Asi que aqui estamos en esta serie de Apicaliptica llamada Pandemia temporada 3, vino mas rápido que la nueva temporada de Dark en Netflix hahaha. Disfruten el cap, ya casi terminamos esta hermosa historia

Gracias Chalupitabonita por tus reviews! y por seguir esta historia. este capitulo va para ti


CAPÍTULO 21

Hermione no perdió el tiempo para asegurarse de que Draco abandonaba el recinto. Sus neumáticos escupieron la grava cuando salió disparada en su camioneta. El frio y cortante viento que entraba por la ventanilla abierta le refrescaba la cara, pero no podía culpar al aire helado por el entumecimiento en su interior.

Tentador sería, cuando pasó zumbando el bar, arrimarse a la barra y ahogar las penas. Demasiado público. Se ocuparía de esta humillación en privado.

Manejó sin rumbo, perdida en su miseria. No podía regresar a su apartamento, que en realidad era el apartamento de Draco. Tampoco agobiaría a su familia. Una parte de ella temía que sus hermanos no dejarían pasar esta situación con Draco, pero otra parte igual temía que sus hermanos fueran con toda su bravuconería de macho.

Apoyarse en sus padres tampoco iba a suceder. Su madre hablaría hasta el cansancio y su padre no hablaría en lo absoluto, así que lo mejor era dividir la diferencia y evitar ir a casa al rancho.

A decir verdad, sería mejor si desapareciera por un día o dos para decidir la mejor manera de tratar el asunto de Draco.

¿Asunto? ¿Qué asunto? Tú no estabas equivocada.

No sobre la situación de Milford. Draco había arremetido contra ella porque él había cometido un error y se vio atrapado. Que Crabbe y Pansy fueran tan condenadamente vengativos apestaba, pero Hermione calculaba que ahora seguirían su camino, después de haberle dado a Draco su paliza. Además, si Vincent ponía en tela de juicio las éticas de Draco, él mismo podría ser cuestionado. Por lo que Hermione dedujo de otros arquitectos en la conferencia, los métodos de Vincent ya estaban bajo escrutinio.

Así que a pesar de la cáustica acusación, Hermione no había arruinado la reputación profesional de Draco. Pero ¿había arruinado toda posibilidad de estar juntos permanentemente? Su afirmación de que el ofrecimiento de matrimonio estaba "fuera de discusión" la confundía, ahora que lo pensaba. ¿Había tenido la intención de hacer un ofrecimiento real? Draco había sido deliberadamente vago anoche cuando le dijo que necesitaban tener una seria conversación esta mañana.

La advertencia de su abuela de Nunca dejes para mañana lo que puedes hacer hoy, sonó en sus oídos. Buen consejo, pero Hermione temió que fuera demasiado tarde.

Cargó las provisiones para acampar en el supermercado, evitando exitosamente a cualquiera que conociera. Como todo nativo de Wyoming que se preciara, Hermione ya llevaba lo que se consideraba el equipo de emergencia de Wyoming, una carpa, un cuchillo, municiones, fósforos, carne salada, un CD de Chris LeDoux y una pala, así como un viejo saco de dormir, en su camioneta.

Mientras seguía los sinuosos caminos que la llevaban a la zona de acampada en la base de La Torre del Diablo, Hermione se dio cuenta de que habían pasado meses desde que había pasado la noche bajo las estrellas. No tenía reparos en acampar sola en un área remota. Tenía comida. Agua. Una pistola. Y lo más importante, una actitud de no-te-metas-conmigo.

El sitio para acampar que eligió estaba bastante lejos, podía ver todo el monumento elevándose por entre los arboles como un antiguo rascacielos. No era de extrañarse que las Laccolites hubieran sido, y seguían siendo, adoradas por los Nativos Americanos como un lugar sagrado. El poder silencioso de la formación rocosa siempre le ponía la carne de gallina.

Hermione armó el campamento. No tenía nada más que tiempo en sus manos y mucho en que pensar. Pero bien en lo profundo ella sabía lo que quería. Sólo necesitaba reunir el coraje de ir tras ello.

A la mañana siguiente Draco estaba más que loco, listo para el manicomio. Cuando llegó al apartamento después de dejar Moorcroft, se medio esperó ver sus cosas personales esparcidas en el callejón donde Hermione las habría tirado por la ventana en un ataque de rabia.

Cuando las horas pasaron y ella no llegó a casa y no contestó el teléfono, Draco se paseó de un lado para el otro hasta el punto de estar cabreado. Pero no podía quedarse sentado con el dedo en el trasero cuando no tenía ni una maldita idea de donde Hermione había escapado.

Llama a su familia; ellos sabrán donde encontrarla.

Cierto, pero el hecho de que sus hermanos no hubieran aparecido armando jaleo quería decir que su familia no se había enterado de que ella se había ido. Tal vez tenía la oportunidad de corregir el error más grande de su vida sin que ninguno de los locos Granger supiera que Draco Malfoy había tratado mal a Hermione.

Por lo tanto, sin nada más que hacer sino esperar, Draco se puso a hacer ejercicio. Hizo abdominales hasta que le dolió el estómago. Luego hizo lagartijas hasta que los brazos no lo sostuvieron. Corrió en el lugar hasta que sus piernas cedieron. Cubierto de sudor, con el cuerpo adolorido, cayó al suelo y esperó a que lo peor de los calambres pasaran. Entonces comenzó todo de nuevo, añadiendo dominadas a la mezcla. En la tercera ronda agregó sentadillas a su rutina.

A ese punto en su delirio de anoche, había considerado beber hasta perder el conocimiento. Pero temía que Hermione llegara a casa y pensara que era un borracho además de un imbécil, así que tachó esa idea.

Cuando su estómago rugió, se dio cuenta de que no había comido desde hacía más de veinticuatro horas. Se arrastró hasta la cocina y abrió el refrigerador. Lo que vio en la repisa de arriba casi lo hizo llorar.

Un pastel de carne. Dispuesto en una asadera de vidrio, envuelto en papel aluminio, listo para ser metido en el horno. Ella se había dado el tiempo para preparar su comida favorita. No sabía porque estaba tan sorprendido. Ella era dulce. Divertida. Considerada. Absolutamente perfecta para él. Hermione Granger era todo lo que nunca había querido y todo lo que necesitaba.

La enormidad de su error aumentó exponencialmente con cada minuto de su ausencia. Haría cualquier cosa para pasar su vida con ella. Mudarse a Wyoming. Convertirse en vaquero. Trabajar en el rancho de la familia. Diablos, incluso escuchar esa mierda de música country que ella adoraba. Bailar con ella en la línea. Unirse a su liga de lanzamiento de dardos. Embarazarla con todos los niños que ella pudiera manejar. Si sólo viniera a casa.

Draco estaba malditamente cansado, físicamente por castigar su cuerpo hasta el punto de que apenas podía moverse. Y la paliza emocional que se había dado era mucho peor.

Compórtate como un hombre.

Llamó a la única persona que podía ayudarlo. Apenas podía oír el tono del teléfono sobre los latidos de su corazón. Cuando la llamada fue contestada, Draco balbuceó:

—Hice una cosa tonta, estúpida y necia, es todo culpa mía y necesito tu ayuda.

Hablar de hacerlo sudar. Había hecho la llamada telefónica hace tres horas. Cuando oyó pasos en la escalera, se obligó a mantenerse concentrado en el papel delante de él.

No llamaron a la puerta. La puerta del apartamento se abrió de golpe.

—Ya era hora, maldición —exclamó sin darse vuelta—. Sé que estás cabreado conmigo, pero Jesús, estoy preocupado por ella.

—Y No tienes ni puta idea de lo cabreados que estamos nosotros.

¿Nosotros?

Draco se volvió. Jodida mierda.

Harry , Theo, Remus, Sirius y Cedric Granger estaban desplegados como una banda de malditos pistoleros.

—¿Qué diablos estáis haciendo aquí?

—¿Qué diablos crees que estamos haciendo aquí? —dijo Harry.

—Invadiendo propiedad privada.

—Entonces llama a un policía —le respondió Teo mostrando su placa. Risas.

—¿Que tienes en tu mano, Malfoy? ¿Tu última voluntad y testamento? —preguntó Harry.

—Sois tan jodidamente graciosos. ¿Por qué no os vais todos trotando a casa donde vuestras esposas? Porque esto no os incumbe.

—Respuesta jodidamente equivocada. Si le incumbe a Hermione nos incumbe a nosotros.

—Manteneos lejos —les advirtió Draco—. Yo lo estoy manejando.

—¿Y cómo diablos lo estás "manejando"? —preguntó Sirius—. Por lo que podemos ver, ella no está aquí.

—¿Has hablado con ella? —le preguntó a Sirius.

—Hablamos con Chet y Remy. Sabemos lo que ocurrió. Draco sacudió la cabeza.

—No, no lo sabéis.

—¿Entonces por qué no nos cuentas porque Hermione te tiró su anillo de compromiso y desapareció? —preguntó Cedric.

—Lo que pasó es entre Hermione y yo. Punto. —Sus ojos cansados buscaron los de Harry —. ¿Ginny no ha sabido nada de Hermione?

—Eso es entre Hermione y Ginny —dijo Harry.

—Además, no es que no hayas sido advertido de lo que te haríamos si tú la jodías con ella. Estamos aquí para cumplir nuestra promesa.

La habitación pareció encogerse al tamaño de una casita de muñecas. A Draco le dolía todo el cuerpo. Si incluso uno de estos hermanos psicópatas viniera por él, no podría presentar una pelea decente, ni hablar de enfrentarse a cinco vaqueros cabreados.

Mereces que te pateen el culo. Y eso va a ocurrir de todos modos.

—¿Sabéis qué? Tenéis razón. No sé dónde diablos está Hermione. Me he estado volviendo loco esperando que aparezca y me grite o patee mi maldito trasero o algo. —Él clavó sus ojos en cada una de las miradas de los hermanos, uno por uno—. Es por eso que estáis aquí, ¿cierto? ¿Para patear mi culo? Así que adelante.

Teo dio un paso adelante.

—Recuerda que tú lo pediste, Malfoy.

La última cosa que Draco escuchó fue el sonido del puño de Harry conectando con su mandíbula… y luego las luces se apagaron.

El anochecer comenzó a caer cuando Hermione reconoció el crujido de neumáticos sobre la grava. Mantuvo la pistola al alcance de su mano hasta determinar si lo que se acercaba era amigo o enemigo. El humo de la fogata cambió de dirección, haciéndola entrecerrar los ojos hacia el vehículo.

Una camioneta. Se tragó la decepción de que no fuera un BMW. Su pulso dio un salto cuando se dio cuenta de que era la camioneta de Harry.

Ginny había venido a buscarla.

Pero se abrieron las cuatro puertas de la doble cabina. Harry salió primero. Seguido por Teo. Cedric y Sirius rodearon el frente de la camioneta. Remus fue el último en salir.

Hermione miró boquiabierta a sus hermanos. A sus cinco hermanos.

—Eres una mujer difícil de encontrar —dijo Teo.

La mirada de Hermione se movió de cara en cara. Ella esperó que Teo la regañara por irse sola. Harry comentaría que necesitaba una niñera. Sirius la amenazaría con azotarle el trasero. No hicieron nada de eso. Finalmente miró a Remus, quién dio un paso al frente.

—Hola hermanita. Parece que necesitas un amigo o cinco.

Las lágrimas que había mantenido a raya corrían por sus mejillas. Hermione corrió derecho a los brazos abiertos de Harry. Él la cogió y la apretó.

—Está bien. Estamos aquí para ti.

—No puedo creer que hayáis venido. —Lloriqueó ella cuando Teo la cogió de Harry y la abrazó con fuerza.

—No puedo creer que creyeras que te dejaríamos sola cuando estás sufriendo. —Teo le dio un suave cabezazo, y la puso de vuelta en el suelo—. Tú nunca has dejado que ninguno de nosotros escapara a esconderse, así que lo que va, vuelve, hermanita.

Entonces Sirius la levantó y le dio vueltas, como solía hacer cuando ella era pequeña.

—No es tan fácil deshacerse de nosotros, por si no lo has notado. —Sirius prácticamente la lanzó a Cedric

—Los Granger nos mantenemos unidos. Aunque no seas hombre, naciste con pelotas. Eres fuerte como un camión. —Cedric le besó la frente y la bajó delante de Remus.

—A veces pienso que eres la más fuerte de todos nosotros. Dios sabe que eres la más lista. — Remus la abrazó y luego le golpeó el trasero. Duro.

—¡Oye!

—Tienes suerte de que no te demos de azotes. Nos has dado un susto de muerte, Hermione Jean Granger.

—Lo siento. Necesitaba un tiempo a solas para pensar. Un rasgo de familia que todos vosotros conocéis. —Ella se devolvió hasta la fogata.

Sus hermanos la siguieron y se reunieron alrededor del fuego. Remus y Sirius se agacharon junto al fuego. Cedric se sentó en el borde de un tronco, Harry y Teo estaban de pie con las manos en los bolsillos mientras miraban las brasas y las llamas que lamían el pálido cielo nocturno.

Remus habló primero.

—¿Qué pasó entre tú y Draco que te hizo correr?

—¿Él no te hizo daño, verdad? —esto vino de Teo.

—No. Ambos nos dijimos algunas cosas bastante desagradables e hirientes el uno al otro. A veces eso es peor.

—¿Entonces se acabó? —preguntó Cedric.

Hermione revolvió las brasas, contenta de que el calor de sus mejillas pudiera atribuirse a las llamas.

—No lo sé.

—¿Quieres que se acabe?

La mirada de ella se conectó con la de Sirius después de que él hiciera esa pregunta.

—No. Dios, no. Creo que probablemente él lo quiere.

—Ya hemos establecido que es un jodido idiota si se aleja de ti —dijo Harry—. Me alegro de que nosotros…

—Harry —le advirtió Remus.

—¿Qué? Me alegro de que aclarásemos que él es tan terco como ella, eso es todo lo que estoy diciendo.

La recorrió una extraño sensación.

—¿De qué estáis hablando chicos?

—De ti. Y Draco. Tercos como mulas, ambos. ¿Alguna vez habéis tratado de conversar entre vosotros? ¿En vez de lanzaros insultos y patalear hechos una furia?

Hermione se quedó boquiabierta. Se quedó mirando a Cedric, quien no podía ser considerado un parlanchín en su mejor día.

—Ella le tiró el anillo de compromiso esta vez, no un insulto, lo que me dice que se acabó para siempre.

Sus ojos volaron hacia Teo.

—¿Cómo sabéis que le tiré mi anillo de compromiso a Draco?

—Chet y Remy.

Y ellos afirmaban que su palabra era su garantía. Ella resopló. Ellos habían ido con el cuento a sus hermanos bastante rápido.

—¿Cuándo os enterasteis?

—Cuando no te apareciste hoy por el edificio. Doc Monroe les dijo que no estabas en la clínica. No contestabas el teléfono.

Ellos llamaron a todos... ¿A quién llamaron primero?

Remus levantó la mano.

—Me parece que comenzaron por orden de nacimiento y de ahí hacia abajo.

—¿Os llamaron a todos vosotros?

—Síp.

—¿Cuándo fue esto?

—A la una. Más o menos. Maldición.

—¿Cómo me encontrasteis?

—Ginny —dijeron todos al unísono.

—Entonces ¿Qué habéis estado haciendo las últimas seis horas? Miradas culpables.

Su pulso se disparó.

—Oh. Dios. Mío. ¿Qué hicisteis?

—Ahora, Hermione. Tienes que entender. Nosotros le advertimos a Draco que no jugara contigo — dijo Teo en forma amigable.

—Él conocía los riegos y te lastimó de todos modos, lo que nos cabreó —agregó Sirius. Cedric asintió.

—Sabes que nosotros no íbamos a dejar pasar una cosa así.

Miedo, rabia y aturdimiento, todo luchaba dentro de ella. Se obligó a no gritar para llegar al fondo de lo que sus locos hermanos le habían hecho a Draco.

—¿Qué le hicisteis?

Harry la estudió por un minuto antes de hablar.

—¿Te importaría?

—¡Sí! ¿Cómo puedes pensar que yo...? —Ella inhaló, exhaló; escenarios espantosos, sangrientos, violentos cruzaban por su mente—. ¿Dónde está?

—Está un poco liado por el momento. Cada uno de sus hermanos empezó a reír. Nada bueno. Nada bueno en lo absoluto.

—Decirme donde está Draco en este maldito momento o llamaré a cada una de vuestras esposas y haré mi propia banda de mujeres cabreadas para rastrearlo. No estoy bromeando.

Más intercambios de miradas. Algo pasó entre Harry y Teo. Ellos se levantaron, junto con Sirius, y se dirigieron a la parte de atrás de la camioneta de Harry.

Los gruñidos eran fuertes en el silencio de la noche. Resonaron ruidos de arrastre, un chirrido. Siseos.

Hermione no podía ver la acción. Ahogó un grito cuando sus hermanos aparecieron en su línea de visión acarreando un bulto. Una forma muscular de un metro noventa cayó al suelo, no muy gentilmente. Una forma que estaba vendada, amordazada y con los brazos y piernas atados.

Jodida mierda. Esa forma toda amarrada era… Draco.

—¡Oh, Dios mío! ¡Por favor, decirme que no lo matasteis!

—Jesús, Hermione. Danos algo de crédito. Si lo hubiéramos matado, tú nunca lo habrías sabido — dijo Cedric.

—Sí, definitivamente no habríamos traído el cuerpo aquí —se burló Theo.

Ella lo miró. Antes de que pudiera moverse o hablar o hacer cualquier cosa, otra pickup apareció como un bólido y se detuvo derrapando. Cuando el polvo se disipó vio que era la pickup de su padre.

Carson Granger se bajó de su camioneta. Su mirada imperturbable pasó sobre sus hijos y luego aterrizó en Draco. Apretó los labios.

—¿Qué demonios pasa con vosotros, muchachos? Silencio.

—Desatarlo.

Sirius se cruzó de brazos.

—Papá, sólo estábamos…

—Jesucristo. Yo lo haré. —Sacó un cuchillo Bowie y se arrodilló en la tierra para cortar las ataduras alrededor de los tobillos de Draco. Luego cortó las amarras de sus muñecas. Harry blasfemó y ayudó a su padre a sentar a Draco cuando no pudo mover al hombre grande él mismo.

Cuando Hermione se movió para ir hacia Draco, Carson se interpuso entre ellos.

—Puedes ir por él en un minuto, ¿de acuerdo? —Él levantó sus manos mientras se dirigía a sus hijos—. No sé qué clase de mierda estáis haciendo, pero yo os eduqué mejor que esto. ¿Qué estabais pensando?

—Estábamos pensando que era su maldita culpa que ella se hubiera marchado —respondió Theo bruscamente.

—No íbamos a quedarnos parados y dejar que la tratara de esa manera —dijo Sirius tercamente—. Tú nos educaste para protegerla.

—Si no os habéis dado cuenta, Hermione ya no tiene exactamente seis años. Ella es lo bastante mayor para decidir por sí misma cuando necesita protección y a quién pedírsela.

—¿Te estás poniendo del lado de Draco? —preguntó Harry.

—No, me estoy poniendo del lado de Hermione.

A Hermione le daba vueltas la cabeza. ¿Estaba teniendo una experiencia de desdoblamiento? ¿O sólo estaba en medio de un sueño extraño? ¿Sus hermanos de verdad habían secuestrado a Draco y lo habían arrastrado hasta acá como una especie de trofeo para defender su honor? Y su padre en lugar de "chocarle los cinco", ¿les estaba azotando colectivamente el culo?

—No me malinterpretéis. Yo entiendo de donde venís. Pensé en desollar lentamente a ese rubio bastardo yo mismo. Pero el fondo del asunto es que Hermione eligió a Draco. Él podrá no ser el tipo que vosotros o yo habríamos escogido para ella. Draco podrá ser un tonto engreido de mierda, pero todos hemos pasado por eso. Unos completos y redomados tontos cuando se trata de la mujer de nuestra vida. Ninguno de nosotros puede decir que no hemos cometido uno o dos errores. Pero nos la hemos apañado para encontrar la manera de arreglarlo por nuestra cuenta, y tengo que darle a Draco el beneficio de la duda y permitirle tener la misma oportunidad con Hermione.

Ella se mordió el labio, sorprendida de las ganas que tenía de llorar dentro de esta nube de testosterona.

—Muchacha, diles buenas noches a tus hermanos. —Él les dio la espalda a sus hijos y se agachó junto a Draco.

Gruñidos. Maldiciones. Pero Carson Granger había dicho lo suyo y su palabra era ley. Theo le dio un abrazo a Hermione.

—Si cambias de opinión y decides dispararle, puedo sacarte con un cargo de defensa propia.

—Gracias, Theo. Pero eso no será necesario.

Remus puso un frasco en su mano mientras la besaba en la frente.

—Esto ayudará con sus músculos adoloridos. Aunque no mucho con los moretones.

—¿Moretones? ¿Qué diablos le hicieron?

—Lo que pensamos que era lo correcto —dijo Sirius, sosteniéndola con fuerza—. No puedes culparnos por cuidar de ti, Herms, porque nosotros te amamos.

Ella se tragó el nudo en su garganta.

—Me vas a hacer llorar.

—Mientras sean lágrimas de felicidad, no me importa. Ahora puedo reconocer la diferencia la mayoría de las veces. —Cedric la envolvió con un brazo.

—Lo haré. —Hermione enfrentó a un Harry con cara de perro apaleado.

—Te mereces lo mejor, Herms. Haríamos lo que sea por ti, ¿no sabes eso? Me siento tan condenadamente culpable porque Draco es mi amigo. Yo te traje este…

Hermione lo rodeó con sus brazos y le susurró:

—No, Harry tú lo trajiste a mí. Gracias. Él le dio un beso en la mejilla.

—En ese caso, de nada. Y dile que lamento lo de su mandíbula. Ella ni siquiera le preguntó a qué demonios se refería.

Sus heroicos, pero ligeramente equivocados hermanos se subieron a la camioneta de Harry y se fueron. Ella no se movió hasta que bajó el polvo.

El fuego se había apagado. Hermione lo avivó, reuniendo sus pensamientos antes de acercarse donde su padre y Draco estaban sentados, hablando en voz baja.

Draco no la miraba. Sus codos descansaban sobre sus rodillas. Su rostro apuntaba hacia el suelo.

—Papá ¿Cómo supiste…?

—¿Qué tus hermanos iban a ir todos unos vigilantes? No lo sabía. Porque estoy seguro que no lo habría aprobado. Draco me llamó temprano esta mañana y admitió haber metido la pata contigo, hasta el fondo. Me preguntó si lo ayudaría a encontrarte. Evidentemente, antes de llegar a tu apartamento, los chicos aparecieron y tomaron el asunto en sus propias manos. Ginny me llamó porque sabía que algo estaba pasando.

—También se sentía culpable porque le dijo a Harry donde creía que podría estar escondiéndome, ¿eh? —preguntó Hermione.

—Eso también. —Él suspiró—. Mira. Se la he puesto difícil a Draco desde que llegaste a casa llevando su anillo. Dejé de cuestionar lo que sentía por ti después de pedirme que viera la forma de reunirnos para desmantelar tu edificio.

Ella se paralizó.

—¿Draco armó eso? ¿No tú?

—Síp. Él no quería el crédito. Sólo lo quería hecho y a ti feliz. Eso me dijo un montón acerca de la clase de hombre que es.

—Yo sé un poco acerca de elegir buenos hombres, ya que he estado rodeada de ellos toda mi vida.

—Nunca dudé de lo que sentías por Draco, calabaza, sólo que nunca pensé que él podría manejarte. Ahora veo que te maneja bastante bien.

Hermione oyó que Draco resoplaba.

—Y también me di cuenta de que tú ya no eres una niña pequeña y que debía dejar de meterme en tu vida.

—Todo lo que hiciste, lo hiciste por amor, Papá, no por maldad, ni egoísmo. Espero que nunca llegue el día en que dejes de meterte completamente en mi vida.

Él sonrió.

—Nunca creí que te oiría decir eso. —Miró a Draco—. Es un gran hombre el que admite sus errores y pide perdón, Hermione. Recuerda eso. Draco podrá ser denso, pero no es tonto. —Su padre la abrazó fuerte y le susurró—, ¿Te hace feliz?

Ella le susurró de vuelta,

—Cuando no me vuelve loca.

—Entonces me parece que todo saldrá bien.

Carson Granger se subió a la camioneta y se marchó, dejándolos a ella y Draco solos. Sus nervios estaban de punta cuando eliminó la distancia entre ellos. Finalmente, Draco alzó su barbilla y la miró.

El corazón de Hermione dio un vuelco de amor y su barriga se apretó en un nudo de dolor. Ella se arrodilló en la tierra delante de él.

—Santo infierno, GQ. ¿Qué le hicieron a tu hermosa cara?

—Harry me dio un puñetazo. —Draco se pasó los dedos por el chichón que dolía como un hijo de puta─. Me golpeó lo bastante fuerte para dejarme noqueado así que no sé qué diablos más me hizo la pandilla de Granger's mientras estaba a su merced. Diría que tuvieron que someterme entre los cinco. —Sus ojos buscaron los de ella—. ¿Es malo?

Los suaves dedos de Hermione trazaron su quijada sin afeitar.

—No. Eres un regalo para la vista, Draco Malfoy.

Él le rodeó la muñeca con su mano y le besó la palma. Le acarició la mejilla.

—Hermione, te amo.

Ella no se movió. No parecía respirar. Tampoco alejó la mirada.

—Lo siento. No tenía derecho a gritarte por decirme la verdad sobre mis defectos, personales y profesionales. No tenía derecho a culparte de nada. O de humillarte. No sé si podré algún día disculparme lo suficiente.

—Continúa.

Acento de vaquera. Ella estaba nerviosa, lo que lo sorprendió, porque él estaba nervioso como el infierno también.

—Tenías razón sobre muchas cosas, yo nunca debería haber ido tras el proyecto Milford. Estaba comprometiendo lo que soy para ganar un cochino dinero. —Él sonrió e hizo una mueca cuando le dolió—. De acuerdo, era un montón de cochino dinero. Pero mi vida personal no debería tener influencia sobre si doy la talla en el campo de la restauración. He estado viviendo en esa sombra de amargura y rivalidad, tratando de ser superior a los demás, durante años. Pero tú me has enseñado que no importa, siempre y cuando pueda mirarme en el espejo cada mañana y ser feliz con el hombre que veo. A riesgo de sonar malditamente cursi, cuando me miro en tus ojos, veo el hombre que siempre he querido ser.

Hermione no se molestó en ocultar sus lágrimas.

—Por lo tanto, así como lamento que hayamos pasado por todo este falso compromiso para poder hacer el trato, no estoy ni un poco arrepentido, porque me llevó hasta ti.

—Draco…

—Déjame terminar. Te amo. He sido más feliz estos dos últimos meses de lo que jamás he estado en mi vida. Por primera vez en mi vida, mi felicidad no tiene absolutamente nada que ver con mi trabajo. Tiene todo que ver contigo. Estar contigo me ha cambiado. Cambió mi vida. Tú eres mi vida, vaquera.

Ella lo besó con una ardiente fusión de labios que hizo que le doliera la boca. Espera. Su boca realmente le dolía. Se echó hacia atrás y murmuró,

—Cuidado.

—Lo siento.

—Sólo sé suave, ¿de acuerdo? En este momento estoy un poco más frágil de lo que estoy acostumbrado.

Hermione posó tiernos besos sobre sus labios hinchados. El golpe en su mandíbula. Los rasguños en su cuello y mejilla. Ella se inclinó hacia atrás para mirarlo.

—Debería matar a mis hermanos por arruinar esta linda cara que amo tanto, pero me alegro que te hayan traído a mí.

—¿Amas sólo mi cara?

—No. Amo todo lo tuyo. Tu lado inteligente. Tu lado arrogante. Tu lado dulce. Tu lado agrio. Tu lado de hacerte cargo.

—Es bueno saberlo.

—Y así como tú has tenido tiempo de reflexionar, yo también lo tuve. Quiero estar contigo, Draco, no importa donde estés. Si significa mudarnos a Denver, que así sea.

—Nunca te pediría que te alejes de tu familia, Hermione. Sé que son una parte importante de tu vida. Me encanta que sean parte de tu vida. Ellos son una parte muy grande de quien eres.

—Tú eres mi vida ahora, Draco. ¿Recuerdas cuando te dije que donde quiera que estés está mi hogar? Lo dije en serio.

Draco estaba casi más emocionado por la voluntad de Hermione de seguirlo a cualquier parte de lo que había estado cuando le dijo que lo amaba.

—Finalmente has logrado alcanzar tus sueños aquí, no quiero arrastrarte lejos de ellos. Lo resolveremos. Habrá que hacer un montón de ajustes, pero admito que… finalmente estoy viendo el atractivo de vivir aquí en Wyoming.

Los ojos de Hermione se iluminaron.

—¿En serio?

—Sí. Pero nunca me meterás en un par de botas vaqueras. Jamás. Hermione subió su mano por el muslo de Draco.

—Me encantaría verte desnudo excepto por un par de chaparreras con flecos, GQ.

—Lo mismo digo vaquera mía. Ven aquí. —Sus músculos protestaron cuando la levantó y la instaló en su regazo. Las piernas de ella colgaban detrás de él sobre el tronco.

—¿De verdad, mis hermanos te dieron una paliza?

—No. Me di la paliza yo mismo. Estaba frustrado por lo mal que manejé todo e hice ejercicio hasta el punto del agotamiento muscular. Que es probablemente por lo que no me defendí cuando Harry vino hacia mí. Ni siquiera podía levantar mis malditos brazos.

—Pobrecito. Te daré un profundo masaje de tejidos. —Hermione jugaba con su pelo rubio entre sus dedos—. Entonces, ya que Chet y Remy escucharon nuestra pelea, ¿todo el mundo sabe que nuestro compromiso no era real?

Draco negó con la cabeza.

—Si ellos escucharon esa parte de nuestra conversación no le dijeron nada a nadie. Confía en mí, tus hermanos lo habrían mencionado cuando me estaban interrogando. Por horas. —Él sonrió con pura arrogancia masculina—. Pero no me rendí. Simplemente les dije que dejaran de meterse de una puta vez en nuestros asuntos y que íbamos a resolverlo por nuestra cuenta.

—¿Lo hemos resuelto?

—Sí, excepto por una cosa. —Draco rodeó su cara con sus manos—. ¿Quieres casarte conmigo? ¿De verdad esta vez?

—¿Le preguntaste a mi papá?

—Síp. Se quejó de ser el último en enterarse de las cosas importantes, lo que curiosamente me recordó a ti, pero creo que ya lo superó porque me dio su bendición.

—Bueno... viendo que ya tuvimos nuestra fiesta de compromiso, que compraste el anillo y todo el mundo ya piensa que esto que tenemos es amor, verdadero amor, supongo que es inevitable.

—Ella le dio un beso en la boca—. Además, estoy locamente enamorada de ti, Idiota.

—Lo mismo aquí, botón de oro, lo mismo aquí.


Aqui va otro capitulo listo para ir a un epilogo! quieren que termine aqui o subo el epilogo?

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Blue Nayade