Un Nuevo Capitulo. Gracias a Chalupitabonita por leer este fic.


Capitulo 15.

Hermione contempló la extensa nada. Tierra en tonos naranja, tostado y gris polvo. Árboles escuálidos. Un horizonte infinito de montañas demasiado lejanas para confiar en que el paisaje mejoraría. ¿Y la gente decía que Wyoming era feo? ¿Habían estado alguna vez en Milford, Utah?

—Oí ese suspiro. —Draco restregó su áspero pulgar en su nudillo

—¿Estás bien?

No. Tan extraño como era dirigirse al territorio de Malfoy, por decirlo así, a convencer a sus clientes de que estaban locamente enamorados, era más extraño sostener la mano de Draco. Solamente porque ambos querían hacerlo. O tal vez lo necesitaban.

Después del "incidente del baño" Draco comenzó a tener una actitud de propietario todo el tiempo, no sólo en público. Una parte suya pensaba que su respuesta era un preámbulo para ese acontecimiento. Otra parte entendía que Draco había hecho una reclamación invisible de ella. Una reclamación que no estaba preparado a admitir verbalmente, aun cuando físicamente había dejado su marca en ella.

Hermione no tenía ni idea de cómo sentirse sobre eso. Después de que ella regresara a casa del bar esa noche, Draco se la llevó a la cama. Sus solícitas caricias la arrullaron para dormir. Entonces anoche, él se ocupó de la cena y detallaron el viaje a Milford. Luego, la persuadió a que usara su sombrero de vaquera mientras lo montaba en el sofá. El divertido jugueteo erótico le había mostrado un lado juguetón de Draco.

Cuando se fueron a dormir, Draco insistió en entrelazar su cuerpo alrededor del suyo. Era suficiente para hacer a una chica pensar que él la amaba. Era suficiente para hacer a una chica enamorarse completamente de él. Sólo una chica tonta creería que esa situación era más que un arreglo comercial. Una vez que ambos obtengan lo que quieran, el show de Malfoy y Granger terminará para siempre.

Hermione no se consideraba una chica tonta, pero nunca antes había estado tan confusa sobre el amor, sobre todo porque nunca había estado enamorada de esa manera. Esto la asustaba de muerte.

—Estamos aproximadamente a treinta kilómetros —dijo Draco.

—Por favor dime que la panorámica mejora.

—Ni siquiera un poco. Construyeron la ciudad en medio de esto porque hay agua cerca y pasa el ferrocarril.

—Sé por qué mi tatarabuelo se estableció en territorio de Wyoming. Estar atado a la tierra durante generaciones es un incentivo para quedarse. ¿Pero qué haría a alguien instalarse en Milford ahora?

—¿Por qué se traslada la gente a Sundance? —respondió él.

—No muchos lo hacen. Tienen más dinero que Dios y pueden permitirse los escandalosos precios de la tierra, y no tienen que confiar en ganarse la vida en la localidad.

—Esa es una dura valoración de tu amada ciudad natal.

Ella se encogió de hombros. —Es cierto. Somos unos esnobs a la inversa. Cualquiera de los tipos de la nueva era que intentan conseguir un lugar en la comunidad lo pasa mal. La mayoría no se queda mucho tiempo. No nos gustan los cambios. Nos gustan nuestras armas, nos gusta nuestra carne de res, nos gusta el dinero del carbón y el petróleo. Nos gusta desafiar a cualquiera que trate cambiar nuestras costumbres. Si no abrazan toda nuestra forma de vida… bien, no tenemos tiempo para ellos.

Malfoy golpeó ligeramente sus dedos en el volante. —Entonces cuando mi jefe pregunte donde vamos a vivir después de que nos casemos, ¿vas a decir que…?

—Que repartiremos el tiempo entre Colorado y Wyoming por ahora, pero después de que comencemos a tener bebés, nos instalaremos en Sundance porque es un buen lugar para criar a los niños y tengo mucha familia en la zona. Él la miró de reojo.

—Suena demasiado ensayado.

—Eso es porque es lo que quieres que yo diga.

—¿No es lo qué dirías?

—No.

—¿Qué dirías?

—Diría que no tiene importancia donde vivamos porque dondequiera que tú estés será mi hogar. Draco le envió otra mirada, una más suave.

—Hermione…

—No te preocupes, no seré tan morbosamente cursi para hacerte pasar vergüenza —Apartó su mano de la de él, necesitando distanciarse

— Gracias por no hacerme escuchar esa mierda de jazz las últimas dos horas.

—Lo mismo podría decir por salvar mis oídos de la contaminación acústica que es llamada música country.

—No pareció importarte la otra noche cuando me hiciste llegar al orgasmo en la pista de baile mientras sonaba "You Look So Good In Love". Bravo, no iba a recordarle ese momento. Malfoy señaló: —Ya llegamos.

Coronaron una subida. La extensión de la ciudad se veía como un pueblo pequeño común y corriente. Excepto que tan pronto como atravesaron los límites de la ciudad, Hermione pudo ver la diferencia. Estaba… limpio. Las casas estaban bien cuidadas. Ningún columpio oxidado o restos de bicicletas. Una vez que llegaron al área de comercial, había más diversidad. Nada de letreros publicitarios normales, ni mencionar letreros con luces intermitentes.

—Guau. Es como… retroceder al pasado a la ciudad de la película Regreso al futuro.

—¡Exactamente! —sonrió él—. Te volverás loca cuando veas el reloj en la plaza municipal. Está justo frente a nuestro hotel.

Hermione miraba todo con asombro. Draco señaló los detalles arquitectónicos que le gustaban o detestaba. Se puso poético acerca del potencial, mezclando fantasía con realidad, del estilo de las modernas instalaciones. Feliz al escucharle hablar con tanto entusiasmo de su trabajo, perdió el hilo de la conversación un par de veces. Medio temió que Draco la culpara si no le concedían ese trabajo. Pero él no habría tenido oportunidad ante el proyecto en absoluto si no fuese por su falso compromiso. Aun así, ella tenía un mal presentimiento.

—¿Hermione? Su atención regresó.

—¿Qué? Lo siento.

—¿Te estoy aburriendo? Una prometida dedicada mentiría y lo haría sentirse bien.

—Quizás un poco.

—Mierda. Esperó a que le devolviera el insulto. Pero Draco lanzó un suspiro resignado. —Me han dicho que a veces divago. Si parece que los ojos de mi cliente se ponen vidriosos cuando le esté hablando, ¿podrías hacerme una señal?

—Seguro.

Un golpe sonó en la ventanilla. Un botones de mediana edad de uniforme y con un sombrero rojo decorado con borlas sonrío a través de la ventana a Hermione.

—¿Puedo ayudarla, señorita?

—¡Uh! Claro. Gracias. Draco quitó el seguro de las puertas y del maletero. El botones sacó las maletas y las llevó hasta la recepción. Otro botones con sombrero rojo le sostuvo la puerta y Draco le entregó las llaves del coche. Hermione notó que la recepcionista también llevaba puesto un uniforme rojo, completado por un sombrero decorado con borlas.

—Señor Malfoy, estamos contentos de tenerle de regreso en el Milford Inn. —dijo resplandeciente, la mujer detrás del mesón. —¿Y esta preciosa joven debe ser su prometida? ¿Hermane Granger?

—Hermione —corrigió ella amablemente —Con ''io'' no con ''a''. Un error bastante común.

—Oh. Lo siento mucho. Un nombre tan bonito. Lo cambiaré enseguida. —Sus dedos volaron por las teclas. —Ya está. Hecho. Está en la segunda planta. —Deslizó la tarjeta de acceso a través del escritorio—. Horacio la ayudará con el equipaje.

Hermione miraba a Draco insegura sobre qué hacer. Normalmente tomaría ella misma su maleta. ¿En esta situación se suponía que dejaba a su prometido cargar con el equipaje? ¿O dejaba al hombre decidir si dejaba esa responsabilidad al botones? Draco sonrió a Horacio.

—Puede llevar también mi maleta a mi habitación. —Le dio al hombre un billete doblado.

—El señor Malfoy está en la tercera planta. —Le pasó una hoja de papel con los números de las habitaciones a Horacio y este comenzó a rodar las maletas hacia el ascensor.

—Aquí esta su llave señor Malfoy, Por favor avísenos si le podemos ayudar de cualquier forma durante su estancia. No olvide que si necesitan servicio de habitaciones, está disponible las veinticuatro horas del día – lo tendré en cuenta.

Draco tomó la mano de Hermione y se dirigieron hacia la puerta principal. Después de medio bloque, Hermione se detuvo y afrontó a Draco.

—¿Habitaciones separadas? ¿En diferentes plantas? ¿En serio?

—Muy anticuado, lo sé, pero no puedes decir que no te advertí. —Apretó su mano—. Es una línea que no podemos cruzar, Hermione, ni movernos en secreto entre nuestras habitaciones. —Son sólo dos noches. —Restregó su pulgar sobre su muñeca de forma perezosa, erótica y ella sabía que sus ojos ardían detrás de las gafas de sol —¿Te has acostumbrado tanto a tenerme en la cama que me echarás de menos si no estoy allí?

—¿Y si digo que sí? —preguntó ella tímidamente.

—Entonces tendré sexo telefónico obsceno contigo.

—¿Y si digo que no? —Pues entonces todavía tendré sexo telefónico obsceno contigo.

—Como te dije Draco, eres fácil.

Una mentira total. Draco Malfoy era el hombre más complicado que había conocido jamás. Durante la hora que vagaron, varios comerciantes salieron a saludarlos. Ella contó tres salones de belleza y dos barberías. Una farmacia grande. Dos tiendas de muebles. Tres restaurantes con diferentes especialidades. Varias tiendas de moda surtidas, con bolsos, bisutería y zapatos. Esas selectas tiendas exclusivas la hicieron babear.

Hermione no era una "compradora "más de lo que era una chica femenina. Adquiría su ropa en tiendas para vaqueros o grandes almacenes. No se angustiaba sobre qué ponerse, aunque tenía debilidad por las clásicas botas vaqueras. No solía maquillarse a diario y cuando lo hacía le gusta un look natural y fresco. Su única indulgencia era una loción perfumada de lilas y cremas corporales naturales. Aunque posiblemente no se habría molestado si la tienda de cremas y lociones no estuviera debajo de su apartamento.

Con Draco manteniendo reuniones todo el día de mañana, tendría tiempo para explorar por su cuenta. Un pensamiento horrible la golpeó. ¿Y si las esposas de los miembros del comité hubieran planificado el día para ella? ¿Qué haría? Anímate. Esto es importante para Draco.

—¿Hermione? ¿Qué te pasa? Ella le sonrió.

—Nada. Deberíamos regresar al hotel así puedo arreglarme antes de cenar.

Se separaron en el vestíbulo del hotel. Así la recepcionista podría informar que Draco y ella no se reunían para un polvo rápido antes del happy hour. Seguro. Nada de hora de coctel en Milford. Hermione colgó su ropa y revisó la habitación. Grandes ventanas cubiertas de cortinas de chintz y terciopelo.

El mobiliario era delicado con patas largas y telas sobrias. El cabecero era de madera con adornos dorados. Un lugar elegante. Demasiado elegante para su gusto. Prefería una atmósfera más relajada e informal donde no le diese miedo plantar sus botas sobre la mesa. Tal vez debería tomar una siesta. Bostezó y cerró sus ojos.

Hermione juró que le sacaría partido a los siguientes dos días, sus dos últimos días con Draco como su falso prometido. Sonreiría y actuaría feliz, aun cuando le doliera que esa situación ficticia estuviera casi terminando. Lástima que sus sentimientos por él fueran reales.

Draco casi se tragó su lengua cuándo Hermione salió del elevador. Y estaba condenadamente contento de llevar puesta una chaqueta de vestir para cubrir su inmediata erección. Mierda. Era una diosa. Estaba acostumbrado a verla vestida de manera informal, llevando vaqueros, el mínimo de maquillaje y sus siempre presentes botas vaqueras. El traje que había elegido no era demasiado elegante. Su elección de tonos rosa pálido encajaba con su personalidad. Pero el corte y el color de la ropa hacían sobresalir su belleza natural, tanto que apenas reparabas en las ropas, sino en la mujer. Su mujer.

Hermione se acercó a él con una sonrisa cautelosa.

—Hola. Él tomó su mano y le besó la palma antes de entrelazar sus dedos.

—Estás absolutamente exquisita. Ella se sonrojó. Moviendo los pies, aparentemente muda.

—Vamos. Es un paseo corto y no puedo esperar a lucirte. Sus ojos chocolate echaron fuego.

—No soy una vaquilla de espectáculo, Malfoy. Draco estaba aliviado de que su ataque de nervios hubiera pasado.

—Esa es mi novia guerrera. Guardaron silencio mientras caminaban hacia el restaurante. La camarera les mostró un pequeño salón de banquetes lleno de gente. La mano de Hermione se tensó alrededor de la suya. —Relájate —murmuró Draco en su oído— Si estás nerviosa, solo tienes que imaginarlos en ropa interior.

—Eres la única persona que quiero imaginar de ese modo. ¿En realidad quieres verme contemplando tu entrepierna toda la noche?

—Lo que sea que funcione.

—¡Draco! Mi muchacho, ¿cómo estás? Draco sonrió a Rodolfus Lestrange, un hombre parcialmente calvo, con forma de barril, dos barbillas y la sonrisa de un político. Estiró su mano para estrechar vigorosamente la mano de Rodolfus.

—Rodolfus. Encantado de verte otra vez.

—Estamos contentos de tenerte de regreso.

—Aprecio la segunda oportunidad. —Pasó su brazo alrededor del hombro de Hermione y la puso delante—. Ésta es mi prometida, Hermione Granger. Hermione, éste es Rodolfus Lestrange, la mente y el poder detrás del Comité para la Preservación Histórica de Milford.

—La mente y el poder, ¡bah! —Rodolfus estrechó delicadamente la mano de Hermione

—Un verdadero placer conocerte, Hermione. Aunque, tengo que admitir que me sorprendí cuando Draco me contó acerca de su compromiso. Nunca había indicado en sus negociaciones con el comité que estaba involucrado en una relación seria.

—Draco mantiene separada su vida personal y profesional, así que no estoy sorprendida —dijo Hermione con una sonrisa—. En honor a la verdad, no había oído hablar de usted tampoco. Él se río entre dientes.

—Pues bien, puedo sin duda ver por qué quiere conservar a una mujer tan bella para sí mismo. ¿Tienen ya prevista la fecha para la boda?

—No. Pero mis padres nos organizaron una fiesta de compromiso el pasado fin de semana.

—Maravilloso. Mi esposa, Bellatrix, a quién conocerás enseguida, se sentirá decepcionada de no haber enviado un regalo.

—No se preocupe. Tengo fotos de la fiesta que me encantaría mostrarle. Draco palmeó su hombro. —Hermione. Cariño. Estoy seguro que Rodolfus y Bellatrix no están interesados en… —Tonterías. Estaremos encantados de verlas —dijo Rodolfus —. Y nos encantaría ser invitados a la boda.

—Todavía estamos resolviendo la fecha y los detalles. Tengo una familia grande, y naturalmente quiero que todos ellos asistan. Es algo complicado ajustarnos a todos.

—Me lo imagino. —Rodolfus sonrió a Draco

—¿Nos acercamos a los otros miembros del comité mientras esperamos que la cena sea servida?

—Desde luego. —Draco mantuvo a Hermione cerca porque todavía podía sentir que estaba nerviosa. Estas personas lo inquietaban también. Como si estuvieran esperando que la jodiera y dijera o hiciera algo para retirarlo de la carrera por el trabajo. ¿Por qué te importa tanto este proyecto? ¿Fingiendo ser alguien que no eres? ¿Solo para dejar fuera al buitre de Crabbe? No. No era eso… ¿verdad?

—¿Draco? Volvió a centrarse en Hermione, alejando el estallido de dudas.

—¿Sí, cariño?

—Es hora de comer.

—Bien. Estoy hambriento. El comité los separó. Los hombres se sentaron a un extremo de la mesa y las mujeres al otro. Draco se obligó a concentrarse en los negocios y no en cómo estaba Hermione. Aunque la miraba a menudo. Ella sonreía mientras conversaba, pero apenas había comido dos bocados de su cena. El postre fue un pastel de pan de jengibre, seco como el polvo. Hermione picoteó con cuidado el glaseado de arce y bebió mucha agua.

A nivel profesional, la comida fue un éxito. Draco señaló problemas de permisos que otras compañías bajo consideración podrían haber obviado. Durante su asociación, Crabbe le había dejado esos detalles a Draco. Y Draco había oído chismes de que Crabbe había sido multado en otros proyectos por negligencia. Cuando se enteró que BDM no había hecho aún una propuesta formal al Comité de Milford, se reprochó por abrir la boca, porque justamente le había dado a Crabbe otra ventaja.

Una vez que la mesa fue despejada, varias personas se marcharon y otras cambiaron de asientos. Draco hizo un gesto a Hermione para que ocupara la silla vacía a su lado. Apenas se había sentado cuando Rodolfus se dirigió a ellos.

—Entonces, Draco, ya que has mantenido en secreto a la preciosa Hermione, estamos ansiosos por oír cómo terminaron prometidos. Los murmullos de asentimiento sonaron de todas partes de la mesa.

—Es algo complicado… ―dijo Draco. Hermione palmeó la mano de Draco sobre la mesa.

—Draco, cariño, no te ofendas, pero eres un hombre y no vas hacer justicia a esta historia. ¿Por qué no me dejas contarla? Se escucharon risas suaves. Él le enseñó sus dientes como advertencia.

—Adelante, cariño. Pero me meteré si dices algo equivocado.

—Nunca me equivoco.

—¿Ven a lo que me enfrento? —dijo él inocentemente a los hombres. Todos ellos inclinaron la cabeza.

—Si alguien me hubiera dicho hace un año que iba a comprometerme con Draco Malfoy, yo habría dicho que estaba completamente loco —dijo Hermione —. Verán, Draco y yo nos odiábamos. Se oyeron algunos jadeos. Draco refrenó un gemido. Maldita sea. Mejor que no jodiera esto.

—Tal vez odio es una palabra demasiado fuerte. Nos despreciábamos con intensidad. He conocido a Draco desde que tenía dieciséis años. Él y mi hermano Harry se hicieron amigos en la universidad y Harry trajo a Draco al rancho un fin de semana. Nos detestamos nada más vernos. Él era rudo, grosero y se creía un adonis. Todo un pavorreal

—Y ella era una mocosa sabelotodo —insertó. Risas.

—Demás está decir, que nuestros caminos se han cruzado muchas veces durante años. Nunca superamos la escena de no puedo soportar mirarte. De hecho, era peor cuanto más tiempo pasamos uno cerca del otro.

—Fue mucho peor cuando comenzó a salir con mi hermano pequeño.

—Y su hermano Damien … me dejó. Murmullos femeninos de comprensión.

—¿Te acercaste a ella para reparar los pedazos de su corazón roto? —preguntó Millicent Bullstrode como si estuviera soñando.

Hermione se inclinó hacia adelante. —No, no lo hizo. Terminamos intercambiando insultos en la recepción de bodas de mi hermano Fred. Ella tomó un traguito de agua; la corta pausa dejó el drama incrementarse. —Haré un avance rápido, hasta hace seis meses. Compré un viejo edificio en Moorcroft que necesitaba una gran renovación. También estaba incluido en el Registro Histórico de Wyoming, y no tengo que explicarles a todos ustedes la pesadilla que eso es. Risas.

—En definitiva, no me gustaba Draco personalmente, pero profesionalmente, yo sabía que nadie estaba mejor calificado para ayudarme con el proyecto de restauración que Draco Malfoy. Me tragué mi orgullo y lo llamé. Él se tragó su escepticismo y se encontró conmigo. Y milagros de los milagros, no intercambiamos un solo insulto en esa primera reunión. Una vez que hablamos y resolvimos el tema comercial… bien, después de dos años sin estar en contacto, nos dio una visión totalmente nueva, uno del otro. Nos vimos con una luz completamente diferente. Y porque nuestra vieja historia era tan… volátil, no le dijimos a nadie que nos habíamos enamorado. Nadie de nuestras familias lo iba a creer de todos modos. Más risas.

—Mantener la relación en secreto nos dio el tiempo para comprender y aceptar la profundidad de nuestros sentimientos. Diablos, esa dulce historia ahogó de emoción a Draco y sabía que era una maldita mentira. A él no le importaba si el comité desaprobaba su pública muestra de afecto; tenía que besarla. Presionó sus labios en los de ella, dejando que su calor y dulzura fluir a través de él.

—¡Oh Dios! Se trata de la cosa más romántica que he oído jamás —dijo Millicent efusiva. Cuando Draco miró a Hermione a los ojos, por un segundo, él creyó que cada palabra que había pronunciado era la absoluta verdad.

—Hermione… ―murmuró

—¿Fue su propuesta igual de romántica? —interrumpió Millicent, rompiendo el momento.

—Ni de cerca. Risas.

—Oye, no fue tan mala —replicó Draco. Hermione levantó una ceja.

—¿Los dejamos decidir? Millicent aplaudió.

—¡Oh buen Dios, sí, cuéntanos, cuéntanos! Draco sospechó que Millicent no salía mucho. O no tenía romance en su vida. Echó una ojeada a Gustave Bullstrode, que discretamente se hurgaba la nariz.

—Fue al final de una tarde en mi viejo y decrépito edificio —comenzó Hermione —. Estábamos polvorientos y sucios de trabajar todo el día. Barría la millonésima pala llena de excrementos de ratas, cuando Draco gritó a través del cuarto: Oye, botón de oro, cásate conmigo. Gemidos femeninos.

Draco sonrió abiertamente. —Hermione, mi amor, así no fue cómo ocurrió en absoluto. Habíamos estado trabajando duro todo el día. Pero cuando te miré, el brillo dorado del atardecer iluminó tu pelo y tu rostro, no me importó que estuvieras polvorienta y sucia. No me importó que barrieras excrementos de ratas. Todo lo que vi fue a la mujer más bella del mundo. Supe en ese mismo momento que quería pasar el resto de mi vida contigo.

—Se llevó su mano a la boca y le besó sus nudillos. Hermione lo miró parpadeando. Repetidamente. Mierda. ¿Estaba parpadeando para contener las lágrimas?

—Draco definitivamente gana con la versión más romántica. Él rompió el contacto visual con Hermione para sonreírle a la esposa de Gutave.

—¿Lo ves? Todo es cuestión de percepción. Hermione colocó su mano izquierda sobre la mesa. —También ayuda que me haya comprado un enorme anillo de compromiso.

Draco se sentía frustrado de que Rodolfus insistiera en hablar de política y deportes, en vez del proyecto de restauración. Hermione se había mantenido firme esa noche, pero parecía cautelosa cuando Bellatrix se ofreció a llevarla de regreso al hotel. Después de que se fueron él logró escabullirse para hacer una llamada telefónica. Media hora más tarde, su móvil sonó cuando entraba en su habitación del hotel.

—¿Qué hay, botón de oro?

—Imagina mi sorpresa cuando oí un golpe en mi puerta. Esperaba que hubieras esquivado los guardias para tomar tu camino de perversidad conmigo. No esperaba el servicio de habitaciones. —Oyó la sonrisa en su voz

—Desde luego no esperaba un filete, beicon y un pastel de chocolate. Si estuvieras aquí, Draco Malfoy, te besaría – Hacerla feliz hizo a Draco sonreír como un idiota.

—¿Qué más harías?

—Gruñir si trataras de arrebatarme siquiera un pequeño mordisco. Algunas veces eres tan agradable que no puedo creer… —se aclaró la voz—En fin, gracias.

—De nada. —Él se estiró en su cama—Ahora acerca de ese sexo telefónico…

—No esta noche querido, me duele la cabeza – Él se río.

—En serio. Estar dos días sin hacer… —ella hizo una pausa — ruidos fuertes cuando follamos como animales sería bueno para nosotros.

A Hermione casi se le había salido y había dicho… ¿hacer el amor? No era amor entre ellos, sólo un fantástico, duro sexo donde todo se valía. Simplemente un subproducto de su acuerdo. Ella sabía eso, ¿cierto? Ella realmente no se había creído ninguna de la mierda romántica que habían vomitado esa noche, ¿verdad? ¿No lo creíste tú?

—No voy a cambiar de opinión. Y solo puedo decir que estabas absolutamente de rechupete esta noche. Llenas muy bien un traje, GQ.

—Hermione…

—Te veré en algún momento de mañana, Draco. Que sueñes con los angelitos.


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Blue Nayade