Buen día señoras y señoritas hermosas, espero que estén muy bien todas y pendientes de la historia, aquí les traigo un capítulo más de esta historia, la cual espero pronto llegará a su fin. Espero que disfruten el capítulo que me imagino es el que han estado esperando, espero haber quedado a la altura de la situación y no excederme en comentarios, espero lo disfruten y ya saben NO ES APTA PARA MENORES DE EDAD ¡COMENZAMOS!

LAZOS DE AMOR

LA NOCHE DE BODAS

CAPITULO XXXV

Los nervios que invadían a Candy estaban a flor de piel, su príncipe conducía con precaución rumbo a la mansión de los Brower y ambos iban en silencio, cada uno sumido en sus pensamientos sin dejar de mirarse de vez en cuando dirigiéndose una mirada tímida al saber a dónde se dirigían y que sería lo que harían.

Anthony estaba ansioso y a la vez nervioso, tenía en mente la plática que le había dicho su madre que no olvidara, sin embargo al estar tan cerca de ella se le olvidaba por completo lo dicho.

-Recuerda que lo más importante es tener mucho cuidado hijo, al ser su primera vez, ambos se sentirán un poco incómodos, sobre todo ella. Por eso es necesario que antes de hacerla tu mujer la estimules, que conozcas su cuerpo antes de nada.

Anthony tenía esas palabras bien memorizadas en su mente, su madre había hecho el esfuerzo de hablar con él acerca de cómo debía tratar a Candy en su primera vez y a pesar de la pena que tenía su madre había logrado transmitir el conocimiento necesario.

-¿Tienes miedo? – Preguntó a su esposa al estacionar su automóvil frente a la mansión. Candy volteó a verlo y sonrió con timidez al momento que negaba con su cabeza.

-Solo estoy un poco nerviosa. – Le dijo en respuesta.

-No te preocupes, yo estoy igual. – Le dijo ansioso. Bajó del automóvil para dirigirse a la puerta de ella y la abrió extendiendo su mano para ayudarla bajar, el vestido le impedía su libre movimiento sin embargo ahí estaba él para ayudarla.

Llegaron a la entrada de la mansión y Anthony con una sonrisa levantó a su esposa en brazos para adentrarla a su nuevo hogar, ella se abrazó a su cuello para sostenerse y no recargar todo el peso en su príncipe ya era bastante con el peso del vestido. Anthony entró con mucho cuidado para evitar un accidente.

-Cierra los ojos. – Le dijo sonriendo, ante la mirada traviesa de Candy. Ella obedeció y cerró los ojos esperando abrirlos cuando él se lo indicara. - ¿Lista? – Preguntó una vez que se hubo adentrado a la mansión. Candy asintió. – Ya puedes abrirlos princesa. – Le dijo con su bella sonrisa Candy dirigió su vista hacia la entrada del salón y se encontró un camino lleno de flores y velas que estaban a lo largo de todo el salón, las velas se extendían hasta las escaleras y él lentamente la llevaba recorriendo ese lugar mientras Candy tenía los ojos arrasados de lágrimas.

-¡Es hermoso, mi amor! – Le decía emocionada. Anthony llegaba a la habitación principal de la mansión adentrándose con ella de la misma forma, en sus brazos, aún no la había bajado y había hecho gala de su fuerza al mantenerla todo el trayecto cargada.

-Qué bueno que te guste amor. – Al abrir la puerta de la alcoba la bajó con mucho cuidado y le permitió que observara la habitación que estaba completamente a oscuras solo alumbrada por unas velas iluminando de una manera muy romántica el lugar, las rosas rojas y las Dulce Candy inundaban el lugar y el aroma impregnaba el ambiente.

-¡Todo es tan maravilloso! – Le dijo mientras se adentraba a la habitación observando todos y cada uno de los detalles, girando su cuerpo para grabar en su mente esa maravillosa vista.

Anthony la abrazó por la espalda bajando un poco la manga de su vestido para poder besar con sutileza su hombro. Candy se estremeció a ese contacto y cerró sus ojos permitiendo que su amado comenzara a jugar con su cuello y su nuca, buscando la manera de quitar por completo ese velo que le impedía hacerlo con completa libertad. Ante las caricias de su amado Candy comenzó a temblar un poco, sin embargo se giró para besar sus labios y ofrecer su cuerpo.

-¿Quieres que te ayude a quitar el vestido? – Preguntó ansioso mientras seguía besando a su amada y con sus manos recorría delicadamente su cuerpo. Candy negó y se apartó para introducirse al cuarto de baño. Anthony la dejó retirarse con mucho trabajo y mientras ella se alistaba fue a apagar las velas que estaban a lo largo de las escaleras y el salón, había dado dos días libres a los empleados que trabajaban ahora en la mansión para tener completa privacidad y evitar que su amada se sintiera avergonzada con lo que sucedería aquella noche.

Candy se encontraba en el cuarto de baño, nerviosa, tenía que reconocer que a pesar de estar ansiosa por ser la mujer de su amado príncipe tenía muchos nervios y le costaba controlarlos. Comenzó a desajustar su vestido quedando lentamente en aquel corsé que le había elegido su tía, el baño era bastante amplio y tenía una pequeña sala para vestirse, colocó el vestido en uno de los sillones y se acercó al espejo de cuerpo completo que ahí se encontraba, se observó detenidamente, había soltado su cabello y este se acomodaba a lo largo de su espalda, veía el corsé que le hacía más angosta su cintura y le aumentaba su busto, el calzón estaba unido a un sexy liguero que le adornaba sus medias y los botines de novia se ajustaban hasta sus tobillos, tenía que reconocer que se veía muy linda pero aun así se sentía nerviosa. Se colocó una bata que tenía lista en aquel baño, era de puro encaje y ayudaba a que se observara un poco lo que había debajo de ella. Se dispuso a salir de aquel cuarto de baño para atravesar la puerta que le llevaría a los brazos de su ansioso príncipe.

Anthony por su parte se había dedicado a prepararse para recibir a su amada, se había despojado de su traje y se había quedado solamente en su interior y se cubrió su torso con una bata para disponerse a esperar a aquella joven que lo tenía ansioso y en la tortuosa espera que lo estaba consumiendo, para él los minutos que se había tomado Candy en aquel baño eran bastantes y trataba de tranquilizarse y no mostrarse demasiado apurado para tenerla entre sus brazos.

La puerta del baño se abrió lentamente y una hermosa rubia se apareció luego de abrirla por completo. Su vista estaba puesta en el piso, no se atrevía a acercarse a él que estaba sentado en la cama esperando que ella reaccionara, sin embargo al verla así tan hermosa, tan desvalida lo obligaba admirarla detenidamente, sus largos cabellos descansaban a lo largo de su espalda y su cuerpo estaba cubierto con una bata fina de encaje la cual cubría solo por partes su cuerpo, debajo de él se veía que se encontraba solo en sus interiores y eso hizo que su corazón diera un vuelco de emoción.

Su respiración se detuvo un momento al mismo tiempo que su corazón. Cuando vio que ella levantó su mirada tímida, él le sonrió con dulzura para que no tuviera miedo de él, le extendió su mano levantándose para ir hacia ella, el aire regresaba a sus pulmones y su corazón iniciaba de nuevo su latido acelerándose en cada paso que daba hacía aquella belleza.

Atrapó sus manos las cuales estaban frías por los nervios que la embargaban y al sentir que la electricidad recorría sus cuerpos ambos se sonrieron con ternura, Anthony la tomó entre sus brazos y la llevó junto a la cama, comenzó a besar sus labios con dulzura para que se fuera relajando poco a poco, él la sentía temblar entre sus brazos y eso lo llenaba de ternura, deseaba protegerla como siempre lo había hecho. Quitó la bata que le cubría su cuerpo y quedo expuesta ante él únicamente vestida con su corsé, su calzón y aquellas medias que se ajustaban a su liguero. Anthony quedó sin aliento observando su figura detenidamente, dejó de besarla para alejarse un poco de ella y poder así admirar su cuerpo, era la primera vez que veía a una mujer de esa manera, y el que fuera Candy esa mujer le provocaba una inmensa felicidad, era tan afortunado de ser el primero en deleitarse con la hermosa figura de su esposa y más al convertirse el único que lo haría. La vio temblar ligeramente y se preocupó por ella.

-¿Te encuentras bien? – Le preguntó para asegurarse que así fuera. Ella asintió. - ¿Si quieres podemos dejarlo para otro día? – Le dijo sintiendo en el fondo tristeza, pero no quería que ella se sintiera forzada a estar con él. Sabía que sería su primera vez y podía esperar los días que fuesen necesarios para poder consumar su unión, su madre le había explicado que había parejas que duraban meses antes de poder llevar a cabo la consumación de su matrimonio.

-No. – Dijo Candy ruborizándose por completo. – Quiero estar contigo. – Le decía tímida, temblorosa, pero debía reconocer que ella también quería recorrer aquel camino que ya habían trazado y que la tenía ansiosa.

Anthony se acercó de nuevo a ella más seguro, ahora ella le había dado el permiso de continuar explorando su cuerpo, se dedicó a besarla en los labios con gran dulzura y entrega para relajarla y que entrara en confianza con su cuerpo, poco a poco sentía que iba funcionando ya que sus manos se sentían que entraban en calor.

-Anthony. – Decía Candy entre beso y beso que le proporcionaba. Su nombre se le escapaba de sus labios mientras emitía suspiros de placer.

-¡Eres hermosa! – Le decía sin renunciar a su cometido de relajar su cuerpo. Continuo besándola hasta llegar a su cuello, invadiéndolo una vez más acariciando sobre el corsé sus senos mientras besaba con pasión su cuello, buscando ir más allá con sus movimientos. Candy jalaba aire para que le llegara a los pulmones mientras sentía que este le hacía falta conforme aumentaba la temperatura de su cuerpo.

Ambos estaban recostados sobre la cama con los rostros rojos de la pasión que sentían y sus miradas comenzaban a dilatarse. Anthony la miraba como pidiendo permiso de continuar y Candy lo miraba con ansia de que siguiera. La besó en los labios una vez más y fue bajando sus labios para besar su cuello y llegar por fin a su escote, le dedicó un buen tiempo a ese lugar, recorriendo con su lengua todo el borde de su escote deleitándose con su sabor, su suavidad y aroma.

Retiró poco a poco su corsé encontrando por fin al natural aquel par de senos que había acariciado tantas veces sobre la ropa y que hasta ese momento se revelaban ante sus ojos. Candy se sintió demasiado expuesta y cerró los ojos nerviosa. Anthony contuvo su respiración y tomo sus manos por reflejo para evitar que se cubriera con ellas.

-Son hermosos, tan suaves y firmes. – Le dijo una vez que soltó sus manos y se dedicó a acariciarlos con su rostro con sumo cuidado, como si se tratara de dos frágiles cristales que se podrían romper con solo un roce. Ese cuidado que les daba hizo que Candy reaccionara endureciéndolos al tacto.

-Anthony. – Era lo único que podía repetir la pecosa al estar tan concentrada en aquellas sensaciones que le iban despertando una contracción en su parte baja.

Anthony bajó hacia sus pies y retiró el calzado, desabrocho el liguero que sostenía sus medias y las retiró, acariciando sus piernas en el trayecto. Besó sus pies para que se relajara aún más y la tomó entre sus brazos para acomodarla bien en la cama. Se posicionó encima de ella mientras seguía acariciando y besando su cuerpo. –Tienes que estimular y acariciar su cuerpo antes de consumar su entrega. – Recordaba las palabras de su madre y a pesar de que sentía estar bastante dispuesto y que se le dificultaba aguantar su pantalón interior, se obligaba a resistir darse por vencido, tenía que aguantar un poco más, apenas iba comenzando y sus hormonas estaban al tope.

Trató de controlar su cuerpo al retirarse él mismo la bata que cubría su cuerpo, quedándose únicamente con su pantalón interior el cual comenzó a aflojar para que no estuviera muy ajustado y que tuviera un poco más de espacio.

Candy se sorprendía porque creía que ya iba a ver por completo el cuerpo de su amado y mentiría si dijera que no estaba ansiosa de verlo, sin embargo Anthony se posiciono encima de ella antes de despojarla a ella y a él por completo de sus ropas inferiores. Comenzó de nuevo ese camino de besos y ella rogaba porque avanzara un poco más necesitaba sentirlo por completo. Los nervios habían desaparecido y solo quedaba la pasión y el deseo que había despertado en su cuerpo hacía tiempo y que en aquel momento la estaban haciendo enloquecer.

Sentir los besos de Anthony por su cuello y sus labios la estaban haciendo incrementar de una manera acelerada, hasta que sintió que los labios de él se posaban alrededor de sus senos. Candy se levantó de golpe al sentir esa nueva caricia obligando a Anthony a sentarse junto con ella sin abandonar la caricia, al contrario la tomó por la cintura y la aferró a su cuerpo mientras su boca seguía recorriendo sus aureolas, Candy comenzó a emitir leves gemidos que iban incrementando con el paso de los minutos y Anthony se deleitaba con esos sonidos sintiendo que su cuerpo se preparaba para entrar en acción, disfrutando el sabor de sus suaves y cálidos senos, mandándole esa sensación señales hacia su entrepierna.

Él se detuvo por un momento para dirigir su mirada hacia sus ojos, encontrándose con los ojos verdes oscurecidos de su dama, se veía más hermosa que nunca, su mirada dilatada, sus pecas más marcadas, mientras sus mejillas estaban completamente rojas y su boca se mantenía abierta jalando aire por ella para poder ventilar sus pulmones. Sin apartar la mirada de sus ojos comenzó a retirar la última prenda mientras Candy se recostaba lentamente de nuevo en la cama y le ayudaba levantando su cadera para que terminara su cometido.

Anthony se levantó de la cama para observar con detenimiento el cuerpo de su esposa, maravillado ante la hermosa imagen que tenía ante sus ojos, sabía que era hermosa pero ni en sus sueños más íntimos había imaginado tanta perfección, se inclinó para acariciarlo por completo recorriendo delicadamente sus formas con sus manos y besando con sus labios cada uno de los rincones que su amada cubría con sus prendas. Candy sentía la necesidad de cubrir su rostro, sin embargo una mirada de deseo de su amado le impedía hacerlo, Anthony se posicionó de nuevo sobre ella para evitar esa necesidad, comenzando a frotar su cuerpo con el de ella para estimularla aún más.

Candy ya no soportaba el placer que le regalaba su amado sintiendo su cuerpo humedecerse rápidamente, aumentando cada vez más su necesidad de convertirse en ser su mujer, de sentirse invadida dentro de su cuerpo y consumar aquella entrega de una vez por todas.

-Anthony por favor. – Le dijo abrazándolo por la espalda para apegarlo más hacia su cadera y sentir rozar con su intimidad. – Te necesito. – Le dijo deseosa. Anthony sonrió por haber logrado su cometido de estimularla y ahora pedía que avanzara lo que le indicaba haberlo logrado por completo. Se levantó una vez más y comenzó a quitarse su interior frente a los ojos de su amada quien lo observaba con la respiración completamente agitada, sus ojos volaron a aquella parte que le causaba una gran curiosidad y quería verlo, sin embargo el rubor que le provocaba aquello se hacía presente con mayor intensidad.

Ahí estaba su príncipe, dispuesto a convertirse en su hombre y tomarla a ella como su mujer. Ella lo miraba embobada sin quitar la vista de su virilidad que se erguía orgullosa ante ella en todo su esplendor, firme y dispuesta. Era perfecto, su cuerpo era hermoso para ella y le complacía su vista, le dedicó una sonrisa tímida y dispuesta.

-¿Estás lista mi amor? – Preguntó Anthony procurando estar seguro de seguir.

-Estoy lista amor. – Le dijo ansiosa aumentando su respiración mientras él comenzaba a besarla en sus labios una vez más acariciando sus formas con cuidado, con mucha dulzura, separando con una de sus manos sus piernas mientras con la otra sostenía su cuerpo alrededor de su cintura. Comenzó el suave roce de sus intimidades con mucho cuidado, procurando no dañarla, aprovechando la humedad que ambos cuerpos desprendían, tentando la paciencia de la rubia quien quería sentirlo de una vez. Candy comenzó a mover sus caderas al compás de las de él para ayudar un poco a sus movimientos, el seguía disfrutando de sus labios, de su rostro, de su cuello y se bajaba a sus senos, manteniendo al punto su temperatura.

La aferró a su cuerpo una vez que comenzó a invadir el suyo, lentamente con mucho cuidado empujando suavemente su firmeza, Candy no separaba la vista de sus ojos quien le infundía confianza perdiéndose por completo en su mirada. Sintió que algo lo detuvo y una pequeña queja salió de los labios de su amada, la beso lentamente por todo su rostro, besando sus párpados tratando de secar las lágrimas que se asomaban en sus ojos.

-Tranquila mi amor. – Le decía cerca de sus labios. La besó nuevamente en sus labios, besándola nuevamente para que olvidara un poco aquel dolor que se hacía inminente.

-Continua. –Le dijo ella tomando el valor para sentirlo de una vez por todas en su interior.

-¿Segura? – Preguntó con la respiración entrecortada, su instinto lo obligaba a seguir, pero su corazón lo tranquilizaba para no lastimarla, tratando de controlar su respiro.

-Sí. – Le dijo ofreciendo sus labios una vez más. Anthony los tomó entre los suyos empujando su cuerpo con mayor firmeza una vez más ahogando el pequeño grito de su amada en sus labios, al sentir que su cuerpo cedía por completo, definitivamente eso le había indicado que se había adueñado de su virginidad, se detuvo por un momento observando el rostro de Candy al cual se le escapaban un par de lágrimas de su rostro.

-Lo siento mi amor. – Le dijo sintiéndose culpable a la vez que sentía un enorme placer al ser cubierto por esa calidez en su firmeza, sentirse envuelto por el cuerpo de su esposa le proporcionaba un placer in imaginado y se sentía un poco culpable que ella no sintiera lo mismo, sin embargo el rostro de Candy poco a poco dejó de tener aquella expresión de dolor y dio paso a un rostro más relajado.

-No, yo siento si te asusté, estoy bien, de verdad, necesito sentirte una vez más por favor. – Le dijo animándose a continuar, Candy deseaba sentir aquel placer que comenzaba a recorrer su cuerpo y que solo él había sabido despertar en su joven cuerpo, quería avanzar y demostrarle que lo disfrutaba tanto como él y que lo peor ya había pasado.

-Una vez que la hayas convertido en tu mujer, espera a que ella te pida continuar y hazlo con cuidado lento, poco a poco su cuerpo dictará el ritmo que deberás seguir.

Anthony recibió con gusto esa autorización, sabía que tendría que esperar, pero sentía su firmeza vibrar dentro de ella y le exigía continuar sus movimientos.

Comenzó a alejarse una vez más de ella para invadirla de nueva cuenta, lentamente repitiendo una y otra vez esos movimientos comenzando un vaivén encima de ella, con sus manos estimulaba su cuerpo y la aferraba más a él mientras con su boca se dedicaba a besarla desde su cintura hasta su rostro, acariciando y besando su anatomía, Candy comenzaba a sentir que la sangre se le concentraba en su parte baja y la temperatura de su cuerpo iba en aumento, comenzando a sentir una corriente eléctrica recorrer su cuerpo y un estremecimiento se apoderaba de él.

Anthony sintió cada una de esas sensaciones dentro de ella quien le avisaba con su intimidad que estaba a punto de terminar, era algo que si bien no le habían contado podía sentirlo al estar dentro de ella y sentir como su cuerpo lo reclamaba jalándolo hacia el interior de ella, sintiendo las contracciones que se presentaban dentro de su intimidad, ese era el momento en el cual tenía que acelerar sus movimientos, la sujetó por la cintura para concentrarse en ese vaivén que lo estaba llevando al delirio, los movimientos cada vez se hacían más intensos mientras sentía que la respiración de la rubia se suspendía y de pronto su cuerpo se convulsionaba aferrándose a su espalda, mientras él la recibía sin interrumpir su danza. Sintió que algo era expulsado del cuerpo de Candy mientras él seguía aguantando un poco más sus movimientos, no pudiendo mantenerse mucho tiempo al sentir que lo aprisionaban con mayor firmeza por dentro, sintiendo una calidez recorrer su cuerpo y una corriente eléctrica que le recorría su espalda al estallar por completo dentro de ella sintiéndose liberado de golpe de aquella maravillosa sensación, llenando a su amada con su liberación.

Ambos se quedaron por un momento quietos conteniendo su respiración, con sus cuerpos entrelazados, mientras Candy comenzaba a jalar de nuevo aire con sus pulmones y un poco después él reaccionaba buscando el aire para los suyos, una sonrisa de enamorado le surcó su rostro y buscó con la mirada a su amada.

-Eso fue maravilloso. – Fue lo único que pudo decir, mientras seguía en su cometido de jalar aire.

-Maravilloso. – Decía Candy mientras su respiración buscaba estabilizarse. – Te amo. – Le dijo en un susurro en su oído, mientras Anthony seguía tratando de jalar aire, sus cuerpos comenzaron a sudar liberando el calor que habían contenido.

-Y yo te amo a ti mi amor. – Le dijo besando sus labios con ternura, con cuidado, diciéndole al oído lo mucho que la amaba. El seguía en la posición dominante protegiendo su cuerpo admirando el rostro de deseo de Candy, llenándose de su aroma, el cual había cambiado al momento de comenzar su encuentro.

De pronto se giró sobre su cuerpo posicionándola encima de él, admirando de una nueva perspectiva aquellas formas tan delicadas y hermosas que ella poseía. Vio con ternura que sus mejillas se ruborizaban por aquel movimiento quedando expuesta sobre él regresando la timidez a su cuerpo. Se aferró a su cuerpo para cubrirse de su penetrante mirada.

Él la recibió gustoso sin abandonar aún su cuerpo sintiendo como comenzaba a reaccionar de nueva cuenta, comenzó de nuevo el movimiento de su cadera provocando con cada uno de aquellos sensuales movimientos despertar el deseo en el cuerpo de su amada, la preparó una vez más aprovechando la ventaja de estar debajo de ella y conseguir marcar con su cuerpo el ritmo que debía seguir, llenándola nuevamente al sentir que ella terminaba una vez más. Había sido maravillosa observarla desde esa posición mientras él se movía debajo de ella, disfrutando el ritmo que emprendían sus senos ante su rostro, marcando con esos movimientos una vez más su cuerpo.

Terminaron cansados aquella noche, sin embargo el cuerpo de él le exigía un nuevo encuentro, durmieron solo unas horas y muy temprano por la mañana volvieron a demostrarse su amor, Candy se sentía plena y con cada nuevo encuentro su cuerpo se sentía cada vez más complacido.

Al terminar de nuevo de demostrarse su amor, él la arropaba con la sábana para arrimarla a su cuerpo.

-¿Cómo te sientes? – Preguntó una vez más.

-Bien. – Decía tímida. -¿Y tú?

-Maravillosamente bien. – Le decía con una sonrisa. – Ha sido maravilloso hacerte mi mujer. – Le decía muy cerca de su rostro mientras ella se sonrojaba apenada. – Eres hermosa y deliciosa. – Le dijo mientras ella se cubría el rostro y el comenzaba a reír. – Vamos amor, no tienes que tener pena conmigo, eres mi esposa, mi mujer y te deseo. – Le decía besando sus labios, no se cansaba de expresarle el amor que tenía por ella.

-Lo sé, solo que me cuesta aún trabajo a escucharte decirlo. – Ella se quedaba en silencio recordando las palabras de su amado, ¿Deliciosa? Sabía a qué se refería y le daba pena pensar que ella aún no tenía el placer de recorrer de esa manera su cuerpo.

Pasaron todo el día siguiente entre las sábanas, Anthony se había encargado de preparar los alimentos de ese día, pero no le había permitido salir de la recámara, ambos estaban sumidos en el deseo y no querían perder un momento más el demostrarse su amor, le había llevado el desayuno, la comida y ahora le llevaba la cena a su cama.

Cuando abrió la puerta de la habitación se encontró a su esposa cubierta únicamente con la fina bata de encaje con la que se había cubierto la madrugada anterior, admirando su belleza una vez más. Se acercó hacia ella una vez que dejó la charola en la mesita de centro y la atrapó por el cuello para besarla con deseo desatando la bata, dejándola caer al suelo mientras él se despojaba de la propia y seguía con su cometido de besarle el cuello, enredando su cuerpo completamente desnudo al de ella mientras desde la parte de atrás alcanzaba sus senos para estimularlos.

Dejaron que se enfriara la cena, sin preocuparles mucho la hora a la que por fin estaban saciando su hambre, para ellos era más importante saciar otro tipo de hambre y lo habían demostrado todo el día.

Mientras en la mansión Andrew la familia esperaba que aquel par de rubios llegaran a visitarlos por la tarde ya que el siguiente día tendrían que viajar a su luna de miel.

-Creo que ya no vinieron. – Dijo Rosemary con picardía a su hermano, el cual la veía un poco molesto por ese comentario. –No te enojes hermano es normal. – Le decía sin poder dejar de reírse de su hermano.

-Lo sé, sin embargo no puedo evitar sentirme incómodo. Ella es mi hija. – Le decía Albert serio.

-Y él es mi hijo. – Contestaba Rosemary.

-¡Pero él es hombre! – Decía un poco impaciente, sintiéndose incómodo con aquella plática que había iniciado su hermana.

-Eso no quiere decir que ella no tiene deseos. – Le decía segura y vaya si él sabía que una mujer tenía deseos, lo había experimentado muchas veces en diferentes cuerpos.

-¡Rosemary!- Le gritó mientras Rosemary se reía por la reacción de su hermano.

-Vamos hermano, ambos son jóvenes dejemos que disfruten su amor, tú y yo sabemos muy bien que puede ser efímero todo esto. – Dijo ahora nostálgica abrazándose a Albert quien la recibió con ternura.

-Tendremos que tener todo listo para mañana muy temprano. – Le dijo en respuesta para cambiar de tema.

-¿Vamos de una vez? – Dijo Rosemary comprendiendo su cambio de tema.

-Vamos. – Dijo lanzando un suspiro y poniéndose de pie para dirigirse a la habitación de la rubia y terminar de empacar sus cosas. Le dio la mano a su hermana y esta lo siguió.

-¿Y las cosas de Anthony? – Preguntó Albert.

-Ya están listas, me imaginé que algo así podría ocurrir. – Decía Rosemary mientras Albert rodaba sus ojos. – Solo es cuestión de que él las ponga en el automóvil.

-Bien entonces, vamos. – Le dijo nuevamente abrazándola mientras caminaban al interior de la mansión.

A la mañana siguiente Anthony despertó muy temprano y comenzó a alistarse, sabía que tenía que organizar todo antes de ir a tomar el tren, así que acomodó sus maletas en el auto y se dirigió de nuevo a la habitación para despertar a su esposa a besos. La perezosa rubia apenas se movía ante las muestras de cariño que le proporcionaba su esposo.

-Amor, buenos días. – Le dijo con cariño. Candy abrió los ojos y se encontró con la iluminada mirada de su amado.

-¿Qué hora es? – Pregunto bostezando.

-Son las seis y media de la mañana, pero tenemos que abordar el tren antes de las diez. – Le dijo provocando que la rubia diera un salto.

-¡Tenemos que alistar todo! – Dijo emocionada levantándose de golpe.

-Tranquila, ya tengo todo listo, puedes bañarte e iremos por tus cosas para irnos a la estación.

-¿Aún no me dirás a dónde vamos? – Le preguntó curiosa. Anthony negó.

-No, es una sorpresa. – Le dijo travieso ante la mirada de berrinche que le dirigía la rubia, Anthony la besó en los labios para tranquilizarla y rápidamente ella se rindió a sus encantos. -¿Me puedo bañar contigo? – Le preguntó ansioso. Candy asintió y lo jaló en dirección del baño.

Ninguno de los dos había tenido nunca antes un baño tan entretenido, divirtiéndose un rato mientras se lavaban uno a otro su cuerpo, terminando una vez más en una pasional entrega, ambos aprendían las diferentes formas en las que se podían dar placer mutuamente, sin embargo Anthony era el encargado de seguir marcando el ritmo entre ellos, Candy solo se limitaba a disfrutar y aprender. Terminaron de bañarse y se arreglaron rápido para salir con el tiempo justo por las cosas. Llegaron a la mansión de los Andrew y no pudieron evitar las miradas divertidas que les lanzaba toda la familia debido a la ausencia de ayer.

-Hasta que se dejan ver. – Dijo Stear comenzando la burla hacia los rubios.

-Sí, la verdad creí que tampoco hoy vendrían y perderían el tren. – Decía Archie. Mientras Candy se sonrojaba y Anthony la recibía en sus brazos viendo con picardía a sus primos, al pasar junto a ellos solo atinó a decirles.

-Envidiosos. – Ambos Cornwell se sorprendieron por la respuesta de su primo y ambos se vieron uno al otro reconociendo que era verdad. Anthony se rió ante la cara que ponían sus primos.

Candy no se atrevía a mirar a la cara a ninguno de los mayores, sintiendo su cara arder de la vergüenza, sin embargo Anthony se desenvolvía como si nada hubiera pasado, él sabía que era algo muy normal entre una pareja y trataba de aparentar normalidad para no avergonzar a la rubia.

-Buenos días muchachos, ¿Cómo les fue? – Preguntó Rosemary, quien era la primera de los mayores que se animaba a hablar.

-Muy buenos días familia. – Contestó Anthony con una sonrisa espectacular que no les dejaba la menor duda que estaba muy feliz, pero para que un hombre fuera feliz en el aspecto sexual era bastante simple, lo complicado era que la mujer tuviera aquella misma sonrisa. – Estamos muy bien madre, gracias a Dios. – Contestó una vez más sin borrar su sonrisa. La mirada de todos recayó en Candy, como buscando la confirmación de lo que decía el rubio, la rubia seguía apenada abrazando a su esposo incapaz de levantar mucho la mirada.

-Candy. –Habló su padre un poco preocupado, temía que su niña se hubiera traumado por la experiencia que había vivido. - ¿Cómo estás hija? – Preguntó buscando su rostro. Candy levantó por fin su mirada y volteó a ver a su príncipe con una bella sonrisa de satisfacción que nadie pudo ignorar.

-Muy bien padre, estoy muy feliz. – Le dijo como respuesta, pero no fue esa respuesta lo que tranquilizó a Albert, ni lo que hizo que Rosemary se sintiera como pavorreal, sino la mirada tan chispeante que tenía la rubia frente a ellos, era la mirada de una mujer enamorada y realmente satisfecha con su noche de bodas.

-Me alegro mucho hija. – Dijo Albert más tranquilo, mientras la tía abuela sonreía orgullosa también de ambos muchachos, eran su orgullo no podía negarlo, pero Anthony siempre sería Anthony, su favorito no podía evitarlo.

-Me tomé la libertad de preparar todo lo que necesitarían en el viaje. – Dijo Rosemary abrazando a Candy y apartándola un poco de los demás, la llevaba a la recámara de la rubia para indicarle donde estaban las maletas, todo era un pretexto para preguntarle a la rubia como le había ido sin apenarla más de la cuenta. Mientras tanto Anthony se quedaba con su tío, su abuelo, sus primos y la tía abuela quien lo miraba orgullosa.

-Espero que se cuiden mucho Anthony. – Le decía la anciana no queriendo incomodar a su nieto con los comentarios que sabía le harían los caballeros.

-No te preocupes tía abuela, cuidaré a Candy con mi vida. – Le decía viendo a Albert para que también estuviera tranquilo.

-Me parece bien. – Dijo Albert. – Aquí tienes las llaves de la mansión de Florida, los empleados ya saben que llegaran dentro de tres días. – Dijo Albert dándole lo necesario para que tuviera acceso a aquella casa que difícilmente visitaban por el calor que hacía allá, sin embargo con la prohibición que había para viajar a Europa los obligaba a viajar dentro del país.

-Espero tengan muy buen viaje. – Dijo Henry quien se encontraba de momento como huésped con los Andrew.

-Muchas gracias abuelo.

-Y por favor, salgan a conocer la playa. – Dijo Stear dándole un doble sentido a su comentario.

-Sí, queremos fotos como prueba. – Dijo Archie para completar ese comentario, mientras él y su hermano se reían el resto de la familia solo aclaró la garganta cuando vieron la molestia que reflejaba la tía abuela en su rostro.

Mientras tanto Candy estaba con su tía en la habitación mientras los empleados comenzaban a bajar el equipaje de la rubia para acomodarlo en el automóvil.

-¿Cómo se portó mi hijo Candy? – Preguntó Rosemary hasta cierto punto preocupada, pero también quería saber si su retoño había hecho un buen trabajo.

-Fue maravilloso tía, fue muy tierno y paciente. – Le dijo con aquel brillo que ya comenzaba a verse diferente en el rostro de su sobrina. - ¡Lo amo tanto! – Le decía enamorada.

-¿Entonces no te lastimó? – Preguntó mientras los ojos de Candy se abrían de par en par por la pregunta que le había hecho.

-¡NO! – Contestó elevando un poco su voz. – De ninguna manera tía, Anthony fue muy delicado conmigo, supo bien como relajarme. – Le dijo bajando su voz para terminar tímida al hablar de ello con su tía.

-Me alegro mucho hija. – Le dijo su tía feliz porque su hijo había sabido hacer un excelente papel en la cama. – No quiero que pienses que soy una entrometida, solo que si me sentía preocupada porque he sabido de mujeres que sufren mucho en su noche de bodas.

-¿Sufren? – Candy no entendía porque sufrir, si hacer el amor era maravilloso y más cuando se amaba de esa forma tan intensa con la que ellos se amaban, si sintió un poco de dolor al ser invadida por el cuerpo de su amado, pero ese pequeño dolor no era nada comparado con el placer que se sentía.

-No todos los hombres saben cómo hacer feliz a una mujer Candy. – Le dijo su tía. – Pero me alegra que mi hijo si haya sabido cómo hacerte feliz a ti. – Candy no entendía mucho lo que su tía le decía, pero no se atrevió a preguntar más y ambas bajaron de nuevo al salón donde esperaban a Candy para emprender su viaje a la estación de tren.

-¿Lista mi amor? – Le preguntó el rubio quien solo de verla se le iluminó nuevamente el rostro, extendiendo una mano para alcanzarla, Candy tomó su mano y se despidieron de la familia.

-Nosotros los llevamos. – Dijo Stear como siempre atrapando las llaves del auto de su primo.

-¡No es justo! ¿Por qué siempre Stear? – Decía Archie entre quejas mientras se dirigían al auto.

-¡Tú no sabes manejar! – Le decía Stear en su defensa.

-¡Si sé! – Decía Archie renegando aún con su hermano.

Mientras tanto Rosemary abrazaba a su hijo con amor, besó su frente.

-Bien hecho, ni niño. – Le dijo guiñándole un ojo, Anthony entendió que algo había averiguado y le sonrió con picardía.

-Gracias a ti madre. – Le dijo besando su frente para despedirse de su madre y comenzar su camino rumbo a la estación.

-¡Hasta pronto! – Decían ambos rubios quienes se iban en la parte trasera del vehículo, mientras los hermanos Cornwell seguían con su pequeña discusión.

Contiuara…

Bien hermosas, hasta aquí la noche de bodas y el comienzo de la luna de miel, espero hayan disfrutado el capítulo y como siempre le digo no haber ofendido a alguien, espero sus comentarios por favor al respecto.

Les dejo mis mejores deseos y bendiciones, cuídense y protéjanse mucho por favor.

Saludos!