Hola hermosas! por fin aquí está el capítulo que todas estaban esperando, creo que si jejeje espero lo disfruten mucho, las dejo leer tranquilas pero sin dejar de advertir que es un fic para mayores de edad. Así que ¡COMENZAMOS!

LAZOS DE AMOR

CAPITULO XXIII

UN DULCE REENCUENTRO

Candy llegaba a una mansión muy hermosa y elegante, se encontraba en las afueras corroborando si era la dirección que Mary Jane le había dado al cochero.

-Muchas gracias. - Dijo amable al cochero que se despedía con una sonrisa amable. – Muy buenos días señor. – Le dijo a viejo señor Lionel que estaba afuera del jardín abonando las rosas de sus patrones. Candy observaba maravillada lo hermosas que eran las rosas del jardín y le recordaban a las que su tía Rosemary solía cultivar en Lakewood. Dando un largo suspiro puso su mejor sonrisa al ver que el mayordomo atendía a su llamado.

-Muy buenos días señorita. – Dijo el buen hombre al ver a la rubia que se encontraba en la reja de la mansión. -¿Se le ofrece algo? - Dijo con amabilidad y mostrando una sonrisa cálida.

-Vengo del hospital Santa Juana, me envió la señorita Mary Jane. – Dijo Candy correspondiendo a la sonrisa que le dedicaba Lionel.

-¡Oh! Claro que sí niña, el joven nos dijo que vendría hoy. – Dijo contento acercándose al gran portón para abrirlo y permitirle el paso. -¡Mujer! – Gritó a su esposa. - ¡Alondra! – Gritó nuevamente con entusiasmo para ayudar a la joven a cargar sus pertenencias.

-No se preocupe señor, yo puedo llevar el maletín es pequeño. – Dijo siguiendo al mayordomo que iba delante de ella señalando el camino.

-¿Qué sucede Lionel? – Pregunto el ama de llaves al escuchar los gritos tan ansiosos que le dirigía su esposo para que acudiera hacia él. -¡Buenas tardes! –Contestó entre alegre y sorprendida al ver la jovencita que iba detrás de su marido.

-Buenas tardes señora. – Contestó amable.

-Ella es la joven que enviaron del hospital Santa Juana, la que dijo el señorito que vendría a acompañar a la señora.

-¡Oh cierto! Pase señorita por favor. La señora sigue en su habitación, pero en cuanto se despierte la llevare con ella. – Le decía mientras le indicaba que la siguiera al gran salón. Candy entró observando lo grande que era la mansión y sobre todo lo bien cuidada que estaba, se notaba que los objetos que la adornaban tenían algunos años ya que estaba decorada muy conservadoramente, eso no le quitaba la elegancia, al contrario le daba un aire clásico que le gustaba a la rubia. Sin saber porque se sintió como en casa, ese lugar le transmitía paz y una alegría que no sabía cómo explicar. La señora Alondra la veía con una sonrisa al verla recorrer todo el salón.

-¡Qué bonito lugar! – Dijo Candy maravillada.

-Sí, el viejo patrón siempre le gustó tener todo en su lugar y su difunta esposa siempre fue muy cuidadosa con las cosas y él fue igual con esta casa que perteneció a su hijo y su esposa. – Candy la escuchaba atenta a lo que decía.

-¿La señora es muy mayor? – Preguntó Candy curiosa, ya que Mary Jane no le había dado mucha información de la señora que cuidaría, solo le había dicho que era mamá del estudiante estrella del hospital, un estudiante a medicina que si seguía como iba llegaría a ser una eminencia de la medicina, esas fueron sus palabras simplemente.

-¿La señora? ¡No qué va! Al contrario es una muy hermosa y joven, y sobre todo muy buena igual que su hijo. – Candy se tranquilizaba por lo dicho, por lo menos eran buenas personas así ya no se sentía tan nerviosa, sobre todo porque recibiría una buena paga según le había dicho Mary Jane. – Bueno linda, voy a ver si ya se levantó la señora y te aviso para que vayas a presentarte ante ella.

-Muchas gracias señora. – Le dijo Candy con una sonrisa de agradecimiento.

-Buenos días señora Rosemary. – Dijo el ama de llaves tocando con mucho cuidado la puerta de la habitación para asegurarse de que la señora se hubiera despertado.

-Buenos días señora Alondra. – Le contestó con una sonrisa. – Pase por favor. – Le dijo amable. -¿Qué es lo que sucede? – Preguntó porque había escuchado los gritos del mayordomo.

-Nada señora, no se preocupe, solo que Lionel gritaba porque llegó la jovencita que recomendó el señorito Anthony. – Dijo la señora sacando de la duda a Rosemary.

-¿Ya llegó? – Preguntó sorprendida.

-Si señora. ¡Es tan linda y joven! – Le dijo sonriente. -¡Parece una muñequita! – Dijo de nuevo.

-Mi hijo exagera, no sé para que la hizo venir.

-El señorito Anthony se preocupa por usted señora, además no está de más que tenga compañía mientras él se encuentra en el hospital, ya ve que a veces llega muy tarde. – Le dijo comprensiva.

-Pero yo me siento bien, no necesito una enfermera.

-Pues más que enfermera parece una dama de compañía, se ve que es una jovencita con mucha clase. – Le dijo para animarla a recibirla.

-Está bien señora Green, dígale que por favor me espere mientras me cambio de ropa. –Dijo Rosemary adentrándose al baño para tomar una ducha y recibir a la dichosa enfermera que le habían recomendado a su hijo. Ella sabía bien que ni su hijo la conocía pero también sabía que si se la habían recomendado es porque era una muchacha eficiente. Recordó la plática que había tenido con su hijo dos días atrás.

-Madre, dentro de unos días vendrá una joven enfermera para hacerte compañía.

-¿Una enfermera? Pero que dices hijo, no necesito una enfermera.

-Es más que nada para que te haga compañía y no te sientas tan sola.

-¿Tú la conoces?

-No, pero la señorita Mary Jane, que es la enfermera de más alto rango en el hospital me ha dicho que es una joven muy noble y sobre todo muy profesional. Además la muchacha necesita hacer su servicio para poder avanzar al siguiente curso y poder titularse de enfermera profesional.

-Bien hijo, si es también para ayudar a esa joven, acepto.

Rosemary sabía que ella no estaba tan mal como su hijo creía, lo que sucedía era que estaba muy triste por la falta de noticias de su sobrina, le angustiaba no saber de ella y más porque estaba segura de que no tenía dinero. Sus días se los gastaba en pedir por el bienestar de Candy y también porque le hubieran tocado buenas personas en su camino.

-"Ojalá te hayas topado con buenas personas mi niña" – Pensaba con nostalgia, viéndose al espejo de su tocador el cual reflejaba su tristeza en su mirar. – "Sin embargo no se compara con tú mirada hijo" – Pensaba triste. Terminó de alistarse y se dirigió al salón donde la señora Alondra le había dicho la esperaba la joven enfermera.

Candy observaba el hermoso jardín desde el gran ventanal del salón y no escuchó los pasos de la señora de la casa que iba a su encuentro.

-Muy buenos días señorita. –Dijo Rosemary viendo a la joven rubia de grandes rizos que se encontraba en el salón observando por la ventana hacia el jardín. Candy volteó de pronto sintiendo pena por haber sido sorprendida, no esperaba que saliera de pronto.

-Buenos días, señora… - Dijo callando de pronto al ver a la joven y hermosa señora que tenía frente a ella. Rosemary la veía igual que ella, estaban ambas en shock por haberse visto de pronto. - ¡Tía Rosemary! – Dijo con las lágrimas apresurándose a salir de sus verdes ojos.

-¡Candy! – Dijo emocionada sintiendo su corazón acelerarse por la emoción de ver a su sobrina de pronto a su lado. Candy corrió soltando el maletín que seguía entre sus manos y que no había soltado en ningún momento.

-¡Tía Rosemary! – Decía llorando y aferrándose a sus brazos, feliz de por fin haber encontrado a su familia.

-Candy, bendito Dios. - Decía emocionada tomando su rostro con ambas manos como si quisiera asegurarse de que no era un sueño el que estaba viviendo y que realmente era su sobrina la que estaba en sus brazos. - ¿Eres tú mi niña?

-¡Si tía soy yo! – Decía emocionada. -¿Dónde está Anthony? – Dijo ansiosa buscando detrás de ella como si fuera a aparecer por el pasillo donde había salido su tía.

-Anthony está en el hospital, Candy. Él está estudiando para médico.

-¿Entonces él fue el que me contrató? –Dijo confundida.

-Te puedo asegurar que ni él mismo sabe que tú eres la enfermera que le recomendaron. – Dijo entre risas limpiándose las lágrimas mientras la guiaba a la sala para que se sentara. - ¿Cómo es posible que hayas estado tan cerca de él y no se encontraron?

-No sabía que Anthony estudiaba para médico. Yo tengo tres meses en la escuela de enfermería y tengo entendido que está al otro extremo de la facultad de medicina. – Explicó a su tía para que ambas comprendieran lo que había pasado todo este tiempo.

Ambas rubias hablaban sobre lo que había pasado desde que se habían separado aquel baile en Lakewood y tanto una como otra se sentían tristes por todo lo que habían pasado en todo ese tiempo, más Candy, quien sentía mucho dolor al saber todo lo que había padecido Anthony lejos de ella.

-Tía, mi padre… - Dijo con miedo.

-Albert está tan preocupado como nosotros Candy. – Dijo Rosemary ante la mirada de incredulidad de Candy. – Es verdad hija, ha cambiado mucho desde que se enteró de tu huida y no ha dejado de sentirse responsable.

-Debería de sentirse así. –Dijo Candy sería. Rosemary la veía sorprendida, había cambiado, se veía más fuerte, más segura de sí misma y efectivamente Candy ya no era la misma chica inocente y tímida, sobre todo con lo referente a su padre al cual ya le había perdido por completo el miedo que le había tenido por años.

Con respecto al amor que sentía por Anthony, ese no había cambiado en lo absoluto, al contrario su amor se había hecho más fuerte, más maduro ya no era la niña que idealizaba el amor rosa y puro que se encontraba en una burbuja. Ahora veía su amor por Anthony más pasional y fuerte que antes, su cuerpo lo aclamaba desde aquella noche del baile la cual había sido como una despedida temporal, sin embargo se había dado cuenta que el amor entre un hombre y una mujer no era solo besitos y tomarse de la mano, sino que todo iba mucho más allá de eso y precisamente eso era lo que ella había despertado en su cuerpo poco a poco aquella noche. Sabía que despertaba miradas que no eran decentes entre los caballeros, lo notó en la mirada de Terry cuando intentó besarla a la fuerza y cuando algunos de los médicos y uno que otro enfermero la miraba al pasar, se había dado cuenta que su cuerpo había cambiado y despertaba ahora en otros miradas que no le agradaban mucho, sus pensamientos solo iban dirigidos a cómo reaccionaría su amado al verla ahora convertida en una joven mujer que se sentía más madura e independiente.

-Has cambiado Candy.

-He sufrido también tía, me imagino que Anthony ha cambiado también. – Su tía asintió ante su comentario.

-Candy ¿Ya no amas a mi hijo? – Preguntó con miedo en su voz al imaginarse que su sobrina prefiriera a algún otro muchacho.

-¿Qué? ¡No! ¡Yo sigo amando a Anthony! ¿Por qué tía, acaso él cambió sus sentimientos por mí? ¿Por eso no respondió a mi carta?

-¿Qué dices? ¿Qué carta? ¡Por supuesto que Anthony te ama hija! Él se ha vuelto una sombra desde que te perdió hija. – Dijo triste. Candy notó que el pulso de su tía se aceleraba y comenzó a sudar y ponerse pálida.

-¡Tía! – Gritó asustada, corriendo por su maletín para sacar las sales que traía entre sus pertenencias. Las puso cerca de su nariz para que las oliera y reaccionara de un posible desmayo. – Tranquilízate por favor. – Decía con cariño tratando de tranquilizarse, sabía que no era recomendable perder la cordura en ese momento, algo que le era sumamente difícil porque no se trataba de un enfermo ficticio como los que solían atender en la escuela de enfermería, sino que era uno real y aparte de todo era su tía. Rosemary comenzó a reaccionar casi de inmediato y a tratar de serenarse. Candy la dirigió a su habitación con la ayuda de la señora Green, que había ido a su lado al escuchar el grito de la rubia y ella dirigía a Candy.

-¿Qué sucede señorita? – Le preguntaba a Candy sorprendida y asustada.

-No ha sido nada grave, señora Alondra, mi tía necesita descasar, le bajó la presión por la emoción. – Dijo nerviosa.

-¿Su tía? – Preguntó sorprendida la señora.

-Sí, Alondra ella es Candy, mi sobrina.

-¡Candy! ¿¡La joven que está buscando el señorito Anthony, desde hace tiempo!? ¡Bendito sea Dios! – Ese comentario hizo que el corazón de Candy diera un vuelco de la sorpresa y la emoción recibida, esa señora la conocía simplemente por el hecho de que su príncipe no había parado de buscarla. No dijeron nada más, únicamente Rosemary asintió y Candy sonrió tímida ante la pregunta que hacía la buena mujer.

Recostaron con cuidado a Rosemary en la habitación y la cubrieron con una sábana.

-¿Te sientes mejor tía? – Preguntó con ternura.

-Sí mi niña, ya estoy mucho mejor. – Decía sinceramente, ya que le había pasado el mareo que tenía, como Candy había dicho solo había sido una baja de presión por la emoción que había tenido en ese momento. Llevaba días que se sentía ansiosa y trataba de controlarse por su hijo, no quería aumentar más su preocupación, pero al ver a su sobrina frente a ella había hecho que no pudiera controlarse por más tiempo y por fin había liberado la tensión que había pasado todos esos meses.

-¿De verdad tía? ¿No prefieres que llame a un médico? – Preguntó ansiosa.

-No Candy, además tengo a una excelente enfermera, según las recomendaciones del hospital. – Candy sonrió a su tía con cariño.

-Tía… ¿A qué hora vuelve Anthony? – Pregunto tímida, tenía miedo de hacerlo porque su tía no estaba muy bien de salud, pero ella necesitaba saber de su príncipe, también había pasado mucho tiempo en la espera de ese reencuentro y a pesar de que sabía que faltaban unas horas para verlo sentía la necesidad de salir corriendo a buscarlo al hospital, lo único que la detenía era la preocupación que tenía por su tía.

-Anthony volverá por la tarde, pero si quieres puedo mandar a Lionel para que lo busque. – Le dijo tranquila y con los ojos buscando una respuesta por parte de la rubia.

-No tía, puedo esperar, además él está estudiando. Llevamos tantos meses separados que unas horas más no sería mucho. – Decía ansiosa, sintiendo que ella misma se mentía, su corazón latía cada vez más fuerte como contando con cada uno de sus latidos los segundos que faltaban para reencontrarse por fin con él.

-¿Estás segura mi niña? – Le pregunto de nueva cuenta, ella veía que en su lenguaje corporal decía otra cosa, se le veían las ansias en sus manos al estar jugando con su uniforme blanco de enfermera, en el movimiento de sus pies cuando cruzaba las piernas y en su mirada que reflejaba el amor en sus ojos, aquel brillo que siempre demostraba cuando estaba ansiosa por ver a su príncipe cuando se ausentaba por algunas horas de la mansión.

Candy tomó un poco de agua y le dio una pastilla a su tía, una que estaba escrita en la historia médica que reposaba en la mesita de noche.

-Es hora de tu medicina. – Le dijo con ternura. Rosemary la veía con una sonrisa correspondiendo al amor que le demostraba su sobrina.

-Veo que si era mejor que me trajeran a una enfermera. – Dijo Rosemary al ver el amor y el cuidado que le dedicaba su sobrina, no era solo porque era ella, sino que pudo notar en los movimientos y en la forma que se desenvolvía que realmente era una enfermera eficiente y que no solo se preocupaba por proporcionarle a tiempo sus medicinas, sino que se involucraba con ella más allá de lo familiar, eso era lo que Rosemary supo reconocer del porqué la habían recomendado. Su calidez humana y su trato hacia el prójimo había hecho de Candy una excelente enfermera. Candy sabía que le faltaba mucho para llegar a ser una profesional, pero quería seguir aprendiendo y que se le permitiera seguir con el siguiente curso, sabía que al haber encontrado a su familia su padre impediría que siguiera estudiando.

-¿Dónde está mi padre? – Pregunto volteando a ver las rosas desde la ventana de la habitación de su tía, la vista de ahí era mucho más hermosa.

-Él regresó a la mansión de Chicago junto con Dorothy y Alejandro. – Dijo tranquila.

-¿Con Dorothy? – Preguntó sorprendida.

Rosemary relató cómo habían encontrado a Dorothy y la manera en la que Alejandro la había dejado al descubierto con su padre, le explicó el motivo por el cual ya no había podido reunirse con ella en el parque al día siguiente y Candy comprendía la situación. Le comentó como Albert había desenmascarado al Duque de Grandchester y a su tío Louis, explicándole que todo había sido parte de un plan que ellos habían armado en contra de los Andrew. Candy escuchaba atenta la historia de su tía, no se imaginaba que ella hubiera estado a punto de casarse con ese hombre, que si bien no la había tratado mal si reconocía que la miraba extraño y ahora comprendía lo que había dicho el día que habló por primera vez a solas con ella.

Richard se había presentado varios días después de que ellos habían llegado a la mansión en Nueva York, al ser presentados la mirada del gran Duque fue de asombro y cierto nerviosismo, solo se limitó a decir:

-"Un placer conocerla, señorita Andrew". – Dijo con solemnidad y haciendo una caravana, inclinándose frente a ella para besar su mano delicadamente. Días después al estar ella en el jardín, se le acercó y se sentó en la banca en la solía sentarse para admirar las rosas.

-"Es verdaderamente impresionante el parecido" – Dijo mientras la tomaba del mentón y la miraba fijamente a los ojos, observando con mucho cuidado sus facciones, recorriendo su rostro con la mirada detenidamente. Candy sintió miedo y rechazo por la forma en la que la miraba. Ahí había comprendido que no todos los hombres son unos caballeros, no sabía que pensamientos había en la cabeza de ese hombre y comenzó a sentir miedo y a encerrarse en su cuarto cuando él estaba presente y no había nadie más en la mansión. – "Es usted sumamente hermosa" – Volvió a decir y Candy se soltó de su agarre bruscamente y retiró su rostro, el cual ya sentía demasiado cerca del de él. El Duque se sorprendió de pronto y carraspeó ante el movimiento brusco de Candy, quien se levantó y se apartó de su lado. Era mejor estar lejos de ella.

-Ahora entiendo muchas cosas. – Dijo Candy. Rosemary la veía intrigada.

-¿Sucedió algo malo Candy? – preguntó con temor de que ese hombre le hubiera hecho algo malo.

-No tía, pero un día cuando estaba en el jardín hizo un comentario, dijo que era "impresionante el parecido", tal vez se refería a el parecido que hay entre usted y yo.

-¿Pero no te hizo algo malo?, Candy Richard no es un hombre bueno. – Volvió a preguntar por temor de que ese hombre hubiera intentado propasarse con su sobrina, aún no entendía como William había sido capaz de dejarla en la mansión de los Grandchester sola tantas veces con ese hombre. Candy la miró y tomó sus manos para tranquilizarla.

-No te preocupes tía, si bien esa vez me asustó por su manera de mirarme y la forma en que me tomó el rostro, yo siempre estaba acompañada de Anna, era mi dama de compañía y del guardaespaldas quien estaba enamorado de Anna, además cuando estaba el Duque en casa yo prefería estar encerrada en mi cuarto. – Dijo mirándola a los ojos para que se diera cuenta que era verdad lo que le decía.

-No conocimos a la muchacha, solo al muchacho, yo creo que a ella la despidieron por tu huida. – Dijo hasta cierto punto triste por la chica.

-Ellos hacían su trabajo y fue gracias a Anna que pude escapar, sino hubiera sido así tal vez el día que llegaron me hubieran encontrado. -Candy sintió tristeza por Anna, pero recordó que ella misma le había dicho que ya quería irse de ese lugar.

-Las cosas pasan por algo Candy, ya ves, yo encontré un volante con nombre del futuro duque de Grandchester, él estaba aquí en Chicago ensayando para una obra y Anthony fue a hacerle guardia hasta que regresó de Nueva York, se hizo amigo de una de las actrices de reparto y a diario iba a preguntar por Terry. – Candy no recibió de buena gana eso de que se había hecho amiga de una de las actrices de reparto, Candy siempre había celado a Anthony con Eliza a pesar de que ella sabía que para su príncipe Eliza era solamente su prima, sin embargo sabía bien que las actrices eran mujeres muy hermosas y desenvueltas que sabían cómo comportarse ante los hombres.

-¿Se hicieron muy amigos? – Preguntó Candy con un hilo de voz que se notó claramente era una pregunta de miedo y angustia.

-Vamos hija, no te preocupes Anthony solo lo hizo para tener información de ti, no sabía por dónde comenzar a buscarte, además esa chica es la novia de Terry. – Dijo Rosemary sorprendiendo a Candy por la confianza con la que mencionaba al idiota de su dizque prometido.

-¿Terry tiene novia? – Preguntó confusa, no entendía porque no se lo había dicho si ella siempre le había hablado de Anthony y no comprendía tampoco porqué había tratado de besarla a la fuerza, no había explicación era un idiota igual que su padre. – Creo que no es tan distinto de su padre. – Dijo Candy y su tía la miró desconcertada.

-¿Pasó algo con Terry? Él fue el que nos llevó a Nueva York y nos dijo que nos ayudaría para que te regresaras con nosotros. – Candy se sorprendió con lo dicho, pero se animó a relatar a su tía lo que había sucedido con Terry un día antes de que se fuera de Nueva York.

-Por lo que dices, le gustaste a ese joven, tal vez por eso le dijo a Anthony que lo ayudaba porque era una deuda que tenía contigo. – Candy ya no le tomó importancia, de todas formas él ya no era su prometido y además a ella no le interesaba en lo absoluto, al contrario había sentido alivio al saber que tenía novia y más que era la "amiga" que había hecho Anthony cuando la estaba buscando. No sabía porque, pero le daba celos de pensarla cerca de su amando príncipe.

Las horas pasaban lentas y el tiempo seguía su curso, Candy veía intranquila el avanzar del reloj, tanto así que ni siquiera había recordado comer a su hora de siempre, le llevó a su tía los alimentos a la cama, ya que no la había dejado levantar en todo el día, ella quería verla bien y recuperada, sobre todo cuando llegara Anthony. Le dio las pastillas correspondientes y la ayudó a comer, sintiéndose Rosemary una inútil por el trato que le daba su sobrina.

-Vamos hija yo puedo hacerlo sola. – Decía mientras le quitaba la cuchara de sus manos para comenzar a hacerlo sola, Candy le sonrió y permitió que lo hiciera ella.

-Lo siento. – Dijo con una sonrisa.

-No te preocupes ¿No vas a comer? – Le preguntó ante la mirada de sorpresa de Candy, ni siquiera lo había considerado, el correr tan lento del tiempo la mantenía sin hambre. – Vamos acompáñame. – Le dijo al obtener un no por parte de la rubia menor.

-Está bien tía. – Le dijo sonriente, retirándose a la cocina para ir por una charola para ella y acompañarla a comer en su habitación, ya que no le habían permitido siquiera levantarse para comer en el comedor del gran salón.

La señora Green veía con impaciencia la llegada del señorito Anthony, y salía corriendo a recibirlo. El rubio llegaba con una sonrisa en sus labios saludando como siempre amable al matrimonio. Su día había sido como cualquier otro, pesado y lleno de información que le daban para atender a los pacientes, estaba cansado y deseaba llegar a ver a su madre, acompañarla a merendar y tomar una ducha tibia para poder relajar su cansado cuerpo. Había caminado una vez más en busca de su amada niña, pero no había obtenido éxito alguno, casi arrastraba sus pies, pero al llegar al jardín de su mansión se paró un momento y aspiró el aroma de las rosas, sin saber porque sintió una brisa diferente ese día.

-Buenas tardes señorito Anthony. – Dijo el señor Lionel, quien lo observaba cuidadosamente al ver que disfrutaba del aroma de las rosas.

-Se siente diferente el aroma ¿Verdad? – Le preguntó con una sonrisa extraña, Anthony lo notó y se limitó a sonreírle de regreso.

-Tiene razón señor Green, huelen especialmente bien este día. – Dijo en respuesta volviendo a aspirar de nueva cuenta su dulce aroma. – ¡Ahhh Candy, huelen exactamente como tu perfume! – Pensó con nostalgia. En eso observó que la señora Green lo esperaba en la puerta de la mansión, cosa rara en ella ya que siempre estaba dentro atendiendo a su madre o preparando la cena, nunca salía a recibirlo.

-Buenas tardes, señorito Anthony. – Le dijo con una feliz y cálida sonrisa, una sonrisa muy particular que nunca había visto en su rosto.

-Vamos mujer, deja que el señorito llegue por fin dentro. – Le reclamó su esposo al ver que la señora Alondra seguía en la entrada.

-¿Vino la enfermera que les había comentado? – Preguntó a la señora Green al ver que no borraba su sonrisa, se sentía extraño por ello y se limitó a hacer conversación con ella para aminorar ese sentimiento.

-¡Oh si joven! – Dijo emocionada. – La señorita está con su madre en la habitación. – Omitió decir el nombre de la joven para no arruinar la sorpresa.

-¿Todavía sigue aquí? – Preguntó sorprendido ya que había quedado con Mary Jane que el horario de la muchacha seria de 8 de la mañana a las 5 de la tarde, y ya pasaban de las 6:30. La señora Green asintió de nuevo con esa extraña sonrisa. -¿Le sucedió algo a mi madre? – Preguntó nervioso entrando rápidamente a la mansión.

-Nada grave señorito, no se preocupe. – Le dijo sin poderlo detener mucho tiempo que el joven Brower se adentró al salón de la mansión dirigiéndose al pasillo que lo llevaba a las escaleras para llegar a las habitaciones, dando pasos largos para llegar lo antes posible a la habitación de su madre. – ¡Espere joven! – Le dijo la señora Green de nueva cuenta, pero Anthony no escuchó nada más, simplemente abrió la puerta de golpe, viendo a su madre en la cama recostada y eso lo alarmó. Entró sin voltear a otro lugar simplemente se dirigió a ella y la tomó de las manos ansioso.

-¡Madre! ¿Te encuentras bien? – Preguntó sin importar que había entrado de repente, Candy estaba en el baño de la habitación lavando sus manos para volver a darle el medicamento a su tía, cuando escuchó que la puerta de la habitación se abría de golpe y una voz por tanto tiempo anhelada se hacía presente en el recinto y le llegaba a sus oídos, haciendo que su corazón se alborotara y sus piernas comenzaran a temblar, tendiéndose que detener del lavabo para no caer por la falta de fuerza de sus rodillas.

-Tranquilo hijo estoy muy bien. – Le dijo viéndolo a los ojos y buscando a Candy mirando hacia la puerta del baño, pero no la veía salir aún. Anthony entendió que no estaba sola porque la mirada de su madre se había dirigido al baño y hasta entonces comprendió que había entrado muy bruscamente.

-Lo siento mucho madre. – Le dijo apenado. - ¿Te han atendido bien? – Preguntó más delicadamente.

-Me enviaste a la mejor enfermera que pudiste contratar. – Le dijo con una sonrisa tan amplia que se parecía mucho a la de la señora Green, eso le causo curiosidad y más cuando su madre de nueva cuenta volvió a mirar a la puerta del baño donde estaba una rubia pálida de la impresión, con sus ojos verdes abiertos de par en par llenos de lágrimas, tratando de controlar su salida y una hermosa sonrisa en el rostro que se cerraba y volvía por los nervios que la invadían en ese momento.

Anthony volteó su cabeza para ver hacia donde tenía su madre puesta la vista y se encontró con una hermosa aparición frente a él apoyada en el marco de la puerta del baño, una hermosa mujer rubia de ojos verdes, un poco más alta, con un uniforme tan blanco que bien parecía ser un ángel en vez de una enfermera. Sus cabellos dorados estaban adornados con una cofia de enfermera y se agarraban con una cola de caballo completa hacia atrás y unos rizos traviesos que se colaban entre su rostro lo enmarcaban dándole un aire de más madurez, ya no era la niña con coletas que recordaba en Lakewood, ni la niña queriendo ser una mujer que había visto el día del baile, su belleza había madurado otro poco y esos meses sin verla lo hacían apreciar aún más su belleza. Su figura se había estilizado y sus formas se habían acentuado, la cintura era más notoria y su cadera sobresalía de su uniforme al igual que el par de senos que un día había tocado y que a esa fecha ya le parecía un sueño haberlo hecho. Todo sucedió tan rápido, la inspección que se daban uno al otro había durado tan solo unos segundos, sin embargo el movimiento de sus cuerpos para abrazarse parecía que era un movimiento lento, teniendo ambos el miedo de que todo fuera un sueño del cual no querían volver a despertar nunca más.

Candy por su parte lo veía más guapo que nunca, siempre había sido guapo, pero ahora lo veía de una forma diferente, la mujer que había despertado en ella aquella noche de despedida lo ansiaba volver a ver y la inspección que hizo sobre él fue recorriendo su cuerpo tan bello y atlético que el rubio poseía, ella siempre lo había admirado por guapo, y sabía que lo amaba mucho, pero el tenerlo ahí frente a ella después de tanto tiempo sin verse la hacía desearlo tenerlo a su lado y aferrarse a su cuerpo para sentir el calor de su figura sobre su pecho, ansiaba el calor de su mano sobre sus cadera y aquel breve instante en el cual había sentido su frágil tacto en uno de sus senos.

-¡Candy! – Por fin pudo hablar el rubio para abrazarla con ansiedad y anhelo, reprimiendo las intensas ganas que tenía de besarla por estar en presencia de su madre.

-¡Anthony! – Dijo Candy de igual forma, soltando por fin las lágrimas que comenzaban a resbalar por su rostro mientras su cuerpo se aferraba al de él, urgiéndole fundir su cuerpo con el de él, uniendo sus formas en las de él, aferrando sus manos a su espalda como si quisiera imprimirlas en ella. Anthony sintió el calor de su cuerpo por fin al suyo, emanando esa calidez que hacía tiempo no sentía y la cual ya extrañaba como un loco.

-¡Te extrañe tanto princesa! – Le dijo en un susurro a su oído, sintiendo como la piel de Candy comenzó a erizarse simplemente con hablarle al oído, sintiendo estremecer su cuerpo el cual reaccionaba a su voz, provocándole una felicidad aún mayor al darse cuenta que su pecosa estaba igual de ansiosa que él por sentir su cuerpo cercano al de él y por volver a repetir tan ansiadas caricias.

-¡Y yo te extrañé a ti mi príncipe! – Le dijo de igual forma muy cerca de su cuello ocasionando la misma reacción en el cuerpo del rubio, erizando los bellos de su piel que reaccionaban como antenas ante la señal recibida por su prometida.

Rosemary los veía emocionada con los ojos llenos de lágrimas, feliz por verlos juntos una vez más y ver que por fin su hijo se sentía completo y pleno y podía advertir que era lo mismo para Candy, ambos se complementaban mutuamente y la felicidad que emanaban ambos se sentía en el ambiente, llenando la habitación de esa calidez y de ese amor que sus cuerpos desprendían. Rosemary entendió el lenguaje del amor en los cuerpos de su hijo y su sobrina, ella también había sido joven y sabía bien lo que sus cuerpos anhelaban, los animó a salir de la habitación para que así pudieran platicar y sobre todo poder demostrarse su amor con varios besos, los cuales sabía muy bien Rosemary no se habían hecho presentes por estar ella ahí, sabía que su hijo no llegaría más lejos con Candy, sabía que la respetaría hasta el día de la boda, pero sabía también que para ellos era necesario demostrarse su amor.

-Vayan a platicar al despacho, todavía falta para la hora de la cena. – Les dijo sacándolos momentáneamente de su burbuja, apagando un poco el calor que comenzaba a recorrer sus cuerpos. Candy bajó la mirada tímida al ver a su tía y caer en cuenta que no estaban solos, lo había olvidado por un momento y se había dejado llevar un poco por la situación y había suspirado un leve gemido en el cuello de su amado, quien no había olvidado la presencia de su madre y trataba de controlar lo que su cuerpo sentía en ese momento, era tan asombroso ver lo que únicamente podía causar en su cuerpo la voz de su amada en él.

-Gracias madre. – Dijo con una sonrisa, tomando a Candy de la mano para dirigirla al despacho de la mansión. Candy le dio una sonrisa a su tía, recordando la medicina que aún tenía en su mano acercándose a ella para dársela y darle un beso en la frente agradeciendo la oportunidad que les daba de estar a solas unos momentos.

-Gracias tía. – Le dijo cuando besaba su frente y Anthony la veía enamorado.

-No hay de que hija, ve. – Le dijo con una tierna sonrisa y una mirada de complicidad que no podía pasar desadvertida.

Llegaron al despacho de la mano sin animarse a abrir la boca uno ni otro, simplemente por el hecho que habían experimentado que con solo hablar despertaban sus sentidos. Anthony cerró la puerta tras de él después de permitirle el paso a su novia y puso el seguro de la puerta de la oficina, no porque alguien entrara, sabía que nadie iba a hacerlo, sin embargo sentía que así tenían mayor privacidad. Candy observó esa acción y le dedico una sonrisa tímida más cuando sintió que su cuerpo se acercaba lentamente al de ella y la abrazaba hasta con la sombra, tomando su rostro con ambas manos mientras ella se aferraba a su cintura, buscando su mirada con la que se decían cuanto se amaban y cuanto se habían extrañado. Fundiéndose en un abrazo como si fueran un solo ser.

-¡Te amo! – fue lo que salió de sus labios únicamente y Anthony terminó por cerrar esa distancia que por fin había terminado, los kilómetros que habían estado separados por fin habían terminado y sus labios se volvían a unir en un beso tierno, lento, un beso en el cual disfrutaban del sabor de sus labios, Anthony saboreaba los labios de su pecosa con lentitud como queriendo volver a marcar el sabor de sus labios en los de él, como queriendo marcar en los de ella su sabor, Candy sentía sobre sus labios el beso húmedo y tierno que recibía de Anthony quien poco a poco lo intensificaba acelerándolo y convirtiéndolo en uno más apasionado al incluir sus lenguas en él, la habitación estaba en silencio, no se escuchaba ningún ruido, únicamente el que provocaban sus bocas al demostrarse la pasión que les incendiaba el alma, el beso iba en aumento y las ganas de sentir más también.

Continuará…

Y hasta aquí llegamos por el día de hoy, la verdad espero que lo hayan disfrutado mucho, les dije que el reencuentro iba a ser muy romántico y apasionado, este par está como agua para chocolate y creo que están desesperados por ponerle las tabletas jajajaja a mi me gustó, pero pues como me dijeron una vez "tu lo escribiste" jajajaja así que espero por favor sus opiniones al respecto a ver si a ustedes también les gusto.

Ya saben hermosas, cuídense mucho y que Dios las bendiga.

¡Saludos y bendiciones!