Los personajes no me pertenecen. Son propiedad de JKRowling y es una adaptación de la historia de Lorelei James.
Gracias a lahistoriacontinua por sus comentarios y saludos. disfruta este capitulo.
Espero estar publicando de ahora en delante al menos dos veces por semana.
Dicho lo siguiente: Paseen y lean.
CAPÍTULO 07
Joder, iba a matarle.
Draco no estaba aquí todavía.
Su avión había salido retrasado de Des Moines. Habían hablado brevemente una vez pero no sobre la farsa en la que se presentaban a su familia y amigos... en menos de una hora.
—¿Nerviosa, querida?
Hermione se giró y sonrió a la madre de Draco, Narcisa Malfoy.
—Sí. He estado en fiestas de compromiso antes, pero nunca en la mía. Tiendo a ponerme nerviosa ante las situaciones nuevas.
—Draco también, si eso te sirve de consuelo. Pero estoy segura de que eso ya lo sabías
No, no tenía ni idea de que el infalible Draco Malfoy experimentara momentos de ansiedad. ¿Quién mejor que su madre para compartir sus debilidades?
—¿En serio? Me ha ocultado eso. Él siempre está preparado...
—Estoy segura de que lo ha superado. Todos superamos la adversidad. —Narcisa iba de aquí para allá con el cinturón del vestido de Hermione—. Mi Draco es un hombre bueno. No podría haber mantenido la Plantación después de que Lucius muriera si no hubiese sido por el apoyo financiero de Draco.
Hermione se quedó sin habla. Obviamente Narcisa quería conectar con ella, independientemente de que Draco se quedaría lívido si supiera que ella estaba al tanto de los detalles íntimos de los problemas financieros de su familia.
—Escúchame diciendo tonterías. Sé que te lo he dicho cientos de veces, pero estoy contenta de que haya dado contigo, Hermione. Esperemos que se tome tiempo para disfrutar de la vida contigo. Tú serás buena para él.
—¿Por qué?
—Me imagino que lo sacarás de su mierda.
—¡Narcisa!
—Oh, por favor. Draco es un hombre que espera estar al mando de todo, todo el tiempo. Necesita una mujer fuerte que se enfrente a él. Que le baje los humos y lo mantenga con los pies en la tierra, haciendo interesante su vida, eso seguro.
Hermione sonrió. Realmente adoraba a la estilizada y dulce viuda con tan buena disposición. Lástima que la única cosa que Draco había heredado de Narcisa fuesen sus ojos grises.
—Gracias por venir a ayudar a mi madre a preparar esto.
Hizo un gesto con la mano, quitando importancia a la gratitud de Hermione.
—Ha sido un placer estar con tu familia. Las mujeres de tus hermanos son sin duda un grupo fértil.
—Nada más cierto.
—Vas a tener que recurrir al juego de las pajitas para elegir al portador del anillo.
Porque se sentía de mal humor, Hermione, dijo:
—Espero que Draco y yo seamos bendecidos con la misma fecundidad. Él quiere un montón de niños. De inmediato.
Toda la cara de Narcisa se iluminó.
—¿En serio? Bueno, Draco no es exactamente un jovencito, ¿verdad? Y me encantaría tener nietos a los que mimar.
—Asegúrate de preguntarle a Draco sobre eso cuando lo veas. —Hermione le guiñó un ojo y se fue, sintiéndose... culpable. Era una jugada muy sucia meter a su dulce madre en su conflicto.
—Hermione, cielo, ¿puedo hablar contigo un segundo?
Ella simuló una sonrisa para ocultar su mirada culpable antes de enfrentarse con su madre.
—Por supuesto. ¿Qué quieres?
—Sígueme. —Su madre la llevó desde el salón principal a un pequeño despacho al final del pasillo. Tras cerrar la puerta, se apoyó en el escritorio metálico.
—¿Ma? ¿Qué pasa?
—Nada. —Carolyn Granger suspiró—. Eso no es cierto. Con todos los preparativos para la fiesta no he tenido tiempo de hablar contigo a solas. —Recorrió a Hermione con una mirada escrutadora —. Sería negligente en mis responsabilidades de madre si no te preguntará si estás segura sobre lo de casarte con Draco.
El estómago de Hermione se contrajo.
—¿Por qué?
—No parece ser exactamente un matrimonio por amor, y cuando estáis juntos...
—Mamá. No nos has visto juntos, excepto cuando os dijimos que estábamos comprometidos.
Su mirada se estrechó.
—Tal vez por eso estoy preocupada.
Maldita sea. Había que reconducir el tema.
—Ambos estamos ocupados. Ha estado fuera…
—Esa es otra cosa que me preocupa. Soy lo suficientemente egoísta como para querer que vivas aquí, con el resto de nuestra familia, pero soy lo suficientemente realista como para comprender que no podrá ser posible con el trabajo de Draco. Él va a ser tu marido. Tendrás que estar con él, dondequiera que esté, y dudo que sea en Wyoming.
¿Cómo se supone que Hermione podía disipar los infundados temores de su madre?
—Mi clínica está aquí. Mi vida está aquí. Mi familia está aquí. Yo no voy a ninguna parte.
—Por mucho que me agrade escuchar eso, prométeme que no te casarás con Draco si no estás absolutamente segura de que es lo correcto.
Hermione frunció el ceño.
—¿Por qué dices eso?
Su madre apartó un rizo de la mejilla de Hermione.
—Porque contrariamente a la opinión general de nuestra familia, no eres impulsiva. Este compromiso nos ha sorprendido a todos. Reconozco la mirada salvaje en tus ojos, Hermione. Yo tenía esa misma mirada temerosa cuando me comprometí con tu padre. Desde que eras una niña me ha preocupado que nunca encontraras un hombre que estuviese a la altura del pedestal en el que has puesto a tus hermanos y a tu padre.
—¿No crees que Draco esté a la altura?
—Cariño, deberías responder tú misma a esa pregunta, no yo.
Llamaron y un segundo después su padre asomó la cabeza por la puerta.
—La gente está empezando a llegar, Caro. ¿Quién va a recibirlos y saludarles?
—Ginny y Luna.
—¿Alguna idea de dónde están?
—No. Espera, voy a para allá.
Él asintió con la cabeza y cerró la puerta.
—Condenado fisgón —murmuró su madre—. Lo último, lo prometo. Extiende tu brazo. —Una pulsera de plata colgaba de sus manos. La puso alrededor de la muñeca de Hermione y la abrochó—. Mi madre me la dio cuando me comprometí con tu padre y ahora te la doy a ti.
Entre cada cuenta de cristal había un eslabón de acero, dándole una fuerza que contradecía su delicado aspecto. Los ojos de Hermione se inundaron con lágrimas. Se le hizo un nudo en la garganta.
—Oh, mamá, gracias. Es precioso.
—Como tú. De nada. Espero que te traiga buena suerte. —Besó a Hermione en la frente—. Te quiero, nena. Se feliz con Draco. Si eso significa que tienes que vivir con él en Denver o en el Congo, que así sea. La felicidad en tu vida es lo único que siempre he querido para ti. —Su madre se fue arrastrando los pies.
Confundida por la gran cantidad de emociones, Hermione se escondió en la oficina durante otros diez minutos. Después de un tiempo, se aventuró a salir. Ella y Draco entraron en la habitación principal al mismo tiempo.
Oh. Dios. Mío. Hablando de estar en un pedestal. No, el hombre estaba en uno propio por su atractivo. Vestía un traje negro que parecía informal, pero cuyo corte y tela gritaban caro. Sin corbata. Había dejado el último botón de su camisa blanca inmaculada sin abrochar, dejando al descubierto la gruesa columna de su garganta. Hermione tenía la necesidad incontrolable de correr hacia él, presionar sus labios en el vulnerable punto situado encima de la clavícula y saborear su piel.
Pero Draco no le dirigió esa sonrisa que hacía temblar sus rodillas. Le frunció el ceño. A ella. En su maldita fiesta de compromiso.
Gilipollas.
Indiferente al público, Hermione cruzó la sala actuando como si le importara una mierda que él hubiera aparecido. Lo que lo cabreó.
Sin embargo, sus calientes ojos nunca rompieron el contacto con los de Hermione.
Ella se aferró a las solapas de su chaqueta, utilizándolas para ponerse de puntillas.
—Un traje perfecto para un funeral, GQ. —Presionó la boca contra la suya en un breve y duro beso.
Las manos de Draco rodearon la parte superior de sus brazos. Parecía que la estaba acercando, cuando en realidad, estaba empujándola hacia atrás.
—¿Estás decidida a cabrearme de entrada?
—Síp. ¿Está funcionando?
—No tienes idea de cuánto.
—Qué alegría, mi vida está completa —habló contra su garganta—. Si no hubieras aparecido, te habría perseguido y castrado, Drac-off.
—Gran discurso.
—Ah, ¿sí?
—Te garantizo que si alguna vez pones tus manos en mi miembro de nuevo, cortarlo será la última cosa que tengas en mente, botón de oro.
Ella soltó un bufido.
—¿No eres muy engreído?
—Sólo cuando está justificado. —Draco le dio un beso en la sien y le acarició con la cara la cabeza—. No me presiones Hermione, no estoy de humor.
—Ah. Me importa una mierda que tengas uno de esos días malos cuando yo he estado aquí sola durante los últimos tres malditos días, contestando a preguntas sobre nuestra supuesta relación.
—Por Dios santo, no es como si yo hubiese estado de vacaciones. He estado en Iowa. En un jodido campo de maíz.
—¿Dices que te han jodido en Iowa?
Draco gruñó.
Ella sonrió. Hermione uno; Draco cero.
Cualquier persona que los observara vería unos amantes abrazados en un momento de intimidad. No vería el golpe que Hermione colocó en su mandíbula o el mordisco en la parte superior de su oreja que él le dio en respuesta. Ella contuvo el aliento a duras penas ante el agudo dolor.
—Bastardo.
—¿Me has echado de menos?
—Como a una úlcera sangrante que rezuma dolor.
Draco se echó a reír y la liberó.
—Ahora si me disculpas, tengo que localizar a mi madre. —Giró sobre sus elegantes zapatos y se dirigió a la cocina.
Maldito y frustrante hombre. Ella se dirigió hacia la dirección opuesta, aun cuando quería seguirle para ver lo que estaba haciendo.
En el momento en que Hermione desapareció de la línea de visión de Draco, él cerró los ojos y se desplomó contra la pared. Pulso acelerado, polla dura, sequedad de boca.
Maldita sea. Esa vaquera insolente sería su perdición. Jesús. ¿Tenía que lucir tan malditamente fantástica? Una mirada al pecaminoso y curvilíneo cuerpo de Hermione embutido en ese ceñido vestido de estrella porno, y cualquier objetividad se hundía en la lujuria que aturdía su cerebro. No podía dejar de pensar más que en detener sus insultos con su boca. Sus labios. Sus dientes. Su lengua.
Mantén el control, joder.
—¿Tienes un minuto, Malfoy?
Sobresaltado, Draco abrió los ojos. ¿Cómo se había acercado Remus Granger tan sigiloso y rápidamente a él?
Porque estabas inmerso en una fantasía con tu sexy novia, una mujer que prefiere escupirte a besarte.
—Claro, Remus. Me alegro de que hayas podido venir a la fiesta.
El hombre se plantó delante de Draco, con los brazos cruzados, la postura amenazante.
—Aquí es donde quería estar. Si haces una única maldita cosa que la lastime, te destripo.
Draco esperó, suponiendo que vería a Remus sonreír y decir: "Sólo estoy bromeando, hombre, bienvenido a la familia".
Pero los llameantes ojos cafes de Remus, idénticos a los de Hermione, se negaban a romper el contacto.
—¿Entendido?
—Sí.
—Bien. —Remus se alejó caminando sin decir nada más. Pero lo suficientemente lento como para que Draco vislumbrara la funda del cuchillo adosada al cinturón de Remus.
Esta iba a ser una noche malditamente larga.
Durante la siguiente hora, mientras que sus amigos y familiares se mezclaban, Draco y Hermione se mantuvieron tan lejos el uno del otro como era posible. Nadie se dio cuenta, y por primera vez Draco agradecía que la familia de Hermione fuera tan grande.
Pero él la observaba. Constantemente. Ella tenía una niña de pelo y ojos oscuros apoyada en la cadera mientras hablaba con su prima Lavender. Dos hombres, los maridos de Lavender, se acercaron y besaron a Hermione en la mejilla. Trevor tomó la sonriente niña de los brazos de Hermione, mientras Ron frotaba cariñosamente el vientre de Lavender y le murmuraba algo. Un chico rubio atravesó corriendo el círculo antes de reunirse con la banda itinerante de niños, que parecían ser más de veinte.
Más miembros de la familia se unieron al grupo y Draco trató de recordar el nombre de todos.
¿Por qué? No es que importe que sepas sus nombres. Esto es una farsa, ¿recuerdas?
Escuchó a dos mujeres mayores especular sobre lo salvaje que sería la fiesta de despedida de soltera de Hermione. Volvió a llenar su copa por tercera vez, deseando que alguien le hubiera puesto algo de alcohol al ponche.
El pelo de su nuca se erizó. Draco se volvió lentamente. Estupendo. Granger número dos.
—Cedric. Me alegro de verte.
Cedric soltó un gruñido. Miró a su alrededor y se inclinó hacia él.
—Considera esto como un único aviso, Malfoy. Si alguna vez le haces daño, te destripo.
Jesús.
—Tomo nota.
—Sólo quería que lo supieras.
—Te lo agradezco.
Sin decir una palabra, Cedric caminó de vuelta hacia su dulce esposa y escandalosos hijos.
Draco se entregó a una pequeña charla con un par de rancheros que habían trabajado con los Grangers durante años. Pero mientras los escuchaba cortésmente hablar de la sequía, los elevados precios de los piensos, los bajos rendimientos y la interferencia del gobierno, su mirada buscaba continuamente a Hermione. Ella reía y saltaba de un grupo a otro, la hermosa personificación de un espíritu libre. Entonces se dio cuenta de que su mano se apretaba en un puño en su costado. ¿Quería golpear a alguien? ¿A quién?
A ti probablemente.
Por alguna razón, eso hizo sonreír a Draco.
—Mientras te escondes por aquí, quiero aprovechar la oportunidad para decirte que si le haces daño a un solo pelo de la cabeza de Hermione, te destripo.
Su sonrisa se esfumó y miró de reojo a Sirius Granger.
—¿Tenemos eso claro?
Draco sabía que cualquier intento de tranquilizar a todos los hombres Granger asegurándoles que nunca causaría angustia alguna a su preciosa Hermione sería contraproducente cuando el "compromiso" se fuera al infierno. Mantuvo su sencilla mentira.
—Entendido.
Sirius asintió con la cabeza y se alejó.
Quedaban otras dos horas de fiesta. Si Draco se pegaba a la gente, tal vez pudiera evitar las divertidas amenazas de los restantes hermanos de Hermione.
Como si presintiera que la estaba mirando embobado, Hermione ladeó la cabeza y lo miró de frente. Suponía que la sonrisa con los labios apretados que le dedicó era mejor que si le hubiese enseñado el dedo medio, pero no por mucho.
—Es curioso ver como mi hermanita no tiene la mirada de ojos saltones de una mujer loca de amor. Parece como si quisiera darte un puñetazo en la cara —comentó Theo Granger detrás de Draco.
Jodidamente fan-tás-ti-co.
—Conoces a Hermione. Ella se enfada primero, y atiende a razones después. Estará bien, cuando estemos a solas y esto termine.
—Dicho esto... y hablando extraoficialmente, no como agente, sino como hermano de Hermione...
Draco esperó.
—Si le causas un solo segundo de dolor, te destripo. ¿Entendido?
—Alto y claro.
Theo lanzó un gruñido y se fue arrastrando los pies.
Imaginar sus sangrientas tripas arrastrando por el suelo empezaba a ser habitual. Tal vez nadie se diera cuenta si se escabullía ya que la mayoría de los asistentes eran familiares y amigos de Hermione.
¿Qué diría eso de él?
Una mano aterrizó en medio de su espalda y Harry Granger se deslizó a su lado.
—Así que tú y Hermione, ¿eh? Tengo que admitir, que eso no lo vi venir.
—Yo sí —refunfuñó—. He estado loco por ella desde la primera vez que la vi en tu casa cuando era solo una niña.
Harry se echó a reír. No de forma agradable.
—Es bueno que nunca me lo dijeras antes de poner un anillo en su dedo.
—¿Por qué?
—Es mi hermana pequeña. Tengo que cuidar de ella y asegurarme de que no se lía con algún cabrón.
Draco se erizó.
—¿Estás sugiriendo que no soy lo suficientemente bueno para ella?
—Síp. Si alguna vez tengo la más ligera idea de que de alguna manera le has hecho daño, te lo advierto de antemano, voy a destriparte, Malfoy, viejo amigo o no. ¿Entiendes?
—Capto la indirecta.
—Bien. —Harry le dio de nuevo una palmada en el hombro—. Un hombre inteligente. Veo que los chicos han regresado de coger galletas a escondidas. Voy a cazarlos. —Y Harry se fue.
¿Podría el día de hoy ser más extraño?
Otro conjunto de pasos se detuvieron detrás de él. Draco se preparó para un nuevo "amigable" aviso de otro miembro masculino del cuchillo fácil y psicótico clan Granger. Pero la dulce voz de su madre sonó.
—Es una bonita fiesta, ¿no?
—Gracias a ti, por lo que he oído. —Draco la abrazó con fuerza, sintiéndose ridículo por la necesidad infantil que tenía por su madre. Se consoló de inmediato con su presencia, su suavidad y el aroma familiar de su siempre presente perfume Jean Nate—. Lo siento, me tuve que ir esta semana, cuando estabas aquí.
—No te preocupes, hijo. A todos los efectos, estoy retirada. Sé que eres un hombre muy ocupado. Me gustó pasar tiempo con Hermione. Es como una bola de fuego, esa chica. Y su familia es maravillosa.
Sí, son un buen grupo cuando no están amenazándote con destriparte.
Su madre quitó una pelusa de su solapa.
—Estoy encantada de que vayas a casarte con una mujer perfecta para ti.
La mirada de Draco se concentró en la tentadora Hermione, gesticulando mientras hablaba con un grupo de mujeres de pelo blanco. Jóvenes. Mayores. Hombres. Mujeres. No importaba. Ella siempre estaba rodeada de gente. Hermione los atraía como abejas a las flores. Hombre, ella era muy dulce. Y sexy. Y estaba cabreada como el infierno con él.
Hermione lo sorprendió mirándola de nuevo, y no tan sutilmente, se rascó la mejilla con el dedo medio.
Su polla se agitó y le sonrió.
Sí, estaba loco por ella si sólo por sacarle el dedo lo excitaba.
—Veo que la miras todo el tiempo.
Sintiéndose culpable, volvió la atención a su madre.
—Es mi prometida. Por supuesto que la estoy mirando. ¿Te parece extraño?
—No. Me parece dulce. No muestras este lado de ti mismo con frecuencia en estos días y me alegro de que lo estés compartiendo con ella.
Antes de que Draco formulara una respuesta, su madre agregó:
—Pero me sorprende que insistas en formar una familia de inmediato. —Su mirada se desvió al montón de hijos de los Granger que corrían entre la multitud.
Sus ojos se centraron en ella.
—¿Dónde escuchaste eso?
—Hermione me lo dijo.
—¿Cuándo compartió Hermione ese chisme?
—Hoy, temprano. Dijo que no te estás volviendo más joven y que no quería que la gente te confundiera con el abuelo de sus hijos en las fiestas escolares.
Qué buscapleitos. Esa pequeña mocosa se había ganado que se lo devolviera con creces.
—Reconozco esa forma de fruncir el ceño como un "métete en tus propios asuntos", Draco.
Ah infierno, ahora había herido sus sentimientos. Hoy no daba una.
—Mamá...
—No tenía intención de hablar de más. Y entiendo lo mucho que valoras tu privacidad. Pero para ser honesta, no puedo esperar a tener nietos que mimar. Cuanto antes, mejor.
—Planeo tener un montón de práctica haciendo bebés. Pronto. —Draco sonrió cuando su madre abrió la boca y le apretó el brazo.
Su hermano se introdujo en la conversación.
—Bueno, ¿no es genial? Todos juntos celebrando que mi hermano mayor me robó la novia para quedársela él mismo.
—Damien Malfoy . Qué cosa tan horrible le dices a tu hermano.
—Es cierto. Draco quería, no, me animó, a romper con Hermione para poder tenerla. Astuto, ¿eh?
—Terminemos con eso. Eso fue hace años. Lo que fuera que pasara entre vosotros dos… —advirtió a Damien con la mirada que no pusiera a Hermione en una mala situación delante de su madre— …pasó y terminó. Mi camino y el de Hermione se cruzaron mucho antes de que tú entraras en escena así que, técnicamente, ella fue mía primero.
Damien, beligerante, cruzó los brazos sobre el pecho.
—Debes haber obrado algún tipo de magia en ella, porque Hermione te odiaba Draco. Ella te llamó…
—Me llamó de todo, lo sé. En realidad, ahora nos reímos de eso. A veces, Hermione, incluso lo utiliza como una expresión de cariño. —Sonrió y le dio un abrazo a su madre con un solo brazo—. Hablando de... necesito hablar con mi muy pronto ruborizada novia.
Draco sintió la ira de Damien chamuscado su pelo mientras caminaba hacia Hermione, que estaba rodeada de sus amigos. Una lástima, hermano. Que te jodan. Ahora es mía. Se mantuvo en las afueras del círculo, esperando que su amada se percatara de su presencia.
No lo hizo.
Entonces Draco puso su barbilla en su hombro y palmeó su cintura, tratando de no distraerse con el maldito olor a lilas.
—Hola, nena.
Hermione inmediatamente se puso rígida.
Todos en el grupo lo notaron. La medio-regañó:
—Relájate. No voy a hacerte cosquillas delante de sus amigos. —Bajó la voz—.Todos mis lugares favoritos para hacerte cosquillas quedan estrictamente entre nosotros.
Se oyeron risas sofocadas.
—De todos modos, ¿podéis disculparnos? Necesito robárosla un minuto.
Siguió un murmulló de asentimiento. Y milagro de los milagros, Hermione no discutió.
Draco apretó su mano y la arrastró afuera.
A mitad de camino, en el pasillo vacío, Hermione tiró de la mano para escapar de su control. Se puso las manos en las caderas.
—¿Qué es tan importante para que tengas que arrastrarme afuera?
—¿En qué diablos estabas pensado cuando le dijiste a mi madre que vamos a formar una familia, por Dios santo, una gran familia, justo después de que las campanas de boda dejen de repicar?
Su boca se frunció en una sonrisa pícara.
—Estaba cimentando nuestra tapadera, Draco. Pensé que te haría feliz.
Él la espetó,
—No hay nada en esta situación que me esté haciendo feliz, Hermione. Sobre todo, no con todos y cada uno de tus malditos hermanos amenazando con destriparme, ¡destriparme!, como si fuera un código de venganza de pueblerino matón, si hago algo que te haga daño a ti, pobrecita mía.
—Entonces es mejor que me hagas feliz, ¿no? —dijo ella dulcemente.
Draco la acorraló contra la pared, apoyando las manos a ambos lados de su cabeza.
—Prueba otra vez.
—¿Qué esperas que diga? No tengo control sobre mis hermanos. —Hermione le perforó el pecho con su dedo índice—. Y hablando de eso... ¿Desde cuándo tu hermano ha empezado a actuar todo "Tú eres lo mejor que me ha pasado, nena", cuando ese estúpido gilipollas fue quien me dejó?
—Ni puta idea. No tengo control sobre mi hermano tampoco.
Se miraron el uno al otro.
—Si no tienes nada más por qué regañarme, déjame ir.
—Ni una posibilidad, botón de oro. —Él buscó sus ojos. Sin calor en su mirada. Sólo una fría evaluación—. ¿Por qué estás actuando así?
—¿Así cómo? ¿Profesional? ¿No es eso lo que querías entre nosotros en privado? Tú eres encantador o no conmigo según te convenga. ¿Por qué no puedo hacer lo mismo contigo?
—Porque a pesar de que este compromiso es falso, tú no lo eres, Hermione. No quiero que te conviertas en alguien como yo.
Sus ojos le lanzaron dagas.
—Dios, me cabreas.
—¿Por qué? ¿Qué dije? —Diablos, pensaba que lo que había dicho tenía sentido. Que había sido honesto con ella para variar.
—Justo cuando quiero golpearte en los riñones por ser un gilipollas, me muestras una parte de ti que no es tan mala.
El corazón de Draco se aceleró.
—¿Qué parte?
—Esa parte. La parte real, dulce y sincera de ti. No has lanzado un comentario sexual, del tipo "Te voy a mostrar la mejor parte de mí, nena". Actúas como si esto fuera algo más que un intento de afianzar nuestra tapadera. Actúas como si te preocuparas por mí.
—Me preocupo por ti, Hermione. Más de lo que debería. —Draco colocó un mechón de su brillante pelo detrás de la oreja, dejando que sus dedos trazaran la línea de su perfecta, preciosa mandíbula.
Con cada inhalación, el olor de Hermione se burlaba de él. Cálido. Floral. Femenino. Se acercó más, respirando más profundamente. Cuando sus miradas se encontraron y Draco vio el crudo deseo nadando en el increíble chocolate de sus ojos, dejó de luchar contra lo inevitable. Enmarcó su rostro con manos temblorosas y dijo:
—A la mierda —antes de que cubrir su boca con un beso abrasador.
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Adelanto de siguiente capitulo:
''..Durante la fiesta, en todo lo que podía pensar era en bajar la tela de seda por tu cuerpo. Tomándome mi tiempo para disfrutar cada centímetro de tu piel cálida y hermosa.
—¿Y ahora?
—Ahora quiero arrancar la maldita cosa y saciarme en ti.
Hermione dio tres pasos más cerca para leer sus ojos. Oh maldición. Calor, pasión y hambre. Por ella.
—Entonces hazlo…''
