Quien miraba a aquel chico sentado en una mesa aislada en el comedor de la facultad federal de París, no se imagina que su único punto de vista era una chica de un metro y sesenta y cinco de altura, cabellos castaños y un aura totalmente ostentosa. Nunca se imaginó apasionado por Lila Rossi, la chica que tenía la fama más mala de la universidad. Sus amigos nunca entendieron en qué acantilado Felix había caído para enamorarse pronto por ella, y cuando la veía, sólo faltaba arrojarse por la ventana del segundo piso del laboratorio para atraer su atención.
Sabía que estaba entrando en aguas demasiado tortuosas, pero conquistaría su corazón.
Despertó de sus devaneos con un golpecillo que recibió en la frente.
—¿Soñando de nuevo con la Italiana mi querido Felix?— Preguntó su amigo con ironía.
—Claro que no Claude, no sueño con nadie.— cerró ligeramente los ojos, aun sabiendo que su amigo no le creería.
—Tienes que olvidarte de ella, tomar a otras chicas más interesantes.— el rubio respiró profundamente, ya sabiendo aquél discurso.— Lila sólo te utiliza, Felix. Y tu pareces el perro castrado de ella.
—Uno: no soy el perro de nadie. Dos: Lila no me utiliza, sólo es difícil lidiar con ella. Y por último: la amo profundamente, Claude.— Felix se levantó dirigiéndose a la puerta de la universidad, sus últimas clases habían sido canceladas, entonces tendría un tiempo extra para dormir.
El Agreste respiró profundamente al momento de juntar sus cosas. Hace mucho tiempo, más o menos desde el inicio de su carrera, que le gustaba Lila. La encontraba divertida, espontánea, y diferente de las otras chicas. Podría incluso parecer un poco cliché, pero con Lila, él sentía cosas que nunca sintió con sus ex novias.
Siguió por los pasillos a pasos lentos. No tenía tanta prisa. Después de la prueba difícil que tuvo el día de hoy, el Agreste sentía que había cumplido una gran misión.
Llegando al estacionamiento, se acercó a su coche. Una viejecita pasó por allí y le ofreció una sonrisa gigantesca, entregándole un panfleto. En él decía:
"Pociones de la Bruja Bridkit"
Calle ChatNoir, número 71
Pociones para ganar dinero; el éxito; pérdida de peso; y traer el amor en menos de una hora!
También hacemos despachos en esquinas)
¡Venga a hacer una consulta! "
¿Sería una señal de Dios? ¿Por qué nunca había pensado en eso antes? Si no conseguía a Lila por medios naturales, ¿que diferencia habría intentarlo por medios sobrenaturales?
La calle ChatNoir, no es ...
Felix entró eufórico en su coche y arrojó sus carpetas hacia atrás, apenas importándole si su contenido se extendía por el piso del coche y el asiento trasero.
[• • •]
El lugar era hasta lindo para la casa de una bruja. Una casita pequeña, rosada, con margaritas y flores del campo en el frente y un camino de piedras hasta la entrada. La puerta de la casa era blanca con un adorno de campanas, que cuando el viento golpeaba, hacía un tintineo suave. Felix hasta pensó en dar media vuelta e ir a casa. Se sentía ridículo por estar allí sólo por el interés de una chica, pero luego cambió de idea y salió de su coche, confiado. Al presionar el timbre, la puerta se abrió automáticamente, dando vista a una sala con un sofá rojo y estantes repletos de libros. Se podía leer algunos títulos, como " El rey de los ladrones", "The Beast in Me", "Burning Love", "El Cuervo" y "Príncipe Oscuro" . Felix se fue adentrando tranquilamente como si buscará cualquier peligro, pero su subconsciente ya le gritaba -¿Vas a correr hacia donde, imbécil? ¡Tu quisiste venir!- estaba seguro de que era su ángel hablando.
—Buenas tardes joven, ¿en que puedo ayudarle?— Se asustó con la bella joven de cabellos azabache recostada en el balcón vestida de bruja.
—Yo ... vi el anuncio y vine a conocerla, sabe?.— Felix ya se encontraba nervioso, y con la muchacha mirándolo con aquellos ojos, como si conociera todos sus secretos vergonzosos, no estaba ayudando.
—¿Qué estás buscando?— Ella colocó un dedo en los labios.— ¿Éxito? Creo que no ¿Adelgazar? Su biotipo es excelente, entonces no ...— Cada paso que ella daba en dirección hacia él sólo empeoraba su corazón saltando por la boca— ¡Ya sé! ¿Un amor?— La euforia de la bruja le asustaba, y saber que se puso rojo con la constatación de ella no le ayudaba a engañarla.
Ella golpeó sus palmas y le hizo una señal para que Felix la siguiera.
La bruja pasó por una cortina de perlas de madera y cruzó un pasillo oscuro. Felix, medio rezando un Padre Nuestro, y medio burlándose mentalmente, iba detrás de ella sin mirar a cualquier lado.
Cuando llegaron a una puerta al final del pasillo, entraron en una habitación toda negra con un caldero hirviente en un rincón y una mesa de alquimia en otro. Los libros gruesos y polvorientos ocupaban una estantería y una mesa de estudios antigua en el centro de la sala, y un ratón negro se divertía comiendo cáscaras de fruta en una jaula.
Escuchó un pio alto y al girar, dio de cara con un búho que lo analizaba de forma astuta. Luego tomó una silla para sentarse, sintiendo las piernas medio blandas.
—Entonces ...— La bruja descubrió una bola de cristal que brillaba en un tono azul profundo, llamando la atención de Felix.— Usted vino detrás de una poción de amor. Mi nombre es Bridgette, pero usted puede llamarme Brid, todos me llaman así.— Ella pasó las uñas oscuras, por el esmalte rojo-sangre, por la bola, lo que hizo un crujido malo en los oídos.— Como es su primer día, voy a hacer la consulta gratis.
Muy astutamente, la bruja Bridgette vio un hilo de pelo castaño y largo en su blusa blanca de él. Ella acarició su bola de cristal y cerró los ojos. Cuando los abrió, dijo:
—Su amada es muy bonita. A pesar de tener una personalidad fuerte, sabe ser dulce y amorosa.— Ella evaluó las reacciones en los ojos azules de él. Era muy buena en leer a la gente, vio que acertó en la descripción.— ¿Se llama Larissa? Laure?
Felix sonrío tontamente.
—Lila.
La bruja golpeó sus palmas y asintió. Usaba nombres con L, pues en la ciudad había una superpoblación de mujeres registradas con esa inicial. Casi siempre funcionaba.
—Eso mismo, lo siento, Lila está medio bañada hoy, es el tiempo de lluvia.— Ella dijo indicando la bola de cristal.
—Pero está asoleado afu—
—Como yo iba diciendo.— La bruja lo interrumpió.— Viniste en busca de una poción de amor. Y tengo como ayudarte, pero tiene un precio.
—¿Cuál sería ese precio?— Su sexto sentido le decía que el modo en que ella habló no era sobre dinero.
—Voy a querer algo simple, pero sólo lo sabrá cuando el resultado sea positivo.
—Ok— El aire poco a poco fue regresando a sus pulmones, pero su mente le dio un chasquido.— ¿Y si es negativo el resultado?
—Simplemente ella no es su alma gemela, mi querido Felix.— Ella sonrió suavemente y le entregó un pequeño frasco que tenía la apariencia de un remedio.— Ahora preste atención, usted debe dar a su amada la poción y ser la primera persona que ella vea después de beber la bebida, si no ella se enamorará de quien sus ojos hechizados vea primero.
—Entendido, dárselo a ella y ser el primero en su visión.— El joven respiró lentamente.— Será fácil, gracias.
Ahora estaba hecho, él tenía una poción de amor y sólo necesitaba hacer que Lila tomara la fórmula –la parte más difícil, en su opinión– pero él era un Agreste, y él no iba a desistir.
[• • •]
Adrien estaba acostado en su cama desde que llegó de la universidad con un bendito dolor de cabeza que no pasaba. Decidió levantarse y tomar una ducha para ver si mejoraba. Se adentró en el baño que quedaba en su habitación, y después de una ducha helada que no duró mucho, decidió bajar a la cocina para ver si encontraba algún remedio. Desciendo por las escaleras, no teniendo vestigios de nadie en casa, lo dejaba de buen humor. Gustaba del silencio y su familia -omitiendo a su padre- era muy ruidosa.
Adrien miró en una habitación imaginando encontrar a Felix roncando en el sofá, pero por la forma que llana de su recamara, estaba seguro que aún no había llegado de la universidad. Siguió hasta la cocina, mirando los armarios y cajones buscando un remedio, fué cuándo vio un frasco pequeño y blanco sobre el mostrador. Lo analizó y no encontró ninguna etiqueta, sólo un nombre extraño escrito en él. Abrió la tapa sintiendo un olor mareado, pero que le recordaba el remedio de dolor de cabeza.
Sin pensarlo dos veces, bebió el remedio hasta el fondo, sintiendo un amargo sabor y un leve mareo después. Se sentía caliente como si una fiebre lo quemara de dentro hacia fuera, pronto su boca estaba seca. Caminó hasta el fregadero y tomó un poco de agua, nunca se había sentido así cuando tomó el remedio antes, pero ese debía ser más fuerte que lo que su madre solía darle.
El dolor se fue disipando cuando la campana sonó, se quedó esperando para ver si la visita desistía y se marchará, pero sus planes fueron tirados hacia las profundidades del infierno cuando escuchó la voz dulce y tierna de la pasante de su madre llamando su nombre.
Cuando abrió la puerta fue como si un invernadero de cerezos lo acertara de lleno. Adrien pudo sentir el olor embriagador de ella, se veía como una niña de colegial con mariposas en el estómago y la mano sudando en ansiedad.
—Mari ...— se aclaró la garganta— Marinette, ¿sucedió algo?
La chica de pelo azabache y ojos azules enormes agarró sus papeles con más fuerza en las manos. Él estaba apenas vistiendo un corto pantanloncillo, probablemente interrumpió su descanso.
—Es ... no, sólo he venido a buscar unos documentos que la señora Emilie olvidó en la oficina y traer otros.— Sus mejillas se encontraban rosadas como sus labios, y la voluntad de apretarlos era grande en el Agreste menor.— ¿Puedo entrar?
—Claro, ¿quieres algo?— "Sin el control de Adrien, Marinette estaría justo en un agradable infierno ..."— Debes estar cansada, dejarme que te ayude con estos papeles.
—Gracias, pero no, estoy bien. Pero, ¿y tú, estás bien?
—Si porque ?— Adrien se aterrorizó. Debería estar enfermo, su corazón estaba acelerado sólo de mirarla, ella era tan linda ... dulce ...
—Estás con la cara toda roja Adrien, y pareces jadeante— Marinette sonrió, y qué sonrisa, señor...
No prestaba la mínima atención en lo que ella decía, sólo en el escote del vestido que usaba.
Nunca había reparado en ella, pero Marinette era unos 30cm más baja que él. Era linda, tierna, sus ojos azules contrastantes con sus cabellos azabache daban un aire de rebeldía que ella conseguía junto con una postura angelical.
—Adrien, te estoy hablando. ¿Puedo ir a la oficina?
Adrien se obligó a prestar atención a ella para que dejará de hacer el papel de idiota.
—Claro, te acompañó hasta allí.
Caminaron lentamente hacia la oficina. Por ser pasante de su madre durante un año, Marinette ya conocía la casa y sabía dónde estaba la oficina.
Cuando llegaron, ella abrió la puerta lentamente y los ojos de Adrien sólo podían observar cada movimiento suyo, como si todo fuese a una fascinación –el remedio definitivamente no le hizo bien, que irónico– así que entraron completamente en la oficina, el rubio cerró la puerta y se le quedó mirando.
—¿Cómo vas en la universidad, Ma-ri-nette?— la Dupain lo observó con esas mejillas hermosas y esos ojos que le fascinaron de forma tan abrupta que se burló.
—Bien, feliz por haber conseguido avanzar al quinto semestre.— La muchacha sonrió y una vez más hizo a Adrien sentir algo extraño.— Pero tú debes saberlo mejor Adrien, ya que fuiste tú quien me arregló el semestre.
—No necesariamente ...— La verdad es que le dio un empujón cuando vio a la chica de pelo azabache pegar en el mural de la facultad que estaba buscando alguna vacante para diseño, y vino a ser coincidencia ya que su madre había comentando en la cena que necesitaba una nueva secretaria en su oficina de Modelaje y Diseño. Sin embargo, era obvio que Marinette no desconfiaba de eso.— Tú eres inteligente y a mi madre le ha gustado, suerte Dupain.
Marinette recorrió sus ojos sobre el escritorio y encontró los documentos que necesitaba llevar. Emilie era una buena jefa, era organizada, gentil y bastante amorosa. Dejaba todo siempre metódicamente organizado para que Marinette no se perdiera.
La parisina dejó los documentos sobre la superficie de la mesa y, antes de que pudiera tomar los demás, sintió la respiración caliente de Adrien en su cuello.
—Sabes, Marinette ...— Sentía los dedos de él corriendo por su cuello y hombro descubiertos.— Yo nunca había reparado antes en cómo ese corte de pelo te quedó tan bien.
Marinette se ofendió y Adrien pudo sentir el escalofrío que pasó por la espina dorsal de la fémina, era extraño, pero al mismo tiempo tentador toca allí, ella era suave y demasiado aromática para su sanidad.
Nunca tuvo una proximidad así con Marinette, pero algo en su interior le decía que esta era su oportunidad.
—¿Qué estás haciendo, Adrien?— Ella hablaba bajito, como si estuviera soltando el aire cada vez que le tocaba el cuello.
—Yo sinceramente no sé, pero tengo una necesidad de ...— la joven se volteó letalmente para mirar el rubio. Y con ello todo su aire desapareció.— Besarte.
Y como si esas dos palabras fueran el gatillo para la pérdida total del autocontrol, sus bocas se encontraron, blandas, con la lentitud de apreciación. El beso era lento, tenía sabor a cereza con menta. Sus lenguas se apreciaban despacio como si fueran la última y primera vez que se encontrarían. Las manos pequeñas de Marinette estaban enredadas en el pelo de Adrien, tirando lentamente, y las manos del Agreste exploraban cada parte de ella como si estuviera decorando cada curva.
Los besos fueron bajando lentamente de la boca a la barbilla, sintiendo el dulce olor de su cuello, donde el Agreste succionó con la intención de marcar la piel blanca e inmaculada de la Dupain Cheng.
—Gatita no tienes noción de las cosas que quiero hacer contigo.— Cada palabra se susurró lentamente en el oído de la azabache causando una oleada de calor y escalofríos. La mordida en el lóbulo de su oreja sólo ayudó a empeorar la situación.— Yo te juro que me estoy conteniendo para no jugar sobres esa mesa.
—Adri ... yo ... yo ...
—Tu eres demasiado buena para esa mesa.— Respiró profundamente para intentar calmar la erección latente en medio de sus piernas.— Buena para la cama, en todos los sentidos.
Estaba listo para comenzar otro beso que pondría su estabilidad una vez más barranco abajo, cuando la puerta fue abierta abruptamente por el ser más inconveniente del mundo.
—Adrien, no vi ...— Sus ojos lo fusilaban mientras todavía sostenía a Marinette por la cintura.— Creo que he entorpecido algo.
—¿En serio? ¿Qué quieres, Felix?— Adrien respiró hondo para no matarlo, o para agradecerle.
—Hola Marinette.
—Hola, Felix.— Marinette se desvinculó del Agreste y tomó los papeles deprisa, estaba toda roja gracias a la vergüenza que sentía por ser descubiertos de esa manera.— yo voy saliendo, necesito llevar estos papeles a tu madre ... hasta luego.
La miró por un momento y la besó de manera rápida. Sabiendo también que todo fue observado por Felix, sólo le susurro " mensajes a las siete " , y ella se retiró.
—No sabía que te tenías algo con la pasante de mamá.— Esa burla le recordó de su existencia.
—No sabía que mi vida era Facebook para ser compartida contigo.
—Mal humorado como siempre, ni parece que estabas hace un momento gastando energía.— Adrien cerró los ojos por la insinuación ridícula de él.— Pero mi interés es otro, ¿no viste una botella de sin etiqueta? Ya he buscado por toda la casa y no la encuentro.
—¿Qué estaba encima del mostrador de la cocina?— Él dijo— La bebí toda, estaba con dolor de cabeza y parecía el remedio de mamá.
En un parpadeo de ojos Adrien visualizó a Felix cambiar de varios colores y balbucear varias cosas sin sentido, pero la única legible era "Te voy a matar" y "Mi Lila".
—Te voy a matar, Adrien!
—¡Alto allí!— Adrien rodeó el escritorio, escapando del agarre de Felix.— ¿Cómo me dejan un frasco de remedio por ahí abandonado? Si era tuyo, debiste guardarlo en tu habitación.
Felix bufó y posó su mano en la frente, maldiciendo a todos los tipos de los demonios que conocía.
—¿Y tu? ¿No sabes que no se debe tomar un remedio sin etiqueta?
—¡Pero era idéntico al remedio casero de mamá, hasta en el olor!
Felix tragó pesadamente, pero tuvo que estar de acuerdo.
—Está bien, siéntate Adrien.— Felix indicó el sillón rosa de Emilie.
Adrien hizo una mueca divertida y se sentó en la alfombra, rehusándose a sentarse en algo rosa. Felix se rió de la infantilidad de su hermano.
—Eso era una poción de amor.
Los ojos del Agreste menor nuevamente se abrieron de par en par. Pasaron unos segundos en silencio, hasta que el más joven comenzó a carcajarse.
—Tu sólo puedes estar bromeando, Felix.— La carcajada de Adrien estaba cada vez más alta.
—No te rías, idiota. Yo fui con una bruja y ella me dio esa poción para dársela a una persona muy especial.— La última parte Felix habló bajo para que su hermano no lo pudiera oír, pero Adrien ya había ligado las piezas.
—Espera, déjame ver si entendí …¿compraste una poción de amor para Lila?— El silencio dentro de la sala era casi fúnebre, en espera de la respuesta, el agitar de cabeza de Félix fue la confirmación para otra secuencia de carcajadas y burlas.
—¿Acabaste, Adrien?— Félix respiraba despacio para no ceder al deseo de querer matar a su hermano menor.
—Sí, Félix no existe ninguna poción de amor, parece que fuiste engañado.— Adrien se levantó lentamente, caminando hasta la puerta.— Esa tal "bruja" te engañó y tu has caído, como siempre.
—Pero realmente funciona, tú estaba todo amoroso con Marinette.— Adrien se rió y sacudió la cabeza.— ¿Que pasa?
—Félix, Marinette es mi novia desde hace un mes, sólo que tú no lo habías notado.— levantando la mano pudo dar el deslumbramiento de una pulsera plateada en su muñeca con la inicial de la azabache, algo que nunca había reparado, definitivamente estaba demasiado concentrado en Lila.
Definitivamente, la bruja lo engañó.
[• • •]
Mientras tanto, en la casita de cerca blanca ...
Bridgette todavía se reía de la broma que su abuela le contaba. La vieja, la misma del estacionamiento.
—Entonces cuando vi que él estaba enamorado de la muchacha, dejé todo y le entregué el folleto.
—Genial, abuela.— Elogió Bridgette.— Yo le di la poción, esperó que le dé fuerza de voluntad y corra detrás de la tal Lila a partir de ahora.
El marido de Bridgette, Nathaniel, apareció en la puerta.
—¿No se cansan de engañar a la gente con esa brujería barata?— Le preguntó.
—¡Nath, tú nunca me dejas divertirme!— Ella cruzó los brazos e hizo un puchero.
—¿De está forma? ¡Ilusionando a un pobre muchacho, Bridgette!
—Yo sólo le di el coraje para declararse, no tengo la culpa si él cree en todo lo que lee en los estacionamientos de toda su vida.
—Okay ... ahora quítate esa fantasía de bruja y vamos al restaurante.
—¿Por qué tanta prisa? Sólo abrimos hasta las siete.— Odiaba la impaciencia de Nath.
—Tengo una reservación grande hoy, entonces nada puede fallar.
—¿Personas importantes?— La abuela de Bridgette preguntó.
—Y mucho.— Nath confirmó.— Anda, Brid.— La apresuró, retirándose.
—¿Puedo saber quiénes son para que estés hecho un mar de nervios?— Ella caminaba a pasos apresurados detrás de él.— Son las cuatro de la tarde y ya estás preocupado por esa cena.
—Hoy la familia Agreste estará allí.
Fin...
Hola
Espero les agrade éste OS, a mi en lo personal me encantó
