Hola hermosas, sean bienvenidas a otro capítulo más de esta historia, espero sea de su agrado. Los personajes de Candy no me pertenecen, sin embargo los he utilizado para hacer una historia de mi inspiración, es sin fines de lucro y ya saben. NO APTA PARA MENORES DE EDAD. ¡COMENZAMOS!
LAZOS DE AMOR
HISTORIAS CRUZADAS
CAPITULO XXXIII
El sonido de unos pasos resonaban entre las tablas del escenario, un joven cabellos castaños se paseaba inquieto de un lado a otro, tenía que hablar con su compañera de reparto y no había encontrado ni el momento ni el valor de hacerlo.
-Buenas tardes Terry. - Le dijo Karen quien llegaba a la cita que le había hecho aquel joven que la traía de cabeza, habían seguido su relación al ser Terry incapaz de terminar con ella y confesar cuales eran los planes.
-Karen tenemos que hablar. – La chica sintió que algo dentro de ella le decía que se alejara de aquel joven de una vez por todas porque estaba a punto de romperle el corazón, ella lo sabía, había escuchado los rumores que cada vez eran más fuertes del futuro enlace de Terruce Grandchester y la gran Susana Marlowe.
-Eso me dijiste ayer, sin embargo no lo hiciste. – Le dijo recordando que el día anterior había ido a su departamento para según él hablar con ella y habían terminado en la cama al ser él incapaz de hablarle de lo que tenía que decirle, por eso la había citado esa vez en el teatro, porque sabía que ahí sería imposible volverla a hacer su mujer, tenía que terminar con ella de una vez por todas a pesar de los sentimientos que lo involucraban con esa chica, si bien no eran de amor si eran de pasión y deseo lo que le despertaba, tenía un hermoso cuerpo y él había sido el primero y el único en su vida, el que se había atrevido a deshonrarla. – Tú dirás. – Trató de sonar fría y de ser fuerte, sabía lo que aquel joven le diría, estaba preparada para ello ya que era imposible callar las voces de la gente que hablaba a su alrededor.
-Me voy a casar con Susana. – Le soltó de pronto, mientras Karen se aferraba a su vientre al darle la espalda en un movimiento de defensa para sí misma. Bajó su rostro dirigiéndose donde estaban posadas sus manos y trataba de contener unas lágrimas que se acumulaban en sus ojos.
-Entonces es verdad. – Dijo sin voltear a verlo, no tenía el valor de volver a verlo a los ojos. Terry asentía con un movimiento de cabeza a pesar de que sabía que no lo veía. – Escuchaba los rumores a mí alrededor, sin embargo me negaba a creerlo. – Dijo con la voz cada vez más débil ya que le costaba cada vez más lograr reunirlas para que salieran de su boca.
-Karen… yo… lo siento. – Le decía mientras la sostenía por su espalda de los hombros.
-¿La amas? – preguntó con dolor de su corazón.
-Sí. – Le contestó en un susurro. – La amo.
-¿Y a mí? – Le preguntó impaciente ya que ella llegó a creer que si la amaba que cada vez que la hacía su mujer la llevaba al mismo cielo, disfrutando plenamente de las caricias que le proporcionaba llevándola al límite del éxtasis al hacerla terminar una y otra vez en cada encuentro.
-Te quiero y me gustas mucho Karen. – Le dijo tratando de no lastimarla. – Pero lo nuestro no puede ser. – Le decía intentando no hacerla llorar, cosa que era en vano, Karen sentía que a cada palabra que el actor le decía una herida se marcaba en su corazón.
-Entiendo. – Le dijo de nuevo, aguantando las ganas de llorar.
-Te prometo que…
-Quiero estar sola… - Le dijo sin dejarlo hablar.
-Karen yo… - Volvió a hablar de nuevo sin soltarla, ella se zafó bruscamente de su agarre.
-Por favor. – Le dijo de nueva cuenta. – Déjame sola, yo estaré bien. – Le dijo de nueva cuenta escuchando cuando los pasos de aquel que ella consideró el amor de su vida se alejaban de aquel lugar. – estaremos bien… - Dijo una vez que el actor ya había salido del escenario.
-¿Le dijiste? – Dijo el productor de la obra quien iba entrando al lugar, era un hombre joven y había tenido un enamoramiento con la joven Kleiss, sin embargo ella se había encargado de desilusionarlo al confesarle que tenía un amorío con el joven Grandchester. La vio ahí hincada en el escenario, sola, envuelta en llanto y le partió el corazón.
-No. – Dijo en un susurro mientras sus lágrimas caían una vez más. – No tiene caso, él la ama a ella y pronto tendrán a su hijo.
-Tú también le darás uno hijo. – Le dijo aquel joven mientras la ayudaba a levantarse protegiéndola en sus brazos.
-Prométeme que no le dirás. – El joven se levantó molesto y le dio la espalda. -¡Prométemelo por favor! – Le dijo de nueva cuenta.
-Te lo prometo. – Le dijo apretando sus puños, estaba molesto con Terry porque no era la primera vez que le echaba a perder la obra, la primera vez fue cuando embarazó a Susana y ahora embarazaba a Karen y la abandonaba a unas horas del estreno, y aunado a todo ello él tenía un interés especial en aquella joven, sin embargo ella no le había correspondido.
-No te preocupes, en la noche tendrás tu estreno como lo esperabas. –Le dijo dirigiéndose a su camerino para encerrarse en él hasta que llegara la hora del estreno.
Karen se preparaba ante el espejo maquillándose ella misma y poniéndose el vestuario que usaría aquella noche, su noche, ella se iba a encargar de que esa noche brillara y demostraría lo talentosa que era, demostraría a todos y a Terry que ella era mucho más que Susana en todos los sentidos. Una altiva Karen salió al escenario, era la primera que diría las líneas para dar inicio a la obra.
El telón se abrió mostrando un lleno total y una bella Karen Kleiss demostraba su talento ante las miradas que se posaban en ella, al frente se encontraba la famosísima Eleanor Baker quien pasaba desapercibida por el vestuario que utilizaba, solo Terry sabía quién era, Susana estaba también en las primeras filas para observar de cerca a aquella que se había quedado con su papel en dicha obra.
Candy y Anthony estaban en el palco que era de los Andrew, acompañados de sus primos con sus respectivas novias, la tía Elroy se encontraba con ellos así como Rosemary ya que ambas eran admiradoras de aquella obra. Todos esperaban el inicio de la función que prometía ser espectacular, con la ayuda de Eleanor habían llevado aquella obra al teatro principal de Chicago, cosa que para Susana había sido algo humillante ya que ella no hubiera debutado en ese lugar.
La obra terminaba con un beso de los protagonistas, un beso que si bien muchas veces se había practicado tras bambalinas esa vez se iba a realizar ante cientos de espectadores, Karen aprovechó cada momento de la obra y al terminar cerró con un beso apasionado y sincero en los labios de Terruce, ante la mirada de celos de Susana, no solo por la manera en la que su prometido era besado, sino por la forma en la que aquella actriz había conseguido atraer las miradas de las demás personas, quienes se levantaban aplaudiendo fascinados con la actuación de los protagonistas.
Terry sintió ese beso muy diferente a todos los que se habían dado, si bien los besos en los ensayos eran verdaderos, ese beso lo sintió diferente, lo sintió como una despedida y eso lo hizo tener miedo, no sabía porque sentía miedo de lo que pasaría después de aquella actuación, volteo a ver a su madre y ella estaba fascinada de pie aplaudiendo a ambos, luego detuvo su mirada en Susana y aunque también aplaudía su mirada era de molestia, sabía que se había puesto celosa.
Los ramos de flores subían al escenario dirigidos a las nuevas estrellas de teatro que nacían, todo el elenco salió detrás del telón para agradecer agarrados todos de las manos, mientras el productor salía y tomaba de la mano a Karen para indicar que ella se había llevado la noche.
-Felicidades Karen. – Le dijo Terry una vez que habían bajado de escenario. – Estuviste grandiosa.
-Tú también lo hiciste muy bien. – Le dijo Karen metiéndose a su camerino y cerrando la puerta asegurándola después de pasar, dejando a aquel rebelde fuera quien no se animó a entrar o siquiera a seguirla, se dirigió al su camerino en donde lo esperaba una Susana muy seria.
-Felicidades. – Le dijo mientras Terry se sorprendía porque no eran las palabras que esperaba escuchar de su boca.
-Gracias. – Le dijo sabiendo que estaba molesta. – Tú también hubieras estado espectacular. – Le dijo para hacer plática en esa incomodidad que se sentía en el ambiente.
-Terry, tú y Karen han tenido algo que ver. – Preguntó Susana, quien no ocupaba ser muy observadora para haber llegado a esa conclusión. Terry bajó el rostro apenado, echándose la culpa sin siquiera tratar de defenderse.
-Lo siento Susana, pero te aseguro que eso se terminó. –Le dijo levantando su rostro buscando el de ella. Las lágrimas corrían ya por su rostro mientras sus ojos azules se ponían rojos por el llanto. Terry se hincó ante ella. – Te lo prometo, ella y yo ya terminamos, te lo aseguro. – Susana asintió y se aferró a su cuerpo, por más que quisiera alejarlo de ella no podía, lo amaba y esperaba un hijo de él, sabía que ya nadie se interesaría en ella después de eso, por eso intentaba de todas formas olvidar lo que pasaba y tratar de confiar en él, pero le estaba costando mucho.
-Quisiera creerte. – Le decía entre lágrimas.
-Es verdad amor, perdóname, te amo. – Le decía abrazándola a su pecho, tenía miedo de no verla y no ver al hijo que crecía dentro de ella, no quería que ella se llevara a su hijo lejos y este creciera lejos de él como él lo había hecho de su madre. – Karen no significó nada en mi vida. – Le decía sincero aquella joven no había sido nada en su vida, solo una más de las tantas con las que había estado.
Susana lo abrazó con amor queriendo confiar en él, sabía que así eran la mayoría de los hombres, así había sido su padre, sin embargo se negaba a creer que así fuera también su vida de casada.
-Terry te amo, pero no creo que pueda soportar otro engaño. – Le dijo triste abrazada a él.
Anthony y Candy venían bajando del teatro, ambos se habían dado cuenta de las miradas que había recibido Terry y Karen por parte de Susana, y Candy por fin había comprendido quien era aquella actriz con la que habían visto a Terry en aquel restaurante.
-Espero que Susana no tenga alguna complicación. – Decía el rubio quien sentía pena por la mujer de Terry. Candy lo miró con extrañeza al ver que estaba preocupado por Susana.
-¿Le sucede algo? – Le preguntó confusa por lo dicho por su novio.
-Amor, Susana está esperando un hijo de Terry. – Candy se sorprendió por lo dicho y pensó en Eliza, quien seguía encerrada ocultándose de la gente porque estaba esperando que llegara Tom de su viaje a Escocia.
-No lo sabía.
-Lo sé mi vida, pero al parecer se dio cuenta de que ha habido algo entre Terry y Karen.
-Creo que a todos nos quedó claro con el último beso. – Dijo Stear quien se incluía en la plática de sus primos.
-Eso es verdad. – Dijo Archie, quien apoyaba a su primo y a su hermano.
-Esperemos que no pase a mayores, la boda pronto se realizará.
-No creo que ella lo deje. – Dijo Annie entrando a la plática.
-¿Cómo lo sabes Annie? – Preguntó Patty dudosa.
-Si ella está esperando un hijo de Terry, no creo que se atreva a ser madre soltera. – Dijo segura de sus palabras.
-En eso tiene razón Annie. - Dijo Stear quien entendía el punto de la pelinegra.
-Sería mejor ser madre soltera a soportar a un hombre que no te respeta. – Dijo Candy también segura de lo que decía.
-También eso es cierto. – Decía Anthony estando de acuerdo con su novia.
-Pero no todas pensamos igual Candy, Susana parece el tipo de mujer que es fuerte y fría por fuera pero está llena de miedos e inseguridades, lo demostró por la manera que reacciono al terminar la obra, aplaudió un poco y se dirigió de pronto a los camerinos. –Decía Annie.
-Eso es verdad Annie, pero si Anthony me saliera con algo así tenlo por seguro que aunque estuviera esperando un hijo de él no volvería a saber de mí. –Le dijo volteando a verlo con la mirada retacada de verdad.
-¿Crees que sería capaz de engañar a la mujer perfecta? –Le pregunto mientras besaba su mejilla.
-Y si fueras capaz con esa amenaza se te quitan las ganas. – Dijo Stear causando la risa de todos menos de Candy y Anthony, quienes lo miraban con molestia. –Ya, no dije nada. – Decía levantando las manos mientras los rubios se veían entre sí y estallaban en risas.
En el interior del teatro Karen se dirigía a la oficina del productor cargando una pequeña maleta en sus manos.
-¿Te vas? – Le preguntó al verla entrar.
-Ya sabía que así iba a ser.
-¿No podrías quedarte un par de meses más?
-No lo soportaría, además tú ya tienes una suplente y es muy buena también. – Le dijo estirando su mano para despedirse de él. – Ya sabes dónde encontrarme. –Le dijo con una sonrisa amarga. El productor asintió.
-Llámame si me necesitas.
-Puedes ir a verme cuando gustes. – Le dijo con una sonrisa sincera, como el amigo que siempre había sido desde que se había enterado de aquel amorío que tenía con Grandchester.
-Entonces ahí estaré diario. – Le dijo con una sonrisa. Karen salió rumbo a su nuevo departamento, rumbo a su nueva vida, cargando en su vientre al fruto del amor que tenía por aquel rebelde actor, deseando encontrar la paz que requería su alma.
-Estaremos bien mi vida. – Le dijo a su pequeño.
Las campanas sonaban por todo lo alto mientras una elegante novia entraba del brazo de William Andrew, al fondo de la iglesia un hombre bastante atractivo esperaba a que llegara aquella que había elegido como esposa, sus ojos azules quedaban asombrados al ver a aquella rubia de mirada celeste que iba avanzando lentamente a él.
-Gracias Albert. – Le dijo Terry al recibir a Susana a su lado. Susana no tenía padre, ni ninguna figura masculina que pudiera entregarla en el altar, así que Terry pidió de favor al gran William Andrew que la entregara a él ante el altar, aceptando gustoso de poder servir de enlace a la joven pareja. Albert le sonrió y se dirigió a su lugar, enseguida de su hija y su yerno.
-Por lo menos ya estás practicando. – Le dijo Dorothy al ver como Albert veía a su hija y su sobrino con ternura de verlos juntos.
-Lo sé, ya falta muy poco para que estos dos se casen. – Decía entre queriendo que llegara el gran día y a la vez no.
La boda se llevaba con total naturalidad, el padre ya había preguntado si alguien se oponía y ya se escuchaban los votos matrimoniales que daba la pareja al frente.
En la parte trasera de aquella iglesia la figura de una bella mujer de cabello castaño se hacía presente, estaba en la entrada de la iglesia con la esperanza de que aquel que le había roto el corazón no llevara a cabo aquella promesa ante el altísimo, se había ilusionado tontamente de que no se llevara a cabo tal sacramento. Sin embargo aquella respuesta que escucharía salir de los labios de aquel rebelde volverían a destrozarle el corazón.
-Sí, acepto. – Decía aquel hombre que ella amaba y que se había convertido en el villano de su historia. Cuando terminó la ceremonia se aferró al brazo de su amigo quien había intentado detenerla para que no se torturara con aquella escena que presenciaban en ese momento.
Cuando los novios salían felices del brazo uno del otro, Terry noto que a la entrada de la iglesia estaba una mujer que él conocía muy bien, deteniéndose de pronto en su caminar para observarla con detenimiento, efectivamente aquella mujer que estaba en la entrada se trataba de Karen y la persona que lo acompañaba era su amigo el joven Standford, el productor de la obra.
Terry se había enterado después del aquel éxito rotundo que Karen había renunciado a la obra y que había cedido su lugar a la suplente que a pesar que era muy buena no había obtenido el mismo número de espectadores. Desde entonces no la había vuelto a ver, la había buscado en su departamento varias veces para tratar de convencerla de volver a la obra, sin embargo se había cambiado de lugar y no sabía dónde localizarla, sintió ganas de ir hacia ella para preguntarle cómo estaba, pero sabía bien que Susana no lo soportaría de nuevo, tal vez ahora si lo dejaría para siempre.
Karen volteo a ver a Terry al sentir su mirada en ella y por reflejo agarró su vientre el cual estaba un poco abultado, mostraba un abultamiento muy parecido al que lucía Susana en esos momentos, el cual había sido cubierto con el fastuoso vestido de novia. Terry se sorprendió y cuando entre todos se acercaban a felicitarlos, aprovechó el descuido de Susana tratando de alcanzarla para preguntarle si era lo que él creía, sin embargo ya no la encontró, había desaparecido y se había quedado con esa duda en el alma, quemándole por dentro.
-¿Está embarazada? - se preguntaba con miedo, queriendo negarse a sí mismo esa posibilidad. -¡No puede ser! ¿Por qué no me lo dijo? – Sin embargo no había nadie que le diera respuestas, nadie solo ella y aquel hombre que la había acompañado.
Candy caminaba con Anthony de la mano una vez más por aquel parque que diario recorrían para llegar a su hogar. Candy estaba viviendo ahora en la mansión de los Andrew desde el día de su compromiso, su padre se lo había pedido como único favor antes de la boda, quería convivir con ella esos últimos meses que le quedaban de soltería, y conocerse ambos, ella había aceptado a pesar de que su príncipe no estaba muy convencido, sin embargo sabía bien que era por la felicidad de su novia. Sus manos entrelazadas eran observadas por uno y otra enfermera que se cruzaban en su camino. Ya todos sabían que pronto se casarían y las compañeras de Candy ya se habían enterado que no era una estudiante más, sino que era una Andrew, parte de una de las familias de más poder en Chicago, a pesar de la división que había entre las chicas ya tenía ahora amigas que podría decir estimaban a la rubia.
-¿Cómo te fue el día de hoy hermosa? – Le preguntaba mientras jugaba con sus dedos al tenerlos entre sus manos.
-Me fue bien amor, ¿Y a ti? – Le preguntó curiosa por saber cómo le había ido ese día, ya que siempre tenía una anécdota digna de contar.
-En realidad el día de hoy estuvo muy tranquilo, lo que fue bueno para mí.
-¿Ah sí? ¿Y por qué? – Le decía mientras se ponía frente a él coqueta con los brazos a su espalda, con travesura tentando su paciencia para que la tomara entre sus brazos y la besara. La tomó de pronto de la cintura ocasionando un grito de la pecosa al ser sorprendida por él, seguido por una carcajada por parte de ambos al estar de nuevo juntos.
-Porque así pude pensar en ti todo el día. – Le dijo robándole un beso de sus labios el cual rápidamente fue correspondido por ella aferrándose a su cuello. De pronto Candy lo hizo a un lado ante el asombro de Anthony y comenzó a correr entre los árboles, Anthony entendió el juego de la rubia y comenzó a perseguirla entre risas, se veía hermosa corriendo tratando de ocultarse de él, buscando la manera de complicarle su alcance.
-No te me escaparas. – Le decía Anthony entre risas mientras Candy se emocionaba cada vez más al ver que su amado era muy rápido. Había llegado a una parte muy alejada del parque y por la hora ya comenzaba a oscurecer. Llegó hasta el lago y se detuvo a observarlo, según ella su amado Anthony aún no llegaba, pero de pronto sintió que la levantaron en brazos y la giraban mientras ella reía y gritaba de la impresión.
-Siento si te asusté amor. – Le dijo Anthony al bajarla de nuevo para tratar de calmarla, creía que había gritado de miedo, sin embargo la veía reír y eso lo hacía reír a él también.
-Yo te asusté a ti. – Le dijo traviesa.
-Entonces me las vas a pagar. – Le dijo haciéndole cosquillas recostándola entre las hojas mientras ella gritaba que no aguantaba, poco a poco las cosquillas se convirtieron en caricias y Anthony terminó sobre el cuerpo de su amada. Hacía mucho que no estaban en esa situación, el haber estado separados cada uno en su mansiones los habían mantenido ocupados ya que siempre estaban rodeados de gente, solo cuando iban caminando por el parque usaban ese momento para estar un rato a solas, pero siempre había un motivo para llegar a tiempo a la casa, en cambio ese día no había ningún pretexto, no había ningún compromiso, tenían tiempo de disfrutarse un poco.
Anthony comenzó a besarla con mucha ternura buscando controlar un poco el deseo de tener su cuerpo debajo de él.
-Eres hermosa mi vida. – Le decía con una voz muy ronca y sensual que salía de su garganta, mientras comenzaba a recorrer su oído y su barbilla con besos húmedos y lentos. El uniforme de ella impedía besar libremente su cuello, sin embargo el sentir sus formas sobre él no era impedimento, buscando la manera de acariciar su cuerpo por sobre la ropa. Mantuvieron una acalorada sesión de besos por un buen momento, demostrándose con esa caricia todo el amor y el deseo que tenían dentro de su ser, se amaban y se necesitaban, sin embargo Anthony sabía que no era ese ni el momento ni el lugar para hacerla su mujer.
-Anthony. – Dijo Candy sintiendo la humedad llenar su cuerpo y un palpitar que le anunciaba que necesitaba más de esas caricias. El llamado de su novia lo hizo detener esos movimientos y se levantó un poco inquieto sentía que la había ofendido, se sentía frustrado pero no era culpa de ella, sino de él por no haber sabido controlarse al tenerla en esa posición, había disfrutado de su boca muchas veces y había acariciado su cuerpo también, pero sabía que debía controlarse solo un poco más.
Candy lo vio alejarse hacia el lago y se levantó apenada detrás de él mal interpretando la situación.
-Amor, lo siento. –Le dijo apenada con la voz apenas audible a sus espaldas. Anthony se sorprendió con sus palabras y volteo rápidamente hacia ella.
-¡No mi vida! ¡Yo lo siento! – Le dijo abrazándola a su cuerpo con ternura y necesidad. – Yo he sido un tonto por haberte ofendido de esa manera. –Le decía triste reprochándose el hecho de haberla acariciado de esa forma en un lugar público. – Te amo, lo sabes, y te deseo, también lo sabes, y no estuvo bien lo que hice. – Le decía apenado. Besó su coronilla y la miró a los ojos. – Yo puedo esperar. – Le dijo sincero, el momento ya había pasado y la calma había regresado a su cuerpo, Candy lo abrazó con una sonrisa.
-Te amo. – Solo atinó a decirle, ella tampoco lo culpaba, al contrario ella estaba igual que él deseosa de estar a su lado, pero no en ese lugar, no de ese modo, ella deseaba que su primera vez fuera romántica y especial y el rubio estaba de acuerdo con ello, sin embargo las hormonas le ganaron en ese momento.
-Nuestra primera vez será única y especial mi amor, te lo prometo. – Le dijo enamorado, faltaba muy poco para la boda, y pronto estarían de vacaciones, Candy y Anthony sabían que no podían irse mucho tiempo de luna de miel, así que habían aprovechado sus vacaciones para hacer un viaje dentro del mismo país ya que la guerra no permitía realizar viajes a Europa.
-Lo sé amor. – Le dijo también enamorada aferrándose a su cuerpo buscando siempre esa calidez y refugio que le otorgaban sus brazos.
Llegaron a la mansión de los Andrew como siempre muy abrazados y hablando cosas melosas al oído, sin embargo una sorpresa los esperaba, en el salón de la mansión se encontraba un vaquero amigo de ellos que tenían tiempo sin ver.
-¿Tom? – Dijo Anthony en cuanto entro junto a Candy.
-¡Anthony! ¡Candy! ¡Qué gusto verlos juntos! – Le dijo emocionado. Se fue sobre ellos y los abrazó con mucho cariño.
-¿Hace mucho que llegaste? – Le preguntó Candy a su amigo. Él negó con su cabeza.
-Voy entrando, apenas Alfred avisará al señor Andrew de mi presencia. – Decía apenado rascando su nuca en señal de pena por la situación que estaba viviendo. -¿Cómo está Eliza? – Les preguntó preocupado por ella.
-Triste. – Dijo ella. – Preocupada, tiene días que no sale de su habitación por que cada día se nota más su embarazo.- Dijo Candy a su amigo.
-¿Cuánto tiempo tiene? – Preguntó ansioso.
-Tiene cerca de siete meses Tom. –Le contestó Anthony. Tom se sorprendió. Él tenía cinco meses que se había ido a Escocia y no había vuelto no por miedo o por los negocios, sino por el problema de la Guerra, si no hubiera sido por el abuelo de Anthony aún no llegaría, y a pesar de eso les habían varado el barco por semanas porque no los dejaban desembarcar, así que tuvo que seguir más tiempo en alta mar en lo que se conseguían los permisos para poder tocar tierra firme.
-Me sentí muy mal al enterarme de la situación. – Dijo ante la mirada confusa de los rubios. – No me mal interpreten, me da gusto que vamos a ser padres, yo amo a Elisa y mucho, por ella hice ese viaje, cuando su madre me fue a buscar me enfrentó diciendo que yo no tendría el dinero ni modales suficientes para darle a Elisa todo lo que ella merece, me prohibió verla y le prohibió salir, yo tenía ganas de despedirme de ella y avisarle que me iría a hacer ese negocio, me fue muy bien ¿Saben? Ahora sí, ni la señora Leagan ni nadie podrá decir que no tengo dinero para darle todos los lujos que ella y mi hijo merecen. Nunca pensé que por la guerra tardaría tanto tiempo, ni mucho menos que Elisa esperaba un hijo mío. – Dijo de nueva cuenta bajando su mirada.
Los Cornwell iban llegando junto a sus primos habían escuchado a Alfred decirle a Albert que Tom había llegado y mientras Albert iba por Elisa los chicos iban a ver a Tom.
-¡Vaya! ¡Hasta que apareces! – Le dijo Archie palmeando su espalda en señal de saludo.
-¡Archie! ¡Stear! Gracias por lo que han hecho por Elisa, mi madre y mi padre me tuvieron al tanto. No saben de verdad cómo les agradezco que la hayan podido sacar de su casa, sino en estos momentos no sé qué hubiera sido de ella y mi hijo. – Dijo con sinceridad viendo como ambos chicos le sonrían en respuesta.
-No tienes nada que agradecer, la verdad es que todo fue gracias a Archie, ya que Elisa nos pidió ayuda cuando estábamos en la búsqueda de Candy y Archie nunca se negó a ayudarla.
-Gracias hermano. – Le dijo Tom a Archie palmeando su espalda.
-¿Dónde está ella? – Decía ansioso deseaba verla, abrazarla, su cuerpo exigía tener a su mujer de nuevo a su lado.
-No te preocupes Tom, ya falta menos para que ella esté aquí. – Le dijo Anthony al ver lo ansioso que estaba. Él era uno de los que mejor lo entendía, al haber estado tanto tiempo separado de su pecosa.
-Me duele pensar lo que ha sufrido y más que haya permanecido escondida por mi culpa.
-Elisa es fuerte Tom. – Le dijo Candy.
Albert llegó a la habitación de Elisa y tocó para avisarle de la llegada de Tom, una Elisa con los ojos inflamados apareció tras la puerta, Albert sintió su corazón estrujarse al verla en ese estado.
-Elisa, ¿Estás bien? –Preguntó preocupado.
-Sí tío. – Dijo tratando de recomponerse.
-Cámbiate de ropa. – Le dijo con una sonrisa que reflejaba su felicidad. Elisa comprendió por la manera como le sonreía, preguntando con su mirada si era verdad. Albert asintió. – Te está esperando abajo. – Dijo de nueva cuenta. – Anda apresúrate. – Elisa fue hacia su guardarropa para buscar uno de los vestidos que le habían mandado a hacer, una vez que estuvo lista se apresuró a bajar sintiendo que su corazón latía tan rápido que no podía controlarlo.
Los chicos seguían acompañando a Tom mientras Albert venía bajando las escaleras con una sonrisa al ver al moreno en el salón.
-Tom, bienvenido. – Le decía extendiendo su mano para saludar al moreno.
-Señor Andrew. – Dijo Tom estirando a la vez su mano para recibir el saludo, sin embargo Albert lo jaló hacia él para darle un abrazo. – Gracias por lo que ha hecho por Elisa.
-No tienes por qué agradecer Tom, Elisa es parte de la familia, lo bueno que pudimos sacarla de su casa, porque a pesar de que ya es mayor de edad al momento de salir embarazada no lo era, y su madre no tenía buenas intenciones con respecto a esto. – Decía Albert serio para advertirle la situación al muchacho.
-Quiere decir que… -Dijo Tom molesto por lo que esas palabras le implicaban. Albert asintió.
-Así es Tom, Sara tenía la intención de casar a Elisa con un amigo de su padre, un tal señor Hopkins, no es de este lugar, dejó salir a Elisa para que pidiera ayuda por la situación de su padre.
-Sí, también me enteré de ello. – Decía Tom apenado como si lo sucedido fuera culpa de él, aún no creía que el señor Leagan se hubiera animado a hacer tal bajeza si él nunca le demostró estar en desacuerdo con la relación que tenía con Elisa, aunque tenía que reconocer que antes de tratarlo también él buscaba comprometerla con Anthony.
-Elisa nos comentó la situación y el estado en el que se encontraba y hablé con Sara, ella quería que Elisa perdiera al bebé, para poder casarla con dicho señor.
-¡Vieja maldita! – decía Tom con los puños blancos de lo que los apretaba por el coraje que le causaba aquella señora, que lo quisiera o no era su suegra.
-Otra opción que sugirió era que al nacer el bebé lo daría en adopción, es por ello que el miedo incrementa en Elisa cada vez que avanza el tiempo y se acerca a dar a luz, sin embargo ahora que estás aquí todo será más llevadero para ella.
-¡Elisa! – Dijo Tom enamorado al ver a su mujer bajar con cuidado las escaleras, el abultado vientre se vislumbraba en su cuerpo, se veía hermosa para los ojos de Tom, el caminar de ella era lento buscando la estabilidad para no dar un mal paso, Tom no espero a que bajara sino que corriendo hacia ella la encontró y la ayudó a bajar para abrazarla a su pecho, besando su frente y su rostro repetidamente, feliz de verla de nuevo y más de encontrarla bien gracias a los Andrew.
-Tom. – Le decía Elisa feliz, llorando una vez más, en sus ojos se volvían a reflejar esas lágrimas que no la habían abandonado durante el embarazo solo que ahora el brillo de sus ojos reflejaba felicidad y no tristeza.
Candy se abrazó a Anthony también con la mirada llena de lágrimas, emocionada por el encuentro que se había dado entre aquellos dos chicos, sintiendo una emoción al recordar lo que ella había sentido al ver a su amado Anthony de vuelta. Anthony la sintió temblar de la emoción y la abrazó más fuerte protegiéndola con sus brazos.
-Te entiendo mi amor. – Le decía muy cerca de su rostro, él también había tenido esa sensación al verlos abrazarse. Ambos estaban emocionados con ese reencuentro.
-¿Se dan cuenta que todos hemos estado separados de nuestras novias por un tiempo? – Preguntó Archie mientras los demás lo veían cayendo en cuenta que era cierto, todos habían estado separado de sus prometidas por diferentes razones y la sensación de vacío de los brazos del ser amado era un martirio para sus almas. –Bueno solo falta Stear. – Dijo completando lo que tenía pensado, pero más tardó en decirlo que Stear en soltarle un zape en su nuca. -¡OYE! – Le dijo molesto volteándolo a ver mientras se sobaba en el lugar del golpe.
-Eso es para que tu comentario no sea realidad hermanito. – Decía Stear porque no quería sufrir lo que había sufrido, su hermano, su primo, su tío y su amigo, él era feliz con Patty muy feliz, y no permitiría que la separaran de su lado, bueno eso decía él, solo podía pedir que no lo separaran de su amor.
-¡Pero me dolió! – Le dijo Archie aun quejándose por el impacto, mientras los rubios y el mismo Albert se reían de la situación.
-Tom, creo que tenemos que seguir hablando. – Le dijo Albert a Tom y Elisa para que los siguieran al despacho. Apareciendo detrás de ellos la matriarca de la familia, con su expresión fría y sin emoción al ver a aquel joven en su morada.
-Hasta que apareció joven Stevens. – Dijo con su ya habitual forma de hablar, mientras Tom y Elisa la veían preocupados por lo que tuviera que decir, sin embargo cuando voltearon a ver a Albert se dieron cuenta que ese hombre que estaba junto a ellos los ayudaría con ella, sin embargo ambos tenían que soportar el sermón que les tenía preparado.
Continuará…
Y terminó otro capítulo más jajajaja espero que lo hayan disfrutado mucho hermosas, aquí seguimos reportándonos con los capítulos, esta historia avanza más rápido porque como les había dicho la escribí primero que la otra y tengo un poco más claro las ideas, en la otra sé lo que tengo que hacer y a donde tengo que llegar, pero estoy preparando el camino, así que no se desesperen por favor.
El día de antier no me llegaban los mensajes, solo se incrementaba la cuenta y no aparecía nada y temí que tuvieran problemas también de ver el capítulo, sin embargo al parecer fue solo en los review el problema, ojalá no pase lo mismo, espero sus comentarios y sobre todo espero que estén muy bien en sus países, les mando un fuerte abrazo a cada una de ustedes, mis mejores deseos y bendiciones.
Saludos.
