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Bajo la piel

Chapter VI: Mitsuba

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Mitsuba estaba sentada en el mullido sillón de la sala del departamento que compartían las chicas. Tras finalizar el paseo a la playa decidieron pasar el rato comiendo pizza. La joven Okita esperaba poder hablar más con Toushirou le había parecido que iba incómodo durante el regreso, no estaba equivocada. Hijikata estaba cansado y había mencionado que quería dormir durante el viaje y tomó el lugar de la última fila del autobús, la que tenía cinco asientos. Mitsuba se sentó junto a él y junto a ella en lado izquierdo estaba Sougo, luego Tae y por último Kagura quien tomó el asiento junto a la ventana izquierda. Gintoki se quedó en la fila delantera también en la ventana mientras se vio en la obligación de charlar con un hombre que pasaba la tercera edad que se sentó a su lado; lo que Mitsuba desconocía que desde el principio el joven garzón se sentía nervioso y más tarde tenso cuando los bruscos movimientos del transporte les obligaban rozar la piel.

Entre pizzas, risas y cervezas. Mitsuba veía el grupo de amigos que la habían incluido con cariño, no esperaba que luego de conocerse en el parque ellos siguieran invitándola a sus reuniones, aunque no siempre podía asistir debido a sus estudios, también agradecía que su hermano se rodeara de buenas personas ya que desde pequeño solía estar solo y sus novias no duraban mucho con él, no lograba entender porque esas chicas no podían ver lo dulce que era Okita Sougo.

—¿Estás bien? —preguntó a Toushi al verlo regresar del balcón.

—Si, necesitaba un cigarro —dijo con una imperceptible sonrisa.

—Parecías algo tenso en el autobús.

—Estaba cansado, hacía tiempo que no nadaba. Todavía me duelen los brazos —confesó avergonzado mientras acariciaba su hombro derecho.

Ella le devolvió la sonrisa, él desvió la mirada buscando el trozo de pizza que dejó a medio comer y que para su agrado aún estaba intacto sobre la mesa o al menos como lo había dejado hace un rato.

Gintoki al vivir bajo el mismo techo de Hijikata podía darse cuenta como este parecía portarse de una manera más amigable con Mitsuba, lo que le provocaba mal sabor de boca al no poder decir nada al respecto y temía que el hermano de ella se diera cuenta de lo que pasaba. No era culpa de Toushirou que Sougo estuviera enamorado de su propia hermana y tampoco creía justo revelar el secreto que había prometido guardar.

Sakata desde el otro sofá observo la situación y rápidamente se acercó a Tae para que interrumpiera la conversación de la pareja. Ambos sabían lo peligrosos que eran los celos de Sougo pues él mismo les había confesado sus pecados y, durante su estadía en la playa pudieron notar las veces que Sougo dejó entrever sus malas intenciones con extraños que miraron a su amada.

—¿Quieres cantar Karaoke? —intervino Shimura nerviosa porque Sougo regresaba del baño.

La joven aceptó gustosa.

Mitsuba siempre había estado preocupada porque su hermano no era el más sociable y solía pelear bastante con los niños, incluso con algunos más grandes que él; por eso agradecía al fin poder conocer a sus amigos y compartir con ellos sin problemas. Además, le encantaba ver la sonrisa en el rostro de su hermanito mientras estaba mezclado con su grupo pues nunca antes lo había visto tan relajado, lo que la llevaba a pensar en la buena pareja que haría con Kagura, los veía bastante cercanos, pero lo que ella desconocía es que solo se molestaban para disimular lo mal que se llevaban y estar pendientes de que no se delataran mutuamente. Mitsuba los observaba y no pudo evitar sonreír aguantando la risa cuando la pelirroja cantaba en dudoso inglés y el joven Okita la corrigió cantando las palabras mal dichas, fueron tantas que él mismo le quito el micrófono y terminó la canción. Sougo tuvo esa boba reacción porque por unos instantes olvidó por completo que su hermana estaba ahí también.

Hijikata salió una vez más a fumar al balcón y tomar un respiro de los "alaridos" de Shimura y Sakata quienes habían hecho un equipo en contra de Kagura y Sougo.

—Te pierdes un concierto de primera, estando afuera —dijo Mitsuba cerrando la puerta de vidrio.

Hijikata se volteó a verla con una sonrisa mientras se quitaba el cigarrillo de los labios.

—¿Saliste para no quedar sorda?

—Quería un poco de aire fresco —dejo reposar sus manos en el frío barandal para luego dirigirle la mirada.

—¿Conmigo cerca? —dicho esto, exhaló el humo hacía abajo tratando de evitar que le llegará a la joven.

—Me gustó el pastelillo de chocolate del otro día.

—Puedes volver cuando quieras —sonrió.

—Quizás vaya mañana. Después de recibir mis notas, un pastelillo para celebrar o para animarme si algo no sale bien.

—No has tenido problemas antes, no deberías tenerlos ahora —apagó su cigarrillo aplastándolo contra el barandal y con gesto la invitó a volver al interior del departamento.

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Al día siguiente la joven despertó y como era usual tomó una ducha, desayuno y salió de casa yendo camino al jardín de niños donde estaba haciendo su práctica, estaba algo nerviosa hoy terminaba con sus 350 horas y las profesoras ya le habían dicho que su manejo de grupo era perfecto, lograba que los más desordenados realizarán sus actividades sin problemas. Las mismas parvularias solían decirle que tenía un gran don para tratar con niños, logrando que la joven se sintiera bastante alagada.

Los niños la saludaron entusiasmados como si supieran algo que ella no, sin darle muchas vueltas al asunto la joven dio inicio a la actividad que tenía planeada. Mitsuba prefería las tareas didácticas, los hacía trabajar en grupo para que en conjuntos pudieran desarrollar la tarea y este día no sería la excepción. Dividió en curso en seis grupos de cuatro niños cada uno y, a cada grupo, le dio tarjetas con colores y tarjetas con dibujos de frutas y verduras. Debían juntar las tarjetas que coincidieran en color mostrándoles un ejemplo con la tarjeta de la zanahoria que iba con la tarjeta de color naranjo. Todos los pequeños entendieron sin dificultad lo que debían hacer. Pasado un rato todos acabaron, la profesora jefa mandó a Mitsuba al salón 1C en el que también hacía sus clases, al entrar no esperaba que los niños dentro gritaran "¡sorpresa!" y, quienes estaban con ella hace unos momentos venían corriendo detrás. Las profesoras de ambos salones más las asistentes le habían organizado una despedida, había pastel, golosinas y jugos. Mitsuba estaba realmente feliz y agradecida con todos, con gusto recibió los abrazos de todos los niños que se iban a despedir personalmente de ella, disfruto su última jornada para luego recibir sus notas. Debía ir a dejarlas a su universidad para que su jefa de carrera terminará la evaluación y le comentará si podría o no esperar su certificado y su título.

Acabada la jornada se fue con el corazón lleno de emociones, se dirigió a su institución a entregar los documentos, aun no creía que había terminado una etapa y debía estar lista para la siguiente.

—Felicitaciones Okita, tuviste una nota casi perfecta en tesis y en tu práctica te dieron la calificación más alta. Has aprobado, los certificados tardan tres meses en llegar y la titulación será a fin de año.

La joven aun no podía creer lo que escuchaba cuatro años habían pasado en un abrir y cerrar de ojos. Su jefa de carrera la felicitó para luego despedirla, había otra chica esperando mostrar sus resultados de práctica.

Quería contarles a sus amigas sus resultados, pero ellas aún estaban haciendo clases, tendría que esperar pasado las seis de la tarde para llamarlas, por unos segundos se sintió sola. El mejor momento de su vida estaba pasado y no tenía con quien compartirlo, no tenía con quien celebrar sus triunfos, a quien abrazar cuando se sentía frágil ni con quien compartir una charla cariñosa. Recordó a su único novio oficial y como sobrevivió a distintos incidentes raros hasta que rodó por las escalares y se rompió una pierna, él temía que pasar tiempo con ella le fuera a costar la vida así que decidió terminar esa relación. Fue ahí cuando unas chicas esparcieron el rumor de que Mitsuba Okita estaba maldita y si lo pensaba podía ser verdad, era como una viuda negra quienes se acercaban corrían peligro y mientras más cerca estuvieran más daño sufrían. Temía que llegará el momento en el que se quedará sola, amaba a los niños y realmente deseaba tener uno propio, pero si llevaba en sus espaldas una maldición jamás podría tener una familia y eso le dolía.

Dejó escapar un suspiro y se dirigió a la cafetería donde trabajaba Hijikata, no sabía si él estaría. Toushi cubría más turnos que los demás garzones y aun así no era seguro que estuviera ahí. No le importó, iba satisfacer su capricho y ya tenía pensada la excusa que usaría: café moka y un pastel de chocolate con cerezas.

Al entrar a la cafetería lo buscó con la mirada sin encontrarlo, esperó unos momentos sentada en una mesa que daba la vista hacia la calle. Tetsu fue quien se acercó y tomó su orden, no pasó mucho tiempo para que se lo fuera a dejar a la mesa. La joven miró su pedido dándose cuenta que había derrochado el dinero, no tenía hambre por todo lo que había comido en el jardín, miró sus redes sociales mientras daba cortos sorbos a su café, finalmente se aburrió y se dirigió hasta la caja, pagó su cuenta y pidió el pastelillo para llevar.

Salió del local, la puerta se cerró a sus espaldas y una sonrisa se formó en sus labios. Se encontraron de frente, venía agitado con la mochila en espalda y un libro bastante grueso en su mano derecha.

—Hola.

—¿Cómo te fue? —preguntó ignorando el hecho que venía diez minutos tarde.

—Bien, gracias por preguntar. Compré un pastelillo para celebrar.

—Felicidades. Uhm vengo algo atrasado, pero si tienes tiempo Gin vendrá con mis cupones antes que terminé mi turno y gastarlos en pasteles, puedo guardarte uno para que sigas celebrando.

—¿Enserio?

Hijikata asintió un poco avergonzado.

—Tienes hasta las cinco. Tengo que entrar, nos vemos.

Tras despedirse Hijikata no entendía porque seguía actuando de ese modo, antes de verla estaba enojado porque el profesor no llegó a la clase y les avisó tarde, estuvo en una fila eterna en la biblioteca porque se había caído el sistema logrando que se retrasara, pero al verla su humor cambio de golpe incluso llegar tarde no parecía algo tan grave.

Mitsuba caminó a casa y la sorpresa fue para ella al encontrarse con su hermano en casa.

—Hola —saludo incluso antes de que pudiera cerrar la puerta.

—Hola ¿No tenías clases? —preguntó mientras inspeccionaba la cara del chico buscando un rastro de mentiras.

—No, las cancelaron el profesor está enfermo.

Mitsuba supo enseguida que mentía, las aletas de su nariz se agrandaron cuando habló.

—¿Cómo te fue? —preguntó el chico, desviando el tema— ¿ya sabes que notas tienes? ¿Te fue bien con los niños? La comida esta lista por si quieres almorzar.

Ella sonrió, sabía que podía contar siempre con Sougo, al menos no estaba maldita para él, aunque en ocasiones era algo absorbente.

Los hermanos Okita charlaron por un largo rato mientras almorzaban, el joven le pidió que vieran una película juntos inclusive ya tenía un par de entradas para las cinco, coincidía con la hora que Hijikata terminaba su turno.

—Estoy algo cansada ¿Por qué no vas con Kagura? Ella tampoco tiene clases si las cancelaron.

Sougo lo entendió, no estaba equivocado al creer que su hermana tenía una idea totalmente equivocada de lo que pasaba entre él y la pelirroja.

—No, además querías ver esa película —dijo sonriente, esperando la respuesta que quería escuchar.

La joven le devolvió la sonrisa.

—Vamos.

¿Qué más podía decir? No valía la pena arriesgarse por un completo extraño, pero no pudo evitarlo.

Lo convenció a tomar el camino largo y pasar por la cafetería. Era temprano para que el turno del garzón acabará, pero por primera vez parecía que su maldición estaba quedando detrás. Sakata salió del local para saludarlos cuando los vio pasar. Preguntó a la chica como había salido en sus notas y sin pensarlo los invitó a celebrar curiosamente en el departamento de las chicas, la esperarían a las nueve.

Sougo no estaba feliz, planeaba invitarla a cenar.

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La reunión había iniciado y Mitsuba nuevamente estaba en el sofá, los veía conversar y reírse sintiéndose ajena a la situación. Toushirou se sentó a su lado ofreciéndole una cerveza, ella la aceptó, aunque no bebía y se limitó a abrirla, dar un sorbo para luego abandonarla disimuladamente.

—¿Buscarás un empleo o esperarás un tiempo? —preguntó el garzón.

—En realidad me gustaría tener una licenciatura para eso necesito dinero, no puedo permitir que papá siga pagando mis gastos.

—Genial —respondió el chico, ignorando el hecho que estaba hablando más de lo normal.

Tae miró con terror a Sougo, cuando exprimió el vaso plástico en su mano derecha, desparramando así todo su contenido sobre la mesa. Gintoki sintió como de forma automática el ambiente se tensó y debía arreglar el error de "Mayora", quien desde su lugar ignoraba lo que estaba pasando. Sin pensarlo demasiado el permanentado tomó tubo vació de las papas fritas y se lo arrojó al estudiante de ingeniería.

—¡Bastardo! ¿Qué demonios te pasa? —bramó Toushirou tras recibir con la nariz y parte de la frente el envase.

—Eso debió doler —añadió el menor de los Okita— te traeré algo para que dejes de ladrar.

Toushi se molesto y fue al baño, no sabía cuanta endemoniada fuerza uso Gintoki para haberle hecho sangrar la nariz.

El joven de cabellos castaños se levantó de su lugar yendo hacia la cocina. Kagura fue la única que vio la expresión sombría en la mirada carmín de tan inexpresivo rostro. Todos en la mesa tuvieron un mal presentimiento a excepción de Mitsuba, pues nunca había visto la otra cara de su hermano, ignorando por completo los sentimientos del muchacho y sus intenciones reales.

Hijikata al volver a la estancia recibió un vaso de manos de Sougo. Toushi tomó una lata de cerveza y comió algunas frituras, pero a mitad del vaso comenzó a sentirse mareado y desorientado por lo que camino hasta al sofá. Al terminar de ingerir la cerveza que Sougo le dio, su conciencia se apagaba. Como pudo se recostó en el sofá y lo que todos vieron fue como cayó desmayado sobre el mullido sillón. La carismática Mitsuba fue la única que se preocupó al ver como el brazo derecho del joven colgaba, sabía que si pasaba demasiado tiempo llegarían los hormigueos y calambres. No podía dejar las cosas como estaban, fue a verlo, apreció sus rasgos fáciles y repaso con sus dedos la mejilla de Toushirou. Una leve sonrisa se dibujó en sus rosados labios y seguidamente tomó la mano del joven acomodándola sobre su abdomen, de esa forma no despertaría dolorido.

Al día siguiente cuando Kagura y Tae se levantaron a desayunar —sin mencionar que pasaban de las diez de la mañana—, se encontraron con Toushirou en la misma posición que tenía durante la noche. Ignorando por completo su presencia desayunaron charlando y viendo televisión. Las dos se sobresaltaron al escuchar el estruendo que dio Hijikata al caer del sofá tras darse media vuelta.

—¿Dónde están todos? —preguntó reincorporándose apenas por culpa del mareo, acarició su cabeza, no recordaba haber bebido demasiado para quedar tan maltrecho.

—Se fueron anoche —contestó Shimura— Gin trató de despertarte, pero como no reaccionabas se fue, pero te cubrió con una manta y te dio un beso en la frente.

—No digas idioteces. Sigo mareado y solo tomé una cerveza ¿me vieron fumar o tomar algo más? —preguntó uniéndose a ellas haciéndose con un lugar en la mesa.

—Hijikata tenemos que hablar de algo —sentenció Tae con tal seriedad que el chico se puso pálido.

—Uhm—pudo decir luego de tragar saliva— realmente lo siento si me pasé de la raya, si les hice o traté de hacerles algo.

Kagura no pudo evitar soltar una sonora carcajada ante la expresión fúnebre en el rostro del muchacho.

—No tonto. Es Mitsuba, no te acerques a ella o te pasarán más cosas como las de anoche —dicho eso, la castaña tomó su celular usando la pantalla como espejo.

Toushirou vio sus enrojecidos ojos y pupilas más dilatadas de lo habitual.

—¿¡Me drogaron!? —gritó exaltado por las palabras de Shimura.

—Quizás, no sabemos que te dio Sougo, pero después de eso fue imposible despertarte.

—Mayora sabes lo que siente el sádico, si quieres seguir con el triángulo seguro te va a matar —añadió Kagura mordiendo una galleta.

—¿De qué hablan? No hice nada para molestar a ese tonto.

—Se sentaron juntos —dijo la pelirroja.

El chico alzó una ceja sin lograr entender de que hablaban.

—¡No lo sabes! —gritó Tae ante su descubrimiento—ese día te fuiste temprano.

—¿Pueden ser claras y dejar de hablar con frases a medias? —la irritación en su voz estaba más que clara para ambas.

—El día que conocimos a Mitsuba en el parque arruinamos la cita a Sougo, él está enamorado de ella y se iba a declarar ese día.

Toushirou sintió como se le revolvió el estómago por culpa del alcohol y con lo que sea que la haya dado el Sádico, quería vomitar y sabía que no llegaría al baño, lo único que hizo fue pararse y descargar todo sobre el fregadero.

—¡Tú vas a limpiar a eso!

Escuchó a sus espaldas sin poder identificar quien lo había dicho.

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Sougo estaba en la cama de sus padres junto a su hermana. Ellos no estaban en casa y ese era el cuarto más grande además contaba con un Smart TV colgado en la pared. Al llegar del departamento se acomodaron y vieron una película, aunque ella se durmió en la mitad y él poco después..

Estaba amaneciendo cuando las ganas de orinar lo despertaron, se quedó un rato observando lo tranquila que lucía su hermana mientras descansaba, pero ella le echo un balde de agua fría encima, no lo quería creer, su corazón se encogió de dolor y la rabia lo inundó. No era justo, no era justo, siempre estaba para ella ¿entonces por qué soñaba con otros?. Ella había balbuceado claramente el nombre del que sería su enemigo, sin pensarlo la despertó diciéndole que parecía tener una pesadilla. Mitsuba algo confundida solo respondió gracias y nuevamente se acomodó para volver a dormir.

Sougo confirmó que debía cuidarse del aburrido Hijikata Toushirou.


Espero les haya gustado, gracias por sus lindos comentarios ;3 no se vayan son dejar un review (*3*)/