Aqui esta ante ustedes…lo que tanto esperaban… otro Capitulo de esta hermosa y divertida historia. Los personajes no me pertenecen son creación de JKRowling.

Gracias a todas aquellas bonitas personas que le dan historia favorita o seguir.

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CAPÍTULO 08

Estaba besando a Draco Malfoy. Besándolo como una loca. Besándolo como había fantaseado después de que la besara tan a fondo en la recepción de la boda de Sirius e India.

Era mucho mejor cuando los dos estaban sobrios.

Hermione deslizó sus manos por debajo de su chaqueta a su espalda musculosa. Oh hombre. Ese cuerpo duro y marmoleo. Esa boca insistente. El toque de colonia en su piel ardiente se sentía desde su camisa de cuello abierto. Drogada. Se sentía completamente drogada por su aroma masculino y el poder puro de su cuerpo pegado al suyo.

Draco no dejaba que sus labios se separaran por más de un segundo antes de volver a sumergirse en otro beso alucinante. Su lengua era terciopelo caliente y suave como el whisky mientras se deslizaba y acariciaba y provocaba. La sedujo, reduciéndola a una masa temblorosa de necesidad con sólo el poder de su boca ávida.

—Dios bendito, Hermione —murmuró contra sus labios—. Te deseo tanto.

—Draco…

La besó en la barbilla.

—El sexo húmedo y lascivo es una salida más productiva para nuestras frustraciones que lanzar insultos.

—Estoy de acuerdo, —gimió ella cuando los labios de Draco acariciaron suavemente su garganta, encontrando cada lugar sensible con una precisión infalible.

Draco chupó la sensible pendiente entre el hombro y la clavícula, dejando que su respiración soplara los húmedos puntos mientras su lengua lamía el otro lado.

El barrido gentil de su pulgar delante de su oreja mientras sus labios firmes y dientes afilados asaltaban su cuello causó que todo su cuerpo temblara por la lujuria desenfrenada.

—Quiero subir tu falda y follarte ahora mismo contra esta pared. Rudo. —Su boca rozó el lóbulo de su oreja—. Duro. —Sopló, oh tan suavemente—. Rápido.

Su sexo se humedeció y se apretó de deseo.

Entonces ella y Draco estuvieron cara a cara. Los ojos salvajes de él no encajaban con su tono práctico.

—Di que me dejarás hacerte cada cosa obscena con la que he fantaseado.

—¿Has imaginado teniendo sexo conmigo?

—Siempre —admitió él. Su susurro áspero lanzó otro temblor maravilloso a través de ella—. Desde que apenas tenías dieciséis.

Hermione parpadeó, tratando desesperadamente de creer su mentira increíblemente dulce.

—Extraña forma de demostrarlo, GQ.

—Ambos sabemos que me habrías avasallado. Luché. Pero no más. —Él presionó su pelvis en la cuna de sus caderas, dejando a su polla frotarse en su ombligo—. Di que sí.

Como si pudiera decir que no. Hermione pasó sus dedos por su espalda, deseando que sus uñas estuvieran dejando rasguños desde sus hombros hasta su culo apretado.

—Sí.

Los besos interminables de Draco pasaron de brutal a dulce. La pasión se suavizó con una inesperada ternura. Su cabeza zumbaba. Su sangre tarareaba. Su cuerpo bailaba boot scootin' boogie9*.

El beso aumentaba y disminuía, quemaba y calmaba, así que casi no podía oír las risas. Cuando el ruido finalmente fue registrado, más fuerte, Hermione logró liberar sus labios.

—Draco . Tenemos audiencia. —Miró por encima del hombre amplio de Draco. Sus sobrinos y sobrinas estaban mirándolos embobados.

Cuando intentó liberarse, su abrazo posesivo aumentó.

—¿A quién le importa?

—Van a decirle a todos. —Hermione llamó la atención de James, el autoproclamado líder del grupo—. Guarda el secreto, ¿de acuerdo?

La sonrisa enorme de James reveló dos lugares vacíos donde habían estado sus dientes.

—Ni hablar. —Corrió por el pasillo delante de su séquito. En el salón principal, gritó:

—Oír, ¿Sabéis qué? —La multitud se calló— ¡La tía Hermione y Draco se están besando en el pasillo!

La risa estalló.

James no dejó pasar su momento de fama como le correspondía.

—Y se estaban besando tanto que ni siquiera nos vieron. Esperamos, pero parecía que no iban a parar. Se estaban besando para siempre.

Hermione gimió. Su frente cayó sobre el pecho de Draco.

—¿Ves? Ahora todos saben que nos estábamos besando.

Draco la besó en la coronilla. Dos veces.

—Y lo habríamos conseguido de no ser por esos chicos entrometidos10*.

Ella se rió y lo miró.

—Nunca te habría catalogado como un fan de Scooby Doo.

—Tengo calzoncillos de Scooby Doo.

—¿Estás lleno de sorpresas?

—No tienes idea de las sorpresas que tengo preparadas para ti.

—Adelante.

Él hizo un sonido bajo y sexy en su garganta y sus ojos brillaron con calor.

—Pero primero, tenemos que enfrentar a la multitud curiosa, ¿eh?

—Supongo. —Draco retrocedió. Le besó los nudillos, y le indicó que avanzara primero—. Después de ti.

—Eh, amigo. Juntos en un frente unido.

—Tan pronto como esta fiesta termine, arrastraré tu trasero de regreso al departamento para celebrar nuestro compromiso. —Su voz insistente le hizo cosquillas en su oído—. Ni se te ocurra acobardarte, vaquera.

—Estoy tan preparada para que pruebes que eres el gallo del corral, GQ.

—Terminemos con esto.

Silbidos y aullidos de lobo los saludaron cuando cruzaron el umbral. Alguien gritó,

—¡Discurso! —Alguien más gritó.

—¡Brindis! —Y otra persona gritó.

—¡Vamos a ver otro beso!

Draco sintió su inquietud y murmuró,

—¿Confías en mi para manejarlo?

—No.

Se rió entre dientes.

—Pendenciera. No hay forma de salir de esto ahora, y no quiero meter la pata y que me llames Drac-off en un ataque de resentimiento.

—Está bien. Solo… no me avergüences a propósito ni nada, ¿De acuerdo? Odio eso.

—Oye. —La bloqueó de la vista de la multitud. Sostuvo su barbilla y la miró a los ojos—. Hermione. Nunca haría eso. —La boca de Draco rozó la de ella con un beso tan dulce y ardiente que sus miedos desaparecieron.

Más silbidos.

Draco la llevó al centro del salón detrás de la mesa del pastel. Hermione mantuvo su mirada centrada en el llamativo perfil de Draco.

—Gracias a todos por venir hoy. Y James, amigo, eres increíblemente inoportuno.

Risas.

—La verdad es que he estado fuera toda la semana, y estaba extremadamente atrasado para llegar aquí hoy, lo que no fue mi intención en absoluto. Y ella compartió mi descontento. Muchas veces. Ruidosamente.

Más risas.

Su estómago se agitó. Maldito. Juró que no la avergonzaría.

Dale una oportunidad. Confía en él como te lo pidió.

Hermione tomó aliento y lo dejó salir lentamente.

—Lo que no es ninguna sorpresa para la mayoría de vosotros. Hermione y yo no hemos sido exactamente… ¿Qué palabra estoy buscando, cariño?

—¿Corteses? —ayudó.

Otra ronda de carcajadas.

—Sí, no hemos sido exactamente corteses el uno al otro a través de los años. Así que estábamos más sorprendidos que nadie cuando nuestros sentimientos cambiaron en un corto periodo de tiempo. Pero el hecho es que estoy absolutamente loco por ella, y ella siente lo mismo por mí. —La mirada interrogante de Draco se enganchó a la ella.

Ella le lanzó un beso.

—Continúa, Draco querido, estas comenzando a recuperar mi favor.

Risas silenciosas.

—Hablo por los dos cuando digo que estamos felices de estar aquí entre nuestras familias y amigos, celebrando lo que ambos queríamos, pero nunca pensamos que encontraríamos. Gracias. —Llevó la mano izquierda de Hermione a su boca y besó el anillo de compromiso.

Ella puso su palma sobre la mejilla de él; sus dedos trazaron el hueco debajo del pómulo. Habría estado satisfecha con esa pequeña demostración pública de afecto. Pero Draco no.

Él curvó su mano alrededor su cuello y tiró de ella hacia delante para un beso prolongado que casi derritió sus malditas entrañas.

Mientras disfrutaba del momento, presionada contra el cuerpo de Draco, su boca controló la de ella con besos posesivos, y los aplausos los rodearon. Hermione casi deseó que este compromiso fuera verdadero.

El fotógrafo sacó un millón de fotos. A Hermione le dolía la cara de tanto sonreír. Sus pies le dolían por usar tacones. Y de alguna manera durante todo el proceso, Draco encontró la manera de mantenerla riendo, así como de enlazar cada oración con insinuaciones sexuales.

Era fascinante. Era aterrador como el infierno porque no había vuelta atrás ahora. Serían amantes antes del final de la noche, garantizado.

Después de que la fiesta terminara, Hermione ahuyentó a Draco para que pasara tiempo con su familia mientras ella ayudaba a limpiar los restos de la fiesta.

—Tengo que decir que el pequeño discurso de Draco me hizo cambiar de opinión completamente, Herms.

Hermione dobló un mantel de satín de color lavada pálido.

—¿Cambiar sobre qué, Ginny?

—Sobre lo que tú y Draco sienten el uno por el otro. Fue muy romántico. Divertido. Dulce sin ser tonto. —Ginny le arrebató el mantel y lo apiló con los otros—. Pero debo confesar… ¿Lo que terminó por convencerme? Vosotros dos besándoos cuando no erais conscientes de que alguien os estaba mirando.

Hermione se quedó inmóvil.

—Oh Dios mío. ¿Cuántas personas vieron eso?

Ginny se encogió.

—Las suficientes.

—Genial.

—Todos lo pensamos. —Suspiró—. Me recordó cuando Harry y yo empezamos a salir. Hombre. No podíamos mantener las manos lejos el uno del otro.

Hermione resopló y apuntó al vientre hinchado de Ginny.

—Vosotros todavía no podéis mantener las manos lejos el uno del otro.

—Es cierto. Es maravilloso ser yo. —Sonrió.

Carolyn entró rápidamente con una caja de cartón.

—De acuerdo. La cocina está limpia y esta es la última de las cosas que voy a llevar a casa.

Ya que las manos de su mamá estaban llenas, Hermione la abrazó por detrás.

—Eres la mejor, Ma. Fue una fiesta fantástica.

—Eso pensé, pero me alegro de que hagamos esto sólo una vez. —Carolyn bostezó—. Dios, será mejor que llegue a casa antes de que me quede dormida de pie. Ginny, querida, ¿Necesitas que te llevemos?

—No. Tengo mi camioneta ya que Harry llevó a los niños a casa.

—Está bien. Nos vemos. —Carolyn levantó la caja y desapareció por la puerta lateral.

En la Chevy 350 Cummins turbo diesel de Ginny, Hermione dijo,

—Necesitas un impulso para entrar en tu camioneta gigante, ¿embarazada?

—No. Pero puedes apostar tu trasero a que dejaré que mi guapo maridito me dé una mano para bajar.

Conociendo a Harry, esa mano iría directamente a la falda de su esposa. Esos dos todavía actuaban como adolescentes cachondos. Hermione admitió un dejo de celos porque su mejor amiga había encontrado el tipo de amor que todas las mujeres sueñan.

Caminó a su propia camioneta, ansiosa por irse a casa, lo que era una absoluta estupidez porque las probabilidades de que Draco estuviera allí todavía eran escasas.

Sin embargo… ¿Cómo terminaría esto? Los escenarios pasaban por su cerebro, pero nada solidificaba. Tal vez tener una pizarra en blanco no era tan malo.

Subiendo por las escaleras, sabía que lo primero que haría sería tirar los tacones. ¿La gente pensaba que las botas vaqueras puntiagudas eran dolorosas? Por favor. Las botas eran zapatillas comparadas con estos dispositivos de tortura.

Hermione acaba de cerrar la puerta detrás de ella y arrojado su bolso sobre la mesa lateral cuando lo oyó hablar.

—Me estaba comenzando a preguntar si te habías acobardado.

Su voz profunda y ligeramente divertida provocó un hormigueo de anticipación.

—No. Mi mamá hizo todo el trabajo de preparación de la fiesta. No podía dejarla ahí haciéndose cargo de la limpieza.

—Que amable de tu parte.

—Eso intento.

Se concentró en él, sentado en la silla de la cocina con respaldo alto. El brillo de la iluminación de fondo le daba a Draco un aspecto atractivamente peligroso. Descalzo, con su camisa prístina desabotonada; sus mangas enrolladas hacia arriba, exponiendo sus gruesos antebrazos ligeramente espolvoreados con vellos rubios. Sosteniendo un vaso de líquido de color ámbar en su mano, le recordaba a James Bond… un macho profesional magnifico, pero duramente salvaje y masculino debajo de un exterior elegante. Su cara estaba en las sombras, enmascarando sus emociones. Pero el aura alrededor de él no era el comportamiento frío y tranquilo de un hombre paciente. No, el aire crujía con la energía de un animal listo para saltar.

En ese momento, Hermione supo que estaba a un nivel mucho menor con respecto a Draco Malfoy. La presionaría. La controlaría. La forzaría a experimentar niveles de necesidad y deseo que ella nunca había imaginado.

Draco inclinó el vaso y bebió, estudiándola desde su lugar en el centro de la habitación. Ella esperó. Casi la mato esperar, pero lo hizo.

—Así que dime, ¿me tienes miedo?

—Un poco.

—¿Por qué piensas que he estado bebiendo? —Agitó el vaso—. Es té helado, no whisky.

—Es bueno saberlo —dijo estúpidamente.

—¿Por qué te asusto, Hermione?

—Porque hemos estado evitando implicarnos por una razón, y aquí estamos, a punto de enredarnos en serio.

—¿Qué razón? —preguntó él desenfadado.

—¿Mi razón? ¿O la que creo que es la tuya?

Sus dientes blancos brillaron en la oscuridad cuando sonrió.

—Tu razón primero. Y no espero nada menos que completa honestidad de ti, botón de oro. Especialmente cuando me ilustres con lo que percibes como mi razón.

Hermione apretó sus manos en puños y contó hasta diez. Veinte. Treinta. Cuarenta. Cincuenta. Sesenta.

—Estoy esperando —dijo con voz ronca, cuando había llegado a la marca de ciento veinte.

—Aquí está la más pura verdad. He evitado implicarme contigo porque cederé ante ti, Draco. Te daré todo lo que demandes de mí en la cama, cada parte de mi misma que nunca he compartido con otro hombre. Soy una mujer de carácter fuerte. Estoy acostumbrada a ser quien domine a los hombres. Pero cuando te miro, tengo la necesidad imperiosa de… rendirme. He sentido el calor sexual brillando entre los dos desde que tenía dieciséis y no tenía idea de lo que era.

—¿Tienes miedo de que esto sea más que solo sexo?

Ella negó con la cabeza. Si no hablaba, técnicamente, no estaba mintiendo.

—¿Qué ves como mi motivación? —preguntó él, su voz era apenas un sonido ronco.

—Tienes algo que probar. A mí. A ti. Debido a lo que pasó hace tres años.

Draco se rió suavemente.

—Que perspicaz eres, vaquera. Es un poco aterrador. —Tomó otro trago—. Pero esa no es la única razón. ¿Cuándo te vi hoy? ¿En ese bonito vestido que lucía cada maldita curva que he estado tratando como el infierno de no notar durante los últimos once años? Mi polla se puso tan dura que me dolía.

Su pulso se disparó.

—Durante la fiesta, en todo lo que podía pensar era en bajar la tela de seda por tu cuerpo. Tomándome mi tiempo para disfrutar cada centímetro de tu piel cálida y hermosa.

—¿Y ahora?

—Ahora quiero arrancar la maldita cosa y saciarme en ti.

Hermione dio tres pasos más cerca para leer sus ojos. Oh maldición. Calor, pasión y hambre. Por ella.

—Entonces hazlo.

Draco estuvo sobre ella antes de que pudiera tomar otro aliento. Sus manos desgarrando la cremallera de su vestido. Su boca devorando la de ella con besos calientes, húmedos, absorbentes. Intentaron torpemente desabrochar los botones y broches en su frenesí por desnudarse.

El vestido cayó al suelo, dejándola con una pequeñita tanga negra y un sostén de media copa a juego. Hermione le bajó la camisa de un tirón por sus brazos y pasó sus manos por todo su pecho. Los músculos firmes. Dios. Era increíble. Cuando llegó a la cintura de su pantalón, gimió con desaprobación porque él todavía estaba usando esas malditas cosas. Trató de desabrochar su cinturón. Repetidamente.

Draco rompió el beso.

—Déjame.

—Dime que tienes un condón.

Alcanzó su bolsillo delantero y le entregó uno. Hermione lo abrió con sus dientes. Cuando sus pantalones se juntaron alrededor de sus tobillos, seguidos por sus calzoncillos, ella se concentró en su polla.

Mierda. No recordaba que fuera así de grande. Hermione se dejó caer de rodillas. Se colocó el condón en su boca, rodeó su mano alrededor de la base de la gruesa polla y lo deslizó por su toda su longitud.

—Jesús Cristo, Hermione. Adviértele al tipo la próxima vez.

Miró hacia él.

—¿No te gustó?

Puso sus manos en los hombros de ella y la empujó de espaldas en la alfombra. Luego la siguió en el suelo. Se puso en cuatro encima de ella, puro macho, sus rodillas apuntalando las caderas.

—No dije eso. Quítate las bragas.

De alguna manera movió las caderas para sacarse el encaje elástico.

Los ojos de Draco nunca dejaron los suyos mientras se movía entre sus muslos. Él mismo se apalancó sobre ella, haciéndolos coincidir ingle contra ingle. Alineó su polla, se metió en ella en un empuje duro.

—Jesús Cristo, Draco. Adviértele a la chica la próxima vez.

Él sonrió. Todavía estaba sonriendo cuando la besó. Y la besó hasta que apenas pudo recordar cómo se sentía su boca sin la de él en la de ella.

El calor de su cuerpo enviaba hormigueos de placer bailando por su piel. Las puntas del pelo le hicieron cosquillas en el cuello mientras él la besaba. Todo su ser estaba preparado para volar alto al cielo y Draco no se movía. Para nada.

Hermione trazó los lados de su torso, rodeando para apretar sus nalgas, esperando animarlo.

Él levantó la cabeza y la miró a los ojos.

—Pon tus manos sobre tu cabeza y mantén tus piernas ahí mismo donde están.

—Muy mandón.

—Hazlo.

Ella se arqueó, forzando a sus pechos cubiertos de encaje contra su pecho caliente mientras levantaba lentamente sus brazos.

Draco enlazó sus dedos juntos, presionando sus manos unidas en la alfombra y dejó su peso completo descansar sobre ella.

Oh hombre, eso se sentía bien. Muy, muy bien.

Entonces él comenzó a moverse. Un golpe superficial seguido de un empuje profundo. Él estudió su cara, midiendo si la estaba complaciendo.

Oh Dios, definitivamente la estaba complaciendo.

Sus caderas se aceleraron. Ella se maravilló ante la fuerza pura de su cuerpo, y sin embargo, el férreo control que mantenía sobre él.

La fricción continua de su pelvis frotando sobre la de ella hizo palpitar su clítoris. La hizo gemir. ¿Por qué no intensificaba la fricción y la hacía gritar hasta ese punto elusivo de éxtasis? Cada vez que intentaba arquear su parte inferior de su cuerpo para aumentar el contacto, él no lo permitía.

—Draco. Por favor.

Él bajó su cara a la suya.

—No.

La besó nuevamente, en una manera engañosamente perezosa que estaba empezando a desear. Su boca seducía. Su cuerpo controlaba.

Hermione pensó que iba a enloquecer. El roce de la alfombra en su parte trasera. El calor húmedo de Draco en su parte delantera. La sensación se enrolló en su vientre mientras él se mecía en su interior. La manera resuelta con que Draco la besaba, como si el sexo fuera solo un subproducto de esos besos deliciosamente adictivos.

Después que ella se relajó en él, dándole el control que exigía, él se tensó y la folló más fuerte. Más rápido. Más profundo.

Su abdomen se apretó. Hermione se arqueo con fuerza. Esta vez, Draco la dejó golpear contra él.

—No te detengas. Estoy tan cerca. Así… ¡Sí!

La exquisita sensación orgásmica, excitante, vibrante, desesperada aumentó exponencialmente cuando Draco le chupó el cuello. Se centró en el lugar mágico que le produjo un gemido entusiasta, lo que sería embarazoso si no fuera increíble que él hubiera descubierto inmediatamente el lugar secreto que siempre la hacía explotar.

Draco redujo sus golpes mientras se corría con un gruñido interminable. Su polla latía en su interior y sus músculos vaginales automáticamente se contrajeron prolongando su orgasmo.

Después de que recuperó la compostura, Hermione lo miró parpadeando.

—Guau.

Él murmuró,

—Bienvenida de vuelta, vaquera.

—No sé si quiero volver. Ese era un lugar espectacular para estar.

Le regaló una sonrisa arrogante y liberó las manos, pero no salió de ella. Ella le tocó la cara, trazando la línea de nacimiento de su pelo. Las líneas gemelas de sus cejas oscuras. Su nariz. Sus pómulos. Su mentón sexy y fuerte.

—¿Qué estás pensando?

—No puedo creer cuánto quería golpear esa cara bonita hoy.

Él sonrió.

—No puedo creer que no te armaste de valor y lo hiciste.

—Hey. Tengo algo de control de los impulsos.

—Lástima. Estaba esperando verte perder todo el control.

Hermione pasó su pulgar por sus labios bien besados.

—Si alguien puede hacerme perder el control total, ese eres tú, Draco Malfoy.

Draco la acarició y besó hasta que suspiró de pura satisfacción.

—¿Así que sin arrepentimientos?

—¿Por el sexo increíble? Por supuesto que no.

Él arqueó su ceja izquierda.

—¿Arrepentimientos por algo más?

Sí. Que esto es temporal y que probablemente romperás mi corazón en un billón de pedazos cuando esta farsa termine.

—¿Hermione? —La apremió.

—Tal vez.

—Esa no es una respuesta.

—Lo sé. —Tómalo a la ligera—. La respuesta tendrá mayores… beneficio si puedes adivinar qué es lo que lamento.

Los ojos de él se oscurecieron ante su desafío.

—¿Te arrepientes de inclinarte sobre una paca de heno con shorts al estilo Daisy Duke a los dieciséis y provocarme con el vistazo de los cachetes de tu dulce culo?

—Nones. Hice eso porque estabas buscando una emoción fácil y yo soy una chica complaciente. Inténtalo otra vez.

Le pellizcó la punta de su nariz.

—Sabelotodo. Te arrepientes de salir con mi hermano.

—Huh-uh. Salir con él me forzó a reconocer que no quería una relación a largo plazo. Inténtalo otra vez.

—¿Te arrepientes del trío?

—¿Cuál?

Draco casi gruñó.

—¿Has tenido más de uno?

—No. Me gusta escuchar ese gruñido celoso. Maldición, Draco. Eso es sexy como el infierno.

—¿Me estás provocando?

—Síp. Supongo que el que la hace la paga. Ya hiciste tu parte provocándome. ¿Como cuando me quedé en la casa de tus padres en las vacaciones de Navidad? Nunca te pusiste nada más que una pequeña toalla después de ducharte. Querías que yo salivara sobre este pedazo de cuerpo delicioso.

Él sonrió.

—Tal vez. No me arrepiento.

—Yo tampoco. Pero trataste de arruinar mi relación con Damien.

—Por alguna razón él sería miserable casándose contigo.

Ooh. Eso dolió. Justo cuando las cosas estaban yendo tan bien. Hermione volvió la cara.

Draco envolvió sus dedos alrededor de su mandíbula, forzándola a encontrarse con su mirada.

—Déjame aclararlo antes de que saques conclusiones. Damien sería miserable porque eres mucha mujer para que él pueda manejar. No niegues que habrías pasado sobre él. Te aburrirías de un hombre si tuvieras el control total.

—Probablemente. —Le dio un codazo en el pecho—. Estamos desviándonos del tema aquí. Se suponía que estabas tratando de adivinar de qué me arrepiento.

Un destello pecaminoso iluminó la cara de Draco.

—Te arrepientes de no hacerme una mamada al principio. Estas de suerte. Estoy más que listo para dejarte compensarme ahora.

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9 Boot scootin' boogie es una canción country que se baila con una coreografía.

10 Frase utilizada en la serie animada Scooby Doo. Es dicha tradicionalmente por el villano luego de ser desenmascarado.


Adelanto del siguiente capitulo:

''…Sonriendo, Draco le acarició el cabello, enroscando los hilos oscuros alrededor de su dedo índice.

No me preguntaste que quiero, Hermione.

No tengo que hacerlo. Lo veo en tus ojos, Draco.

Me pillaste. —La mujer no tenía idea de lo que esperaba de ella—. Quiero todo de ti mientras estamos pretendiendo que estamos comprometidos…''