CAPÍTULO 06
Astuto hijo de puta.
Hermione se giró para no ver a Draco mientras presionaba la botella de cerveza contra sus labios y la vaciaba.
Maldita sea. Su cuerpo entero, sangre, músculos, tejidos, huesos, se sentían como si la hubiesen pinchado con una pica eléctrica. Rodillas temblorosas, sequedad de garganta, rápidos latidos del corazón, bragas húmedas, ¿todas esas respuestas incontroladas por un simple toque? Maldición, era vergonzoso. Draco la había acariciado, susurrado y provocado hasta que estuvo a solo segundos que montarlo.
Había disfrutado un montón de amantes. Hombres que habían sacudido su mundo en la cama. Pero nunca había experimentado una reacción tan visceral ante el caliente toque de un hombre y a la cadencia suave de una voz profunda deslizándose a la deriva por su piel.
—¿Hermione? ¿Estás bien?
Ella dio un salto. Maldito sea. No debería ser un montón de hormonas descontroladas en su propia casa.
—¿Quieres otra cerveza?
—¿Vas a tomar una?
Esta es la segunda.
—Síp.
—Entonces tomaré una. Después de todo, yo las compré.
Hermione fue a la cocina. Tardó en destapar las botellas de cerveza, demorándose en realidad. Pero no tenía por qué haberse molestado, Draco estaba hablando sin parar por su teléfono móvil cuando ella regresó. Se sentó frente a él, apoyó las botas sobre la mesa y lo estudió.
Draco Malfoy era una contradicción total. Refinado, pero tosco. Seguro de sí mismo, pero no abiertamente arrogante. Profesional, y sin embargo rodeado de un cierto aire salvaje. Aterrizado y al mismo tiempo distante. Buenísimo que te calentaba, pero frío como el hielo.
¿Quién era?
Por favor, ¿puede el verdadero Draco Malfoy ponerse en pie?
Aunque Draco no le estaba hablando, Hermione sintió su intensa mirada sobre ella, completamente en ella. No podía bajar la guardia delante de él ni un segundo. Al diablo con los ejercicios de acondicionamiento. Nunca podría acostumbrarse a la forma en que Draco la hacía sentirse.
—Yo no debería tener que hacerme cargo de la situación. Porque no está en la descripción de mi trabajo, ni está en mi contrato. Sí, estoy seguro. Y para que conste, estuve en contra de contratarlos desde el principio. No. Esto no es un "te lo dije", Gustav. ¿Qué quieres que haga desde aquí? Tú eres el que está allá, no yo. Encárgate. Eres el CG2. No, porque en este momento no puedo.
Draco se detuvo y la miró fijamente.
No era una mirada fría. Oh, no. La mirada de plata fundida en los ojos de Draco era lo suficientemente caliente como para derretir bloques de cemento. Él la deseaba. Hermione sabía que si se quedaba en esa sala, la tendría en cuanto terminara la llamada. A su manera. Y ella no haría una maldita cosa para detenerlo.
Hermione escuchó a su voz interior aconsejándola que se retirara. Sosteniendo su mirada, ella saludó con la botella y retrocedió hasta su dormitorio. Se apoyó contra la puerta y cerró con llave, tratando de calmar su corazón desbocado.
Sin embargo, sobre el rápido pum-pum, pum-pum, pum-pum, juraría que escuchó a Draco... cacareando.
A la mañana siguiente Hermione se levantó y salió del apartamento antes de que Draco dejara de roncar en la habitación de invitados.
Una vez más, no había ganado: la Dra. Joely Monroe ya estaba en la oficina. La puerta de la doctora estaba abierta y una vulgar y vieja cafetera, no una de esas cursis medio-francesas, medio-chinas, humeaba con café recién hecho, caliente y fuerte. Hermione agarró una taza y se dejó caer frente a la doctora.
—Ponte cómoda.
—Yo lo estoy, doc. Gracias.
Los ojos de la doctora Monroe se detuvieron en la mano izquierda de Hermione.
—Bonito anillo. Nuevo, ¿cierto?
Hermione había trabajado durante más de dos años como terapeuta ocupacional y física independiente en la clínica. Desde el principio la Dra. Monroe había apoyado su sueño de poseer su propia clínica de fisioterapia. Le había ofrecido asesoramiento y una recomendación para la Agencia de Promoción de la Medicina Rural para financiar la empresa. Sin embargo, Hermione no se sentía cómoda hablando con la doctora sobre su vida personal.
A veces, Hermione se preguntaba por qué mantenía su vida compartimentada; hablaba con Ginny sobre su vida amorosa, con Tonks acerca de sus problemas profesionales, con sus hermanos y padres de divertidos chismes, pero nadie conocía todos sus lados. ¿Sería refrescante ser sólo ella misma con alguien? ¿Cuán extraño sería si esa persona fuese... Draco?
—Sí, es flamantemente nuevo.
—Mantengo secretos para vivir, Granger. Trabajamos juntas dos o tres días a la semana. ¿No podías haberme dado alguna pista de que estabas seriamente involucrada con alguien?
—Mmm. Es de fuera de la ciudad.
—¿Cómo se llama?
Satán.
—Draco Malfoy. En mi propia defensa diré que fue de repente. Y no, no estoy embarazada.
—¿Cómo os conocisteis?
—Es el mejor amigo de Harry, así que lo conozco desde siempre. También es un arquitecto especializado en restauraciones y su negocio está en Denver. Está supervisando la remodelación de mi edificio.
—Mmm-mmm. —La doctora sopló su café—. Supongo que por eso ibas tantas veces. ¿Te veías con él en Denver?
—En parte. Sin embargo, la tarifa de asesor en el Hospital de Veteranos es tres veces lo que tú me pagas. No se puede culpar a una chica por ganarse la vida. —Le dedicó una sonrisa pícara.
—No lo hago. Sólo espero que sepas lo que estás haciendo.
—¿Con Draco, o con el edificio?
—Con ambos. Ahora que has comenzado el proceso de preparar un espacio para tu clínica, detestaría ver que abandonas tu sueño y te vas a la gran ciudad para ser la esposa de algún famoso arquitecto.
Hermione se quemó la lengua con el café para evitar rebatir esa afirmación.
La doctora preguntó:
—¿Chet y Remy están haciendo la remodelación?
—No se la confiaría a nadie más.
—Chica lista. Puede que me pase por allí y compruebe los progresos. He estado pensando en la posibilidad de remodelar mi cocina.
—Tú nunca estás en casa el tiempo suficiente para comer una cena, y mucho menos para cocinarla.
La mirada de la doctora bajó a su taza de café.
—Tal vez estoy buscando cambiar mi vida, también. Estoy cansada de que todo sea trabajo y nada diversión.
—Si buscas a un hombre para divertirte, te puedo presentar a uno de mis primos.
—¿Sólo uno?
Hermione parpadeó.
—¿Cuántos necesitas?
La sonrisa socarrona de la Dra. Monroe le dio un aspecto más joven, más juguetón.
—Los suficientes para alejar el aburrimiento. —Vació su café—. Vamos a ver la tortuosa agenda que Brenda ha preparado hoy para nosotras.
Horas más tarde, Hermione dio una patada al equipo de ejercitar la pierna, colocándolo bajo la camilla de la sala de terapia. Miró el reloj y le entregó al último cliente del día una toalla.
—Te veré la próxima semana, Gladys.
—Pero me siento mejor, Hermione. No necesito…
—Sí, lo necesitas. Te han puesto una prótesis de cadera. Mi trabajo consiste en asegurarme de que estás haciendo los ejercicios y no te pasas todo el tiempo viendo la televisión.
Gladys parecía petulante.
—No es como si tuviera algo mejor que hacer.
Hermione deslizó hacia delante su silla y tomó las manos de Gladys.
—Entiendo que eches de menos a Paul. Pero dejar que tu salud se deteriore... Él no querría eso para ti. Yo no quiero eso para ti. No deberías querer eso para ti.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—¿Qué se supone que debo hacer?
—No te estoy diciendo que vayas a bailar al Golden Boot, pero tienes que hacer una actividad física todos los días. Los sencillos ejercicios que te enseñé son suficientes. Mantén un registro de lo que haces durante esta semana, de cómo te has sentido después y lo revisaremos la semana que viene, ¿vale?
—De acuerdo. Gracias por no gritarme.
—Oh, bah. No soy exactamente un sargento.
—Por eso siempre vuelvo a ti, cariño. —Gladys frotó su pulgar por el anillo de compromiso de Hermione —. Esto es nuevo. Bonito y brillante, como un nuevo amor. ¿Cómo es tu hombre?
Como un dolor en el culo.
Esa no era una respuesta que la pobre Gladys entendería, después de todo, había perdido al que había sido su marido durante más de cincuenta años el último otoño.
—¿Draco? Es… inteligente.
Gladys carraspeó.
—Detalles, niña. ¿Qué aspecto tiene?
Hermione recitó:
—Alto, rubio y guapo ni siquiera empiezan a describirlo. Es magnífico, tremendamente sexy, con una sonrisa asesina y unos intensos ojos grises que parecen ver en mi alma. —Se quedó inmóvil. Santo cielo. ¿Había realmente soltado todo eso en voz alta? Sonaba realmente como una tonta enamorada.
Puede que lo estés.
—Los hombres como él son siempre buenos también entre las sábanas.
Levantó la mirada hacia Gladys y dijo:
—Sin comentarios.
—Lo que me dice todo lo que necesitaba saber. —Gladys le guiñó un ojo y se puso de pie
Hermione siguió a Gladys a la sala de espera. Sus sesiones de terapia se realizaban a puertas abiertas lo que significaba que los miembros de la familia podían entrar y observar la sesión. Sus ojos se estrecharon ante el hombre que descansaba fuera de la sala de terapia.
—¿Draco? ¿Qué estás haciendo aquí?
—Pensé darte una sorpresa. Llevarte a cenar. —Presionó la boca contra la suya, mientras su mandíbula colgaba entreabierta en estado de shock. Los labios de Draco se movieron a su oído—. ¿De verdad me consideras escandalosamente sexy, vaquera?
—En tus sueños —susurró. No es que ella quisiera volver a tener los explícitos sueños sexuales que había estado teniendo todas las malditas noches desde que Draco se había mudado.
—¿No es eso dulce? —Gladys dijo soñadoramente.
Dulce como el veneno de una serpiente.
—Puesto que no pareces tener intención de presentarnos, me presentaré yo mismo. —Draco estrechó las dos manos de Gladys entre las suyas—Draco Malfoy .
—Gladys Johansson. Puedes llamarme Gladys. En realidad, puedes llamarme en cualquier momento.
—¿Necesitas ayuda para ir a tu coche? —preguntó Hermione, tratando de eludir a Draco.
—No, cariño. Quédate y prepárate para tu muchacho.
Draco sonrió.
—Estaría encantado de acompañarla mientras Hermione se prepara para mí, señora Gladys.
Hermione resopló.
—Me encantaría. —Gladys movió sus dedos a Hermione —. Adiós, hasta la próxima semana.
Cuando Draco regresó, todavía sonriendo, Hermione se mordió la lengua para evitar arremeter contra él por su presuntuoso comportamiento, no sólo con ella, sino también con su cliente.
—Es adorable. Me recuerda a una señora cerca de casa que solía servirme galletas y limonada después de cortarle el césped. Siempre terminaba quedándome a charlar con ella durante una hora o dos.
Vale. Eso le mostraba un lado diferente de Draco. Lo que parecía irónico, porque momentos antes había estado reflexionando sobre las diferentes, desconocidas facetas de sí misma.
—Estoy muerto de hambre. ¿Dónde podemos comer por aquí, además de en el Dewey's?
—Estoy segura de que estás acostumbrado a restaurantes más refinados que los disponibles en la zona de Sundance-Moorcroft
—Me alegra que tengas tan buena opinión de mí —murmuró él.
—Si llevas mocasines con borlas...
—Agradable pulla. Sólo te llevó treinta segundos. Estás aflojando, botón de oro.
Hermione se encogió de hombros.
—Estoy cansada. Mi cerebro está lento. ¿Qué tal pizza?
—No.
—¿Un sándwich?
—No.
—Hay un par de bares que sirven comida, el Rusty Spur y el Golden Boot.
Impaciente, le dijo:
—Sólo ven conmigo y ya encontraremos un sitio, ¿de acuerdo?
—Te ahorraré tiempo y gasolina. Si tienes hambre, hay dos opciones. El Dewey o el Twin Pines.
—Vayamos allí entonces.
—No puedo. De hecho, no puedo poner ni un pie en el lugar.
—¿Por qué no?
—Mmm. Me han echado del Twin Pines. De por vida. Creo.
La cara demasiado guapa de Draco mostró asombro.
—Tienes que estar bromeando.
—Nones.
—¿Qué hiciste para ser expulsada de por vida?
—Participé en una pelea de bar.
—¿Iniciaste una pelea en un bar?
—No, pero seguro como el infierno que no retrocedo cuando alguien empieza una. Se rompieron cosas. Botellas, mesas, narices. —Agitó la mano—. Son viejas noticias.
—No para mí, pero no obstante, es una inquietante noticia. —Draco frunció el ceño—. El Dewey's entonces.
—Te veré allí. Tengo que cerrar y hacer el papeleo.
Hermione consideró cambiarse la ropa de trabajo, pero Draco podría pensar que se había arreglado para él, así que no lo hizo. En el Dewey's, lo vio en una mesa de esquina. Se puso de pie, esperando que ella se sentara para tomar asiento. Vale. Esa cortesía caballeresca fue impresionante. Y dulce. E inesperada.
Nerviosa, porque esto parecía una cita de verdad, se centró en el menú, incluso cuando se lo sabía de memoria desde hacía mucho tiempo.
—¿Qué vas a tomar?
—Filete de pollo frito.
—Suena bien. Ha pasado tiempo desde que comí uno.
—Cuidado, estamos de acuerdo en algo.
—Tal vez sea la luna llena.
Su sonrisa de chico malo al responder hizo que su corazón tropezara.
Después de que la camarera tomara nota, Draco la miró con descarado interés.
—¿Qué? —dijo malhumorada.
—Ni siquiera sé cuándo es tu cumpleaños.
—No es como si fueras a estar por aquí para hacerme un regalo caro.
—Tenemos que saber alguna cosa el uno del otro antes de la fiesta de compromiso.
Cierto. Especialmente ante las sospechas de que no todo estaba bien en dicho compromiso.
—El 23 de mayo. Tengo veinte y siete años. ¿Y tú?
—El 4 de Abril. Tengo treinta y cuatro.
—Eres un veterano, ¿eh?
Una leve mueca.
—Yo diría experimentado
—Entonces, Sr. Experimentado, ¿qué otros secretos tenemos que compartir?
—Empecemos con las cosas básicas de la primera cita. ¿Cuál es tu comida favorita?
—Filete. Seguido de cerca por el beicon. Seguido de cerca por el chocolate. —Tomó una pajita y la hizo rodar entre los dedos—. Apuesto a que puedo adivinar la tuya.
—No, no lo harás
—Sí, lo haré.
Esa sonrisa malvada de nuevo.
—Te reto a que pruebes.
Hermione lo estudió.
—Esto es demasiado fácil, Draco.
—Sorpréndeme con tu clarividencia, vaquera.
—Salmón al vapor. Arroz pilaf. Brotes de Bruselas. Pastel de queso.
Una mirada afligida cruzó su rostro.
Ella sonrió.
—Lo he clavado, ¿verdad?
Draco se inclinó sobre la mesa.
—No. Ni. Cerca. Pero estoy intrigado por la idea de que me claves.
Oh. Hola lujuria.
—La idea de clavarte también me tiene igualmente intrigada. —Le ofreció una mirada coqueta—. ¿Eres un hombre de muslo o pechuga?
Eso le pilló con la guardia baja y su mirada cayó hasta su pecho.
—Mmm. ¿Qué?
—Del pollo. —Se burló ella.
Sus calientes ojos volvieron a los suyos.
—Mi comida favorita no es el pollo. No es una jugosa pechuga… asada, aunque reconozco que soy más un hombre de las partes traseras que de pechuga.
Hermione parpadeó. Estaba perdiendo rápidamente el control de esta conversación.
—Te voy a dar una oportunidad más para que me claves —dijo Draco con una sexy entonación.
—¿Sólo una? —susurró ella.
La mirada hambrienta de Draco se concentró en su boca.
—Jugar y perder sólo me anima a jugar a lo mismo. Asegúrate de que estás preparada para lo que eso conlleva.
Uf.
—Hablando de comidas favoritas, apuesto a la tuya es alguna pieza de caza que se adapta a tu personalidad. ¿Jabalí?
Sus labios se curvaron.
—Error. Esta ronda la gano yo. Mi comida favorita es el pastel de carne hecho en casa. Seguido de cerca por el puré de patatas con salsa. Seguido de cerca por la mazorca de maíz.
—Santa mierda. Eso es tan... del Medio Oeste para ti, GQ3*.
—¿Sorprendida?
—Mucho. —¿Le gustaba más a Draco la cocina casera que la alta cocina? Hombre. La había sorprendido como cuatro veces hoy—. Es tu turno de adivinar. ¿Cuál es mi película favorita?
—Fácil. La princesa prometida. —Sonrió—. ¿Cuál es la mía?
—Un loco anda suelto —replicó ella.
Draco se echó a reír. Un profundo, ronco, sexy sonido que la sorprendió queriendo sonreír y suspirar al mismo tiempo.
—Prueba otra vez.
—Idiotas (jackass en ingles) —lanzó.
.
Más risas.
—Vale. Me doy.
—Mentiras verdaderas —dijo él.
—Eso parece apropiado.
Silencio.
Hermione jugueteó con la pajita, moviéndola hacia atrás y adelante en el hielo.
Draco se la arrebató de la mano, deteniendo el nervioso movimiento.
Hablando de manos grandes. No eran unas manos suaves, o femeninas, sino que fuertes. Varoniles. Sus dedos eran largos y gruesos, salpicados con el suficiente pelo rubio para ser masculinas, no de simio. Dios. Había pasado mucho tiempo desde que había tenido las manos de un hombre de verdad acariciando su piel desnuda. ¿Draco sería suave? ¿Juguetón? ¿O enérgico?
—¿Hermione?
Ella alzó la mirada. La curiosidad o la culpabilidad que él vio en sus ojos provocó que una chispa de calor estallara en los suyos.
Draco se extendió a través de la mesa hasta que su boca estuvo a un beso de distancia.
—Estaríamos engañándonos a nosotros mismos si pensamos que podemos mantener esto platónico por mucho tiempo.
El timbre gruñón de su voz destruyó cualquier comentario ocurrente que pudiera haber formulado. Ella quería oír ese ruido gruñendo contra su garganta, en su oreja, sobre su vientre, en el interior de sus muslos.
—No me mires de esa manera, —suspiró.
—¿Así cómo?
—Como si quisieras…
—¿No es dulce? Dos tortolitos enamorados cogidos de la mano y murmurándose traviesas tonterías el uno al otro.
Hermione miró India con el asesinato en los ojos. India era la esposa de su hermano Sirius
Draco se recuperó rápidamente.
—India. Encantado de verte tan... redonda. Felicidades.
—Oh, jódete, Malfoy. Los bebés molan, pero el embarazo apesta. —India apoyó la cadera contra el lado de la mesa—. Ya que ahora vas a ser parte de la familia, espero que mi alquiler no suba. Nunca. Especialmente dado que ocultaste la información de que eras nuestro casero.
draco murmuró algo acerca de las falsas expectativas.
Esto estaba mejor. Ver a Draco esquivar las brasas era todo un cambio.
—¿Cómo van los preparativos para la fiesta de compromiso?
Hablando de un descanso corto.
—Mamá está haciéndolo todo. La madre de Draco viene el próximo viernes para ayudarla. Nos vamos a mantener fuera de su camino.
—Entonces, ¿cómo es que terminasteis juntos? —preguntó India.
Hermione cambió de tema.
—¿Te sientes bien?
—Malditamente bien. Gorda como un sapo. Por cierto, no he visto un cambio de tema peor, así que encájalo y responde a mi pregunta.
—El embarazo ha hecho que te vuelvas mala.
—Más mala. Empieza a contarme cómo empezó este amor.
—Os culpamos a Sirius y a ti.
Draco estaba más tieso que una tabla frente a ella.
—¿Qué tenemos nosotros que ver con esto? —exigió India.
—Fue en vuestra boda cuando Draco y yo nos dimos cuenta por primera vez de la atracción del uno por el otro, ¿no es cierto, querido?
Él asintió con la cabeza y le besó la mano.
—Una vez que empezamos a trabajar juntos... fue inútil resistirse.
—Fue el destino —murmuró Draco.
—Esta mierda cursi me hace querer vomitar —dijo India.
La camarera dejó su comida.
—India, tu pedido ya está. Lo preparo y te veo en la caja.
—Gracias.
—¿No cocinas esta noche? —preguntó Hermione con inocencia.
—Oh, eres tan divertida como mi marido. Estoy muerta de hambre todo el tiempo. —Ella gritó—, ¡Oye, Bea! ¿Puedes añadir una docena de galletas también?
Y con eso India se alejó contoneándose.
—Las mujeres embarazadas se distraen tan fácilmente con la comida.
Draco frunció el ceño.
—¿Hay algún lugar donde poder ir en esta ciudad sin toparse con uno de tus parientes?
—Nones. —Hermione le soltó la mano y cogió su cuchillo, medio resentida, medio contenta de que India hubiese arruinado el momento.
Draco no se sorprendió de que terminaran la comida casi en silencio. En un tiempo récord también.
Pagó la cuenta y Hermione encabezó la subida hasta el apartamento. La idea de ver el movimiento de su sexy culo y sus largas piernas mientras subía las escaleras hizo que su polla se pusiese dura.
Malditos parientes. Casi había admitido que lo deseaba tanto como él la deseaba ella. Ese era el maldito punto, estaba jodido si lo hacía y estaba jodido si no lo hacía. También podía tomar todo el espectacular y caliente sexo, mientras pudiera conseguirlo.
—¿Hermione?
—En el salón.
Ella se había acurrucado en su rincón favorito del sofá y se movía a través de los tres canales.
—¿Cuando se supone que vendrá la compañía de cable?
—Mañana. Entre las ocho y el mediodía. ¿Estarás por aquí?
La mirada de Hermione se posó en él.
—¿Por qué? ¿No vas a estar aquí para hacerte cargo? Fue idea tuya.
Draco se dejó caer en el sofá.
—Las cosas se fueron a la mierda y estaré volando a Iowa a primera hora de la mañana para arreglarlo. Estaré de vuelta la noche del viernes, sábado por la mañana, a más tardar.
—Guau. Espera un segundo. El sábado por la noche es nuestra fiesta de compromiso. ¡No te puedes perder eso! La única razón por la que hacemos la estúpida fiesta es que la gente piense que nos vamos a casar. ¿Sabes lo humillante que va a ser si no te presentas?
—Voy a estar aquí, ¿vale?
—Será mejor que lo estés. Lo digo en serio. Que Dios me ayude, Draco Malfoy, si no estás a mi lado con una falsa sonrisa de mierda que rivalice con la mía, te cazaré y despellejaré cada pedacito de tu pálida piel con un látigo.
Su falta de fe en él lo molestó.
—No me amenaces.
—No es una amenaza. Es una promesa.
—Grandes palabras, chica dura.
—Sólo digo... —Ella se apartó.
—Dame el maldito control remoto.
—Bien. —Hermione se lo tiró.
Después de diez minutos de soportar una comedia insípida, ella habló.
—¿Dónde deja mi proyecto lo de volar a Iowa esta semana?
¿No la ponía de mal humor la interrupción en el restaurante, pero la irritaba aplazar el negocio? Eso lo molestó mucho más.
—No importa si yo estoy aquí o no en esta etapa. He permanecido por aquí para consolidar nuestra tapadera.
—¿Ansioso por volver a tu vertiginoso estilo de vida en Denver?
—Sí, un gran estilo de vida. He estado muy ocupado tratando de ponerme al día el último par de años, después de que todo se fuera al infierno. Un alto nivel de vida no ha sido mi prioridad número uno. —Él la miró, preguntándose si sonaba amargado—. ¿Qué?
—¿Qué es peor? ¿Qué ella te dejara por él? ¿O la pérdida del socio?
Nadie le había hecho nunca esa pregunta.
—Las dos cosas. Todo se desplomó como un castillo de naipes.
—¿Tu gente llegó a conocerla?
Draco se echó a reír.
—¿Estás bromeando? Habría sido como un episodio de Green Acres (5) *
—¿Así que estás avergonzado de haberte criado en una granja?
—Sí. Por favor, ¿podemos…?
—¿Por qué? Damien no estaba avergonzado.
—Damien era un vaquero de rodeo y le calza a su persona. Soy un arquitecto y le resta valor a la mía. Hay una gran diferencia. ¿Cuántos hombres has traído a casa a conocer a tus padres?
—Buen punto. Pero si no traje aquí a mis citas no fue porque mis raíces rurales me mortificaran. En general me daba vergüenza la clase de tipos con los que estaba saliendo.
Su honestidad lo sacudió hasta la médula y lo impulsó a seguir su ejemplo.
—Mira. Mis padres no sabían nada de Pansy, excepto que salimos y nos separamos. Tampoco saben por qué mi asociación con Crabbe no fue bien. Nada de eso importó, porque mi padre tuvo un ataque cardíaco fulminante un mes después.
—¿Por eso Damien abandonó la gira de PBR?
—Sí. Se ha hecho cargo del funcionamiento de la granja, que es lo que mi padre y él siempre habían querido. Ninguno de nosotros esperaba que fuera tan pronto. —A Draco le enfurecía que su padre hubiese trabajado hasta conseguir una muerte prematura. Le enfurecía y entristecía—. De todos modos, Damien se mantiene atento a mamá.
—¿Alguna vez les ayudas?
—Si te refieres a darles dinero para acallar mi sentimiento de culpa, sí. Si te refieres a sentarme en la cosechadora o -ir a casa a encarame con mi pasado- a ponerme un mono y palear estiércol, no.
—Así que no saben…
—No. Mantengo mis negocios y mi vida personal separados —dijo secamente.
Cuando ella abrió la boca para discutir, Draco la hizo callar con una dura mirada.
—No pretendas analizar la forma en que manejo mi vida familiar cuando tú manejas la tuya de la misma condenada manera.
La cabeza de Hermione se dejó caer hacia atrás, apoyándose en el almohadón del sofá.
—Nunca vamos a sacar esto adelante, Draco. No podemos estar ni cinco minutos sin apuñalarnos el uno al otro.
—Hemos conseguido más de cinco minutos en el restaurante.
—Pura suerte. Un rayo no golpea dos veces en el mismo lugar.
—Entonces vamos a forzarlo a golpear de nuevo.
—Guau. Eso suena divertido. No.
Sólo para ser obstinado, se acercó más a ella.
—Tu segundo nombre es Jean. ¿Cuál es el mío?
—¿Drac... Off Malfoy?
—Muy divertido. Mi segundo nombre es Michael.
—Draco Michael Malfoy. Suena un poco como…
—Chas Michael Michaels (7)* —dijeron al mismo tiempo.
Él sonrió.
—Tal vez tenemos algunas cosas en común.
—Nombra alguna cosa, además de películas surrealistas.
—A los dos nos gustan los niños de Harry.
—Cierto.
—¿Y los deportes?
—Me gusta el rodeo.
—¿Eso es todo?
Hermione se encogió de hombros.
—Sí.
—Me lo imagino. Veía VERSUS (8) cuando Damien estaba en el circuito PBR, pero después de que lo abandonara dejé de verlo. ¿No te gusta el fútbol o el béisbol?
—Uf. No. Los hombres ven cualquier cosa con pelotas. Por eso me sorprende la homofobia de los hombres. —Le miró de reojo—. Si me dices que te gusta la lucha libre o el patinaje artístico te tejo un jersey con el arco iris, GQ.
Dios mío, Hermione era un dolor en el culo. Él deseaba tanto besar esa inteligente boca que rayaba en el ridículo.
Draco pasó el brazo sobre el respaldo del sofá, sintiéndose como un adolescente tratando de llegar a la segunda base. Ja. Prueba de nuevo. No has llegado ni a la primera base con ella.
Todavía.
Ella no reaccionó a que él estuviera invadiendo su espacio.
Mujer testaruda. Si Hermione no lo reconocía, la aguijonearía.
—¿Qué estabas a punto de decir en el restaurante antes de que India nos interrumpiera?
—No recuerdo —respondió ella con ligereza.
—Y una mierda.
—En serio. No lo recuerdo. Te he dicho que tengo muy poca capacidad de atención.
Él cacareó un par de veces.
Ella le pinchó el estómago con el codo.
—No me asusto de nada.
—Demuéstralo. Dime.
Hermione se debatió. A continuación, sus palabras salieron atropelladamente, con urgencia:
—¿Por qué me miras así?
—¿Así cómo? —preguntó él tontamente, aun cuando lo sabía.
—Como si quisieras devorarme. Ya me miraste así en una ocasión. En la recepción de la boda de Sirius e India. ¿Recuerdas?
El recuerdo lo tomó por sorpresa. Después de que su vida en Chicago se fuera a la mierda, se había escondido en casa de Harry y Ginny para tratar de aclarar sus ideas. Ante la insistencia de Harry, había ido a la recepción de la boda de Sirius e India. Había acabado tomando tragos de whisky con Harry, Cedric y Remus. Ver la unión de los hombres con sus esposas sólo aumentó su sentido de aislamiento, de desilusión. Su profundo temor de que nunca sería digno de ese tipo de amor y devoción, y mucho menos de encontrarlo. No importaba cuánto bebiera, se sentía completamente sobrio... hasta que clavó los ojos en Hermione Granger. Hablando de quedar pasmado. Ella era impresionante. Cuando sus ojos se encontraron, una primitiva necesidad lo consumió.
Draco había cruzado el recinto, tomado su mano y conducido fuera de la carpa sin una sola palabra. No le importaba que ella llevara zapatos de tacón alto. No le importaba que llevara un largo y formal vestido de dama de honor. No se había preocupado por nada, excepto de apagar su lujuria con su cuerpo sexy y núbil, mientras miraba en sus increíbles ojos chocolate.
Cuando finalmente estuvieron solos, Draco no podía expresar ni un pensamiento coherente así que la besó.
Fue el beso más explosivo que nunca había experimentado. Les puso, literalmente, de rodillas. Rodaron por el suelo en medio de la fría tierra, las piedras y la paja. Cada beso quemaba más calientemente. Cada toque construía una pura y cegadora ansia de más. Los susurros urgentes de Hermione hicieron cosquillas en su oído mientras sus manos manipulaban la hebilla de su cinturón.
Ahí es donde el recuerdo se volvía borroso. Diablos, era donde se terminaba por completo. Horas más tarde, Draco se despertó solo, congelado, con los pantalones desabrochados. Le dolía el estómago, probablemente ella le había puñetazo en el estómago después de caer prematuramente en la embriaguez. Su cuerpo había elegido un mal momento para sucumbir al whisky.
A pesar de que nunca habían hablado de lo que había ocurrido, desde ese momento, Hermione Granger había odiado tenerle a la vista.
No es que él la culpara. Ni siquiera podía mirarla ahora.
—No sé cómo interpretar esa mirada ahora mejor que entonces —dijo ella, sutilmente trayéndolo de vuelta al presente.
Draco enredó los dedos en su pelo.
—¿Cuánto tiempo podemos continuar fingiendo que no estamos imaginándonos haciendo el amor hasta que se nos derritan los sesos?
—"Gato escaldado del agua huye" Draco. Coquetear para dar credibilidad a nuestra "tapadera" es una cosa. Más allá de eso... no pasará.
Él le dio crédito. Hermione no se deslizó fuera de su alcance para demostrar su punto.
—Entonces, ¿si te besara en este momento?
—Lo disfrutaría, pero eso es todo lo lejos que iría.
—Podemos ir directamente a la cama, a siete metros de aquí —dijo con un ronroneo de seda—. No tenemos nada más que tiempo.
Los ojos de Hermione se abrieron con cómico sarcasmo.
—Oh. ¿Y no necesitarías tiempo para buscar tu frasco de Viagra?
Draco la tiró del cabello.
—Para tu información, botón de oro, no necesito ningún Viagra de mierda.
—¿De verdad? —Ella le golpeó la mano hasta que le soltó el cabello—. Hubiera sido muy útil hace tres años cuando puse mi mano en tu desinflado pene.
El humor de Draco se desvaneció mientras surgía su orgullo.
—¿Quieres saber por qué perdí mi erección esa noche? —Draco tiró de ella hasta que quedaron nariz con nariz—. Porque te imaginaba follando con mi hermano pequeño. Me di cuenta de que no quería ser plato de segunda mesa.
Hermione lo empujó y saltó del sofá.
—Eso es una mentira interesante, señor Polla Floja. Sigue creyéndotelo si sirve a tu auto-impuesta reputación como semental.
—¿No me crees?
—Alcanzaste el punto más alto en mi medidor de gilipolleces. Se llama "Polla de Whisky" por una razón, Drac-off.
Silencio.
Jesús. Compórtate como hombre. Ella se merece algo mejor.
Cuando Draco comenzó a disculparse, a admitir su vergüenza por el incidente y a pedir una nueva oportunidad, Hermione se cernió sobre él, temblando de furia.
—Que te vaya malditamente bien en Iowa. Pero si no te presentas el sábado por la noche, te perseguiré y te despellejaré vivo, empezando por tu blanda polla. No es una amenaza, es una promesa. —Ella se retiró a su dormitorio y cerró con un portazo.
No lo que había estado buscando para esta noche. Para nada. Y, sin embargo, no estaba sorprendido. Excitado, pero no sorprendido.
Viagra.
Esa sí que es buena.
Draco se acomodó la erección. Consideró romper la maldita puerta, dejar caer sus pantalones y demostrarle que la palabra "blanda" no existía cuando estaba en su presencia.
Seguro. Excelente plan. La vaquera bocazas probablemente tenía escopetas debajo de su cama.
Al diablo con eso. Draco no iba a dar marcha atrás. Sin embargo, presionar esta noche olería a hostigamiento.
Pero esto estaba lejos de terminar.
2 Nota: CG es el acrónimo de Contratista General, GC en inglés. En un proyecto es el responsable del suministro y contratación de cualquier recurso y/o servicio necesario para la ejecución del proyecto.
3GQ es una revista de moda masculina.
4Jackass es una película de la MTV donde el reparto se somete a una serie de pruebas arriesgadas y en ocasiones dolorosas para divertir a la audiencia
5Green Acres es una comedia televisiva de los años 60 que trata de un matrimonio de Nueva York que se va a vivir a una granja.
6PBR es el acrónimo de "Professional Bull Rodeo".
7 Chass Michael Michaelis es el personaje que interpretaba Wil Ferrell en la película "Patinazo a la gloría", una comedia sobre un par de hombres que participan en los campeonatos de patinaje como pareja.
8 VERSUS es un canal de televisión.
Adelanto del próximo capitulo
''….Draco sonrió cuando su madre abrió la boca y le apretó el brazo.
Su hermano se introdujo en la conversación.
—Bueno, ¿no es genial? Todos juntos celebrando que mi hermano mayor me robó la novia para quedársela él mismo.
—Damien Malfoy . Qué cosa tan horrible le dices a tu hermano.
—Es cierto. Draco quería, no, me animó, a romper con Hermione para poder tenerla. Astuto, ¿eh? …''
besos y libros
Blue nayade
