LAZOS DE AMOR

ENTRE BODAS Y EMBARAZOS

CAPITULO XXXVIII

La alegría que tenía Anthony con respecto a su próxima paternidad no era comparable con nada, se sentía el hombre más afortunado del mundo por estar esperando un hijo de la mujer que amaba, atrás habían quedado los malos recuerdos y los sinsabores que había traído aquella separación, todos en la familia se encontraban muy felices por las buenas nuevas y juntos celebraban con una cena familiar la maravillosa noticia que habían llegado los Brower a compartir con ellos, la tía abuela se sentía muy feliz de que su nieto favorito por fin estuviera próximo a ser padre y era la primera que comenzaba a hacer los planes a futuro para el primogénito de los rubios. Sin embargo Albert se sentía algo inquieto por la noticia, no era que no le alegrara o que no sintiera gusto por su hija y su sobrino, sino que no podía desligar aquella noticia con la suerte que le había echado el destino hacía tanto tiempo, sin embargo trató de ocultar su desazón con la dicha que sentían aquellos jóvenes en ese momento y sonrió con nuevos bríos para felicitar a su hija y su yerno.

-Muchísimas felicidades hija. – Le dijo abrazándola con especial ternura, como si con ese abrazo quisiera desvanecer todas las inseguridades por las que atravesaba su corazón.

-Muchas gracias padre. – Le dijo Candy con una bella sonrisa y aquel brillo tan especial que desprendían las mujeres embarazadas, un brillo tan deslumbrante que no había vuelto a ver en ojos de nadie más que en los de su madre y ahora en ella, era como volver a ver los hermosos ojos de su Candance.

-Hijo, cuídala mucho por favor. – Le dijo a Anthony cuando lo abrazó y el rubio menor sintió una extraña sensación cuando lo abrazó, comprendiendo un poco el temor que tenía su tío al dedicarle esas palabras, noto la angustia y el esfuerzo que hacía su cuerpo para no demostrar el miedo que le invadía su ser.

-No te preocupes tío, con mi vida cuidaré a Candy. – Le dijo correspondiendo a aquel cálido abrazo, deteniéndose unos minutos para tranquilizar un poco su miedo. – Haré todo lo posible para que ella reciba la mejor atención médica tío, te lo aseguro. – Le dijo enfocando sus azules en los de su suegro, quien comprendió que su sobrino había entendido perfectamente el miedo que se le había reflejado en su rostro.

La cena continuó tranquila, todos veían a los rubios felices y enamorados, su familia pronto comenzaría a crecer a pesar que habían hablado en un principio esperarse para aumentarla, sin embargo el bebé que crecía en el vientre de Candy tenía otros planes y esos nadie los podía cambiar.

Con el temor de Albert sembrado en el corazón de Anthony los próximos meses se dedicó a buscar la mejor ayuda que pudiera contar llegado el momento de recibir a su primogénito, empapándose de los nuevos métodos que surgían para que tanto la madre como el producto lograran salir con bien del parto, la ventaja del rubio era la buena relación que tenía con todos y cada uno de los médicos y compañeros que tenía en aquel hospital así como la estima que tenían todos ellos por la rubia.

Con el anuncio del compromiso de Stear y Patty llegaba pronto la próxima boda de los Cornwell-Britter, una que ya estaba pactada desde hacía tiempo, pero que por la edad de los implicados no se había llevado a cabo, el derroche de dinero y lujos no se hizo esperar por parte de los Britter quienes querían otorgar a su hija una boda de ensueño digna de su primogénita y del noble caballero con quien se desposaba, la importancia de los novios no era discutible y eso activó una vez más las largas planas de los periódicos en la sección de los eventos más importantes, desde la boda de los Brower no se había dado otro acontecimiento de tal magnitud.

La novia salía de su mansión ataviada en un vestido de lo más elegante, también había sido diseñado por Madam Bijou a pedido de Annie, quien quería llevar un vestido igual de exclusivo como el que había llevado su amiga Candy, sin embargo la creatividad de la diseñadora varió bastante en comparación de la joven Andrew, utilizó los mismos materiales caros y de buen gusto, sin embargo el resultado no fue el mismo, ya que la señora Britter pidió que tuviera más brillo, resultando algo para el busto de la modista de poco gusto ya que para ella menos era más. Sin embargo Annie se sintió soñada con aquel vestido que portaba en el día más feliz de su boda.

La iglesia era la misma Catedral donde se había casado Anthony y Candy, y sería la misma que uniría a Patricia y Stear, ya que la vieja Elroy había sido la encargada de hacer las reservaciones para dicho evento.

La misa comenzaba y una elegante Annie entraba del brazo de su padre, juntos caminaron hacia el altar recorriendo lentamente a ritmo de la marcha nupcial el largo pasillo que los llevaría a los brazos del joven Cornwell, quien esperaba al otro extremo de la iglesia ansioso por fin de desposar a aquella joven que lo había enamorado por un simple beso.

Sus ojos se posaron en la pelinegra con dulzura y amor, ella le correspondía con sus hermosos ojos azules a punto de estallar en llanto, sin embargo las señas que le hacía Geovanny desde el otro lado de la iglesia la obligaban a controlarse un poco.

-Te ves hermosa damita. – Le dijo con una sonrisa, la cual inmediatamente fue correspondida por la joven. Sus labios no podían pronunciar ni una sola palabra, le parecía un sueño estar por fin ahí viviendo aquello que tanto había anhelado desde su más tierna infancia, tenía miedo de despertar en cualquier momento, mientras por su mente viajaban imágenes de su vida al lado de Archivald Cornwell, desde sus tratos indiferentes, su rechazo en aquel primer baile, su beso, su fuga hacia el colegio y el anuncio de su compromiso sorpresa a todos los medios, por fin estaba ahí parada frente al altar, después de haber pasado tantos sinsabores y tantas alegrías al lado del proclamado amor de su vida.

El Obispo comenzó la ceremonia y los invitados guardaban silencio, esperando el momento que aquel hombre uniera por fin en matrimonio a aquella joven pareja de enamorados.

Al salir de la iglesia todos comenzaron a arrojar granos de arroz sobre ellos los cuales según las creencias les proporcionaba abundancia, prosperidad y fertilidad a la nueva pareja, ambos jóvenes recibían felices los abrazos y las felicitaciones que les eran proporcionadas por aquellos que los querían.

Candy y Anthony se acercaron a felicitar a los novios deseándoles lo mejor para su nueva etapa de casados. Ellos mismos seguían en su eterna luna de miel y deseaban que sus primos tuvieran la misma suerte que ellos.

-Muchas felicidades señores Cornwell. – Les dijo Candy con una sonrisa que no ocultaba su felicidad.

-¡Candy! – Dijo emocionada Annie y la abrazó con mucho cariño, Patty se les unía a ellas quien llegaba junto a Stear portando ella también su gran anillo de compromiso el cual también pronto sería acompañado por una argolla matrimonial. - ¡Patty! ¡Las quiero mucho! – Decía la pelinegra emocionada de verla a su lado. Los demás invitados se acercaban a felicitarla y eso las obligaba a separase.

Anthony tomó a su esposa de la cintura y la atrajo a él con delicadeza, no quería que sufriera algún accidente o diera un paso en falso entre tanto arroz y tanta gente que no tenía cuidado en acercarse a los novios.

-¿Estás bien amor? – Preguntó Anthony al tenerla de nueva cuenta en sus brazos.

-Estoy bien mi amor, no te preocupes. – Le decía Candy con una sonrisa divertida al ver lo preocupado que se veía su esposo por ellos. – El bebé también está bien, le decía con una sonrisa tierna y el rubia le acariciaba discretamente el vientre mientras besaba su frente.

-Más vale estar seguro, ustedes son lo más importante en mi vida. –Le dijo en un susurro en su oído, obligando al cuerpo de Candy a estremecerse mientras cerraba sus ojos para disfrutar esa deliciosa sensación que amaba sentir.

-Me encanta cuando haces eso. – Le dijo igual en un susurro.

-Lo sé. – Le respondía con una sonrisa y una mirada vivaracha, como dándose a entender que más tarde tendrían otro apasionado encuentro. Candy lo miró coqueta y con esa mirada aceptaba aquella silenciosa invitación, no les hacían falta las palabras, sus ojos eran sus aliados, sus miradas decían más de una cosa y ellos sabían bien interpretar cada una de ellas.

La fiesta comenzó con mucho entusiasmo por parte de los novios y el baile nupcial comenzaba mientras poco a poco los invitados bailaban entre sí rodeando a la pareja principal del momento.

Anthony danzaba con Candy, a la cual aún no se le notaba su embarazo, el vestido que especialmente le había diseñado Monique para aquella fiesta le ayudaba mucho a camuflar los escasos tres meses de embarazo que cumplía.

Una pareja más bailaba enfrascada en los ojos unos del otro, sin embargo se retiraron un poco a la terraza al notar Stear que Patty había estado un poco inquieta desde días atrás.

-¿Qué sucede Patty querida? – Le decía como siempre con amor y preocupado por el semblante de su novia. Patty se negaba a hablar con aquel chico ojos negros que tenía frente a ella. Él se acercó a ella una vez más y besó sus labios con ternura, aferrándose a su cintura y aprovechando la soledad de aquella terraza profundizó más el beso, obligando a Patty a corresponder ansiosa a sus caricias, abrazándolo por el cuello mientras el entusiasmado por la reacción de la chica comenzó a acariciar su espalda hasta detenerse un poco al lado de sus senos, acariciando con el pulgar delicadamente aquel par de voluptuosos montes que se habían abierto ante él infinidad de veces.

-No Stear. – Le dijo incómoda una vez que sintió que las caricias de su amado iban más allá del pudor y la decencia.

-¿Qué te pasa hermosa? – Le preguntó con temor. -¿Ya no me amas? ¿Ya no quieres estar conmigo? – Le preguntaba y la abrazaba por la espalda mientras ella volteaba a ver la vista que le otorgaba aquella terraza mientras cruzaba sus brazos y esto obligaba a que aquel par de senos antes acariciados se unieran más resaltándolos por sobre el escote, la altura del joven Cornwell le permitía admirar perfectamente desde esa posición aquella maravillosa vista que era mucho más tentadora que lo que miraba Patty en ese momento, la abrazó por la espalda y se dedicó a observar una vez más sus atributos, besando su cuello, provocando en ella un suspiro ansioso que se escapaba de sus labios al mismo tiempo que cerraba los ojos para disfrutar sus caricias.

-Sabes bien que no es eso, Stear. – Decía con dificultad, aprovechando Stear ese momento de debilidad para acariciar su cintura mientras seguía atacando su cuello.

-¿Entonces? ¿Qué te sucede hermosa? - Decía sin detenerse de su cometido, había roto aquella barrera tiempo atrás, ya no eran el par de lentos que siempre les había dicho la abuela Martha que eran, sino que se habían entregado a la pasión de sus cuerpos el día que sellaron su compromiso ante la sociedad, aprovechando que después de la fiesta, la abuela de Patty estaba tan cansada que no sintió que el joven Cornwell se había colado hasta la recámara de su nieta, donde ahí se enseñaron las artes del amor uno al otro, sin embargo esos encuentros no eran nada fáciles para el par de chicos quienes recibían constantes interrupciones por parte de su hermano y ahora esposa y al ahora estar ahí completamente solos en aquella terraza hacía que le joven Alistear perdiera su compostura.

-Stear. – Dijo Patty reaccionando de pronto una vez más. Stear se sintió algo ofendido por el rechazo, antes no lo apartaba de esa manera.

-Dime Patty ¿Qué sucede? – Contestó con algo de frialdad.

-Tenemos que hablar. – Dijo su bella y voluptuosa dama, una sensación de miedo y angustia le brotó del pecho a aquel joven, quien temía que su relación fuera mandad al cuerno aquella noche. ¿Acaso no había sido lo suficientemente bueno en la cama? ¿Acaso no la había hecho gozar al arrancar más de un gemido de sus labios? ¿No había alcanzado el clímax de su amor al momento de ser uno solo? Estas y más preguntas rondaban por la cabeza del joven inventor quien tenía miedo de no haber quedado a la altura de tan hermosa dama.

-¿Tiene que ser ahora? – Preguntó dolido, esperando el golpe que tuviera ella que decirle, aunque le parecía algo extraño porque él la acababa de sentir vibrar en sus brazos.

-Entre más pronto mejor Stear. – Le dijo frutando sus manos con nerviosismo. Stear la giró de frente, si ella quería terminar la relación de ambos, que por lo menos lo hiciera de frente, que se lo dijera a la cara para estar seguro que no mentía o que no tenía ninguna otra razón para mandarlo a volar. Su respiración comenzó a acelerarse así como el ritmo de su corazón, esperando aquella sentencia que le parecía absurda a en su punto de vista, siendo que habían llegado tan lejos que sabía bien que por la época en la que se vivían nadie vería con buenos ojos que ella ya no era doncella.

-Por lo menos dímelo de frente Patty. – Le dijo con el miedo reflejado en su voz, Patty estaba igual que él su corazón se aceleraba y su pulso se incrementaba una vez más, tratando de controlarse para decir lo que tenía que decir. Ella abrió los ojos frente a su novio.

-Estoy embarazada. – Dijo Patty con apenas un murmullo, un susurro que escapo de sus labios y que no fue escuchado por su receptor.

-¿Qué dijiste? – preguntó de nueva cuenta. Levantando su mentón y obligándola a mirarlo de frente, como buscando que ella le confesara aquel oscuro secreto que se guardaba para sí misma, incapaz el chico de comprender qué era aquello que le costaba tanto trabajo decir, acercó aún más el rostro a ella para llenarse de su aliento.

-Que estoy embarazada. – Volvió a repetir esta vez mirándolo a los ojos y sosteniendo la mirada y por la cercanía de sus rostros ahora sí le llegaba aquel mensaje hasta sus oídos. Stear enmudeció y fijó su mirada en ella en completo silencio, sus bellos ojos cafés se llenaban de más angustia y de lágrimas, mientras que los negros del inventor se llenaba de alegría, meses atrás se había alegrado tanto por aquella noticia de los rubios y el ser ahora él el afortunado en ser padre le produjo una alegría inmensamente mayor, una que hasta ese momento era difícil de haber experimentado antes, era casi mayor a la que sintió cuando se fundió en un solo ser con su amada Patricia. – Stear di algo. – Decía Patty con temor al ver que su amado inventor no reaccionaba a su noticia, invadiéndole un miedo en su corazón al pensar que él estaría molesto con ella, sin embargo contrario a lo que ella pensaba él se abalanzó sobre ella feliz besando sus labios con mayor anhelo que antes, con mayor pasión, disfrutando sus labios con total y plena libertad, sin temor a ser descubiertos o reprendidos por alguien.

Una vez terminada aquella muestra de amor entre los jóvenes, Stear abrazó contra su pecho a Patricia y le habló al oído.

-Me has hecho inmensamente feliz mi amor. – La sonrisa de Patty fue tan amplia que todo el miedo que instantes atrás había sentido se había transformado en felicidad, mientras que la tensión que el pobre de Stear había sentido se comenzaba a transformar en euforia, una que difícilmente podría llegar a ocultar, ambos chicos se unieron más calmados a los demás invitados, observando que Anthony y Candy los estaban buscando.

-¿Qué sucede Anthony? – Preguntó Stear al ver que sus primos los buscaban con la mirada.

-Que desde hace rato los están buscando la tía Elroy y la abuela Martha. – Dijo Anthony quien tenía una idea del porque se habían desaparecido, sin embargo no quiso interrumpirlos como él siempre lo hacía con ellos.

-¿Sucede algo?- Preguntó Patty un poco apenada.

-No, solo que ya se van los novios y Annie no quiere arrojar el ramo si no estás presente. – Dijo Candy.

-¿Tú no vas Candy? – Preguntó por inercia la joven, sin captar que ella ya era toda una señora casada.

-Ella no necesita ganar un ramo. – Contestó Anthony con una hermosa sonrisa dedicada a su amada. Stear jaló a Patty de la mano.

-Ven Patty, tú si necesitas ganarte otro. – Le dijo mientras los demás se reían por la acción que cometía su primo.

Annie se encontraba a punto de subirse al automóvil lista para arrojar el ramo, mientras Archie se acercaba a su hermano y su primo para despedirse de ellos. Candy los observaba con detenimiento, los tres eran muy guapos y sobre todo unas maravillosas personas, Anthony sintió la mirada de su esposa y volteo a verla guiñándole un ojo que fue correspondido por ella casi de inmediato. Candy acompañaba a Elisa, ambas muy atentas a las jóvenes solteras que esperaban con ansias que arrojaran el ramo. Tom se acercó a los Andrew y los abrazó por la espalda.

-Muchas felicidades Archie. – Le dijo Tom. – Les deseo que sean tan felices como lo somos éste rubiales y yo. – Dijo, soltando todos una carcajada. – Ya solo nos falta el inventor mágico. – Dijo volteando todos a ver a Stear.

-Pronto les daré una sorpresa. – Les dijo con una sonrisa de bobo que ni él podía con ella.

-Veo que ya tiene fecha para la boda. – Dijo Archie. Stear asintió.

-No solo fecha hermanito, sino que ya te llevo ventaja. – le dijo con un guiño mientras Anthony y Tom volteaban a verlo comprendiendo un poco la situación que les comentaba.

-¿Es en serio? – Preguntó Anthony quien fue el primero en reaccionar, mientras Archie estaba un poco confundido. Stear asintió con una gran sonrisa.

-Les puedo decir solo a ustedes. – Les dijo a los tres chicos quienes asintieron como siempre para callar aquellos secretos que se contaban desde que eran unos niños, cómplices de travesuras y aventuras. – Patty y yo los vamos siguiendo a ustedes dos, y a ti hermanito te llevamos ventaja. – Dijo Stear mientras los tres chicos gritaban emocionados captando la mirada de los presentes obligándolos a bajarle un poco a sus impulsos de alegría.

-Felicidades Stear. – Dijo Archie en primer lugar. – Me alegra mucho saber esa noticia, entonces ¿Volveremos para la boda? – Preguntó a su hermano.

-Los esperamos en la boda. – Dijo Stear abrazando a su hermano deseándole un buen viaje de bodas, mientras los otros dos chicos hacían lo mismo y después abrazaban a Stear felicitándolo por su buen tino.

Patty se acercaba una vez más a Stear con un ramo de novia entre las manos con una sonrisa radiante y aquel brillo tan natural que desprendían sus ojos, pero que en ese momento le pareció más maravilloso que nunca.

-¿Por lo que veo no son tan lentitos? – Era el comentario que había hecho la abuela Martha al enterarse que en unos meses se convertiría en bisabuela, Samanta y Allen habían puesto una regañiza a su hijo solo para que la tía Elroy se sintiera feliz, sin embargo en el fondo estaban bastante contentos porque su primogénito les daría su primer nieto, solo esperaban que pronto Archie les diera la misma noticia.

Los preparativos de la boda llegaban con el anuncio de que Terry se convertiría en padre nuevamente, ya que Karen llegaba al hospital acompañada de Margaret y Stanford, tanto el productor como aquella hermosa actriz habían entablado una relación a pesar de las restricciones que él mismo había impuesto a sus actores y ella había aceptado que Karen viviera en la casa de su ya prometido, se había hecho muy amiga de ella y ahora ambos la acompañaban al hospital, el parto se había adelantado gracias a un aparatoso accidente que había sufrido Karen en la casa de productor y no pintaba muy bien para la castaña.

-¿Ya le hablaste a Terry? – Preguntó Karen al joven productor.

-Ya viene en camino Karen. – Le contestó con una lágrima cayendo por su rostro, sintiéndose culpable por no haber estado con ella en aquel momento.

-¿Y ella? –Pregunto duramente.

-No sabemos si acceda a venir con él. – Dijo Margaret angustiada. Ambos había llamado a Terry avisándole lo que había sucedido, el castaño se había sorprendido de sobre manera con lo que le mencionaban y más que Karen quería hablar con Susana, ella tenía dos meses que se había aliviado de su bebé. Habían tenido una niña que era el vivo retrato de Terry, solo una cosa le había cambiado aquel rebelde a aquella pequeña.

-¿Qué sucede Anthony? – Preguntó la rubia acercándose a su esposo cuando él la fue a buscar apurado para que se enterara de quién había llegado a ser atendida.

-Karen acaba de llegar muy grave al hospital. – Dijo angustiado.

-¿Grave? ¿Qué le pasó? – Pregunto Candy preocupada quien se imaginaba que tenía unos ocho meses de embarazo.

-La persona que la trajo dijo que se había doblado un pie y eso le provocó una caída por las escaleras. – Dijo Anthony preparándose para entrar a la sala de parto, mientras Candy se alistaba al igual que él. -¿Qué haces mi amor? – Le preguntaba con inquietud.

-Entraré contigo. – Dijo Candy segura, sin embargo el rubio tenía sus dudas, no quería que ella se enfrentara a una situación compleja en su estado, podría causarle algún trauma o alguna predisposición ante lo que pudieran encontrarse ahí dentro.

-Amor no creo que sea conveniente en tu estado.

-He entrado a otras cirugías contigo.

-Esto es diferente amor, tienes una conexión indirecta con ella. – Le decía, sin embargo la mirada de Candy era decidida y no había poder humano que la hiciera cambiar de opinión.

-Candy, Anthony ¿Qué están esperando? – Les dijo el jefe de cirugía. – Necesito de ambos ahí dentro. - Dijo de nuevo y Anthony ya no podía hacer nada.

Ambos se dirigieron a la sala de operaciones y se encontraron con una Karen inconsciente, el tobillo derecho estaba roto y completamente inflamado, la cara de Candy era de pena y preocupación por el panorama que se vislumbraba para aquella joven madre. Anthony la miró una última vez antes de sumergirse en su profesionalismo para salir adelante en aquella situación.

-Bien doctor Brower, vamos a iniciar el procedimiento que hemos estado practicando. – Le dijo el jefe de cirugía a Anthony. Anthony asintió y ambos procedieron a realizar aquella cesárea por primera vez.

La cirugía había resultado un éxito, sin embargo no era seguro que Karen lograra sobrevivir el daño había sido bastante dentro de ella al haber caído de lado para proteger ella misma al pequeño ser que habitaba en ella, tenía varios órganos perforados y no podían hacer nada para salvarlos.

Karen había dado a luz a un pequeño niño que era el vivo retrato de Terry, si cualquiera observara junto a los dos pequeños jurarían que eran gemelos, solo por la diferencia de madre y de edad, siendo la pequeña Julieta dos meses mayor que aquel niño que apenas vislumbraba el mundo.

Karen despertaba de la cirugía con un intenso dolor que ni la más poderosa medicina podía calmarle.

-¿Cómo te sientes Karen? – Preguntó Candy a Karen quien en esos momentos la estaba acompañando.

-¿Ya llegó Susana? – Preguntó con dificultad.

-Ya no debe de tardar, por ahora debes descansar. – decía Candy quien se sentía unida al sufrimiento que estaba pasando Karen en ese preciso momento.

En eso tocaron a la puerta, Candy abría encontrándose con su esposo y detrás de él estaba una Susana con el rostro perdido, no comprendía porqué aquella mujer la había llamado, se sentía hasta cierto punto ofendida de que así hubiera sido, sin embargo Terry le suplicó que por favor atendiera a su llamado, ella no quería hacerlo, sin embargo al hablar con Anthony y enterarla de la gravedad de la situación la convenció por fin de entrar. Anthony entró después de Susana, cediéndole el paso a la digna señora Grandchester, Terry se encontraba fuera de la habitación esperando un milagro o por lo menos que Karen accediera a hablar también con él, también se sentía culpable de la situación que aquella joven enfrentaba.

-¿Por qué no me avisaste antes? – Preguntó con cierto rencor hacia el productor.

-Ella no me lo permitía, y amenazó con irse a Florida junto a su familia si yo te decía algo. – Decía también sintiéndose mal por Karen.

-Karen no quería que te enteraras que ibas a ser padre también con ella. – Dijo Margaret quien estaba abrazada a Stanford tratando de controlas las lágrimas, se había hecho buena amiga de Karen.

-¡Esto no debió pasar así! – Decía Terry desesperado, no quería perder a Karen, en esos momentos estaba a punto de perder a una mujer que había sido muy importante en su vida, aún no sabía que su hijo ya había nacido, nadie ni siquiera Anthony le había avisado ya que Karen quería ser quien le diera la noticia.

Susana veía con cierto rencor a Karen, no podía evitar sentir coraje con aquella chica que se había atrevido a enredarse con el que era ahora su esposo.

-Nosotros nos retiramos. – Dijo Anthony, quien abrazó a Candy para darles privacidad a ambas mujeres.

-No. – Dijo Karen con dificultad. – Quédense por favor. – Pidió a ambos rubios a quien había encomendado a su hijo momentos antes de la cirugía, sin saber porque le habían dado confianza, sabía que eran amigos de Terry. Ambos asintieron.

-¿Qué es lo que quieres hablar conmigo? – Le preguntó Susana a Karen, sin importarle mucho la presencia de los rubios, ella sabía que eran amigos de Terry, no de ella.

-Perdóname. – Le dijo con las lágrimas comenzando a recorrerle el rostro. Susana se sorprendió por lo dicho por aquella mujer. – Yo no sabía que esperabas un hijo de Terry cuando pasó algo entre nosotros. – Decía difícilmente.

-Karen no te esfuerces. – Le dijo Candy al verla que comenzó a batallar para respirar. Karen negó.

-Tengo que hacerlo, por mi hijo. – Dijo Karen ante la sorpresa de Susana, quien tampoco sabía que ya se había aliviado, para ella todo era muy difícil ya que se acababa de enterar que su esposo iba a tener un hijo con otra mujer y que esta mujer estaba al borde de la muerte, era algo difícil de procesar. Candy se aferraba a los brazos de su esposo sintiéndose impotente por el sufrimiento de Karen, sabía que eran sus últimos momentos y no quería dejar desprotegido a su hijo. – Susana, sé que no tengo derecho a pedirte nada, sé que tal vez me odias, sin embargo quiero pedirte clemencia para mi hijo. – Le decía con dolor. – Él no tiene la culpa de nada.

-No te preocupes Karen, sé que tu hijo es tan inocente como mi hija. – Dijo en respuesta. - ¿Quieres hablar con Terry? – Preguntó con un nudo en la garganta. Karen asintió y Susana salió de la habitación.

Candy salió detrás de ella para ir por el pequeño niño que había nacido, a pesar de ser prematuro el bebé era bastante fuerte y no presentaba ningún problema.

-Ella quiere hablar contigo. – Dijo Susana sin ver a los ojos a su esposo, estaba dolida por toda la situación que enfrentaban ambos, la tensión se sentía en el ambiente y tanto Margaret como Stanford se mantenían al margen de aquella situación. Susana se sentó en la sala de espera mientras Terry se adentraba entre los pasillos para ver a Karen.

-Adelante. - Dijo Anthony quien se había quedado al pendiente de la paciente.

Terry entró buscando con la mirada a Karen y Anthony le dio el pase de nuevo con su mirada.

-¿Cómo está? – Preguntó al ver que Karen tenía los ojos cerrados. Anthony cerró los ojos y negó con un movimiento de cabeza, eso hizo que Terry sintiera un vuelco en su estómago y en su corazón, comenzando a llorar como un niño pequeño al acercarse a ella y sentarse a su lado. –Perdóname Karen. – Le decía mientras besaba sus manos repetidamente.

-Terry. – Dijo Karen abriendo los ojos con dificultad. – Ya no hay nada que perdonar. – Le dijo, cada vez hablaba con mayor dificultad. – Siempre te amé y siempre te voy a amar. – Le dijo, y con esas palabras Terry sentía que su corazón se quebraba aún más, él había elegido a Susana por encima de ella y ahora que la veía en ese estado se preguntaba si había sido lo correcto, no porque no amaba a Susana, sino porque en ese preciso momento sentía que amaba también a Karen.

-Perdóname por no haberte elegido. – Le dijo besando su frente.

-No tuvieras a tu hija a tu lado. – Le dijo ella siendo comprensiva. Terry se quedó por un momento en silencio, Karen si sabía que él tenía una hija, sin embargo él no estaba seguro si ella había tenido un hijo o una hija de él. Candy entraba en ese momento con un enorme bebé castaño en brazos, envuelto en una fina sábana de color azul cielo y Terry abría los ojos sorprendido al ver que se trataba de su hijo. – Es nuestro hijo. – Dijo Karen con una débil sonrisa. – Se llama Terrence. – Dijo nuevamente mientras Candy se lo entregaba en brazos. Terry tomó a aquel pequeño en sus brazos y sintió que su corazón se aceleró al momento que tocó sus brazos, era una sensación tan hermosa el ver que aquel pequeño bebé había sido hecho por él, que era una parte de su ser al igual que su pequeña Julieta, eran sentimientos tan similares que compararlos no sería justo.

-Es hermoso. – Dijo Terry cuando por fin lo destapó de su rostro.

-Se parece a su padre. – Dijo Karen con una débil sonrisa, y efectivamente el bebé era el vivo retrato de su padre, tenía el mismo color de ojos, cabello y piel, solo el tiempo diría si su carácter sería igual o se parecería más a su madre. -¿Podrías hacerte cargo de él? – Le pregunto con los ojos inundados de lágrimas. – Yo ya no tengo tiempo. – Le dijo con miedo.

-No digas eso Karen, ambos cuidaremos de nuestro hijo, solo descansa para que te recuperes. – Le decía aún sin contestar aquella pregunta que le habían formulado.

-¿Lo cuidarás? Por favor prométemelo. – Volvió a preguntar insistente, sabía que no tenía mucho tiempo. Candy comenzaba a llorar sintiéndose impotente ante aquella situación, no podía hacer nada y se sentía tan mal, Anthony estaba igual que Candy, no podía hacer nada por aquella joven madre y eso lo lastimaba igual que a su esposa. Ambos rubios seguían ahí ya que Karen les había pedido que por favor fueran testigos de la promesa que Terry haría, tal vez como seguridad para ella de que aquel rebelde cumpliera con aquella promesa.

-Te lo prometo Karen. – Le dijo con los ojos comenzando a desbordarse una vez más. – Te prometo que cuidaré a nuestro hijo y haré de él un hombre de bien. – Le dijo acercándose a ella para que le diera un beso a su hijo.

-¿Me besarías por última vez? – Le preguntó con dificultad y Terry sin dudarlo se acercó a ella y le dio un beso tierno, dulce, demostrándole lo importante que había sido en su vida, demostrándole que no había sido solo una chica más, sino que había sido una mujer que había marcado su vida y su alma aunque no había querido reconocerlo en su momento, el beso fue largo e intenso. Candy se refugiaba en su esposo y el la abrazaba, ambos sabían que se acercaba el fin de Karen Kleiss.

-Yo también te amo Karen. – Le dijo Terry besándola una vez más, Karen le dedicó una última sonrisa, besó la frente de su pequeño y le acarició el rostro antes de cerrar sus ojos para siempre. Su mano cayó de golpe obligando a Terry a aferrarse al frágil cuerpo de su bebé y caer de rodillas presa del dolor que le causaba la partida de aquella mujer. Candy se volteó y se aferró al cuerpo de Anthony llorando también.

-¡Anthony! – Le dijo sollozando. Mientras Anthony controlaba sus emociones para mitigar el sufrimiento de su esposa, él también sentía un nudo en la garganta sin embargo tenía que ser fuerte para ella, por ella tenía que soportar aquella desgarradora escena que presenciaban sus ojos, ver a Terry llorar frente al cuerpo de aquella que fue su mujer era algo devastador.

Terry salió de aquella habitación devastado, cargando en brazos a su hijo. Susana de pronto lo vio aparecer con aquel bebé en brazos y a pesar de la decepción que sentía en aquellos momentos se acercó a él para tomar en los brazos a aquel pequeño que no tenía culpa de nada. Terry enfocó su mirada perdida en los azules de ella al sentir que alguien se había acercado a él.

-Yo te ayudaré a cuidarlo. – Le dijo comenzando a llorar junto con él mientras veía el rostro de aquel pequeño que era extrañamente igualito a su hija, sintió más ternura en ese momento al ver que aquel pequeño inocente era muy parecido su Julieta.

-Gracias. – Le dijo Terry con dificultad, tratando de ocultar su dolor para no ofender a su esposa, no quería que se diera cuenta que la muerte de Karen le había dolido más de lo que él mismo había esperado. – Se llama Terrence. – Dijo por último mientras se abrazaba a ella y besaba a su hijo repetidamente. – No temas hijo, yo estaré siempre a tu lado.

Candy salía junto a Anthony de aquella sala, tenían que preparar todo para entregar el cuerpo a Stanford quien había firmado como responsable por ella, el productor lloraba en los brazos Margaret quien trataba de consolarlo, sin embargo su dolor era el mismo que el de su prometido.

-¿Cómo te sientes amor? – preguntó Anthony a su esposa al ver que se había quedado muy callada, tenía miedo que esas emociones le afectaran en su estado.

-Estoy bien amor. – Le decía seria. – Sin embargo no puedo dejar de pensar en la angustia que sintió Karen al saber que dejaría a su hijo, no puedo dejar de pensar que fue lo mismo que debió sentir mi madre al dejarme a mí y de solo pensar que eso me llegara a pasar. – decía comenzando a llorar sin poder evitarlo.

-No pienses en cosas que pueden hacerte daño, hermosa. – Le decía besando su frente y atrayéndola hacia él, su turno había terminado y los habían relevado para que no siguieran en ese ambiente tenso, otros se encargarían de preparar el cuerpo de Karen.

Sin embargo a pesar de las palabras que le decía a su esposa Anthony tenía el mismo miedo que tenía ella, Albert mismo le había reflejado que ese era el mayor miedo al que se había enfrentado hacía años atrás y por eso sentía tanto temor de que su hija estuviera embarazada, por eso se había dedicado a estudiar lo más posible acerca de aquella revolucionaria cirugía que había salvado la vida a más de una mujer embarazada, era un procedimiento algo riesgoso y que muy pocos practicaban, sin embargo había investigado sobre el caso de su suegra y había llegado a la conclusión igual que los demás médicos que una cesárea hubiera sido la adecuada para salvarla a ella y a su pecosa, por eso él estaba preparado para realizar esa cirugía ya que se estaba preparando para lo que pudiera pasar, aunque el médico le había dicho que cuando su esposa entrara en labor de parto él no podría entrar a asistirlo por ser familiar directo de Candy. Anthony había buscado al mejor cuerpo médico que pudiera conseguir para cuando llegar el momento indicado, aún faltaban seis meses para ello, sin embargo él sentía que no era tanto tiempo, tenía que estar preparado para lo que fuera.

Continuará…

Hola señoras y señoritas guapas, espero que estén muy bien y que sigan al pendiente de la historia, espero que hayan disfrutado el capítulo porque nos acercamos a la recta final, este capítulo lo tenía pensado desde hacía mucho tiempo y por fin lo realicé aunque si me costó un poco de trabajo, pero en fin espero haber logrado un poco de su atención y espero sus comentarios al respecto. Les mando un fuerte abrazo a cada una de ustedes.

Saludos y bendiciones!