"EL PRÍNCIPE Y LA PRINCESA DEL BOSQUE"
Después de ese voraz incendio en el paraíso ha pasado un año, aparentemente el bosque volvió a recuperarse de las cenizas del fuego y florecer nuevamente con todos los animales del bosque, nuestros amiguitos fantásticos, y los de la laguna todo volviendo a como era antes aunque no siempre igual pero con el fin de volver a ser el paraíso que nunca dejará de ser pese a las adversidades, mientras tanto las aves hacen un canto como si dieran un aviso general por todo el bosque para algo novedoso o incluso peligroso, pero en este caso no era nada malo, al contrario, todos los animales con sus familias creadas y procreadas, las ardillas con sus ardillitas, los zorros con sus cachorros, los roedores con sus crías, los conejos con sus múltiples conejitos, los ciervos con sus ciervitos, los lobos con sus hijitos lobitos, los zorrillos con su bebé y así todos los animales al igual que todas las aves iban con sus crías dirigiéndose hacia la misma dirección donde se encontraba la joven rubia, por cierto Lucero se juntó con un unicornio de cuerpo blanco, el pelo y la cola color morado con unos girasoles a su alrededor y su cuerno dorado, Colmillos se encontró a una murciélago de cuerpo color negro y las alas rojas, Tornado se aglomeró con una dragón color rosa, las alas y la panza de color amarillo y Celeste conoció una ardilla macho de cuerpo verde, el fleco y su enorme cola color violeta.
Al llegar todos se llevan una gran sorpresa quedando asombradísimos y encantados de ver a unos dos pequeños, eran una niña de cabellos dorados como el sol sujetos en dos colitas redondas y chiquitas, y un niño con cabello negro como el ébano poco larguito sujeto con una pequeña coleta cubiertos con una funda blanca, se encontraban cerca de la laguna donde sus otros amigos las sirenas, los tritones, hadas también habían tenido a sus propias crías que también se llevaron una sorpresa al ver a los nuevos herederos del bosque.
Oh mira eso, son dos- dijo un mapache.
Que lindos- dijo una ardilla.
Son tan dulces y tiernos- dijo una cierva.
Si señor jamás me había tocado ver un par de gemelos tan idénticos, por eso son "El Príncipe y La Princesa del Bosque"- mencionó un búho veterano pero muy sabio.
A lo lejos se veía al joven pelinegro sentado sobre una roca en una cima no muy alta pero si con buena vista poniéndose de pie con firmeza y audacia mirando desde allí el bosque y a su amada con sus hijitos futuros descendientes.
Y ese fue el fin de mi historia, tarde tanto en terminarlo, espero haya
sido de su agrado y ojalá espero publicar otra historia de ellos dos.
