CAPÍTULO 12

Aqui un nuevo capitulo de esta interesante historia! gracias a Chalupitabonita por su review el cual me me dio animos para seguir con esta historia. Saludos y me alegra que te guste la adaptacion

inspirada en libros de Lorelei James con personajes de JKRowling

...

—¿Hermione?

Ella trataba de alejar la profunda, sexy y ronca voz mañanera que perturbaba su sueño.

Tenaces besos se movían por su cuello. Sus pezones se apretaron en duros puntos cuando su pecho fue expuesto al aire frío. Guau. ¿Cómo diablos le desabrocho la camisa del pijama tan rápido? Una mano áspera y callosa se deslizó desde su parte inferior del abdomen entre sus pechos. Ágiles dedos pellizcaron y atormentaron sus pezones. El aliento caliente le hizo cosquillas en el vello de la nuca.

Se sentía tan asombroso, habría sido feliz en la tierra de los sueños. Tal vez si ella fingiera dormir...

Una erección impresionante empujó la parte baja de su espalda. No hay descanso para los malvados ardientes. Draco le susurró:

—Sé que estás despierta. Te deseo. Justo así. Cálida y somnolienta y dulce. Hablando de derretir su resistencia. Ella ladeó la cabeza y parpadeó.

—Pensé que mi pijama de franela te enfriaba.

—Podrías usar un saco de arpillera y me excitaría. Sólo me sorprendió tu elección de franela. — Draco la puso de espaldas y le apartó su alborotado cabello castaño de su rostro—. Estoy encontrando muchas cosas que me sorprenden de ti.

—Me gusta mantenerte en vilo.

—Si por mí fuera, te mantendría de espaldas todo el maldito tiempo. —Dispersó besos por el centro de su cuerpo—. ¿Todavía estás cansada? Podemos ir más lento. Yo sólo... te deseo, así. A primera hora.

Hermione miró a su cabeza rubia trazando besos hacia abajo. Estaba tan sorprendida de su dulzura como de lo fácil que había verbalizado su deseo por ella.

—¿Draco?

—¿Mmm?

—Por extraño que parezca, la franela está empezando a picar. Mientras estás ahí abajo quítamelos. —Lo sintió sonreír contra su estómago.

Él cogió un tubo de KY. Lo observó preparando su polla y vertiendo una enorme porción en sus dedos, calentando el gel antes de utilizarlo en ella.

Tal consideración le dio una pausa. Pero no por mucho tiempo por que Draco ya estaba con ella.

La boca de Draco cubrió la de ella mientras untaba suavemente el lubricante dentro de su sexo. Dos dedos entrando y saliendo no dolían, pero se preguntó si sería capaz de ir lento una vez que su polla tomara el control de su cerebro.

Se puso sobre ella y fue introduciendo su miembro un poco a la vez, mirándola para detectar cualquier signo de dolor. Una vez que estuvo asentado completamente, murmuró:

—¿Está bien?

—Muy bien. —Hermione subió sus rodillas a sus caderas y le pasó las manos sobre sus firmes brazos. Maldición, amaba su cuerpo. Ella no había tenido oportunidades suficientes para jugar con ese cuerpo.

Él le dio un beso mientras se movía con embates sin prisa. Los besos eran perezosos e increíblemente dulces.

Mientras que se mecían juntos, conectados íntimamente, la cama parecía un lugar mágico. Oscura y caliente y... reconfortante. Hermione existía en ese momento de intimidad perfecta. Sin prisa para llegar al final. Sin juegos de poder. Nada salvo la sensación de piel deslizándose sobre piel. De deslizamiento de lenguas y besos suaves, suaves suspiros y respiraciones entrecortadas.

—Hermione —Gimió él y su orgasmo liberó una explosión de calor en su interior, lo que provocó su propio clímax. Él mantuvo un constante bombeo de sus caderas mientras el delicioso palpitar se desvanecía. La besó en la frente, los párpados, las comisuras de su boca.

La ternura de Draco la desarmó. Ella podía lidiar bastante bien con el Malfoy mordaz. Le daba la bienvenida a ir cara a cara con el Malfoy exaltado. Pero ¿este Draco? ¿Un Draco cariñoso? Habría sido mejor creer que no poseía un lado cariñoso.

Él la miró a los ojos y sonrió oh tan suavemente.

—Buenos días. —Después de agitarla con otro largo beso, salió de la habitación.

Hermione se dio cuenta que las cosas habían sido mucho más sencillas cuando lo odiaba. Ahora no estaba segura de cómo se sentía. Esto podía dar lugar a grandes, grandes problemas con este hombre impredecible.

—¡Vamos, James! Derríbalo. Eso es. Aguanta. ¡Sí! —Hermione dio la vuelta y chocó la mano con Ginny quien levantó su mano chocando los cinco.

—Hombre, él es rápido.

—Harry ha estado ayudándolo. James tiene que ser rápido para seguirle el ritmo a Lorcan. Ese chico tiene un talento natural, además de que entrena como un demonio.

—Es irónico que Theo, que se enorgullece de no ser un vaquero, tiene un hijo que es un vaquero total. Y un vaquero de rodeo para colmo. —Hermione miró a sus hermanos detrás de las rampas ayudando a los niños a prepararse. Harry le dio unas palmaditas en la espalda a James. Theo repartió consejos de última hora antes de que Lorcan girara la cuerda sobre la cabra.

—¿Dónde está Malfoy esta noche?

—Adivina. Trabajando.

—¿Problemas en el paraíso?

Hermione miró a Ginny.

—¿Por qué dices eso?

Ginny se encogió de hombros.

—Tu respuesta fue cortante, eso es todo.

Hermione tenía derecho a ser cortante. Después de pasar el día usando músculos que había olvidado que tenía para sacar la mierda del edificio, había considerado quedarse en casa. Pero decepcionar a sus sobrinos no era una opción.

Cuando le preguntó a Malfoy a qué hora estaría listo para ir a la arena, le había respondido que tenía trabajo que terminar. Sin embargo, Hermione sospechaba que estaba evitando pasar tiempo con ella y su familia. Probablemente estaba viendo la televisión.

Luna bajó disparada las escaleras.

—No ha salido todavía, ¿verdad?

—No, es el próximo después de este.

—Gracias a Dios. Llegamos tarde.

—Está bien, es el turno de Lorcan. Todos a mirar —dijo Luna

Lorcan salió corriendo de la rampa, la cuerda trenzada colgando de su boca. Se lanzó a la cabra, tirándola a tierra, la volcó de lado y ató las cuatro patas juntas. Entonces él saltó, levantó las manos en el aire y dio tres pasos hacia atrás, esperando a ver si el lazo aguantaba. El juez asintió con la cabeza y levantó el tiempo. Tres punto cinco segundos, lo que superaba el tiempo de James de tres punto ocho segundos.

Ellos chillaron y vocearon, mirando como James y Lorcan chocaban los puños. En los últimos dos años James y Lorcan se habían convertido en inseparables. Agrega a Albus a la mezcla y Hermione estaba mirando la próxima generación de alborotadores Granger

Lisander se inclinó hacia Ginny

—¿Puedo sentir patear al bebé?

—Por supuesto, cariño. Esta noche está realmente inquieto por lo que deberías ser capaz de sentirlo patear muy bien.

Lisander puso las manos sobre el vientre de Ginny

—¿No puedes tener a una chica? No hay suficientes niñas en nuestra familia.

—Oye, nena. Yo fui la única chica por un tiempo muy largo.

—¿Dónde está tu guapo futuro marido? —preguntó Luna

—Dando vueltas.

Ambas Ginny y Luna fruncieron el ceño ante Hermione por su elección de palabras.

—Quiero decir que está trabajando, dando vuelta... las bombillas de luz estropeadas en el edificio y atornillando las nuevas.

—Pobre excusa, vaquera —Draco le dijo al oído.

Hermione saltó y se dio la vuelta. El hombre astuto estaba sentado justo detrás de ella.

—¿Cuánto tiempo has estado aquí?

—El suficiente. —Deslumbró a Ginny y Luna con una sonrisa encantadora—. Buenas tardes, encantadoras damas. Llegué justo cuando Lorcan estaba en la arena. Lo hizo muy bien. Lamento haberme perdido a James

—Quizá la próxima vez —dijo Ginny.

Lisander miró sobre el hombro de Hermione a Draco.

—¿Vais tú y tía Hermione a besaros de nuevo?

Draco pretendió darle una consideración seria a su pregunta.

—¿Crees que debería? Ella asintió con la cabeza.

—Tal vez más tarde. —La mirada plateada de Draco barrió sobre la cara de Hermione— Siento llegar tarde.

—¿Tarde? Dijiste que no ibas a venir.

—No, dije que tenía algo que terminar. Luego te marchaste hecha una furia.

—Eso es una sorpresa —dijo Ginny.

—¿Te importa? —Hermione dijo cortante.

—Nones. En absoluto. Sigue adelante y pelea frente a nosotros. No es que no lo hayamos oído antes.

Draco se levantó y le ofreció una mano.

—Vamos. Libremos a los oídos jóvenes de nuestra disputa y tomemos una cerveza.

Hermione admitió que una cerveza sonaba bien. Tan pronto como salieron de las gradas, abrió el camino al stand de la cerveza. Pero todo el mundo de todo el condado estaba allí y quería conocer al hombre que había "domado a Hermione Granger".

—Dos Bud Light —dijo Draco y entregó a la cajera un billete de diez, dejando el cambio de propina.

Hermione vio a las mujeres dándose codazos unas a otras y meneando las cejas. No se podía negar que Draco destacaba, no sólo porque no era un vaquero en un estadio lleno de ellos. Su suéter negro de cuello alto y vaqueros negros acentuaban su atractivo físico y su rubia apariencia.

—Me estás frunciendo el ceño. Estas botas son lo más parecido a un par de botas vaqueras que llegaré a usar.

—No es eso.

—Entonces, ¿qué?

—Pensé que no ibas a venir y estaba realmente furiosa. Ahora estás aquí y no hay razón para que esté furiosa, pero todavía lo estoy.

Draco la llevó contra la pared, apoyando su antebrazo sobre su cabeza.

—¿Y cómo esperabas utilizar toda esa furia contra mí, botón de oro? ¿Arrojándome algo por lo que terminaremos follamos justo dónde estamos?

Ella parpadeó inocentemente.

—¿Es esa una posibilidad?

En los ojos de Draco se desató la lujuria.

—No me tientes. Me fue fácil esta mañana.

—¿Y he mencionado lo asombroso que fue? —Se las arregló para tomar su cerveza, incluso con Draco justo en su cara. Ella no apartó la mirada. No miró hacia otro lado.

—Aghh, por el amor de Cristo, sois adultos. Conseguid una maldita habitación. No me hagáis arrestaros por comportamiento licencioso.

Hermione no tomó en cuenta a Theo. Tampoco lo hizo Draco. Al no recibir respuesta de ellos, Theo se marchó echando pestes.

Se sonrieron el uno al otro. Entonces Draco pasó sus labios sobre los de ella hasta que su boca se abrió y la provocó con un beso coqueto. Él sabía a cerveza. Y a Draco.

—¿Cuánto tiempo más durará esto? —murmuró él.

—Este beso pudo haber durado mucho más por lo que a mí respecta. Él le mordió suavemente el labio inferior.

—Me refería a este evento.

—La monta de la oveja es el siguiente. Es el último evento, porque es el más popular. — Ella besuqueó su barbilla—. Vamos. Probablemente está a punto de comenzar.

Se tomaron de las manos y regresaron a las gradas para ver la monta de la oveja.

—Vamos, muchachos. Llamo Harry y todos se fueron despidiéndose.

Todo el mundo se dispersó. Hermione y Draco fueron detenidos una docena de veces más a medida que caminaban entre la multitud. Finalmente, llegaron a la camioneta de Hermione y Draco se apoyó contra ella con un largo y sufrido suspiro.

—¿Odiaste venir al rodeo junior tanto así?

—No. Conoces a todo el pueblo, ¿no?

—Uh, sí. He vivido aquí casi toda mi vida, Draco.

—No puedo imaginar cómo mantuviste la compra del Edificio Brewster en secreto. No sólo de la comunidad, sino de toda tu familia. Por lo que he visto, los Granger pasan mucho tiempo juntos.

¿Eso le molestaba?

—No es que no tengamos secretos entre nosotros dentro de la familia Granger, pero sí pasamos mucho tiempo juntos.

—¿Por decisión propia?

Hermione le golpeó con el hombro.

—Sí, por decisión propia. Siempre he adorado como héroes a mis hermanos, aun cuando no estaban por aquí. Durante años hemos seguido nuestro propio camino, pero no es una sorpresa que nuestros caminos convergieran de nuevo aquí. A veces me vuelven loca y me tratan como si tuviera doce años, pero es muy divertido, incluso cuando es un caos total con todos los niños —Su voz se encogió y ella se dio vuelta. Draco no entendería las luchas que sus hermanos tenían que enfrentar para estar donde se encontraban. Lo emocionada que estaba cada maldito día que ella los veía viviendo sus vidas y siendo parte de ellas.

—¿Eres feliz, Hermione? —le preguntó en voz baja.

—Soy más feliz ahora de lo que he estado en mucho tiempo. La mayoría de los días no pienso en ello. ¿Por qué?

—Por nada. Me preguntaba si has oído al reloj biológico haciendo tic-tac.

—No tengo exactamente una edad avanzada.

—Lo sé. Tengo curiosidad. Ya que tus hermanos tienen tantos hijos, ¿significa eso que quieres un montón de hijos también?

—No sé. ¿Y tú? Él se encogió de hombros.

—Me gustan los niños. Sólo que nunca me he puesto a pensar en tenerlos.

—Tal vez eso cambie cuando encuentres a la mujer adecuada.

Draco le dio esa extraña mirada de nuevo. Se apartó de la camioneta.

—Te veré de vuelta en el apartamento.

Rara despedida. Pero nada nuevo cuando se trataba de los estados de ánimo de Draco. Acababa de abrir la puerta, cuando Draco dijo:

—Hermione. Espera.

Ella se volvió a medias hacia él, odiando su rostro oscurecido por las sombras.

—¿Qué?

—No cambies nunca. Ni por tu familia. Ni por tu carrera. Ni por la comunidad. Ni por un hombre. Definitivamente no por mí. Eres perfecta tal como eres.

¿Cómo había Malfoy llegado antes que ella a casa?

Porque has estado sentada en tu camioneta por más de quince minutos tratando de averiguar lo que Draco quiso decir.

¿Fue ese discurso la manera de Draco de decirle que le gustaba? O peor aún, ¿la respetaba, incluso cuando no era su tipo?

No tenía sentido preocuparse por eso ahora. Subió los escalones, sin saber con cual Draco se encontraría. ¿Enojado? ¿Exigente? ¿Dulce? ¿Indiferente?

El apartamento estaba oscuro. No había televisión. Ni el brillo azul de su ordenador portátil. Dio una vuelta por la habitación pequeña, preguntándose si él necesitaba tiempo a solas. Honestamente no lo podía culpar, su familia era abrumadora, sobre todo para un solitario como Malfoy.

Nones. Tampoco estaba ahí.

Su dormitorio estaba completamente oscuro. Incluso había cerrado las cortinas, cortando el único rayo de luz de las farolas en la parte delantera del edificio.

—¿Draco?

No hubo respuesta. En lugar de arriesgarse a despertarlo por encender una luz, hurgó en el cajón de sus pijamas en la oscuridad y agarró lo primero que encontró. Se desnudó y tiró de la enorme camiseta. Tan pronto como se metió entre las sábanas y se acomodó, Draco habló.

—Eres tan movediza como un gusano.

Hermione se pegó a su espalda y lo rodeó con sus brazos.

—Tú eres tan caliente como un horno. ¿Te sientes bien?

—Sólo me siento un poco... melancólico. No es gran cosa.

Guau. El estoico Draco confesó una grieta en su armadura emocional.

—¿Fue algo que hice?

—No —suspiró él—. Ni siquiera sé cómo diablos explicarlo. Hermione lo besó en la mitad de la espalda.

—Inténtalo.

Él no dijo nada por un buen rato. Finalmente, dijo:

—Estar cerca de tu familia me hace extrañar a mi padre. Más que nada, refuerza mi pesar por todo lo que nos perdimos. Claro que nunca tuvimos una relación muy buena, pero pensé que tendríamos el tiempo para cambiar eso. Tu familia lo hace parecer tan fácil.

—No es así. De hecho, es difícil vivir tan cerca. Parece que siempre estoy sobrepasando los límites. O que están sobrepasando los míos. Yo odiaba cuando mis hermanos estaban fuera y no puedo soportar verlos sólo una vez al año. Pero a veces me pregunto si la distancia no es mejor. Hace crecer el cariño y todas esas cosas.

—¿Puedes realmente verte viviendo en otra parte? La falta de respuesta de Hermione animó a Draco.

—Mira, ahí es donde somos diferentes, Hermione. Nunca me vi a mí mismo viviendo en la finca de forma permanente. Ni siquiera cuando era niño. No podía esperar a salir y establecer mi propia identidad.

—¿Fue así de horrible crecer allí? —preguntó ella.

—Odiaba el trabajo agotador constante. Vi a mi padre trabajar duro, año tras año. ¿Para qué? Él y mi madre no vivían precariamente. No fue que él pasara tiempo de calidad con nosotros. Le gustaba el whisky y le gustaba su tranquilidad. No tenía una gran relación con nosotros los chicos porque no se molestó en hacer el esfuerzo. Así que mientras veía a tus hermanos, con sus hijos, como son todos así de buenos padres, me pregunté si había heredado las peores cualidades de mi padre. Si alguna vez tuviera la buena suerte de reproducirme, si sería un padre de mierda porque eso es lo único que conozco.

Ella tenía que ir con cuidado, ya que esta era la primera vez que Draco se había abierto a ella. Era tanto esclarecedor como doloroso.

—Nunca quise ser como mi padre. Es aleccionador cuando considero que estoy igual que él. Lo que hago para ganarme la vida es mi medida personal de lo que soy como hombre.

—Draco…

—Pero incluso ahora, no hago el esfuerzo con mi madre. O Damien. O cualquier otra persona. Estoy atrapado en este ciclo de mierda y parece que no puedo cambiarlo.

—¿Quieres cambiarlo? Su cuerpo se puso rígido.

—Mira. Olvida lo que dije y duérmete.

Ooh. Despedida una vez más. Hermione se apartó de su calor y se sentó en el borde de la cama.

Draco se dio la vuelta.

—Siento haber sido brusco. No tienes que irte. Quédate.

Hermione ignoró su suposición de que se iría cuando finalmente él se acercó a ella. Ni hablar. Ella se quedaba. Resultaba molesta de esa manera. Revolvió en el cajón de la mesita de noche hasta que encontró la bolsa en la parte posterior. Palmeándolo, se deslizó entre las sábanas.

—Yo no voy a ir a ninguna parte. —Recorrió el ceño fruncido de su frente. La elevación de sus pómulos afilados. La tensa línea de su mandíbula. Los surcos alrededor de su boca pecadora. Cuando él cerró los ojos y suspiró, ella supo que esta noche la necesitaba para calmarlo.

Ella se le sentó a horcajadas sobre la pelvis y tiró las almohadas a un lado, sujetándole los brazos sobre su cabeza.

Él abrió los ojos.

—Quédate quieto. —Hermione instó a que abriera sus labios, lo que le permitió dirigir los besos con la boca abierta que anhelaba. Ella probó sus reacciones mientras explora su boca. Chupó su lengua. Lamió y mordisqueó y tanto tiempo y tan metódicamente como quiso. Draco fue un participante activo, pero no trató de arrebatarle el control.

Ella deslizó sus labios hacia arriba y abajo de su cuello. Saboreando. Él se arqueó cuando Hermione tocó un punto sensible con su lengua. Él gimió cuando ella chupó los tendones tirantes por atención. Dispersó besos a través de sus pectorales, disfrutando de cómo el pelo suave en el pecho cosquilleaba en su mejilla. Mmm. También olía estupendo.

—Hermione…

—Déjame, Draco. —La punta de su lengua húmeda sacudió su tetilla—. ¿O quieres que me detenga?

—¡No! Yo sólo…

—Entonces, se bueno, niño malo, o me detendré.

Draco se dejó caer en el colchón con un lacónico: —Está bien.

Se inclinó a su tarea de cartografiar sus pectorales con la boca. Trazó la unión de sus músculos con la lengua lamiendo entre sus tetillas.

—Nunca te he visto haciendo ejercicio, así que ¿cómo es que mantienes este cuerpo tan musculoso?

—Hago ejercicio en casa mientras estoy viendo la televisión. He utilizado la sala de pesas en el centro de la comunidad en varias ocasiones desde que estoy aquí.

—Me alegro. Me… —le pasó la lengua por la tetilla derecha— …alegro —lo lamió de nuevo— …mucho —y sopló a través de la piel mojada, viendo que la tetilla ya tensa se apretaba aún más— …mucho.

Sus caderas se dispararon hacia arriba.

—Me estás matando con esa boca tuya.

Hermione pintó húmedos remolinos en su abdomen, prestando una atención meticulosa al delicioso grupo de abdominales. Metió su lengua en su ombligo, su pene se sacudió contra su cuello. Lamió la gota perlada de la cabeza y colocó un sonoro beso en la mitad de su miembro.

—Muévete hacia arriba y separa las piernas.

Él se movió tan rápido que ella sospechó que se había quemado el trasero por el roce de la sábana.

Durante un minuto, Hermione admiró la abundancia frente a ella. Había visto su cuota de pollas, pero admitió que la polla de Draco era hermosa. Grande. Larga y gruesa. El eje mismo era bastante amplio, ella no alcanzaba a rodearlo con el dedo índice y el pulgar. Su vello púbico rubio no era demasiado largo o demasiado corto. Apreciaba su rasurado.

Ella le hociqueó la ingle, inhalando el esencial aroma masculino, que era tan familiar como único. Ella acercó la bolsa que había buscado y ladeó la cabeza para succionar su escroto.

—Dulce Jesús.

Hombre, le encantó la forma como él gimió al rodar sus pelotas sobre su lengua. Chupando las dos juntas, y luego, una a la vez. Las soltó y movió su lengua por la vena que surcaba su polla hasta que la punta alcanzó el dulce punto debajo de la cabeza.

Hermione medio esperaba que él estuviera mirándola intensamente con esos sexy ojos plateados entornados, pero su cabeza estaba sobre el colchón. Tenía los ojos cerrados. No estaba relajado, pero probablemente había olvidado toda la conversación.

Por mucho que hubiera disfrutado haberse tomando su tiempo, Hermione terminó la provocación sexual. Ella quería el orgasmo de Draco. Se lo había ganado. Se metió ese calor aterciopelado en la boca, manteniéndolo allí.

Draco no agarró su cabeza. Él no impulsó sus caderas. Se quedó quieto y emitió otro áspero gemido.

Ella se puso el Fukuoko 2000 en la punta de su dedo. Metió más de su polla en su boca, dejando que la humedad lo guiara más profundo. Chupó con fuerza mientras la liberaba, dejando que sus dientes mordisquearan el borde superior de la cabeza mientras su lengua aleteaba por debajo de ella. Hermione lo hizo una y otra vez.

No pasó mucho tiempo antes de que él jadeara:

—Maldita sea. Hermione. Por favor.

Su cabeza se balanceó más rápido, manteniendo los golpecitos superficiales. Pulsó el pequeño interruptor del mini "masajeador" y colocó la punta vibrante en la zona de la piel detrás de sus testículos y delante de su ano.

—¡Joder!

Y Draco estaba frito. En el instante en que sus pelotas se contrajeron, su polla golpeó la parte de atrás de su garganta y ella tragó todo ese chorro caliente. Él se corrió con tanta violencia, que la cama se sacudió. Cuando ella se dio cuenta de que había chupado hasta la última gota y la mayor parte de sus sesos, lo dejó escapar de su boca.

Pasaron varios minutos. Él no dijo nada. No trató de tomarla. Y Hermione de repente se sintió muy insegura de sí misma y casi… tímida. Se alzó de rodillas, lista para huir.

Pero Draco la tiró contra él por lo que quedó extendida sobre su pecho. La besó salvajemente. Después de que finalmente renunció a sus labios, enterró su cara en su cuello.

—¿Así que supongo que te gustó después de todo? Él le dio un manotazo en el culo. Fuerte.

—¿Tienes que preguntar siquiera? —Rozó delicados besos en su mejilla—. Eso fue jodidamente increíble. Gracias.

—Me encantó hacerlo.

—Me di cuenta. —Él susurró en su oído—. ¿Te excita tener mi polla en tu boca? ¿Si pongo mi mano entre sus piernas te encontraré mojada?

—Empapada.

—Tal vez debería hacerme cargo de eso por ti.

—O podría encargarme de mí misma y tú puedes mirar. Todo el cuerpo de Draco se puso rígido. Entonces gruñó:

—Muéstrame. Ahora.

Hermione lo montó otra vez, quedando de rodillas.

—Esto no tomará mucho tiempo. —Ella sonrió con picardía y se llevó el Fukuoko a la boca. Miró la cara de Draco mientras lo lamía.

Un hambre oscura se disparó por los ojos de Draco y gruñó de nuevo.

Hermione se puso la punta de plástico directamente sobre el clítoris, accionó el interruptor y cerró los ojos. Debido a que estaba preparada por la mamada de Draco, esa fuerte sensación de hormigueo no fue creciendo poco a poco, sino que chocó contra ella. De inmediato. Hermione llegó a su clímax con un agudo jadeo.

La sonrisa lenta y sensual de Draco le iluminó el rostro.

—No estabas bromeando sobre la rapidez.

—No.

—Sexy como el infierno. La próxima vez estaré a cargo de la elección del vibrador, ya que sé que tienes a buen recaudo una caja llena de ellos.

—Trato hecho. —Hermione metió el Fukuoko en la bolsa, la arrojó sobre la mesita de noche y se acurrucó en los brazos de Draco

Antes de que se durmiera, él susurró:

—Gracias, castaña.

...

Hasta aqui este capitulo de el juego de Draco. Espero que les haya gustado y creo que podre seguir actualizando mas seguido.

Besos y Libros

Blue Nayade