LAZOS DE AMOR

EL PRIMOGÉNITO BROWER

CAPITULO XXXIX

Archie y Annie regresaban de su luna de miel, ambos venían más enamorados que nunca, se veía que esos días les habían servido bastante ya que no podían estar el uno sin el otro, definitivamente estaban todavía de luna de miel, una avergonzada Annie llegaba a la familia Andrew para convivir en su nuevo hogar, mientras por otro lado los preparativos para la boda de Stear estaban a toda marcha, buscando lo antes posible hacer válido aquel enlace antes de que la gente comenzara a hablar por tan precipitado evento.

Candy seguía con el avance de su embarazo, después de haber pasado lo de Karen tenía más cuidado en todo lo que hacía ya no era tan atrabancada ni, salía corriendo a toda prisa para llegar a tiempo al hospital, si llegaba tarde, llegaba, sin embargo para aumentar un poco más la seguridad Anthony había decidido acondicionar una habitación para ambos en la planta baja para cuando ella ya no tuviera tanto equilibrio para subir y bajar las escaleras, aunque si por él fuera desde ya la hubiera obligado a que se quedaran en la planta baja, sin embargo el médico que llevaba su caso le había sugerido que mientras todo fuera con cuidado no había problemas con que subiera y bajara escaleras, todo marchaba bien, así que podía hacer su vida normal, eso le habían dicho, sin embargo el rubio no estaba muy de acuerdo con ello.

-Como no es su esposa. – Le había dicho a Candy. – Cómo él no tiene que preocuparse por ti. – Decía necio queriendo tratar a Candy como una muñeca, no quería que nada malo le sucediera a ella o a su hijo.

-No te preocupes amor, me voy a cuidar, además en casa no es como que me dejes hacer mucho que digamos. – Le decía con un tono de picardía en su voz.

-Llámame loco, o paranoico amor, pero después de lo sucedido con Karen la verdad tengo miedo. – Le dijo Anthony buscando sus brazos para protegerla y protegerse en ellos.

-Te entiendo perfectamente amor, yo también tengo miedo, sin embargo tenemos que evitar tener malos pensamientos, nuestro hijo estará bien, sé que estará bien. – Decía Candy convencida de sus palabras. Anthony asentía y se abrazaba a su cuerpo desnudo para sentir el vientre que ya comenzaba a abultarse en su pecosa, le hablaba cosas a su bebé y hasta historias le contaba para según él entretenerlo, Candy reía por las ocurrencias de su marido ya que decía que primero dormiría al bebé para que no se diera cuenta de lo que planeaba hacer después con su esposa, ya que después de ello se dedicaba a amarla con infinita pasión, demostrándole que a pesar de estar encinta era la mujer más bella para él y la única que lo hacía encender esa pasión natural que tenía dentro de él. Candy se dejaba amar y aprovechaba cada caricia y cada demostración de amor que su rubio le hacía para copiar cada una de las caricias recibidas y devolverlas a su amado, las hormonas la tenía muy necesitada de atenciones en su cuerpo y eso ayudaba a que la timidez mitigara comenzando a tomar el control de la situación, dedicándose a estimular a su esposo y saborear su cuerpo de la misma manera que él lo había hecho, Anthony se dejaba querer y se maravillaba con la estimulación recibida cada vez era más maravilloso que ella explorara su cuerpo y que descubrieran juntos que había una y mil formas de proporcionarse placer mutuamente, la primera vez que Candy había experimentado explorar el cuerpo de su amando Anthony no pudo dormir en toda la noche por la maravillosa culminación que había terminado y día a día se había hecho una costumbre el hacerlo recíproco hasta que el embarazo lo permitiera ambos seguirían demostrándose cada noche la pasión que tenían a flor de piel uno por el otro.

Ambos terminaban de demostrar su amor una vez más y aún sus manos seguían recorriéndose, acariciándose, necesitándose, buscando nuevas posiciones para los meses por venir.

-Eres maravillosa mi amor. – Le decía enamorado, le gustaba cuando ella tomaba el control, para después tomarlo él y terminar de saciarse de su cuerpo. – Cada noche me sorprendes aún más.

- Yo solo hago lo que tú haces. – Le dijo tímida, después de terminar de saborear el cuerpo de su amado aún le quedaba un poco de pena al recordar lo que se había atrevido hacer en cada encuentro, sin embargo ella amaba el sabor del cuerpo de su amado así como él disfrutaba del sabor de ella.

Como cada mañana desde el segundo mes de su aniversario Anthony se levantaba muy de mañana así fuera sábado o domingo para ir al baño y devolver por las náuseas y vómitos matutinos que aún lo asaltaban, Candy no tenía ningún síntoma, ella era la que estaba bien día y noche, sin embargo para el rubio cada mañana era un suplicio, ya sabía que era por el embarazo de su esposa y a pesar de que agradecía que ella no sufriera esos trastornos rogaba porque ya pasaran.

-Buenos días amor. ¿Otra vez vomitaste? – Le preguntaba Candy hasta cierto punto con pesar y divertida a la vez.

-Tú no te preocupes hermosa, lo bueno que solo es por las mañanas y en todo el día ya no vuelvo a sentir este malestar. – Decía el rubio con una sonrisa coqueta, mientras Candy lo veía enamoradísima de él.

-Parece que eres tú el que trae al bebé en el vientre. – Le decía Candy traviesa, riéndose un poco de su esposo. Anthony comenzó a reír y se acercó a ella con el fin de hacer cosquillas por el comentario que había hecho.

-Sé muy bien como cobrarme esa ofensa. – Le dijo sonriente, y se acercó a ella que aún seguía desnuda sobre la cama cubierta solo con las sábanas, se posicionó sobre ella con mucho cuidado y comenzó a besarla con desespero, con pasión como si fuera la última vez que lo haría, recorriendo su cuerpo con sus labios hasta que no quedara un rincón por explorar, Candy cerraba sus ojos para disfrutar aquella maravillosa sensación que le regalaba su esposo liberando sobre su rostro una vez más la excitación que emanaba de ella al ser estimulada oralmente, la observó ahí relajada, satisfecha y continuo con su necesidad de entrar en ella, delicada y tranquilamente procurando no lastimarla, poco a poco los movimientos se hacían más firmes y seguros, la danza de sus cuerpos se hacía más intensa y ambos se acoplaban al ritmo entrelazando sus cuerpos sudorosos en busca de más. Anthony no se rendía aún a sus movimientos, no mientras ella estuviera pidiendo más y mientras no terminara de saciar su deseo, ella continuaba concentrada en los movimientos de su esposo mientras él seguía recorriendo con sus labios, su boca, su cuello hasta llegar a sus senos, los cuales estimulaba mientras seguía el vaivén de sus cuerpos, poco a poco la sintió que iba llegando, su cuerpo se lo avisaba y eso hacía que se esforzara aún más aumentando su ritmo, cada vez sus encuentros eran más largos y placenteros y la resistencia del rubio iba en aumento, siempre procuraba que ella liberara su cuerpo antes de él tocar el cielo, de pronto llegó esa maravillosa sensación que hacía que el cuerpo de sus esposa por un momento se tensara y comenzara a convulsionarse una vez más abrazándolo fuertemente aferrándose a su espalda mientras buscaba la manera de jalar aire por su boca, respirando agitadamente sintiendo miles de descargas eléctricas recorrer su cuerpo hasta llegar a la punta de los pies, esa vez había sido muy intenso Candy terminaba cansada en los brazos de su esposo, mientras él seguía sus movimientos para terminar igual que su amada, ella se acercó a su oído y le susurró un – Te amo. – Le hizo que las terminaciones nerviosas de cada uno de su cuerpo se erizaran al mismo tiempo que la llenó de él, explotando en un intenso orgasmo que lo hizo desvanecerse en el cuerpo de su esposa, cansado, feliz, enamorado, deseando que esos sentimientos nunca se agotaran de su vida.

-Y yo te amo a ti hermosa. – Le dijo una vez más, ambos adoraban los fines de semana, ya que rara vez eran llamados a trabajar y podían desvelarse demostrándose su amor y amanecer de nuevo y volver a hacerlo, eran jóvenes nadie los limitaba de sus necesidades las cuales iban en aumento cada vez que tenían contacto, era maravilloso hacer el amor con la persona amada.

Ambos se levantaban con más energía y comenzaban sus labores diarios, siendo cómplices de lo que sucedía detrás de las puertas de aquella habitación.

-Buenos días madre. – Decía Anthony saludando a su mamá quien como siempre volvía del jardín después de haber abonado sus rosas como cada sábado. Su abuelo se encontraba en el despacho con los papeles que tenía que poner en orden de la naviera.

-Buenos días hijos. ¿Cómo amanecieron? – Preguntaba Rosemary quien ya sabía de las náuseas matutinas de du hijo.

-Bien tía, nada diferente en este día. – Le dijo con una risita traviesa a su tía. Rosemary también sonrió por lo que su hijo enfrentaba, sin embargo sabía que era parte del proceso de embarazo.

-No te preocupes hijo, ya pronto pasará esta etapa. – Dijo con ternura viendo a su pequeño con ternura.

-Todo está bien mientras no me pase durante el trabajo. – Dijo rascando un poco su cabeza.

-¿Están listos para la boda? – Preguntó Rosemary quien estaba emocionada por la boda de su otro sobrino, Stear se casaría ese mismo día y los rubios lo habían olvidado por un momento por estar en su burbuja de amor.

-¡La boda! – Dijo sorprendida Candy.

-Me imaginé que ambos se olvidarían de ella. – Los miró con travesura, sabía que era normal por el mundo en el que ambos estaban, seguían en su eterna luna de miel.

-Tengo que ir a ayudar a Stear. – Dijo Anthony quien sabía perfectamente que el inventor quería adornar una habitación de hotel que había contratado para llevar a su amada después de la fiesta, ya que tampoco saldría inmediatamente de luna de miel, se esperaría unos días para irse ya que no habían encontrado pasaje para un día después de la boda y mientras tanto vivirían en un hotel cinco estrellas.

-Nosotras tenemos que ir con Madame Monique a probarnos los vestidos para ver si Candy no ha aumentado un poco de talla desde la última vez. – Dijo Rosemary acariciando el vientre de su nuera. Candy sonrió y Anthony besó su mejilla feliz.

-Será la embarazada más hermosa del mundo. – Decía enamorado, y bien decía embarazada ya que Patty tenía dos meses de embarazo, Candy cinco y Elisa acababa de dar la noticia que esperaba otro bebé para sumarse a la familia de los Stevens, la pequeña Michelle apenas tenía cuatro meses y sus padres ya había vuelto a escribir otra carta a la cigüeña, así que habían tenido que buscar ayuda con una nodriza para que terminara de alimentar a la pequeña ya que le habían prohibido darle de lactar al estar embarazada. Esa noticia había caído excelente para Alejandro quien se daba cuenta que Michelle estaría más tiempo a su lado, a él le encantaba jugar con ella y de vez en cuando le ayudaba a su tía Elisa a cuidarla cuando ella se sentía un poco agotada, este embarazo la cansaba más de la cuenta.

Candy y Rosemary fueron con la modista, mientras Anthony se dirigía a la mansión Andrew a ver como estaba su primo y el recién regresado de luna de miel Archie.

-Buenos días. – Dijo sonriente a los presentes.

-Buenos días Anthony que bueno que vienes, explícale por favor a Archie que solo vamos a ir los caballeros. – Decía Stear quien se estaba desesperando por los nervios porque Tom y él ya estaban listos, pero Archie seguía preguntando por qué no podía ir Annie con ellos. - ¡Vamos a ir puros hombres, Archie! ¡Incluso Anthony que es el que siempre anda pegado a Candy va a ir solo! – Decía desesperado mientras Tom y Anthony comenzaban a reírse de ambos hermanos.

-¿Qué sucede Archie? – preguntó Anthony al ver que no se podían poner de acuerdo.

-Lo que sucede es que Annie tenía cita con la modista, pero no tiene con quien ir y me pidió llevarla, pero Stear no quiere hacerlo. – Decía comenzando a desesperarse.

-¡No es eso Archie! Lo que sucede es que la cita era ayer, hoy irá a ver si la atienden, ¡Si no se hubieran despistado por la fecha no estaríamos en esta situación! – Decía ya Stear perdiendo un poco más el control.

-Ya tranquilos, yo puedo llevar a Archie y a Annie con la modista. – Dijo Anthony. – Y después nos vamos con ustedes. – Stear asintió, pero hizo un ademan esperando que su hermano siguiera hablando.

-Pero tengo que esperar a Annie, sino ¿Cómo se regresará? – Volvió a hablar y Tom se daba una palmada en la frente y Stear lo apuntaba de nuevo.

-¿Lo ves? – Decía a Anthony. -¡Eso desespera a cualquiera! – Anthony sonrió y pensaba y más cuando estás a punto de casarte y los nervios se apoderan de ti.

-A ver Archie, si dejamos a Annie con la modista, me imagino que es con Monique. – Archie asintió. – Mi madre y Candy están en estos momentos ahí, Annie puede regresarse con ellas. – Le dijo y Archie lo miró más tranquilo. – Listo solucionado. – Dijo Anthony apresurándose a hacer todo el movimiento mientras Archie iba por Annie.

Una vez que llegaron todos al hotel se cercioraron que la habitación fuera la habitación nupcial y comenzaron a arreglar todo para aquella noche especial.

-No entiendo porque hacemos todo esto, después de todo estos dos ya tuvieron su noche especial. – Decía Archie a los chicos.

-Envidioso. – Decía Stear a su hermano, mientras Tom y Anthony reían por su comentario. – Patty y yo ha hemos pasado una y varias noches especiales. – Les dijo revelando más de su intimidad de lo que los demás quisieran saber. – Sin embargo quiero que esta noche sea inolvidable para ella.

-Nomás no la vayas a hacer llorar. – Dijo Tom y los demás lo miraban confundidos. – Lo que sucede que Eliza con el embarazo está más sensible que nunca, por todo llora. – Decía Tom quien hasta cierto punto sentía frustración por no poder controlar el ánimo de su esposa.

-Eso es normal Tom, su cuerpo está cambiando y se prepara para dar nuevamente vida, las hormonas hacen de las suyas en las mujeres.

-¿Candy está igual? – Preguntó curioso. -¿O Patty?

-Patty está más corajuda, y ella nunca ha sido así. – Dijo Stear.

-Mira quien lo dice. – Dijo Archie mientras todos reían porque era verdad el carácter de Stear estaba menos tolerable que de costumbre y él siempre había sido muy paciente, más cuando se refería a su hermano.

-¿Y Candy? – Preguntó de nuevo Tom.

-A ella no es a la que le ha afectado el embarazo. – Dijo Anthony.

-¿A no? – Preguntaron todos mirando al rubio para que continuara con lo que tenía que decir.

-Yo soy el que tiene fuertes náuseas y hasta vómito cada mañana. – Dijo ante el asombro de los demás.

-¿Eso se puede? – preguntó Archie confundido. Anthony asintió.

-Pero tranquilo, no a todos nos pasa. Además yo prefiero tener esos malestares matutinos a que Candy los padezca en todo el embarazo. –Dijo al terminar de hablar.

-Pues yo no he tenido ningún síntoma. – Dijo Archie. Todos voltearon a verlo con alegría al pensar que su primo también sería padre.

-¿Annie está embarazada? – Preguntó Stear emocionado y sintiéndose culpable porque tal vez había hecho pasar un mal rato a su hermano y lo único que él quería era proteger a su esposa y su bebé.

-No aún no, yo creo que por eso no he tenido síntomas. – Decía el castaño ganándose una lluvia de cojines que aterrizaban en su rostro al mismo tiempo. - ¡Vamos, estaba bromeando! – decía quejándose por las balas que lo habían atacado. Mientras los demás reían por sus ocurrencias.

-Ya en serio Archie ¿Cuánto llevas de casado? ¿Dos meses? – Pregunto Stear, Archie asintió. – ¿No te parece que ya te estás tardando? – Todos lo miraban esperado a ver con qué salía esta vez el inventor. -¿Estás seguro que si sabes cómo hacerlo? – Preguntó ante la risa escandalosa de Tom y la cara de molestia de Archie mientras Anthony procuraba aguantarse las ganas de reír para no ofender a su primo menor.

-Eso es verdad. – Decía Tom siguiendo el juego. – Yo a la primera anoté con Eliza y ya está embarazada de nuevo, Anthony también sino no estuviera tan gorda la pecosa. – Dijo ganándose un cojinazo por parte del rubio. – Perdón. – Dijo Tom al recibir en su rostro el proyectil. – Tal vez Archie no supo por donde debía comenzar a actuar. – Dijo haciendo que Archie también lanzara un cojín en contra de Tom y otro en contra de su hermano, pronto se armó una guerra de cojines en aquella habitación. Entre risas y bromas los cuatro jóvenes se divertían con los comentarios que se hacían uno al otro. Cuando terminaron de aquella divertida guerra de cojines se dieron cuenta que habían hecho un desastre en la habitación y se apresuraron a limpiar y terminar lo que estaban haciendo, Anthony bajaba con Archie por los ramos de rosas que habían comprado y Tom y Stear seguían limpiando las plumas que habían salido de los cojines reventados.

Candy bajaba las escaleras utilizando un vestido de cuello halter color rojo que se ajustaba debajo de su busto y de ahí para abajo era completamente suelto hasta llegar a sus pies, su vientre aún no era muy perceptible, sin embargo la comodidad que le proporcionaba aquel vestido era maravillosa, Anthony como siempre quedó sin palabras al verla bajar con cuidado agarrándose de la barandilla, corrió a ayudarla para tener más la seguridad de que estaría bien. Ella sonrió tímida al ver la mirada que le había dirigido su esposo quien acariciaba su vientre con cuidado y besaba sus labios con un simple roce.

-Como siempre me has dejado sin palabras. – Le susurró al oído.

-Tú también estás muy guapo. – Le contestó ella con los ojos cerrados, rodeándolo por el cuello para sentir más de cerca su cuerpo.

-Eso es porque tengo que lucir bien para ti. – Le decía coqueto. – No quiero que mi bella esposa deje de amarme si me pongo feo. – Le decía besando su rostro repetidamente.

-Aun cuando estuvieras feo, tú eres el amor de mi vida, con tu manera de ser y esos ojos tienes suficiente para hacerme perder dentro de ti. – Le dijo de igual forma en un susurro, recibiendo cada uno de los besos que él le daba con cuidado para no arruinar su maquillaje, Candy necesitaba más que eso, sin embargo la hora para la boda se hacía presente.

-Bueno tórtolos. – Dijo Henry quien bajaba también ya listo para la irse a la iglesia. – Ya es hora de irnos.

-Vamos abuelo, mi madre nos espera en el jardín. – Dijo Anthony con una sorpresa al ver a su abuelo pasar cerca de ellos, ni siquiera lo habían sentido bajar las escaleras, estaban tan sumergidos en su atmosfera que había pasado desapercibido.

Los Brower llegaron por fin a la Catedral en donde ya comenzaban a llegar los invitados, Archie ya se encontraba ahí con Annie y sus suegros, Tom y Elisa estaban también ya listos, la tía abuela como siempre era de las primeras en llegar y ya estaba en posición al frente como siempre al lado del padre de Dorothy, Samanta y Allen estaban junto a Stear quien se encontraba sumamente nervioso y su padre trataba de darle algunos consejos antes de dar el sí acepto, eran los mismos que había dado a Archivald dos meses atrás.

El automóvil que trasladaba a Patricia llegaba estacionándose frente a la iglesia y Stear comenzaba a brincotear en su lugar en señal de nerviosismo.

-Calma Stear. – Le decía Anthony quien ya estaba junto a él y por supuesto su Candy a su lado. – Es hora de entrar a la iglesia. – Le dijo llevándolo junto a su tío y su tía quienes lo acompañaban hasta el altar.

Patty se adentraba a la iglesia a paso firme, lento iba del brazo de su abuela quien se había empeñado en ser ella la que la entregara ante el altar. La marcha nupcial iba a ritmo de los pasos de Patty a quien se le hacía interminable recorrer aquel pasillo que la llevaría a los brazos de su amado novio para jurar ante el altar y convertirse así en marido y mujer.

Stear la veía pendiente de cada uno de sus movimientos, llegando por fin al final de su travesía y tomando sus manos para sentir la calidez que desprendían, ambos se miraban a los ojos enamorados. Una vez más el Obispo comenzó con el inicio de aquel sacramento que los uniría para siempre.

Ambos dieron el sí ante el altar y salieron juntos de la mano mientras se repetía el ritual de arrojar arroz a la salida de la iglesia, los ojos de Patty se llenaban de lágrimas de alegría mientras Stear se las limpiaba con los pulgares, sabía que era por la felicidad que en aquellos momentos la embargaba, sin embargo no dejaba de pensar que era por el embarazo, mirando al mismo tiempo que tanto Candy, como Annie y Eliza comenzaban también a derramar unas cuantas lágrimas refugiándose cada una en los brazos de sus esposos. Sin embargo la emotividad del momento había hecho que aparte de ellas más invitadas derramaran una que otra lágrima discretamente, sobre todo la tía Elroy quien no pudo librarse de ese emotivo evento.

-Tranquila mi amor. – Le dijo Stear a Patty. – Ahora sí estaremos junto para siempre. – Selló sus labios con un tierno beso mientras ella se enfocaba en su dulce mirada, asintiendo con una sonrisa.

El baile fue tan bonito como los anteriores, llenándose de reporteros quienes querían atrapar la nota para su próxima sección de sociales en los diarios, al igual que con la boda de Anthony, Archie y ahora la de Stear ocuparía las primeras páginas del periódico matutino.

El viaje de bodas terminaba a las dos semanas, ya que los achaques que tenía Patty por el embarazo iban en aumento y tanto como Stear y ella tenían todos los síntomas, tanto diurnos como nocturnos, y que decir del sueño que era uno que los atacaba durante el día, los meses pasaron y con ello se fueron acabando los achaques.

Anthony tenía meses que no sentía ninguna molestia por el embarazo y ahora lo disfrutaba más que nunca, le faltaba poco para que por fin pudieran conocer a su hijo o hija, no tenían idea de lo que iba a ser y Candy se le llevaba buscando nombres tanto para niño, como para niña sin embargo ninguno de los dos se decidía aún por uno.

-Son tantos nombres que me gustan. – Decía Candy. – Si hubiera una forma de saber el sexo del bebé me enfocaría únicamente en algunos. – Decía algo cansada de estar revisando aquellos enormes libros que se encontraban en la biblioteca de la mansión.

-Eso es imposible mi vida, pero no te preocupes cuando nazca decidiremos el nombre que llevará, además yo creo que será una pecosita revoltosa que trepará árboles tan rápido como su mamá. – Decía sobando con ternura su vientre, mientras lo besaba con emoción.

-Pues yo digo que será un guapo caballerito tan bueno en esgrima como su padre y un perfecto jinete. – Decía Candy quien le seguía el juego de adivinar qué era lo que estaban esperando.

Faltaban unas pocas semanas para que Candy diera a luz y Patty la seguía muy de cerca y después Elisa. Annie y Archie aún no daban la noticia de estar esperando y eso tenía a Annie un poco triste, sin embargo Anthony les había dicho que entre más se preocuparan podrían batallar más, obligando a Archie a tomar las cosas con más calma dedicándose a viajar con su esposa repetidamente para que ambos se relajaran de nuevo, retirándose a la playa donde habían tenido su luna de miel.

-¡Anthony! – Despertó Candy un día muy alterada, Anthony de pronto se puso de pie al sentir que Candy se despertaba sobresaltada y le tomaba el brazo para despertarlo.

-¿Qué sucede hermosa? – preguntó inquieto, sin embargo al ver que ella lo miraba con miedo, puso su mirada tierna para tranquilizarla aunque por dentro estaba muy impaciente, entendió que su bebé ya quería conocerlos y se apresuró a cambiarse de ropa, tenía semanas que dejaba el nuevo cambio enseguida de la cama para no tener que perder tiempo.

-Ya es hora. – Dijo Candy quien sentía que las contracciones iban en aumento.

-¡Madre! – Gritó Anthony al abrir la puerta para que Rosemary y su abuelo estuvieran al tanto de la situación.

-¿Qué sucede hijo? – Llegó primero Henry quien tenía la corazonada que ese día llegaría ya.

-El bebé ya viene abuelo. – Decía Anthony con una sonrisa nerviosa.

-Tranquilízate hijo, ayuda a tu esposa, yo voy por tu mamá y por el automóvil.

Rosemary había escuchado el relajo que se había armado y bajó al despacho para avisar a Albert que pronto serían abuelos, Rosemary estaba muy feliz e ilusionada por conocer a su nieto, sin embargo cuando Albert recibió la noticia se puso a temblar, las piernas lo traicionaban y volteaba a ver a Dorothy con temor, ella le sonreía dándole ánimos mientras unas lágrimas recorrían su rostro.

-¿Estás bien? – preguntó Albert extrañado por la reacción de su esposa.

-Sí amor, no te preocupes, es la emoción de que vamos a ser abuelos. – Dijo con una sonrisa tratando de ocultar sus verdaderos sentimientos. Rápidamente todos se trasladaron al hospital para estar al pendiente del nuevo integrante de la familia que estaba por llegar.

Albert fue el primero que entró, detrás de él entraba la tía abuela y Dorothy seguido por Stear, Archie y Annie quienes también querían saber lo que sucedería.

Candy se encontraba en el cuarto del hospital al lado del rubio quien sostenía su mano soportando cuando Candy apretaba con mayor fuerza cada vez que se presentaba otra contracción, cada vez eran más intensas y aún le faltaba tiempo para la dilatación correcta.

-¿Cómo está? – Preguntó Albert tan solo al entrar a la habitación, sin siquiera saludar a Anthony.

-No te preocupes padre, estoy bien. – Dijo Candy, sin embargo Albert la veía con los ojos descontrolados.

-¿Segura? – Volteó a ver a Anthony quien trataba de tranquilizarlo con la mirada.

El médico llegó junto con el grupo de médicos que ya había armado Anthony, así como las enfermeras que le ayudarían dentro de la sala de parto, Mary Jane era una de las presentes y su amiga Jane. Mary Jane saludó volteó a ver a Albert y este la reconoció casi de inmediato, era la misma enfermera que había atendido a su esposa, la verdad era que las veces que la había visto al no tener aquel uniforme de enfermera no había reparado en ella hasta ese momento, era la misma enfermera pero con más arrugas y cabello más cano. Mary Jane comprendió que la había reconocido por fin y se acercó a él tranquila.

-No se preocupe, todo estará bien. - Le dijo simplemente y salieron con Candy en una camilla. Anthony iba detrás de ellos, no estaba dispuesto a quedarse fuera, sin embargo el médico a cargo no lo permitió.

-Doctor Brower es mejor que espere aquí fuera. – Dijo tranquilo, Anthony asintió no muy convencido y se quedó junto a Albert en aquella sala de espera hasta donde habían podido avanzar. –Solo una pregunta doctor. – Dijo de nuevo el médico quien se enfocaba a los ojos de Anthony. – Si nos enfrentamos con alguna dificultad ¿A quién quiere salvar? – Preguntó ante el nerviosismo de Albert quien recordaba aquella pregunta que le había amargado su existencia, sus piernas se aflojaron y su respiración se agitaba, tomó asiento en un sillón que se encontraba detrás de él y observaba como si su alma se desprendiera de él y se enfocaba desde arriba observando a Anthony por un momento creyendo que era él mismo.

Anthony respiraba tratando de mantener la serenidad, sabía que era una pregunta de rutina que se había adoptado hacía unos años atrás, precisamente por el número de muertes que se presentaba en mujeres embrazadas y para no perder tiempo hacían la pregunta antes de entrar en acción.

-Si se ven en la necesidad de elegir, sálvela a ella doctor. – Dijo Anthony sintiendo un nudo en su garganta, viendo como Albert abría los ojos al ver que su sobrino también se decidía por su esposa primero. – Pero le suplico que por favor hagan lo imposible por salvarlos a los dos. – Dijo mirando fijamente a los ojos de aquel médico que era amigo suyo. Este le sonrió y le toco el hombro.

-Así lo haré Brower. – Le dijo con simpatía. Ambos rubios se dirigieron dónde estaba la familia, en silencio, Albert estaba en completo shock aún, no podía reaccionar. Anthony le seguía pensando en lo que había dicho, sabía que su tío había hecho eso hacía 18 años y comprendía porque había sentenciado la vida de su esposa en aquel momento, él acababa de decidir por sobre la vida de su hijo la vida de su amada Candy. Nadie hablaba todos estaban tensos en silencio. Dorothy los veía tratando de mantener la cordura y comenzó a relatar la historia de su vida, una que no había contado a nadie porque le lastimaba el alma, sin embargo sentía que los distraía un poco podrían distraerse un poco de aquel ambiente que flotaba en ese momento.

-Hoy cumple 19 años mi hijo. – Dijo simplemente captando la atención de Albert, quien la miró sorprendido por la fecha en la que se presentaba aquel nacimiento. – Mi hijo también nació en esta fecha y hoy cumpliría 19 años. – Dijo de nuevo, tratando de controlar un poco sus emociones.

-¿Puedo preguntar cómo murió? – Preguntó Albert quien tenía la duda desde hacía tantos años, sin embargo nunca la había querido forzar a revelar esa parte de su vida que guardaba celosamente. Dorothy asintió.

-Durante el embarazo sufrí muchos abusos, golpes, hambre y humillaciones. – Dijo tragando saliva con dificultad al igual que los demás, ninguno podía creer que alguien fuera capaz de lastimar a una mujer embarazada. Albert tomó su mano en señal de apoyo. – Cuando mi hijo nació estaba muy débil, y siempre tuvo problemas de salud, una noche se puso mal y decidí salir para llevarlo al médico, mi esposo se decidió llevarme esa vez, nunca me llevaba al hospital, sin embargo esa noche lo hizo, estaba muy tomado y el coche no estaba en buenas condiciones. Yo no sabía, iba a exceso de velocidad y terminamos cayendo en un lago, yo me salí por la ventana antes de que el carro se impactara con el agua, sin embargo mi hijo se zafó de mis brazos y quedó dentro del automóvil junto con él, yo me adentré al lago para tratar de encontrar a mi hijo, pero no fui lo suficientemente rápida. Cuando llegó la ayuda mi hijo ya no respiraba. – Dijo Dorothy derramando unas lágrimas de dolor mientras Albert la consolaba y los demás bajaban sus rostros sintiendo el dolor que cargaba Dorothy en su alma. Albert besó su frente y lloró junto con ella.

-Lo siento mucho mi amor. – Le dijo y ella se aferró a él sintiendo en ese momento una paz que le llenaba el alma, tal vez porque por fin había hablado de aquello que la lastimaba o porque su hijo estaba a su lado una vez más consolando su dolor. – Candy estará bien. – Dijo de pronto y Albert asintió agradecido.

Mientras tanto en la sala de parto Candy se enfrentaba a los dolores propios del embarazo sintiendo unas fuertes contracciones que se presentaban con mayor fuerza una tras de otra, sin embargo ella sentía que con cada contracción se le iban las fuerzas.

-Bien doctor ya está todo listo. – Dijo Mary Jane al tener todo lo necesario para el nacimiento del pequeño Brower.

-Muy bien señora Brower. – Dijo el médico. – Yo le indicaré cuando debe comenzar a pujar y cuando parar, ¿Entendido? – Preguntó enfocándose a los ojos de Candy. – Ella asintió respirando con dificultad por el dolor que sentía. – Bien, comenzamos. – Dijo el médico dando la indicación para que Candy pujara por primera vez.

Habían sido tantos los intentos que Candy se sentía desfallecer comenzando a dudar que pudiera hacerlo.

-Ya… ya… ya no puedo. – Decía al tiempo que sentía que su cuerpo comenzaba a sentirse pesado.

-Sí puedes. – Le dijo una voz decidida que se encontraba enseguida de ella. Candy volteo a ver quién le hablaba con esa determinación encontrando a una enfermera que jamás había visto en aquel hospital, se acercó a ella y tomó sus cabellos peinándolos y volvió a hablar con ella. – Claro que puedes, por tu bebé, por ti, por Anthony. – Le dijo y aunque para Candy fue extraño en ese momento sintió una verdadera paz en la voz de aquella mujer. Candy asintió y siguió pujando. – Así es Candy, tu puedes hacerlo, ya falta poco hija. - Le decía aquella mujer tomando su mano dándole ánimos para que terminara su labor de parto. Candy la miró fijamente y le pareció por un segundo verse a ella misma dándose ánimos, sin embargo eso era bastante improbable, vio sus grandes ojos verdes, su cabello rubio recogido con la cofia y aunque su rostro se encontraba cubierto con el cubre boca se podían apreciar algunas pecas en su rostro. – Muy bien Candy. – Le dijo una vez más aquella enfermera y Candy se distrajo de ella cuando escuchó el llanto de aquel pequeño ser que por fin salía de sus entrañas.

-¡Ya nació! – Dijo emocionada Candy volteando a ver a aquella enfermera que le había dado valor.

-Ya nació hija, felicidades. – Le dijo dándole un beso con mucha ternura en su frente.

-¡Es un niño! – Dijo el doctor cuando tomó al pequeño bebé en sus brazos, dándoselo a Jane para que lo limpiara antes de presentárselo a la feliz mamá quien en ese momento comenzaba a llorar de alegría.

-Es un niño mi amor. – Dijo Candy como llamando a su amado príncipe. Mary Jane puso al bebé en el pecho de Candy quien aunque estaba cansada y aún agitada por el proceso sonreía feliz por su pequeño, lo tomó entre sus brazos y lo besó con mucho amor, cuando volteó a ver a aquella enfermera que había estado a su lado, esta se había quitado el cubre boca y Candy pudo observar su rostro, el cual era extrañamente muy parecido al suyo, aquella mujer se acercó al bebé y besó sus rubios cabellos y después besó la frente e Candy.

-Muchas felicidades mi amor, es hermoso. – Le dijo con una sonrisa, después de eso Candy cerró sus ojos y no despertó hasta horas más tarde.

-Creo que estaba muy cansada. – Dijo Mary Jane tomando al pequeño en sus brazos para dárselo a Jane y que ella lo llevara los cuneros.

-Yo creo que sí porque hasta parecía que hablaba sola. – Dijo Jane divertida.

-Es el efecto de anestesia. – Contestó simplemente Mary Jane.

En la sala de espera Anthony ya le parecía que habían tardado mucho en salir y se paraba para caminar de un lado a otro en compañía de Albert quien estaba igual o peor que él, no era lo mismo estar dentro de la sala de parto a estar fuera, y la verdad era que solo habían transcurrido unas dos horas desde que se la habían llevado. En eso vio que el equipo médico venía caminando a lo largo del pasillo. Se detuvo de pronto por un momento, sin embargo el querer saber cómo estaba su esposa y su bebé lo hizo que se dirigiera hacia aquellos que le llevaban noticias, Albert lo seguía al igual que Stear y Archie quienes estaban también ansiosos por saber de su prima.

-¿Cómo está mi esposa? – Preguntó Anthony ansioso al médico, quien se quitaba la cofia para mirar a los ojos a su futuro colega.

-No se preocupe doctor Brower, todo salió muy bien, solo hubo un momento en el que ella se había rendido por el dolor, sin embargo de pronto volvió con más fuerza y salió adelante sin mayor problema. – Decía el médico viendo a Anthony que su sonrisa se iba ampliando de felicidad.

-¿Qué fue doctor? – Preguntó ansioso.

-Un varoncito, ha sido un hermoso varoncito, que por cierto tiene muy buen peso. – Dijo el médico sonriendo, felicitando a todos los presentes.

-¡UN NIÑO! – Gritó Anthony feliz al escuchar el sexo de su bebé. -¡ES UN NIÑO MADRE, ABUELO! – Decía como loco sin importarle que estaban en el hospital. Sus primos se abalanzaron sobre él para felicitarlo.

Continuará…

Hola muy buenas tardes, espero que se encuentren bien, yo también estoy bien GAD pero he tenido algunas cosas que son mi prioridad. Agradezco mucho sus comentarios y también les deseo que estén muy bien todas.

Saludos y bendiciones!