Buenas tardes señoras, señoritas, aquí les dejo otro capítulo mas de esta historia, nos vamos acercando poco a poco al final, así que estén al pendiente por favor, ya después veré si se pueda desarrollar un epílogo, porque me han pedido para las historias anteriores, solo que en esas yo creo que no es necesario hacerlo, sobre todo en el Efecto Candy-Anthony, pero veré como termino esta de acuerdo? Espero estén muy bien todas ustedes muchas gracias por comentar mis historias se los agradezco en el alma.

Los personajes de Candy no me corresponden, solo los tomé un poco prestados para hacer mi propia historia, espero la disfruten. Lo hago sin fines de lucro y no es apta para menores de edad. ¡COMENZAMOS!

LAZOS DE AMOR

PLANES DE NUESTRA VIDA

CAPITULO XXVI

Stear y Archie llevaban una semana en Lakewood, habían ido por órdenes de la tía abuela para ver como marchaban las cosas por ahí. Desde que habían ido cuando buscaban a Candy no habían regresado nuevamente por estarla buscando en Chicago.

-Stear ¿Tú crees que encontremos algún día a Candy? – Preguntaba Archie desanimado por la desaparición de la rubia.

-¡Claro que sí, Archie! No hay que ser pesimistas, hay que pensar positivamente. – Decía dándole ánimos a su hermano, sin embargo él mismo tenía dudas al respecto.

-Tienes razón no hay que ser pesimistas. – Dijo con una sonrisa melancólica.

-Buenas tardes. – Dijo una voz seca y resentida. Era la voz bien conocida por los Cornwell de su tía Sara, la cual llegaba con sus hijos a la mansión al saber que estaban de regreso en ella.

-Buenas tardes, tía Sara. – Contestó Stear incómodo. - ¿Qué se te ofrece?

-¡Quiero hablar con la tía abuela! – Dijo en tono autoritario, como tratando de amedrentar a los chicos con sus exigencias.

-Lo siento tía, pero la tía abuela no se encuentra en Lakewood. – Le contestó Archie tranquilamente.

-¿Cómo que no está? – Preguntó molesta. - ¡No me la pueden negar!

-¡Exigimos verla! – Dijo el muchacho quien según él defendía a su madre.

-¡Tú no tienes nada que exigir! – Contestó Stear al ver que su primo se disponía a atacar igual que su madre, el moreno como siempre de cobarde se escudó en las faldas de su mamá.

-La tía abuela está en Chicago, si quieren verla, pueden ir a buscarla a la mansión Andrew de Chicago. – Dijo esta vez Archie.

Sara estaba indignada con el trato que había recibido su familia, sobre todo la humillación por parte de William al mandar a la cárcel a su marido. Se retiró indignada seguida de Neal quien era el único que mostraba una pose de ofendido, en cambio Eliza miraba con vergüenza a ambos chicos, sobre todo a Archie con quien era el único con el que había hablado más en confianza de sus sentimientos.

-¡Eliza! – Gritó su madre al ver que su hija no la seguía como su hermano.

-Espera un momento madre, necesito hablar con mis primos. – Le dijo ante la mirada de desaprobación de la mujer. Sin embargo al pensar que ella abogaría por ellos, le permitió con una sonrisa cínica quedarse ahí.

-¿De qué quieres hablar Eliza? – Le dijo Stear quien no confiaba mucho en ella, sin embargo Archie la miraba esperando que se sincerara como ya lo había hecho antes con él.

-¿Sucede algo Eliza? – Preguntó Archie al verla como se agarraba su vestido con pena.

-Necesito hablar con ustedes.

-¿Sobre qué? – Volvió a preguntar Archie.

-Lo que sucede, es que con todo lo que sucedió con mi padre. – Decía apenada, mirando a los ojos a sus primos, quienes por una extraña razón sintieron pena por la pelirroja. La animaron a continuar. – Mi madre quiere casarme con un viejo amigo de mi padre. – Dijo rápidamente sintiendo pena por lo que les decía.

-Lo siento mucho Eliza. – Dijo sinceramente Archie.

-¿Pero qué es lo que quieres que hagamos? – Dijo Stear, quien no comprendía porqué les decía eso.

-Necesito que hablen con Tom. – Les dijo angustiada.

-¿Con Tom? – Preguntó Stear confundido, Archie fue el único que creía comprender porque quería hablar con él. Eliza asintió.

-Vamos a ver Eliza, habla un poco más calmada por favor y siéntate un poco. – Dijo Stear ayudándola a que se calmara y pidiendo a Miles, un vaso con agua.

-Mi madre hace semanas que no me deja hablar con Tom, no sé qué le habrá dicho, pero él ya no me ha buscado, ¡Y yo no quiero casarme con ese viejo asqueroso! – Decía desesperada.

-Tranquila Eliza. – Decía Archie. – Nosotros buscaremos a Tom.

-¡Es urgente! – Decía desesperada y Stear la veía asombrado, nunca la había visto así en ese estado. Eliza bajó su mirada apenada por lo que diría. – Estoy esperando un hijo de Tom. – Dijo cubriendo su rostro, evitando encontrar su mirada con sus primos.

-¿Qué!? – Dijeron sorprendidos ambos muchachos. - ¿Él lo sabe? – Eliza negó.

-No me han permitido verlo, y pronto se va a notar, si mi madre se entera no sé qué es lo que hará y yo tengo miedo por mi hijo. – Decía angustiada.

-No te preocupes Eliza, nosotros buscaremos a Tom y le diremos que es lo que sucede, pero por lo pronto sería bueno que te fueras con nosotros a Chicago para que estés más tranquila, no le hace bien a tu bebé estar tan angustiada. – Le decía Archie siendo el más comprensivo con ella. Stear lo veía confundido, si iría a buscar a Tom, pero dudaba que fuera una buena idea llevarse a Eliza con ellos.

-Gracias. – Les dijo tomándolos de las manos a ambos, agradeciéndoles con una sonrisa por su ayuda.

-Puedes decirle a la tía Sara que irás a hablar con la tía abuela, ya estando en Chicago, tanto la tía abuela como el tío Albert te protegerán, si no cuenta con nosotros ¿Verdad Stear? - Stear no le quedó de otra más que aceptar lo que su hermano decía.

El problema que les había presentado Eliza los había hecho retrasarse un poco más de lo que habían pensado, ya que tuvieron que ir hasta el rancho de Tom para avisarle lo que estaba sucediendo.

-Buenas tardes señor Stevens. – Saludó Stear al viejo señor Steve quien estaba supervisando cuando hacían la marca de su ganado.

-¡Buenas tardes muchachos! – Contestó el buen hombre emocionado de ver a los muchachos, hacía tiempo que no los veía, ni sabía nada de ellos. - ¿Cómo han estado?

-Muy bien señor Stevens, ¿Se encuentra Tom? – Preguntó Archie, obteniendo una mueca del señor Steve, el muchacho lo vio sin comprender lo que pasaba. - ¿Ocurre algo señor Stevens?

-Hace unos meses vino la señora Leagan a buscar a mi hijo. – Dijo recordando lo que había pasado ese día.

-¿Vino mi tía? – Preguntó Stear imaginando lo que había pasado.

-Tom y Eliza mantenían una relación sentimental desde hacía tiempo, y ella no había mostrado mucho interés en ello, sin embargo con lo que le sucedió al señor Leagan, ella decidió que mi hijo no era suficiente para su hija, así que lo amenazó para que se alejara de ella.

-Entiendo. ¿En dónde está Tom? es importante que hablemos con él. – Decía Archie.

-Mi hijo se fue a Escocia. – Dijo el señor Stevens ante el asombro de los muchachos.

-¡A Escocia! – Dijeron a coro.

-Así es, fue a vender unos caballos de carreras, por los cuales le ofrecieron buen dinero, dice que así convencerá a la señora Leagan de que le permita casarse con su hija. – Archie y Stear se veían angustiados, el tiempo que tenía Eliza no era poco, si Sara se daba cuenta de su embarazo la obligaría a dar en adopción al bebé o peor aún la obligaría a perderlo.

-¿Sabe cómo localizarlo? –Pregunto Stear, ahora él estaba más angustiado que nunca.

-Él me habla cada dos semanas, anoche precisamente hablé con él y me dijo que todo iba lento, pero que el negocio era seguro. Me preguntó si sabía algo de Eliza. –Dijo el señor triste. – Yo le digo que se olvide de esa muchacha, hay muchas huercas que están detrás de él, mi hijo es noble y tiene su propio dinero, no necesita más, además tenemos más dinero que esa señora Leagan. – Decía Steve ofendido.

-Sabemos cómo es Tom, señor Stevens, pero también sabemos que ama a Eliza desde que era un niño. – Le dijo Archie para tratar de tranquilizarlo y que no siguiera pensando en obligar a Tom de olvidarse de su prima, y menos ahora que sería padre.

-El detalle señor Steve. – Dijo Stear dudando de decirle la verdad. Archie le dio un codazo. – No podemos evitar que su hijo sienta lo que siente. –Dijo nervioso después del codazo recibido.

-Tienen razón muchachos. ¿Qué le digo a mi hijo cuando llame? – Le dijo ya más sereno.

-Dígale que se comunique con nosotros a la mansión Andrew de Chicago. – Dijo Archie más tranquilo.

-Muy bien, en cuanto se comunique le digo que les marque.

Ambos muchachos se despidieron con una sonrisa, nerviosos por lo que tendrían que enfrentar ellos junto a su prima.

-¿Crees que la tía abuela la quiera recibir?

-Si no lo hace, tendremos que hablar con la tía Rosemary. – Dijo Archie no muy convencido.

-¿Estás seguro?

-No, pero no podemos dejarla sola en esas condiciones.

-Tienes razón hermano.

Llegaron de vuelta a Lakewood y mandaron un recado a Eliza, informándole de lo sucedido con Tom, pero que el plan de llevarla a Chicago junto con ellos seguía adelante. Eliza se sentía muy desanimada y más asustada que nunca, pero decidió refugiarse en sus primos, eran los únicos que le habían ofrecido una salida.

-Recuerda Eliza, solo tienes permiso de dos semanas. – Decía Sara aleccionando a su hija. –Después de convencer a la tía abuela regresarás y haremos oficial tu compromiso con el señor Theodore Hopkins. –Dijo Sara ocasionando que su hija tuviera un mareo de la impresión. Los Cornwell la veían con coraje, era una mujer muy ambiciosa y sabían que nada bueno podían esperar de ella. Si bien ella no había actuado legalmente en la estafa contra los Andrew estaban seguros que si había tenido mucho de culpa en ello.

Antes de partir Miles se acercó a los dos jóvenes y les entregó una carta que hacía tiempo había llegado para la señora Rosemary, ambos chicos se sorprendieron cuando reconocieron la letra con la que había sido escrita.

-¡Es de Candy! – Dijeron ambos al mismo tiempo.

-Vamos Stear tenemos que llegar cuanto antes. – Dijo Archie apresurando a su hermano para llegar lo antes posible a Chicago y poder saber por fin el paradero de su prima favorita. Ninguno lo comento con Eliza, ellos sabía que nunca había visto con buenos ojos a Candy, aunque sabían que cuando habían querido obligar a Anthony a casarse con Eliza ella misma había dicho que no quería casarse con él porque él no la quería y porque ella estaba interesada en Thomas Stevens, por eso mismo no habían presionado mucho en ese aspecto.

Stear manejaba con prisa, pero manteniendo mucho cuidado con la carga que traía en el asiento trasero, ya que iba Eliza muy seria observando el camino y de vez en cuando sus ojos se llenaban de lágrimas, ocasionando que ninguno de los Cornwell disfrutaran ampliamente la carta que llevaban de su gatita. Les daba pena ver así a Eliza, ella se sentía sola y perdida, no tenía a nadie que la comprendiera y solo esos dos chicos a los cuales ella siempre había tratado mal habían sido los únicos que se habían apiadado de su pena.

-¿Cuándo volverás Tom? – Pensaba angustiada.

Eran cerca de las siete y treinta de la tarde cuando iban entrando a los amplios jardines de la mansión Andrew, el automóvil de Stear hacía un ruido característico, el cual fue inconfundible para los oídos del rubio, el cual iba llegando a la puerta de la mansión en compañía de Candy. Después de haber pasado un rato apasionado en el parque caminaron lentamente para calmar sus ansias y así llegar más relajados a la mansión, y ahí afuera se encontraron con sus primos quienes venían llegando de Lakewood en compañía de ¿Eliza? Pensaron ambos rubios sorprendidos.

-¿Candy? – Decía Stear y Archie emocionados brincándose del automóvil al ver a la rubia acompañada de Anthony.

-¿Cuándo apareciste? - Decían emocionados abrazando con cariño a su prima.

-¡Stear, Archie! ¡Qué alegría volver a verlos! - Les decía emocionada por verlos olvidándose todos por un momento de la presencia de la pelirroja.

-¿Por qué no nos avisaste? –Reprendían al rubio por no haberles avisado que ya habían encontrado a Candy.

-Ella nos encontró apenas ayer. – Dijo Anthony disculpándose porque no se había acordado siquiera de avisarles.

-Y según nosotros que traíamos buenas noticias. –Decía Stear feliz.

-¿Qué noticias? –Preguntó Anthony. Archie mostró la carta que le llevaban a su tía Rosemary, la cual evidenciaba la letra de Candy.

-¡Mi carta! – Dijo Candy confundida.

-Si gatita, llego a Lakewood, pero como mi tía no estaba allá, Miles la guardo y nos la dio para que se la trajéramos. – Dijo Archie emocionado.

-¡Pensé que se había perdido!

-¡Ya ves que no! – Decían todos felices armando un alboroto.

-Buenas noches. – Dijo Eliza no animándose mucho a romper el encuentro que tenían los muchachos. – Candy que bueno que ya regresaste. – Le dijo simplemente bajando su mirada avergonzada por haberlos hecho callar de golpe.

-Muchas gracias Eliza. ¿Cómo estás? – Le preguntó por cortesía, sin embargo vio en sus ojos una profunda tristeza y eso hizo que Candy sintiera pena por ella. - ¿Sucede algo? –Preguntó angustiada viendo a su prometido y después a sus primos, quienes asintieron apenados.

-Vamos adentro, tenemos que hablar. – Dijo Archie quien ofrecía su brazo a Eliza para entrar a la mansión. Anthony tomó de la mano a Candy y Stear entro detrás de ellos.

-¿Se puede saber quién nos avisaría de que Candy ya apareció? – Preguntó Stear levantando la voz para que escucharan los presentes que ya habían llegado.

-¿¡Qué son esos modales muchacho!? – Alzó la voz la tía abuela para reprender a Stear quien soltaba una risa junto a los demás.

-Muchachos, Eliza, bienvenidos. – Dijo la tía abuela sorprendida de ver ahí a su otra nieta, hacía tiempo que no la veía y creía que por lo sucedido no volvería a saber de ellos, aunque a decir verdad había pensado en que le pedirían ayuda, pensaba que a eso había ido.

-Buenas noches tía abuela, y buenas noches a todos. – Decía tímida mientras los demás la observaban confundidos por su presencia.

-Tía abuela, tío Albert, Eliza necesita hablar con ustedes. - Dijo Archie dirigiéndose a las dos figuras de mayor importancia en la familia.

-Si es por lo de tu padre Eliza. – Dijo Albert con cierta desconfianza.

-No tío, no es por eso. – Dijo Stear al ver la posición que adoptaba su tío y la forma en que reaccionaba Eliza.

-Bien, entonces vamos al despacho. – Dijo firme. Eliza se agarró fuerte de los brazos de los Cornwell quería sentirse segura y no sabía bien si hablar con ellos dos le daría la seguridad que le daban sus primos.

-¿Quieres que te acompañemos? – Preguntó Stear al verla tan vulnerable. Eliza asintió y ambos chicos entraron al despacho escoltando a su prima, ante la mirada de incredulidad de los demás.

-¿Qué habrá pasado? – Preguntaba Candy a Anthony, el cual estaba igual que ella, todo confundido.

-No lo sé amor, tendremos que esperar a ver si nos lo pueden decir.

-¡Candy que bueno que llegaste! – Decía Alejandro contento porque volvía a ver a su hermana. Candy lo abrazó y lo levanto en sus brazos dándole un beso en la mejilla.

-¡Hola! ¿Cómo estás? – Le preguntó cariño.

-Bien ¿Sabías que mi papá y mi mamá se van a casar? – Preguntó inocentemente ante la sorpresa de Candy.

-¿De verdad? – Decía emocionada, y Anthony junto a ella también estaba feliz por Dorothy y Alejandro.

-No entiendo porque si ya estoy aquí, no están casados. – Decía cruzando sus brazos mientras los demás reían por sus ocurrencias.

Dorothy se acercó con una sonrisa por Alejandro, se estaba haciendo tarde y ya era hora para que él se fuera a dormir.

-Me da gusto por ti Dorothy. – Le dijo Candy sincera.

-Gracias muñequita. – Le dijo con una sonrisa, Alejandro se despidió de los Brower quienes esperaban a que la tía abuela y Albert se desocupara con Eliza. – En un momento bajo. – Dijo Dorothy.

-Creo que si es algo grave. – Dijo Anthony a su mamá porque ya tenían rato en el despacho y ninguno salía.

Un rato después salió la tía abuela muy pensativa del despacho, solo volteo a ver a los presentes y se retiraba a su habitación dando únicamente las buenas noches. Los presentes solo se miraban entre sí.

Eliza salió igual del brazo de sus primos y al salir los abrazó con cariño y les daba las gracias por su apoyo y comprensión.

-Eliza ¿Estás bien? – Preguntó Rosemary que ya se comenzaba a preocupar por su sobrina.

-No te preocupes tía, ahora lo estaré. – Dijo con una sonrisa sincera.

-¿Hay algo que podamos hacer por ti Eliza? –Preguntó Anthony queriendo ser amable con ella.

-No te preocupes Anthony, Stear y Archie ya me ayudaron bastante. – Dijo volteando a verlos de nuevo con una sonrisa.

Anthony, Candy y Rosemary estaban aún confundidos porque no sabían que sucedía. Eliza vio la duda en sus ojos y se decidió a sentarse para hablar con ellos. Albert seguía en el despacho buscando la manera de cómo actuar con referencia a lo de Eliza. La tía abuela se retiró porque casi le daba el soponcio por lo que le habían confesado, sin embargo no se negó a ayudar a su nieta, la única condición es que se casara inmediatamente con ese joven. Albert hablaría con Sara para informarle que Eliza quedaba bajo la protección de los Andrew de ahora en adelante.

Eliza les confesó a los Brower y a Candy que estaba embarazada de Tom, y que tenía cerca de tres meses, todos se quedaban sorprendidos y más cuando les avisaban que Sara la quería casar con un viejo rabo verde, el cual era mucho mayor que su padre y que no le importaba que no tuvieran fortuna o dote alguna. Eliza temía porque Tom no estaba en el país, tenía miedo de que no regresara y tener que enfrentarse a la maternidad ella sola, sabía que ellos la apoyarían, sin embargo le daba miedo enfrentar a la sociedad siendo una madre soltera, era el mismo temor que enfrentaba la tía abuela. ¿Qué diría la sociedad?

-No te preocupes Eliza, puedes contar con nosotros. – Dijo Candy siendo sincera, sentía pena por Eliza, ella más que nadie comprendía lo que era que la obligaran a contraer un matrimonio sin amor, pero esta vez Albert si había estado de acuerdo. Eso era lo que Anthony no dejaba de pensar, estaba de acuerdo con no permitir que Eliza se casara con ese hombre y más porque sabía que Tom la amaba, además tendrían un hijo juntos, pero le causaba cierta incomodidad que Albert con su hija no había tenido esa misma consideración.

-Gracias. – Dijo con una sonrisa tímida a Candy, no sabía porque le mostraba apoyo si ella siempre trató de hacerla quedar mal ante Anthony, se sentía mal por ello.

Albert salió por fin del despacho, comunicándoles que pronto hablaría con Sara y tratarían de localizar a Tom lo más pronto posible para avisarle lo que estaba pasando.

Se hacía tarde así que Anthony se despidió de todos, ya era hora de irse a su casa.

-Tío nosotros nos retiramos. – Le dijo mientras tomaba la mano de Candy como indicando que se iría con ellos.

-¿No te quedarás aquí Candy? – Preguntó confuso, el esperaba que ella se quedara ahí en su casa, que era el lugar que le correspondía.

-Lo siento padre. – Dijo segura de sí misma mirándolo a los ojos. – Me iré con Anthony y mi tía Rosemary a su casa.

-Entiendo. – Dijo Albert triste, pero no tenía derecho a reclamar nada, él mismo había propiciado ese distanciamiento entre ellos.

-Gracias por comprender. – Le dijo tomando sus manos y dándole un beso en la mejilla. – Después hablaremos. – Le dijo serena. Albert asintió, sabía que tenían que hablar y discutir lo que había sucedido todos estos años, y no habían tenido la oportunidad de hacerlo.

-Está bien hija, sabes que esta siempre será tu casa y que cuando quieres serás bienvenida. – Candy asintió con una sonrisa. Sabía que así era, pero en ese momento no se sentía capaz de quedarse ahí con ellos.

-Gracias padre. – Le dijo retirándose de la mano de Anthony. – Buenas noches.

-Buenas noches a todos. – Dijo Anthony ofreciendo el brazo a su madre.

-Nosotros podemos llevarlos. – Dijo Stear y Archie quienes querían estar un rato más con sus primos. - Ya veo que no trajiste tu auto. - Anthony solo sonrió, no estaba acostumbrado a utilizarlo, prefería caminar o ir en carruaje con su madre.

-¡Si! – Dijo Candy feliz por el ofrecimiento.

-Se los agradecería mucho. – Dijo Anthony ya que tenían que esperar a que llegara un coche por ellos. Stear y Archie iban adelante, mientras Rosemary, Candy y Anthony iban en la parte trasera, en pocos minutos llegaron a la mansión de Anthony, haciendo bromas entre ellos.

-¿Cómo están Annie y Patty? – preguntó Candy, a ellas también las había extrañado mucho y tenía ganas de verlas.

-¿Qué les parece si el fin de semana nos vamos a cenar fuera todos? – Propuso Stear para que pudieran ponerse al tanto de todo lo que tenía que contar Candy, estaba ansioso por saber todo lo que había pasado y sobre todo el saber cómo había logrado ser enfermera.

-Por mi está bien ¿Tú qué opinas amor? – Le preguntó Anthony a Candy, ella le sonrió apretando su mano feliz.

-Lo que tú digas amor. – Le dijo con una sonrisa, mientras los Cornwell se reían de la miel que destilaban los rubios.

-No se rían ustedes dos. – Les dijo Rosemary. – Si no los hubiera visto que ambos son muy consentidores con sus novias no diría nada. – Les dijo provocando la risa de su hijo y su nuera. Ambos chicos se rascaron la nuca con pena.

-¿Gustan pasar a cenar? – Los invito Rosemary, con lo que había sucedido en la mansión Andrew se habían olvidado de cenar.

-Yo si tía, tengo mucha hambre. – Decía Stear encaminándose a la mansión apresurado.

-Cuando no. – Decía Archie riendo avergonzado por la actitud de su hermano. Todos reían y se le unían al inventor.

Rosemary ordenó la cena para todos y al terminar se retiró a dormir, Candy la acompañaba para poder darle su medicina antes de dormir. Anthony la observaba lo responsable que era y sobre todo el amor con el que trataba a su madre, era la mujer perfecta pensaba él.

-Si sigues mirándola así te la vas a acabar. – Dijo Stear bromeando con su primo.

-Aunque lo digas de broma. – Dijo Archie. Ambos chicos reían por las ocurrencias que tenían y Anthony los veía divertido, ellos no sabían que no solo la miraba porque la amaba, sino porque ella era la mujer más importante de su vida, era su amiga, su compañera, su prometida, su mujer, porque sí él ya la consideraba su mujer, solo faltaba que fuera su esposa para estar siempre a su lado, hasta que Dios y la vida lo permitieran.

-Estoy tan enamorado muchachos. – Les dijo lanzando un suspiro. Candy regresaba de la habitación de su tía y se acercaba por el largo pasillo escuchando las voces de su amor y sus primos.

-Eso no tienes ni que decirlo Anthony, desde que tenías 2 años estás enamorado. – le decía Stear, ya que él sabía bien que Anthony se había enamorado de Candy desde que la vio por primera vez, solo que a esa edad no podían descifrar sus sentimientos.

-¿De qué hablan? – Dijo Candy sentándose al lado de Anthony mientras él la abrazaba y la aferraba a su cuerpo con ambas manos, eso le provocó un sonrojo a la rubia.

-Precisamente de eso. – Dijo Stear, Candy lo miró confundida. - Del amor que ustedes dos se tienen.

-Como si ustedes no estuvieran enamorados de sus prometidas. – Dijo Candy defendiéndose a ella y a su amor. – Ya los quiero ver el viernes cuando salgamos a cenar. – Les dijo riéndose mientras ambos chicos reían con ellos también.

-Tienes razón Candy mi hermano pone cara de bobo cada que ve a Annie. – Dijo Stear.

-¿Yo? ¿Y qué me dices de ti? – Decía Archie defendiéndose.

Los Cornwell se retiraron un poco después, ya que habían aclarado unas dudas que tenían con respecto a la huida y estancia de Candy en el hospital.

-Quién diría que estabas tan cerca Candy.

-Ni yo misma lo sabía. – Dijo mirando a los ojos a su amado.

-Bueno hora de irnos. – Dijo Archie quien era el que menos le gustaba estar de mal tercio, Stear todavía era muy despistado solo cuando quería estar a solas con Patty le caía el veinte que alguien le estorbaba, mientras ni se daba por enterado.

Una vez que se retiraron, Anthony acompañaba a Candy a su habitación, ella otro día no iría a la escuela de enfermería, desempeñaría su servicio ahí en la mansión al cuidado de su tía y dentro de un mes volvería a incorporarse a sus estudios. Anthony se sentía cansado, pero muy feliz, más feliz que nunca, estaba por fin junto al amor de su vida, su corazón estaba en el lugar que le correspondía. Ella se sentía igual por fin estaba en su hogar, ella sabía que su hogar no era un lugar, sabía que su hogar era él, donde él estuviera sería su hogar y en ese momento ambos estaban en casa.

-Buenas noches mi vida. – Le dijo suavemente en su oído, adoraba ver como se estremecía su cuerpo cuando le hablaba tan cerca de su oído, amaba escuchar ese suave suspiro que se escapaba de sus labios y ese susurro que utilizaba al responderle.

-Buenas noches amor. – Decía dejando escapar el aire desde lo más profundo de su ser. Anthony le dio un beso en su oreja jugueteando con ella un rato, haciendo que Candy cerrara los ojos disfrutando nuevamente ese contacto. Se dejó querer, se dejó envolver en esa burbuja que tanto disfrutaba, le gustaba sentirse atrapada en esa red de sensaciones que él creaba a su alrededor, solo con su voz la hacía estremecer y cuando sus cuerpos hacían contacto era una explosión de placer en sus cuerpos.

-Hasta mañana mi amor. –Le dijo atrapando por fin sus labios tras recorrer el camino desde su oreja hasta ellos, dejando un camino húmedo en el trayecto.

-Hasta mañana mi amor. – Le contesto ella ofreciendo su boca una vez más antes de entrar a su habitación, no quería despedirse de él, le costaba estar lejos de él una vez más, sería solo por la noche, pero no por eso estaba conforme con ello. La tomó por la cintura y la aferró a su cuerpo una vez más, deleitándose con el dulce sabor de sus labios y poco a poco la fue soltando para quedar ahí con los ojos cerrados, mientras Candy cerraba lentamente la puerta de su habitación.

A la mañana siguiente Candy se levantó muy temprano, como era su costumbre en el hospital, muy diferente a cuando estaba en la mansión Grandchester en donde no tenía motivo alguno por levantarse temprano, ahora sí, tenía dos grandes motivos. Uno era su príncipe de las rosas, quería verlo antes de ir a la facultad de medicina y segundo tenía que darle la medicina a su tía, sabía que ella lo podía hacer, pero se sentía útil ayudando a su tía a que se sintiera mejor.

Candy salía con su uniforme perfectamente blanco al igual que el de su príncipe, ambos parecían unos ángeles rubios, ambos se encontraron en el pasillo.

-Buenos días, hermosa. – Le dijo con una sonrisa iluminándole el rostro al ver que se acercaba a él.

-Buenos días, amor. – Le correspondió a su sonrisa de la misma forma, radiante, feliz, con esa sonrisa iluminaría su día.

Ambos se fundieron en un fuerte abrazo, Candy se refugiaba en su pecho escuchando el latido de su corazón era un sonido que la tranquilizaba.

-Pensé que tendría que despertarte. –Le dijo bromeando con ella. Candy lo miró traviesa y le dio un pequeño empujón que lo hizo reír feliz.

-Ahora soy una mujer responsable. – Le dijo en forma de broma. El reía por sus ocurrencias y la abrazaba más fuerte.

-Siempre lo has sido mi amor, y pronto serás mi mujer responsable. – Le dijo haciéndola sonrojar, adoraba ver el rubor en sus mejillas y más si era causado por el mismo, amaba ponerla así y ser el único que podía lograrlo.

Ambos bajaron junto a Rosemary quien ya los esperaba en el comedor, Candy le acercó las pastillas que le correspondían y ella sonrió agradecida.

-Me conseguiste a la enfermera más responsable de todas, hijo. – Le dijo feliz de verlos juntos agarrados de la mano.

-Te conseguí a la nuera perfecta madre. – Le dijo mientras besaba la mejilla de su amada y Candy sonreía apenada por el atrevimiento de su príncipe.

-Se ven tan adorables juntos, espero que pronto podamos anunciar el compromiso y la boda. – Dijo de pronto ante el asombro de los dos rubios.

-¿Qué esperaban? ¿Seguir viviendo bajo el mismo techo sin estar casados? – Preguntó confusa. – De ninguna manera, Candy y tú se casarán y así ya no estaré yo con el pendiente de estarlos cuidando. – Dijo mientras ambos muchachos se sonrojaban por lo que decía Rosemary.

Ambos se miraron con complicidad, en algo tenía razón Rosemary, si sería muy cansado estarlos cuidando, y más porque sabían bien que las ansias que tenían los estaban consumiendo, habían quedado casarse después de recibirse Anthony de médico, pero después de anoche el rubio tenía sus dudas, lo había dejado con ganas de más y sabía que sería difícil esperarse tres años más que le faltaban para terminar su carrera de medicina.

-Mamá, Candy y yo habíamos pensado casarnos al terminar mi carrera. – Dijo dudoso.

-Se me hace mucho tiempo, si es así, Candy tendrá que ir a vivir con Albert, en cuanto pase el servicio que está realizando. ¿No sería mejor que se casaran dentro de unos meses y se esperaran a tener hijos? La verdad no me gustaría que estuvieran como la pobre de Eliza. – Dijo haciendo sonrojar a Candy, Rosemary sabía bien que eso podría pasar, ella también había sido joven y sabía bien de las hormonas de la juventud. – Tú ya tienes un patrimonio Anthony, y no me opongo a que estudies, lo que quiero decir es que sería bueno que se casaran una vez anunciando su compromiso.

Candy y Anthony se veían uno al otro, no les parecía mala idea, ambos se sonreían tímidos uno al otro, porque sabían perfectamente que ambos querían consumar su amor.

-Hablaré con mi tío entonces. – Dijo decidido. Candy asintió feliz sintiendo que su corazón se desbocaba emocionado por pronto llegar a ser la señora Brower.

Continuará…

Bueno hasta aquí la dejamos, espero que hayan disfrutado el capítulo, como ven apareció Eliza pero ahora si tuvo que bajar sus manitas, esperemos que se porte bien con ellos.

Candy está feliz porque quiere ser la señora Brower y su suegra esta algo inquieta porque la puedan convertir en abuela tan joven jajajaja esperemos que eso no sea así, veamos como se dearrolla la historia.

Espero hayan disfrutado el capitulo señoras hermosas, y le doy la bienvenida a las nuevas lectoras, espero sus comentarios por favor, ya saben que solo así actualizo jejejeje

Saludos y Bendiciones.

P.D. ¿YA SE LAVARON LAS MANOS?