Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, sin embargo los he utilizado para dar rienda suelta a mi imaginación. Es sin fines de lucro y NO es apta para menores de edad !COMENZAMOS!

LAZOS DE AMOR

PRIMERO ESTÁS TÚ

CAPITULO XXVIII

-Buenas noches. – Contestó Anthony levantándose de la mesa para saludar al actor, con aquel porte y elegancia que tenía, como todo un caballero que era.

-¿Tú no me saludas Candy? – Preguntó Terry al ver que la rubia lo miraba sin tomarle mucha importancia.

-¿Cómo está joven Grandchester? – Le dijo amablemente, sin agregar más.

- Me da gusto saber que la encontraron por fin. – Dijo Terry de nuevo a la rubia. Mirando a Anthony como reprochando el no haberle avisado. Anthony iba a contestar, sin embargo Candy tomó su mano para indicar que elle le respondería.

-Así es Terruce, hace unos días regresé al lado de mi prometido y mi familia. – Dijo aclarando lo que ella siempre había defendido que Anthony era su prometido.

-Tú no te puedes quejar Terry, que nosotros también apenas nos enteramos. - Dijo Stear tratando de minimizar el ambiente incómodo que se había formado en tan solo unos segundos.

-Ya veo. – Dijo fijando la vista en el joven inventor que fue el que habló, ya que tanto Archie como Annie estaban mudos, uno porque no soportaba a ese engreído y la otra por la vergüenza que sentía al recordar que era el joven que había usado para darle celos a su amado Archie.

-Terry, te presento a mi prometida, Patricia O´Brian, amor él es Terruce Grandchester futuro duque de Inglaterra. – Dijo Stear amable como siempre era con las personas.

-Mucho gusto señorita. – Dijo como todo un caballero el rebelde sin causa, dedicándole un guiño a la muchacha de los lentes que no le agradó mucho al inventor, así era él un galán con todas las mujeres ya que estaba acostumbrado a que lo idolatraran al pasar.

-Hola elegante. – Le dijo con una sonrisa cínica al ver que él no lo saludaba y que la chica que lo acompañaba no era capaz de levantar su rostro.

-Buenas noches. – Contestó fríamente Archie. Seguía celoso de ese tipo, no podía evitarlo.

-Ya veo porque estabas celoso de mí, la señorita que te acompaña es muy hermosa. – Dijo para obligar a Annie a mirarlo y ver por fin de quien se trataba. Archie lo veía cada vez más molesto. Ante lo dicho Annie levantó el rostro sorprendida encontrándose con los azules de Terry. – Yo te conozco. – Le dijo poniendo su cara como que no recordaba en que parte del colegio la había visto, definitivamente la conocía pero no era ninguna de las chicas con las que había estado.

-No te hagas el gracioso. – Dijo Archie un poco más ofuscado de lo normal.

-¡Ahhh! ¡Ya lo recuerdo! – Dijo sin hacerle mucho caso a Archie. - ¡Eres la tímida de la colina! – Le dijo recordando por fin a aquella tímida muchacha que siempre estaba en su lugar favorito del colegio.

-¿Tímida? – Contestó Annie apenada por el mote que le había puesto ese sinvergüenza.

-No te permito que le hables así a mi prometida. – Dijo Archie levantándose de su lugar y enfrentando cara a cara a Terry. Terry no se inmutó y luego apuñó sus manos como retando a Archie.

-¡Chicos por favor! – Dijo Anthony tratando de evitar el enfrentamiento. – Hay damas presentes, además Archie no es correcto que te comportes así frente a tu prometida. – Dijo tratando de calmar las aguas, sin embargo él mismo estaba incómodo por la forma en la que aquel chico se comportaba, se notaba que ya llevaba algunas copas encima. Archie quien respetaba mucho a Anthony asintió a duras penas y se sentó aferrándose a la mano de Annie quien lo agarro por el brazo y se protegió con él.

-No te enojes elegante, no es lo que piensas. Aquí la señorita… - Dijo sin recordar su nombre. – ...y yo nos conocimos en el colegio, efectivamente, pero entre ella y yo no pasó absolutamente nada. No porque yo no quisiera, tengo que admitirlo es muy bella, sino porque ella fue la que no se mostró interesada en mí. - Dijo ante el asombro de Archie y de Annie, ya que ella sabía de la fama del muchacho y temía que le dijera mentiras a su novio. - ¿Así que este es el chico que te hacía suspirar en el Colegio? Vaya que pequeño es el mundo, me alegra verlos juntos. – Le dijo siendo honesto con ellos, lo cual no sabía porque no podía decir lo mismo del par de rubios que estaban del otro lado de la mesa, ambos se veían muy felices y enamorados y eso le causaba una incomodidad en su estómago.

-¿Quieres acompañarnos Terry? – Preguntó Anthony por ser cortés ante la manera en la que le había hablado su primo. – Si gustas decirle a la señorita... – Dijo ante el hecho de que sabía que no era la señorita Marlowe.

-Anthony tiene razón Terruce, puedes invitar a la señorita Marlowe a que se siente con nosotros. – Dijo Candy inocente al no conocer a la novia de Terry. – Anthony se sintió incómodo con el comentario de Candy, pero sabía bien que no era culpa de ella.

-Ella es solo una amiga. – Dijo Terry sin importarle mucho que lo hayan descubierto. – Es mi nueva compañera de teatro. – Volvió a decir.

-Ya veo. – Dijo Anthony sin querer inmiscuirse en la vida del joven, de todas formas él sabía lo que hacía.

-Bueno, me alegra saber que ya estas con tu familia. – Dijo volteando a ver a Candy, quien lo miraba tranquila cosa que a él le molestaba, estaba acostumbrado a ser siempre el que rompía corazones, pero el saber que Candy no le importaba absolutamente nada le molestaba, muy al contrario con Annie él siempre supo que a ella no le importaba y al principio le molestó, pero después sintió un gran alivio de no tener que batallar con esa chica que para su gusto era muy tímida y llorona. Sin embargo el ver a Candy tan desenvuelta y segura de sí misma al lado de ese joven le causaba incomodidad, no era posible que lo hubiera rechazado por él, incluso la misma Susana hablaba maravillas de ese joven y eso le incomodaba aún más.

-Gracias. – Dijo Candy desviando su vista por un momento a él para sonreírle en agradecimiento para después regresarla a su prometido.

-¿Cómo se encuentra la señorita Marlowe? – Preguntó Anthony.

-Ella está bien, en estos momentos está con su madre. – Dijo seriamente, recordando a su mujer.

-Me alegro. – dijo Anthony por último. Terry se retiró de nuevo junto a la actriz que reemplazaría a Susana en la obra, lo que se le hacía extraño a los Andrew era que la tuviera tan escondida en ese lugar. Los tres chicos imaginaron sus intenciones, cosa que a las chicas les pasó sin pena ni gloria, sobre todo a Candy quien seguía molesta con él por haber tratado de propasarse con ella.

La velada resulto de lo más tranquila después del pequeño incidente con Archie y Terry. Terminaron su cena y salieron a tomar algún carruaje para que los llevara a su casa.

-¿Cómo Anthony? ¿No traes tu Roll Royce? – Preguntó Stear quien estaba encantado con el Silver Ghost que había adquirido su primo después de que le entregaran su herencia, todo para no estar caminando todo el tiempo en la búsqueda de su pecosa.

-No hermanos, Candy y yo nos venimos en carruaje. – Dijo tranquilamente.

-Bueno, entonces si me permites yo los puedo llevar. –Dijo su primo ofreciéndose amable como siempre.

-Me parece muy bien. – Dijo Candy.

Terry venía saliendo también en compañía de la actriz, ya era tarde y también habían pasado una velada muy íntima esos dos. Alcanzó a escuchar el ofrecimiento de Stear para los rubios y no tardó en hacer lo mismo.

-¿Si gustan yo puedo llevarlos a su casa? –Dijo tranquilo, pero en su mirada demostraba que estaba bastante pasado de copas. Karen lo miraba confundida ya que esperaba que la llevara a su departamento y quizás se quedara a hacerle compañía.

-No, muchas gracias. – Contestó Candy amable pero firme.

-Muchas gracias Terry. - Agradeció Anthony. - Mis primos y yo vamos para el mismo rumbo. De todas formas agradezco tu amabilidad.

-¿No quieres que esté cerca de ti? – Preguntó dirigiéndose a Candy, estaba borracho y no medía lo que decía. -¿Aun no me perdonas? – Le decía indignado porque sentía su rechazo.

-Terry, tranquilízate por favor. – Le dijo Anthony tratando de entender el estado en el que se encontraba.

-Disculpa, fui un imbécil. – Le dijo a Candy, ignorando lo que el rubio le decía. Candy lo miró sorprendida por lo que decía.

-Lo fuiste, pero no tiene caso hablar de ello. - Dijo nerviosa porque ella no quería que su novio se enterara así de lo que había sucedido en Nueva York, ella no había tenido tiempo de contárselo.

-¿Qué sucede amor? – Preguntó Anthony confuso.

-Pasa que fui un imbécil con tu prometida. – Dijo sin ocultar su inconformidad con esa palabra.

-Terry tranquilízate por favor. – Le decía Karen y trataba de llevárselo de ahí, comenzando a sentir vergüenza con los chicos.

-¡No! ¡Ella tiene que perdóname! – Decía terco como cualquier borracho sin querer irse de ahí.

-¿Qué hiciste Terry? –Preguntó Anthony sintiendo cada vez que se incrementaba su enojo en contra del actor, al pensar en que había ofendido a su princesa.

-No te preocupes amor no paso a mayores. – Dijo Candy tratando de tranquilizar al rubio, sintiendo vergüenza porque las palabras del actor parecían ser mencionadas con un propósito doble.

-Pasa que fui un imbécil y traté de besar a tu novia, porque ella te prefería a ti. – Dijo eso sin medir sus palabras. Candy se sorprendió por lo dicho y Anthony lo tomó por la solapa de su traje indignado. Él que había fingido ser su amigo, lo hacía por el remordimiento que le causaba lo que había tratado de hacer.

-¡Anthony por favor! ¡No pasó nada! – Decía Candy asustada por la reacción del rubio. Stear rápido se fue a sostener a Terry, quien perdía el equilibrio cada vez más. Archie también trató de calmar a Anthony no quería que golpeara al imbécil ese, bueno si, pero no aprovechándose que no estaba en sus cinco sentidos.

-¿Por eso dijiste que tenías una deuda con ella? – Decía Anthony sintiéndose ofendido y la furia recorrer sus venas, incrementándose en su ser las ganas de golpearlo.

-¡Oh vamos, jardinero! – Dijo de nueva cuenta. – Tú abrazaste a mi mujer, estamos a mano. – Dijo con cinismo, no sabía porque pero quería provocar un problema entre ellos. Sonrió feliz y triunfante al ver como Candy ponía cara de sorpresa ante lo dicho, se imaginaba que él no le había mencionado nada a la rubia y lo confirmó con la reacción que ella había tenido, eso le hizo sentir una satisfacción en su pecho.

-¡Dirás que tú mujer me abrazó a mí! – Dijo Anthony para aclarar la situación, él no iba a permitir que ese imbécil lo hiciera quedar como un infiel, como alguien ruin como lo que estaba demostrando que era él. Candy estaba triste por lo que acaba de descubrir, sin embargo notó la sonrisa de satisfacción de Terry cuando decía esas palabras, noto que le causaba gozo haber creado un problema entre ellos, así que no le daría gusto, tenía que aclarar las cosas con su prometido, pero no le daría el gusto a él de verlos enojados.

-¡Eso dices tú! – Arremetió de nuevo, intentando hacer más grande el problema.

-¡Ya basta imbécil! – Dijo por fin Archie quien ya estaba cansado del actor y con gusto le partiría su linda cara.

-¡Ya basta! – Dijo Candy observando al actor. – ¿Estás feliz? Ya nos informaste de la situación, sin embargo que te quede bien claro que Anthony y yo nos amamos, tú no lograste forzarme a un beso. – Le dijo con orgullo, digna de ser como era. – Y tú mujer. – Dijo recalcando lo último. – Fue la que se arrojó a los brazos de mi prometido, ni él ni yo tenemos la culpa de sus inseguridades, Terruce Grandchester. - Dijo sin apartar su mirada de él, segura en lo que decía de defender al amor de su vida. - No cabe duda que la primera impresión que tuve de ti no fue tan equivocada. – Dijo por ultimo abrazándose a Anthony quien lo veía decepcionado, él había pensado que era un buen hombre y que tal vez podrían llegar a ser amigos.

Terry se quedó ahí parado junto a Karen, sintiéndose un imbécil por haber querido desatar una pelea entre dos personas que le habían brindado una amistad sincera. Karen lo miraba también desilusionada, había arruinado la noche que según ella era para los dos, pero no dejó de hablar de tonterías y lo que había hecho era obligarla a no seguirle el juego, era una lástima para ella ya que le gustaba bastante de verdad, y había pensado en quitárselo a la ilusa de Susana. Karen decidió ayudar al actor a llegar a su departamento, mientas observaba que los Andrew se iban en el automóvil de Stear en silencio.

El silencio que había en el ambiente era muy tenso, Anthony y los chicos habían ido en el asiento de enfrente y las chicas viajaban en la parte trasera, nadie hablaba tan solo se concentraban en el camino.

-¿Anthony estás bien? – Preguntó Stear, ya que el rubio había sido el más afectado de todos.

-Si Stear, no te preocupes, estoy bien. – Decía más sin embargo, su molestia se acrecentaba al pensar que había confiado en ese idiota y él solo había pensado en estar cerca de su Candy. Anthony sabía bien que Candy estaría muy molesta por lo que había ocurrido con Susana, por eso mismo no lo había mencionado, no quería tener un problema con ella nunca imaginó que sería el mismo Terry el que lo hubiera descubierto. Sabía que no había hecho nada malo, sin embargo también sabía que a pesar de que Candy había dicho que ninguno era culpable, su actitud era con él era evasiva, nadie lo había notado, sin embargo nadie conocía mejor a la rubia que él mismo.

Stear se dirigió a la casa de los Britter para dejar a Annie, quien se retiraba a su residencia triste por lo acontecido, pero a la vez tranquila de que Terry no la había afectado a ella, siempre había sido un imbécil en el colegio, pero con ella nunca había tratado de propasarse.

-Lo siento mucho Candy. – Le dijo a la rubia sintiéndose responsable de la situación sin saber por qué.

-No te preocupes Annie. – Le dijo con una sonrisa. Archie la acompañó hasta la entrada de la mansión y regresó tomando su lugar, dejando a las dos damas en la parte trasera.

Llegaron a la mansión de los O'Brian y Patty bajó con la ayuda de Stear quien se fue a acompañarla igual hasta la puerta, tardaron un poco despidiéndose ya que ellos eran los únicos que no habían salidos afectados por el imbécil de Grandchester.

-¿Crees que estarán bien? – Preguntó Patty a Stear, sintiendo pena por como terminaron las cosas.

-¿Candy y Anthony? – Preguntó confundido. Patty asintió. – Por supuesto, no te preocupes ellos se aman y no van a permitir que un estúpido como ese los separe. Además ellos no tienen la culpa de arrancar suspiros en los demás. – Dijo por último echando un vistazo hacia el carro para cerciorarse que sus primos no estuvieran volteando hacia ellos, una vez que comprobó que los tres estaban mirando a otro lado, tomó a Patty por la cintura y le plantó un beso tan apasionado que dejó a una Patricia suspirando con ganas de volver a repetirlo. Stear le sonrió y guiñó un ojo. – Te veo mañana, mi amor. – Le dijo haciéndola sonrojar por lo dicho.

-Hasta mañana, mi amor. – Le contestó completamente ruborizada y con una sonrisa anhelando pasaran pronto las horas.

Regresó al auto, y Anthony ya estaba en el asiento trasero acompañando a la rubia, los cuatro chicos iban en camino de la mansión Brower, en pocos minutos estaban estacionando el coche en la entrada. Stear apagó el auto por completo y volteo a ver a Candy, sentía la obligación de abogar por Anthony, ellos sabían bien como habían sido las cosas.

-Candy, Anthony no tiene la culpa de lo que sucedió. – Le dijo ante la sorpresa de todos, quienes no se esperaban que Stear hablara de lo ocurrido. Anthony se sentía como si hubiera hecho algo muy malo, pero sabía cómo abordar el tema.

-Lo sé Stear, no te preocupes. – Dijo Candy con una sonrisa dedicada a su primo.

-Me da gusto, gatita. – Dijo Archie quien también la miraba como suplicándole que no fuera muy ruda con su primo. Anthony seguía en silencio solo escuchando la conversación de sus primos. Él también se sentía incómodo.

-Bueno muchachos, muchas gracias por todo. – Dijo Anthony con una sonrisa, los muchachos se bajaron del auto para despedirse con un abrazo. Una vez que se fueron, Anthony tomó la mano de Candy entrelazándola con la de él y avanzaron hacia la puerta de la mansión. Antes de entrar Candy se giró a ver a Anthony a los ojos.

-¿Estas molesto? – Pregunto ella directa.

-¿Tú estás molesta? - Le contesto con otra pregunta.

-¿Por qué no me lo dijiste? – Contestó Candy con otra pregunta de nueva cuenta, dándole a entender a Anthony que si estaba molesta.

-No quería causar un mal entendido entre nosotros, no consideré importante lo que sucedió y además el tiempo que pasamos juntos prefiero pasarlo hablando de nosotros que de otras personas. ¿Por qué tú no me comentaste lo que hizo Grandchester? – Preguntó ahora él, quería saber porque se lo había ocultado.

-Por vergüenza. – Dijo Candy bajando la mirada. – Nunca nadie me había ofendido tanto, pensé en decírtelo, pero cuando me dijo mi tía que te habías hecho amigo de él no quise causarte un problema con él. – Dijo tímida. Anthony la tomó por la barbilla y le levanto su rostro el cual permanecía viendo hacia el piso.

-Mírame Candy. – Le dijo en un susurro. Candy abrió los ojos y los fijó en los de su amado encontrando el más dulce y sincero amor que pudiera haber visto en los ojos de alguien. – Te amo, princesa. – Le dijo besando sus labios dulcemente. – Nunca dudes de ello. – Le habló con tanta dulzura mientras entre beso y beso le confirmaba su amor por ella. Candy recibía sus besos, feliz, correspondiendo a esa caricia que ella tanto anhelaba.

-Yo también te amo mi príncipe. – Le dijo abrazándolo con más fuerza a su cuerpo, colocando sus brazos alrededor de su cuello buscando un mayor contacto, queriendo expresarle no solo con palabras lo que sentía por él. – Nunca dudes, ni siquiera pienses que no te amo, eres mi primer y único amor, eres el amor de mi vida. – Le dijo muy cerca de su oído, haciendo que la piel del cuerpo de Anthony reaccionara erizándose por completo, provocando un calor que iba en aumento junto a su respiración.

Anthony buscó su boca una vez más y la aprisiono con ansía e ímpetu aferrándose a su cintura mientras ella lo hacía a su cuello, sus respiraciones se agitaban. Anthony dejó de besarla y puso su frente en la de ella, tratando de tranquilizar a su cuerpo que ya comenzaba a reaccionar, sin embargo la visión que obtuvo al bajar su mirada fue maravillosa. La respiración agitada de Candy provocaba que su pecho subiera y bajara a un ritmo acelerado y no podía apartar su vista de ese movimiento, impidiendo que su cuerpo se tranquilizara, la vista era una delicia, se alcanzaba a ver el nacimiento de sus senos, se veían tan suaves y tan blancos, y de pronto recordó la calidez que habían sentido sus manos al posarlas ahí, sobre la ropa, sería una delicia tocarlos sin tela alguna que los estorbara.

-¿Estás bien? – Preguntó Candy sacándolo de esos pensamientos que lo estaban asaltando.

-Si mi vida. – Le dijo volviendo a mirarla a los ojos, sin embargo Candy advirtió la mirada oscurecida de su amado que apenas se podía percibir en la oscuridad de la noche. – Estoy bien. – Volvió a decir tratando de controlar su respiración.

Ambos rubios entraron a la mansión, Anthony veía a Candy enamorado, se veía realmente hermosa con ese vestido, le hacía resaltar la belleza de su cuerpo y los zapatos le estilizaban lo poco que se veía de sus piernas, la dejó avanzar un poco para poder observarla detenidamente, ya que no había tenido tiempo de hacerlo el día anterior, ya pasaba de la media noche, así que ya era otro día.

-¿Sucede algo? – Preguntó Candy al ver que su amado príncipe se quedaba a medio camino en el salón.

-Te estoy observando. – Le dijo seguro.

-¿Ah sí? – Preguntó Candy divertida. – No me dijiste que te pareció mi vestido. – Le dijo coqueta dando una vuelta para mostrar su apariencia. Anthony no respondió, simplemente se acercó a ella lentamente, mientras Candy lo esperaba ansiosa.

-Me gusta cómo se te ve ese vestido. – Le dijo abrazándola a su cuerpo. – Pero más me gustas tú. – Volvió a decirle al momento de besarla una vez más. Candy sonrió tímida sin embargo lo recibió con ansias, feliz de saber que solo era ella la única mujer a la que amaba. Los besos se intensificaban y estaban en medio del gran salón. Candy se sintió un poco incómoda al sentirse expuesta ante la posible mirada de alguno de los señores Green o de su tía Rosemary.

-¿Sucede algo? – Preguntó Anthony al sentir su incomodidad.

-Nos pueden ver. – Dijo apenada ocultando su rostro en su pecho, acción que hizo que Anthony sonriera. La tomó de la mano travieso y la dirigió al despacho para estar un rato a solas con ella, ya lo necesitaban, desde su encuentro en el parque aquel día no había tenido la oportunidad de estar con ella a solas y ya extrañaba hacerlo.

-¿Sucede algo? –Preguntó ella sabiendo bien que él quería estar con ella a solas, ella también lo deseaba pero le daba vergüenza admitirlo. Anthony negó con un movimiento de cabeza.

-Solo quiero estar un rato a solas contigo. – Dijo con su maravillosa sonrisa, Candy le correspondió. Ambos se sentaron de nuevo en aquel diván que había sido testigo de su reencuentro, solo que esta vez Anthony encendió solo una pequeña lámpara que los iluminara parcialmente su estancia en ese lugar. Candy lo veía enamorada, su cuerpo era perfecto y cada uno de los movimientos que hacía le permitía deleitarse con su figura, ella lo esperaba sentada en ese diván, mirando curiosa que era lo que hacía antes de sentarse a su lado. Anthony la besó con un leve roce en los labios y Candy suspiró enamorada, dejando escapar el aire de sus pulmones, aquel que se había alojado en ellos desde que lo vio levantarse a encender la luz del despacho.

El beso era muy dulce, tierno, lento, como si ambos tuvieran miedo de hacerlo, como si fuera el primer beso entre dos enamorados que apenas estaban conociéndose. Candy iba haciéndose hacia atrás conforme Anthony se acercaba más a su cuerpo, sintiéndose acorralada entre el diván y el cuerpo de su amado, hasta que tocó la superficie del diván con su cabeza. Anthony retiró el cabello de su hombro, colocándolo en la parte de atrás, deshaciendo el peinado que se había mantenido en su lugar toda la noche. Continuó besándola con ternura, delicadamente como quien besa una rosa con miedo a deshojarla.

Candy cerraba sus ojos disfrutando ese dulce beso tan tierno y tímido que le daba su amado. Anthony quería hacerlo así, delicadamente para según él controlar las sensaciones que despertaban en su cuerpo, según él de esa forma sería menos intenso el despertar de su pasión. Las caricias que se hacían iban lentamente, Anthony recorría su cuerpo desde sus mejillas hasta su cuello, deteniéndose en el al no saber si volver a sentir la calidez de su seno, no era la primera vez que lo hacía, sin embargo no quería llegar a ofender a su amada. Candy sintió la necesidad de recorrer el camino que ya tenían trazado más de una vez y lo aferró un poco más a su cuerpo al obligarlo a bajar un poco más su cuerpo al de ella, ya que él se detenía con su mano derecha para no recostarse completamente sobre ella. Esa pequeña acción hizo que Candy sintiera por fin aquello que había anhelado volver a sentir, desde aquel baile el cuerpo de su amado había reaccionado de una manera que a ella si bien al principio le causó asombro, la separación y los sueños que había tenido le habían despertado una curiosidad inmensa de volver a sentir ese contacto que la había hecho estremecer en su más íntimos sueños. Anthony a pesar de estar actuando con cautela, los besos tiernos y dulces que le proporcionaba a su amada no le disminuían para nada el deseo que se despertaba en su cuerpo por poseer el de su pecosa, al contrario su parte baja ya había despertado y buscaba por naturaleza terminar lo que había empezado.

Se sintió incómodo al sentir que su ropa comenzaba a estorbar anunciándole el por qué, se detenía con mayor fuerza con su brazo para no colocarse encima de ella y que advirtiera su estado, sin embargo cuando Candy se aferró más a su cuerpo provoco que su brazo cediera y se recostara de lleno en su cuerpo, uniendo sus partes íntimas sobre la ropa, un movimiento que hizo a ambos abrieran sus ojos y se observaran sorprendidos abriendo sus bocas con sorpresa por la agradable sensación que ambos habían tenido.

Anthony esperó la reacción de su pecosa, expectante, fue cuestión de segundos y Candy cerraba sus ojos comenzando a ofrecer sus labios de nueva cuenta, Anthony comprendió lo que ella anhelaba y comenzó a besarla nuevamente, igual como lo había estado haciendo, con dulzura, con mucha ternura, deslizó su mano hacía el sur y se encontró con su bello seno, el cual estaba cubierto solo parcialmente, dejando asomar un poco de piel por la parte superior del escote, Candy comenzó a moverse por instinto aferrándose más a su cintura, provocando un mayor contacto, mientras Anthony dirigía sus besos a su cuello hasta llegar lentamente hasta el nacimiento de sus senos, los cuales aspiró deleitándose con su aroma y comenzó a recorrerlos con su lengua, esto provocó que Candy lanzara un suspiro bastante audible haciéndola arquear su espalda al mismo tiempo, encontrándose de lleno con la virilidad de su amado, quien reacciono igual que ella suspirando fuertemente, provocando un movimiento lento que le agradaba a ambos. El movimiento de sus cuerpos era algo que estaban disfrutando bastante, sentir la fricción de sus partes íntimas los obligaba a olvidarse de todo en ese momento, solo se concentraban en sentir. De pronto Anthony sintió ese anillo que había colocado un día en su princesa, como promesa que la respetaría hasta que estuvieran casados, aquel día que le propuso huir juntos, eso hizo que detuviera poco a poco sus movimientos a pesar de lo bien que se sentía, detuvo los besos en el escote de su amada y abrió los ojos para buscar los de ella, ambos estaban con los rostros colorados, no por la vergüenza, sino por el placer que se habían brindado. Él trato de controlar su respiración y Candy comprendió que habían llegado bastante lejos, comenzando a sentir vergüenza por parte de ella.

-Lo siento. – Dijo desviando su mirada de lado.

-No, hermosa. – Le dijo Anthony con un susurro y levantándose de su cuerpo. – Yo lo siento, no es que no tenga ganas de hacerte mi mujer, porque si las tengo, y muchas, me tienes loco, muero por descubrir tu cuerpo y hacerte mía por fin. – Le dijo siendo sincero. – Sin embargo yo te había prometido respetarte hasta el día de la boda, y la verdad se me está complicando demasiado. – Le dijo con una sonrisa amarga. Candy se acomodó el vestido, el cual tenía debajo de sus hombros y se acercó a él para abrazarlo.

-Yo me siento igual que tú. – Confesó tímida, abrazándose a su cuerpo, él la recibió feliz y besó su coronilla.

-Lo sé hermosa. ¿Sabes? En cuanto llegue mi abuelo le diré que vayamos a pedirle tu mano al tío William.

-¿De verdad? – Preguntó ilusionada.

-De verdad amor, no creo poder resistir mucho más tiempo. – Le dijo tomándola por el cuello y acercando sus frentes combinando sus respiraciones.

Anthony la acompañó hasta su habitación, dando un casto beso en sus labios para evitar así volver a descontrolarse, ella agradeció la noche que habían pasado, que si bien no había sido muy buena gracias a Terry, habían terminado por rescatarla muy bien al final de cuentas.

-Descansa mi vida. – Le dijo besando su frente con ternura.

-Tú también amor, descansa. – Le dijo Candy con un suspiro de enamorada. Ella se adentró a su habitación dispuesta a dormir y Anthony se retiró a la de él para darse un baño en medio de la noche para tranquilizar un poco su cuerpo, lo necesitaba y sabía que solo así lo lograría.

A la mañana siguiente al ser sábado Anthony no tenía que levantarse para ir al hospital, así que se levantó, se arregló y bajó rumbo al comedor con la esperanza de encontrarse con su amada. Sin embargo el silencio del pasillo le hacía ver que tal vez aún seguía dormida, decidió dejarla dormir un poco más y fue en busca de su madre, que sabía bien se encontraba en el jardín a esas horas, a Rosemary le gustaba trabajar los sábados muy de mañana para aprovechar que no estaba tan fuerte el sol.

-Buenos días madre.

-Buenos días hijo. – Le respondió con una sonrisa. -¿Cómo les fue anoche? – Preguntó esperando que le platicara su velada.

Anthony le contó a su madre lo que había sucedido y esta se sentía un poco decepcionada del joven Grandchester ya que también ella había creído que era diferente.

-¿Qué piensas hacer?

-¿Con Terry? –Rosemary asintió. –Nada madre, él así es, es una persona indecisa en sus sentimientos y eso es algo en lo que yo no pienso involucrarme. –Le dijo siendo honesto.

-Tienes razón hijo, ¿Candy qué opina?

-Ella es tan maravillosa madre. – Le dijo enamorado, Rosemary vio en su mirada algo diferente que la alertó de inmediato. –Ella me ama madre, Terry no la incomoda siquiera. – Dijo recordando el trato que le había dado a aquel joven.

-Me alegra saber eso. ¿Sucedió algo más? – Preguntó indagando en los ojos de su hijo.

-¿Por qué lo preguntas? – Le preguntó algo confuso, conocía a su madre y sabía que algo había intuido o algo quería averiguar.

-Te veo diferente. –Dijo solamente. Anthony sonrió feliz.

-Nada de qué preocuparte madre. – Le dijo para tranquilizarla, sin embargo Rosemary lo veía de una manera que sabía bien que algo sabía o algo había visto, esperaba que no porque le daría pena reconocerlo o que lo separaran de Candy por no haber podido controlarse. – No te preocupes. – Volvió a decir para tratar de darle seguridad.

Ambos entraron a la mansión abrazados para desayunar ya que se hacía tarde, Candy se había levantado y se dirigía al comedor al darse cuenta de la hora que era.

-Lo siento. – Dijo apenada al encontrarse con su amado y su tía que iban rumbo al comedor.

-No te preocupes Candy. – Dijo su tía buscando algo en su mirada. Encontrando lo que tanto había buscado. – Es temprano aún para el desayuno. – Le dijo con una sonrisa y volteo a ver a Anthony quien bajó la mirada apenado. No habían hecho nada malo, sin embargo la expresión que tenían sus rostros reflejaban una felicidad que era imposible de ocultar. Rosemary sabía que ese par iba avanzando poco a poco en su trato y eso la hacía estar alerta, no porque se opusiera a algo que era completamente natural, sino porque no quería que Candy pasara por lo que estaba viviendo Eliza, ni por lo que ella tuvo que pasar cuando salió embarazada de Anthony, ya que ella también se había dejado llevar por sus hormonas cuando la habían separado de su capitán y a pesar de que se había casado ya embarazada, el estrés que sufrió para que sus padres no se enteraran de ello fue algo que no le deseaba a nadie. Tenía que hablar con Albert cuanto antes.

Continuará…

"Love is in the air" dicen por ahí jajajaja estos niños se quieren comer la torta antes del recreo, pero su mamá ya se dio cuenta, veremos que medidas toma para evitar que suceda jejejeje pobres en fin, de que han tenido postre han tenido pero les falta el plato fuerte ya que tienen mucha hambre.

Espero que les haya gustado mucho el capítulo. Quiero agradecer a las nuevas lectoras que se han sumado a esta historia, los últimos capítulos han aumentado en lectoras y en vistas creo que es porque estos dos están que arden jajajaja me da gusto que sigan aumentando las visitas, ojalá se animaran también a dejar su comentario, así sea en otro idioma, total google traduce jajajaja ya que no entiendo otro idioma mas que español e inglés aunque sé un poco de spanglish pero no me gusta jajajajaja

Bueno hermosas señoras nos vemos a la próxima!