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Capitulo 16

El segundo día en Milford había ido mejor que el primero. El comité estaba entusiasmado con los cambios adicionales que Draco sugirió. Lo hizo muy bien en la presentación.

Una vez más él y Hermione estaban separados durante la cena formal. Después, estuvo rodeada por varias mujeres, dejándolo sin posibilidad de hablar con ella a solas. Cuando finalmente regresó al hotel dos horas después de que ella se había ido, Hermione no había respondido su teléfono celular. Le preguntó acerca de eso esta mañana, ella dijo que había olvidado el cargador y que la batería estaba muerta.

Draco la miró, durmiendo en el asiento del copiloto de su auto. Durmió todo el camino desde Milford a Salt Lake City. Lo mismo en el corto vuelo a Denver. Hermione deambuló por su cuenta en el aeropuerto de Denver para mirar las tiendas de regalos. En el vuelo de Denver a Rapid City miró hacia afuera por la ventana. Y se quedó dormida poco después de entrar en la autopista interestatal. Draco estaba frustrado porque este… retraimiento no era propio de ella.

Fuera de Spearfish, dijo.

― ¿Quieres que pare en algún lugar para comer?

―No. No tengo hambre.

― ¿Estás segura? No has comido mucho hoy. ―Creo que sé cuándo tengo hambre.

―Tal vez yo tengo hambre.

―Entonces para el maldito auto y compra algo para comer. Estás conduciendo.

La vaquera arisca hablando. Síp. Estaba cabreada.

Draco la ignoró hasta que alcanzaron el siguiente pueblo. Salió de la autopista interestatal. El único lugar abierto era una estación Exxon. Eliminó esa idea.

Cuando se detuvo en la solitaria señal de Pare, notó un camino de grava. Publicado en cada lado con la señal de Callejón sin Salida y un letrero del cementerio municipal de Beulah.

Giró bruscamente a la derecha.

―Si tienes que orinar, había una gasolinera allá atrás. De todos modos, no pareces del tipo que mea en la maleza.

Draco no respondió. Pasó por delante del cementerio hasta donde el camino terminó. Apagó el auto, guardó las llaves y salió.

Unos minutos después Hermione salió del auto y arremetió contra él.

― ¿Qué carajo está pasando, Draco?

―Tú dime.

―Tú eres quien condujo aquí.

―Tú eres quien no me ha dicho más de una docena de palabras desde que partimos de Milford.

― ¿Te quejas cuando no hablo, así como cuando hablo demasiado? Supongo que no hay manera de complacerte. ―Hermione comenzó a caminar a un buen ritmo.

― ¿A dónde vas?

―A casa.

―Es una larga caminata ―gritó él.

No hubo respuesta.

Jesús. La mujer le disparaba el genio de cero a furioso en menos de sesenta segundos. Salió tras de ella.

Su lenguaje corporal no dio indicios de que lo notó.

Cuando Draco la atrapó, la inmovilizó y amplió su postura para que no pudiera desequilibrarlo cuando comenzó a retorcerse.

Y luchó como un gato mojado. Maldiciendo, gritando y debatiéndose contra él. En vano. Draco se mantuvo firme. Darían este asunto por terminado aquí y ahora.

Cuando Hermione dejó de luchar, él dio un suspiro de alivio, incluso cuando sospechó que su sumisión sería de corta duración.

― ¿Terminaste de luchar conmigo?

―Suéltame, Draco. Ahora mismo.

― ¿Por qué no hablas conmigo, cariño?

― ¡No me llames así nunca más!

―Está bien. ¿Por qué no hablas conmigo, Hermione?

―Porque no tiene sentido. Se acabó.

Draco frunció el ceño.

― ¿Qué quieres decir con se acabó?

―Todo esto. ―Ella trató en vano de gesticular con sus manos atrapadas―. Este estúpido compromiso falso se acabó. Nosotros siendo amables el uno con el otro se acabó. Terminamos.

La giró para afrontarlo, pero siguió sosteniéndola de sus bíceps.

― ¿Qué demonios te dio esa idea?

Hermione bajó su barbilla contra el pecho. Él la sacudió un poco.

―Mírame maldita sea.

Cuando finalmente abrió sus ojos, Draco vio un brillo de lágrimas.

―Hermione.

―Conseguiste lo que querías, Draco. Los dos sabemos que el viaje a Milford fue un éxito total. Te darán el contrato, garantizado. Y después de la próxima semana puedes firmar la aprobación de mi proyecto, con la excepción de la inspección final. No hay ninguna razón para que te quedes en Sundance.

La miró. ¿Hermione realmente creía que ella no era razón suficiente para que él se quedara?

Ella tiene razón. No necesitas quedarte.

Pero quería quedarse. El pensamiento de abandonarla le dejaba un dolor que no podía explicar. O justificar. Pero estaba seguro como el infierno que necesitaba más tiempo para entender qué diablos significaba.

― ¿Ves? No puedes discutir mi lógica.

―No me tientes a discutir contigo, vaquera, porque sabes cuánto me gusta.

Hermione ni siquiera esbozó una sonrisa.

―No hemos terminado. Lejos de eso. ¿Has olvidado que exigí un mínimo de un mes de ti para este compromiso? Estamos en qué… ¿tres semanas? ¿Y no crees que sería sospechoso si rompemos todo contacto la misma semana que firmé tu proyecto? ¿Justo después de que volvimos de Milford? ¿Estás preparada para lidiar con las explicaciones sobre eso?

―No. Pero…

―Escucha. ¿Podemos simplemente dejar esta… relación desvanecerse sola? ¿Pasar tanto tiempo juntos como podamos esta semana en Sundance?

Su postura completa permaneció tensa. Cerrada. Escéptica.

― ¿Por qué?

―Dentro de una semana a partir de hoy hay un trabajo en el que tengo que estar presente hasta que esté terminado. Pero esta semana y especialmente este fin de semana, te necesito para mantener esta farsa. ―Interiormente, Draco hizo una mueca a su elección de la palabra. Lo que se desarrolló entre ellos difícilmente se sentía como una fantasía.

― ¿Qué pasa este fin de semana? ―Una convención en Denver.

Hermione frunció el ceño.

―Es la primera vez que oigo de eso. Han pasado un lote de cosas. No puedes esperar que me acuerde de todo.

Recordaré todo. La forma como sabes temprano en la mañana. El dulce aroma de lilas rodeándome tarde en la noche cuando me quedo dormido. Tus ojos que me miran con ira. Tus ojos que me devoran con hambre. Tu risa. Tu determinación. El amor incondicional que tienes por tu familia. La forma que haces el amor con tu corazón y alma, así como con tu cuerpo. Nunca olvidaré nada de eso.

― ¿Draco?

―Pensé que te lo había dicho. Esta es la reunión anual de la Sociedad de Profesionales Preservacionistas; que resulta que será en Denver este año. Ya reservé una suite para nosotros en el hotel Adam Mark en el centro.

― ¿Cuándo tengo que estar ahí?

―A las seis de la noche del viernes para un coctel y una cena.

― ¿Tendremos habitaciones separadas?

Draco se puso justo en su cara. Gris contra castaño

―De. Ninguna. Manera. Estarás en mi cama extra grande todo el fin de semana. Algo cambió. Hermione extendió la mano y jugueteó con el cuello de la camisa de Draco.

― ¿Extrañaste el sexo estos últimos dos días?

―No, extrañé dormir contigo. ―Draco deslizó su mano hasta acunar su rostro hermoso, pero extrañamente triste.

― ¿Lo extrañaste?

―Sí.

No era como si Hermione fuera a elaborar su respuesta. Así que se encargó él de rellenar el vacío. ―Estaba tan caliente que tuve que hacerme una paja. Dos veces.

Ella parpadeó con sorpresa.

― ¿Lo hiciste?

―A primera hora de la mañana reviví nuestra primera ducha. Lo maravilloso que se sintió empujar mi pene en tu boca. Lo caliente que fue ver mi semen en tu cara.

― ¿Y la segunda vez?

―La segunda vez pensé en todas las posiciones que no hemos intentado todavía. Sesenta y nueve. Vaquera a la inversa. O en tu camioneta, la cual es una fantasía personal mía, lo creas o no.

― ¿Una fantasía en una camioneta, chico rico? ¡Qué rural!

―Y una fantasía cruda y lasciva también. ―Se acercó a ella.

―Mi pene enterrado en tu pequeño trasero fue la imagen que me llevó al límite. Imaginándote en tus manos y rodillas con tus sexis nalgas abiertas. Mirando mi pene desaparecer en ese rosado agujero fruncido. No eres virgen en el sexo anal, pero apuesto que mi pene es más grande que cualquier cosa que hayas tenido. El pensamiento de lo caliente y apretada que estarías mientras embisto contra tu trasero. Jesús, Hermione, me corrí por toda mi mano. Y usé ese semen para masturbarme de nuevo, imaginándote todavía inclinada mientras eyaculo sobre tu trasero. Viendo mi semen deslizándose por la raja de tu culo y corriendo por tu ano.

La lujuria brillaba en los ojos de Hermione.

― ¿Tan gráfico? ―Te encanta.

―Sí, pero son tres veces las que te masturbaste, no dos.

―Quería ver si podía ponerte tan caliente y mojada solo por la descripción verbal de lo que quiero hacerte que se me olvidó contar. ―Posó sus labios sobre los de ella, probando su respuesta.

Y ahí estaba. El hambre de Hermione, una necesidad descarada. Dándole todo, sin contener nada, era su igual en todos los sentidos. Él la quería en todos los sentidos.

―Te deseo, Hermione. Ahora mismo. Contra el auto. ―Draco arrastró su boca por el cuello, dejando besos mojados.

Hermione dio un paso atrás. Bien atrás.

―Huh-uh. Dejaré que me folles en el baño de hombres del Golden Boot, pero no voy a tolerar tener sexo a las afueras de un cementerio en Beulah.

―Está bien. Pero conserva esa idea hasta que lleguemos a casa.

―Si tienes suerte.

Draco la besó nuevamente.

―Me estoy sintiendo muy afortunado.

¿Podría Hermione pasar otra semana con él? ¿Sin que Draco descubra que se había enamorado de él?

Síp. No actúes como un bicho raro como lo has estado haciendo todo el día. La reacción de no hablar, no mirar, no tocar es muy obvia. Fóllalo, insúltalo y nunca adivinará que algo ha cambiado.

Incluso cuando todo había cambiado.

Ella llenó el resto del viaje con historias de cómo había pasado el sábado. Compras, almuerzo y un tour de tres horas por la cuidad con las esposas de los integrantes del comité. Sorteando preguntas acerca de su afiliación religiosa. Sorteando preguntas acerca de ser una "mujer trabajadora". Sorteando preguntas acerca de cómo era estar con un hombre devastadoramente guapo, completamente encantador y totalmente atractivo como Draco Malfoy.

Draco se pavoneó cuando Hermione le relataba la adulación de las mujeres.

―Por supuesto, no les podía decir que eres el mejor de los partidos porque además de tu belleza impresionante y físico delicioso, tienes un pene grande.

―Ahí está mi vaquera sarcástica.

― ¿Me extrañaste? ―susurró.

―Como una úlcera sangrante. Ella se río.

―Hemos progresado mucho en tres semanas, ¿no? ―Sí, y sorprendentemente, sin heridas de cuchillo.

Llegaron a Sundance cuando el sol volvía las colinas de color bronce, reflejando el oro a través del valle, exhibiendo la belleza del paisaje que ella nunca se cansaba de mirar. Hermione respiró profundamente.

― ¿Por qué el suspiro feliz?

―Porque estoy en casa. Cada vez que vuelvo de un viaje me doy cuenta lo mucho que amo este lugar y que nunca quiero dejarlo.

― ¿Nunca?

―Nunca. Todo lo que siempre he querido está aquí. ¿Por qué dejaría lo que me hace feliz?

Él no hizo comentarios, pero ella no esperaba que los hiciera.

En el apartamento, Draco llevó las maletas arriba. Luego la llevó a ella directo al dormitorio.

―Hermione. ―Enmarcó su cara con las manos y la deslumbró con un beso suave e infinito.

No le permitió apresurarse al siguiente nivel de la seducción. Lo siguió besando. Húmedamente. Profundamente. Suavemente. Firmemente. Sin apuro; quería saborearlo.

―Desnudos ―murmuró ella entre besos coquetos―. Completamente desnudos. Usualmente estamos tan apurados que tenemos todavía la mitad de las malditas ropas puestas.

Draco la desnudó tranquilamente. Ella lo desnudó con la misma deliberación. Él quitó la manta y la dejó gentilmente sobre el colchón. Besando el camino había abajo por su cuerpo, sin darse cuenta le hizo cosquillas con el pelo en su piel desnuda. Hermione adoraba su melena rubia platinada y brillante. Le quedaba bien.

Su boca avanzó directamente a su coño. Gimió y lamió la humedad.

―Podría saborearte por horas.

―Te tomaré la palabra en otro momento. Ahora mismo, te necesito.

Draco puso sus manos al lado de los hombros de Hermione y le separó sus muslos con las rodillas.

― ¿Estás lista?

― ¿Estás preguntando? ¿En vez de tomando? ¿Te golpeaste en la cabeza o algo parecido?

―Sabelotodo. ―El grosor de Draco la llenó con un deslizamiento lento y dulce que la satisfizo más que el dolor sexual en su cuerpo―. Pon tus piernas alrededor de mis caderas ―la instó.

Hermione se meció para encontrarse con sus estocadas relajadas.

Pero Draco restableció el ritmo a cámara lenta, mientras la miraba fijamente a la cara.

―Eres hermosa. No digo eso lo suficiente.

No lo digas de nuevo o podría creer que significa algo.

―Déjame cuidarte.

¿Para siempre? ¿O solamente por esta noche?

―Mírame a los ojos cuando te corras, Hermione.

Él flexionó sus caderas al final de cada golpe, impulsando su pene más profundo, pero manteniendo la retirada de su miembro agonizantemente lenta.

―Draco…

―Mis. Ojos. No mires hacia otro lado. Muéstrame lo que te hago.

Ella se concentró en el tirón revelador en su matriz. Usó todo su autocontrol para no agarrar el culo de Draco y buscar codiciosamente el orgasmo, machacando su camino a la felicidad a través de su cuerpo. Dejándole darle el placer a ella.

Cuando los músculos de la vagina de Hermione se contrajeron y su clítoris comenzó a palpitar, enganchó su mirada con los ojos soñolientos de Draco y se corrió en silencio. Sin gemidos lastimosos ni jadeos suaves. Sin arqueamiento ni tensión. El orgasmo no fue menos intenso por su tranquilidad.

El calor se expandió dentro de ella mientras Draco se corría con la misma quietud intensa. Mirándola con la misma atención que ella le había dado.

Fue tan extraño como fue maravilloso. Draco enterró el rostro en su cuello.

―Quédate dormida conmigo de esta manera. Solo por un rato.

Otra petición inusual. Pero no se lo negaría. Hermione estaba comenzando a creer que no le negaría nada.

La noche siguiente Hermione se quitó la ropa al segundo que cerró la puerta del apartamento. ―Ahora, eso es lo que me encanta ver. Impaciente de estar desnuda conmigo, botón de oro. Ella le frunció el ceño a Draaco que estaba en su lugar habitual en el sofá.

―No tengo tiempo para jugar. Estoy atrasada.

Un golpe. Bota número uno cae al suelo. Un golpe. Bota número dos cae al suelo. Corrió a la lavadora y botó el paquete apestoso, y luego se movió rápidamente al baño.

― ¿Atrasada para qué? ―Gritó Draco.

―Para el juego de baloncesto de Harry que comienza en quince minutos. ―Hermione giró las perillas y la ducha comenzó. Se tomó el pelo con un clip en la parte superior de la cabeza y se metió a la ducha.

― ¿Por qué no fuiste directamente al partido desde el trabajo?

Ella gritó. Draco estaba parado al final de la tina. La miró embobado. No a su cara, tampoco. ― ¿Te importaría? —preguntó ella.

―No, en absoluto. ―Sus ojos se la comieron. El hombre realmente se relamió los bigotes. ―Repito. No tengo tiempo para juegos de agua. ―Se volvió hacia la ducha y se enjuagó.

Después de terminar, Draco le entregó una toalla.

―Gracias. Mi último paciente se presentó a su sesión de terapia con un caso de gripe y vomitó todo sobre mí. ―Hermione se estremeció y secó con la toalla―. Me sorprende que no lo olieras cuando entré.

―Todo lo que huelo es a mi dulce Hermione.

―Bastardo cachondo. ―Se resistió a golpearlo con la toalla después de que su mente se agarró de su uso de la palabra "mi".

― ¿Esa cosa del vomito pasa a menudo?

―Tan a menudo que guardo un cambio de ropa en mi armario. Pero me había olvidado de remplazarlo porque no he hecho la colada en mucho tiempo.

― ¿Cuánto tiempo es exactamente mucho tiempo?

―A medio camino entre nunca jamás y cuando el infierno se congele. ―Estás de mal humor.

Él también. Ella se fue rápidamente a su dormitorio y se inclinó para abrir el cajón inferior del armario. Le quedaba un sólo par de vaqueros limpios. Tenía que lavar al menos una carga de ropa esta noche. Se volvió y Draco estaba ahí. Con aquella mirada. La mirada que la emocionaba. La mirada que le advertía que llegaría tarde al maldito juego de baloncesto.

―Draco…

Draco se arrodilló.

―Realmente no tengo tiempo… ¡Oh Dios mío! No juegas para nada limpio. ―Sus pies se deslizaron en la alfombra mientras automáticamente amplió su postura.

Draco se rio contra su carne sensible y le lamió la raja de arriba hacia abajo. Luego desde abajo hacia arriba.

―Sabrosa. Apuesto que puedo hacer que te corras tan rápido como tu vibrador. ―Ah. Seguro. Si. Bueno. Sigue adelante e inténtalo.

―Pensé que ibas a decir eso. ―Sus pulgares retiraron la piel delicada de la parte superior de su montículo, dejándola totalmente abierta a su boca hábil. Azotó su clítoris expuesto con latigazos rápidos de su lengua húmeda.

Hermione gimió.

Él no cedió. Mantuvo una vibración caliente y húmeda sobre ese bulto de nervios hasta que sus piernas temblaron. En el instante que su respiración cambió, Draco cerró sus labios alrededor de la protuberancia hinchada y chupó.

―Oh Dios. Draco.

Chupó más fuerte.

―Sí. Así mismo. ―Hermione se rompió en una docena de direcciones. Manchas negras y blancas aparecieron detrás de sus parpados. La sangre corrió como un río furioso por su cuerpo. Su conciencia flotó a otra dimensión, de completa satisfacción orgásmica.

¡Oh, hombre! Necesitaba eso. Mucho. ¿Cómo lo supo Jack? Abrió los ojos y miro abajo hacia él.

Él chupó los labios de su coño, junto con su clítoris, por última vez antes de liberarla.

―Eso fue… mmm. Una gran sorpresa.

―No pude resistirme. Me encanta hacerte sexo oral. ―Se estiró―. Y todavía podemos llegar al juego de baloncesto.

― ¿Podemos? ―Ella se detuvo. ¿Draco quería acompañarla a un evento social con su familia?

Pensó que después del fin de semana en Milford él se convertiría en un ermitaño.

―Me vuelve loco quedarme sentado aquí solo, sabiendo que tus estás viendo a un montón de hombres medio desnudos y sudorosos corriendo arriba y abajo por la cancha.

―Harry y mi primo son dos de esos hombres, así que puaj. ―Se puso una sencilla tanga rosada. La última limpia. Le quedaba sólo un sostén. El sostén rojo y verde navideño con dibujos de regalos y que lucía un gran lazo rojo en el centro del escote.

Draco miró su pecho con esa mirada.

―Voy abrir mi regalo en cuanto lleguemos a casa.

Miércoles por la noche…

―No tienes que ir.

―Quiero ir.

Hermione se dio la media vuelta.

― ¿Por qué? ¿Para que puedas follarme en el baño de hombres del Golden Boot otra vez?

Draco sonrió con su sonrisa arrogante.

―No. Pero si me lo pides muy amablemente lo consideraré.

―Pervertido.

―A palabras necias, oídos sordos, vaquera.

Argh.

―Odias los dardos.

―No, no los odio.

―Odias los bares country.

―No, no los odio.

―No puedes negar que odias la música country, es todo lo que tocan en este bar country.

―Cierto. ¿Pero perderme de ver tu magnifico trasero en esos vaqueros apretados mientras te inclinas hacia adelante para lanzar un dardo? ―La mirada gris de Draco redefinió lascivo―Botón de oro, dudo que pueda oír algo más que el latido de mi corazón.

―Quieres decir la sangre latiendo en tu entrepierna ―replicó ella.

―Eso también. Sacas la bestia en mí.

Qué bien había aprendido ella eso. Dos veces.

Hermione se retiró a la habitación, recordando la noche anterior.

La llamada frenética de Ginny, rogándole que condujera hasta la planta de Sky Blue y recogiera tres cajas de loción que había olvidado guardar. Hermione le aseguró a su agotada y altamente hormonal cuñada que se encargaría de todo.

Extrañamente, Draco se ofreció a acompañarla. Y todavía más extraño, después de cargar las cajas no parecía deseoso de marcharse. Él y Remus conversaron tranquilamente, mientras Hermione escuchaba todo sobre el preescolar de Ted.

Una vez que llegaron a casa, Draco demandó el precio por su ayuda: el cumplimiento de su fantasía de follarla en su camioneta.

Después de que se estacionaron en un lugar aislado, Draco estaba sobre ella, todo macho posesivo y desafiante. Él se tumbó en el lado del pasajero y le pidió que se masturbara para él. Lentamente. En cuanto ella se corrió, la arrastró a su regazo. Ella rebotó y se ensartó en su polla; él enfocó toda su técnica oral en sus pezones. Pellizcando, chupando, lamiendo. Incluso la mordida la excitó con más fuerza.

Draco agarró los cachetes de su trasero con ambas manos, arremetiendo con fuerza en su coño. Su orgasmo fue caliente y húmedo y un lío, y envió a Hermione en espiral al espacio.

Mientras volvía, fue vagamente consciente de que Draco estaba jugando con su ano. Excitando esas terminaciones nerviosas con la yema áspera de su pulgar. Entonces algo resbaladizo se deslizó por su pasaje anal.

―Relájate ―murmuró él contra su garganta.

― ¿Qué demonios acabas de meter en mi culo, Malfoy?

―Bolas anales. El set de tamaño pequeño.

― ¿Tienes más de un set?

―Te dije que planeaba ir de compras por juguetes sexuales nuevos. ¿Se siente bien?

―No.

―Mentirosa. ―Le mordió la oreja―. Las usarás hasta que las saque.

La excitación se desplegó en su vientre. Pero no podía rendirse a él tan fácilmente.

― ¿Y si digo que no?

―No lo harás.

Ella se retorció en su asiento en el viaje de regreso a Sundance. Draco la ignoró. De hecho, apenas la miró hasta que estuvieron en el apartamento.

¿Pero cuando Draco la miró? Oh hombre. Se fue el arquitecto sofisticado y encantador. El hombre que se cernía sobre ella era un macho primitivo. Salvaje. Decidido a conquistar, reclamar y marcar su territorio.

Primero, tomó su boca en un beso salvaje. A continuación, desnudó a Hermione, boca abajo en la cama. Su corazón latía como loco. No de miedo, sino de orgullo femenino. Nunca había afectado a un hombre tan poderosamente. Nunca. ¿Y afectar a un hombre tan fuerte como Draco Malfoy hasta el punto en que él perdía todo control y se convertía en una bestia furiosa en su búsqueda por tenerla? Era embriagador, un sentimiento único. E iba a disfrutarlo por todo el tiempo que pudiera.

El cuerpo caliente de Draco le quemaba la espalda mientras le inclinaba su culo en el aire.

― ¿Quieres tu vibrador?

Esa era su manera de decir que ella tendría que correrse por su cuenta porque su placer no era asunto de él. Esto era todo acerca de él.

Era tan malditamente caliente como el infierno.

―No.

Draco gruñó. Arrastró besos calientes, húmedos y con la boca abierta por su columna vertebral hasta que su boca se encontró con el asa de las bolas anales. Muy delicadamente, lamió alrededor de su estirada entrada.

La lujuria se estrelló contra ella con fuerza y Hermione cerró sus rodillas.

Él sacó con cuidado las bolas. Luego un gel helado y un dedo resbaladizo entraron y salieron de su agujero. Más gel. Otro dedo.

Oh, mierda eso ardía. Contuvo la respiración hasta que Draco le ordenó:

―Respira. Suéltate. Déjame entrar. Eso es. ―Luego la folló con tres dedos bien profundo y completamente afuera. Satisfecho con su preparación, Draco separó sus cachetes. La corona de su pene empujó en su ano.

Hermione exhaló cuando la cabeza gruesa entró al anillo de músculos apretados. Antes de que sintiera un dolor agudo, Draco deslizó su miembro en su pasaje anal. Sin pausas. Introdujo su pene hasta que sus pelotas golpearon su coño y no pudo ir más profundo.

Ella se concentró en el olor almizclado de sexo y sudor. ¿Le preguntaría Draco si estaba bien? ¿O le daría una descripción erótica de lo ajustado y perfecto que se sentía su culo sujetando su gran polla?

Draco no hizo ninguna de las dos cosas.

La folló sin restricciones. Sacando la gorda cabeza de su polla completamente cada vez que se retiraba. Descansaba la punta en su espasmódico agujero y volvía a entrar. Una y otra vez hasta que ella comenzó a anticipar el roce ardiente de la retracción. Comenzó a ansiarlo. Se preparaba para la dulce agonía mezclada con la picadura de dolor cuando Draco se sumergía nuevamente dentro de su canal apretado de un sólido impulso.

Una excitación extraña se construyó en su interior mientras él taladraba en ella. Demostrando que la poseía.

Draco finalmente habló.

―Empuja contra mí. Más fuerte. Dulce madre de Dios. ―Él empujó con fuerza, se quedó quieto detrás de ella y rugió.

Sintió cada chorro caliente mientras él llenaba su culo con su semilla. Le ordeñó cada gota, hasta que el continuo apretar y aflojar de sus músculos interiores hizo estallar un orgasmo vaginal que la dejó sin aliento.

El cuerpo de Draco se estremeció mientras experimentó las contracciones de Hermione. No intentó salir de su interior. Durante mucho tiempo Draco dejó que su gran pene la llenara hasta el punto que casi se acostumbró a él.

Casi. Entonces él gruñó:

―Otra vez.

Síp, había estado un poco adolorida esa mañana. Pero Hermione no se arrepentía ni un solo minuto.

― ¿Hermione?

Sobresaltada de su recuerdo vivido, enfrentó a Draco, repantigado en la puerta de su dormitorio.

― ¿Qué?

―Si realmente no quieres que vaya al bar y te vea jugar dardos esta noche, lo entenderé. Sólo estaba molestándote.

La vulnerabilidad que Draco le mostró en una ocasión, como ahora, como anoche, todavía tenía el poder de conmoverla. Y porque él estaba dispuesto a compartir ese lado de sí mismo con ella, sonrió.

―Bien. Puedes venir. Pero si escucho un aullido o un canto tirolés como comentario acerca de la música, te sentarás en la camioneta.


Este capitulo estuvo muy picante! y los que faltan. Quien cree que ceda primero y confiese lo que siente?

Besos y Libros

Blue Nayade