Hola hermosas aquí estoy reportándome de nueva cuenta con esta historia que en lo personal me encanta, espero disfruten el episodio. Los personajes de Candy Candy, no me pertenecen sin embargo los uso para crear una historia que espero sea de su agrado, lo hago solo por entretenimiento y es sin fines de lucro. NO es apto para menores de edad dicho esto COMENZAMOS

LAZOS DE AMOR

EL DESEO DE NUESTROS CUERPOS

CAPITULO XXX

Ambos chicos caminaban seguidos de los Cornwell ante la mirada de Candy quien los seguía hasta el interior de la mansión. Albert estaba un poco confundido por como los muchachos se habían dirigido detrás de Anthony.

-¿Sucede algo Candy? – Preguntó a su hija ya que se había percatado de la mirada que le dirigían todos a aquel muchacho.

-Resulta que Terruce se ha portado como un tonto con los muchachos. – Dijo Rosemary al ver que Candy no sabía si contarle a su padre lo sucedido la noche anterior.

-¿A qué te refieres? – preguntó queriendo saber más, ya que la impresión que había tenido de él era que estaba sinceramente preocupado por su hija.

Candy fue la que se decidió a poner a su padre al tanto de lo ocurrido la noche anterior, Albert escuchaba tranquilo pero sorprendiéndose por lo que su hija le confesaba acerca del joven actor.

En el despacho Anthony entraba seguido de Terry quien lo miraba tratando de iniciar la conversación.

-Tú dirás. – Le dijo mientras le señalaba con su mano en señal de que tomara asiento. Terry se sentó frente a él y aclaró su garganta.

-Primero que nada quiero pedirte una disculpa por lo que pasó anoche. – Dijo siendo sincero, ya había aclarado su mente y sabía que había sido un imbécil con el rubio y su prometida. – Estaba muy tomado y no sé por qué me comporté como un idiota.

-Si lo sabes. – Le contestó Anthony seguro de sus palabras. – Y sí, te comportaste como un idiota. – Terry se sorprendió con lo dicho pero aceptaba que estaba en su derecho a estar molesto.

-Tienes razón, si lo sé. – Le dijo aceptando sus palabras. – Estaba celoso de ti. - Le dijo siendo claro y directo.

-¿De mí? – Dijo Anthony intrigado por las palabras del actor. Terry asintió.

-No podía creer que alguien me hubiera rechazado por alguien más. – Dijo siendo honesto. – Supongo que mi orgullo de hombre se sintió herido al ver que tanto Candy como Susana hablaran maravillas de ti, sin embargo eso no quiere decir que no te aprecie. – Dijo ante la mirada de incredulidad de Anthony.

-Creo que es una manera un tanto curiosa de demostrar tu aprecio hacia mi persona.

-Cuando conocí a Candy, pensé que era una chica igual que las demás, no me impresionó en lo absoluto, pero conforme la fui tratando me di cuenta que era una mujer inteligente, honesta, y estaba llena de cualidades, una persona digna de que cualquiera se enamorara de ella, además de ser muy hermosa. – Dijo ante la inconformidad de Anthony, al mostrarse celoso por los halagos que le hacía a su prometida, sabía que era verdad, pero no le gustaba que alguien más lo hubiera descubierto y lo peor se lo dijera de frente. – Sentí celos de que una mujer como ella tuviera ya a alguien y estúpidamente sentí que podía hacer que se enamorara de mí. – Terry notó la tensión en el rostro de Anthony. – Sin embargo no lo conseguí, ella hablaba maravillas de ti, de lo inteligente, bueno, honesto, fiel y confiable que eras, todo lo que yo no era y eso me caló el alma, traté de forzarla a un beso y aunque recibí mi merecido no me había quedado conforme con ello.

-Por eso te emborrachaste y trataste de provocar un conflicto entre nosotros. – Dijo el rubio.

-En parte fue por ello. Después de aquel día me sentí culpable, porque yo tenía ya una relación con Susana, así que decidí regresarme y fue cuando encontré a Susana abrazado de ti, nunca había tenido tantos celos de alguien como de ti en ese momento, y más cuando supe quien eras. – Anthony lo escuchaba atento, hasta cierto punto lo entendía.

-Entiendo hasta cierto punto tus celos para con Susana, ¿Pero por qué molestar a Candy?

-Porque ella es lo que más te duele, si me desquitaba directamente contigo, tú simplemente me ignorarías, anoche quería hacerte sentir celos, como yo los he sentido de ti.

-Terry, eso es problema tuyo no mío, Candy es mi vida y confío plenamente en ella, nunca me ha hecho pensar mal de ella, y es lo mismo de ella para conmigo, ella confía plenamente en mí y sabe perfectamente que si le digo que fue Susana la que me abrazó fue porque así es, aunque tú lo dudes.

-No lo dudo, sin embargo eso no me tranquiliza. Al contrario me inquieta aún más. – Anthony esperó que se explicara. – Susana no ha dejado de alabarte desde que regresamos de Nueva York, te admira mucho y habla maravillas de ti y eso me incomoda, no soporto que alabe a otro que no sea yo. – Dijo molesto.

-¿Por eso la estabas engañando? – Preguntó confundido por lo que decía y lo que hacía se contradecía, decía estar celoso de las alabanzas que recibía el rubio y sin embargo estaba cenando con su nueva compañera de reparto y claramente en una situación comprometedora.

-Esa es otra de las tonterías que cometí anoche. – Dijo con pesar.

-Yo lo único que te puedo decir es que hables con la señorita Marlowe, ella espera un hijo tuyo y no se merece que la engañes.

-Lo sé, hablaré con Karen y le explicaré la situación, pero primero quise hablar contigo y ofrecerte de nuevo mi amistad sincera, tú no tienes la culpa de lo que las mujeres opinen de ti.

-¿Con ello me estás diciendo que no tienes algún sentimiento por mi prometida? - Preguntó directo, ya estaba cansado de los rodeos con los que le hablaba.

-No puedo negar que es muy hermosa, y que me gusta como mujer. – Dijo advirtiendo que Anthony enderezó aún más su postura al sentirse incómodo con lo que decía. – Más sin embargo te mentiría si te diría que tengo sentimientos hacia ella. – Le dijo tranquilizándolo un poco, sin embargo no podía confiarse de él lo suficiente. – Vamos, Anthony, no puedes culparme, a mí me gustan todas. – Le dijo directo. – Pero la única que me ha despertado en mí sentimientos, ha sido Susana.

-En eso tienes razón, a ti te gustan todas. – Le dijo ya un poco más relajado.

Anthony y Terry después de hablar por un buen periodo de tiempo salieron del despacho más tranquilos, ambos habían aclarado la situación y Terry había sido honesto del porque había querido crear problemas entre ellos, los celos que le provocaba el rubio eran muy grandes y más al descubrir que era el único por el que Susana había pensado en dejarlo si él tenía que casarse a fuerzas con Candy o alguna otra mujer que su padre eligiera, sin embargo eso no se lo había confesado, no quería que el rubio supiera que su mujer había pensado en él como un nuevo prospecto.

-¿Todo bien? – preguntó Archie al ver que salían del despacho más tranquilos y menos tensión en su lenguaje corporal.

-Efectivamente muchachos, ya todo está aclarado. – Terry se dirigió con los tres chicos rumbo al jardín y Anthony se dirigió junto a su amada, la cual rápidamente se abrazó a él, sin dejar de mirar al rebelde que sonreía tranquilo a los presentes.

-Bueno, yo me retiro. – Dijo haciendo una reverencia al despedirse como un caballero de las damas presentes, no sin antes dirigirle una mirada coqueta a Elisa, la cual lo miraba extrañada por la forma en que la había mirado y la obligó a bajar su mirada buscando el piso como escudo.

-Tranquilo. – Le dijo Anthony. – Ella también está comprometida. – Le dijo al momento de que se despidió del joven rebelde al extenderle su mano. Terry rio por el comentario y correspondió al apretón de manos.

-¿Qué te puedo decir? Las mujeres son hermosas y a veces las comprometidas son las mejores. – Dijo rascando su cabeza al verse descubierto por el rubio y rió por el comentario que había hecho sin embargo al rubio no le causó demasiada gracia.

La tarde la pasaron tranquilos en familia, Candy y Anthony seguían conversando con sus primos y sus respectivas novias, los adultos se habían retirado del jardín ya que habían tenido bastante sol por ese día. Elisa se había retirado a su habitación ya que desde que estaba ahí solo salía para comer y se encerraba de nueva cuenta aislándose por completo de todos.

-Me da pena Elisa. – Decía Candy quien era la que más sentía por lo que estaba pasando.

-Tienes razón amor, no es justo que tenga que pasar todo el embarazo encerrada en su habitación. – Decía Anthony. -¿Han sabido algo de Tom? – Preguntó a sus primos.

-No, lo último que supimos es que el tío habló con el señor Stevens personalmente y este quedó de enviar un telegrama en calidad de urgente a Tom, sin embargo no ha habido noticias de él.

-Espero que pronto puedan localizarlo. – Decía Annie, quien a pesar de que no era amiga de Elisa tampoco le deseaba un mal.

-Eso es lo que esperamos todos, amor. – Le dijo Archie dando un beso a su novia en su mejilla.

Llego la hora de despedirse de los Brower, ya se estaba haciendo noche y estaban cansados, Albert regresó junto con Dorothy para acompañarlos y despedirse de ellos.

-Candy. –Dijo a su hija, quien puso atención a su padre. – Aún no has pensado en quedarte aquí con nosotros. – Dijo refiriéndose a él, Dorothy y Alejandro. Candy lo miró por un momento pensando que decir.

-Lo siento padre, la verdad no he tenido tiempo de analizar las cosas. – Dijo siendo sincera.

-De acuerdo. – Dijo tratando de entenderla, sin embargo se sentía herido. Candy lo notó en su rostro, sin embargo sabía que era muy pronto para recuperar todos esos años de sufrimiento. – Esta siempre será tu casa, y cuando quieras serás bienvenida, tanto Dorothy como yo te estaremos esperando con los brazos abiertos. Sé que te cuesta creer lo que digo, pero es verdad, siempre te he amado hija, y me disculpo por no haber sabido expresar mis sentimientos, y por no haber podido separar mi dolor y mi sufrimiento y demostrarte abiertamente lo importante que has sido en mi vida. – Candy lo miraba sorprendida por sus palabras, nunca le había dicho con tanta sinceridad que la amaba y nunca le había pedido perdón tan sincero como en ese momento.

-Yo también te quiero padre, siempre te he querido y siempre había deseado escuchar esas palabras de tu boca, gracias por decirlo. – Le dijo soltándose del abrazo de Anthony para ir a los brazos de su padre sintiendo un calor tan cómo y cálido que le llenaba el alma de la ausencia que tenía de su amor.

Albert besó su cabello y la apretó a su pecho, sintiendo su corazón latir emocionado por ese abrazo que se debió haber dado tiempo atrás, y no solo uno, sino miles de abrazos que habían quedado en el aire flotando por el simple hecho de haberla culpado tontamente de la muerte de su madre. Rosemary y Dorothy tenían los ojos arrasados de lágrimas, ambas veían el amor que se tenían ambos y sobre todo veían con alegría que ese sería el comienzo de una nueva historia a partir de ese momento.

Albert estiró su brazo y alcanzó a Anthony quien se encontraba muy cerca de ellos y lo incluyó en su abrazo, sintiendo el rubio emoción también de saber que de ahora en adelante nadie impediría que su amada fuera completa y plenamente feliz, él sabía que Candy a pesar de decir ser feliz con él, en el fondo de su corazón siempre había anhelado tener el amor de su padre.

-No te preocupes Albert. – Dijo Rosemary. - Yo cuidaré muy bien de Candy, sabes cuánto queremos a mi sobrina y te puedo asegurar que Anthony la ama y la respeta. – Dijo mirando a su hijo quien entendió el mensaje que su madre le decía, sintiéndose un poco apenado por su comentario. - ¿Verdad hijo?

-Verdad madre. – Dijo con una sonrisa sincera volteando a ver a Candy y dedicándole una hermosa sonrisa de enamorado.

-Lo sé muy bien Rosemary, y quiero agradecerte el haber estado siempre ahí para ella. Te quiero hermana. – Le dijo dándole también un beso en la frente a su hermana.

-Yo también te quiero cabeza dura. – Le dijo ante la risa de los presentes.

-¡Yo también los quiero! – Dijo Stear emocionado por los abrazos que se daba su familia y no queriéndose sentir excluido jalaba a su hermano y se incluía en un abrazo colectivo provocando una bolita entre todos.

-Me despides de la tía Elroy. – Dijo Rosemary a Albert ya casi para irse. – Ya no bajó a despedirse.

-No lo tomes a mal, así ha estado desde que se enteró de lo de Elisa, pero lo que no me gusta que no la deja salir de su habitación.

-¿Cómo es eso posible?

-Ya la conoces lo estricta que es.

-Sí, tengo una idea. – Dijo Rosemary con melancolía porque ella había pasado por algo similar.

-Además fueron ordenes de su madre también la cual está muy molesta con ella, lo bueno que pronto Elisa cumplirá la mayoría de edad y nadie podrá quitarle a su hijo.

-Es lo único bueno, espero que pronto regrese Tom.

-Hablando de eso. – Dijo Albert. – El señor Stevens habló hace unas horas conmigo.

-¿Y qué sucede tío? – Preguntó Archie quien era el más preocupado por la situación de Elisa.

-Tom ya está enterado del asunto y pronto regresará para responder y casarse con Elisa.

-¡Qué bueno! – Dijo Candy emocionada quien también estaba preocupada por Elisa.

-Hay que decirle a Elisa cuanto antes para que esté más tranquila. – Dijo Stear.

-Mañana mismo hablaré con ella y la tía abuela, en estos momentos yo creo que ya está dormida. –Decía Albert sin soltar del todo a Candy, la había mantenido abrazada a él.

-Bueno tío, nosotros nos retiramos. – Dijo Anthony, tomando la mano de Candy para llevarla a su lado.

-Buenas noches padre. – Dijo Candy depositando un beso en la mejilla de su padre, siendo el primero de muchos que le daría de ahora en adelante. Albert se emocionó por el hecho, tenía dos hijos y acababa de recuperar a la mayor, la que sin decirlo siempre fue su orgullo solo por el hecho de recordarle a su amada Candace, sin embargo nunca había sabido expresarlo, en cambio con Alejandro llevaba el camino más avanzado y aquel pequeño ya lo quería y lo veía como a un padre.

Anthony salía con su prometida y con su madre una de cada lado, ayudando a ambas a subir a su auto, mientras los Cornwell se dirigían al auto de Stear para llevar a Patty y Annie a sus respectivas mansiones.

-Deberías comprarte un auto como el de Anthony, Stear. – Decía Archie quien siempre lo molestaba por el hecho de que su automóvil era muy incómodo.

-¿Qué dices? Él mío es hecho por mis propias manos y por eso no lo voy a cambiar.

-Por eso, es más riesgo, siempre nos deja tirados. – Dijo quejándose del auto, cuando se subieron al pobre automóvil este se negó a encender. -¡Te lo dije! – decía Archie burlándose de nueva cuenta mientras los demás se reían del pobre auto de Stear.

-¡Ya ves Archie! ¡Lo has ofendido! – Decía Stear elevando la voz, Anthony escuchó el relajo que habían armado sus primos y se acercó en su auto para ofrecerles ayuda.

-Si gustas nosotros podemos llevar a las muchachas a sus casas. – Se ofreció amable el rubio y los demás le agradecieron.

-Muchas gracias Anthony. – Dijo Stear agradecido y triste por lo sucedido con su auto.

-Es más. – Dijo Anthony, al ver el rostro decaído de su primo. - ¿Por qué no te llevas tú mi auto? – En ese momento a Stear se le iluminaron los ojitos felices por lo que le ofrecía su primo.

-¿De verdad?

-¡Claro! Nos puedes dejar a todos y ya mañana puedes llevarlo a casa. –Anthony se bajó del lado del piloto, ayudando a bajar a su prometida, mientras su mamá se quedaba al frente, Patty se acomodó enseguida de ella y Stear se colocó en al volante, mientras detrás se acomodaban Anthony, Candy, Archie y Annie.

Una vez que dejaron a todos Archie pedía su turno para manejar el lujoso carro del rubio, sin embargo Stear no se lo permitió y ambos se fueron discutiendo todo el camino, mientras Anthony y Candy los veían riéndose de ellos.

Cuando entraron a la mansión Rosemary le pidió a Anthony hablar con él una vez que acompañara a Candy a su habitación, Candy miró extrañada a su tía, pero Anthony tenía un idea de lo que su madre quería hablar con él.

-¿Crees que estemos en problemas? – Preguntó Candy ya estando afuera de su habitación.

-No lo creo hermosa, no hemos hecho nada de lo que podamos arrepentirnos. – le dijo besando su nariz, tratando de tranquilizarla. – Y aunque lo hubiéramos hecho, yo no me arrepentiría de nada. – Le dijo atrapando sus labios en un húmedo beso, Candy lo aceptaba ansiosa ya que tenían todo el día sin demostrarse su amor y ya lo estaban necesitando.

-Yo tampoco. – Le respondió en un susurro en sus labios, sin soltarlo de su cuello aferrándose a su cuerpo. Volvió a mirarlo a los ojos y Anthony de nuevo la besó, pero ahora más tierno, con más delicadeza, demostrándole que era ella y solo ella la que le producía todos esos sentimientos que iban desde la ternura hasta una pasión desenfrenada que trataba de controlar.

-¿Te veo mañana? –Le preguntó difícilmente al separarse de sus labios para que entrara a su habitación y así pudiera descansar.

-Hasta mañana amor. – Le dijo dando un beso rápido en sus labios, sintiendo pena al hacerlo ya que él era el que siempre tomaba la iniciativa.

-Me gusta cuando haces eso. – Le dijo Anthony feliz, ya que así ella le demostraba también lo ansiosa que estaba por besarlo. –Buenas noches mi vida. – Le dijo por último esperando que ella cerrara la puerta de su habitación.

Cada que se separaban era un martirio para el rubio, se quedaba en la puerta por un momento más suspirando de amor por ella, al igual que Candy que se quedaba detrás de la puerta esperando que su amado se retirara de ahí.

Anthony se dirigió a la habitación de su madre, ya que lo estaba esperando.

-Adelante. –Dijo Rosemary al escuchar el sonido de la puerta.

-Gracias madre, tú dirás de qué quieres hablar. –Dijo tomando asiento cerca de su madre, la cual estaba sentada observando sus rosas por la ventana.

-Hijo, me imagino que tienes una idea de lo que quiero hablar contigo. – Anthony asintió esperando que iniciara la conversación. – Bien, lo que tengo que decirte no es algo fácil, sin embargo es necesario hacerlo.

-Te escucho madre. – Dijo acomodándose en el cómodo sillón frente a ella.

-Cuando tu padre y yo estuvimos separados por tantos meses porque mi padre no aceptaba el compromiso, fueron meses muy duros de angustia y de extrañarnos mutuamente, cuando por fin se arregló todo y tu tío convenció a nuestro padre de que aceptara el compromiso no supimos controlar la necesidad de vernos. – Le decía sin querer explicar mucho lo acontecido, pero sabiendo que su hijo entendería el punto al que iba. – Yo quedé embarazada de ti la primera vez que me entregué a tu padre, y cuando nos casamos tenía dos meses de embarazo. – Anthony se sorprendía por lo que su madre le decía, él no tenía conocimiento de aquello, nunca se le había ocurrido preguntar siquiera.

-Me costó mucho estrés el haber fallado a mis buenas costumbres aun sabiendo que tu padre correspondería al compromiso que tenía conmigo, sin embargo las personas hablan, y yo no quería estar en boca de todos, la tía abuela no se enteró sino hasta que ya estaba casada, sin embargo tenía la sospecha de que así era.

-Lo siento mucho madre, no sabía que habías padecido algo parecido a lo de Elisa.

-Es por eso que quise hablarte, sé que Candy y tú también tuvieron una separación larga y sé que tú ya eres un hombre y ella una mujer, ambos se aman y sé que es difícil para ustedes convivir bajo el mismo techo.

-Madre, si estas sugiriendo que Candy se vaya a vivir con mi tío, de una vez te digo...

-No me refiero a eso hijo, porque sé que ninguno de los dos estaría de acuerdo. Sino que me refiero a que me gustaría que respetaras a Candy hasta después de su matrimonio.

-Puedes estar tranquila madre, sé que a eso te referías cuando hablaste con mi tío Albert, y después de lo que me has contado, sé que no te gustaría ver a Candy en la misma situación que está viviendo Elisa y por la cual pasaste tú.

-Me alegra que me entiendas hijo.

-Sin embargo…

-Sin embargo… - Dijo Rosemary al ver que su hijo se detenía de seguir hablando.

-Sin embargo me gustaría solicitar formalmente la mano de Candy, madre, no quisiera esperar más tiempo y me gustaría como tú misma lo sugeriste que la boda se celebrara en tres meses.

-Veo que estás ansioso. – Anthony se sonrojó por lo dicho, pero no tenía caso negar lo que era evidente ante los ojos de su madre, ella había sabido ver bien las señales que ellos desprendían entre sí. -¿Qué opina Candy?

-Ella está de acuerdo conmigo, madre.

-Entonces si es así, en cuanto llegue tu abuelo iremos a solicitar la mano de Candy y a la vez celebrar el mismo día el compromiso.

Anthony estaba feliz en su habitación, soñaba con ser el esposo de su amada Candy por fin, sabía que no iba a aguantar tanto tiempo hasta que terminara su carrera, así que había hablado con su pecosa y había estado de acuerdo con adelantar la fecha de la boda y esperarse para tener hijos, así cuando él fuera ya todo un médico, comenzar a planear tener sus propios hijos. Estaba ilusionado pensando en ella y en los besos y caricias que se habían proporcionado, le sería difícil esperar pero sería menos tiempo tres meses que tres años. Se durmió con la imagen del corsé que había tenido en sus manos y soñaba con verlo en el cuerpo de su pecosa, animándose a ir más allá de lo permitido en la época y se imaginó a su pecosa vestida en él, imaginándose sus formas a cómo según él serían debajo de toda esa tela que tenía siempre encima.

-Tranquilízate Anthony, pronto será tu mujer. – Se decía él mismo dándose ánimos de que pronto estaría en sus brazos y que nadie podía separarlos una vez más, su suegro ya estaba de acuerdo, su madre igual y por lo que se refería a su abuelo él estaba encantado de verlo feliz. – Si supieras cuanto te amo pecosa, será un martirio esperar hasta la boda, pero por ti sería capaz de esperar una eternidad, si al final tú eres el premio. – Decía quedándose dormido con las imágenes de su rubia pasando por su mente, llegando por fin el anhelado descanso.

Los días continuaron su curso y pronto llegaría el festejo de Alejandro y con ello la boda de Dorothy y Albert, la cual iba a ser muy privada, al ser ambos viudos y con hijos a nadie le extraño que estuvieran comprometidos, lo que sí no se esperaron era hablar de ellos ya que vivían juntos desde hacía tiempo, poca gente sabía que Alejandro era su hijo, y que pronto sería reconocido entre los demás como Alejandro Andrew Simmons.

El abuelo de Anthony llegaba por fin de su viaje, había pasado un mes de su partida y casi también había pasado el mes de que Candy había llegado a la mansión Brower.

-Bienvenido señor Brower. – Decía Lionel al verlo descender de la diligencia que lo había llevado.

-Muchas gracias Lionel, por favor ayuda al señor a bajar mi equipaje. – Dijo con amabilidad.

-¡Abuelo! ¡Bienvenido! – Decía Anthony feliz de ver llegar a su abuelo, eso significaba que pronto irían a solicitar la mano de su amada.

-Hijo, que bueno verte. –Le dijo extendiendo sus brazos, y mirando detrás de él donde se encontraba una hermosa jovencita de bellos ojos verdes y rubio cabello, le sorprendió el parecido con su nuera, pero a la vez supo reconocer a la esposa del hermano de su nuera. – ¿Ella es Candy? – Preguntó sin temor a equivocarse, al ver en su nieto la mirada de enamorado que era la misma que ponía su padre cuando de Rosemary se trataba.

-Así es abuelo, ella es Candy el amor de mi vida. – Le decía mientras extendía su mano para que se acercara a ellos y poder presentarlos.

-Es un placer conocer por fin a la joven que tiene tan enamorado a mi nieto. – Dijo como todo un caballero el señor Brower.

-Es un gusto para mí conocerlo señor Brower. – Dijo con timidez Candy al escuchar las palabras que le había recitado el señor.

-Abuelo, por favor. – Le dijo con una sonrisa. –Si tú eres la elegida por mi nieto, lo más lógico es que seas mi nieta, a menos que esté equivocado. – Le dijo con una sonrisa nuevamente. Candy negó con su rostro.

-No se equivoca, señor… abuelo. – Dijo con una sonrisa de felicidad al conocer a ese hombre que era ahora como un padre para su príncipe, ya le había contado todo lo que lo había ayudado para volver a encontrarla.

-Así está mejor. – Dijo el buen hombre. -¿Y tu madre? –Preguntó a Anthony al no ver a Rosemary cerca de ahí.

-Está en habitación.

-¿Ha estado bien?

- Si abuelo, no te preocupes ella está bien. – Anthony le contó la historia de cómo habían encontrado a Candy y diciéndole que todo había sido gracias a que él no quería que su madre estuviera sola.

-Me alegra que mi ausencia haya servido de algo. – Dijo encantado.

-También hay otra cosa en lo que puedes ayudar abuelo. – Le dijo Anthony sin perder el tiempo, estaba ansioso de su llegada.

-Tú dirás hijo. ¿En qué puedo ayudarte? – Le decía teniendo una ligera idea de lo que su nieto quería hablarle, hacía falta ser ciego para no darse cuenta del amor que se tenían ambos muchachos, además de que ya estaban en edad de casarse.

-Me gustaría que me acompañaras a pedir formalmente la mano de Candy y a celebrar al mismo tiempo mi compromiso con ella. – El señor Brower se sorprendió con lo dicho, ya que había pensado en hacer la petición formal del compromiso, sin embargo no pensaba que también sería la fiesta el mismo día. – Queremos casarnos dentro de tres meses. – Dijo de nueva cuenta.

-Ya veo. – Dijo Henry pensativo. -¿Algo por lo que debamos acelerar las cosas? – Preguntó viendo a los ojos a ambos jóvenes quienes no desviaron la mirada ante el interrogatorio, lo que lo hizo darse cuenta que no era por ello que querían apresurar la boda.

-No abuelo, lo que sucede es que ya hace tiempo que está el contrato matrimonial hecho, solo hace falta que lo firme mi tío. – Dijo seriamente. – Y nos gustaría que tú nos ayudaras, la verdad ya no podemos esperar a casarnos. – Le dijo ante la vergüenza que sintió Candy ante sus palabras.

-Ya veo hijo. Está bien, hablaré con Albert de inmediato y el fin de semana anunciaremos el compromiso de ustedes dos. – dijo con sonrisa de felicidad que compartía con los dos jóvenes que tenía frente a él, el viejo Brower sonreía por la prisa que tenía su nieto de ser un hombre casado, pero pensaba que los tiempo no habían cambiado en absoluto, cada época era lo mismo, las mismas ansias, las mismas ganas de pertenecer a la persona amada, el mismo deseo de ser saciado entre dos personas que se aman, por lo menos ahora tenían la ventaja de que cada vez había menos matrimonios arreglados en los cuales no importaba la edad de los novios o el amor, ya que en su tiempo un abuelo se casaba con una niña de 12 años, siempre y cuando los padres estuvieran de acuerdo.

Henry sabía perfectamente que su nieto era un joven sano y que difícilmente tendría experiencia en el ámbito sexual, había sido criado en un ambiente familiar dominado por una matriarca y eso era fundamental para su experiencia en ese tipo, ya que antes cuando eran educados bajo un patriarcado los padres o los mismos abuelos llevaban a los jóvenes a que se hicieran "hombres" con mujeres de baja reputación o con alguna de las mucamas que servían en las casas, el cual había sido el caso de él mismo quien su padre le había conseguido una moza joven que trabajaba en su casa la que le enseñó las artes del amor, y para cuando se casó con su mujer él ya tenía experiencia amplia en ese departamento.

Sabía que como abuelo que era de Anthony y al no estar su padre él tendría que hablar esa incómoda charla que ya una vez había tenido con su hijo, sin embargo decidió obviar de ella al ver lo ilusionado que estaba su nieto con aquella joven, él aprenderá, se dijo para sí mismo, es un hombre en toda extensión de la palabra. Siguió sumido en sus pensamientos mientras veía como su nieto y su novia, hablaban felices de los planes que llevarían a cabo una vez que estuvieran casados, compartiéndolos con el viejo Brower, sin embargo él solo veía sus movimientos sin escuchar claramente lo que hablaban.

Continuará…

Buenos hermosas señoras espero que les haya gustado el nuevo capítulo, como ven la historia avanza a pasos agigantados y aun falta un poquito para el final, no se desesperen que ya saben que siempre termino mis historias, espero terminar las 2 que están pendientes, espero sus comentarios para que me motiven por favor Jajajaja las quiero saludos y bendiciones.