Hola hermosas, como ya saben de memoria, los personajes no me pertencen sin embargo la historia es única y exclusivamente mía, así que queda prohibido el plagio de ella. Lo hago sin fines de lucro solo por diversión, no es apta para menores de edad ¡COMENZAMOS!
LAZOS DE AMOR
REMORDIMIENTOS DESPUÉS DE LA RESACA
CAPITULO XXIX
El día era perfecto para salir a pasear y los Brower se disponían a alistarse para salir y visitar la mansión de los Andrew, ya tenían días que no iban a visitarlos. En eso tocaron a la puerta y la señora Alondra se encargó de abrir, eran cuatro personas las que se encontraban en la puerta y había un carruaje esperando en la parte final de las escaleras.
-¿Quién es señora Green? – Preguntó Rosemary a quien se le hizo raro que llegara visita tan temprano.
-Dicen que vienen de parte de Madame Mon Bijou. – Dijo la buena mujer riéndose de sí misma por la manera que pronunciaba el nombre que le habían dado. Anthony miró a su mamá un poco confundido, mientras Candy observaba a su tía imaginándose de que se trataba.
-Tía no era necesario que hicieras eso. – Le dijo apenada, mientras su novio la miraba con ternura por la actitud que mostraba.
-¿Qué sucede mi amor? – Le dijo abrazándola a su cuerpo con cariño, mientras la besaba en su mejilla.
-Se me había olvidado mencionarte. – Le dijo Rosemary a su hijo. – Lo que sucede es que no habíamos reparado que Candy había abandonado toda su ropa en Nueva York y que lo demás está en Lakewood. – Anthony la escuchaba atento. – Hasta ayer que tenía que arreglarse para la cena, caí en cuenta que no tenía guardarropa, así que me tomé la libertad de comprarle uno, el cual te corresponde pagar a ti que eres su futuro esposo. – Le dijo con un toque en su nariz, Anthony le sonrió divertido a su mamá y luego posó la mirada en su prometida quien seguía con la mirada en el piso sintiendo cada vez más pena por lo sucedido.
-Hágalos pasar señor Green. – Dijo Anthony con una sonrisa, estando de acuerdo en lo que su madre había hecho. – Gracias madre, no sé qué haría sin ti. – Le dijo dándole un beso en su frente y acercándola a él con su otro brazo.
-Lo sé. – Le dijo Rosemary correspondiendo a su abrazo y guiñándole un ojo en señal de complicidad, señalándole con un gesto a Candy. – Iré a decirles donde pongan todo. – Dijo separándose de su hijo para dirigirse a la entrada y ordenar donde dejar todo el mundo de cajas que llevaban.
-¿Qué sucede mi vida? – Le pregunto levantando con dulzura su rostro para ponerlo al frente del suyo, atrapó sus labios una vez que la tuvo de frente, no podía resistirse a sus carnosos labios rosados que tenía frente a él, eran toda una tentación. Candy correspondió al dulce beso y después contestó su pregunta.
-Me siento avergonzada por todo lo que mi tía compró. – Dijo siendo honesta. – La verdad no necesito tantas cosas, con el uniforme y los vestidos que traje lo he pasado muy bien. – Le dijo con una sonrisa, Anthony le correspondió con la sonrisa más dulce que tenía.
-No lo dudo mi amor. – Le dijo dándole un corto beso. – Pero ahora eres mi prometida, mi futura esposa y todo lo mío es tuyo, y quiero compartirlo contigo y no me pesa en absoluto en darte los lujos que mereces. – Le volvió a decir atrapando una vez más sus labios con un beso húmedo, lento y apasionado. – Te amo princesa. – Le dijo en un susurro. – Nunca tengas pena conmigo, para eso soy tuyo, para que me tengas la confianza de pedir lo que necesites o desees. – La tomó del rostro con ambas manos y se sumió ansioso en sus labios, besándola dulcemente, con besos húmedos y lentos que solo hacían que se olvidaran de lo que sucedía a su alrededor, escuchando únicamente el sonido que provocaban sus labios al estarse demostrando su amor.
Un ligero carraspeo se hizo presente, lo cual hizo que los dos rubios se separaran de golpe de ese apasionado beso.
-Ya quedó todo listo Anthony. – dijo Rosemary divertida por la reacción que había causado al romper la burbuja romántica de los muchachos.
-Muy bien madre. – Dijo Anthony tratando de controlar su voz al responderle. Candy se fijó en todas las cajas que habían dejado y quedó sorprendida, el día anterior solo había visto unas cuantas cajas en comparación de las que habían llegado.
-¡Tía, creo que son bastantes cosas! – Dijo sorprendida al ver todo lo que había llegado.
-¡Claro que no! – Dijo Rosemary defendiéndose por todo lo que le había comprado, y eso que no todo había llegado, ya que había encargado algunos atuendos para su sobrina para cuando estuviera ya casada con su hijo, las cuales llegarían dentro de unas semanas ya madame Monique tenía que dedicarse a confeccionarlas porque eran piezas exclusivas para su sobrina, como todo lo que le habían llevado. – Todo esto es lo que una chica joven y bonita necesita. –Le dijo guiñándole un ojo a su sobrina y volteando a ver a su hijo. – Así mi hijo te verá más hermosa y no tendrá ganas de voltear a ver a nadie más. – Dijo a sabiendas de lo celosa que era Candy y con ello la obligaría a aceptar las cosas.
-No hace falta tanto para eso. – Le dijo abrazándola por la cintura y acercándola más a él. – Candy es la única mujer que me hace suspirar. – Dijo volteando a ver a su madre, quien lo miraba con travesura por lo que decía, definitivamente tendría que actuar rápido, lo bueno que el señor Brower llegaría pronto para hacerse cargo de la pedida de su sobrina.
Alondra ayudaba a subir las cajas que habían llegado al cuarto de Candy para asegurarse de que todo quedara en su lugar, pero al tomar una de las cajas esta cayó al suelo abriéndose al tocar el piso, el contenido quedó al descubierto de los pies de Anthony, nadie más había percibido lo que sucedió ya que Anthony había dicho a la señora Green que él se encargaba de ello. Candy y Rosemary se habían adelantado para indicarle a la señora Green donde acomodar cada una de las cosas. Cuando Anthony recogió el contenido de aquel paquete, se desenvolvió del papel en el que estaba envuelto y pudo apreciar que era un coqueto corsé de color blanco con listones rosas adornando los bordes y terminaban en un coqueto moño que se anudaba en el centro donde se ubicaban las copas del mismo, la mirada de Anthony fue todo un poema al imaginar esa prenda en el cuerpo de su pecosa, se había sonrojado bastante por lo que había encontrado, pero a la vez estaba satisfecho por lo coqueto de la prenda y agradecía mentalmente a su madre por haber ayudado a su pecosa a elegir tan delicada prenda. Tomó otras dos cajas de las que aún quedaban abajo y las colocó entre la que se había abierto para disimular cual era la que se había caído, al llegar a la habitación de Candy aún seguía con el rostro sonrojado por las imágenes que su mente le había desatado.
-¿Te encuentras bien hijo? – Preguntó su madre al verlo tan colorado y a la vez pensativo.
-¿Eh!? Si madre, no te preocupes. – Dijo tratando de poner atención en lo que hacía, Candy le sonrió al verlo entrar y él se quedó mirándola embelesado.
-¿No se ha roto nada? – Preguntó la señora Green ya que ella era la única que sabía que se había caído una de las cajas.
-No lo sé. –Contestó Anthony. – Creo que no. – Dijo retirándose de la habitación de su prometida, no sin antes enviarle un beso a la distancia y dedicarle una coqueta sonrisa seguida de un guiño de ojos. – Con permiso bellas damas. – Dijo como todo un caballero.
-¿Sucedió algo? – Preguntó Rosemary por la pregunta de la señora Green.
-Lo que sucede es que se me cayó una de las cajas. – Dijo apenada. – Y pensé que tal vez había roto algo, pero el señorito me dijo que él se encargaba de ello. – Dijo la mujer algo inquieta por que tal vez había ocasionado que algo se rompiera.
-No se preocupe señora Green, las cajas que trajo mi hijo solo son de ropa. – Dijo Rosemary tomando atención que a las cajas que había llevado Anthony, las tres correspondían a los conjuntos coquetos de corsé y ropa interior que había elegido para su sobrina, sonriendo traviesa al entender cuál era el sonrojo que cubría el rostro de su hijo cuando se hizo presente. – Hay mi niño, y te irás de espaldas cuando los veas puestos. – Pensó divertida sin advertir a nade de lo que había descubierto.
Una vez que terminaron de arreglar las cosas Candy se dio un baño para arreglarse e ir a visitar a su familia, tenía unos días de no verlos y a decir verdad los extrañaba, incluso a su padre. Candy eligió sola la ropa interior que llevaría puesta eligiendo casualmente aquella prenda que su amado había tenido entre sus manos, sin saber porque la acercó a su rostro y se le figuró que tenía el aroma de su amado, con un poco de dificultad de la colocó y trató de ajustarla en la parte trasera, en eso tocaron a la puerta sintiéndose sorprendida en el acto.
-¿Quién? – Preguntó con cautela.
-Soy yo hija. – Dijo Rosemary tranquilamente, quería saber si ya estaba lista o necesitaba un poco de ayuda.
-Adelante tía. – Dijo Candy un poco tímida, pero ya antes su tía la había ayudado a ajustarse su ropa interior.
-¡Candy! ¡Te ves divina! – Dijo Rosemary al encontrarse con la rubia enfundada en un corsé blanco con listones en los bordes de color rosa y en el centro formaban un moño que lo hacía ver más coqueto, el gran calzón que cubría hasta sus muslos se unían a unas medias que cubrían sus blancas piernas, ya se había calzado con unas botas de tacón medio que le llegaban hasta debajo de las rodillas. – Deja que te ayude a ajustar el corsé. – Le dijo mientras se colocaba detrás de ella para ajustar el listón del corsé en los ovillos del mismo, apretándolo de tal manera que el busto de Candy se acentuaba y la cintura se afinaba, provocando que su figura quedara fina y esbelta.
-Muchas gracias tía, aún no puedo colocármelo yo sola. – Dijo tímida.
-No te preocupes mi niña, uno nunca lo puede hacer, ¿Si quieres podemos contratar a alguien que te ayude a vestir? – Preguntó cómo dándole una idea a su sobrina. – Aunque ya casada lo más seguro es que mi hijo se encargara de ayudarte a ajustar la prenda. – Le dijo con un tono travieso que hizo avergonzar a Candy. – Vamos mi niña, no te pongas así, es lo más normal del mundo. El amor y la confianza entre una pareja es lo que las lleva al éxito. Si eres tímida y reservada con él, lo único que puedes ocasionar son problemas en la relación ya que él puede pensar que no estás cómoda o que te desagrada su presencia.
-No, para nada, al contrario. – Decía con su tono de voz tímido. –Yo confío mucho en Anthony, sé que él me ama y que quiere lo mejor para mí, al igual que yo quiero lo mejor para él. – Decía recordando las veces que se habían demostrado su amor y que Anthony le decía que confiara plenamente en él.
-Me da gusto ver que es así Candy, mi hijo te ama y es un gran hombre y también muy apasionado, por ello deben de tener cuidado hasta donde llegan. – Le dijo con sinceridad. – Ante todo es un hombre y también busca su satisfacción. – Dijo sin ser atrevida ni mucho menos ofensiva con su sobrina. Candy la escuchaba y entendía bien lo que quería decir.
-No te preocupes tía, Anthony no me ha faltado al respeto ninguna vez, él es todo un caballero. – Le dijo para darle seguridad a su tía y que comprendiera que en ninguna de las veces que habían estado juntos él se había propasado o había hecho algo que la incomodara, al contrario ella estaba de acuerdo hasta donde habían llegado juntos. Rosemary sonrió tranquila, más sin embargo no se le quitaba de la cabeza que tenían que hablar con su hermano lo ante posible.
Llegaron a la mansión de los Andrew y Anthony iba feliz junto a su amada, en la parte trasera viajaba su madre, quien iba del mismo ánimo simplemente por ver feliz a sus dos hijos. Alfred salió de la mansión para ayudar a bajar a la señora Rosemary, quien fue la primera que descendía del auto mientras Anthony se encargaba de abrirle la puerta a su pecosa.
-Por aquí bella dama. – Le decía jugando con ella mientras le tomaba de la mano y le hacía una reverencia. Candy reía divertida y tomaba su mano mientras lo veía como hacía la reverencia.
-Que amable es usted caballero. – Le decía siguiendo su juego.
-Bienvenidos, señora Rosemary, joven Anthony, señorita Candy. – Decía con cariño Alfred al ver a aquellas personas que él tanto apreciaba.
-Muy buen día Alfred. – Contestó Anthony dándole una palmada con afecto en su hombro.
-Bienvenidos joven. – Dijo correspondiendo con una sonrisa a su gesto.
-¡Anthony!, ¡Tía, Candy! – Decía Stear quien iba al encuentro de los recién llegados. – Que bueno que vinieron a visitarnos. – Dijo emocionado.
-Buenos días Stear. – Respondieron todos los recién llegados, mientras Stear besaba las manos de su tía y su prima y abrazaba feliz a su primo.
-¿Dónde están los demás? – Preguntó Anthony al ver que se veía un poco escueta la mansión.
-Archie fue por Annie, la tía abuela está en su habitación, y Elisa salió al jardín junto al tío Albert, Dorothy y Alejandro.
-¿Tú no irás por Patty Stear? – Preguntó Candy curiosa.
-Desde luego, solo estoy esperando que llegue Archie con el auto, lo que sucede es que salió a desayunar con Annie y es hora de que no llega.
-¿Si quieres puedes usar mi auto Stear? –Dijo Anthony ofreciendo su auto amablemente a su primo, él sabía que le encantaba manejarlo.
-¿Lo dices en serio Anthony? – Preguntó sorprendido.
-Por supuesto, sabes que no hay problema por eso.
-Te lo agradezco, y te tomo la palabra ya que le dije a Patty que iría por ella para que nos acompañara a comer aquí en la mansión.
Todos se dirigieron al jardín para encontrarse con los demás los cuales se encontraban en el jardín jugando con Alejandro, quien los tenía cansados de tantos juegos que los ponía a hacer.
-¡Candy! – Gritó el pequeño niño cuando vio a su hermana aparecer por la puerta que llevaba al jardín.
-¡Alejandro! – Dijo Candy emocionada al ver a su hermanito correr hacia ella para saludarla. Lo levantó en brazos y le dio un beso emocionada de verlo. Albert a lo lejos los observaba sintiendo un extraño orgullo que jamás había sentido de ver a su hija, se veía hermosa, ya era toda una mujercita y se había convertido en una sin él siquiera haberlo notado. Candy usaba un vestido color palo de rosa que se ajustaba a su cintura y los tirantes que le adornaban formaban unos grandes moños en cada lado, la falda era amplia y larga y las botas blancas que calzaba la hacían ver mucho más elegante que antes, su cabello estaba recogido en una cola alta adornada con un sombrero que hacía juego con el cinto de su vestido. Albert sonrió con melancolía al recordar a su difunta esposa, ella se parecía tanto a ella y a la vez se parecía tanto a Alejandro, de pronto Anthony se unía a ellos en un abrazo rodeando a su novia por los hombros y dando un cálido beso a Alejandro en la cabeza. Albert sintió una melancolía en lo más profundo de su ser al recordar que aquella imagen una vez le había cruzado por su cabeza, pero siendo otros los protagonistas.
-¿Sucede algo? – Preguntó Dorothy dudosa al ver la manera en la que Albert veía al trío de rubios que permanecía abrazados. Volteo a ver a Dorothy y le sonrió tranquilo, con una sonrisa sincera.
-Nada amor, no te preocupes, solo recuerdos. – Le dijo dejándola tranquila con la explicación, Dorothy sabía bien que Albert siempre pensaría en su difunta esposa y ella lo entendía, ella también siempre pensaría en su difunto esposo aunque de manera diferente en como él lo hacía, pero sería tonto ponerse celosa de una persona que ya había sido juzgada por Dios, así que solo le dedicó una sonrisa comprensiva y se abrazó a su pecho.
-Los recuerdos son lo que nos hacen las personas de hoy. – Le dijo simplemente, y tenía algo de razón ya que ella recordaba a su ex marido y trataría de no volver a ser aquella mujer que él había destrozado al haber provocado la muerte de su hijo. Un suspiro, Dorothy recordó a su hijo mayor y suspiraba triste al pensar que él podría haber estado a su lado en ese momento. – Sería un muy buen mozo. - Pensaba al recordar a aquel pequeño bebé de cabello negro y grandes ojos azules, que muy a su pesar era muy parecido a su padre pero le gustaba soñara que hubiera sido muy diferente en la forma de ser. Las palabras de Rosemary la hicieron regresar a su presente.
-¡Buenos días familia! – Dijo con su ya habitual alegría.
-¡Buenos días! – Contestaron todos felices de ver a casi todos juntos.
-Bueno yo regreso en un momento. – Dijo Stear una vez que ya los había acompañado al jardín para que se reunieran con los demás.
En un pequeño departamento que se ubicaba en el centro de la ciudad un joven rebelde de cabellos largos y cafés y de ojos azules, despertaba ya casi entrado el medio día, se encontraba completamente desnudo, cubierto únicamente con una sábana por sus partes nobles, dejando a la vista de la fémina que se encontraba sentada frente a él su bien trabajado torso, y sus largas y fuertes piernas. Se sostenía la cabeza demostrando que tenía un fuerte dolor que se había situado en él por la resaca que le golpeaba su cuerpo.
-Buenas tardes. – Le dijo aquella muchacha quien lo había estado cuidando desde la noche anterior.
-Buenas tardes. – Respondió entrecerrando los ojos para acostumbrarse a la luz que entraba ampliamente por la ventana. La observó con detenimiento sintiéndose sorprendido por la presencia de la muchacha.
-¿Cómo te sientes? – Preguntó por cortesía, obviando el aspecto y la manera en la que se sostenía su cabeza. Terry se sentó en la cama sin importarle mucho su desnudez, sabía que era un joven atractivo y confiaba en su físico. Karen deslizó su mirada recorriendo su cuerpo, ante la mirada de orgullo del joven actor.
-He estado mejor. – Le contestó con su sonrisa de satisfacción al ver que la bella muchacha lo observaba detenidamente colocando su vista en su virilidad la cual estaba completamente despierta. -¿No lo crees? – Le preguntó con una cínica sonrisa.
-Creo que sí. – Contestó tímida, sin poder apartar su mirada de ese lugar.
-¿Qué sucedió anoche? – Dijo de nueva cuenta colocándose de forma que ella pudiera admirarlo mucho mejor y asegurarse que su mirada siguiera fija en ese lugar.
-¿No lo recuerdas? – Preguntó la joven coloreándose su rostro al recordar la noche anterior.
-¿Sucedió algo malo? – Preguntó dudando de sus palabras, ya que por la forma que lo veía lo más seguro era que había sucedido algo muy bueno.
-En el restaurante, ¿No lo recuerdas? – Eso bastó para que el rebelde recordara de pronto lo sucedido en aquel lugar. Llegando a su memoria imágenes cortas de una y otra escena, recordando que había visto a Candy y Anthony muy felices en aquel lugar. – Arruinaste la noche de esos jóvenes. – Dijo en tono de reproche la joven. Terry la miró con desaprobación. - ¡Es verdad! Ellos no te hicieron nada y tú te encargaste de revelar cosas que solo los molestaron. – Terry sonrió de lado, sintiéndose culpable por el hecho, pero no se lo daría a conocer a esa muchacha.
-Eso no es algo que te incumba. ¿Cómo pasaste la noche? – Preguntó con un tono más coqueto acercándose a ella lentamente dejando caer la sábana por completo dejando que su desnudez fuera admirada por completo. Karen abrió los ojos con asombro y deleite, nunca había visto un hombre tan perfecto a su lado. Efectivamente las actrices de la época eran un poco más desinhibidas que las demás chicas ya que tenían que cambiar sus ropas delante de todo el mundo, tocando ver sus cuerpos unos a otros por la prisa que tenían de cambiar de vestuario, sin embargo el cuerpo de aquel rebelde era el mejor que había visto.
Terry no quería sentirse culpable de lo que había hecho anoche, y no quería dar explicaciones a aquella muchacha de lo que había pasado, así que se acercó a ella y la levantó por la cintura besándola apasionadamente para evitar que lo siguiera cuestionando.
-¿Esa chica, te gusta? – Preguntó ante la cara de confusión de Terry. – La rubia, la que estaba acompañada del joven atractivo joven rubio. – Dijo ante la molestia de Terry.
-No digas tonterías. – Dijo molesto.
-Te lo digo porque parece que querías causar problemas entre ellos. – Terry la acercó de nuevo a su rostro y la besó con mayor intensidad, deseaba callar los labios de aquella hermosa joven volviendo a hacerla suya para olvidar la estupidez que había cometido aquella noche. Karen ya no dijo nada se abandonó a los brazos de aquel joven rebelde, la noche anterior no había pasado nada entre ellos, ya que por el estado alcoholizado del rebelde lo único que habían podido hacer era besarse y desnudar sus cuerpos, pero había terminado dormido profundamente. Ella había pensado irse de ese lugar, y así evitar entregar su virtud a un tipo que estaba al parecer encaprichado con otra mujer, pero la pasión que había despertado en su cuerpo la había hecho quedarse a cuidarlo toda la noche con la esperanza de que el la tomara como suya y así el olvidara tanto a la rubia de anoche como a la ilusa de Susana. Ambas eran rubias, y blancas, con ojos de color, lo cual decía que eran muy diferentes a los rasgos de ella, sin embargo no se detendría por ello, tal vez si se entregaba por primera vez a él, ella sería la que se quedara para siempre con aquel rebelde.
Se liberó de todo pudor que pudiera haber quedado en su cuerpo y se quitó la bata que estaba cubriendo su desnudez, mostrando sin pena su cuerpo en todo su esplendor mientras Terry se deleitaba recostado en la cama esperando que ella se posara encima de él. Terry se aprovechaba de aquella joven quien tontamente pensaba que por entregarle su virginidad con eso lo atraparía para siempre, sin imaginar que la ilusa de Susana como ella la llamaba, había pensado lo mismo y ahora se encontraba en reposo por un embarazo delicado que presentaba.
Terry se enredaba en el cuerpo de la chica con ansia y desespero, y tomándola sin cuidado, cosa que se arrepintió al darse cuenta que no había pasado nada entre ellos y que en ese momento robaba la inocencia de la chica. La vio sorprendido al ver su gesto de dolor en su rostro sintiéndose un idiota por lo que había hecho, continuo moviéndose un poco más delicado, saciándose de su juventud e inocencia haciéndola también su mujer.
La chica terminaba de vestirse con cuidado colocando sus ropas para abandonar ese lugar, Terry la veía pensativo, sintiendo vergüenza por haber robado su virtud, lo mismo que había pasado con Susana, a diferencia que con aquella rubia si tenía algún tipo de sentimientos y más ahora que sería padre a su lado. Se sintió molesto por haberla engañado y más con una chica que no tenía experiencia alguna con los hombres, ya que también él había sido el primero en su vida.
-Candy tiene razón, soy un miserable. - Pensó molesto, recordando a la rubia que lo había despreciado por aquel joven. – Susana y Candy tienen razón él es una buena persona. – Se sintió culpable al recordar al chico que le había tendido la mano cuando había necesitado llevar a Susana al médico, sin importarle que se encontraba frente al supuesto prometido de su novia. - ¡Eres un imbécil Terry! - Decía reprochándose a sí mismo, cuando en eso sintió un beso en los labios de Karen quien se despedía de él.
-Te veo más tarde en el teatro. – Le dijo la chica con una mirada de enamorada.
-Nos vemos más tarde, Karen. – Dijo tratando de sonar normal, sin embargo la culpa lo estaba acompañando.
Terry se sentía culpable por todo lo que había sucedido, por haber insultado a Anthony y a Candy, por haber engañado a Susana y sobre todo por haberse llevado a la cama a esa joven que mal que bien era su compañera de escenario, ella había sustituido a Susana en el papel de la obra que estaban montando, tenía que hablar con ella y aclarar las cosas, pero definitivamente tenía que disculparse con Anthony, sabía que se sentía celoso de aquel chico que era asediado por las mujeres, había visto como lo veían al pasar en el restaurante, pero definitivamente le molestaba más que Candy lo hubiera rechazado y que Susana hablaba maravillas de él.
Decidió arreglarse para dirigirse a ver a su mujer, la cual no había ido a visitar el día de ayer por los ensayos y después por haberse embrutecido con alcohol, definitivamente tenía que dejar de tomar para así dejar de hacer tonterías. Tocaron a la puerta.
-Diga. –Dijo al hombre con gorra de mensajero que se encontraba en la puerta de su departamento.
-Buenas tardes joven, aquí le llegó esto. – Dijo el hombre y se retiró después de darle una propina.
Terry veía extrañado el telegrama preguntándose de quien sería. Era de su padre, en él le avisaba que regresaría a Inglaterra y que lo esperaba pronto por allá. Terry sonrió con sarcasmo, no tenía la más mínima intención de ir junto a aquel hombre, lo había decepcionado. En eso recordó lo que le había dicho Candy "Después de todo no eres tan diferente a tu padre", eso le dolió ya que había hecho todo lo posible por ser lo opuesto a él, pero por lo visto no estaba haciendo buen trabajo.
En la mansión de los Andrew, Candy estaba sentada junto a Anthony quien la tenía de la mano, habían terminado de comer y estaban platicando alrededor de la mesa todos juntos en familia, Annie estaba con Archie, Patty con Stear, Albert con Dorothy y Alejandro por un lado, y la tía abuela estaba sentada enseguida de Elisa, la cual había estado muy seria en toda la comida.
-¿Te sientes bien Elisa? – Preguntó Candy al verla tan callada.
-Si Candy, me siento bien. – Dijo tratando de sonar normal, lo cierto era que no se sentía bien estaba muy triste porque aún no había tenido noticias de su novio. – Tío, no has tenido noticias de Tom. – Preguntó con cierto temor, ya que la tía abuela seguía molesta con ella y no le dirigía la palabra.
-No Elisa, Tom aún no responde a mis telegramas, pero no te preocupes, pronto lo hará, ten paciencia. – Le decía tratando de tranquilizarla. Llevaba días ahí con ello y se sentía ansiosa ya que su vientre aumentaba de tamaño y cada vez podía ocultarlo menos, Sara aunque se había molestado porque se quedaría ahí con ellos no había hecho mucho escándalo porque no quería que se enterara la sociedad y mucho menos el sr. Hopkins, ella esperaba que tuviera al mocoso y lo regalaran, no quería que su hija desaprovechara la oportunidad de ser la señora Hopkins.
-Elisa sería mejor que te fueras a tu habitación. – Dijo la tía abuela ante la mirada de desaprobación de todos los presentes, cosa que no inmutó a la anciana, ella no estaba de acuerdo con que la gente se diera cuenta del desliz de su nieta.
-No me parece que se la pase en su habitación tía abuela. – Dijo Albert quien tampoco estaba de acuerdo con su tía abuela. La anciana iba a protestar pero en eso los interrumpe el mayordomo.
-Joven Anthony. – Dijo Alfred con respeto. – Lo buscan. – Volvió a decir mientras el rubio miraba a todos extrañados preguntándose quien sería la persona que lo buscaba.
-Dígale que pase Alfred, por favor. – Dijo sin preguntar siquiera quien sería la persona que lo buscaba.
El mayordomo se retiró de la presencia de los Andrew y regresó minutos después con el joven Terruce Grandchester quien se encontraba detrás del mayordomo ante el asombro de Candy y los demás que sabían lo que había sucedido la noche anterior.
-Buenas tarde Anthony. – Dijo tratando de sonar tranquilo.
-Buenas tardes Terry. – Contestó Anthony poniéndose un poco tenso por su presencia.
-¿Podemos hablar? – Le dijo serio. Anthony volteo a ver a Candy quien lo miraba también curiosa de lo que aquel rebelde pudiera querer hablar con él.
-Terry, buenas tardes. – Dijo Albert quien fue el único que se acercó a saludarlo de cerca.
Terry saludó amable correspondiendo al saludo del señor Andrew, el cual no se imaginaba nada de lo que había sucedido.
-Adelante. – Le dijo de nueva cuenta.
-No te preocupes tío, me imagino que Terry quiere hablar conmigo a solas. – Dijo Anthony desde su posición.
-Así es señor Andrew, si usted lo permite.
-Por supuesto, pueden usar mi despacho. – Dijo amable, Candy veía con curiosidad al sujeto que le había causado un malestar la noche anterior.
-Vuelvo en un momento. – Dijo a los presentes, dando un beso a su prometida antes de retirarse. Stear y Archie lo veían desconfiados, estarían al pendiente de lo que llegara a suceder, siguiendo a Anthony también para esperarlo en el salón por si era necesaria su presencia. Terry los vio con cierta burla en su rostro, cosa que los hizo desconfiar más.
Continuará…
Bueno hermosas aquí dejo otro capítulo más espero este también haya sido de su agrado, y espero sus comentarios por favor para continuar con ella. Les mando un fuerte abrazo para cada una de ustedes, les dejo mis bendiciones para cada una, espero que todas esten muy bien al igual que sus familias, espero no tener algún error en el capitulo porque no tuve tiempo de revisarlo, espero que no jejeje.
Saludos!
