El mensajero
Las voces murmuran en mi cabeza. Qué están diciéndome? Abro los ojos. Me duele mucho la cabeza. Dónde estoy? Esta no es mi celda. Cómo llegué aquí? Me incorporo pero algo me detiene. Miro a un costado y veo que mi mano izquierda está esposada a la cama mientras que la derecha está conectada a una sonda por la que el suero que gotea lentamente. Estoy en la enfermería. Por qué estoy aquí?
- Arthur…
Miro hacia el otro lado y veo a la doctora Kane sentada junto a mi cama.
- Por qué lo hiciste?
- Hacer qué cosa?
- Tratabas de suicidarte?
- Qué? De qué habla?
Intento recordar qué sucedió y cómo llegué hasta aquí.
- Te di lo que pediste. Te di tu libreta.
La libreta. El muchacho me la trajo. No me trajo el lápiz. Ah sí…ahora recuerdo.
- Arthur, respóndeme. Intentabas acabar con tu vida?
- Jajajaja….
- Arthur!
- Yo solo trataba de escribir una carta.
- Una carta a quién?
- A ella…a la mujer que vino a verme…
- No vino nadie.
- Si lo hizo. Vino a verme el martes, el día de visita. Yo la vi.
- Nadie vino, Arthur. Es otra de tus fantasías?
- No lo es. Ella es real, una persona de carne y hueso y un corazón que me ama. Se llama Sophie, Sophie Dumond y vive en mi mismo edificio, en el apartamento 8B. Trabaja en un banco y tiene una hija pequeña que se llama Gigi.
- No hay registros de ninguna persona con ese nombre.
- Los registros no son más que papeles.
Es esto lo que le hicieron a Penny? Me pregunto cuántos de los internos en Arkham están realmente locos y a cuántos solo les hacen creer que lo están.
- Aún no me has dicho por qué intentaste acabar con tu vida.
- Se lo dije. Yo solo trataba de escribir una carta. Ya no quiero hablar. Puedo volver a mi celda?
- Te quedarás aquí hasta que te recuperes. Perdiste mucha sangre.
- Quiero irme de aquí. Por favor, quíteme las esposas. Me lastiman.
- No puedo dejar que vuelvas a hacerte daño.
La doctora me mira por un momento. Su mirada siempre es vacía. Sus ojos siempre son fríos, como los ojos de las personas que calculan. No le importa lo que me suceda, le importa su trabajo.
El enfermero llega para hacer su ronda. Saluda a la doctora, controla mis signos vitales y los anota en una hoja.
- El pulso está estable, doctora. Temperatura y presión arterial normales.
- Bien, gracias.- dice la doctora Kane. Revisa los datos en el papel y se lo devuelve al asistente.
- Adjunte esto a la documentación que le di y déjela sobre aquella mesa. El muchacho de la sección de archivos vendrá en seguida a buscarla. Puede retirarse.
Mis ojos caen sobre el archivador que sostiene el asistente. Tiene mi nombre en el dorso.
Paciente: Arthur Fleck
Caso 4478
Es grueso, muy grueso. Cuántos documentos contiene? Se ve dañado y viejo, como si hubiera estado guardado durante años. De pronto algo sucede en mi cabeza. Es difícil de describir. Se siente como un viaje al pasado. Como si hubiera una falla en la línea del tiempo. Como si el reloj girara en sentido contrario por un abrir y cerrar de ojos. He vivido este momento antes. Y de pronto esa sensación tan rápido como vino se va. Mis ojos siguen fijos sobre el archivador. Las hojas que sobresalen se ven desgastadas, sus bordes amarillentos. Las de más atrás sin embargo son blancas, son recientes, como la que acaba de añadir el enfermero. Mi historial es demasiado largo para las pocas semanas que llevo aquí. Y entonces lo comprendo…he estado aquí antes.
El muchacho deja el archivador sobre una mesa y se retira.
La doctora me mira algo impacientada.
- Arthur, queremos rehabilitarte. Trato de ayudarte. Pero no es posible si no pones de tu parte, comprendes?
Rehabilitarme…
Es curioso como las personas deforman el significado de las palabras.
- Es por eso que me dejan en un cuarto oscuro y frío? Es por eso que me quitan mis cosas? Me niegan la visita de la única persona en el mundo a la que le importo. Me encadenan y me llenan de píldoras que no me dejan ni vivir ni dormir. Eso me "rehabilitará"? No conozco esa palabra, es la primera vez que la escucho y no tiene ningún significado para mí. Cómo quieren que un hombre vuelva ser un hombre si lo tratan como a una bestia? Le preocupa que intente suicidarme, doctora? No se preocupe, usted está haciendo un magnífico trabajo matando lo poco de vida que queda en mí.
- Aún no me has dicho nada sobre los eventos que te trajeron hasta aquí. Sabes por qué estás encerrado, cierto? Has pensado en las cosas que hiciste?
- Jajajajajajaja.
- Arthur…
- Déjeme solo. Déjeme en paz.
Me recuesto sobre un costado en la medida que las esposas lo permiten y le doy la espalda. Oigo sus pasos que se alejan y la puerta que se cierra. Espero unos segundos y vuelvo a sentarme. Intento levantarme para obtener el archivador pero las esposas me detienen. Tiro de ellas pero es en vano. No puedo soltarme.
La puerta se vuelve a abrir. Me quedo quieto. Pero no es ella. Esperen…yo lo conozco! Conozco a este hombre! Es el muchacho a quien le arrebaté los registros de Penny. Nuestras miradas se cruzan y el hombre se detiene. Me reconoce?
- Buenas noches, eeeh solo vine a retirar esto. - dice el hombre, tomando el archivador.
- Espere! - digo antes de que pueda marcharse.
- Yo lo conozco, vine aquí antes, antes de ser encerrado. Vine a buscar los registros de mi madre, Penny Fleck. Usted lo consiguió para mí.
- Te recuerdo.
- Usted parece un buen hombre. Ayúdeme por favor!
- Perdón? Cómo dice?
- Una mujer vino a verme el día de visitas. Usted debe haber registrado su visita. Es morena y muy linda. Se llama Sophie. Ella preguntó por mí y no la dejaron pasar. Por favor, usted la ha visto. Tiene que haberla visto.
- Lo siento. No recuerdo. Vienen muchas personas.
- Ayúdame a encontrarla. Por favor, si vuelve, dele esto.
Junto a la cena que me dejó el enfermero está una servilleta. La tomo con la mano que tengo libre y la pliego hasta formar un ave.
- Por favor… - suplico.
El hombre me mira por un instante. Toma el ave de papel en su mano y lo observa.
- Es tu familiar?
- No…
- Es una amiga?
- Es la persona que me ama…
El hombre se queda pensativo.
- Lo lamento - dice - No puedo ayudarte. -
Pero guarda el papel en su bolsillo.
Han transcurrido los días y Sophie no ha vuelto. No he sabido nada de ella ni del mensajero. Estoy de vuelta en mi celda, pero me quitaron el privilegio de tener las manos libres. Dicen que es por mi propio bien.
Mi querida Sophie, el sol nunca brilla a través de mi ventana. Hasta las sombras huyen de este lugar. He aprendido que la miseria ama la soledad. No quiero que me veas así, pero aún así te seguiré esperando porque no tengo más remedio.
Pensé que no habían cadenas que pudieran atarme, pero las hay y las siento alrededor de mis tobillos y alrededor de mis manos, cortándome las venas. Son más terribles y más poderosas que las esposas de metal que me han colocado y la llave la tienes solo tú. Me condena el deseo verte de nuevo y ese deseo me obliga a seguir… a esperar a que entres de nuevo por aquella puerta y preguntes por mí.
Estaré aquí, Sophie, encadenado por la duda, con la herida abierta, esperándote todos los días, soñándote todas las noches hasta que vuelva a verte o hasta que la mano del destino me abra la tapa de la tumba y me deje por fin descansar en ella.
