Un nuevo Capitulo para ustedes! Gracias por su apoyo a esta historia

Chalupitabonita

Marsol162

Caro2728

Disclaimer: La historia y los personajes no me pertenecen. son de la Fabulosa Lorelei James y J. que en mi mundo imaginario ellas hacen colaboracion y crean una gran historia.


CAPÍTULO 18

Draco había apagado el audífono del orador hacía una hora.

La última vez que había visto a Hermione.

Y ¿de quién es la culpa?

De él. Había estado ocupado socializando y no se había dado cuenta de que Hermione había quedado atascada con el aquelarre en la mesa de Pansy hasta que la cena había terminado.

Su mirada se concentró en la silla vacía de nuevo. ¿Dónde diablos podía haber ido?

Los aplausos hicieron eco en el discurso, finalmente terminó y él distraídamente se unió. Inmediatamente Draco se puso en pie. Cuando sus colegas lo pararon para hablar, no pudo marcharse de inmediato, ya que él había asistido a la conferencia para trabajar. En el momento en que logró salir de la sala de banquetes, habían pasado otros veinte minutos. Y aún no había señales de Hermione.

Draco estaba empezando a preocuparse. ― ¿Draco?

Se volvió cuando Astoria se acercó a él. Cuando vivía en Chicago, había colaborado con el esposo de Astoria, Adrián Pucey, en un par de proyectos y había estado en su casa para la ocasional barbacoa.

―Astoria. Me alegro de verte. ¿Cómo están los niños?

―Creciendo e intratables. ―Vaciló y se giró el anillo de bodas del dedo―. Estoy feliz de verte aquí. Sé que los últimos dos años fueron difíciles para ti.

―Brutales. Pero las cosas están mejorando. ¿Hay algo que necesites?

―Ah. Bueno, no sé si es mi lugar para decir esto o no, pero por casualidad escuché una conversación entre tu novia y… Pansy.

―¿Cuándo? ―Hace una hora.

Una extraña sensación de aprensión remplazó cualquier sensación de alivio. ―¿Dónde estaba Hermione cuando lo escuchaste? Porque la he estado buscando. Astoria se ruborizó.

―En el baño de señoras. Estoy embarazada y no me sentía bien después de la cena, así que fui al baño. Estaba a punto de salir de la última cabina cuando escuché a Pansy meterse con ella.

Mierda.

―¿Qué dijo?

―Pansy salió con esta diatriba acerca de ti. Entonces comenzó a menospreciar a Hermione. Fue cruel. Si yo pensé que había sentido náuseas antes, fue peor para cuando Pansy terminó con ella.

Draco se obligó a mantener la calma.

―Cuéntamelo todo. ―Cuando Astoria terminó, Draco la miraba con absoluto horror.

―Sé que debería haberme metido y haber puesto fin a eso, pero no quiero enredarme con Pansy. Jamás. Adrián necesita el trabajo de consultoría con Vincent, sobre todo con otro niño en camino. Lo lamento…

―Está bien, no tienes que pedir disculpas. No hay manera de parar la mierda que arroja Pansy. ¿Sabes dónde fue Hermione después de dejar a Pansy?

Astoria sacudió la cabeza.

―Yo planeaba hablar con ella y decirle que Pansy estaba llena de mentiras, pero cuando salí de la cabina, Hermione no estaba.

Él le apretó el brazo de Astoria. ―Gracias, Astoria.


Sus tripas estaban hechas una masa de nudos.

Mantén la calma.

Mientras caminaba hacia el ascensor, agarró su celular y llamó a Hermione. Automáticamente el mensaje saltó a su buzón de voz.

Mantén la calma.

Tamborileaba los dedos sobre la barandilla, cuando el ascensor zumbó a su piso.

Mantén la calma.

Draco incluso se las arregló para no tomar el largo pasillo de una carrera.

Mantén la calma.

Insertó su tarjeta-llave y llamó: ―¿Hermione?

No hubo respuesta.

Cuando vio su llave en el vestidor, pero no la maleta, toda su tranquilidad se evaporó. Ella se había ido.

―La mierda directo al maldito infierno, Hermione Granger. ¿Dónde demonios te fuiste? Llamó a su teléfono celular de nuevo. Dejó otro mensaje.

Durante la hora siguiente, llamó a su teléfono celular veintisiete veces. Llamó al teléfono de su casa veintinueve veces.

Después de casi llenar de agujeros sus zapatos por pasearse de aquí para allá, llamó a informaciones en Sundance. Su corazón se aceleró cuando sonó el teléfono. Una voz de mujer irritada espetó,

―Es mejor que tengas una buena razón para llamarme a estas horas, quienquiera que seas. ―Ginny Es Draco.

Ella se puso en alerta tan rápido que sintió su pánico a través de la línea telefónica. ―¿Qué pasó?

―Hermione se ha ido. No contesta su teléfono celular y me estoy volviendo loco.

―¿Qué le hiciste?

―¡Nada! Te lo juro. Estábamos en un banquete de negocios, nos separamos en la cena y, evidentemente, una vieja amiga mía... dijo algunas cosas molestas. Hermione se fue sin decirme una palabra. Sólo sé eso porque una mujer oyó la conversación.

―Así que, ¿vosotros no estuvisteis peleando de nuevo? ―No esta vez.

―¿Cuándo sucedió eso?

―En algún momento de las últimas dos horas se metió en su camioneta y se fue y... Mierda, estoy preocupado porque sé que está alterada. Jesús. Yo estoy alterado. Y voy a retorcer su cuello si me entero de que está conduciendo todo el camino de regreso a Sundance sola a esta hora de la noche.

Ginny estaba en silencio.

―Voy a tratar de llamarla. Tal vez simplemente no responde a tus llamadas. Draco cerró los ojos.

―Gracias. Llámame de vuelta enseguida. Por favor. Y si hablas con ella, dile que lo siento. Que lo siento mucho y que no tenía idea que tuvo que aguantar…

―Draco. Cálmate. Déjeme intentar encontrarla primero antes de comenzar a transmitir todas las cosas que quieres que le diga, ¿de acuerdo?

―De acuerdo.

Flexionó y golpeó con el puño en el colchón mientras esperaba que Ginny llamara. Su teléfono sonó cinco minutos más tarde.

―¿Qué has averiguado?

―No sólo está desechando tus llamadas. No respondió cuando llamé desde mi celular, o desde el teléfono de la casa, o incluso desde el teléfono de Harry.

Joder.

―O ella está muy, muy cabreada, o está conduciendo por Wyoming, donde no hay servicio de celular.

―Eso no ayuda mucho.

―No sé qué más decirte. Él no se lo tragó.

― ¿Dónde está?

―No lo sé.

―Ella es tu mejor amiga. ¿Cuál es tu primera impresión? ¿Está conduciendo hacia casa? Ginny suspiró.

―Mi instinto me dice que no. Necesita tiempo a solas para aclarar las cosas y es lo bastante inteligente para, después de los accidentes en su familia, no actuar precipitadamente cuando está molesta.

― ¿Dónde iría? Silencio.

Draco sabía que Ginny sabía exactamente a dónde había ido Hermione.

―Ginny Sé que tu primera lealtad es con Hermione. Lo entiendo. No te lo pediría si no estuviera perdiendo la cabeza. Jesús. Tengo que solucionar esto. Cayó en algo esta noche que no tenía nada que ver con ella y no la advertí. Esa parte es mi culpa, ¿de acuerdo? Pero eso también significa que tengo que arreglarlo. Cristo. Haré cualquier cosa para arreglarlo. Por favor. Sólo ayúdame a encontrarla.

Ginny suspiró de nuevo.

―Cuando fuimos a la escuela en Denver y echábamos de menos el hogar, nos dirigíamos a los establos Quarter Past Midnight. Hermione era sociable con Darla, la propietaria, y ejercitaba los caballos y limpiaba las pesebreras por diversión. Después que me casé con Harry y me mudé a casa sé que ella pasó mucho tiempo allí.

Sonaba como Hermione. Haciendo amigos en todo el maldito lugar y encontrando diversión y solaz en un maldito establo.

―¿Y si no está ahí?

―Hay otro lugar al que va, pero es mucho más cerca de casa. Cruzaremos ese puente cuando todo se reduzca a eso.

―Gracias, Ginny

―No hay de qué. Después de que la encuentres, haz que me llame, Draco Malfoy, así sabré que está bien. O te juro por Dios que te echaré encima a sus hermanos. Uno a la vez.

La ira de una mujer embarazada enojada asustaba casi tanto como el padre de Hermione. ―Te lo prometo.

Draco fue a buscar a su vaquera.


Dos vehículos se encontraban en el estacionamiento de los Establos Quarter Past Midnight. Una Dodge Ram con placas de Colorado y la sucia y golpeada Ford negra de Hermione. Draco casi besó la rejilla cubre bichos.

La puerta del despacho estaba cerrada con llave. Un timbre sonó y al cabo de un par de minutos una mujer con cara de sueño apareció en el espacio de la oficina cerrada. Ella abrió la mampara de cristal.

―¿Te puedo ayudar en algo?

―Ah. Sí. Estoy buscando a Hermione Granger.

Su somnolencia desapareció y su atención se volvió nítida. Pasó su larga trenza, gris por encima del hombro y cruzó los brazos sobre sus pechos abundantes.

―¿Y quién deberías ser? ―Draco Malfoy.

―Nunca he oído hablar de ti. ―Golpeó la partición y le dio la espalda. Draco golpeó en el cristal.

―¿Darla? Ginny dijo que podía encontrar aquí a Hermione. Vi su camioneta en el estacionamiento. Sé que está aquí en alguna parte. Por favor. Tengo que verla.

Darla se volvió de nuevo, pero no abrió la ventana de cristal. Ella lo estudió.

―¿Dices que hablaste con Ginny?

―Sí, ella me echó una bronca también.

―Siempre me gustó esa chica. ―Sacudió su dedo hacia él―. Hermione está en el establo blanco del sur. Si no te quiere aquí, te voy a escoltar fuera de las instalaciones con mi escopeta, ¿claro?

―Sí, señora.

Darla pulsó el interruptor que abría la puerta.

Draco se obligó a no correr cuando vio el revestimiento de metal blanco del establo en el extremo sur de la propiedad. La puerta ya estaba abierta. El olor acre de caballo y estiércol lo atacó mientras caminaba.

La luz tenue revelaba poco detrás de los doce puestos en fila, seis a cada lado. Muy lentamente comenzó por la parte central y, pasó de puntillas por los últimos caballos curiosos hasta que la encontró.

Hermione estaba de espaldas a él. Su trenza de color negro brillante colgaba por sus omóplatos. Llevaba una camisa de franela con las mangas arremangadas. Jeans desteñidos metidos en viejas botas cubiertas de mierda. Cien por ciento vaquera. Cien por ciento suya.

Hermione Granger era suya. Ella le pertenecía a él.

La propia admisión no fue el choque a su sistema que había imaginado. Sospechaba que la amaba desde siempre y que lo había combatido, creando excusas elaboradas y mintiéndose a sí mismo diciéndose que el sexo y las circunstancias lo hacían sentirse de esa manera. Pero cuando la miró, realmente la vio. Ella. La mujer que lo poseía.

Había encontrado esa clase de amor único en la vida, profundo hasta los huesos, directamente al alma, en el que nunca había creído.

Durante un largo rato, Draco observó a la mujer que amaba peinar el caballo del Quarter. Murmurándole, pasando la mano por su cruz. Hermione apretó la cara contra el cuello del caballo y trató de no sacudir los hombros mientras lloraba.

Cada una de sus lágrimas se sentía como una gota de ácido en su corazón. Draco no la merecía, pero dio un paso hacia ella, hacia su futuro juntos, de todos modos. ¿Le permitiría calmarla? ¿Besar sus lágrimas? Le prometería la maldita luna si se quedaba con él. Si ella le daba otra oportunidad.

Pero, ¿alguna vez podría amarlo de la forma en que él la amaba?

Hermione se dio media vuelta cuando se aproximó, los ojos hinchados y la nariz roja por el llanto. Todavía se veía hermosa. Sus entrañas se apretaron sabiendo que su tristeza era su culpa.

Al ver que no le gritó, ni insultó o le preguntó qué diablos estaba haciendo allí, Draco supo que sería un camino cuesta arriba. A la Hermione enojada que soltaba obscenidades podía manejarla. Pero Hermione parecía... derrotada. Y no sabía cómo manejar eso. Entrar ahí tan campante y declarando su amor por ella sería sólo enturbiar las aguas. Probablemente no le creería de todas formas. Eso tendría que esperaría.

―¿Cómo me encontraste?

―Llamé a Ginny

Ella dejó de cepillar el caballo por un segundo. Luego reanudó las caricias largas.

―Voy a patear su culo. No debería habértelo dicho.

―Le rogué.

―¿Por qué? Me sorprende que incluso notaras que me fui.

―Lo hice. Mira. Lamento que tuvieras que aguantar a Pansy esta noche. ―¿De verdad?

―Sí. ¿Realmente Pansy te arrinconó en el baño?

Hermione no perdió el ritmo en el acicalamiento del caballo. ― ¿Cómo te enteraste?

―Una mujer llamada Astoria oyó la conversación.

―Que increíble. ¿Se reía Astoria cuando te lo dijo?

―No. Ella no es así, Hermione.

―Bueno, es la única en ese horrible grupo de mujeres. ―Cepillado, cepillado, cepillado―. De todos modos, no importa.

―Me importa a mí.

Un resoplido. ¿El suyo o el del caballo? ―¿Por qué te fuiste sin decirme nada?

―Porque no tengo que rendirte cuentas, Draco, y no necesitaba tu permiso para marcharme. Tenía que escapar.

―¿De mí?

Ella se encogió de hombros.

Draco se pasó las manos repetidamente por la cara y se obligó a mantener la calma. ―Bien. Pero estoy aquí. ¿Hablarás conmigo ahora?

―No queda nada más que decir.

―Estás equivocada.

―Yo estaba equivocada en muchas cosas. Silencio.

A la mierda lo de ser amable.

―Yo también, Hermione. Me equivoqué en insistir que fueras a esa estúpida fiesta en primer lugar. Me equivoqué en dejarte en la mesa de Pansy, sometida a sus horribles caprichos. Me equivoqué en no darme cuenta que te habías ido hasta que fue condenadamente demasiado tarde. Si alguien está equivocado aquí, soy yo. No tú.

Hermione habló suavemente al caballo. Le dio una última palmadita en el trasero antes de coger el cubo y salir del establo.

Draco se hizo a un lado de la entrada para dejarla salir. Ella nunca lo miró. Él no se dejó intimidar por su frialdad y la siguió hasta el cuarto de los aperos.

Ella guardó los suministros y colgó el cubo en un gancho de madera. Ignorándolo. Matándolo con su indiferencia.

―Háblame, maldita sea.

―¿Qué quieres que diga? ¿Me fui tan lejos de mi zona de confort esta noche que me perdí? Pero en algunos aspectos esto sólo me hizo darme cuenta de lo diferentes que somos.

―No somos tan diferentes.

―¿En serio? Yo no vivo mi vida personal o profesional a la sombra de las expectativas de los demás ―replicó ella.

―¿Y yo sí? ¿Ese es el tipo de hombre que crees que soy? Finalmente Hermione lo miró.

―Ese es el tipo de hombre que eres, Draco. En lugar de ser quien eres por dentro todo el tiempo, cambias lo que eres para adaptarte a las circunstancias.

Eso dolió. Pero no era el punto. ¿Por qué Hermione llevaba el tema hacia él? Ella era la que había sido emboscada por Pansy. Ella era la que había salido disparada de la fiesta. Y no porque de repente se había dado cuenta de alguna verdad sorprendente acerca de su visión de los negocios, o la falta de ellos. Ella se estaba enfocando en él, en sus defectos, más que en el tema en cuestión. Lo mucho que había sido herida.

Inteligente. Solapado. Pero él no lo dejaría pasar.

Draco se acercó con sigilo. La espalda de Hermione golpeó el banco de herramientas, él puso sus manos alrededor de sus bíceps.

―Lo siento. Soy un total y completo fracaso. Un total y completo idiota. Te dejaré gritarme obscenidades e insultos a tu gusto, pero primero te necesito. Lo necesito. ― Bajó su boca a la de Hermione y la besó. No dejó de besarla hasta que ella respondió con la dulzura, la bondad y el calor que llenaba el espacio vacío de su alma. Él no había entendido la profundidad de lo que le faltaba hasta que ella entró en su vida.

Le susurró besos a lo largo de la elegante línea de su cuello.

―Por favor. Regresa conmigo, vaquera.

―No puedo. ―¿O no quieres?

―No voy a desfilar por el hotel como una niña traviesa que ha escapado y ha vuelto para enfrentar la reprimenda. Y sobrepasa el hecho de no querer encontrarme con Pansy.

―¿Y sobrepasa el hecho de no querer estar conmigo?

―No sé.

Otro golpe directo.

―Bueno, botón de oro, no puedes dormir en el establo, aunque estoy seguro de que te señalan como una chica dura de Wyoming que lo ha hecho más de una vez.

―Eso podría ser cierto. Y los caballos son mejor compañía que la gente. Ellos no juzgan. Ellos no replican.

―Sí, pero ellos apestan como la mierda y tratan de tirarte de culo a la primera oportunidad. ―Vio sus labios sacudirse―. Además, no te permitiré conducir de vuelta a Wyoming a esta hora de la noche. Hagas lo que hagas, quedarte aquí, o volver al hotel, voy a estar contigo.

Hermione distraídamente cepilló mechones de pelo de su mejilla. ―Me quedaré en tu apartamento hasta que pueda partir mañana.

―Hermione…

―O me quedo en tu casa o salgo a la carretera. Elige.

―Mi apartamento.

Se metieron bajo las cubiertas, un abismo se abría entre ellos tan grande como la cama. Cerca, pero sin tocarse. Sin dormir. Hermione estaba acostada dándole la espalda. Él miraba el techo, un millón de pensamientos corrían por su cabeza. Ninguno coherente.

Draco finalmente le hizo la pregunta que lo había molestado toda la noche. Lo había estado molestando por años, en realidad.

―Hermione, ¿crees que soy superficial? Ella se dio la vuelta.

―A veces. Con algunas cosas. Pero no creo que seas tan superficial como pretendes ser. Draco frunció el ceño.

―¿Qué quieres decir?

―Si usas trajes caros, vives en un condominio elegante y conduces un coche caro, la gente pensará que eres exitoso.

―¿Eso me hace superficial?

―No. Eso hace que ellos sean superficiales, porque eso es todo lo que ven. ¿Eres exitoso porque te preocupas por las percepciones de otras personas? ¿O eres exitoso porque quieres serlo?

―¿Qué crees tú?

―Yo creo que eres exitoso porque amas lo que haces, Draco. El dinero es sólo un extra. Él sonrió en la oscuridad.

―Pero es fácil quedar atrapado en esa mentalidad de hacerse sólo de cosas caras o exclusivas. De comenzar a creer que lo que está en el exterior, lo que usas, dónde vives, lo que conduces, dónde has estado es más importante de lo que tú eres dentro de esas trampas.

―Así que ¿dices que las apariencias no importan en absoluto? ―Sí, las apariencias si importan, pero no debieran definirte. ―¿Te definen a ti? ―contraatacó él.

―No. ¿Qué pasa si yo te hubiera ido a buscar al banquete vistiendo mis ropas de limpiar el establo? Si hubieras pretendido no conocerme, eso es superficial. Si me hubieras besado la mejilla y dicho "Querida, la próxima vez deja las botas en casa", eso es preocuparse menos por las apariencias, ya que estarías feliz de estar conmigo.

Draco aprovechó la oportunidad para cambiar las tornas.

―¿Estarías feliz de estar conmigo, Hermione? ¿Si sucediera al contrario?

―¿Qué quieres decir?

―Digamos que acepto tus botas sucias y las peculiaridades del oeste. Digamos que aceptas que soy un tipo de traje y corbata. Digamos que estoy locamente enamorado de ti. Tú estás locamente enamorada de mí. ¿Abandonarías tu estilo de vida para estar conmigo?

―¿Estilo de vida? ―repitió ella.

―¿Te marcharías de tu hogar en Wyoming para vivir conmigo en este condominio en Colorado? ¿O estás tan arraigada en tus costumbres que no lo considerarías?

―¿Qué tiene que ver eso con ser superficial? ―exigió ella.

―¿No crees que sea poco profundo que no consideres vivir en cualquier lugar, además de Wyoming?

―No es lo mismo. Para nada.

―¿En serio? ¿No me miras con lástima, porque vivo en un edificio alto y uso un traje de mono? ¿De la misma manera que esas mujeres te tuvieron lástima por lo que tenías puesto y por dónde vivías?

Silencio peliagudo.

Draco quería decirle que no estaba hablando sólo hipotéticamente. ¿Tendría que ser cualquier tipo de relación real a largo plazo, únicamente en sus términos?

―Tal vez yo soy superficial ―dijo en voz baja―. Nunca lo pensé de esa manera. Definitivamente me diste algo en qué pensar.

―Hermione. Me entendiste mal.

―Diablos, claro que no. Estoy feliz en mi propia piel. Yo podría ser feliz en cualquier lugar si estoy con la persona que amo. Pero es un punto irrelevante de todos modos.

―¿Por qué?

―Porque tú no me amas. Y no te tengo lástima por la forma en que vives más de la que tú te tienes.

―Oye, eso no es justo.

―Nunca nada lo es. Buenas noches, Draco.

Ella dejó las mantas tan ajustadas a su alrededor que él sólo veía un bulto del otro lado de la cama.

Arrebujada como estaba, no lo escucharía refutando Pero yo si te amo, pero lo dijo de todos modos.

―Me gustaría que cambiaras de opinión.

―Te mandaré un mensaje de texto y te lo haré saber, ¿de acuerdo?

―Está bien. ―Draco le revolvió los sesos con un beso en partes iguales de fuego y dulce arrepentimiento.

Hermione vio las puertas del ascensor cerrarse y regresó al apartamento. Pasó una cantidad considerable de tiempo mirando por la ventana contemplando sus opciones.

Guau. Grandes decisiones: quedarse o irse.

Su teléfono celular sonó "Una mamá caliente". Sonriendo contestó: ―Hola, Ginny ¿Qué hay?

―Mis pies. Lily está durmiendo su siesta. James y Albus están ayudando a Harry. Así que tengo tiempo para interrogarte acerca de qué diablos pasó anoche.

¿Por dónde empezar?

―Draco estaba demasiado ocupado siendo un hombre de negocios para darse cuenta que me sentía miserable con las esposas de sus compañeros gilipollas. Me cansé de ser la chica burda que tomaron para su entretenimiento y me fui. Ah, y jódete por decirle dónde iba, Ginny

―¿Qué se suponía que debía hacer, Herms? Nunca había oído al calmado, frío y compuesto Draco Malfoy así de alterado. Pensé que algo importante había pasado si habías salido corriendo. Así que demándame. Yo quería asegurarme de que estabas bien, tanto como él. Tú sabes que todos odiamos cuando te marchas y nadie tiene ni idea de dónde te encuentras.

Hermione cerró los ojos y dejó caer la cabeza en el reposacabezas. A veces alejarse era la única manera de limpiar su cabeza. Su familia no entendía, así que había dejado de tratar de explicarlo y se marchaba cada vez que era necesario.

―Aquí es donde me dices lo que pasó ―solicitó Ginny

―Fue una maldita pesadilla.

―Sigue sin explicar nada, Herms.

Ella luchó para ponerlo en un contexto que no sonara desesperadamente de secundaria.

―¿Recuerdas cuando te mudaste a Denver? ¿Cuando fuimos a la fiesta en casa de Tim y lo pasaste horrible? ¿Y de vuelta al apartamento llorabas porque te habías sentido totalmente fuera de lugar, como una prima provinciana que nunca había estado en la gran ciudad? Eso describe la última noche. Pero sustituye a los deportistas molestos por los colegas de Draco. Remplaza a las estiradas chicas de la hermandad por las esposas presumidas de sus colegas. Me puse la ropa equivocada. Me puse los zapatos equivocados. Diablos, creo que olisquearon para ver si tenía mierda de vaca encima. Además, la líder del grupo era el viejo amor de Draco y ella me hizo sentir tan pequeña que habría cabido en un dedal, antes de arrinconarme en el meadero para reforzarme lo maldita perdedora que soy. Fue horroroso, Ginny Todo lo que quería era irme a casa.

Ginny hizo una pausa, pensativa. ―¿Así que corriste?

―Sí. Y me escondí. ―Y me di cuenta de que soy una completa idiota por enamorarme de un hombre que no puedo tener porque me ve de la misma manera que ellos lo hacen: Una pueblerina que nunca encajaría en su mundo.

―Tú nunca corres. Siempre te quedas y luchas. Hermione suspiró.

―Lo sé. Pero estaba muy sobrepasada.

―Así que la próxima vez que estés en esa situación, ¿qué pasará?

No volverá a suceder.

―No sé.

―Hermione. Escúchame. Parece que estos hechos sociales son una parte importante de la vida profesional de Draco. No puedes correr todas las veces. Tienes que encontrar una manera de lidiar con ello de una manera que funcione para ambos.

―¿Mi manera de lidiar? Le diría a Pansy y sus compinches que se fueran a la mierda. Pero no puedo porque sería una mala imagen de Draco.

―Cierto. Pero no tienes ninguna razón para ocultarte y bajar tu cabeza de vergüenza por no ser lo suficientemente buena. ¿Y qué si llevabas la ropa equivocada? Tienes un título universitario por Dios santo. Has trabajado para la PBR, la PRCA, el Hospital de Veteranos. Eres parte de una de las más antiguas familias de rancheros en Wyoming. Estás en vías de ser una mujer de negocios por derecho propio. Además eres generosa y divertida, todos los que te conocen te aman, por no mencionar que eres preciosa por dentro y por fuera. Si ellas no pueden ver eso…

―No lo hacen. Y no veo por qué tengo que defenderme o explicar quién soy yo a nadie.

―¿Sabe Draco eso?

―Lo hace ahora. No quiero cambiar, Ginny Estoy contenta con lo que soy.

―Entonces que se jodan. ¿Qué diablos te importa lo que algunas esposas engreídas piensan? Ellas no tienen ningún poder en la carrera de Draco. ¿No es por eso que se llaman esposas trofeo? Son adornos inútiles. Yo digo que esta noche deberías aparecer con la ropa del oeste más sexy y favorecedora que tengas y coquetear descaradamente con todos sus maridos.

―Gran Plan, Ginny

―En serio. Si ya les desagradas, ¿Qué pierdes? Ellas golpearon tu orgullo, golpéalas de vuelta donde más les duela. Las dos sabemos que, hermana, cuando estás, estás. Nadie puede superarte en encanto. Nadie puede superarte en belleza. Deja que la chica salvaje salga, Hermione Jean Granger. Ella ha estado demasiado tiempo enjaulada.

Hermione se echó a reír. Dios, amaba a Ginny Ella era la mejor amiga en la historia del mundo. ―Eso definitivamente agitaría las cosas.

―¿Podría esta respuesta de "en tu cara, perra" provocar problemas en tu relación con Draco?

Cuando ella y Draco terminaran, Ginny podría convencer a todos que lo había visto venir, debido a sus filosofías divergentes.

―Tal vez.

―Entonces, ¿qué pierdes? Nada. O todo.

―Sólo piensa en ello. ¿Cuándo llegarás a casa?

―Mañana.

―Bueno. Ven a verme, abriré el tequila más caro de Harry para ti y hablaremos más. Te quiero, Herms. Tú eres la mejor persona del mundo. No creas otra cosa.

―Yo también te quiero, y gracias.

Colgó y se quedó mirando por la ventana.

Infierno. Tal vez AJ estaba en lo cierto. Si Hermione iba a salir, tal vez debería salir con una explosión en lugar de un gemido.


Adivina adivinador...Que creen que Hermione haga acontinuación? Puntos para quien lo adivine

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Blue Nayade