Gracias a todos aquellos que siguieron esta historia! es una de mis favoritas hasta ahora
Chalupitabonita: gracias por tus reviews, fueron mis alentadores y siempre un gran apoyo
Caro2728: gracias por tus reviews y todo tu apoyo
Disclaimer: Los personajes son de JKRowling y la historia esta basada en Lorelei James el juego de Jack. Lorelei es una gran escritora y una de mis favoritas.
EPILOGO
Dos meses después…
Hermione pensaba que se parecía más a un fantasma que a una novia.
Se acercó más al espejo iluminado y analizó su reflejo. Tacha eso. Tal vez a La Novia de Frankenstein. Puaj. ¿Por qué le habían puesto tanto de ese mejunje en la cara? ¿Especialmentecuando su cara estaba totalmente cubierta? Golpeó el velo blanco espumoso, dejándolo descentrado. Una vez más.
—¡Estate quieta! —susurró Luna, alisando la tela de gasa y poniéndola en su lugar.
La puerta de la habitación se abrió. Las mujeres corrieron hacia adelante en caso de que Draco tratara de escabullirse dentro.
Hermione sonrió, con la esperanza de que intentara infiltrarse en el santuario interior y la sacara de ahí.
Pero un suspiro colectivo se hizo eco cuando el pastor entró y preguntó.
—¿Alguien ha visto al portador de los anillos?
—¿Cuál? Tengo seis. —Hermione había reclutado a sus sobrinos mayores para la fiesta de bodas. Habían cortado pajitas para decidir cuál sería el tonto con la mala suerte de quedarse atascado llevando el "femenino" almohadón de satén.
—Estoy buscando al portador de los anillos con los anillos.
—¿James ha desaparecido?
Nadie le respondió. ¿Tal vez porque nadie la había escuchado sobre el estruendo de risas y cotilleos?
Aprovechando la oportunidad de escapar, Hermione murmuró.
—Lo encontraré. —Intentó levantarse, su trasero fue firmemente echado hacia atrás en la silla de terciopelo con borlas.
—Buen intento, señorita, pero detente. No vas a ir a ninguna parte. —Luna acomodó más horquillas recubiertas de perlas en su pelo.
—¡Ay!
—Oh, no seas bebé.
—Deja de morderte el labio también o harás que se corra el brillo —añadió Ginny mientras llevaba a Albus en su cadera, controlando sus inquietas manos lejos del velo.
Solo tenía que esperar hasta que el pastor los declarara marido y mujer. Hermione planeaba embadurnar el brillo que tan cuidadosamente le habían aplicado por los labios de Draco. Entonces se arrancaría el ridículo velo y lo pisotearía con los igualmente ridículos y puntiagudos zapatos de raso.
Modérate, modérate.
Amor aparte, ¿por qué pasaba la gente por este embrollo? No era de extrañar que las parejas se fugaran. Ella y Draco se podían haber saltado esta parte y haber ido directamente a las cosas buenas: la luna de miel en la isla.
Dejó escapar un suspiro de frustración, apartando la gran variedad de productos de belleza, los que se habían asegurado de que no se viera como ella misma en el día más importante de su vida. ¿La reconocería siquiera Draco?
Una pequeña mano tiró de su manga de lentejuelas. Hermione suspiró sorprendida por la forma implacable que el vestido de novia se ajustaba cuando se dobló por la cintura.
—Si, Lily —dijo, entrecerrando los ojos a la niña con la cinta de flores a través del velo de gasa.
—Yo sé dónde está James.
Por lo menos alguien estaba preocupada por el desaparecido portador de los anillos.
—¿Dónde?
—Vomitó en el baño hace cinco minutos.
—¿Qué? —El pánico se intensificó junto con su voz—. ¿Está enfermo? Una mueca arrugó la respingada nariz de Lily.
—No está enfermo, es estúpido. Lorcan lo retó a beber. —Sus ojos se abrieron, puso una mano enguantada sobre su boca y comenzó a retroceder.
Pero no lo suficientemente rápido. Hermione le agarró el delgado brazo.
—¿Qué bebió James?
—Zumo de pepinillos —exclamó Lily.
—¿Zumo de pepinillos? —Repitió Hermione—. ¿Dónde diablos encontró el zumo de pepinillos? Lily se debatió y luego dijo apurada.
—Hay tarros de pepinillos vacíos por toda la cocina de tía Caro.
—¿Y no pudo encontrar Kool-Aid o algo mejor?
—No. —Lily se inclinó más cerca y confesó—, ¿Conoces esos de tipo picante con pimentones rojos en el fondo? —Hermione asintió con cautela—. Lorcan le apostó un dólar a James a que no tomaría un trago. —Una especie de admiración a regañadientes iluminó los ojos azules de Lily—. Pero James se lo demostró. Se bebió el frasco entero.
—No es de extrañar que esté vomitando —murmuró—. ¿Dónde está ahora?
Eliza encogió sus delicados hombros, contemplando con aguda fascinación la punta de sus blancas Mary Janes manchadas de hierba. Un dedo enguantado trenzaba una cinta elástica en su cesta de flores.
Hermione odiaba jugar fuerte con la hija obstinada de Harry y Ginny, pero si James estaba desaparecido también lo estaban los anillos de boda.
—Es mejor que lo sueltes, Lily Luna, o le diré a tu madre sobre la bandeja de pastillas de menta que escondiste en la mochila —susurró.
Sin dudarlo, Lily dijo de un tirón.
—Está escondido en el armario vacío al final del pasillo con Lorcan y Lissander.
—Mejor eso que el repiqueteo de chupitos de Wild Turkey en la glorieta con los otros padrinos de boda —añadió Luna con un resoplido.
—¡Qué!
—¡Luna! —exclamó Cho.
—¿Se supone que no tengo que decirle que sus hermanos y primos están asesorando a Draco detalladamente sobre cómo tratarla?
Cho, Ginny y Tonks negaron vehementemente con la cabeza.
¿Por qué necesitaba Draco un trago? No era él el que estaba atrapado usando un plumero en la cabeza.
—Voy a buscar a mi descarriado hijo —dijo Ginny — No te preocupes, el zumo de pepinillos no es nada. James tiene un estómago de hierro. —No le ofreció a Hermione tal promesa acerca de la condición de Draco—. Espero que tú y Draco tengáis sólo niñas. —Suspiró —. Tienen que ser más fáciles que los niños Granger.
—¿Te olvidas de que Hermione los superó a todos a otro nivel? —dijo su tía —. Lo que va vuelve. Se va a quedar con un cuarteto de chicas exactamente como ella, recuerden mis palabras.
—Escúchala Hermione —dijo Skylar—. Predijo que Cedric y yo tendríamos gemelas.
¿Su familia ya estaba discutiendo sobre cuando iban a tener hijos? Si Draco y ella ni siquiera estaban casados.
Hermione se paralizó.
Casados. Oh. Dios. Mío. Draco y ella realmente se iban a casar. Hoy. Delante de todas estas personas. En… miró el reloj… dieciocho minutos.
El estómago de Hermione se sintió como un remolque de caballos atrapados en una tormenta en la pradera. La habitación estaba demasiado caliente. Con demasiada gente. ¿Por qué tenía que tener tantos hermanos? ¿Y primos? ¿Y por qué sus parientes invadían el lugar con todos estos ruidosos niños?
El sudor perló su frente. Su piel se secó y se estrechó sobre sus huesos. Risas apagadas, el susurro de las telas de seda, el clic de los tacones altos en el azulejo, todo era demasiado alto. El fuerte olor a laca, el perfume y las flores le quemaban la nariz, atascándose en su garganta y haciéndole imposible el respirar.
¿Por qué nadie podía ver que se estaba ahogando?
Haciendo caso omiso de arrugar el raso y encaje. Hermione tiró del vestido, metió la cabeza entre sus rodillas e inhalo aire profundamente en los pulmones.
La habitación se quedó momentáneamente en silencio, entonces la gente la rodeó. Suaves manos de mujer le dieron palmaditas en la espalda. El zumbido femenino comenzó de nuevo, extrayendo hasta la última gota de oxigeno disponible y de cordura.
Una voz tronó.
—¡Oh por el amor de Dios, darle un poco de aire! —Una ronda de molestos susurros y quejas femeninas se apagaron en un misterioso silencio, cuando sus bien intencionadas familiares se callaron.
—¿Hermione? —dijo Ginny, en un tono conciliador.
Hermione levantó la cabeza. La panza de embarazada de su mejor amiga-cuñada sobresalía en su vestido de dama de honor color lavanda.
—Te ves como una uva anémica.
—Lo bueno es que a Harry le gustan las uvas. Pero esto no es sobre mí y mi último, por lo que corta esta mierda. ¿Tu vestido está muy ajustado?
Tal vez el corpiño le estaba cortando el suministro de oxigeno y le hacía estar aturdida. Y paranoica.
No. En el momento en que Hermione se incorporó, el pánico se apoderó de ella de nuevo.
—No puedo respirar. No puedo pensar. No puedo hacer esto. —Agarró la mano de Ginny suplicando—, tienes que sacarme de aquí.
—¿A dónde irías? —preguntó Ginny con calma.
—¡No lo sé! —Hermione se levantó de un salto y empezó a caminar por la amplia y soleada habitación—. Nada de esto es real. Estas no son mis verdaderas prendas. Este no es mi verdadero rostro. —Su voz se quedó atrapada en un sollozo—. ¿Qué va a pensar Draco cuando me vea?
Ginny estrechó las manos de Hermione.
—Eres tú. Tal vez una tú más elegante, pero aun así es Hermione Granger bajo las capas de gasa y seda. Draco va a pensar lo mismo de siempre… eres la mujer a la que ama y con la que quiere pasar el resto de su vida.
—En algún lugar profundo dentro de mí lo sé, yo sólo… —Hermione se apagó, su corazón amenazaba con salirse del escote de encaje con forma de corazón.
Ella amaba a Draco. Draco la amaba. Simple. ¿Cuándo se había vuelto su simple declaración de amor un circo de tres pistas, incluido maquillaje de payaso y zapatos divertidos?
—Debimos haber hecho una parada en las Vegas como hicisteis tú y Harry.
—Hubiera herido a tu padre no llevar a su niña al altar, Herms.
—Una parte de mí lo entiende. Pero aún necesito…
—Sé exactamente lo que necesitas, cariño, y en seguida vuelvo con ello. —Ginny desapareció.
Hermione esperaba que Ginny planeara aparecer con una dosis de Fire Whisky. Después de que varios minutos pasaron, Hermione se dio cuenta de que la habían dejado sola por primera vez en horas. No perdió el tiempo contemplando sus opciones. Necesitaba aire fresco. Abrió la puerta y se asomó.
No había moros en la costa.
Recogiendo los pliegues ondulantes de su vestido de novia color marfil salió, la alfombra acolchada amortiguaba sus pisadas. Al final del largo pasillo había un pequeño conjunto de escaleras, que llevaban a la primera planta y a su libertad provisional.
Aleluya.
La mano de Hermione apenas había tocado la antigua barandilla de latón cuando una voz profunda detrás de ella preguntó,
—¿Vas a alguna parte?
Draco.
Todo dentro de ella saltó de alegría.
Sin embargo, Draco no parecía particularmente contento de verla. De hecho, parecía francamente furioso.
—Respóndeme. Ella balbuceó.
—Ups, ¿no sabes que es mala suerte que el novio vea a la novia antes de la boda?
—¿Sí? Es una suerte aún peor para el novio ver a su novia intentando escapar diez minutos antes de que la ceremonia comience.
Draco estaba lo bastante cerca para que ella sintiera su aliento caliente cosquilleando en su cuello humedecido de sudor.
—Hermione, ¿has cambiado de idea?
—¡No! —Se giró tan rápido que el velo le dio a Draco en la cara—. Yo sólo… —Las palabras murieron en su boca ante su expresión atónita.
Draco se quedó completamente inmóvil. Luego sonrió, la sonrisa perversa que sólo le dedicaba a ella. Capturó su mano, llevándola a sus labios en un beso suave.
—Pensarás que a estas alturas debería estar acostumbrado a la forma en que me dejas sin aliento cada maldita vez que te miro, vaquera.
Enmudecida, Hermione no supo como comenzar a explicar sus emociones. Antes de que pudiera articular una sola palabra, unas voces resonaron desde la escalera principal en el otro extremo del pasillo.
Draco leyó su pánico y se la llevó a la primera habitación disponible, que no era en absoluto una habitación, sino el armario en el que James y sus secuaces se habían escondido. Tan pronto estuvieron dentro, Draco tiró de la cuerda atada a la bombilla, sumiendo al espacio en oscuridad.
Él la atrajo a su cuerpo duro y Hermione se hundió en el, inhalando su familiar aroma, a su sutil colonia cara y a hombre cálido. Su hombre. Ella suspiró. Su ritmo cardiaco volvió a la normalidad. Todo volvió a la normalidad.
—¿Mejor? —murmuró él.
—No tienes ni idea. ¿Cómo lo supiste?
—Ginny me localizó. Pero la verdad, había estado al acecho en el pasillo con la esperanza de verte.
—¿No estabas tomando chupitos de Whisky con los padrinos de boda?
—¿Oíste hablar de eso?
—¿Necesitabas valor líquido ante la idea de atarte a mí para el resto de tu vida GQ?
—No, sasbelotodo, tuve que tomar uno para ser educado y para cuidarme de no arrancar las bisagras de la maldita puerta para llegar a ti.
Para llegar a ti.
—Tú nunca sigues las reglas ¿Por qué no irrumpiste simplemente?
—¿Con todas esas mujeres embarazadas lanzándome miradas desagradables? —Draco se estremeció—. No, gracias. Además tus cuñadas y una variedad de familiares femeninas cerraron la maldita puerta.
—¿Por qué?
—Tradición, dijeron.
—Nunca pensé que te importara lo que dijeran.
—Y no me importa. Pero no vale la pena repetir mi respuesta inmediata. —Sus grandes manos le apretaron la cintura—. Me estaba volviendo loco sin ti. —Los cálidos labios de Draco la besaron a lo largo de la pendiente de su hombro—. Casi no dormí anoche, la cama parecía tan grande y solitaria sin ti.
Increíble, la rapidez con la que se habían fundido en una sola unidad. Compartir el espacio de vida y el espacio de oficina. Compartiendo sus vidas, sus esperanzas, sus sueños, sus miedos, su amor. Lo único que faltaba era hacerlo legal. Ver a Draco, tocarlo, sabiendo que estaba tan ansioso como ella, puso su mundo derecho de nuevo.
Se revolvió entre sus brazos para encararlo.
—Sólo para que lo sepas, no estaba huyendo de ti hace un rato, estaba corriendo hacia ti. —El velo se agitó con cada exhalación—. Aquí está, el día de mi boda y me siento que estoy disfrazada.
—Su voz descendió aún más—. Tengo miedo de que vaya a despertar y encontrar que no es real. Las manos de Draco se deslizaron bajo el velo y le tomaron el rostro con ternura.
—Soy muy real. Esta vez es real.
—Demuéstralo. Bésame. Por favor, Draco.
—No. —Dejó caer las manos sobre sus hombros—. No hasta que mi anillo esté en tu dedo y sepa que eres mía para siempre.
Para siempre. A ella le gustaba como sonaba eso. Él hizo una pausa.
—Además, no tengo idea de lo que tengo que hacer con el velo. Hermione se rio de su cautela.
—Crees que el velo es malo, pues espera a llegar a los cien botones en la parte posterior de este vestido.
Draco se quejó.
—Pero por lo que tengo debajo valdrá la pena aprender cómo funciona un abotonador. Él gimió de verdad.
—Todo el mundo debe estar preguntándose donde estamos.
—Lo sé. Yo diría deja que se lo preguntan, pero estoy listo para hacer esto.
—Yo también.
Hermione se apartó de la comodidad de sus bazos, con el vertiginoso conocimiento de que en unos pocos minutos podría encontrar el consuelo de sus fuertes brazos cada día por el resto de sus vidas.
—Te amo Draco. Te veré abajo.
—Te estaré esperando.
Gracias por haber llegado hasta que esta historia te haya gustado tanto como a mi.
Besos y libros
Blue Nayade
