Lo último que recordaba Rosa (mejor dicho Aurora, como en realidad se llamaba) era derrumbarse frente a un tocador, en llanto, por el peso de las revelaciones que le habían dado. Todo lo que había creía saber sobre sí misma resultaron ser puras mentiras. ¿Cuales eran los verdaderos sentimientos de aquellas hadas que la criaron? ¿Realmente significaba algo para ellas o actuaban por mero deber? Ahora que lo recordaba ¿Qué sería del pobre joven que dejo plantado en el bosque? Incluso si hubiera la chance de volverle a ver, no creía tener la cara como para explicar las cosas.
Fue el frío del lugar en el que estaba lo que la saco de esos pensamientos. Con un vistazo al rededor, descubrió que ya no se encontraba en el tocador, ni mucho menos en el castillo. Un bosque. No SU bosque, si no uno desolado, carente de toda la vida a la que estaba acostumbrada. Los arboles eran escasos y casi muertos, la tierra seca y fría al mismo tiempo. No parecía que hubiera ni nevado ni llovido pero en el aire había un horrible rocío que la empapaba por completo. Del sol, ni rastro en el cielo.
A varios metros de ella diviso una criatura. Debía tener el tamaño de un oso, lo cual al principio la asusto ya que siempre le habían dicho que no se acercara a esas bestias, pero al fijarse bien su pelaje concluyo que este no podía ser el caso. El pelaje era demasiado largo como para un oso. La coloración también era rara. Mayormente era negro pero tenía unos raros tintes azules, visibles incluso a esa distancia. La criatura estaba enroscada en sí y parecía tener frío. Aurora ya estaba considerando dar la vuelta cuando la escucho hacer ruido. Primero creyó que berreaba, mas al escuchar detenidamente, se asemejaban a lamentos.
-Pobre criaturilla- pensó Aurora- Me pregunto que le pasara.
Esta nueva simpatía por la cosa fue lo que la hizo avanzar hacia esta. La determinación por aliviarla la distrajo de su entorno. Era tal que ni siquiera noto como el aire se hacia más seco y frío conforme se acercaba. Menos le importo como su bonito vestido de princesa se arruinaba. Al tener a la bestia en frente, la princesa se arrodillo a su nivel. Le seguía teniendo cierto miedo pero aún así hablo.
-¿Te encuentras bien?
La criatura lentamente levanto lo que parecía ser su cabeza (Era difícil decir con tanto pelo. Lo único que podía confirmarlo era la existencia de un par de cuernos (muy similares a carámbanos de hielo) y le respondió.
- No
La voz tomo por sorpresa a Aurora, quién esperaba una respuesta más animal. Era extrañamente femenina e incluso más aguda que la suya.
-¿Qué es lo que te aflige?
-Todo
La respuesta le pareció horriblemente deprimente pero no pudo evitar identificarse con ella. Los recuerdos de las revelaciones volvieron con todo su peso.
-Te entiendo, yo hace unas horas me sentía la más dichosa pero ahora ni siquiera se quién soy- dijo Aurora. La criatura coloco suavemente su cabeza en el regazo de la muchacha.
-¿Es por eso que estas durmiendo?
-¿A qué te refieres?- dijo una muy confundida Aurora. La criatura resoplo.
-En tí presiento una maldición de sueño. Ahora mismo estamos en un campo de sueños...mejor dicho, yo me metí en el tuyo.- Aurora estaba a punto de preguntar por eso pero fue interrumpida- Por la fuerza que tiene, la fuente debe ser tu dedo indice.
Aurora inspeccionó dicho dedo, encontrándolo ligeramente rojo e hinchado. Entonces recordó lo que le habían contado de la maldición. Y entonces la golpeo. Todo lo que habían hecho sus madrinas, la vida de la que fue privada, los sacrificios... todo en vano. Al final, Maléfica se había salido con la suya.
No supo cuanto tiempo lloró, sólo que se detuvo porque le era físicamente imposible seguir derramando lágrimas. Durante todo el proceso, la criatura se dejo usar cómo soporte, dejo que la joven se secará los ojos con sus pelajes; incluso, cuando la princesa le relataba su historia entre los llantos, esta también soltaba algún lloriqueo. Fue largo el tiempo en el que estuvieron acurrucadas.
-Perdona que te este soltando todo esto de golpe- dijo Aurora- ni siquiera sé tu nombre y tú ya sabes toda mi vida.
-Puedes llamarme Poppy- dijo la criatura. Aurora le estuvo dando vueltas al nombre en su mente un largo rato, le daba un poco de gracia como semejante criatura podía llamarse así; pero le sonaba adorable. Sin embargo, lo que dijo después la desconcertó- ¿Qué harás ahora?
La princesa lo pensó lentamente- No lo sé.
-¿Hay alguna cura?
-No lo creo.
-Entonces ¿no tienes ninguna esperanza?
-No...
...
...
-Podría ayudarte.
Esas palabras sacaron a la joven de su estupor.
-¿De verás?
-Bueno...- comenzó Poppy- es complicado. Podemos hacer un trato...ya sabes, para derrotar a Maléfica.
-¿Puedes derrotarla?- Aurora sintió esperanza crecer en ella.
-Puedo hacer algo...pero tu también debes hacer algo. Tienes que quedarte conmigo para siempre...
No lo entendía, y eso la ponía furiosa. Maléfica, la aclamada Señora del Mal, la Reina del Bosque de Espinas, un hada que sobresalía del montón de patéticas en las que se convirtieron. No podía comprender como la situación se había vuelto... así.
Cuando logró que la princesa cumpliera su maldición pinchándose el dedo y encerró al estúpido príncipe en su fortaleza, creyó que ya había ganado. Por supuesto que en sus planes post victoria también cabía que esas entrometidas hadas se le aparecieran, pero estaba preparada para ellas. Para lo que no estaba preparada fue para lo que sí ocurrió.
Desde su guarida, pudo ser testigo de lo que ocurrió en el reino. En ese sector, el cielo perdió el color, un aura sombría lo envolvió completo y comenzó a provocar estragos. Lo que fuera eso avejento las construcciones dejándolas al borde del derrumbe. La mayoría de los habitantes sucumbieron a ella cayendo en el mismo estado que el de la princesa. Los que lograron escapar tuvieron peores destinos, algunos fueron aplastados por las edificaciones o por los animales que huían como ellos. Solo un puñado había logrado evacuar el lugar con vida. Los instintos de supervivencia se activaron y lograron salir primero. Las plantas fueron mucho menos afortunadas, se secaron todas. Los cultivos murieron dejando tierra árida. Solo los árboles no desaparecieron por completo, pero no eran los mismos de antes.
En cualquier otra situación, definitivamente se hubiera reído. Pero esa fuerza, definitivamente no era magia de hadas, mucho menos acción humana. No, era algo mucho más antiguo, oscuro y familiar para ella. Sería una hipócrita si juzgara a alguien por usar con la que ella misma había tonteado. La diferencia era que para ella, era un simple complemento. Quién quiera que fuese el causante de esto o no tenía conciencia de ellos, o sabía perfectamente lo que estaba haciendo. Y esa posibilidad (odiaba admitirlo) la aterraba. Sobre todo cuando se dio cuenta que esa aura se acercaba a ella.
No era ninguna cobarde, y le presentaría batalla a lo que fuera eso. Envió a sus ejércitos de lacayos y alzo barreras mágicas... solo para verlos caer. Sentía su furia llegar a niveles que no creía posibles. Fue entonces que vio una figura caminar hacia la guarida que logró apagar ese fuego interno. La princesa Aurora.
No estaba como la había dejado tan solo unas horas antes; su dorado cabello estaba sucio, cubierto de polvo, su piel era la blanca cadáver y el violeta de sus ojos había sido borrado por un terrorífico blanco. Su andar se asemejaba más al de un sonámbulo que al de alguien consciente de sí, pero esto no impedía que siguiera avanzando. Esto no era lo peor. Toda magia tenía su origen. Y esta... cosa... venía de ella. Ella era la fuente de esa energía de muerte. Y entonces se dio cuenta de que había estado demasiado expuesta a lo que fuese eso y que realmente corría peligro.
-¡Diaval! ¡Vayámonos ahora!
Ver como su fiel cuervo llegaba debilitado a ella solo confirmo su decisión. Maléfica ciertamente no le temía a patéticos humanos que recién tenían contacto con la magia. Pero, lo que hacía la...no, lo que estuviera ocupando el lugar de la princesa NO ERA HUMANO.
Y así, apenas la entidad que ocupaba la carcasa de Aurora cruzaba la puerta, el hada oscura se había ido en un rayo de luz verde.
