosemary veían sorprendidos al pequeño. Al verlo les recordaba a su tío y hermano respectivamente. Alejandro negó.
-Hace días que no la veo. – Dijo animado por las ganas que sentía de verla. – Estuve enfermo y mi madre no había podido traerme al parque. – Explicó simplemente.
-¿Dónde está tu mamá? – Pregunto Terry, volteando a ver a Dorothy quien se encontraba sentada en una banca tratando de esconderse al ver que había más gente fuera de la mansión. Alejandro apuntaba con su manita en dirección a su mamá. Anthony y los demás observaban curiosos para observarla. – Muchachos él es Alejandro, digamos que es el hermano de Candy. – Dijo naturalmente Terry.
-¿Hermano? – Preguntó Anthony volteando a ver al pequeño, encontrando el parecido con su amada. – Hola Alejandro. – Dijo con una amplia sonrisa.
-Candy es la única amiga que tengo. – Dijo inocentemente Alejandro. – Con ella puedo jugar y trepar árboles. – Dijo emocionado ante la risa de los demás, Si así era Candy, pensaba Anthony, alegre e infantil con los niños. -¿Tú cómo te llamas? – Le preguntó a Anthony a Terry ya lo conocía, sin embargo le daba curiosidad el conocer a los chicos que estaban con él.
-Mi nombre es Anthony Brower. – Dijo Anthony muy amable.
-¿Anthony? ¿Eres el novio de Candy? – Preguntó sorprendido y a la vez reaccionando como si lo conociera. Anthony asintió feliz, su pecosa se había encargado de hablarle de él.
-Así es Alejandro, veo que mi pecosa te habló de mí. – Alejandro asintió con una sonrisa en su rostro.
-Tú le dices pecosa con mucho cariño, en cambio Terry le dice "mona pecas" y no me gusta. – Dijo ante la mirada de asombro de Terry y la de confusión de Anthony quien lo volteó a ver intrigado. Terry carraspeo ante la delatada que acababa de sufrir y observaba dentro de la mansión que alguien salía y lo llamaba ansioso. Se adentró a la mansión seguido por los demás mientras solo a él le hablaban como en secreto. Eran los hombres encargados de cuidar a Candy. Anthony observaba que había mucha seguridad y eso le molestaba bastante, su prometida estaba bajo vigilancia las 24 horas del día.
Rosemary seguía con la mirada puesta en la madre de Alejandro, le había llamado la atención su aspecto y más porque veía que trataba de ocultarse de ellos.
-Anthony. – Le dijo a su hijo para que él también pusiera atención.
-Dime madre. – Contestó quitando su atención de Alejandro.
-Dirás que soy una paranoica, pero la chica que dice Alejandro es su mamá se parece mucho a Dorothy. – Anthony volteo a verla y coincidía con su mamá.
-Mi tía tiene razón Anthony, yo también pienso que se parece mucho.
-Además cuando volteamos a verla, procura esconder su rostro. – Decía Archie, quien se había dado cuenta de que cada que volteaban Dorothy se volteaba al lado contrario y así era, Dorothy se había dado cuenta que eran los Andrew los que estaban ahí y no pudo hacer mucho para detener a su hijo, en cuanto llegaron al parque salió corriendo en busca de Candy y poco después llegaba el carruaje con los visitantes a bordo, no le había quedado de otra más que esperar que saliera su hijo a su encuentro, rogando porque nadie la reconociera.
Terry hablaba con los de seguridad y una furia lo acompañaba de pronto.
-¿Qué dices? – Gritó desesperado, siendo rápidamente escuchado por Anthony y compañía, viendo a aquellos hombres con desconfianza. - ¿Cómo pudo esto pasar? ¿Y mi padre? ¿Y el señor Andrew? – Preguntaba ansioso, con lo último Anthony decidió acercarse a ellos para saber que ocurre.
-¿Qué sucede? – Preguntó ansioso mientras Archie llegaba con él junto a Terry. Los guardaespaldas los veían con desconfianza y solo el joven que era el encargado de vigilar a Candy de cerca tenía la mirada puesta en el suelo.
-¡Son unos imbéciles! – Dijo Terry furioso.
-El señor Andrew no ha llegado y el Duque nos ha mandado a buscarla por todas partes. – Contestaba el chico apenado.
-¿Qué sucede Terry? – Volvió Anthony a preguntar con mayor insistencia. Terry lo miró con pesar en su mirada.
-Candy se ha escapado. – Dijo por fin.
-¿Cómo que se ha escapado? ¿Cuándo?
-Hace una semana al parecer. Eso debe de haber sido dos días después de que yo me fui a Chicago. – Dijo Terry preocupado. – Se ha ido por mi culpa. – pensó impaciente.
-Tenemos que buscarla, ella no conoce Nueva York Terry.
-Tienes razón, mi padre ya se encargó de buscarla aquí en la ciudad, ha puesto gente a buscarla, sin embargo no ha habido noticias de ella. – Anthony estaba desesperado tratando de tener calma. - ¿Dónde está Anna? – Preguntó Terry un poco alterado al guardaespaldas que sabía estaba enamorado de ella. – Ana es la acompañante de Candy. – Dijo a Anthony para que estuviera al tanto.
-Su padre la ha despedido. – Dijo el joven con pesar.
-¡Alejandro! – Dijo de pronto recordando que él había visto a Candy con la mamá del niño. Anthony iba con su mamá y Alejandro quien seguía junto a Rosemary. – La mamá de Alejandro conoce a Candy. – Dijo a Anthony. Anthony no lo pensó dos veces y salió corriendo rumbo al parque donde Alejandro había señalado que estaba su mamá.
Dorothy veía a lo lejos el alboroto que se armaba en torno a la mansión de los Grandchester, sin embargo el miedo de que saliera Albert permanecía en ella. De pronto vio como el joven Brower se acercaba a ella a toda velocidad, provocando en ella un sobresalto en su corazón al ver que ya la había casi alcanzado.
-¿¡Dorothy!? – Preguntó sorprendido al verla. -¡Eres Dorothy! – Dijo nervioso y tomándola de los brazos, hasta cierto punto respirando más tranquilo pensando que ella sabía sobre el paradero de su pecosa.
Stear, Archie y Terry, seguían preguntando a los empleados a ver si alguien recordaba algo que los pudiera ayudar, sin embargo nadie sabía nada. Rosemary se dirigía con paso más tranquilo llevando a Alejandro de la mano, le causaba mucha ternura ese niño y no sabía por qué. Cuando iba llegando junto a la mamá de él la reconoció.
-¡Dorothy! – Dijo sorprendida.
-¿Usted conoce a mi mamá? – Preguntó Alejandro inocente al ver que Rosemary volteaba a verlo con los ojos llenos de lágrimas.
-¡Dorothy! – Gritó emocionada corriendo a abrazar a la pelirroja que la veía entre gustosa y asustada.
-¡Rosemary! ¡Joven Anthony! – Decía sorprendida.
-¡Dorothy! ¿Dónde está Candy? – Preguntó ansioso Anthony una vez que dejó que llegara su madre a su encuentro.
-¿Candy? – Preguntó dudosa. – ¡No lo sé! – Dijo sorprendida. – Hace días que no la veo, nos encontramos hace una semana y quedamos de vernos aquí al siguiente día, pero se enfermó Alejandro y ya no pude salir. – Decía impaciente ante la mirada de tristeza y decepción del rubio. Dorothy comenzó a llorar angustiada. Rosemary la abrazó para consolarla sabía cuánto quería ella a Candy.
-Tranquila vamos a encontrarla. – Rosemary trataba de darles ánimos, pero ella también estaba muy asustada por la situación. Anthony tenía la cabeza hecha un lío no podía creer que había hecho el viaje tarde, si hubiera salido en cuanto regresó Terry, tal vez la hubiera alcanzado, o tal vez no. Tenía que averiguar algo sobre ella, su tío no estaba tampoco, a lo mejor estaba con ella. – Dorothy, Alejandro... – Dijo Rosemary no queriendo ser imprudente.
-Sí, Alejandro es hijo de él. – Dijo con la voz un poco audible, el niño no alcanzó a escuchar lo que dijeron, solo los veía con curiosidad. Anthony alcanzaba a escuchar en su desespero y veía al pequeño que con razón le había recordado tanto a su amada. Le dirigió una sonrisa y el niño le correspondió. Era su primo más pequeño. Rosemary lo abrazó y besó en las mejillas y aunque el niño sonreía no tenía idea de que pasaba.
-¿Mi hermano lo sabe? – Pregunto Rosemary.
-No lo creo, Candy prometió no decirle, pero como te digo ya no la he visto. – Dorothy se angustiaba por su muñequita, iría a la mansión de su padre a pedirle ayuda para buscarla también.
-¿Vamos? Les dijo Anthony, Albert no está. – Le dijo para darle confianza a Dorothy y los acompañara, sin embargo decidió pedir primero ayuda a su padre y se retiró.
Anthony regresó con su madre a la mansión de Terry, quería él también hablar con la servidumbre.
-Nada Anthony, nadie sabe nada. La única que dijo que pronto llegaría el Duque es la cocinera.
-Bien, aquí lo espero. – Dijo Anthony decidido. Terry estuvo de acuerdo, tenían que enfrentarlo de una vez.
Un elegante carruaje llegaba a la mansión y un tranquilo Duque llegaba sin preocupación. Entro a su mansión y se encontró con varias personas que estaban en el salón, entre ellas aparte de su hijo alcanzó a reconocer a Rosemary. Se sorprendió a verla, estaba mucho más bella que antes, eso hizo que su corazón latiera desbocado y nervioso, pero de pronto su gesto sorprendido cambió por uno de amargura al recordar lo acontecido hacía años atrás.
-Rosemary. – Dijo seriamente, con rencor.
-Richard. – Contestó la elegante y hermosa mujer, sin bajar la mirada, digna, toda una dama en la extensión de la palabra y eso hacía que Richard se sintiera peor por su rechazo. La belleza de Rosemary, siempre lo había cautivado y cuando conoció a Eleanor se encandiló también con ella, sin embargo en carácter eran muy diferentes, Rosemary era noble, buena, abnegada y Eleanor era un poco más egoísta tanto así que no había peleado mucho la custodia de su hijo y lo haba dejado en manos de él y su nueva esposa, aquella mujer que no tenía nada de belleza ni gracia más sin embargo según su padre era la única digna de llevar el título de duquesa solo porque era hija de uno de las personas más ricas de Inglaterra. Richard volteó a ver a los demás chicos que estaban ahí e inmediatamente supo quién era el hijo de su rival. Miró con coraje a Anthony quien no se sintió intimidado con su mirada, al contrario la sostuvo con valentía y el mismo orgullo con el que lo veía su madre. Los otros dos chicos que no sabía quiénes eran lo veían igual, volteo a ver a su hijo con desagrado.
-Veo que se han enterado de la huida de la señorita Andrew. – Dijo simplemente.
-¿Averiguó algo? – Preguntó Anthony decidido.
-Vaya, veo que tienes agallas. – Dijo el duque mirándolo de arriba hacia abajo. – ¿No tienen miedo de que están en mi terreno? – Pregunto amenazante.
-No estamos haciendo nada malo. – Contesto Anthony. – Además, somos invitados de su hijo. – Dijo seguro. El Duque volteó a ver a Terry enfadado.
-Tiene razón padre, ellos vinieron por Candy y nos encontramos con esta noticia. – Decía Terry sin inmutarse mucho por la presencia de su padre y mucho menos por la forma que lo miraba.
-¡Ella es tu prometida! - Decía alzando la voz.
-¡Ya te he dicho que no quiero casarme con ella! ¡Ella no me ama! – Le decía Terry de la misma forma.
-¡No me importa! ¡Su padre tendrá que firmar el contrato lo antes posible si no quiere ir a la cárcel! – Decía el Duque. De pronto su sonrisa cambió a una más maliciosa. – O tal vez sea lo mejor, si no puedo obligar a esa muchacha a casarse contigo, entonces su padre irá a la cárcel. – Dijo de nueva cuenta ante el asombro de los demás.
-¿Cómo se atreve? –Dijo Archie indignado, fue el primero en reaccionar, Anthony lo veía estudiándolo.
-Eres un maldito Richard. – Dijo Rosemary, esas palabras lo hirieron, le gustara o no el seguía sintiendo algo muy fuerte por esa mujer y era la única que lo lastimaba al expresar su desprecio hacia él. – Siempre lo has sido, agradezco el no haberme casado contigo. – Le dijo duramente hiriendo lo más profundo de su ser.
-¿Cuánto se le debe? – Preguntó Anthony seguro de sí mismo.
-Dudo que tengas el dinero para pagarme. – Dijo sonriendo de nueva cuenta, cubriendo el dolor que las palabras de Rosemary le habían causado.
-Pues no lo dude, ¿Cuánto debe mi tío?
-Lo suficiente para dejarte en la ruina a ti y a toda tu familia. – Dijo con desprecio.
-No esté muy seguro de ello. – Contestó Anthony, Stear y Archie sudaban y no podían creer que Anthony se estuviera metiendo en camisa de once varas, ellos sabían que Anthony no tenía dinero. – Dentro de poco cumpliré mi mayoría de edad y con ello obtendré la herencia que mi padre me heredó, así como la herencia de mi abuelo.
-No te será suficiente.
-¿Está usted seguro?
-¿No te importa quedarte en la ruina por una mujer?
-Por Candy no. – Dijo seguro de sus palabras mientras los demás lo veían asombrados, solo Rosemary confiaba en lo que su hijo hacía, él no era tonto y sabría bien negociar. – Además usted solo dice que llevará a la cárcel a mi tío por un mal negocio en el cual usted invirtió, por lo que sé nadie lo obligó. – Dijo Anthony, viendo como el cínico semblante del duque cambiaba de aspecto. – También es sabido que es un delito obligar a una joven a casarse en contra de su voluntad por un negocio mal invertido. – Volvió a atacar. – El duque lo veía molesto y veía como su hijo solo se cruzaba de brazos sin hacer nada al respecto.
-Albert sabía que había riesgo en el negocio y aun así decidió hacerlo, por eso decidió hacer el compromiso conmigo, solo así se liberará de la deuda, eso o la cárcel.
-¿Está seguro que fue mi tío el que hizo el negocio? – Preguntó Anthony quien de pronto se le venía a la mente que pudo haber sido todo cosa de Louis. – El duque se puso pálido de pronto pero trató de ocultarlo.
-Yo solo sé que hay un convenio de matrimonio.
-El cual no está firmado. – Dijo Anthony. – Además existe otro contrato que tiene fecha anterior al que usted menciona, si yo voy a averiguar sobre el monto de lo perdido en el negocio y llevo el contrato matrimonial previo al suyo, con pagar la cantidad perdida será suficiente, el contrato de usted quedaría anulado.
Stear, Archie y Terry veían sorprendido al rubio, ¿Cómo sabía tanto? La verdad es que su abuelo era un reconocido abogado en Escocia y el mismo se había encargado de asesorarlo para que no cayera en los malos manejos de ese señor.
-¿Cómo estás tan seguro? – Pregunto Richard tratando de mantener su postura.
-Mi abuelo se llama Harry Brower ¿Lo conoce usted? – Preguntó tranquilamente. Sabía que ese nombre era muy reconocido en Europa, modestia aparte le había dicho su abuelo y en la mirada de Richard pudo comprobar que así era. – Es abogado. – Dijo de nuevo. – El conoce las leyes.
-¡Yo también conozco las leyes! - Dijo de nuevo alzando la voz tratando de intimidar.
-Siempre has querido arreglar todo con gritos Richard, nunca te has dado cuenta que hay cosas más importantes que el poder y la opresión. – Le dijo Rosemary. – Mi hijo ya se informó de la deuda que tiene Albert contigo, es por eso que si dice que puede pagarla lo hará.
Richard se paseaba como león enjaulado de un lado para otro, ya no le quedaba de otra, tendría que hablar con Louis para obligarlo a que hiciera algo más para atar a William y mandarlo a la cárcel como mínimo.
Albert iba entrando a la mansión de los Grandchester, había estado investigando en Chicago todo lo referente al negocio con el duque y había descubierto junto con George los malos manejos que había hecho Louis. George lo había buscado a petición de Anthony y al dar con él se desplazó inmediatamente rumbo a Chicago para poner en orden todo lo que estaba mal puesto en el consorcio. Ambos habían descubierto las firmas falsas que había hecho Louis y las desviaciones de dinero que había hecho a favor de los Leagan.
-No será necesario Rosemary. – Dijo Albert quien venía entrando en ese momento cuando ella decía que Anthony pagaría su deuda. – Acabo de regresar de Chicago y gracias a George pude encontrar todas las irregularidades en las que había incurrido Louis, recuperando cada centavo de los clientes y de mi propia familia que había desviado a sus cuentas personales.
-¿Cómo dices Albert? – Preguntó Rosemary.
-Lo que escuchas hermana. Louis está en estos momentos en espera de ser procesado por enriquecimiento ilícito y abuso de confianza.
-De todas formas tío, yo me ofrezco a pagar la cantidad que el consorcio adeuda al duque de Grandchester. – Decía Anthony seguro de sus palabras, por su amada haría todo por no verla sufrir y sabía que si su padre tenía que ir a la cárcel ella sufriría mucho y eso él no lo permitiría.
-No será necesario Anthony. – Le dijo palmeando su hombro con cariño, como antes lo hacía, eso reconfortó a Anthony. – También descubrimos que nunca hubo un negocio real entre las empresas Anthony y el duque de Grandchester, el dinero que se había invertido era del mismo corporativo, pero Louis se encargó de hacernos creer que era dinero del Duque, que me imagino él lo sabía muy bien. – Dijo Albert volteando a ver al duque con la mirada fija, mientras el duque estaba furioso porque sus planes se venían abajo gracias al idiota de Louis Leagan. – Así que si no quiere señor Duque que lo encarcelen a usted por prestar su nombre para realizar un fraude, le aconsejo que deje el país. Yo no pude retrasar mucho a la policía para su aprensión y en lo que llega el comunicado a Nueva York es el tiempo que tiene para abandonar América sin ser aprendido. Decía Albert mirando su reloj como dando a entender que el tiempo se agotaba y seguía su curso.
El Duque estaba indignado, sin embargo sabía que eso era posible, como había dicho él sabía de leyes y sabía que no lo habían engañado, se había descubierto su plan. Antes de retirarse a su oficina y darle indicaciones a sus empleados se volteó a ver a su hijo.
-Terry, tú te iras conmigo.
-Te equivocas padre, yo me quedo aquí con mi madre.
-¡De ninguna manera! ¡Eres es próximo duque!
-Ya te he dicho que para esto esta Allan. – Dijo seguro. – Además a la graciosa de tu mujer le agradará mucho la idea. – Yo tengo que quedarme en Chicago, alguien me espera. – Dijo tranquilo, el duque no quiso alegar más, después lo obligaría a cumplir con el deber que tenía por nacimiento, aún le quedaban muchos años para convencerlo. Desapareció de la vista de los demás y todos decidieron marcharse, sobre todo Anthony quien estaba muy preocupado por Candy.
-Vamos, tenemos que buscar a Candy. – Dijo Anthony.
-¿Candy? ¿Dónde está? – Preguntó Albert por fin dándose cuenta que su hija no estaba ahí. Rosemary soltó un pesado suspiro y Anthony salía de la mansión seguido de sus primos y Terry. Aún seguía molesto con su tío por la separación que los había obligado a mantener, si no hubiera sido por su terquedad de obligar a Candy a un compromiso, en vez de averiguar primero la situación, Candy no hubiera tenido que escapar y no estuviera desaparecida.
-Amor, ¿Dónde estarás? – Pensaba desesperado buscando a todos lados de la gran zona residencial como si con eso la fuera a encontrar. – Tan cerca que estuviéramos de estar juntos pecosa. – Apretaba sus manos sumido en sus pensamientos sin percatarse de lo que sucedía.
Albert venía tras de él junto con Rosemary quien le explicaba a grandes rasgos lo sucedido con Candy, lo poco que habían averiguado.
-¿Pero cómo es posible? – Decía preocupado por fin por su hija, él sabía que era una jovencita que nunca había salido sola y de pronto le cayó del cielo la preocupación por su hija, pensando en lo que Candace estaría pensando. – Perdóname amor, ayúdame a encontrarla por favor. – Pensaba volteando al cielo. Stear y Archie observaban todo el panorama igual de preocupados, pero veían como Anthony se dirigía al parque, él había visto a Dorothy que venía en dirección a ellos y le iba a advertir de la presencia de Albert sabía que ella no quería verlo.
Alejandro al ver la casa de Candy corría sin fijarse al pasar la calle, quería ver a su amiga y estaba seguro de que ya había regresado, en su mente infantil no alcanzaba a comprender que la información que le había dado el viejo cochero a su madre no se refería a que ella hubiera regresado, sin embargo en su corazoncito esperaba que fuera así, tanto así que no le importó que el padre de Candy, aquel hombre del que otras veces se había escondido, estuviera cerca y salió corriendo a la mansión.
-¡Alejandro! – Gritó Dorothy desesperada al ver que su hijo se había soltado de su mano y se acercaba a la calle sin fijarse si venía algún coche, Anthony que ya estaba en el parque, escuchó el grito de Dorothy girando su rostro para ver que Alejandro rodeaba las bancas del lugar para llegar a su destino. Sin embargo no pudo alcanzar al pequeño.
-¡Alejandro! – Grito también desesperado corriendo tras de él para tratar de alcanzarlo, Dorothy lo seguía muy de cerca.
Albert advirtió la situación sin poner atención a la mujer que iba por el niño, simplemente vio al niño correr en su dirección y el carro que se aproximaba al parecer sin percatarse de lo que sucedía. Rosemary vio con horror lo que podía sucederle a su sobrino y gritó asustada.
-¡Alejandro! –Albert la volteó a ver extrañada de que conociera al pequeño, sin embargo no era el momento de investigar, así que al estar más cerca de él se acercó con grandes pasos y lo tomó en sus brazos quitándolo del peligro, hasta entonces el automóvil veía lo que iba a hacer al ver al adulto lanzarse por el niño tan pequeño que cruzaba la calle.
Anthony siguió su trayecto para llegar al otro lado de la calle junto a su madre, sus primos y su tío quien sostenía a Alejandro en brazos. Terry observaba igual que los demás con el rostro aún pálido del susto.
Albert bajo al niño quien lo miraba un poco aturdido y con desconfianza, él sabía quién era ese hombre y como un día le había dicho a su hermana, ese hombre le causaba miedo, sin embargo al estar en sus brazos y ver que no había maldad en los ojos de aquel hombre se sintió extrañamente protegido, tuvo una sensación de protección que nunca había sentido en sus casi cuatro años de vida.
-¿Te encuentras bien? – Preguntó tranquilo al niño para no asustarlo. Alejandro asintió, mientras veía a Anthony, Rosemary y los demás igual de asustados. – No ha pasado nada. – Les dijo para tranquilizarlos, pero cuando sus ojos se posaron en la joven que llegaba corriendo a arrebatarle al niño de las manos su cara reflejó la sorpresa que tenían los presentes. -¿¡Dorothy!? – Preguntó sorprendido al ver que ella tomaba al niño entre sus brazos y lo besaba con desesperación. Dorothy ignoró la presencia del rubio porque no sabía cómo actuar, ella iba solo a dar informes de lo que había averiguado sobre Candy y no se imaginaba que su tormento estaría ya de regreso.
-¿Dorothy? – Volvió a decir Albert. -¿Qué estás haciendo aquí? – Preguntaba nervioso y sin poder quitar la vista tanto del niño como de la joven. -¿Ustedes sabían? – Preguntó volteando a ver a Anthony quien solo le sostenía la mirada sin responder nada, volteo a ver a Rosemary. – Hermana… - Le dijo casi en un suplicio.
-Albert, nosotros nos vamos enterando de que Dorothy vive aquí. – Le dijo tranquila. – Llevamos solo unas horas en Nueva York y también para nosotros fue una sorpresa encontrarnos con ella aquí. – Le dijo tranquila para que no se alterara.
-Dorothy. – Volteo a verla y Dorothy bajó la mirada apenada, tratando de esconder sus ojos llorosos. Albert creía que Alejandro era un niño que ella cuidaba, así como había cuidado a su hija tantos años.
-Mami ¿Conoces a ese señor? – Preguntó Alejandro inocentemente, lo cual hizo que Albert abriera los ojos sorprendido.
-¿Mamá? – Preguntó sorprendido, buscando la mirada de Dorothy, sin embargo no lo conseguía. - ¿Eres su mamá? – Pregunto nuevamente, pero Dorothy seguía sin hablar, sin embargo levantó la mirada encontrándose con esos ojos que tanto había añorado volver a ver, sus ojos cafés estaban llenos de lágrimas y sentía que su garganta estaba llena de sentimientos que querían salir de golpe pero se acumulaban en su interior impidiéndole salir a cada uno.
-Sí. – Dijo Alejandro inocentemente. – Ella es mi mami. – Y tú eres el papá de Candy. – Dijo de nuevo con su mirada verde encontrándose con la azul de su padre. Albert sonrió al escucharlo hablar, sintió una conexión especial con ese niño y de pronto le recordaba a Candy cuando tenía esa edad, su nariz, sus ojos, los labios y hasta esa mirada inocente y pícara tenía de su hija, solo le faltaban los rizos y las pecas que ella había heredado de su madre.
-¿Cuántos años tienes? – Preguntó a Alejandro ya que al parecer era el único que podía hablar.
-Tres. – Le dijo mostrando sus deditos, batallando un poco para colocarlos cada uno en su lugar para hacer un tres con ellos. - Casi así. - Dijo agregando un dedo más. - ¿Y tú? – Le preguntó ante la sonrisa que le sacaba a Albert su inocencia.
-Uhhh yo ya soy muy grande. – Le dijo ante la mirada divertida del niño. – Candy tenía razón. – Le dijo inocente.
-¿Qué te dijo Candy? – Pregunto mientras hacía cuentas del tiempo que tenía sin ver a Dorothy, de las sospechas de su hermana cuando ella huyó y de la edad de Alejandro, todo concordaba con lo que comenzaba a sospechar.
-Dijo que tú eras bueno con todos menos con ella. – Dijo sin saber lo que decía, sin notar en su inocencia que aquel hombre que también era su padre sentía en su corazón una infinita pena por escuchar lo que su hija comentaba de él.
–Soy bueno con todos, menos contigo, perdóname hija, perdóname por favor, si supieras cuanto te amo. – Pensaba arrepentido y una lágrima aparecía en su rostro afligido por lo que estaba pasando, su hija había desaparecido y encontraba de pronto a Dorothy, la tenía frente a él y por si fuera poco también estaba ahí su hijo, aquel niño que solo había soñado que tenía, pero que no tenía la certeza de que fuera verdad.
Volteo a ver a Rosemary y Anthony al mismo tiempo, ya que ellos estaban al frente de él, detrás estaban Stear, Archie y Terry, todos esperando la reacción de Albert. Rosemary y Anthony asintieron contestando la pregunta que les hacía Albert en silencio. Volteó a ver a Dorothy, quien seguía observándolo como si fuera un sueño.
-¿Cómo estás? – Fue lo único que atinó a decir.
-Bien. – Dijo Dorothy tratando de recomponerse. – Gracias por salvar a Alejandro. – Dijo apenas audible. – Pero yo solo he venido para avisar lo que sé de Candy. – Dijo Dorothy recordando de pronto a lo que había ido. Anthony pronto puso atención a lo que decía y la tomaba de los hombros impaciente.
-¡Dorothy! Dígame por favor ¿Que averiguó sobre Candy? - Decía impaciente.
-Candy tomó la diligencia por la mañana rumbo a la estación del tren. – Dijo Dorothy por fin.
-¿Hace cuánto de eso? – Preguntó de nuevo inquieto.
-Hace como una semana. – Dorothy le señalaba al cochero que le había dado informes de Candy, ella había decidido preguntar entre los cocheros a ver si de casualidad alguno sabía algo. Anthony volteo a ver a su madre y su tío y con solo la mirada les dijo que iría a preguntar de nuevo, ambos asintieron. Stear y Archie se fueron tras él para acompañarlo al ver que ya iba cruzando la calle nuevamente rumbo a las diligencias. Mientras tanto Albert observaba a Dorothy, quería investigar sobre su hija pero temía que si perdía de vista a Dorothy ella se volviera a esconder de él.
-Buenas tardes. – Dijo Anthony al hombre ya mayor pero de aspecto amable.
-Muy buenas tardes jóvenes. – Respondió al ver a los tres jóvenes que lo saludaban.
-Disculpe, buen hombre, pero me dice mi tía que hace una semana usted llevó a mi prima a la estación del tren. –Le dijo tratando de aparentar calma, el señor lo miró extrañado, no sabía a quién se refería. – Es una chica de rizos rubios, bajita de estatura, blanca, con unos maravillosos ojos verdes y unas cuantas pecas adornan su rostro. – El buen hombre recordó a la amable rubia a la que se referían los caballeros.
-AAAhhh sí, hace un momento una señora con un niño vinieron a preguntar por ella. Efectivamente yo la llevé a la estación del tren, iba muy apurada y llamó mi atención que subió a mi carruaje sin decirme antes la dirección a la cual se dirigía. – Dijo con una sonrisa.
-¿Le comentó hacia dónde iba? – Pregunto impaciente, el señor lo notó y sonrió con amabilidad.
-¿Es su novia joven? – Anthony asintió.
-Es la mujer de mi vida. – Le dijo con el corazón en la mano, el señor se conmovió con sus palabras y confió en su instinto, decidiendo ayudar a aquel joven que estaba frente a él.
-Casi no platicamos joven, pero cuando le pregunté si iba de visita con algún familiar, ella solo me respondió que volvía a casa. – Dijo el anciano con una sonrisa, esperando haber ayudado a aquel elegante joven. Anthony sonrió ilusionado al pensar que su pecosa había regresado a Lakewood, rogando a Dios por que hubiera llegado con bien a su destino.
Continuará…
La trama avanza y el tiempo para estar junto se hace más corto, como les digo me fue quedando más larga de lo que me hubiera gustado la separación, pero los acontecimientos que tenía en mi mente me fueron llevando a relatar las cosas más detalladamente para que no quedara tanta duda, y eso hizo que se alargara el encuentro, pero les prometo que valdrá la pena, como le anteriormente no se arrepentirán.
Espero que estén muy bien todas y que se estén cuidando mucho, les mando muchas bendiciones y un saludo a cada una de ustedes en especial a las que se toman la molestia de dejar un comentario, les mando un fuerte abrazo.
Saludos!
