Aquí llego el segundo capítulo más esperado, y digo el segundo porque el primero les puedo asegurar que es la noche de bodas jajajaja pero para esa tengo que inspirarme un poco así que paciencia por favor. Los personajes de Candy no me pertenecen, lo hago sin fines de lucro y no es apta para menores de edad. ¡COMENZAMOS!
LAZOS DE AMOR
UNA BODA DE ENSUEÑO
CAPITULO XXXIV
Se levantó esa mañana más temprano que nunca, veía cómo la luz entraba por su ventana iluminándola por completo, impidiéndole conciliar el sueño que se le había negado esa vez, estaba ansiosa, ilusionada, los ruidos y los murmullos se escuchaban en las afueras de la habitación, escuchándose las órdenes y las voces inquietas de su tía abuela.
-¡Rápido! ¡No pueden dejar eso ahí! – Un sonido se escuchó en su puerta.
-Adelante. – Dijo la rubia poniéndose de pie.
-¡Pero niña! ¿Todavía estás en pijama? –Le preguntaba asombrada por la situación en la que la encontraba.
-¡Es muy temprano! – Le decía en su defensa.
-¡Nunca es temprano para un evento de tal magnitud! – Decía desesperada. - ¡Anda Candy que hoy es el día tu boda! – Decía una vez más para apurarla a levantarse. -¡Vamos niñas apresúrense! – Le decía a las mucamas que se encargarían de bañar a Candy para alistarla, la preparación para la novia comenzaba desde muy temprano, tenían que darle un baño especial y tratamientos a su piel para que estuviera radiante la noche de bodas.
-¿Todo esto es necesario? – Preguntaba dudosa de todo lo que le hacían hacer.
-¡Por supuesto! ¡Todas las novias Andrew han hecho esto antes! – Le decía con exigencia.
-A Elisa no le hicieron eso. – Decía en su defensa al sentir que le quitaban su ropa para dejarla solo en los interiores comenzando a untar una crema alrededor de su cuerpo.
-Lo de Elisa fue diferente, su boda tuvo que ser discreta por su situación. – Dijo la matriarca cambiando su semblante por uno más amargo, aún le molestaba que ella hubiera salido embarazada antes de tiempo y más que se hubiera casado con un vientre tan notorio, había sido la comidilla de la ciudad, a pesar de que habían tratado de hacerlo lo más discreto posible.
Candy se dejó hacer y deshacer en su cuerpo y su cabello un sinfín de tratamientos que le aplicaban para que resaltaran su belleza, ello lo veía totalmente innecesario pero sabía que no tenía alternativa.
La tía abuela salió de la habitación para seguir dando indicaciones a los demás empleados, mientras ella se resignaba a todo lo que harían, ella quería salir y ver aquella mañana, disfrutar en todo su esplendor el día que sería el más feliz de su vida, grabarlo en su memoria para siempre y atesorarlo en sus recuerdos.
-¡Mira nada más esas ojeras! – Decía una de las chicas que habían ido a ayudarle.
-¡Buscaré unas compresas de manzanilla! – Gritaba otra para correr rumbo a la cocina para conseguir las compresas de manzanilla para bajar la inflamación de sus ojos.
-¡Trae unas rebanadas de pepino! – Gritaba otra para conseguir lo mismo.
Candy suspiraba resignada una vez más, no entendía todo lo que pedían aquellas chicas, no era ninguna ensalada para que le pusieran pepino, ella nunca había ocupado nada de lo que estaban poniendo.
No muy lejos de ahí un joven enamorado también había tenido una noche algo abrumada, no había podido conciliar bien el sueño por la emoción que le causaba que pronto sería un hombre casado, había anhelado tanto que ese día llegara que creía que era imposible que ya hubiera llegado.
-Buenos días madre. – Le dijo a Rosemary quien se encontraba ya lista para ir a la iglesia y ayudar con las indicaciones, ella sería la encargada de supervisar que la iglesia quedara decorada adecuadamente.
-Buenos días hijo, ¿No pudiste dormir, verdad? – Le preguntó al ver las bolsas bajo los ojos de su hijo. Anthony negó.
-Estoy tan emocionado madre, que me quedé pensando hasta muy tarde en cómo sería nuestra vida de ahora en adelante. – Rosemary lo veía con una risita de diversión. - ¿Qué es tan gracioso madre? – Preguntó confundido.
-Recuerdo que el día de mi boda, tu padre también llegó con unas ojeras bajo sus ojos. – Dijo divertida. – Pero se veía adorable, igual que tú. – Le dijo dándole un beso en su frente, mientras Anthony la veía con una sonrisa.
-¿A dónde vas? – Preguntó confundido al ver a su madre tan temprano lista para salir.
-Voy a supervisar el arreglo de la iglesia ¿Recuerdas? – Preguntó de nueva forma divirtiéndose por lo despistado que estaba su hijo, eran los nervios por la boda.
-Te acompaño, quiero estar seguro que las Dulce Candy estén en el lugar. – Dijo ofreciendo su brazo a su madre para acompañarla al lugar.
Cuando terminó el arreglo de la Holly Name Cathedral de Chicago, Rosemary y Anthony quedaron maravillados, su apariencia era impresionante, los grandes arcos que la formaban y las columnas estaban adornados con grandes ramos de rosas de color rosa bajito con marfil, y el altar estaba adornado con puras dulce Candy, Anthony había cosechado principalmente esas rosas para adornar el altar, habían hecho un gran trabajo.
-¡Quedó hermosa hijo! – Dijo Rosemary emocionada.
-Es verdad madre. – Dijo Anthony feliz del resultado.
-Vamos a la mansión para ver si podemos ayudar en algo. – Dijo Rosemary quien no quería perderse ningún detalle de la boda, era la boda de su único hijo y tenía que aprovecharla al máximo.
Ambos llegaron en el automóvil de Anthony, observando el rubio el gran movimiento que se vislumbraba en la mansión, había muchas personas que iban y venían con mesas, sillas y toda clase de adornos.
Las flores comenzaban a desfilar y una vez más las Dulce Candy llegaban a pedido del rubio para adornar el salón principal.
-¡Anthony! ¿Qué haces aquí? – preguntó la tía abuela sorprendida de verlo ahí.
-Vengo a ver si es necesario mi ayuda. – Dijo buscando entre los presentes a su novia, sin embargo no la veía por ningún lado.
-Será mejor que te vayas Anthony. – Dijo la señora Elroy ante el asombro de su sobrina y de su casi nieto.
-¿Sucede algo tía abuela? – Preguntó Rosemary.
-De ninguna manera, pero no es conveniente que el novio vea a la novia antes de la boda. – Dijo la solemne dama con su semblante duro y frío.
-Pero Candy no está aquí. – Decía Anthony en su defensa para quedarse un poco más, quería ver aunque sea de lejos a su pecosa.
-Stear, Archie. – Decía la anciana al ver a sus otros nietos acercarse a ellos.
-¿Sucede algo tía abuela? – Decía Stear al llegar al lado de su hermano.
-Necesito que se lleven a Anthony de aquí por favor. – Los chicos volteaban a ver a Anthony confundidos. – No es conveniente que vea a Candy antes de la boda. – Ambos chicos comprendieron y tomaron a su primo de los brazos uno de cada lado.
-Vamos Anthony, la tía abuela tiene razón. – Decía Archie, mientras Anthony los seguía no muy convencido y su madre lo veía divertida.
-Pero… ¡Mamá! – Decía quejándose a ver si su madre hacía algo. Sin embargo, Rosemary le decía adiós con su mano y su mirada traviesa.
-Te veo después mi cielo. – Le lanzó un beso al aire y le guiñó un ojo divertida mientras veía como su hijo la veía inconforme.
Los tres chicos se salían de la mansión y se subían al auto de Anthony.
-Vamos Anthony, dame las llaves. – Le decía Stear estirando la mano para que le diera las llaves, el rubio sacó de su bolsillo las llaves de su auto y se las entregó a su primo no muy convencido. – Vamos Anthony sabes que es mejor irnos, sino la tía abuela nos retará.
-Tiene razón Stear, Anthony vamos a dar una vuelta mientras ellas terminan de arreglar todo para la fiesta. – Decía el gatito mientras Anthony tenía otra idea en mente ya que no lo dejaban ayudar en el arreglo de la mansión.
-Tengo una idea mejor. – Dijo con un semblante misterioso mientras sus primos lo veían divertidos esperando que les compartiera su plan, sabían por la expresión que tenía que algo tenía en mente y que era algo que los involucraba y no tenían ninguna duda de hacerle segunda a su primo.
-Tú dirás a dónde vamos. – Dijo Stear al volante mientras Archie se colocaba en la parte trasera del auto.
-A la mansión Brower. –Dijo Anthony decidido. Mientras Stear aplastaba el acelerador para salir de aquella mansión y dirigirse a la de su primo.
Mientras los chicos se dedicaban a ir a la mansión de Anthony, Candy seguía sufriendo por los tratamientos que le ponían.
-Adelante. – Dijo la rubia al escuchar emocionada que alguien tocaba la puerta, esperaba que fuera su salvación. – ¡Tía Rosemary! – Dijo emocionada al ver a su tía. - ¿Dónde está Anthony?
-No te preocupes por mi hijo Candy, hace un momento la tía abuela lo corrió de la mansión. – Le dijo con una risita traviesa.
-¿Lo corrió? ¿Pero por qué no me avisaron nada? - Decía Candy sin moverse mucho pero si atendiendo a lo que su tía decía.
-El novio no puede ver a la novia Candy, y mi hijo también se fue muy decepcionado de no verte. – Le dijo para que ella comprendiera que no se había ido por su propio gusto.
-Lo entiendo. – Decía Candy un poco desilusionada ya que toda la noche la había pasado pesando que lo vería unas horas antes de casarse, sin embargo parecían que los planes que tenían para ellos eran otros.
Rosemary llevaba una caja bastante grande y la pecosa no había reparado en ella al momento que entró en la habitación, todo por la necesidad que tenía de saber de su príncipe.
-¿Qué es eso tía? – Preguntó por fin al ver que la colocaba sobre la cama.
-Es un regalito para ti mi niña y para mi hijo. – Le dijo con un guiño y abrió la caja para mostrárselo a su sobrina.
De la caja sacó un coqueto corsé completamente blanco adornado con encajes y listones de seda, venía junto con un calzón bombacho de los mismos materiales el cual era adornado con encaje en la parte que se ajustaba a las piernas y a los lados tenía unos coquetos moños que adornaban tal prenda.
-¡Es hermoso! – Dijeron las muchachas que ayudaban a Candy mientras ella se sonrojaba bastante al ver lo que le había regalado su tía y más cuando cayó en cuenta porque decía que era para ambos.
-¿Te gusta hija? – Le preguntó ante la reacción que tenía la pecosa, viendo como su rostro se coloreaba en el acto.
-Está muy bonito tía. – Le decía cubriendo su rostro.
-Estoy segura que a mi hijo le encantará. – Decía traviesa. - Te verás hermosa en él y combina perfectamente con tu vestido de novia. - Diciendo esto la puerta fue tocada de nueva cuenta abriendo Rosemary en el acto para que entrara la persona que estaba esperando.
Candy sorprendida vio que era una infinidad de personas que entraban detrás de madame Monique quien sería la encargada una vez más de arreglar a la joven. Todas llevaban una infinidad de cosas cargando entre sus manos.
-¿Qué es todo esto? – Preguntaba Candy aún sin dejar de sorprenderse de todas las cosas que implicaba una boda.
-Ellos te ayudaran a preparar tu equipaje para la luna de miel. – Dijo su tía Rosemary.
-Pero aún no vamos a irnos, el pasaje es para dentro de dos días. – Decía Candy segura que tendría tiempo de preparar todo lo necesario para esos días que pasarían fuera de Chicago.
-Por eso mismo mi niña, no habrá tiempo de arreglar nada, así que ellos harán todo por ustedes. – Le dijo indicándoles el lugar a donde irían sin que la rubia se diera cuenta ya que su hijo le había dicho que sería una sorpresa.
Candy solo observaba a su tía con agradecimiento, creía que era algo pronto para todo eso, pero sabía que su tía tenía más experiencia que ella en esa situación. Cuando Candy volvió la mirada hacia la puerta vio que iba entrando un séquito de jóvenes que cargaban todas juntas el vestido de novia junto con todo el ajuar que utilizaría. Ella abrió los ojos emocionada a ver que era bellísimo el vestido que usaría.
-¡Es hermoso! – Dijo emocionada.
-¡Es hermosísimo! – Decía Rosemary igual de ilusionada que su sobrina, ella estaba feliz de que su hijo por fin fuera a realizar el sueño de toda su vida. - ¡Te verás maravillosa en él!
-Salut, ma belle, bonjour. – Saludó Geovanny emocionado de ver nuevamente a su rubia favorita.
-Bonjour Geovanny. – Dijo Candy contenta de saludar a aquel que se había hecho amigo de ella.
- Vous êtes impatient de commencer?*1– Pregunto el muchacho a la rubia.
- qu'est-ce qui n'est pas trop tôt?*2 – Dijo Candy con dificultad, mientras Rosemary estaba de acuerdo con el joven francés.
-De ninguna manera Candy, estamos justo a tiempo de comenzar tu arreglo para terminar a tiempo para la ceremonia. – Decía Rosemary mientras se dirigía con las demás mucamas, siendo la encargada de aprobar el vestuario que llevaría Candy a su luna de miel, mientras Candy era comenzada a ser maquillada.
Una vez terminado el peinado y maquillado de la rubia Candy se observaba en el espejo, se sentía diferente, hermosa y no podía despegar sus ojos del reflejo.
-Merci de ne pas couvrir mes taches de rousseur.*3 – Le dijo a Geovanny, quien le sonrió por el esfuerzo de hablar en su idioma.
-No hay problema. – Le dijo con su acento francés tratando de hablar él también en la idioma de la rubia.
-Ahora el vestido. – Decía mándame Monique que estaba supervisando con mucho cuidado todo el proceso que llevaba el arreglo de aquella chica tan importante.
Candy ya no protestaba estaba completamente segura que era muy temprano, apenas si había desayunado y ya estaban por ponerle el vestido, cuando se dio cuenta de la hora se sorprendió con lo que le dijeron.
-Vamos chicas ayuden a colocar el vestido que ya falta poco para la ceremonia.- Decía madame Monique, la ceremonia sería a las cinco de la tarde y ya pasaban de las dos, tenían que terminar pronto de arreglar el vestido sobre el cuerpo de la chica ya que aún le faltaban unos cuantos ajustes los cuales se daban a lo último para que no tuviera ningún defecto.
Albert y Dorothy se habían mantenido un poco al margen de todo el alboroto que se había armado, ellos ya estaban listos para la ceremonia religiosa, así como Alejandro. Stear y Archie se habían arreglado también en la mansión de Anthony para ayudar a su primo en aquel plan que se le había ocurrido, divirtiéndose como nunca en esa nueva aventura a la que se embarcaba el rubio.
-Muchas gracias muchachos. – Les decía a ambos muchachos. – Siempre han estado ahí para mí, en los mejores y los peores momentos siempre han sido cómplices de mis ideas, incluso de las más locas, han sido más que unos primos para mí, son mis hermanos y eso siempre lo valoraré, de sobra está decir que también podrán contar conmigo siempre. - Anthony estaba feliz, había llegado por fin el día que tanto había anhelado y sus primos estaban ahí junto a él como siempre había sido.
-Lo sabemos Anthony, sabes que te queremos mucho, y para nosotros eres un hermano más. – Decía Stear abrazando a su primo mientras Archie se unía a ese abrazo que compartían.
Se terminó de acomodar su traje, se miró al espejo y recordó a su padre, en eso su abuelo llegaba para unírseles y le daba una palmada cariñosa en su espalda.
-Anthony, hijo. – Le decía unas palabras antes de que saliera de ahí ya que llegaría convertido en un hombre ya casado. – Quiero decirte que tu padre siempre me habló de lo orgulloso que estaba de ti, siempre me habló de las ganas que tenía de verte convertido y hombre, y te puedo asegurar que aún se sentiría verdaderamente orgulloso del hombre en que te has convertido. – Los Cornwell decidieron darles privacidad y los dejaron un momento a solas mientras se iban al automóvil para esperar al rubio y llevarlo a la Catedral.
-¿Qué tienes ahí Stear? – Preguntó Archie al ver que su hermano había guardado algo en el maletero del automóvil de Anthony.
-Es una pequeña sorpresa para cuando los novios salgan rumbo a su luna de miel. – Decía Stear contento.
-No hermano, no vayas a cometer una locura, Candy merece estar tranquila de tus inventos por lo menos una vez en su vida. – Decía Archie viendo a su hermano, sabía bien que todas las sorpresas que su hermano inventaba para la rubia terminaban mal.
-No te preocupes Archie, esta vez es algo inofensivo. – Dijo Stear.
Anthony después de haber hablado con su abuelo salía junto con él para reunirse con sus primos.
-¿Estás listo Anthony? – Preguntaba Stear al verlo llegar. Anthony suspiró con una sonrisa tan espectacular que ambos chicos sabían que por fin había llegado el momento que tanto había esperado.
-Estoy listo muchachos. Vamos. – Les dijo a ambos subiéndose en la parte trasera de su automóvil junto con su abuelo, mientras Stear y Archie iban al frente en el lugar del piloto y copiloto respectivamente. El señor Brower miraba feliz con orgullo a su nieto mientas él se cercioraba que tenía tiempo para llegar a la iglesia.
Mientras en la mansión Candy terminaba de ser enfundada en el espectacular vestido de novia que había mandado a hacer su tía, el diseño tenía un corte princesa, era de encaje y con un bordado en la parte superior con cristales de diamantes, el escote era en forma de corazón y se ajustaba por la parte frontal, las mangas eran amplias y largas, la falda era bastante amplia conformada de varias capas, la cola del vestido tenía varios metros de longitud lo mismo que el velo.
Su peinado era alto y se adornaba con pequeñas flores que hacían ver su rostro hermoso, mientras el velo se ajustaba de la parte de abajo del peinado y se ajustaba con broches en conjunto a las joyas, era un velo largo de encaje muy fino y delicado, se formaba de varias capas, por eso la manera de llevarlo sería con el mayor cuidado. Alejandro sería el encargado de llevarlo junto con una de las niñas de la familia, quienes habían estado bien instruidos de no ponerse a jugar con el.
Albert llegaba a la habitación de Candy, quedando impresionado con lo que veían sus ojos, ante él se encontraba una hermosa chica vestida de blanco, el vestido se le veía perfecto.
-¡Te ves maravillosa hija! – Dijo su padre al momento de ver a su hija. – Tu madre estaría verdaderamente orgullosa de ti. – Le decía con las lágrimas a punto de salir de sus ojos. – Te ves tan hermosa como ella el día de nuestra boda. – Sacó de entre sus bolsillos un prendedor con el emblema de los Andrew, Candy ya tenía uno, sin embargo su padre decidió darle aquel que había pertenecido a su madre una vez que se había unido a la familia. – Este era el emblema de tu madre, sé que tienes uno pero creo que a ella le gustaría que llevaras este con orgullo al igual que sus joyas. – Candy se emocionó con lo dicho.
-¿Son las joyas de mi madre? – Albert asintió. – Todas las joyas que llevas el día de hoy, son las joyas que yo le regalé a tu madre para el día de nuestra boda. – Le dijo con la mirada nublada, los ojos de Candy comenzaban a llenarse de lágrimas por la emoción de lo que su padre le decía.
-Oh no, no, no, - Decía Geovanny preocupado porque se corriera el maquillaje de su obra de arte. – Sin llorar, s'il vous plaît. – Decía angustiado. Con ese comentario Candy comenzó a reír lo mismo que Albert y ambos se dirigieron rumbo a la salida.
Anthony esperaba fuera de la iglesia impaciente, viendo su reloj de vez en cuando sintiéndose ansioso porque no llegaba su pecosa.
-Tranquilízate Anthony, las mujeres siempre llegan tarde. – Le decía su abuelo quien recordaba que tanto su esposa, como su nuera habían llegado un poco tarde a su boda.
-No me importa esperarla abuelo, lo que me inquieta es que llegue con bien. – Decía mientras caminaba de un lado a otro.
-No te preocupes Anthony, ya no debe tardar, ahí viene mi tía Rosemary junto Dorothy y Alejandro. – Decía Stear, la tía abuela tenía unos minutos que había llegado y esperaba la entrada de los novios dentro de la catedral.
-Anthony ahí viene el automóvil del tío William. – Dijo Archie al ver a lo lejos el automóvil. Una sonrisa de felicidad sustituyó el gesto de ansiedad de Anthony en su rostro. Al ver que el automóvil se estacionó frente a la catedral Stear rápidamente tomó a su primo de los hombros y lo dirigió dentro de la iglesia.
-Anda, anda romeo, tú tienes que estar en el altar esperando a tu novia. – Le decía una vez más su primo. Rosemary tomó el brazo de su hijo y se dispuso a acompañarlo hasta el altar.
-Vamos hijo, tu primo tiene razón. – Dijo ayudando a Stear y permitiéndole que él se fuera a seguir acompañando a su novia.
Albert bajó de su limosina y se dirigió a abrir la puerta para que Candy pudiera descender del vehículo, al abrir la portezuela del automóvil Candy extendió la mano para que su padre la ayudara a bajar, el peso del vestido le impedía caminar con naturalidad, Dorothy era la encargada de cuidar a los dos pequeños que llevarían el velo de Candy, Alejandro se colocó enseguida de su padre junto con Dorothy. Una vez que Candy pudo bajar del automóvil, Monique junto con su séquito de ayudantes se acercó a ella para acomodar el vuelo de su falda.
-Gracias Monique. – Le dijo Candy con una sonrisa, al igual que a Geovanny quien se desvivía por que la rubia tuviera el maquillaje impecable, retocando por última vez antes de entrar a la Catedral.
-Felicidades linda. – Le dijo con una sonrisa, la modista se dirigió junto con los demás dentro de la iglesia para escuchar la ceremonia.
Candy observó la gran entrada de la Catedral y lanzó un suspiro ilusionada, por fin su sueño se haría realidad.
-¿Y Anthony? – Preguntó Candy a sus primos quienes la esperaban para ayudarla a subir las escaleras que tenían frente a ellos.
-Ya está esperándote frente al altar. – Dijo Archie viendo a su prima con nostalgia, recordando cuanto la había amado. Stear la observó de la misma forma con una sonrisa de lado, pero feliz de ver que finalmente llegaba a realizar su sueño. – Estás hermosa gatita. – Le dijo por fin Archie.
-Gracias Archie. – Dijo Candy con una sonrisa.
-Mi hermano tiene toda la razón Candy, no he visto novia más hermosa que tú. – Le dijo feliz.
-Qué no te escuche Patty. – Le dijo Candy con una sonrisa de agradecimiento.- Los quiero mucho muchachos, gracias por habernos ayudado a cumplir nuestro sueño. – Les dijo mientras ambos chicos tomaban cada uno una de sus manos y la besaban con mucho cariño.
-Bien. – Dijo Albert. – Ya es hora hija. – Avanzaron rumbo a la entrada subiendo con mucho cuidado los escalones, mientras Stear y Archie la ayudaban de un lado Albert la sostenía del otro. El vestido era muy pesado y la rubia necesitaba ayuda.
Una vez en la puerta de la bella Catedral los órganos de la iglesia comenzaron a sonar tocando la marcha nupcial de Mendelssohn, interpretada por las maravillosas manos de Hoffman, un concertista muy famoso de la época. Cuando Candy comenzó a recorrer el largo pasillo que la llevaría hasta su príncipe todos los invitados quedaron en silencio, observando la belleza de aquella joven, Candy veía que a cada lado de la iglesia estaban las personas que más la estimaban, personas con las que había compartido más de un capítulo en su vida y con las que había convivido. Entre los invitados alcanzó a ver a Mary Jane, junto con Jane y sus demás compañeras del hospital quienes la veían felices de verla vestida de novia, le sonreían y la saludaban haciéndole gestos graciosos, también vio a algunos compañeros de Anthony, unos de los tantos que tenía, así como a George junto a su familia, Elisa junto a Tom quienes lucían orgullosos el embarazo de ella ya sin importar las miradas de los curiosos. Iba la familia de Annie y de Patty, así como el rebelde de Terry con su ahora esposa Susana
Al principio de las bancas, se encontraba su familia, Dorothy en compañía de la tía abuela, el padre de Dorothy la acompañaba, estaban sus primos con sus prometidas y por supuesto su tía Rosemary junto a su abuelo Henry. Todos y cada uno de los presentes tenían una historia que contar con aquella rubia y por supuesto con aquel rubio, quien la miraba detenidamente desde su posición.
-Qué hermosa es. – Decían algunos de los invitados.
-Qué suerte tiene la muchacha, el novio es guapísimo. – Decían otras.
Anthony estaba perdido en la imagen de Candy, no podía aún ver la belleza de su amada, le parecían interminables los más de cincuenta metros que tenía que recorrer para llegar a sus brazos.
Cuando la tuvo más cerca se maravilló por hermosura de su amada, su rostro se veía radiante y el vestido que había elegido para ella le quedaba maravilloso. Sus ojos se encontraron con los de ella y no hubo poder humano que los desviara de su cometido. Albert llegó junto a él y extendió la mano de su hija para que él la recibiera.
Anthony extendió sus manos para alcanzar las de su princesa, que apodo más atinado el que le había puesto, ella lucía como una princesa, no lucía como una reina ante sus ojos. No hizo falta palabras, sus miradas decían todo, Candy miraba lo guapo y apuesto que se veía su príncipe enfundado en su negro Frac tan elegante y de buen gusto. Annie se acercó a la novia y le otorgó un enorme ramo de rosas para que otorgara a la virgen en su momento. Ella le sonrió y siguió su cometido mirando a su príncipe.
-Anthony, sé que no tengo que decirte que la hagas feliz, cuando tú has sido el único que siempre se ha preocupado por hacerlo posible. Lo único que te puedo decir es gracias por haber estado siempre ahí para ella, gracias por haberla hecho sonreír, gracias por haberla cuidado y gracias por haberte preocupado por su bienestar, gracias por haberla amado más de lo que yo la amé. – Le dijo con un nudo en su garganta impidiéndole continuar con ese discurso no elaborado.
-Gracias a ti tío, por haberme encomendado tan maravillosa tarea, créeme cuando te digo que en ningún momento fue para mí una carga hacerme cargo de ella, al contrario el verla sonreír era lo que me motivaba para seguir adelante y te prometo que ese continuará siendo el motivo principal de mi existencia. La amo y eso nada ni nadie lo puede cambiar. – Le dijo seguro dando ese pequeño discurso que había sido escuchado por la pecosa quien estaba a nada de soltar las lágrimas, pero se acordaba de Geovanny y por la gracia que le causaba su amigo aguantaba su emoción.
El sacerdote se hizo presente una vez que terminó el órgano de tocar aquella melodía, se paró ante ellos y después volteó hacia sus feligreses decidido a comenzar el sermón de aquella tarde.
Una vez de haber iniciado el ritual de cada ceremonia se dirigió a los jóvenes novios, los vio con ternura por lo jóvenes que eran y comenzó las preguntas que hacía día a día a los jóvenes que se presentaban en su parroquia para contraer nupcias. Una vez habiéndose asegurado de que no había impedimento alguno para realizar ese sagrado sacramento comenzó su discurso.
-Joven Anthony Brower Andrew, ¿Acepta usted por esposa a la señorita Candy White Andrew, para serle fiel en lo próspero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad y amarla y respetarla todos los días de su vida? – Anthony escuchaba atento a lo que decía el Obispo, al terminar la pregunta volteo a ver a Candy quien seguía aferrada a sus manos enfocando su mirada en la de ella.
-Sí, padre acepto. – Dijo enamorado sin dejar de poner atención a las palabras del sacerdote que ahora le tocaba preguntar a la rubia.
-Señorita Candy White Andrew, ¿Acepta usted por esposa al joven Anthony Brower Andrew, para serle fiel en lo próspero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad y amarlo y respetarlo todos los días de su vida? – Candy recitaba las palabras del Obispo en su mente, teniéndolas memorizadas en su cabeza.
-Si padre, acepto. – Dijo con la sonrisa más grande que podían desprender sus labios, mirando aquellos azules que la tenían completamente enamorada.
Los dos rubios procedieron a ponerse sus argollas matrimoniales mientras decían los votos cada uno ante los invitados, quedando todos sorprendidos por la bella misa que se había otorgado.
-Los declaro marido y mujer, lo que Dios ha unido que no lo separe hombre. – Dijo el Obispo elevando una oración a lo alto, mientras los rubios se miraban como si pudieran o no comenzar a festejar. – Puede besar a la novia. - Anthony se acercó con cuidado al rostro de su ahora esposa y se inclinó hacia su rostro besando con ternura y mucho amor su frente en señal de respeto al altar. Candy recibió feliz ese contacto emocionada porque era el primer roce con los labios que tenía de su amado en todo el día, después de haberlos disfrutado tantos días seguidos ya comenzaba a extrañarlo.
Antes de abandonar la iglesia, Candy se hincó ante la imagen de la virgen que adornaba un lado de la capilla dejando las rosas a sus pies mientras un tenor italiano cantaba el Ave María, Anthony la escoltaba a su espalda observando hermosa imagen que le ofrecía su amada.
Una vez concluida la ceremonia Anthony ofreció su brazo a Candy y los ayudantes de Madame Monique iban tratando de ser lo más cuidadosos posibles a arreglar la gran cola del vestido así como su velo. Anthony ayudó a su amada para que avanzara sin mucho trabajo. Los presentes los veían felices mientras aplaudían dándoles el paso para que salieran de la iglesia. Cuando llegaron a la entrada de la iglesia, la modista se acercó a Candy y con ayuda de Geovanny le quitaron la cola que llevaba el vestido, permitiéndole un mayor movimiento, así mismo el velo fue removido dejando únicamente uno que le llegaba a los hombros.
-Gracias. – Dijo Candy cuando se dio cuenta que el vestido podía volver a armarse, eso le permitió mayor movilidad ya que arrastrar la gran cola era lo que lo hacía más pesado. Monique le dirigió un guiño en complicidad.
Los invitados recibieron a los novios felicitándolos todos felices por la nueva vida que comenzarían de ahora en adelante.
El abrazo más emotivo fue el de Albert con Candy y el de Rosemary con Anthony, ambos hermanos abrazaban orgullosos a sus primogénitos mientras un Stear en complicidad con Archie, activaban los fuegos artificiales para celebrar el acontecimiento.
Anthony y Candy se subieron a la Limosina donde había llegado la novia, era el auto que los llevaría a la mansión para festejar el enlace. El chofér se encargaba de llevarlos, mientras Stear se llevaba de regreso el automóvil de Anthony junto a su hermano y sus prometidas.
Una vez que llegaron a la mansión el salón se iluminó de nuevo recibiéndolos con aplausos y buenos deseos por parte de los empleados. Ambos chicos eran queridos y admirados por los empleados de aquella mansión y estaban tan felices como ellos que hubieran unidos sus vidas. Anthony y Candy veían lo hermoso que había quedado decorado el gran salón de la mansión, agradeciendo a cada uno de los empleados por su esfuerzo. Los invitados llegaban casi de inmediato y la ceremonia civil se realizaba en aquel lugar, firmando ahora ante la ley su unión haciéndola legal, el juez avaló el contrato matrimonial y los hizo firmar al pie de aquella acta que los unía en su matrimonio por la Ley.
Un ya viejo y conocido vals comenzó a sonar en el salón de baile, dando inicio al primer baile de casados de los rubios, sosteniendo Anthony por la cintura a su amada esposa con delicadeza, girándola al compás de la música mientras sus miradas seguían enfrascadas una en la otra.
Los invitados estaban encantados de ver tanta elegancia y tal derroche de dinero en aquella boda, había sido muy elegante y los medios se desvivían por obtener la mejor foto de la pareja para poder así ofrecer la noticia en las primeras planas de sociales del diario matutino.
Elisa estaba junto a Tom, quien buscaba la manera de que ella estuviera más cómoda ya que su embarazo dentro de poco llegaría a su fin.
Archie estaba en compañía de Annie, ambos también muy ilusionados porque dentro de pocos meses también ellos se casarían y era algo que los ilusionaba mucho, al ver a los rubios tan felices se les antojaba probar un poco de aquella felicidad.
Stear y Patty eran los que aún no anunciaban su compromiso y ella estaba un poquito desesperada porque él no se había visto muy interesado, sin embargo el buen Stear por primera vez en su vida sabía que era lo que le molestaba a su novia.
-Patty querida, dentro de poco así vamos a estar tú y yo. – Le dijo en un susurro al oído para que ella cambiara un poco su semblante.
-¿De verdad Stear? – Preguntó ilusionada. Stear asintió.
-De verdad hermosa, ya hablé con mis padres para que una vez que Anthony y Candy regresen de su luna de miel anunciemos nuestro compromiso por todo lo alto. – Patty se sintió en las nubes al escuchar lo que decía su inventor, faltaban pocos días para el anuncio del compromiso ya que sabía bien que Candy no estaría mucho tiempo de luna de miel por los estudios de ambos rubios. – Además mis padres no estarán mucho tiempo en la ciudad para variar, pero antes de que se vayan nuestro compromiso estará pactado así como la fecha para la boda. – Patty se colgó del cuello de Stear y le propinó un tremendo beso que hizo estruendo en el lugar, volteado una que otra persona que estaba alrededor.
-Lo siento. – Dijo Patty tímida a su novio, mientras él reía feliz por la reacción que había tenido.
El baile avanzaba conforme las horas del reloj corrían y cada vez se acercaba más la hora de que llegara a su fin y de que los novios se retiraran a pasar su primera noche juntos, las ansias de Anthony aumentaban, tanto así que cuando llegó la hora de retirarse Anthony fue el primero en comenzar a despedirse de sus padres.
-Veo que estás ansioso mi niño. – Le decía Rosemary con travesura, Anthony solo le sonrió feliz, no podía negar lo evidente. – No olvides lo que te dije amor. – Le dijo Rosemary a su hijo refiriéndose a la plática que había tenido la noche anterior con él.
-No te preocupes madre, no lo olvidaré. – Le dijo besando su frente con mucho amor. – Te quiero madre, gracias por ayudarme todo el tiempo, gracias por ser mi guía y mi mayor consejera, sin ti no hubiera logrado soportar la separación de mi amada Candy.
-No mi vida, gracias a ti por ser el hijo que eres. Te amo. – Le dijo con un sincero y fuerte abrazo. – Candy cuídalo mucho, hazlo feliz por favor y si se porta mal me avisas. – Le dijo guiñándole un ojo a ambos mientras reían por sus palabras.
-No te preocupes tía, lo haré el hombre más feliz de la tierra y si se porta mal serás la primera en saberlo. – Le dijo riendo con ella, sabía bien que eso era imposible, pero si llegaba a pasar ahí estaría su tía para darle un estate quieto.
-Hija quiero desearte que seas muy feliz, y también quiero que sepas que está siempre será tu casa, que serás bienvenida cuando tú o tu esposo así lo dispongan. – Albert le besó su frente y abrazó a Anthony al mismo tiempo. – Muchas felicidades a los dos.
-Candy, Anthony, por fin puedo estar tranquila, ustedes dos ya están casados, ahora me queda aquel par. – Dijo refiriéndose a los Cornwell que sonreían como bobos por lo que sabían de lo que su tía hablaba. – Quiero desearles mucha dicha y felicidad y también quiero que sepan que el camino que emprenden a partir de hoy no será fácil al contrario, podrá estar lleno de obstáculos, pero con el amor que sé que ambos se tienen y la confianza que han cultivado sé que les será más llevadero.
-Gracias tía abuela. – Le dijeron ambos rubios besando cada uno sus mejillas y abrazándola para dirigirse al auto de Anthony.
Llegaron a la entrada de la mansión y Candy tomó el pequeño ramo de rosas dulce Candy que había hecho su amado y se dispuso a arrojarlo entre las solteras presentes, giró el ramo unas cuantas veces y lo aventó a sus espaldas cayendo en las manos de su querida Patty, quien pegó un grito de alegría cuando esta captó lo que había sucedido, volteando a ver a Stear quien le sonrió con una sonrisa tierna.
Stear había preparado el automóvil para que pudieran usarlo, Anthony ayudó a Candy a subirse al auto y con un rápido movimiento se colocó del lado del chofer, encendió el auto y comenzó su camino. Unos botes colocados en la parte trasera del auto lucían amarrados con unos cordones y al ir avanzando hacían mucho ruido provocando que la gente volteara a ver el automóvil cuando este se abría paso entre las calles.
-¿Qué fue eso Stear? – preguntó Archie a su hermano quien lo veía un poco confundido.
-Es una pequeña sorpresa para que todos se den cuenta que ahí van unos recién casados. – En cuando el auto de Anthony atravesó el portón de la mansión unos fuegos artificiales explotaron iluminando el cielo, haciendo de ese hecho un espectáculo que agradó a los presentes. – Esa era otra sorpresita. –Dijo Stear contento porque su plan había funcionado por fin.
-Sorpresa la que se llevará Candy cuando entre a su nuevo hogar. – Dijo Archie a su hermano.
-¿Lo hiciste? – Archie asintió el cual se había ausentado unos minutos antes sin que la rubia se diera cuenta de ello, el plan que habían elaborado había funcionado a la perfección.
Continuará…
Quedo largo lo sé, pero tenía que ser especial la boda de los rubios, espero que hayan disfrutado mucho el capítulo y siendo honesta pensé que hasta aquí fuera el final, pero pensé que aún hay temas que tengo que desarrollar otro poco, así que seguirán sufriendo otro poco con la historia jejejeje y con esperar un poco más las actualizaciones ya que los niños vuelven a sus tareas en casa y eso me quita tiempo de verdad snif! Pero en fin, sé que entienden que primero lo primero.
Les envío un afectuoso abrazo y mis más sinceras bendiciones, cuídense mucho y Dios los proteja.
Saludos!
*1.- ¿Estás impaciente por comenzar?
*2.- ¿Qué no es muy temprano?
*3.- Gracias por no cubrir mis pecas. (INSISTO SEGÚN EL TRADUCTOR JAJAJAJA)
