Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, simplemente los utilizo para escribir una historia que mantenga mi mente alejada de la preocupación que estamos viviendo antes de volver a nuestra realidad, espero la disfruten. Esta historia es pensada sin fines de lucro solo por diversión y no es apta para menores de edad. ¡COMENZAMOS!
LAZOS DE AMOR
MIRADAS INCÓMODAS
CAPITULO XXVII
El fin de semana había llegado y con ello la cita que tenían los Andrew para salir a divertirse en compañía de sus prometidas, Annie y Patty ya estaban enteradas de la aparición de Candy y estaban ambas emocionadas con volverla ver.
Candy por su lado estaba acompañando a su tía mientras esperaba la llegada de su príncipe el cual había quedado de llegar temprano del hospital para poder salir todos juntos. Rosemary se quedaría en casa, la habían invitado pero prefirió quedarse a leer un buen libro para que así su hijo y sus sobrinos pasaran una excelente noche, les hacía falta divertirse un poco.
-Anda hija, vamos a ver qué es lo que usarás esta noche, cuando Anthony llegue, tú ya estarás lista, los hombres están listo en un santiamén y no se demorará mucho en alistarse. – Le decía animándola a ir a su habitación para que buscaran lo que usaría esa noche. - ¿A dónde piensan salir? – Preguntó tranquilamente.
-Anthony dijo que a cenar, pero la verdad no sé a dónde.
-Bien, entonces vamos a ver que tienes aquí. –Dijo Rosemary observando el armario de la rubia, cuando lo abrió quedó sorprendida por lo que veía. - ¡Candy! – Dijo con sorpresa. - ¿Qué pasó aquí? – Dijo al ver que solo contaba con tres vestidos y los otros tres uniformes de enfermera, la verdad era que no había reparado que los días que llevaba ahí únicamente vestía su uniforme de enfermera, ya que así lo dictaba el protocolo del hospital.
Candy se mostraba apenada, pero la verdad ni ella había reparado que no tenía ropa en absoluto, había salido de Nueva York casi sin nada en su maleta.
-No puede traer muchas cosas de Nueva York. – Dijo apenada.
-¿Y todo este tiempo has estado únicamente con esa ropa? – Preguntó confusa. Candy asintió.
-En el hospital solo tengo un día de descanso a la semana, así que tengo que usar siempre el uniforme, mis días de descanso los uso para lavar mi ropa y los vestidos los uso únicamente cada domingo. La verdad es que no me había hecho falta ropa. – Dijo siendo sincera, aparte de que no tenía dinero para comprarse un nuevo guardarropa. Rosemary la miró con ternura, sintiendo pena por lo que ella había tenido que pasar esos tres meses completamente sola, sin el amparo de nadie que pudiera ayudarla siquiera. Mary Jane había sido un ángel en su vida, pero a ella no le correspondía ocuparse de los gastos de su sobrina.
-¿Por eso necesitabas el trabajo verdad? No tenías dinero. – Le dijo a Candy y ella asintió apenada.
-Necesitaba reunir dinero para ir a Lakewood con ustedes, pensaba que mi carta se había perdido y que por eso no habían ido a verme.
Rosemary la abrazó con el amor que siempre le había demostrado al quererla como a una hija más, besó su coronilla y suspiró afligida por lo sucedido.
-Bueno mi niña, todavía hay tiempo de arreglar la situación. – Le dijo soltándola de pronto. Se dirigió a su habitación y le ordenó que se quitara su uniforme y se cambiara el uniforme.
-¿A dónde vamos tía? – Preguntó Candy confusa al ver que le daba el vestido que menos uso tenía.
-Vamos a comprarte algo para esta noche.
-¡No es necesario tía! – Decía Candy avergonzada.
-Annie y Patty irán muy elegantes, ¿No te gustaría que Anthony te viera más hermosa que nunca? – Le preguntó, sabía bien que por ese lado Candy aceparía sin chistar. Ella asintió con pena pero sabía bien que si era para agradar a su príncipe sería capaz de todo. – Por el dinero no te preocupes hija. – Le dijo al ver la indecisión de la rubia.
-Está bien tía, vamos. - Dijo sintiendo un poco de pena por la situación en la que estaba y ni ella misma le había tomado importancia.
Lionel llamó a un cochero por órdenes de la señora e inmediatamente el carruaje se paraba frente a la mansión Brower, ambas rubias salían emocionadas de compras ya que tenían muchísimo tiempo que no lo hacían. El tiempo apremiaba así que Rosemary se decidió por llevarla a una exclusiva tienda de modas, la modista de la época tenía su propia colección en su elegante residencia y se dirigió directo con la francesa.
-Buenas tardes señora Brower. – La recibió un alto y fino mayordomo con acento francés. Candy observaba la residencia, todo lucía algo extravagante para su gusto. – Mon bijou la recibirá en un momento. – Le dijo nuevamente refiriéndose al apodo con el que se hacía llamar dicha modista. El alto y flaco hombre se dirigió a una de las puertas que dividían las diferentes secciones del salón donde los recibían, mientras unas doncellas les indicaban donde sentarse ofreciendo una variedad de bocadillos y bebidas mientras esperaban a la modista.
Una mujer de cabello rojizo completamente ensortijado, algo regordeta y con un vestido muy exagerado para el día y un gran sombrero de plumas, entro haciendo aspavientos al ver quien era la distinguida cliente que se había acercado a su elegante tienda.
-¡Rosemary! – Dijo con su acento francés. -¿Cómo estás querida? –Le dijo abrazándola con gusto.
-Hola ¿Cómo está madame Monique? – Preguntó correspondiendo al abrazo que le daba la exagerada mujer mientras Rosemary esquivaba el gran sombrero que esta usaba. Gracias al apellido Andrew era una de las clientas más apreciadas por esa extravagante mujer, a pesar de su gusto para vestir tenía un excelente gusto en lo que se refería a la moda. Mon Bijou tenía poco tiempo que había llegado a Chicago, gracias al desplazamiento que tenían los europeos por la guerra que cada día los afectaba más.
-Ohh dime Monique nada más. – Dijo con un guiño para darle confianza. -¡Estoy perfectamente! Hermosa ¿Dime en qué puedo ayudarte? ¿Qué estás buscando? – Preguntaba con un poco de dificultad en su inglés.
-En este momento quiero que atiendas a mi sobrina. – Le dijo orgullosa mostrando a la hermosa rubia que estaba a su lado.
-¡OHH! ¡Es hermosa! – Dijo gesticulando exageradamente para referirse a la muchacha. – ¡Tengo unos vestidos que le quedaran divinos! – Rápidamente se dirigió a una de las muchachas que trabajaban para ella hablándole en su idioma para comunicarse con ella. La muchacha simplemente se dio la media vuelta y se dirigió a una de las puertas que estaban detrás de ella. Un rato después llegó con unas cajas, mientras otra chica más pequeña le ayudaba a cargarlas.
Las muchachas sacaban de entre las cajas los diseños más exclusivos de la diseñadora, los cuales estaban hechos con las mejores telas que se podían conseguir. El primero que sacó para su elección fue un vestido que de la parte de arriba era blanco y se sujetaba con un cinto ancho negro que se encargaba de delinear la figura de las chicas, era amplio de la falda y tenía detalles de puntos entreverados bajo el cinto, a media falda y al final. Candy no estaba muy convencida de lo que veía, ella siempre había sido mucho más sencilla.
Otro de los vestidos era en tono rosa pálido con el corte muy parecido al anterior solo que se diferenciaba que era completamente liso y el cinto que lo adornaba era de un color rosa mucho más intenso.
Otro más era de color rojo, la falda era muy similar a los anteriores pero la parte de arriba formaba un corsé que le ayudaba a formar una cintura de avispa, el cuello era mucho más coqueto al ser cuadrado y tenía la manga larga, en la parte del busto la tela estaba plisada ayudando a que se viera un poco más prominente de lo que era, ese vestido le encantó a Candy, sus ojos la delataron en cuanto lo vio.
-¿Quieres probarte ese? – Le preguntó Rosemary al ver la expresión de su rostro. Candy asintió con una sonrisa. Una de las muchachas que había llevado los vestidos la acompañó a uno de los cuartos para ayudarla a probarse el vestido, el tiempo seguía su curso y Candy quería apurarse para estar lista a tiempo. Cuando salió de aquel cuarto Rosemary quedo encantada con lo que veían sus ojos. Le habían colocado un corsé que le ayudaba a resaltar su busto y afinar su cintura, el escote le sentaba de maravilla y la manga larga le hacía lucir sus delgados brazos, la falda le llegaba hasta las espinillas, le habían puesto una coqueta ropa interior como si fuera a lucirla en algún lado y unas pantimedias que estaban muy de moda por Europa, los zapatos a juego eran de tacón medio alto y la hacía verse un poco más estilizada y alta. Rosemary la veía feliz, sin duda su hijo quedaría encantado cuando la viera.
- ¡Se ve hermosa tu sobrina! – Dijo madame Monique al ver a la rubia. – Solo falta un peinado hermoso. – Dijo viendo a Rosemary.
-¿También tienes ese servicio?
-¡Por supuesto! También podemos maquillarla si quieres. – Le dijo guiñándole un ojo. – Solo necesito saber al lugar donde irá esta señorita.
-Bueno, mi hijo la llevará a cenar junto con sus primos. – Dijo Rosemary, dando indicaciones para que la arreglaran de todo a todo, así llegarían y no tendría Anthony que esperar mucho por ella. – Y las prometidas de ellos, Annie Britter y Patricia O'Brian.
-¿Britter? – Dijo madame Monique entendiendo más o menos cómo debía alistar a la señorita Andrew, era la primera vez que veía a esa jovencita, pero le había caído tan bien como la señora Rosemary, ambas tenían un aire de distinción que nadie podía negar, en cambio las Britter eran elegantes, pero al entrar en su exclusiva boutique no reparaban en hacer alguna crítica o recomendación y eso era algo que a ella le molestaba, sobre todo el modo de la señora Britter, la hija era solo un accesorio para la ella. – Niñas – Dijo dando unas palmadas leves para que le pusieran atención y les dio indicaciones en francés, un idioma que si bien Rosemary dominaba, Candy nunca había atendido bien las instrucciones de la amargada de su maestra. – En un momento regresamos Rosemary. – Dijo esforzándose en hablar perfectamente el idioma ya que sabía que la señora Rosemary hablaba francés, pero al estar ahí quería aprender bien el idioma para atender personalmente a sus clientes y no depender tanto de su mayordomo.
Candy era llevada a otra habitación de la gran mansión y comenzaron a jugar con su cabello, hablaban muy rápido y solo unas palabras entendía la joven, que si tenía un cabello muy lindo, que su color era hermoso, en fin eran un sinfín de alabanzas para ella, eran las pocas palabras que había entendido ya que muchas veces Anthony le ayudaba con las tareas y terminaba hablándole cosas bonitas en francés, eso la derretía porque el acento que tenía su príncipe era muy seductor. Terminaron por recoger y acomodar su cabello de lado acomodando sus rizos de una forma que quedaban como ondas que caían por uno de sus hombros, un discreto broche adornaba la parte de su hombro descubierto, era un peinado muy sencillo pero acorde para la edad de Candy, ya no era una niña, pero tampoco era una señora, así que era lo más adecuado para ella un peinado que reflejaba su juventud y belleza.
Después de terminar de peinarla y ponerle sabía Dios que tantos productos en su cabello para mantenerlo en su lugar y que permaneciera así por más tiempo la llevaron a otra habitación donde estaba un caballero que estaba maquillado de su rostro, Candy al principio se sorprendió porque era la primera vez que veía a un hombre maquillado, pero le sonrió al ver la expresión de agrado al verla llegar.
-¡Magnifique! – Dijo el hombre y siguió hablando exagerando sus movimientos al observar el perfecto cutis que tenía la rubia.
-Si hubiera puesto atención a la clase de francés no tendría que estar adivinando que dicen. – Pensaba Candy divertida de ver el comportamiento de aquel muchacho, ya que sus movimientos eran bastante femeninos.
El joven que dedicó a observar detenidamente el rostro de Candy, estudiándolo por un momento al ver cada uno de los detalles para poder maquillarla.
-¿Quel age avez-vous? – Preguntó el joven con su voz afeminada.
-¡Eso si lo entendí! –Pensó Candy divertida. – Je garde les dossiers 17. – Contestó tratando de darse a entender. El maquillista sonrió al darse cuenta que la chica conocía muy poco su idioma.
Comenzó eligiendo los colores que llevaría su rostro, guiándose por el vestido, los accesorios y el peinado, pero sobre todo buscaba la manera de resaltar sus hermosos ojos verdes. Pronto encontró el matiz que debería llevar su rostro, los colores eran suaves y cálidos por la edad de la jovencita, se colocó un poco de rubor en sus mejillas y se igualó el tono de su piel a lo largo de rostro y cuello, la sombra de ojos era muy tenue, sin embargo le permitía resaltar sus párpados y enmarcar su rostro, fue necesario utilizar un lápiz para la ceja para definirla más y quitar el exceso de la misma con una pinza especial, Candy nunca había visto tantos accesorios juntos, pero ella sabía que él era un profesional de la belleza y estaba dispuesta a soportar el dolor que le causó al eliminar el exceso de bello facial. Le pusieron un poco de máscara para pestañas, un poco de polvo par difuminar el brillo y tratar de hacer más natural su rostro y por último le pintaron sus labios de un rojo intenso, el cual estaba de moda en la época.
Candy se observó al espejo y estaba fascinada con lo que veía le gustaba verse al espejo y descubrir que ya no era una niña, sino que había dado el gran paso a convertirse en una mujer y eso le agradaba, pensaba en lo que diría su príncipe cuando la viera y se sentía emocionada con solo pensarlo.
Al salir por la puerta en la que había desaparecido, Rosemary la observo al salir maravillada con el resultado de su sobrina, o más bien dicho de su nuera ya que ella estaba orgullosa de que lo fuera.
-¡Te ves hermosa Candy! Anthony quedará impresionado con tu belleza. – Le dijo sinceramente.
-¿De verdad lo crees tía? - Preguntó tímida, le daba un poco de pena que las demás la vieran así, ella no era presumida y eso la hacía sentirse un poco insegura.
-Camina derecha. – Le dijo Mon bijou para que luciera más su figura. Le colocó una gargantilla, un brazalete y unas pequeñas arracadas a juego todo era de diamantes y oro blanco una pieza exclusiva de Mon bijou, ese había sido al principio su giro, la joyería por eso el apodo de "Mon bijou" pero al llegar a América se dio cuenta que no había modistas exclusivas y aprovechó su buen gusto para hacer de su casa una completa boutique, que iba desde vestir por completo a una dama hasta el calzado. Candy estaba agradecida con su tía por todo lo que había hecho por ella ese día, tenía muchos meses que nadie la ayudaba a vestirse, ni siquiera había vuelto a estrenar ropa, ya que la que se había llevado a Nueva York era la que tenía en Chicago, lo único que su padre había ordenado que le empacaran cuando se fueron de ahí, de ahí en adelante nadie ni siquiera ella se había preocupado por comprar algo de ropa.
Candy observo varias cajas de todos tamaños que estaban en la gran sala de la Casa-Boutique de Mon Bijou.
-¿Qué es todo esto tía? – Preguntaba extrañada porque no había visto más clientes en ese momento, ya que madame Monique recibía únicamente por cita y había hecho una excepción con la señora Rosemary Brower Andrew solo por ser ella. La francesa estaba feliz por la venta que acababa de hacer ese día, la cual comprendía de vestidos, ropa interior, medias, calzado, joyas, maquillaje, accesorios y un sinfín de cosas que había Rosemary adquirido para su sobrina favorita.
-Es un pequeño regalo que quiero darte. – Le dijo con una sonrisa.
-Tía, pero yo no puedo permitir...
-Hija, pronto serás la esposa de mi hijo, y quiero que sepas que todo esto no lo pagaré yo, lo va a pagar mi hijo y te aseguro que no le molestará en absoluto. – Candy se sonrojó por completo y a pesar del poco maquillaje que portaba se le había notado considerablemente el color.
-¡Vas a casarte con el señorito Brower! – Dijo madame Monique como si conociera al guapo joven. La verdad no lo conocía pero estaba enterada de todos los chicos casaderos de la ciudad. – Eres una jovencita con suerte, he escuchado que muchas chicas están entusiasmadas con él y con sus primos. – Dijo inocentemente la extravagante mujer haciendo mucho aspaviento al hablar. Candy se puso muy seria por el comentario no le había agradado en lo absoluto lo que había dicho esa señora, sabía que no era su intención molestarla, pero lo había conseguido sin querer. Optó por aceptar lo que su tía le obsequiaba pensando que solo eran las cajas que estaban a la vista.
-Bueno Monique. – Dijo despidiéndose de beso de la francesa y se dirigieron ambas rubias hacia el carruaje que aún las esperaba. – Espero las cosas en la residencia de mi hijo por favor y mañana enviaré a alguien para liquidarte todo.
-No se preocupe madame Brower. – Dijo madame Monique despidiéndose de una de sus clientes consentidas y ahora con mayor razón. – Mademoiselle. – Le dijo a Candy con una sonrisa. Candy se despidió de igual forma que Rosemary y subieron al carruaje con mucho cuidado siendo ayudadas por el cochero quien esperaba en la entrada.
Candy observaba como se veía en el reflejo de los accesorios cromados del carruaje, estaba sorprendida de cómo se veía, le gustaba más que aquella vez que Annie la había maquillado. Rosemary la observaba en silencio.
-Vamos a llegar a tiempo, yo creo que Anthony ya debe de estar listo. – Dijo Rosemary para entablar conversación con su sobrina, ya que la veía nerviosa. – No te preocupes Candy, a Anthony le gustará como te ves. – Le dijo para darle confianza, ya que ella no estaba segura si a su amado le gustaría como se veía, le habían cubierto las pecas con el maquillaje y ella pidió que se las descubrieran, sabía perfectamente que su amado era algo que le encantaba de ella, siempre se lo había dicho y a ella le encantaba darle gusto.
Efectivamente Anthony las esperaba en el salón de la mansión Brower, la señora Green le había dado el mensaje de su madre y ya estaba listo esperando a su madre y a su prometida. No sabía porque habían decidido ir a un lugar de moda, si la cena a la que irían no sería tan elegante, sin embargo él al saber a dónde irían procuró ponerse a la altura de su amada para no hacerla quedar mal.
Al escuchar el ruido del carruaje entrando a la mansión, Anthony salió del salón para ir a recibir a las dos mujeres más importantes de su vida, ayudó a bajar a su madre quien fue la primera en bajar y la recibió con una sonrisa.
-¡Vaya! ¡Que elegante caballero! – Le dijo admirando la galanura de su hijo, sintiéndose orgullosa por lo que veía, su hijo había optado por un traje negro que lo hacía ver bastante guapo. – Te ves guapísimo hijo. – Le dijo abrazándolo con una sonrisa. – Y con ese traje combinas muy bien con tu prometida. – Le dijo guiñándole un ojo divertida.
Candy extendió su mano para que la ayudara a bajar su príncipe y Anthony la tomó inmediatamente sin pensarlo dos veces, ese contacto los hacía estremecer y más cuando ve de cerca el par de esmeraldas que se asoman del carruaje. Sus ojos se veían hermosos adornados con esa fina capa de sombras que le habían puesto en sus párpados y unas delicadas y bien delineadas cejas le enmarcaban su bello rostro. Candy era una mujer bellísima él lo sabía, pero con el sutil maquillaje que le habían colocado se veía verdaderamente maravillosa, no podía describir lo hermosa que se veía la mujer de sus sueños.
Al bajar Candy lo observaba igual de enamorada que él a ella, veía lo guapo que estaba con ese traje y la manera en que se había colocado su cabello, definitivamente era un hombre bastante guapo y atractivo, y no le había pasado por la cabeza que debería de tener varias admiradoras detrás de él y mucho menos las que querían no solo ser su novia sino conseguir ser su prometida, ese pensamiento le provocó un ligero dolor de estómago. Anthony la notó un poco incómoda, pensó que era porque ya no estaba acostumbrada a vestir así. La atrajo hacía su cuerpo tomándola por la cintura.
-Te ves bellísima mi amor. – Le dijo en un susurro sintiéndose algo tímido por la presencia de su madre, quería abrazarla fuertemente y apegarla a su cuerpo para sentir la calidez de sus formas.
-Tú también te ves muy guapo amor. – Dijo sonrojándose como siempre que le hacía un cumplido a su amado, era algo que a él le gustaba de ella, provocarle ese sonrojo que lo hacía comprender que era únicamente él el que podía provocárselo con solo una mirada, o cuando ella le hacía un cumplido.
-Bueno niños yo creo que será mejor que se retiren, sus primos ya deben de estar esperándolos. –Dijo Rosemary comenzando a caminar dentro de la mansión. – Que se diviertan. – Dijo despidiéndose con un beso de lejos para ambos.
-Gracias mamá. – Dijo Anthony con una sonrisa agradecido por el gesto que había tenido su madre con Candy. - ¿En que nos quedamos? – Le preguntó mientras el cochero comenzaba su marcha, más sin embargo Anthony lo detuvo. – Puede llevarnos a este lugar. – Le dijo extendiéndole al cochero una pequeña tarjeta donde estaba el nombre del restaurante donde lo esperaban sus primos. Eran pocos los lugares elegantes que quedaban para cenar en la ciudad, el país estaba muy afectado por la guerra. Abordaron el carruaje de nueva cuenta, no sin antes Anthony darle una vuelta a su amada haciéndola girar sobre sus talones para observarla detalladamente.
-Te ves hermosísima princesa. – Le dijo nuevamente sin dejar de mirarla.
Subieron al carruaje y comenzaron a intercambiar miradas cómplices uno al otro en completo silencio.
-Pensé que iríamos en tu auto. – Dijo Candy iniciando así una conversación para sentirse un poco menos ansiosa de estar en un lugar tan pequeño y completamente encerrada con su amado.
-Si lo pensé. – Dijo respondiéndole con una sonrisa. – Pero si nos íbamos en mi auto no podría hacer esto. – Dijo acercándola más hacia él tomándola por la cintura y acercándose lentamente por el lado derecho que era el que estaba descubierto, besando su mejilla con cuidado con ternura, como si temiera arruinar su maquillaje, parte así era, no quería besar sus labios porque no quería llegar al restaurante como sus tantos compañeros que llegaban con la boca toda marcada de pintura de labios al estar con su novia o con alguna otra dama que permitiera esa confianza. Le dio un casto beso en los labios, emitiendo Candy un suspiro esperando que el contacto fuera mayor, pero para su decepción no había sido así. Sin embargo Anthony se dirigió al lóbulo de su oreja comenzando a estimular esa parte de su cuerpo, sabía bien que a Candy le gustaba que hiciera eso. Entrelazó fuertemente su mano al sentir ese contacto, sintiendo todo su cuerpo estremecer y tensarse. Anthony adoraba esa reacción corporal de su amada y mientras tenía su mano entrelazada a la de ella con la otra se aferraba a su cintura y sus labios seguían explorando su oído y su cuello.
-Anthony. – Dijo en un susurro Candy, dejándose querer por su amado, comprendiendo que había sido una mejor idea viajar en carruaje. El simple hecho de mencionar su nombre hizo que también la piel de él reaccionara sintiendo un maravilloso calor recorrer su cuerpo.
-Pecosa. – Le dijo susurrando en su oído. – Me tienes loco mi amor. – Le volvió a decir intensificando ese beso, sintiendo como las arracadas de Candy le impedían disfrutarlo al máximo. Saboreó su cuello mientras sentían el movimiento del carruaje que avanzaba a paso medio para llegar a su destino. El sonido de los cascos de los caballos evitaba que suspiro alguno se escuchara fuera del carruaje, confundiéndose con el sonido de los ruidos de la noche.
Llegaron a su destino, y detuvieron sus caricias para recomponerse un poco antes de bajar. Anthony antes de ayudar a su amada a bajar, atrapó entre sus labios el labio inferior de Candy degustándolos en un beso procurando no arruinar la pintura de sus carnosos labios. Candy quedó maravillada con ese beso, cerrando sus ojos fascinada por el contacto, deseando no haber usado labial esa noche.
Anthony se encargó de pagar al cochero el servicio que había proporcionado toda la tarde con su madre y su prometida, dejándole una buena paga al señor que se retiró muy agradecido con la pareja, ofreciéndose a recogerlos más tarde para que no batallaran en su regreso.
-No se preocupe buen hombre, venimos con otras personas, pero gracias por su ofrecimiento. – Dijo amablemente al caballero.
Candy noto con travesura que a pesar del cuidado que había tenido su príncipe al besarla aun así había quedado un leve rastro de su labial en sus labios. Tomo un pañuelo de su cartera de noche y se acercó a él con una mirada traviesa. Anthony la observó deleitándose con su imagen.
-¿Sucede algo mi amor? – Preguntó al observarla tomar el pañuelo y dirigirlo hacia su boca.
-Solo un pequeño inconveniente. – Dijo divertida mientras limpiaba la zona que estaba marcada por sus labios. – Creo que no fue buena idea dejar que madame Monique me pintara los labios. – Dijo con una risita traviesa.
-No me importaría quedar como payaso con tal de disfrutar toda la noche de tus besos mi princesa. – Le dijo también riendo mientras la abrazaba por la cintura apegándola a su cuerpo. Candy se dejaba querer y terminaba de limpiar los labios de su amado.
Una vez que termino su cometido le ofreció su brazo con una elegante reverencia para entrar al restaurante donde seguramente ya los estaban esperando. Efectivamente Stear y Archie acababan de llegar también al lugar y esperaban en la recepción la llegada de sus primos mientras les arreglaban una mesa. Habían solicitado uno de los lugares más apartados del lugar para poder platicar más tranquilos.
-¡Candy! – Dijeron Patty y Annie al mismo tiempo al ver a su amiga que tanto habían esperado volver a ver.
-¡Te ves hermosa! – Dijo sinceramente Patty quien también iba muy elegante junto a su apuesto inventor.
-¡Tú también te ves muy hermosa Patty! – Dijo Candy emocionada de verla.
-Te extrañamos mucho Candy. – Dijo Annie con su mirada llorosa al abrazarla con gusto.
-Yo también las extrañe mucho. – Dijo Candy feliz de volver a verlas.
-Vamos, vamos. – Dijo Stear, no se hagan chicas que aquí el que más extraño a Candy fue Anthony. – Dijo mientras todos asentían.
-Tienes razón amor. – Dijo Patty confirmando lo que decía su prometido.
-Bueno eso no es un secreto. – Dijo Archie. – Sabemos que Anthony sufrió mucho la separación de Candy, pero ahora están juntos y será por mucho tiempo. – Dijo convencido de que así sería de ahora en adelante.
Anthony volteo a ver a Candy enamorado, con esa sonrisa boba que se reflejaba en su rostro siempre que la observaba. Ella le sonrió y correspondió su mirada con un te amo sin emitir ningún sonido. El besó su mano y comenzaron a seguir al capitán de meseros que ya los dirigía su mesa. Conforme avanzaban Candy pudo darse cuenta de la mirada que le dirigían los caballeros al entrar al restaurante, sin embargo a pesar de que le incomodaban esa manera de ser observada no era nada con la incomodidad que sintió cuando al observar a las féminas la mayoría estaba observando a su prometido, eso la hizo tensarse más de lo que había conseguido preocuparla Mon Bijou.
-¿Estás bien hermosa? – Fue lo único que preguntó Anthony al sentir la tensión del cuerpo de su amada al aferrarse más fuerte de su brazo. Él le correspondió abrazándola por los hombros para dejar en claro que ella era suya, también había captado las miradas que atraía su amada y eso no le había gustado en lo absoluto, no le gustaba que la vieran con esas intenciones. Acarició su mano don dulzura para tranquilizarla al pensar que estaba incomoda por la mirada de los caballeros, sin sospechar que era víctima de los celos que le provocaba que él fuera tan admirado por las damas del lugar. Sintió el anillo que su amada llevaba en su mano, era el anillo de compromiso que él le había regalado, eso le hizo sentirse un poco más relajado ya que no pasaría tan inadvertido para quienes los observaban tan detenidamente.
-No te preocupes amor, estoy bien. – Dijo para tratar de tranquilizarlo un poco. Sin embargo seguía sintiendo esa incomodidad en su estómago. Llegaron por fin a la mesa, se les había hecho interminable el lugar a donde se habían dirigido.
-Elegimos este lugar, porque es mucho más privado. – Dijo Archie como viendo la duda en la mirada de sus primos. -¿Les parece bien?
-Me parece perfecto. – Dijo Anthony, entre más alejada de las miradas masculinas se encontrara su amada mucho mejor, lo mismo pensaba Candy, mientras menos chicas se hicieran ilusiones con su príncipe mejor.
-Veo que ambos llaman mucho la atención. – Dijo Annie quien había observado la reacción de ambos rubios. – Cuando Archie y yo comenzamos a salir también yo me ponía celosa por la forma en la que las damas lo veían. – Dijo confesándose a sí misma que ella también había padecido lo que Candy estaba padeciendo.
-Eso no me lo habías confesado. – Le dijo Archie divertido y acercándose a ella coqueto sintiéndose importante por los celos que despertaba en ella.
-No habíamos tenido la oportunidad de comentarlo. – Dijo Annie compartiendo la mirada cómplice con su amado.
-Eso es normal. – Dijo Patricia, quien también estaba de acuerdo con lo que Annie decía. – Stear también levanta muchos suspiros cuando vamos por la calle, pero como ya comienzan a identificar que estamos comprometidos las miradas se han vuelto más discretas.
-Eso es cierto. – Dijo Stear el cual si estaba consciente de las miradas que levantaba en la calle, así como las que provocaba su Patty querida.
-Pues yo no estoy acostumbrada. – Dijo Candy aún incómoda por esa situación.
-De todas formas yo no me fijo en eso. – Dijo Anthony siendo sincero, él no le tomaba importancia a las miradas femeninas que despertaba a su paso, aun cuando había escuchado más de una vez a las enfermeras referirse a él como el médico más guapo del hospital. – Yo solo tengo ojos para unas esmeraldas que tengo a mi lado. – Dijo besando nuevamente la mano de Candy, de nuevo apareció ese sonrojo que tanto le gustaba ver.
-No te preocupes gatita, cuando las féminas vean que este galán rubio ya tiene dueña se acostumbraran a verlos juntos. – Dijo tratando de tranquilizar a su prima.
-¿Acaso estás celosa amor? – Le preguntó divertido Anthony a Candy, hasta que comenzaron a platicar de ello comprendió que ella estaba incomoda por las miradas que él despertaba sin querer. Candy bajó la vista apenada. – No tienes por qué estarlo, yo pensé que te sentías incómoda por las miradas de los caballeros. – Dijo siendo honesto. – A mí tampoco me gusta que te estén mirando tanto. Candy lo miro sorprendida.
-¿Qué esperabas gatita? por eso Anthony te abrazó como reclamando su propiedad. – Dijo Archie divertido y a la vez burlándose de su primo.
-¡Cállate Archie! – Dijo Anthony comenzando todos a reír por la reprendida que le daban al gatito.
A unas cuantas mesas unos ojos azules los miraban fijamente, observaba a cada uno de los presentes, y observaba que la mirada de la rubia estaba maravillosamente brillante y radiante, una mirada que no había visto en ella nunca.
Anthony advirtió la mirada que era dirigida hacia ellos reconociendo al portador de dicha mirada, era Terry quien los observaba de algunas mesas al lado contrario, se encontraba con una señorita que difícilmente era la futura madre de su hijo. Anthony se dio cuenta de la manera que observaba a Candy no agradándole mucho la forma en la que lo hacía, Terry se dio cuenta y le dirigió una sonrisa de lado que el rubio no supo interpretar muy bien, más sin embargo no le causó confianza. Se levantó de su mesa con el firme propósito de saludar a su ex prometida y al rubio, a los otros no le causaba mucho interés saludarlos, menos al chico de cabello largo quien desde que lo conoció no fue de su agrado, aunque quería saciar su curiosidad y conocer quién era la dama que decía conocerlo y que por eso el chico elegante había sentido celos.
-Buenas noches. – Dijo al momento de llegar a la mesa, mientras Anthony no lo había perdido de vista desde que se había dado cuenta de su presencia.
Continuará…
Hola hermosas señoras, aquí adelantando otro capítulo mas de esta historia que espero estén disfrutando tanto como yo lo estoy haciendo al escribirla, espero que sigan al pendiente de ella y sobre todo que estén seguras en sus casas, y si no es así, espero que puedan protegerse bien, les mando mis mejores deseos y bendiciones para cada una de ustedes.
Saludos!
