Hola! hace algún tiempo que no nos leemos. Pero no se si sea por la época que viene o porque mi computadora al fin decide estar en buenos tèrminos conmigo pero despues de tanto tiempo extrañando el foro y mis otros hobbys (lo cual tuve que dejar a un lado todo algunos años por mis estudios) ahora que he terminado me siento en libertad y regocijo de volver a a hacer lo que me encanta. compartir con ustedes mis historias. estoy calentando para seguir con las otras que tenia pendiente y leyendo como escribía antes me doy cuenta de mis errores asi que espero mejorar para ustedes. así que si mas preambulo y con toda la alegria de mi corazo de volverlos a ver le dejo aquí esta historia esperando recibir respuestas y subir el otro mañana que ya esta listo.

la historia que me encanta es de Lorelei James y los personajes de JKRowling. yo solo difruto de sus desventuras jajajaja

CAPÍTULO 10

Hermione se despertó en una cama vacía. Miró el reloj. ¿Qué demonios estaba haciendo Malfoy levantado tan temprano? No se habían dormido hasta después de la una. Por no hablar de que la había despertado y demostrado por tercera y cuarta vez que no necesitaba Viagra.

El aroma del café la provocaba. Bostezando, entró en la cocina. El artefacto plateado saltaba y silbaba. Tendría la suerte de romper la maquina si la tocaba, por lo que optó por esperar.

Pero nadie dijo que tenía que esperar sola. La puerta del baño estaba entreabierta, lo que Hermione imaginó era invitación suficiente.

La humedad, con aroma a pino le dio la bienvenida. Se debatió sobre si dejar que Draco supiera que estaba aquí, o darle una sorpresa al entrar desnuda a la ducha.

Las sorpresas no habían sido tan buenas para ella en el pasado.

—¿Draco? Tengo que colarme y cepillarme los dientes.

—Tal vez cuando haya terminado deberías meterte aquí conmigo.

—¿Me necesitas para lavarte la espalda?

—No. —La cortina de la ducha se abrió a un lado y Draco le sonrió—. Preferiría que me laves la polla.

—¿Me imagino que prefieres un baño de lengua?

—Ahora hay una idea. Vamos, entra. El agua está estupenda.

La mirada de Hermione descendió hasta su ingle. La polla ya estaba erecta. Su atención recorrió su torso, los músculos por encima de sus caderas, los abdominales bien definidos y las crestas de sus pectorales. Ñamm.

—Estoy perdiendo vapor aquí, vaquera. Finalmente lo miró a los ojos.

—No me lo parece.

Le mostró una sonrisa lasciva.

—Me estaba preparando para tu llamada matutina al despertar.

—Y yo que tenía ganas de café caliente. Un hombre caliente es mucho mejor. —Hermione pasó por encima del borde de la bañera y corrió la cortina cerrándola.

Aunque el aire era húmedo en un espacio cerrado, Hermione se estremeció. Sus pezones se arrugaron y se le puso la piel de gallina.

Draco se colocó de espaldas a la salida del agua. Su sonrisa encantadora se había ido y el puro calor de macho ardía en sus ojos.

—¿Quieres estar húmeda para esto?

Señor. Ella ya estaba mojada por la forma en que la miraba.

Su dedo empezó en el hueco de su garganta y lo arrastró por el centro de su cuerpo lentamente, mientras observaba la reacción a su experto toque. Sus pezones se endurecieron hasta quedar como puntos apretados. Su vientre se estremeció. Su sexo se hinchó.

A continuación, las palmas de Draco fueron a sus hombros y la hizo la sobresaltó. Pero no tanto como cuando rápidamente con su mano la agarró por el pelo castaño y rizado . Con qué rapidez guió su cara hacia su ingle.

—Chúpame.

Hermione abrió la boca para hablar y Draco provechó la oportunidad para deslizar su enorme polla entre sus labios. La piel satinada se deslizó sobre su lengua hasta que la cabeza de la polla le golpeó la garganta.

—Ábrela más. Sin manos. Sólo quiero sentir como me trabajas con tu boca caliente y esa pequeña lengua atrevida.

El agua se arremolinaba alrededor de sus rodillas. La lluvia de la ducha dejaba una capa de rocío sobre la piel. Ella chupó y tragó, mientras alcanzaba a ciegas los lados de la bañera para encontrar el equilibrio.

Draco mantuvo una mano empuñada en su pelo castaño. Con la otra mano cogió su mandíbula mientras empujaba dentro y fuera de su boca. Rápido. Luego lento. Pero siempre profundo. Siseó cuando ella utilizó los dientes.

Su resbaladiza polla estaba demasiado empapada para percibir el sabor masculino que era únicamente suyo. Hermione relajó la garganta y ladeó la cabeza, permitiéndole una entrada más profunda. Ella simplemente se perdió en el momento de complacer a un hombre exigente. Complaciéndose a sí misma al darse a él sin reservarse nada.

Él murmuró alentándola, pero no se la hizo fácil. El rubio folló su boca como quería. Sin preguntar. Tomando.

Era caliente como el infierno.

Cuando los golpes se hicieron menos prácticos y más frenéticos, Hermione aumentó el poder de succión, preparándose para tragar cada explosión de semen.

Pero Draco se retiró, gruñendo,

—No te muevas. —Manteniendo una mano en su pelo y empuñando su polla con la otra mano, Draco eyaculó, dirigiendo el chorro a su pecho. Sus ojos salvajes nunca se desviaron de su íntima marca hasta que el último chorro finalizó. Apuntó ese a su cara. Salpicando sus labios y el mentón. La lengua de Hermione salió corriendo a probarlo y Draco casi rugió de placer.

Hermione casi se corrió justo ahí.

Después de que Draco dejó de temblar, la ayudó a levantarse y dejó que el chorro de la ducha la calentara.

Ella inclinó la cabeza hacia atrás, absorta en la sensación del agua caliente sobre su piel fría mientras la evidencia de la pasión de Draco se lavaba. Hermione imaginó las manos de Draco acariciando su cuerpo tan minuciosamente como el chorro de agua. No abrió los ojos, ni habló o se movió.

Confío en ti. Haz conmigo lo que quieras.

Draco sintió su consentimiento. Le cogió las muñecas por la espalda con la mano izquierda, ahuecando su pecho, cambiando de lado cuando ella gemía suavemente. Arrastró la palma, resbalando sobre el vientre, entre sus caderas hasta la elevación de su montículo. Al mismo tiempo dos dedos abrieron la húmeda apertura de su coño, se pegó a su pezón izquierdo y chupó con fuerza.

En ese momento a Hermione se le doblaron las rodillas.

Él se rió entre dientes contra el hinchado pecho y comenzó un detallado asalto sensual.

La lengua le raspó los pezones. Mientras sus dedos la follaban, sacudió el pulgar por el clítoris, apenas rozándolo y luego de manera persistente. Le mordió el pezón. Chupando el escozor. Cuando ella empezó a anticipar el patrón, él lo cambió.

Bastardo. La volvió loca. Le encantaba. Lo odiaba.

Las rápidas exhalaciones de Draco sobre su piel húmeda produjeron otro temblor en todo su cuerpo.

—¿Estás lista para venirte para mi ahora, vaquera?

Hermione no podía encontrar su voz. Ella asintió con la cabeza. Él tenía la boca en su oreja.

—Ahora sé exactamente cómo hacer para dejarte sin habla. —El pelo rubio de Draco le rozó la mandíbula, la garganta y el esternón mientras le lamía el agua que goteaba de sus pezones. Succionando despiadadamente, empalándola con los astutos dedos y acariciándole el clítoris.

Ella echó la cabeza hacia atrás y gritó mientras cada terminación nerviosa entre los pechos y la vagina palpitaba en una armonía orgásmica.

Él la sostuvo.

Después de que flotara de regreso desde el reino de la felicidad, parpadeó para quitarse el agua de los ojos y miró a Draco.

Sonriendo, él le empujó las húmedas madejas del pelo rizado por encima del hombro. Su dedo le trazó la vena que seguía latiendo salvajemente en la garganta.

—Fue una buena cosa que pusiera un calentador de agua más grande. —Draco rozó sus labios sobre los de ella—. Voy a dejar que termines de ducharte. —Y se fue.

Hermione estaba demasiado relajada para desperdiciar las células del cerebro preocupándose por la rapidez con que el poder había cambiado en su relación. O engañándose acerca de que había tenido poder alguno.

Draco llenó la taza favorita de ella con su precioso café. Le revolvió los sesos con un beso prolongado de buenos días. Incluso hizo la cama. Los chicos eran totalmente manejables después de una mamada.

Hermione trato de recogerse el pelo en una sola trenza, pero siempre había mechones que salían enmarcando su cara. Se subió la cremallera de un par de Levis gastados, se abotonó una camisa de franela descolorida sobre una camiseta de manga larga, y se deslizó las botas más viejas.

Salió de la habitación y vio a Draco sentado en el borde del sofá, con los papeles esparcidos sobre la mesa de café. Tenía el cabello rubio platinado revuelto por haberse pasado los dedos en varias ocasiones, un signo de frustración.

Draco alzó la vista y su mirada la recorrió.

Se preparó para un comentario "paleto" y preparó un par de irritantes réplicas. Pero no necesitó molestarse.

Él simplemente le preguntó.

—¿A dónde vas a ir?

—A casa de mis padres. Están fuera haciendo la ronda del domingo y es el único momento en el que puedo ejercitar mi caballo. Luego hago lo que sea necesario hacer en el establo como pago por el mantenimiento de Rosa.

—¿Rosa?

—El Sueño Rojo de Rosamunda es su nombre oficial, pero yo la llamo Rosa. Él se hundió en los cojines del sofá.

—Yo tuve un caballo durante mi infancia. Buster. Pensaba que era la cosa más fantástica del mundo. Volvía a mi padre loco porque todo lo que quería hacer en la granja era "montar ese maldito caballo". Se deshizo de él una semana después de irme a la universidad.

Hermione quedó sin aliento.

—¿Así que regresaste a casa y tu caballo ya no estaba?

—Sí. No es para tanto. Seguí adelante para entonces, en muchos sentidos.

¡Qué triste! Se preguntó si la actitud de su padre jugó un papel en alejar a Draco su familia.

—Bueno, los años que vivía en Denver o estaba de gira, mis padres nunca sugirieron deshacerse de Rosa.

—¿No es injusto esperar que ellos cuidaran de ella?

—La han criado y ha tenido suficientes potros como para cubrir los gastos de mantenimiento. Pero incluso si no hubiera tenido ni un potro o potranca, la hubieran mantenido. Con el tiempo construiré mi propia casa y tendré espacio para ella y para el semental que Jessie mantiene para mí. —Sonrió—. Mi casero actual es realmente inflexible a la hora de dejarme tener mascotas en el edificio.

—Graciosa.

Hermione desenganchó su Stetson de la percha y se colgó su bolso por encima del hombro. A mitad de camino hacia la camioneta se dio cuenta de que no sólo no se había despedido de Draco, si no que ni siquiera le había pedido que viniera.

El día era inusualmente caliente y Hermione llevaba demasiada ropa. En el momento en que terminó su paseo con Rosa, las dos estaban sudando.

Hermione cepilló a Rosa hacia abajo y la alimentó con un poco de avena antes de devolverla a la zona de pasto. Enderezó los arreos, maldiciendo a su padre por dejar tal desorden semana tras semana.

Crecer como la única niña en la familia Granger había sido una prueba de su valía. El primer instinto de su padre y hermanos fue esconderla en casa, bajo la atenta mirada de su madre. Seguramente, Hermione quería aprender a cocinar, y quizá, a coser y a encontrar la manera de ejercer el encanto de salirse con la suya al igual que había hecho su madre. Sin embargo, Hermione también quería ayudar con el parto, la marca, la cosecha de heno y la matanza. Quería aprender cómo arreglar la cerca, disparar a los depredadores y lanzar la soga.

Carson Granger y sus hijos trabajaban duro para que Hermione no tuviera que hacerlo. Los hombres de su vida preferían mimarla. Que supiera lo suficiente acerca caballos y cómo montarlos sólo para ganar concursos de reina del rodeo y agarrar un marido decente.

Ugh. Hermione Granger nunca había aspirado al título de reina del rodeo, para disgusto de su padre.

Desde muy temprana edad, Hermione sonrió graciosamente y siguió su propia agenda. Cosas de ganadería y trabajo pesado que su padre no le habría enseñado rogo a sus hermanos y primos hasta que cedieron ante sus encantos y persuasión.

Pero él te ha enseñado otras cosas. Cómo bailar. Cómo disparar. Cómo domar un caballo. Cómo conducir un coche, una camioneta de transmisión manual y una cuatro por cuatro. Cómo jugar a las cartas. Cómo hacer trampas en el juego. Cómo reír.

Sobre todo, su padre le demostró día tras día, lo que significaba el amor. Carson Granger adoraba el suelo por el que su mujer caminaba. Desde el momento que Hermione era una niña pequeña, sabía que nunca se conformaría con nada menos que ese tipo de hombre. Ese tipo de amor eterno.

Así que sí, su padre a propósito dejó desordenados los arreos y el establo sólo por si ella venía el domingo y los ordenaba. Ese era el ranchero rudo mostrando amor. Entonces la convencería para jugar una partida de siete y medio o al póker. O cabalgar para comprobar una bomba, un caballo o una vaca enferma. O para sacar a hurtadillas un trozo de pastel o un plato de helado hecho en casa y sentarse con él en el porche escuchando el viento. Vendría con todo tipo de razones para conseguir que se quedase un poco más de tiempo. Y ella siempre lo hacía.

Que fue por lo que se había sentido culpable al mantener la compra del edificio en Moorcroft en secreto. Y ahora le mentía sobre el compromiso con Draco. A pesar de que su padre se alegraría mucho cuando todo terminase.

Al principio Hermione se imaginó que tendría la misma ¡uauh! sensación de alivio, pero ahora, no estaba tan segura. Draco Malfoy tenía más capas, caras y facetas de que lo que había imaginado.

Había actuado de forma dulce y amarga, bondadosa y tacaña, áspera y sociable, preocupada y distante. Tal vez lo había juzgado mal.

O tal vez el vaivén sexual está nublado tu juicio. Sí. Eso tenía que ser.

Ella sacó los pensamientos de Draco y de su padre fuera de su cabeza mientras mentalmente planificaba la semana. Oyó el crujido de neumáticos sobre la grava, pero no sonaba como el Lincoln Town de su madre. Se quitó los guantes y los colgó para que se secasen en el gancho incrustado en las vigas de soporte de madera. La puerta chirrió cuando se aventuró fuera del establo.

Cubrirse los ojos del sol no ayudó a reducir el resplandor.

—¿Papá? ¿Mamá?

—No. Soy yo.

Se quedó inmóvil.

—¿Malfoy? ¿Qué haces aquí?

—¿Alguna vez has notado que tu tendencia a caer en el acento de Wyoming es más pronunciado cuando estás nerviosa?

Hermione resopló.

—No me pones nerviosa. De todos modos, no has respondido a mi pregunta. —Se movió hasta que vio al rubio con lentes oscuros apoyado en su BMW.

Draco mantuvo los brazos cruzados sobre el pecho.

—Comí con mi madre y mi hermano. Por lo visto, mi madre se quedó con una pieza del servicio de plata de Carolyn. Estaba mortificada y me ofrecí a devolverlo por ella.

Hermione miró a Draco con escepticismo. Había un tono en él, un tono que automáticamente hizo que se enfadase. Si estaba aquí sólo para devolver una pieza de plata, se comería el sombrero.

—¿Está tu madre por aquí?

—No. Ella y papá no han regresado todavía. Si me lo dejas, me aseguraré de dárselo. Él inclinó la cabeza.

—¿Qué pasa contigo que actúas de esa manera tan formal?

—Jesús, Draco, decídete. Primero me acusas de que sueno como gangosa al hablar, ¿y ahora me dices que actúo de manera formal?

—Quiero decir que estás actuando de una manera terriblemente formal para ser una mujer que estaba de rodillas con mi polla en tu boca no hace más de cinco horas atrás.

Un rubor se extendió por sus mejillas, lo que la molestó. ¿Así era como la iba a tratar después de que ella se abriera a él? Que se joda.

—¿Cómo es esto de formal? Vete. A. La. Mierda. Eres un imbécil. —Hermione se dio media vuelta y subió las escaleras del porche.

Lástima que ella no pudiese hacer una salida espectacular, dando un portazo y echándole cerradura a la puerta detrás de ella. Y es que sus botas estaban sucias y ella reconocía que era mejor no dejar un rastro de barro y mierda por el piso de su madre. Se sentó en el borde del banco de botas.

—Me dejarías…

—¿Seguir diciendo groserías como esa para que me cabree? De ninguna manera. Lárgate.

—Mira. He venido aquí para tratar de hacer algo agradable…

—Ese comentario no ha sido agradable por ninguna parte imaginable. —Gruñó cuando se quitó la bota derecha—. No sé por qué me sorprende que sólo seas agradable conmigo cuando estamos en público.

—¿O tú sólo eres agradable conmigo cuando estamos follando? —Se burló él de vuelta. Eso fue el colmo.

Picada más allá de su control, Hermione azotó la bota sucia contra él. Por lo menos el hombre tenía buenos reflejos fuera de la cama también, y fue lo suficientemente rápido para esquivarla.

La mirada de sorpresa de Draco era francamente cómica. Y valía totalmente la pena.

—¿Por qué diablos fue eso?

—Porque te di la oportunidad de irte y no lo hiciste.

—¿Así que tirar una bota contra mi cabeza se supone que es un incentivo?

—Síp.

—Eres un jodido motín, botón de oro. —Los dientes le brillaron—. Y ¿adivina qué? No funcionó.

—Tengo otra bota —le advirtió.

—Y pésima puntería. Eres malditamente afortunada…

—Erré a propósito, Dracoff. Y tú eres malditamente afortunado de que no tengas un halo de tierra y una abolladura en tu dura mollera. —Saltó y buscó refugio en la casa. Tal vez su desmesurado comportamiento convenciera al estúpido rubio meloso idiota a quitarse de en medio para poder calmarse.

La puerta del porche se estrelló de nuevo. O tal vez no.

Hermione tomó el atajo de la entrada a la cocina. Se lavó las manos en el fregadero e ignoró la mirada de Malfoy quemándole un agujero en la espalda. Cuando ella se dignó a mirar hacia él, apoyándose indiferentemente en el marco de la puerta, se dio cuenta de que él estaba tamborileando el utensilio de metal de servir contra la palma de su mano. Palmada, palmada, palmada una y otra vez.

—Lárgate, Malfoy.

—No. —Palmada, palmada, palmada.

—No puedo tratar contigo ahora mismo.

—Bravucona. Tu provocaste esto solita. —Palmada, palmada, palmada.

—Te voy a recordar que eres un huésped no invitado en casa de mis padres. Puede que no sea capaz de sacarte de la vivienda de tu propiedad, pero te puedo echar de aquí.

—Inténtalo. —Palmada, palmada, palmada.

—¿Puedes dejar de golpear esa maldita cosa? Me está dando dolor de cabeza.

—Sólo lo estoy calentando para que el metal no esté frío cuando azote tu desnudo trasero con ella. —Palmada, palmada, palmada.

Hermione no podía evitarlo, se echó a reír.

—Seguro. —Había andado seis pasos, cuando la palabra "Detente", tuvo el efecto que él había previsto. Ella se detuvo.

—No tientes a la suerte conmigo más de lo que ya lo has hecho, Hermione —le advirtió. Palmada, palmada, palmada.

¡Qué caradura! Hermione dio la vuelta. Su estómago se agitaba. Nunca había visto esa mirada en sus ojos, el capataz con una lección que enseñar.

—Hablas en serio.

—Totalmente. —Palmada, palmada, palmada.

—¿De verdad crees que voy a dejar que... me golpees?

—No te golpearé. Te azotaré el trasero. Hay una gran diferencia. Perder los estribos y lanzarme la bota demostró que necesitas aprender que hay consecuencias por actuar en contra mía. —Palmada, palmada, palmada.

—De. Ninguna. Manera. Eres un jodido loco. —El continuo palmada, palmada, palmada le cansaba los nervios—. No me han azotado el trasero desde que tenía seis años.

En un tono cortante, Malfoy dijo,

—Entonces es hora de que tengas un recordatorio.

—Tal vez necesitas un recordatorio para no aguijonearme—replicó ella. Silencio.

¿Un punto muerto?

—Yo no amenazo en vano. Bájate los vaqueros y muéstrame ese trasero.

—No.

—Tengo mis maneras, Hermione. Me lo das o lo tomaré.

Un pequeño estremecimiento surgió. ¿Hasta qué punto lo iba a llevar? Averigüémoslo.

Ella se alejó. A medida que evitaba la sala, se dio cuenta de que él la había seguido. Si aumentaba la velocidad, él también lo hacía. Palmada, palmada, palmada resonó hasta que estuvo rodeada. Tenía el ruido en la cabeza. Le golpeaba en la sangre. Le latía en la ingle.

Ella subió las escaleras corriendo por su vida. Draco se lanzó en su persecución.

Hermione gritó. Su corazón casi latiendo fuera del pecho. La adrenalina se disparó y le explotó el pulso. Su respiración farfullaba después de subir el segundo tramo de escaleras.

Luego se movió rápidamente por el pasillo. Su habitación tenía una cerradura fuerte. Si pudiera llegar primero...

Mientras abría la puerta, un sólido set de brazos rodeó su cintura. Ella gritó de nuevo, pero fue ahogado con rapidez cuando Draco la levantó del suelo y la tiró de bruces en la cama...

...

y hasta aqui llego este capitulo. se les gusto saben que pueden dejar un review inclu si no tienen cuenta.
Estaré ansiosa de saber si les gusto mi regreso a la pagina con esta adaptacion. y seguire con mis otras historias. Love me y Mentiras de un Mortifago

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Blue Nayade