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Bajo la piel.

Chapter II: Hijikata Toushirou.

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Toushirou despertó cubierto de sudor frío, una vez más esa pesadilla que lo perseguía desde su infancia le impedía descansar. Al momento de independizarse ese sueño o, dicho de otra manera —recuerdo frecuente—, fue desapareciendo poco a poco en conjunto con sus miedos e inseguridades.

Transcurrieron dos semanas desde la fiesta de bienvenida, recordar esa noche le provocaba unas insaciables ganas de tirarse por el balcón (estar en el quinto piso estimulaba la idea), ni si quiera le gustaban las reuniones sociales, solo fue porque el sujeto al que le compraba hierba lo estaría esperando en la entrada del local nocturno, pero el tipo no se presentó. Perdió todo su dinero cuando esa rubia le ofreció lo que buscaba, en esos momentos estaba tan borracho que lo único que podía recordar era el color de su cabello, en la universidad el 40% de las mujeres eran rubias, con tal descripción jamás daría con su paradero.

Con la creciente necesidad de un cigarrillo, se levantó de la cama sin encender la luz, no estaba seguro de que hora podía ser, pero aún estaba lo suficientemente oscuro como para imaginar que le quedaban un par de horas extras para intentar conciliar el sueño.

La alarma sonó tres horas y doce minutos después que calmara sus nervios con el sabor del tabaco. Como cada mañana, su día inició a las siete en punto, suspiro, ya que sin importar lo mucho qué intentó llegar al mundo onírico, no pudo, sus preocupaciones eran mucho mayores al cansancio físico.

Cuando terminó de darse un baño y cambiarse de ropa, guardó en un bolso negro, su infaltable uniforme de garzón, un cuaderno triple de tapa azul y un lápiz de tinta negra. Su última parada fue en la cocina, sobre el refrigerador había una caja de fármacos, el que tomó, sacando una de sus infaltables pastillas de cafeína (lo ayudaban a mantenerse despierto y alerta), y un trozo de pan el cual bañó en mayonesa, el mejor desayuno al que podía acceder por su limitado tiempo; no pudo evitar fruncir el ceño al ver un par de cuentas apiladas sobre la mesa de la cocina. Durante los últimos días sobrevivía con las mesadas que recibía en su trabajo, el mes estaba empezando por lo que no podía solicitar un quincena, por otro lado si llegaba a pedirla tampoco podría cubrir las deudas del mes y mucho menos las de siguiente. No podía dejar de pagar la renta, ni su arancel, pero podría intentar fumar un cigarrillo menos en el día, cualquier tipo de ahorro ayudaría...

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Trabajó toda la mañana tras intercambiar el turno con uno de sus compañeros, y a las tres de la tarde, le tocaba su primera y única clase del día, un punto favorable que traía consigo los viernes.

En el hall principal del primer piso, recordó que antes de salida a terreno el curso se juntaría en el salón donde habitualmente correspondía la clase. Resignado fue hasta las escaleras donde se cruzó de frente con Tae, Kagura y Gintoki. La chica de cabellos castaños lo saludo animadamente en comparación con los otros dos. Le parecía extraño que ellos fuesen tan "amigables" más aun luego de que lo invitarán a una pequeña reunión.

—¿Vendrás? —preguntó Tae.

—No, no tengo tiempo —respondió, sin ganas de soltar más palabras.

—Nos fumamos tus porros el otro día, nos toca devolverte el favor —dijo un desinteresado Gintoki, con una paleta dulce entre los labios.

Hijikata lo escudriño con desconfianza, no le gustaba salir, ni mucho menos tenía intenciones de pasar tiempo con ellos, pero si necesitaba algo de "ayuda" para relajarse. Chasqueó la lengua antes de aceptar, únicamente porque gracias a ese grupito se agotó su fuente semanal de "paz".

Shimura le dio un papel con la dirección al momento de despedirse.

Toushirou mientras subía las escaleras miraba el trozo de papel, de una u otra forma ubicaba el lugar, no porque fuese un callejón de la mala muerte, por el contrario estaba dentro del barrio universitario. Cuando despertó luego de la fiesta no se había percatado de ese detalle por culpa de la resaca.

En el salón lo esperaba Yamazaki, quién era uno de los pocos que llegaba siempre puntual. Veinte minutos más tarde, cuando todo el curso estuvo presente, el profesor Matsudaira de "taller de construcción" les entregó la lista para que firmaran su asistencia y, además repartió las credenciales con los nombres de los alumnos y su número correspondiente de lista; la salida a terreno sería en la empresa donde él trabajaba, prácticamente trabajar en la universidad era un empleo de medio tiempo.

La empresa de construcción les facilitó amablemente un transporte, ya que tenían un convenio con la institución, en el cual aceptaban chicos durante sus prácticas profesionales y en ocasiones mandan a llamar a ciertos alumnos que estaba por titularse para contratarlos.

El trayecto desde centro educacional hasta la empresa fue de veinte minutos. En la entrada del edificio los esperaba una amable señorita que los guió hasta Sasaki, quien resultaba ser un muy buen amigo de Matsudaira y también el guía para su recorrido. Isaburo necesitaba un voluntario mientras daba una explicación, no había mejor candidato que el chico serio del grupo, si llegaba a equivocarse al menos divertiría al resto de sus compañeros que lucían un tanto aburridos.

—El chico de camiseta gris con letras blancas —Hijikata supo enseguida que se refería a él—. ¿Cómo te llamas?

Algo que siempre le molesto es que le preguntaran su nombre sin tener la intención de recordarlo.

Veintidós —en su gafete el número era dos veces más grade que las letras de su nombre, al ser más visible le dio más importancia a los números que a las letras.

Sasaki reprimió la risa por la respuesta distraída del joven.

—"Veintidós" no me gusta referirme a las personas como un número más.

—Disculpa —interrumpió Matsudaira— Sagaru, pasa adelante.

—Me agrada el veintidós, ven —le llamó.

A diferencia de lo que esperaba Sasaki, el joven era bastante perspicaz, no pudo convertirlo en una broma como quería, pero de todos modos el recorrido finalizó con éxito.

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Le costó llegar al punto de encuentro ya que no solía visitar ese barrio, el departamento de las chicas era "lujoso" si lo comparaba con su adorable hogar. El cual en la mayoría de los días lluviosos se transformaba en una especie de regadera, el agua se colaba por las ventanas de la cocina y el baño.

Kagura fue quién lo recibió, el joven entró observando el lugar pues no recordaba muy bien como lucía. Vagamente se le vino a la mente el chico de cabello castaño, le pareció extraño que no estuviera ahí ya que en ocasiones lo veía con el permanentado y la pelirroja. No le dio mayor importancia, por el momento solo quería un poco de alcohol para sentirse menos malhumorado y algo de hierba para relajarse.

—Necesito ayuda, tengo que escribir un cuento ilustrado ¿ideas? —dijo Tae.

Hijikata le dio un largo sorbo a su vodka naranja, preparó uno especial para sí mismo, donde tres cuartos de su vaso eran alcohol, sintió el ardor que le provocó la bebida alcohólica al bajar por su garganta, era perfecto para borrar las preocupaciones por unas cuentas horas.

—Si es para niños tiene que ser una fábula —dijo Toushirou—, como un par de conejos que salen sin permiso, se pierden, al final vuelven a casa y aprenden que siempre deben hacerle caso a su mamá, o algo así.

—Es un comienzo —agradeció, acercándole el plato con snacks—, no me gusta beber así, juguemos algo.

—Verdad o reto—dijo un sonriente Gintoki, los efectos secundarios aparecían lentamente— el que se niegue toma.

El primero en enfrentar un reto fue el de cabello plateado, por ser quien tuvo la idea. Shimura sin pensarlo le propuso que debía sacarse la camiseta e ir a preguntarle a sus vecinos de frente, si tenían una plancha para el cabello. Todos rieron sin excepción cuando la mujer prácticamente lo echo a empujones de su puerta, al parecer ella mantenía una pequeña aventura y el inoportuno de permanente natural les causo un susto de muerte.

No pasaron dos rondas del juego cuando simplemente iniciaron una charla, las chicas ya no necesitaban un empujón para beber, técnicamente le hacían al competencia a Gintoki y Hijikata.

Toushirou se vio en la obligación de ir al baño, no fueron más de dos minutos, por lo que le sorprendió de cierta manera que Tae le había bajado a la música, y ya no estaban tan eufóricos como hace un momento. La razón, uno de los vecinos había reclamado y hubo un fuerte llamado de atención.

El joven de ojos azules se acomodó en un sofá individual, viendo como Sakata compartía con Kagura el más grande, ella estaba algo adormecida recostada sobre el hombro de su amigo. Otae mientras cambiaba la música, le pidió al joven de cabellera plateada que llevase a la joven Yato a su habitación. La pelirroja no estaba en las mejores condiciones. Gintoki la alzó en sus brazos y Kagura se acurrucó contra su pecho como un gatito en busca de caricias, tanto Shimura como Hijikata se habían percatado del interés de Kagura por su compañero de curso, el problema es que él no se daba cuenta o, prefería ignorar ese detalle puesto que ella "era demasiado pequeña para su gusto".

Un par de bostezos se le escaparon al muchacho del flequillo en V, estaba cansado, después de todo llevaba más de catorce horas despierto, y el alcohol había cumplido con la tarea de adormecerlo, pero no había ido solo por eso, no estaba del todo seguro en si quería o necesitaba un porro.

—¡Fuma en el balcón! —gritó la chica de cabello castaño, cuando por fin tuvo todo lo necesario para armar el pitillo.

Exiliado y con el ventanal cerrado, miró hacia al interior del salón principal, Gintoki al terminar de armar otro delgado cigarrillo lo acompaño.

—Habías dicho que tenías problemas para pagar la renta —rompió el silencio el fanático del azúcar, sacando un encendedor del bolsillo derecho de sus jeans.

—¿Eh? ¿Yo dije eso? No me acuerdo —confesó, sin prestarle mayor importancia.

—Por ahora tengo el mismo problema, podríamos compartir gastos —desvió la mirada y apoyo los codos en la baranda de metal.

—No te conozco —exhaló el humo, viendo como Shimura recogía los vasos de la mesa.

—De todos modos, me van a echar si no pago a fin de mes, si no es contigo puedo buscar a alguien más —la euforia de hace unos minutos estaba desapareciendo poco a poco.

—Si esa puta no hubiese robado la cartera no estaría pasando por esto. ¿Cuál es tu excusa? —preguntó con desconfianza en lugar de curiosidad.

—Me gasté todo en dulces y otras cosas que eran... necesarias —sonrió, dejando al descubierto su incompetencia para llevar sus propias finanzas.

Hijikata sin saber cómo reaccionar ante tal y estúpida confesión, lo miró inexpresivo, no pudo evitar pensar que esa permanente natural era un fiel reflejo de la palomita de maíz que tenía por cerebro.

—No me interesa convivir con un tipo que no sabe cómo manejar el dinero.

—Sería solo un mes, mientras encuentro algo mejor, además podría mejorar tu aspecto de desadaptado social.

—¡¿A quién le dices desadaptado social, estúpido permanentado?! ¿Es que no tienes más amigos?

—Esa si fue una reacción correcta para una persona normal —sonrió, irritando aun más al estudiante de construcción civil—. A diferencia de ti, sí tengo amigos, pero Takasugi todavía vive con sus padres y su familia es horrible, Zura vive solo, pero en su casa siempre ¡siempre! Hay mamás en sus treinta, por otro lado Sakamoto vive con su novia hace un mes, no puedo ir a meterme ahí o Mutsu no se quitara las bragas en todo el tiempo que me alojen.

—¿Por eso le apuestas a un desconocido? —preguntó un tanto desconcertado, no estaba seguro si era un buen amigo o un simple idiota.

—Los dos necesitamos ayuda o, un milagro, coopera soy tu única opción.

A pesar de no estar convencido del todo, aceptó, era demasiado responsable con sus pagos. Prefería estar un par de días con ese "idiota" que atrasarse con la renta o las demás cuentas que aún tenía pendientes.

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Terminada la reunión cada uno volvió a su hogar, por la mañana empezarían con la mudanza. Hijikata aún no creía que la primera persona que llevaría a su departamento sea un chico y lo peor es que tendría que convivir con él un par de días, seguramente los rumores empezarían a volar y todos tendrían que ver con su "nuevo amigo", su vecina de en frente por el momento tendría bastante con que nutrir su necesidad de curiosear e inventar historias, no es que le diera mucha importancia, pero aun así le desagradaba si tenía que ver con él.

Durante la mañana se dedicó a ignorar todas las quejas de Sakata sobre el espacio reducido del que vendría a ser su cuarto. Hijikata olvidó mencionar que aparte de su habitación, había un "metro cuadrado" (como despectivamente lo llamó Gintoki), que utilizaba para guardar chucherías de las que quería deshacerse, pero no tenía tiempo suficiente para tirarlas, razón por las que terminaban apiladas ahí.

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Luego de dejar a su compañero con el drama de la mudanza, fue a su lugar de trabajo como todos los días, ser garzón no era el mejor empleo, pero el horario flexible era todo un lujo al no chocar con sus clases.

Llevaba tan solo diez minutos de su entrada y ya estaba enojado y tenía muy buenas razones para estarlo. Su jefe era un completo idiota que no tenía idea cómo funcionaba la administración, o era demasiado permisivo. De los cinco garzones de la cafetería, les dio el día libre a tres. Toushirou no estaba dando abasto para atender a todos los clientes, y el hecho de que sea sábado no ayudaba en nada, lo único positivo es que la mayoría de las propinas serían para él.

—¡Mesero estoy esperando! —gritó un hombre adulto desde el fondo.

Algo colapsado. Terminó de armar la silla para menores de un año, de esa manera podría ir por la orden del tipo gritón. El resto de la tarde fue igual de agitada, por fin quedaban quince minutos para que acabará su turno y poder cenar algo con mayonesa encima.

Escuchó el leve sonido de la campanilla ubicada sobre la puerta, su particular tono estaba presente cada vez que ingresaba o se retiraba un cliente, no le dio demasiada importancia pues estaba preparando el café para la mesa nueve y Tetsu seguramente los atendería. Entregado el pedido se percató que su compañero brillaba por su ausencia y un cliente molesto comenzó a llamarlo a gritos por haber recibido una orden equivocada. Toushirou regresó a la cocina para cambiar el pedido además de entregar las disculpas correspondientes. Las cosas no solo quedaban ahí, había una pareja que aún no tenía la carta y habían llegado hace un par de minutos.

Cabreado por la ineficiencia de su compañero, tomó la lista de cafés y postres, yendo hasta la mesa de la pareja, vio el rostro sereno de la chica mientras escuchaba con toda atención lo que decía su acompañante.

—Aquí tienen la carta —dijo, sin percatarse de quien se trataba.

—Uh, Hijikata ¿La prostituta del otro día te devolvió la cartera? —preguntó con un tono moderadamente alto, los clientes de las mesas contiguas se voltearon a verlo. Sougo quiso matarlo, por primera vez había reunido el valor suficiente para declarar su amor y lo habían interrumpido, definitivamente había perdido su oportunidad.

Al estar en horas de trabajo no podía responder de forma descortés, su obvia molestia se vio reflejada en la fuerza extra que utilizó al empuñar el bolígrafo entre sus dedos.

—Sabes que no fue así —respondió con el mayor autocontrol que pudo.

—¿Se conocen? —preguntó Mitsuba con una sonrisa.

—Algo así —respondieron a coro.

Toushi resignado regresó a la cocina por el pedido de los hermanos Okita. La chica había pedido una rebanada de tarta de chocolate y un café simple, Sougo por su parte un jugo de naranja con muffin de vainilla.

Al volver con sus clientes notó como Sougo lo miraba de mala forma, tratando de evitar la incomodidad que le estaba provocando decidió redirigir su mirada. Sus fríos e indiferentes ojos azules, se cruzaron con los carmines de ella. Amables y cálidos, capaces de derretir el hielo más duro. El contacto visual fue tan ligero como con cualquier otra persona, en unos minutos la olvidaría como con cada cliente que llegaba, aunque para ella fue diferente, pues no olvidaría esa mirada vacía.

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Toushirou estaba firmando su salida cuando Tetsu fue a buscarlo a la sala de descanso, cansado se colocó nuevamente el mandil en la cintura, yendo hasta la cocina en compañía del joven Sasaki.

—Vino tu clienta habitual "pidiendo" tus servicios —dijo con tono burlón—. ¿Cuántos años crees que tenga? ¿Treinta, tal vez? Deberías hacerle caso es preciosa, si miras sus pechos firmes te das cuenta que es imposible que tenga hijos.

—Cállate bastardo, me vas hacer vomitar —respondió con el ceño fruncido.

—Es una milf, no puedes negar lo "raro" de que sepa tus horarios, y que solo permita que la atiendas tú.

—Es mi mamá —respondió con cansancio.

Tetsu casi se va de espalda al escucharlo, era el momento perfecto para que la tierra se lo tragara, tan solo llevaba dos semanas en la cafetería y ya había metido la pata con todo el personal.

—Ahora veo de donde sacaste esos ojos tan... lindos. —dijo, en un intento fallido por mejorar el curso de la charla.

Hijikata tomó lo carta, dejando atrás a Tetsu, no solía ser demasiado amable con sus demás compañeros, pero "el nuevo" estaba pasando por una situación difícil, eso fue lo que escuchó de su jefe, además de ser la única razón para contratar a tan torpe empleado.

Continuando con sus deberes, se acercó a la belleza de la mesa trece, pero con una particular mirada hostil en el rostro que podría romperle el corazón a cualquier madre.

—Toushi ¿Por qué no nos dijiste que te matriculaste? —preguntó indignada.

—Aquí tiene la carta —respondió ignorando su pregunta, y de paso dejando la lista de postres sobre la mesa.

—¡Toushirou! —lo llamó, elevando el tono de voz.

—Disculpe ¿desea ordenar ahora?

—Sí, ahora. ¿En qué universo debo comprar pastelillos para hablar con mi propio hijo? —el joven reaccionó con la misma indiferencia de siempre, la mujer dejó escapar un suspiro, preguntándose que había hecho mal. Ella no podía recordarlo ya que esa noche había ingerido grandes cantidades de alcohol—. Un pastelillo de fresas y un espresso amargo, para llevar.

Para la gran mayoría de los seres humanos el núcleo familiar es lo más importante en sus vidas, ese no era el caso de Hijikata.

Toushirou sabía que sus inexpertos padres lo trajeron al mundo cuando solo tenían catorce años cada uno. A principio de la década de los noventa, no era bien visto la aberración que habían cometido esos chiquillos, con una ola de prejuicios sobre ellos les fue bastante difícil terminar sus estudios, trabajar y criar a un niño. El martes dieciséis de junio de 1998 marcó un antes y un después en la vida del infante. A las doce con cuarenta minutos y seis segundos, escuchó las palabras más frías que se le podrían decir a un niño, el trauma emocional fue más grande al provenir de los labios de sus amados padres. En ese instante sus definiciones de "amor y cariño" dieron un giro de 360°. Luego de esa noche no fue extraño que creciera siendo un muchacho frío, apático y desconfiado.

Hijikata en el camino a la cocina recibió una queja por una orden equivocada, lo único que pudo hacer fue respirar profundo, disculparse y limpiar el desastre de Tetsu una vez más, en lo que iba del día era su quinto error. Luego de arreglar el problema fue a recoger las propinas que le correspondían. Frunció el ceño al ver que su madre le había dejado como propina cuatro veces más lo que costaba el pastelillo y el café, odiaba que sintiera lastima por él...

—¡Hijikata! —dijo un alegre permanentado que entraba en la cafetería con una sonrisa irritante— Me quedé afuera, estuve toda la tarde con Kagura y Tae. ¡Se supone que me darías una copia de la llave! —terminó gritando, atrayendo la atención de algunos clientes.

—Uh, lo olvide —respondió, mientras limpiaba la mesa.

—¿Solo dirás eso? ¡Discúlpate, ahora!

—¿Quieres callarte? Nos están mirando.

Gintoki se dio cuenta del punto débil de Hijikata, al joven no le gustaba llamar la atención y pasar desapercibido era como su nirvana. Realmente eran bastante opuestos, sonrió con malicia antes de devolverle la mano.

—Tú eres el que habla de responsabilidad y me dejas de lado. Si no quieres que viva contigo ¡dilo de una maldita vez!

—¿Qué demonios crees que haces, bastardo? —preguntó, mientras lo sacaba a empujones de la cafetería. Sus mejillas estaban sonrosadas, a pesar de estar fuera del local algunas miradas curiosas los siguieron a través del cristal.

—Nada, me molesta que no me presten atención cuando hablo. En fin, vine a buscarte para que abras la maldita puerta —chasqueó la lengua.

—¡Te dije que en el primer piso daban repuestos! —gritó exasperado.

Antes de que pudieran empezar una pelea el gerente fue en busca de su garzón, pidiéndole que mantuviera su vida privada alejada del trabajo.

Finalmente, ambos se fueron juntos, aunque no pararon de discutir durante el camino.

La mirada amatista de una rubia se quedó en el par de escandalosos que cruzaban la calle justo en la esquina de la cuadra. Tuvo la ligera impresión de haber visto en algún otro lugar al muchacho de cabello plateado...


¡Hola! OMG Se me había olvidado completamente como se escribía, me sentía súper oxidada para hilar ideas D; las matemáticas y tablas de verdad, atontaron mí pequeño lado humanista XD

Me gusta esta historia porque es la única que realmente tengo planeada *-*. La idea es que cada personaje tenga dos capítulos, luego de la primera ronda donde pasen los cinco (Toushi, Gin, Sougo, Tae y Kagura), habrá uno que trate de todos (como el primero), y una vez más se repetirá que pase cada uno y finalmente un capítulo general de todos, y será el fic más largo que haya escrito en mi vida D: XD

La idea era que este capítulo fuera sobre Gintoki (como se supone que él une al grupo), de hecho, lo tuve que dejar a medias; pasó una anécdota graciosa que me recordó mucho a este Toushi y por eso llegué desesperada a mi casa a cambiar el capítulo y el personaje.

Espero que el capítulo haya sido de su agrado, si es así déjenme un review y seré feliz C:

Saluditos n.n