Filial

Disclaimer: Five Nights at Freddy's y todos sus personajes son propiedad de Scott Cawthon, únicamente este AU e historia son de mi autoría.


Capítulo 2

–¿Qué tanto miras? – preguntó Michael a su hermana, quien no despegaba los ojos de la ventana.

–Solo… las calles. – respondió la peli naranja sin apartar la vista del paisaje exterior. –El otoño ya está cerca. –

–¿Cómo lo sabes? – cuestionó el castaño, mirando en la misma dirección.

–Puede que tú no lo notes. – mencionó, apartándose de la ventana y acomodándose en su asiento. –Es un sutil cambio en el ambiente, en el aire, es como si…– miró a su alrededor. –…Una brisa suave, casi imperceptible, recorriera las calles y tiñera todo, hasta a las personas, de tonos cafés y naranjas. – volteo a ver a su hermano, quien le devolvió una mirada llena de curiosidad. –Llegamos. – murmuró, al mismo tiempo que el autobús, en donde ambos se encontraban, se detenía justo al frente de la parada.

–Fue más rápido de lo que creí. – ambos hermanos desviaron sus miradas hacia la puerta del vehículo, la cual se abrió de par en par para dejar salir a un pequeño grupo de personas, que se acumularon frente a esta, mucho antes de que el vehículo parara.

–Vamos. – murmuró Elizabeth, poniéndose de pie. Michael miró a la gente, luego a su hermana al lado suyo y se puso de pie también.

Ambos habían tomado el autobús hacia el centro de la ciudad, no había mucho tráfico o gente, así que fue relativamente sencillo llegar al lugar. La parada en donde se había detenido el vehículo estaba a solo un par de metros del centro comercial, el lugar apenas había abierto, pero, aun así, ya se encontraba algo atestado de personas.

Los hermanos fueron los últimos en bajarse del vehículo. Elizabeth miró el inmenso edificio que se erguía frente a ellos, Michael, por su parte, observó al autobús marcharse.

Era una costumbre para ambos el viajar solos. Nunca, ni una sola vez en los últimos cinco años, habían ido a algún lugar, que no fuera la escuela o la casa de algún conocido, junto a su padre. Siempre eran ellos dos, su hermano a veces los acompañaba, pero, eso era de por sí raro, aún más desde que se había mudado. No les molestaba, mientras su padre al menos los vigilase desde lejos, no los dejase salir de noche y se preocupara porque siguieran vivos, todo estaría bien.

Existían peores cosas que un padre que casi no pasaba tiempo con ellos, no podían quejarse.

Ambos entraron al edificio, Elizabeth busco con la mirada el primer lugar que debían visitar, ubicándolo casi de inmediato: Una tienda llena de artículos escolares y carteles de oferta en las vidrieras. Sus ojos brillaron ligeramente.

Michael suspiró, y sólo se preparó mentalmente para un largo día.


Llevaban horas caminando, dando vueltas y vueltas por las diferentes tiendas, con artículos para el regreso a clases, del centro comercial. Elizabeth no parecía cansada, aunque, su hermano, por otra parte…

–¡Michael! – la peli naranja tuvo que detenerse para evitar que su hermano se quedara rezagado, detrás de ella. –¿Y ahora qué te pasa? – preguntó la menor acercándose al susodicho.

Michael mantenía la cabeza baja, mientras que el resto de su cuerpo, exceptuando sus brazos que temblaban por cargar varias bolsas de compras, se encontraba inmóvil. –Estoy cansado… – murmuró, para luego alzar la cabeza. –¿Podemos parar y sentarnos por un rato? –

–No tenemos tiempo. – contestó Elizabeth. –Aún hay que ir a buscar el resto de los libros para-

–¡Por favor! – interrumpió su hermano, mirándola con ojos suplicantes.

–Michael...–

–Llevamos horas así, ya es suficiente. ¿No crees? – su hermana lo miró seriamente. –Oh, vamos, por favor…–

Elizabeth se cruzó de brazos y negó con la cabeza, haciendo sonar las varias bolsas de compras, que también llevaba en sus brazos, en el proceso. –Sabes que aún nos faltan los libros para matemáticas. –

Michael emitió un pequeño quejido, lleno de angustia. –No los necesitamos. –

–Si los necesitamos. – exclamó su hermana, apoyando sus dos manos en su cintura y haciendo sonar otra vez las bolsas.

–La biblioteca de la escuela está llena de ellos. – mencionó el castaño en tono neutral.

–¡Los de la escuela no son iguales! – dijo su hermana, inclinándose hacia adelante.

Michael suspiró. –Sí lo son. –

–¡No! – dijo la ojiverde, cruzándose de brazos nuevamente.

–Elizabeth…– murmuró Michael, dirigiéndole una mirada aún más suplicante. La contraria se negó a responder. –Por favor. –

La ojiverde se reincorporo y miró hacia otro lado. –Bueno…– volteo a ver a Michael. –Los de la biblioteca cerca del parque tienen copias más… parecidas a éstas. – el castaño sonrió de oreja a oreja. –Solo una hora. – el contrario asintió. –Iremos a almorzar, luego a la abarrotería de aquí cerca, y, después, tomaremos el autobús para ir a casa. –

Michael pareció confundido. –¿A la abarrotería? –

–Ya no tenemos leche. –

–¿No se supone que papá se encarga de esas cosas? –

Elizabeth negó con la cabeza. –Hoy trabaja hasta tarde. – la sonrisa del castaño comenzó a desvanecerse lentamente. –Así que nosotros nos encargaremos de eso. –

El oji marrón frunció el ceño. –¿Enserio? –

La peli naranja posó sus manos sobre los hombros del castaño. –Enserio. – Michael hizo una mueca de disgusto. –Será rápido, no te preocupes. – la ojiverde se colocó a un lado suyo, y rodeó sus hombros con uno de sus brazos. Las bolsas sonaron de nuevo. –¿Quieres pizza? – el castaño asintió, aún con el ceño fruncido. –Bien, bien, hermanito. – mencionó la ojiverde, palpando el hombro del susodicho. Michael sonrió levemente y, acto seguido, ambos caminaron en esa misma posición hacia el área de comida.


El castaño observaba a su hermana comer una de las rebanadas de pizza que habían ordenado. Ambos estaban sentados en una de las muchas mesas del área de comida, mirándose frente a frente. La mesa era para cuatro, así que era muy sencillo estar cómodo, ya que las bolsas de compras se encontraban ocupando los otros dos asientos.

Michael daba pequeñas mordidas a su propia rebanada, alternando su vista entre su hermana y su plato. Su mente se encontraba lejos, deambulando entre viejos recuerdos y pensamientos.

¿A qué sabría la pizza de Freddy Fazbear Pizza?

¿O la de Fredbear's Family Dinner o, inclusive, la de Sparkle's Pizza Kingdom?

¿Por qué su padre les había prohibido ir a esa pizzería? ¿Y por qué no les dejaba ir a las otras?

Él había pasado la mitad de su infancia en el comedor familiar del amigo de su padre, jugando con sus hijos de vez en cuando. Si, a veces los otros chicos lo molestaban, y hasta su propio hermano lo hacía una que otra vez, pero, ¿Qué clase de peligros podría haber allí hoy en día? Las pizzerías de Fazbear Entertainment se caracterizaban por ser seguras, habían aprendido de los errores de su padre, por lo que, no existían razones para temer.

Comprendía a su progenitor, era difícil volver a poner pie en un lugar lleno de seres robóticos que te recuerdan a los que tú mismo solías construir, y que, en cierto momento, uno de ellos fue responsable de la casi muerte de tu propia hija.

Michael miró inconscientemente a Elizabeth, e inmediatamente apartó la vista.

Los recuerdos amargos de esos meses en el hospital fluyeron por su mente. Recordaba el catéter colgando de esa vara de metal, el beep-beep de la máquina en una esquina de la habitación y, a su hermana postrada en la fría cama de hospital, con cientos de tubos conectados a su cuerpo.

El castaño sintió varios escalofríos recorrer su cuerpo. Odiaba el olor a hospital, le recordaba a la muerte, y le hacía rememorar todos esos amargos momentos que había vivido.

Se concentró en su plato, dando ahora mordidas más amplias a la rebanada de pizza. Mientras, su hermana se servía otro trozo y se relamía los labios. No había mucha gente a su alrededor, ya era pasado el mediodía, era lógico.

Michael suspiró. "Papá no puede vivir con miedo para siempre." pensó, dando un mordisco a la corteza de la pizza. Su hermana lo miró por un momento, y luego regresó su vista a su plato.

Había cosas que simplemente no podía entender.

–¡H-hey! – exclamó su hermana, de la nada. Michael volteo a verla, y se encontró con cuatro pares de ojos mirándolo directamente. –¿Quién… Quién es? – eran cuatro chicos de estatura similar a la de su hermana. Uno de ellos, un chico pelinegro y de llamativos irises rojizos, se encontraba tapándole los ojos con ambas manos a su hermana.

–¡Adivina! – mencionó otro chico, de cabello castaño y ojos azules.

–¿Gabriel…? – preguntó Elizabeth confusa.

–Sí, ¿Y quién más, marinera? – dijo otro de los chicos; uno pecoso, pelirrojo y de ojos ambarinos.

La peli naranja tocó las manos de quien la mantenía cegada. –¿Fritz…? ¿Jeremy…? – los susodichos dejaron escapar un par de risas.

–Te falta alguien. – mencionó la única chica del cuarteto, rubia y de ojos azules.

–¡Susie! – exclamó Elizabeth alegremente, y el pelinegro retiró sus manos de sus ojos. El cuarteto se amontonó alrededor de su asiento, prácticamente ignorando al oji marrón, que los miraba perplejo desde su lugar. –¿Qué hacen aquí? – preguntó la ojiverde con una media sonrisa.

–Te vimos desde el puesto de helados, ¡Así que quisimos venir a saludar! – exclamó Susie sonriente.

–Además, hace mucho que no te veíamos. – mencionó el ojirojo. –¡Te extrañábamos! –

–Yo también los extrañaba, Jeremy. – dijo la peli naranja, envolviendo al susodicho en un abrazo. La rubia se unió a este también, y después los otros dos chicos. –Lamento no haberlos llamado. –

–Arr, está bien, camarada. – mencionó el pelirrojo. –Sabemos que has estado ocupada, todos lo hemos estado últimamente con esto del regreso a ese nido de pesadillas. No te preocupes. –

El cuarteto se apartó de la peli naranja. –Gracias. – murmuró Elizabeth, sonriendo con ternura.

–Y… ¿Cómo has estado? – pregunto el ojiazul.

Michael los observó en silencio. El cuarteto, o mejor dicho quinteto, parecía bastante animado. Quizás demasiado para su gusto.

El castaño tomó el último trozo de pizza, que aún quedaba en la pequeña caja en donde habían recibido su orden, lo engullo rápidamente, tomó la caja, ahora vacía, también el resto de la basura y se retiró de allí. Dispuesto a deshacerse de los desechos, en el basurero más lejano.

No es que a Michael no le agradarán los amigos de su hermana, él solo… Era malo con los grupos de más de tres personas. No quería hacer mal sexto, así que prefirió solo retirarse en silencio.

Una vez frente al basurero, el castaño procedió a desechar todo lo que había traído, y, luego, se dirigió al baño. Agradecía, de cierta manera, que los basureros estuvieran lejos de las mesas en el área de comida. Eran la excusa perfecta para evitar la sobre exposición a la interacción social, además de la vieja excusa de 'responder al llamado de la naturaleza', claro está.

Una vez en el baño, el castaño miró los alrededores, buscando con la mirada a otras personas. Para su suerte, no había nadie en ese lugar. Dejó escapar un suspiro de alivio, y entonces, procedió a hacer lo que necesitaba.

Luego de ello, el oji marrón se encontró a sí mismo mirando fijamente su reflejo en el espejo del baño. Se encontraba lavándose las manos, mientras su mente se alejaba nuevamente, pérdida entre sus pensamientos. Sus ojos se encontraban fijos en el cristal, estudiando cada uno de sus movimientos. Casi parecía que no era él a quien veía en su reflejo, sino a otra persona.

Michael parpadeó, su reflejo lo imitó. Hizo una mueca, su reflejo hizo lo mismo. Alzó una mano, su reflejo también.

¿Qué trataba de probar?

Las luces parpadearon, y el aire se hizo frío de repente. Michael cerró el grifo, y busco una toalla de papel con que secarse. Sintió una ráfaga de aire frío recorrer su cuerpo, provocándole un escalofrío. Secó sus manos y tiró el papel en el basurero, se dio la vuelta muy lentamente, sintiendo a alguien observándolo desde algún rincón de la habitación. Sin embargo, en cuanto lo hizo, aquella sensación se desvaneció. La nada lo saludo, y él se estremeció, casi podía jurar que había alguien más allí. Pero, eso era imposible, no había escuchado la puerta abrirse y no había nadie allí cuando llegó. Quizás, sólo lo había imaginado, ¿No?

Restándole importancia al asunto, el castaño salió del baño y se dirigió de vuelta a su mesa. Sin embargo, se detuvo a un par de metros de esta.

Su hermana aún estaba hablando con sus amigos. El castaño suspiró y se sentó en una mesa vacía, cercana a la de ellos. Los observó hablar y reír por varios minutos, imaginando a su hermana haciendo lo mismo en la escuela.

"Ella es muy amable y sociable, igual que mamá. ¿Por qué no sería popular?" apoyó su rostro en una de sus manos. "A la gente le agradan ese tipo de personas, es lo normal."

Vio a Elizabeth contarle algo a los otros chicos, justo antes de que los cinco estallaran en risas. –Es lo normal. – murmuró el castaño, apoyando su cabeza sobre la mesa y cerrando los ojos.

–¿Qué es normal? – preguntó una voz.

Michael abrió los ojos, y miró el asiento a un lado suyo que, hace tan solo un par de segundos se encontraba vacío, y ahora, estaba ocupado por una chica pelinegra que portaba unos gruesos lentes de sol, a pesar de estar en el interior.

–¿Cassidy…? – murmuró el castaño, alzando la cabeza.

–¿Qué tal, Mike? – le respondió la chica, alzando sus gruesas gafas de sol y mostrando, por breves segundos, sus brillantes ojos negros. –Te ves sorprendido de verme. – mencionó ajustando sus gafas, y acomodándose en su asiento.

No iba a mentir, si se encontraba sorprendido de ver a su, probablemente única, mejor amiga. Aunque no lo diría, sólo se limitaría a decir cualquier cosa que se le viniese a la cabeza, solo por el hecho de que le gustaba ver las reacciones de la pelinegra cuando se hacía el tonto. –Creí que… estarías ocupada. – mencionó el oji marrón, apartando tímidamente la mirada.

La pelinegra sonrió. –¿Ocupada? – volteo a verlo. –¿En qué? –

Michael la miró de reojo. –¿Haciendo las compras para el regreso a clases? –

Cassidy rio levemente. –¿Con el hermano que tengo? – señaló al chico de cabello castaño que se encontraba entre el grupo de amigos de Elizabeth, justo antes de empezar a reír de nuevo. –¡Yo creo que no! – mencionó entre risas. El oji marrón río también, aunque no tan animadamente como la pelinegra.

Cassidy era una chica que había conocido hace ya varios años, en su oscura época en la escuela media. Al principio al castaño le pareció una broma que, una chica tan carismática y popular como ella, quisiera hacerse amiga de un extraño y algo huraño chico como él. Sin embargo, la susodicha resultó ser más parecida a él de lo que esperaba. Interesada en la robótica como él, amante de los ambientes callados y tranquilos como él, sensible, aunque no tanto como él, y, en fin, muchas otras cosas. Llegó a un punto en el que Michael no concebía su vida escolar, y hasta su inexistente vida social, sin ella. En resumen, el castaño la apreciaba mucho, y estaba seguro, de que ella también lo hacía… o al menos eso creía.

–Entonces…– empezó el oji marrón en cuanto ambos terminaron de reír. –¿Lo estás… Cuidando? –

La pelinegra ladeo la cabeza, y señaló a los amigos de Elizabeth. –A todos. – Michael miró nuevamente al grupo. –Como nuestros padres están ocupados y ninguno de ellos tiene hermanos, excepto claro, por tu hermana y mi hermano, bueno… yo soy la única que puede evitar que se metan en problemas, especialmente si salen hasta tarde. –

El castaño miró la superficie de la mesa. –Creí que ya no necesitaban que alguien los vigilase cuando salen. –

Cassidy lo miró de reojo. –No si solo tienen 13 años cada uno y su sentido común esta atrofiado. –

–Papá nos deja salir siempre y cuando no sea de noche, o también no sea hasta muy tarde, y, sobre todo si no planeamos… –

–…hacer un viaje a alguna de esas pizzerías. – completo la pelinegra, adoptando un semblante algo serio. –Lo sé y lo entiendo, Mike. – dijo, recuperando su actitud animada anterior.

–Michael. – corrigió el susodicho, sonriendo tímidamente.

–Mike. – repitió Cassidy, mirando de manera algo burlona al castaño a su lado.

El susodicho sólo se limitó a rodar los ojos, sin borrar aquella tímida sonrisa de sus labios. No es que le molestasen ese tipo de apodos, a Michael simplemente le gustaba que lo llamaran por su nombre. Aunque, con Cassidy estaba dispuesto a hacer una excepción. –Entonces, ¿Solo están yendo de un lugar a otro o planean ir a algún lugar en específico? –

La pelinegra abrió la boca para hablar, pero, fue rápidamente interrumpida por el chico pelirrojo perteneciente al quinteto, que aún se encontraba charlando animadamente en la mesa de los hermanos Afton. –¡Hey, Cass! ¿Ya le dijiste a tu camarada sobre el árcade? –

–¿Árcade? – preguntó Michael, mirando a la susodicha.

La de lentes negó con la cabeza. –¡Aún no, Fritz! – le respondió al pelirrojo, luego se volteó en dirección a Michael. –El noviecito de mi hermano-

–¡Que no somos novios! – la interrumpió el ojiazul. El resto del quinteto, exceptuando al ojirojo que sólo se sonrojo hasta las orejas, estallaron en risas.

–Bueno, el "amigo"...– continuó la pelinegra, haciendo las comillas con sus dedos. –…de mí queridísimo hermanito, descubrió que hay un árcade aquí. Así que, íbamos para allá. – Michael miró brevemente a su hermana, quien hizo lo mismo, y luego volvió a mirar a Cassidy, sabiendo perfectamente lo que su mejor amiga estaba a punto de decir. –¿Quieres venir? –

Los ojos del castaño brillaron ligeramente. –Y-yo…– volteo a ver a la peli naranja, inseguro de qué responder. –Yo… Bueno…– Elizabeth se encogió de hombros. –Es que… Mi hermana y yo…– regresó su vista a la pelinegra. –Nosotros… Planeábamos ir por leche, y… Luego nos íbamos a ir a casa. –

–¡Tu hermana nos dijo que sí! – grito Fritz, e inmediatamente, el oji marrón volteo en dirección a Elizabeth, quien sólo sonrió de manera nerviosa.

"Sin distracciones o pausas innecesarias, ¿Eh?", pensó Michael de manera burlona.

–¿Y bien…? – preguntó Cassidy al oji marrón, sacándolo de sus pensamientos.

Michael miró a la pelinegra, quien le sonrió de manera maliciosa. Él sólo sonrió algo divertido por toda la situación. –Está bien. – respondió finalmente, volteando a ver otra vez a su hermana. –No creo que un par de juegos hagan daño. –


Los dos Afton menores suspiraron al ver la puerta de su casa. Había sido un día largo, y era bueno estar al fin en casa. Sobre todo, después de una agotadora tarde jugando videojuegos sin parar.

–¿Crees que necesitemos la leche? – preguntó Elizabeth, algo preocupada.

Michael fingió pensarlo por un momento. –Sobreviviremos. – dijo confiado.

La peli naranja frunció el ceño. –Eso es fácil de decir para ti. Tú no bebes café con leche o comes cereal por las mañanas, ¡Ni siquiera te veo beber leche en algún otro momento! –

Michael dejó escapar una pequeña risa. –¡Claro que bebo leche! –

–¡Nah-ah! – dijo Elizabeth. –No sé ni cómo le hiciste para crecer, tus huesos parecen espaguetis. –

–Todavía estoy creciendo, baronesa von calcio. – dijo el castaño, para luego reír levemente. La peli naranja lo miró, una extraña mueca que le hacía ver sería, y a la vez graciosa, se encontraba posada en su rostro. –Yyyyy~ Mis huesos no parecen espaguetis, son duros como acero. – sonrió de manera divertida.

Elizabeth rodó los ojos, y cambió su semblante a uno más relajado y desinteresado. No quería seguir, todo se había vuelto excesivamente ridículo de la nada. –Mejor entremos, ¿Si? – El castaño asintió, aún algo divertido.

La peli naranja giro la perilla de la puerta, sujetando las bolsas de compras contra su cuerpo para evitar que se cayeran. Luego de abrir la puerta, Michael ayudó a su hermana con sus bolsas. Ambos entraron a la casa, cerrando la puerta tras de sí.

–¡Papá, ya llegamos! – grito Elizabeth.

La casa se encontraba a oscuras, parecía como si nadie hubiese estado allí desde la mañana.

–¿Crees que este en su estudio? – preguntó Michael en voz baja.

–Tal vez…– respondió la ojiverde en el mismo tono.

Michael encendió las luces de la entrada, y luego las de la cocina. Elizabeth lo siguió, ambos colocaron las bolsas sobre la mesa del pequeño comedor que tenían en la habitación, y se dirigieron a la sala. Aquel cuarto también se encontraba a oscuras, así que Michael encendió las luces también. Sin embargo, en cuanto lo hizo, reveló la cansada figura de su padre sobre el sillón principal de la habitación.

–¿Papá? – llamó Elizabeth. El hombre de cabello negro no le respondió. –¿Papá…? – repitió la ojiverde.

Michael se acercó a su hermana. –¿Pa…? ¿Papá? – el hombre los miró a ambos. Sus ojos negros reflejaban cansancio y angustia.

–¿Paso algo? – preguntó la peli naranja.

El pelinegro miró a sus dos hijos con preocupación. Abrió la boca para decir algo, pero la cerró inmediatamente. Miró al suelo, y trago seco. Era como si algo temible acechara su mente, una información temible, que deseaba comunicar, pero, para la cual no encontraba las palabras adecuadas.

–¿Papá? – la voz de Michael hizo que William voltease a ver a ambos nuevamente. –¿Está todo…bien? –

El pelinegro miró a la nada. –Jonathan está desaparecido. – soltó de la nada. Su voz se oía ronca y desgastada, como si hubiese gritado o llorado antes de hablar con ellos, aunque, conociendo a su padre, los hermanos supieron que la primera opción era la más probable.

–¿Q-qué…? – dijo Elizabeth, sus ojos se humedecieron, como si estuviera a punto de llorar. –N-no hablas en serio. ¿V-verdad? – a pesar de saber que era muy difícil oír a su padre bromear, Elizabeth quería creer que era mentira, que lo que había escuchado era sólo una ilusión auditiva creada por su propia mente.

–Como escuchaste, cariño. – respondió William, para luego voltear a ver a sus dos hijos otra vez. –La policía me llamo esta mañana para informármelo. Su hermano fue reportado como desaparecido. –

Las últimas palabras que Michael había escuchado en su sueño, aquella mañana, hicieron eco en lo profundo de su mente. Mientras que Elizabeth sólo se llevó ambas manos a la cara, y abandonó la habitación, dejando a un aturdido adolescente y a un cansado adulto mirándose el uno al otro.


Uff, eso fue mucho… Bueno, ¿Cómo están? Espero que bien.

Lamento no haber actualizado desde hace tiempo (ya saben cómo soy), igual, me disculpo por la tardanza. Digamos que perdí un poco de inspiración al momento de escribir este capítulo, tanto por lo largo que resultó ser, como por el hecho de que este y el siguiente aún no son el "meollo" del asunto. Me disculpo de nuevo.

En fin, para no alargar mucho las cosas, también vine a informar que eliminé el libro con información de este AU en Wattpad. Las razones (más detalladas) las pueden encontrar en una nota en mi perfil, pero, básicamente fue porque tener información tan específica sobre esta historia me hacía sentir limitada para escribir, me cortaba muchísimo mis ideas. Espero entiendan.

Así que, sin más que decir, me retiro para trabajar en otra historia (que siento que va a terminar siendo algo cutre) que estoy desarrollando en Wattpad. Es un fanfic sobre un ship de Undertale que me gusta bastante, una historia inspirada en el AU de Dreamtale creado por Joku y los mitos de la antigua Grecia. Por si quieren ir a verla, recuerden que mi nombre allá es el mismo de aquí. También, empecé a publicar Filial en Wattpad, así que, si les interesa, la historia también estará allá.

Bueno, ahora sí, sin más que decir, cuídense, lávense sus manitas, les agradezco por leer el capítulo, no olviden dejar un comentario diciendo que tal les pareció y que tengan un buen día/tardes/noches. ¡Nos vemos en el siguiente capítulo!

-Yiyika1929.